domingo, 2 de agosto de 2015

Escupiendo Rabia- Pollas contra Coños 2, o Me paso vuestra lucha por el ojo del ano.




Empecemos desde el principio.
Por razones que no os importan, me he criado durante mi infancia y adolescencia sin una figura paterna; de hecho, mi familia ha sido desde siempre prácticamente un matriarcado desde que tengo memoria debido a la casi total ausencia de hombres en ella. Me he criado, por tanto, en un ambiente donde no he sentido privilegio alguno por haber nacido con un pene entre las patas y donde se me ha enseñado a tomar parte en las tareas domésticas como una persona más, sin importar mi sexo. En mi educación se me ha inculcado desde siempre unos valores basados en el respeto hacia los demás, sean hombres o mujeres, y se me ha enseñado también que la libertad de uno acaba justo donde empieza la de los demás.
Durante mi juventud, quizás debido a esto, me he sentido más a gusto rodeándome y trabajando con mujeres. Mis mejores amistades son mujeres, con las que me entiendo mejor que con los hombres; de hecho, me cuesta mucho formar parte de un ambiente totalmente masculino sin sentir que soy una pieza que no termina de encajar del todo. Siento profunda aversión por los machos alfa, por aquellos que piensan que las mujeres están para follárselas, o de los que alardean de sus conquistas sexuales como si fueran castillos enemigos que han conquistado.
He estudiado filología, una carrera tradicionalmente femenina, y me he sentido como en mi casa. Rodeado por mujeres y con una aplastante mayoría de profesoras mujeres, se me ha enseñado la literatura desde la perspectiva crítica de la Escuela Feminista. No he tenido ningún reparo en hacerlo, sino que he visto expandidos mis horizontes, sin sentirme discriminado ni atacado como hombre, ya que en ningún caso esta doctrina pretendía hacer que mi género se sintiera insultado; simplemente, era un enfoque.
He visto esos horizontes aún más expandidos al haber estudiado, posteriormente, perspectiva de género en un curso intenso que di al terminar la carrera. Se me enseñaron cosas que complementaron lo ya aprendido. Nuevamente, hice piña más entre las mujeres que entre los hombres, llegando incluso a tener un conflicto con un compañero que hizo una vez un comentario grosero (de índole sexual, para más señas) hacia una compañera. No le vi ni puta gracia al asunto y no sentí la necesidad de fingir.


"¿Se supone que me tengo que reír?"


Creo que un hombre y una mujer pueden ser amigos sin que haya intercambio de fluidos por medio.
Creo que esta sociedad ha avanzado y sigue avanzando poco a poco en la igualdad de sexos, pero también creo que queda mucho camino por recorrer.
Creo que una mujer debe ganar lo mismo que un hombre y creo en el derecho a luchar por ello.
No soporto a los abusones de ningún tipo, por lo que el abuso físico o psicológico me causa el mismo asco si es de un hombre a una mujer, de una mujer a un hombre, de adultos (hombres o mujeres) a niños, o de seres humanos a animales. Creo en lo que es justo y pienso que aquellos que abusan de los más débiles deben ser castigados sin compasión alguna.
Jamás he juzgado a una mujer por el hecho de ser mujer, ni he socavado su criterio por haber nacido con vagina; no he puesto en duda lo que dice solo por ser mujer. Jamás he comulgado con ese estereotipo de que "las tías son todas unas guarras", del mismo modo que me ha dado siempre mucho asco el de "los tíos son todos unos cerdos". No he acusado nunca a todas las mujeres de ser de la misma manera (más que nada porque no lo creo), ni he puesto palabras en su boca por su condición femenina bajo clichés como "no lo dices, pero lo piensas, como todas las tías".
Ni mucho menos, he insultado a una mujer por el mero hecho de ser mujer.
Creo en la igualdad de derechos entre sexos, y en la lucha por buscarla.
Veo sexismo donde creo que lo hay. No necesito buscarlo con microscopio, buscarlo donde no creo que lo haya, ni me invento teorías conspiratorias.


"Entonces... si lo bueno es la polla y lo malo es un coñazo... ¡El lenguaje es intrínsecamente machista, sin importar quién lo use o cómo!"
Si, hijo, sí.  Te habrás quebrao con la revelación y todo. Anda, anda. Ve a tomarte un Phoskito o algo, no te vaya a dar una bajada de azúcar por el esfuerzo de pensar tanto.


