domingo, 16 de junio de 2013

Mondo Chorra- Sobre opiniones y culos




No es la primera vez que en una conversación, sea del tema que sea, he acabado oyendo la frase "Las opiniones son como los culos: cada uno tiene la suya". No importa el tema, esto acaba apareciendo como un mantra omniversal que viene a sentar cátedra y zanjar cualquier discusión.
No puedo estar más de acuerdo.
Es cierto que todos tenemos una opinión del mismo modo que tenemos un culo, pero ojo (u ojete), amigos Distópicos: hay culos y culos y no todos son iguales, ni de lejos.

No es lo mismo tener un culo bien formado, ejercitado y tonificado que uno fofo y anquilosado. Al igual que las opiniones, hay culos que van por ahí limpios y pulcros y otros que chorrean mierda como la puta Fontana de Trevi. Hay gente que más que un ano, lo que tiene es un caño expendedor de detritus que anda al borde del prolapso. Sueltan un poco más de mierda y acaban cagando las tripas.

Hay culos flexibles y adaptables a cualquier asiento. De esos culos que puedes colocar en cualquier parte que parecen ergonómicamente diseñados para caber donde quieras; hay culos rígidos que se coloquen donde se coloquen, dan... Dan...
Permitidme la redundancia, pero sí: dan por culo.

Culo tonificado, para que mis queridas Distópicas vean que las tengo muy presentes.

Y luego hay otros que JAMÁS pueden tomarse en serio. Más de los que nos creemos...



Podemos encontrar toda clase de culos de catadura moral; por ejemplo, nalgas de flexible abertura, que se dejan penetrar por cualquier cosa ajena que se les ponga por delante. Sin escocerse y sin una puñetera almorrana. Puede entrar un transatlántico que no pasa nada. Otros, en cambio, son más de mantenerse cerrados ante según qué cosas y permitir la intrusión de aquellos que consideren dignos.

Hay culos de revista, que da gusto verlos a causa de su impecable formación. Esa clase de gluteus maximus que no te cansas de ver. Que te aportan algo. Que hacen que tu vida sea más completa. Hay culos que son vulgares, comunes e incluso anodinos. Olvidables en toda regla.

Y luego hay cosas que parecen culos y no son más que limones agrios, cargados de ácido y sin mucho que aportar.
Ejemplo de culo memorable, para que los Distópicos varones tampoco se sientan discriminados.



Algunos culos se tatúan, de forma que su aspecto queda enmascarado por la moda, pero que en el fondo no dejan de ser el mismo culo de siempre. Otros tienen un aspecto algo más intemporal, pero no por ello menos agradables a la vista. Algunos culos son frágiles y cambian de dirección conforme les lleve el viento. Otros, algo más pesados, ya pueden sufrir la caída del puto meteoro de Armageddon que ahí están, imperturbables.

Panderos con espinillas, cual acné juvenil, que demuestran que todavía queda mucho por recorrer. Otros muestran arrugas, señal de la experiencia. Ortos que al peerse retumban, sentando cátedra, incontestables. Buyarengues que lanzan una tímida trompetilla, casi temerosos de ser ahogados por todo el orfeón rectal.
Hay ojetes peludos, que no dejan entrever su interior, y cachetes inmaculados, que son casi transparentes.
Posaderas cuadriculadas, casi cúbicas. Otras, redondeadas, como limadas por el tiempo. Mofletes de la rabadilla esponjosos, que parecen absorber todo cuanto captan alrededor. Traseros memorables que pasarán a la historia, bien por grandes, bien por épicos. Traseros miserables, irrisorios y ridículos.
Existen culos que jamás se repetirán; otros, en cambio, son comunes, corrientes. De los de a un céntimo la docena.

A veces, los culos quedan al aire, y no por voluntad propia.
Sí, amigos: el outing existe también en Mundoculo.
Otros culos simplemente emergen en un momento puntual, como el monstruo del Lago Ness y no se les vuelve a ver jamás de los jamases.
Otros son irreales e increibles, pero algunos darían el alma por ellos.



