Cómo no. Tenía que ir tocando comentar alguna obra maestra del cómic en esta sección de análisis pormenorizado de cosas que me resultan interesantes. Como no podía ser menos, el primero en caer bajo mi bisturí es Alan Moore. No necesariamente mi autor de cómic favorito, pero sí uno de aquellos a los que tengo más respeto.
Si no os suena el nombre de este señor, dejadme que os ponga un poco en situación. Aquí el caballero (de sospechoso parecido con un ser que podría ser un cruce entre Charles Manson, Lemmy de Motörhead, Rasputín y cualquier bicho peludo y mirada ojerosa) es autor de grandes obras del Noveno Arte que luego han sido adaptadas con mejor o peor suerte al Séptimo. Entre éstas, tenemos Watchmen y From Hell (pasad de la película, que es una mierda de las que hacen historia). Aparte, se encargó de convertir la simpleza de la historia original de La Cosa del Pantano (imaginaos, un señor que por medio de un accidente se convierte en una puta lechuga radiactiva) en todo un intrincado laberinto narrativo que lavó la cara al personaje por completo (¡y sin desdecir prácticamente nada de la historia original, ojo! Esto tiene MUCHO mérito), creando de paso a uno de mis personajes favoritos del cómic: John Constantine (al que muchos conoceréis por la bazofia de película que sacaron hace algunos años). También se ha inmiscuido en el género X con Lost Girls, dando una visión digamos "picantona" (y me quedo corto) de Alicia, Wendy y Dorothy.
Y, por supuesto, se encargó de escribir V de Vendetta.
Para mucha gente, es Watchmen su obra maestra, quedando entre una de las joyas del cómic más grandes de todos los tiempos. Aunque respeto mucho la calidad argumental de ésta, desde mi punto de vista personal, la obra que analizo aquí me resulta mucho más atractiva.
Finalizada en 1988, V de Vendetta nos presenta una Inglaterra distópica (vale, mientras escribo estas líneas descubro uno de los motivos por los que me atrae personalmente), situada cronológicamente tras una guerra nuclear. Si conoceis un poco el contexto artístico, en los años 80 el terror nuclear estaba bastante de moda. Pelis como Mad Max y demás nos mostraban un mundo arrasado, desértico y lleno de chatarra donde los supervivientes, embutidos en cuero que iban por ahí pululando por gasolina, agua o comida.
A Alan Moore nunca le han gustado los tópicos. La Inglaterra que nos muestra es precisamente lo contrario: en lugar de punks en moto aquí tenemos una Inglaterra ordenada. Muy ordenada. Demasiado ordenada. De hecho, lo que nos encontramos aquí es a un grupo llamado Fuego Nórdico que ha tomado el país bajo un gobierno totalitario.
La primera escena nos presenta a una joven llamada Evey Hammond que escucha la radio mientras se maquilla. Sólo al escuchar lo que dice la emisora, ya sabemos lo que sucede: no necesitamos un prólogo. Todo se nos cuenta con una sencillez y con un respeto absoluto por el lector, que no necesita que le expliquen las cosas como si fuera idiota.
Evey Hammond, a diferencia de como sucedía en la versión cinematográfica, es una chica pobre que tiene que ganarse un dinero extra para subsistir. ¿Cómo? Prostituyéndose. Duro, pero coherente. El personaje va a ser nuestros ojos a lo largo de la mayor parte de la historia (de vez en cuando veremos algunos saltos de enfoque)y vamos a ser testigo de su evolución como persona. Gracias a ella, tanto como al resto de personajes, veremos cómo se desenvuelve esta Inglaterra totalitaria.
En su primera noche como prostituta, aparecerá V, un misterioso personaje que parece salido de un teatro (no en vano sus primeras líneas son citando a Macbeth), aunque con las habilidades combativas de un Batman carente de escrúpulos y unos ideales revolucionarios que nos recuerdan poderosamente a héroes populares como Robin Hood, el Zorro, la Pimpinela Escarlata o muchos otros enmascarados. V, tras este accidental encuentro con Evey Hammond, decide (a petición de ésta) quedarse con ella y adoptarla como discípula. Aquí comienza para la chica un viaje de aprendizaje que culmina de un modo que hace que se me lleguen a saltar las lágrimas.
Una vez establecido el argumento, paso a continuar la autopsia, punto por punto.