Creo que una mujer tiene derecho a vestir como le salga del coño, y que el feminismo real precisamente aboga por ese derecho a elegir. Tanto si quiere ir con cuello vuelto como si quiere llevar unos shorts que enseñan el culo. En ningún caso creo que sean unas estrechas, unas guarras, o unas vendidas al patriarcado por cómo vistan.
Creo que andar modificando el lenguaje para que las mujeres no se sientan excluidas es una pérdida de tiempo mientras no se solucionen los problemas reales del sexismo. Mientras haya sistemas sociales que consideren a la mujer inferior, o mientras se siga justificando la violencia, física o social, contra ellas. Creo asimismo que imponer formas de hablar es imponer una forma de censura y modificar el uso del lenguaje de forma artificial, lo que contraviene todo lo que he aprendido en mi carrera como lingüista. Incluso puedo decir que me resulta aberrante.
Escribo. Me siento más cómodo creando personajes femeninos. Suelen tener mucha presencia en mis historias, se llevan la mayor parte del carisma y, cuando hablan entre ellas, no siempre hablan de hombres. No lo hago por motivos ideológicos. Simplemente me gusta hacerlo así, y no busco que nadie me aplauda por ello o me diga "¡Oh, qué feminista eres por eso!". Supuestamente, esto me hace pasar el test de Blechdel, que me parece una payasada simplista salida de un foro, a la que se da una credibilidad desmesurada, cuando ni siquiera es un estudio académico sobre literatura. Qué cojones, ni siquiera se le puede llamar "estudio" a secas como para que dé tanto el pelotazo. Y no, lo de "es que invita a la reflexión" no me vale. No cuando hablamos de una parida sin rigor alguno.
Soy varón, y no tengo que pedir disculpas por ello.


And this is a pene.


Soy varón y estoy muy cansado.
Estoy muy cansado de que muchas mujeres sí me hayan juzgado a mí por haber nacido hombre. Estoy cansado de vosotras, de vuestro sarcasmo, de vuestra actitud de fieras tripas arriba. De vuestra beligerancia, de vuestro odio y de vuestros insultos.
Estoy cansado de que generalicéis contra mi género, de que a aquellos varones que piensan como yo (que no son pocos) nos metáis en el mismo saco. De que nos hagáis pagar a justos por pecadores.
Estoy muy harto de que cada puta cosa que diga sea tergiversada, pervertida y modificada a vuestro antojo para hacerme quedar como el monstruo machista que decís que soy. Curiosamente, siempre ha sido por medio de un juicio de valor que yo nunca he hecho hacia vosotras, y sin conocerme. No sois psiquiatras, pero por lo visto sí tenéis derecho a levantar diagnóstico para insultar, revistiéndolo de "opinión", o de "valoración personal". Estoy harto de vuestros eufemismos.
Estoy cansado de tener que ser razonable con vosotras, de tener que daros explicaciones, de tener que justificarme. De tener que respetar vuestras constantes faltas de respeto, vuestros insultos disimulados. De tener que aceptar vuestras sentadas de cátedra.


"Porque Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie alcanzará la Vida Eterna si no es por mí".
Contextos diferentes, mismo dogmatismo.


Estoy harto de vuestra ignorancia (la cual enarboláis cuando habláis de cosas que no habéis estudiado y yo sí y encima venís a darme lecciones, como si yo fuera imbécil), de vuestro odio, de vuestro constante desprecio y de vuestra condescendencia. Estoy harto de que os deis golpes de pecho y de que repitáis las mismas consignas aprendidas de no sé dónde, como si hubierais salido de una cadena de montaje, para metérmelas con cucharones. De que uséis esa falacia de "dame la razón o te llamaré machista, de forma directa o indirecta".
Estoy cansado de vuestro jocoso "pobrecitos", como si todo varón tuviera el germen de la culpabilidad correteando por sus venas y tuviera que disculparse por ello... o como si no tuviera derecho alguno a ver injusticia en una actitud que lo discrimina a él, y él no cree que la discriminación por género esté bien.
Estoy muy harto de esa barbaridad de muchas de vosotras, donde parecéis dar por hecho que, dentro de cada hombre, hay un violador en potencia, y de que justifiquéis semejante despropósito con el argumento de que nos han enseñado a someter a las mujeres... O de que el sistema nos va a proteger.
Estoy cansado de vuestro radicalismo, de que veáis la paja en el ojo ajeno y que seáis incapaces de ver el daño que estáis haciendo a la verdadera lucha por la igualdad. Estoy harto de vuestro maniqueísmo, y de que viváis con esa obsesión que culpa a los hombres de todos y cada uno de los males de la sociedad, como si el hombre fuese un monstruo que solo piensa en el sexo y en destruir y la mujer fuese una criatura elevada que se alimenta de éter y fuese por definición la criatura más sabia creada por los Dioses.