Culos fuertes, rozando lo agresivo, capaces de romper un kilo de nueces con sus músculos. Otros son blandos y manipulables, que se dejan sobar por el primero que pasa. Hay culos que serán recordados por lo que son, por sus formas y su contenido. Otros, en cambio, sólo lo serán por su dueño, ya que en el fondo estarán tan repletos de mierda como el de cualquier hijo de vecino. Culos libertarios, que se pasean por ahí al fresco, sin ataduras. Pompis que necesitan pañales para no mostrar al mundo la suciedad que llevan en su interior.


No es la primera vez que dos grandes culos se enfrentan. El resultado puede ser impredecible.
Culos enrojecidos. Probad a hablar de política con gente muy acérrima de cualquier causa, la que sea.
O entrad en un foro de fandom.
Algunos culos, de hecho, enrojecen tanto, que ya empiezan a oler a quemado...



Y, pese a tan larga catalogación de culos, da la puta casualidad de que todos tienen varias cosas en común: la primera es la obvia, que es que todos tenemos uno, aunque a veces parezcamos tener varios; no nos engañemos, un culo que se disfraza jamás deja de ser el mismo culo. Otra cosa es que lo parezca.
La segunda cosa común es que, por mucho que giremos el cuello y por muy flexibles que digamos ser, jamás podemos ver nuestro propio culo en una posición normal y son los demás los que lo miran. Bien con admiración, envidia, asco u odio.
Tres, podemos revestir nuestro culo de lo que queramos. Puede ser todo lo bonito que nos parezca, pero principalmente va a valer para dos cosas: para sentarse y para cagar. Y si extrapolamos todo esto al fantástico y aparentemente intocable mundo de la opinión, nos daremos cuenta de que decir "Esto yo lo he dicho como mi opinión", en muchos casos debe ser revisado. Porque igual nuestro culo no es más que eso: un fantástico y redondeado orificio por el que sale mierda. Mierda amarillenta, oleaginosa y llena de grumos con el único objetivo de ser lanzada a chorro limpio sobre el fulano que tenemos justo al lado. Presumiremos de que es nuestra opinión y puede que hasta argumentemos que estamos haciendo un favor al pobre desgraciado sobre el que nos estamos cagando. Podemos decir que sí, que es que estamos sacando lo más hondo que llevamos en nuestro interior y lo estamos compartiendo con él, pero quitémonos la venda de los ojos (u ojetes, que a veces no distinguimos unos de otro): nuestra mierda huele. Nuestra mierda da asco. Y por mucho que digamos ser, por muy superiores que nos creamos, a nadie le va a hacer ni puta gracia que lo zurramos en mierda.

Culos que no tienen miedo de mostrarse en público, para que todo el mundo sea testigo de ellos.

Los hay hasta postizos, que fingimos que son los nuestros, pero que en el fondo no son más que un patético intento de quedar guai ante el mundo.



Así que, recordadlo cuando estéis sentado en el trono pariendo, ya sea ideas o simples zurullos (a veces ambas cosas son sinónimas, pero el que esté libre de pecado que arroje la primera mierda). Todos tenemos un culo y todos nos creemos con el derecho de usarlo. Y ciertamente, ese derecho es nuestro; pero ese derecho a expulsar deyecciones como si no hubiera un mañana acaba justo en el derecho a la dignidad del culo ajeno. Cuando saquéis vuestros culos a pasear, procurad no cagaros sobre el vecino, ya que lo mismo su mierda huele peor que la vuestra y lo mismo os la estampan en plena jeta.

2 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

"Mi culo lleva mucho tiempo siendo un culo pero no tengo por qué escuchar nada de lo que dice." Terry Pratchett (El quinto elefante)

;-) (Y gracias por el culete tonificado de la segunda imagen.)

Rumbo a la Distopía dijo...

Jjajajajaja gracias por la cita! Y, me alegra que te guste el culo tonificado. Para que luego digan que no pienso en vosotras ;)