Estructura: Concebida originalmente en diez capítulos y luego reunida en un único volumen de tres partes, V de Vendetta recuerda poderosamente a las obras del teatro clásico: los primeros capítulos nos van presentando a los diversos personajes y las relaciones entre ellos. No tardamos en reconocer a los "malos" y a los "regulares" (salvando quizás -y sólo quizás- a Evey, no he encontrado personajes "buenos" aquí, lo cual hace que la obra sea muy adulta), y sus relaciones entre ellos. Interesante el concepto que vamos viendo acerca de cómo algunos de los totalitaristas o sus simpatizantes justifican sus acciones, llegando a hacernos creer en algún momento, que pueden llegar a tener razón (me viene a la cabeza el caso de la doctora Delia Surridge, que recuerda poderosamente al Josef Mengele de la Alemania Nazi)... aunque sin convencernos del todo.
A partir de esta presentación de personajes, del mismo modo clásico, se van desarrollando los conflictos, en distintos frentes (por un lado V, por otro los hombres a los que combate y el trasfondo personal de cada uno) en un crescendo que hace presentir al lector que va a encontrarse con un clímax a la altura de las expectativas que crea. Alan Moore no defrauda en esto. Nos muestra una historia de seguimiento sencillo, con un giro temático que le da a la historia la frescura necesaria para evitar lo predecible:
(ATENTOS QUE EN ESTA LÍNEA SE DESVELA LIGERAMENTE PARTE DEL PASTEL DE LA HISTORIA. SI NO LA HABEIS LEIDO, PASAD INMEDIATAMENTE AL PÁRRAFO SIGUIENTE)--- lo que creíamos al principio que era una simple venganza resulta que no se limita eso. Es toda una revolución.
(ATENTOS QUE EN ESTA LÍNEA SE DESVELA LIGERAMENTE PARTE DEL PASTEL DE LA HISTORIA. SI NO LA HABEIS LEIDO, PASAD INMEDIATAMENTE AL PÁRRAFO SIGUIENTE)--- lo que creíamos al principio que era una simple venganza resulta que no se limita eso. Es toda una revolución.
Temática: El punto que me resulta más importante de la obra. El autor concebió la historia como un himno a la anarquía; más allá de eso, hace una crítica no solamente a las sociedades totalitarias, sino al borreguismo de la gente que cree en ellos. De aquellos que, movidos por la desesperación, sacrifican su libertad y su individualidad para que otros piensen por ellos y les digan cómo vivir. Una bofetada en la cara a aquellos que se obcecan en ideas fanáticas.
Por supuesto, Moore no se queda aquí y nos muestra otras temáticas tangenciales: la violencia de género, la homofobia, la corrupción o la hipocresía del sistema (véase el obispo con una debilidad enfermiza por las niñas, o los cabarets donde, sin pudor, se enseña carne (y otras cosas) a los miembros del Gobierno (que deberían ser el paradigma de la represión) sin pudor alguno. A casi todas estas temáticas, Alan Moore nos hace siempre la misma pregunta: "¿Por qué?" La respuesta queda en el aire, casi esperando que seamos nosotros quienes la respondamos.
Personajes: Aquí Alan Moore exhibe tanto lo mejor como lo peor de su estilo. En V de Vendetta encontraremos personajes terriblemente coherentes y realistas. El autor huye de los blancos y negros en muchos aspectos (aunque no siempre) y no vamos a ver malvados nazis en todos los casos (aunque en algunos sí vamos a ver seres realmente despreciables, como pasa en la vida real). Desde mi punto de vista, Alan Moore tiene su punto débil en la creación de personajes femeninos. Muchos no están de acuerdo conmigo (posiblemente aquellos que han leido obras suyas que yo no he leido), pero para mí sus mujeres son de dos tipos: la comparsa que no sabe valerse por sí misma y la harpía.
Podríamos decir que Evey Hammond está en el primer grupo durante la mayor parte de la historia (de niña, bajo la protección de su padre; luego de V, luego de Gordon y finalmente de V otra vez) y acaba evolucionando para convertirse en alguien relativamente independiente (dada la temática de dejar de ser uno más en el sistema que nos va contando la obra, no cabría esperar menos).
Helen Heyer, esposa de uno de los encargados de seguridad del Gobierno, encaja a la perfección con el segundo grupo. Una mujer despiadada a la vez que frívola, que maneja a los hombres para satisfacer todas sus ambiciones. Odiosa a más no poder.
En el caso de V, podemos decir que ni siquiera él es un personaje totalmente benévolo. Con un estado mental que nos hace dudar si está tan cuerdo como debería ser un héroe o tan loco como alguien que ha visto la verdad y se la muestra a otros, sus acciones son de una moralidad discutible (véase el caso de la lección magistral a Evey Hammond), aunque revestida de buenas intenciones.