Porque por lo visto, para algunas personas, los que tienen pene son demonios.


Estoy hasta las narices ya de que, bajo la bandera de un mal llamado "feminismo" (lo entrecomillo porque me niego a reconocer algo así como tal) tener que escuchar argumentos de auténticas salvajes diciendo que "Hay mujeres que visten para agradar a los tíos y van como unas guarras, no me extraña que las acaben violando", y quedarse tan panchas, diciendo justo después que los tíos tenemos la culpa de todo. Muy feminista, sí. Con dos cojones. U ovarios. O lo que sea.
Estoy ya harto de tener que razonar con vosotras (y algunos de vosotros) para intentar llegar a un entendimiento porque me habéis demostrado una y otra vez que sois incapaces de razonar. No hay manera de llegar a eso con alguien que se niega a escuchar, y cuyo argumento es "Vosotros sois peores"; es imposible hacerlo con alguien que ya ha dictado veredicto sobre mí por ser hombre antes de que empiece siquiera a hablar. No tiene ningún sentido intentar todo esto con nadie que ya ha emitido sus prejuicios y que no tiene el más mínimo interés en llegar a un punto común.
Estoy harto de esa guerra de sexos que habéis armado, de vuestra violencia verbal y de todas las justificaciones que esgrimís para sentir que tenéis una prebenda moral para enarbolarlas. Estoy harto de vuestro "O con nosotras o contra nosotras", y de que acuséis de machismo a todo aquel que no suscriba al cien por cien vuestras palabras... lo que se traduciría por básicamente la mayor parte de los hombres (a los que ni escucháis la mitad de las veces) o bien otras mujeres, a las que acusáis de "vendidas" o "equivocadas", como si todo este desfile de burradas que soltáis fuese el camino correcto. A las que decís que el "patriarcado les ha comido la cabeza". Mujeres que, en muchos casos, demuestran mucha más tolerancia, respeto, educación y saber estar que vosotras. Mujeres que creen en la verdadera igualdad y por la que llevan luchando toda su vida, y a las que estáis avergonzando con vuestras rabietas y con vuestras constantes meadas fuera del tiesto. Mujeres que llevan lo más grande formando parte de una lucha silenciosa que ha tenido lugar día a día, tratando poco a poco de que cambien las cosas. Una lucha que vosotras, guerreras, estáis ensuciando y arrastrando por el barro con vuestro ruido, vuestra agresividad y vuestras campañas de odio camuflado.


A pastar ya, hostias.


Supongo que la segunda parte de este post habrá anulado ya la primera a estas alturas. Que da igual mi trayectoria personal o profesional, ya que al no dar la razón a este grupúsculo que cada día hace más ruido y que tiene más presencia me convierto en su enemigo. Al no agachar la cabeza y aceptar todo cuanto me digan, llegados a este punto, probablemente para ellas debo ser un monstruo machista que justifica violaciones, que aboga por la violencia contra la mujer y que considera que todo bicho viviente con vagina es por definición inferior a los penes supremos, que controlan esta sociedad desde sus despachos patriarcales. Una vez hemos llegado a los párrafos finales de este artículo ya debo ser el Enemigo, disparando pan de higo. La puta voz del Patriarcado o la mierda que os salga del culo decir.
Pero también debo decir que, llegados a este punto, donde me he cansado de ser razonable o de dar explicaciones, me importa una puta mierda lo que penséis. Es justo, ya que os ha importado desde siempre lo que puedo pensar yo y aquí no ha pasado nada. Vuestro criterio me lo paso por el ojo del ano. Vuestros insultos me los paso por el ojo del ano. Vuestra lucha (insisto, la vuestra y no la de las feministas de verdad, la cual comparto y apoyo de forma incondicional) me la paso por el ano. Vuestra agresividad, vuestro sarcasmo, vuestra ira, me las paso todas por el ojo del ano.
No creo en lo que decís. No creo en vuestros gritos, ni en el ruido que hacéis. No creo en vuestros mantras, ni en vuestras consignas. No creo en vuestros argumentos.
No creo en vosotras.

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