El resto de personajes, a veces ligeramente homogéneos entre ellos (puede ser intencionado para indicar así la supresión de la individualidad) se muestran agresivos y altaneros a la vez que débiles y falibles. Notable el hecho de que son precisamente esas debilidades las responsables de su caida.
Valoración: V de Vendetta podría parecer un panfleto político en favor de la anarquía. Quizás fue concebida así. Pero el caso es que, leyéndola, no tenemos esa impresión. Alan Moore la reviste con un halo de romanticismo que resulta sobrecogedor. V no se limita a mostrarse como un terrorista medio psicótico con ganas de aplastar a sus enemigos y a sus ideas. Es además el último hombre que ha leido poesía, que ha disfrutado del cine; que ha amado el jazz o que ha conocido el teatro (para él, citando a Shakespeare, el mundo es un escenario... "y todo lo demás es vodevil"), puesto que el mundo en el que vive ha erradicado la mayor parte de la cultura. Es el vengador de libro: frío, irónico, a menudo amoral y con un magnetismo que pocas veces se ha podido ver en una obra escrita.
Este romanticismo se impregna en cada página de la obra desde el principio (me resulta particularmente emotiva la escena en que Evey narra cómo vivió la guerra siendo una niña, ante un V que casi me pareció que disfrutaba escuchando aquello), llegando a uno de los puntos que me resultan más emotivos: la historia de Valerie. Un contrapunto a todo lo que vemos que podría ser una terrible bajada de ritmo. Todo lo contrario: nos muestra por qué V hace lo que hace (o al menos, nos da parte de la respuesta a esa pregunta). A partir de aquí y de la lección de Evey que comenté arriba ya sólo nos queda una cosa por saber: que el fin está por llegar. No os cuento más. Tenéis que leerlo.
El dibujo de David Lloyd, de notable concepción cinematográfica a la hora de concebir las escenas (también gracias al hecho de que Alan Moore es terriblemente minucioso cuando da detalles a sus ilustradores),cargado de manchas de sombras y coloreado a base de tonos grisáceos, verdosos y azulados apagados confiere la atmósfera deprimente que cabría esperar en una historia con este tono. No puedo olvidar mencionar aquí la fortísima carga simbólica, presente tanto en las imágenes como en el contenido. Observad con atención la cantidad de escenas con simbología visual (los fuegos artificiales mostrando la V o las rosas para simbolizar una vida humana) anafóricas (como por ejemplo, en una de las escenas finales, donde Evey ve el rostro de su padre y de otras personas importantes para ella en un cadáver), los paralelismos (las piezas de dominó que se van colocando paralelamente a cómo se va desarrollando la trama de la historia) o mensajes subliminales, del tipo que hacen que cada vez que leas la historia encuentres alguna cosa (uno de los más claros que me viene a la mente es la estrella de cinco puntas invertida en el edredón de la alcoba del Obispo Lilliman, en clara alusión a la perversión del Catolicismo, convirtiéndose en satanismo). La misma trama también nos revela detalles simbólicos, como sucede con la "V", que aparece aludida de mil maneras (en el código morse, por ejemplo, es '...-', que a su vez es el primer acorde de la Quinta Sinfonía de Beethoven) al tiempo que significa varias cosas: no sólo es el nombre del personaje sin más: es la Vendetta, la Sala V o el 5 de Noviembre. Otro detallazo es el tema de la "epifanía" de Evey y V, simbolizada por medio de elementos naturales como el agua y el fuego, respectivamente. Podría seguir, pero sería un post eterno.
Mi consejo final es que, si os ha gustado la película (una adaptación curiosa, pero que se deja algunas de estas ideas en el tintero, metiendo una trama de conspiración que parece gustarle mucho al público americano) no tengáis miedo a que os tachen de frikis por compraros este cómic. Una buena idea puede aparecer ilustrada y eso no tiene por qué convertiros en el dueño de la tienda de cómics de Los Simpson. No hagáis caso de esos gilipollas ignorantes que se dedican a ponerle etiquetas a las cosas que no les gusta o que no entienden ("Buah! Tebeos! Eso es para niños y para chalados!", idea al respecto que flotaba en los años 50 en EEUU) y dejaos sumergir por los ideales revolucionarios de V.
Y cuando lo hagais, pensaos si nos falta mucho a nosotros para vivir en esa sociedad de mierda. Y si, viendo cómo están las cosas y la apatía que nos apresa, planteaos si nosotros tendremos la suerte de tener un V que nos abra los ojos...

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