domingo, 13 de julio de 2014

Mondo Chorra- "Ni puta idea, pasando", o Cuando no entiendes una mierda



Supongo que, a juzgar por este título, algunos de vosotros pensaréis que esto debería ser uno de esos artículos de Escupiendo Rabia, donde manifiesto mi mundialmente famoso cabreo hacia algo en concreto. Nada más lejos de la realidad, queridos Distópicos, ya que por muy cabreado que parezca el título, no es enfado lo que me recorre las tripas mientras escribo estas líneas. Es más bien la sensación de desubicación, de absurdo. De esto que dices "¿Pero qué coño pasa a mi alrededor?"
Es esa sensación que algunos tenemos al percibir que, bien el mundo habla un lenguaje al que tú no llegas, o bien que el mundo que te rodea, bien no te escucha, bien no quiere escucharte y, de lo que dices, o entiende la mitad, no entiende nada, o entiende lo que le sale del culo.

En mi caso no es poco frecuente; es más, diría que es tristemente común, eso de decir A con intención de A y otros entender C con intención de D, F y Z a la vez. De sentir cómo todo el puto planeta y parte del extranjero te viene pidiendo explicaciones acerca de cosas que jamás dijiste o quisiste dar a entender; cosas, que de hecho no es que no compartas, sino que a veces incluso te resultan aberrantes. De dar no una, sino cuarenta explicaciones para no ser malinterpretado y, aun así, encontrarte con verdaderos juicios sumarísimos, donde alguien parece haberse puesto la toga de psiquiatra y decir que, cuando hablas, "das la impresión de" o "pareces tener la intención de".
De sentir, en definitiva, que tú eres el único en este puto planeta (aunque no lo seas) al que le piden explicaciones sobre cosas que jamás ha dicho, mientras que aquí cualquier imbécil puede soltar la primera burrada que se le ocurra, que no pasa nada. No importa las vueltas que le des a tus argumentos, que expongas, que pongas ejemplos, que hagas comparativas o que lo acompañes todo con un trovador que señale tus pasajes más importantes para no dejar a dudas algo. Siempre, siempre, siempre, habrá alguien que no lo entienda, sin importar lo clarito que hables. Siempre habrá alguien que vea lo que quiera ver, que saque tus palabras de contexto y diga que das a entender cualquier puta cosa que se le ocurra. No contento con eso, ese alguien siempre va a usar esa falta de entendimiento de lo que dices en tu contra, usando bien el ataque directo, bien la demagogia o, en terrenos menos públicos, el reproche.
"Es que cuando dijiste tal, quisiste decir cual".
"Es que yo entendí no sé qué"


Bla. Bla. Bla. Bla. Bla. Bla. Bla. Bla. Bla. Bla. Bla.


Y he ahí donde radica parte de la ironía que es mi vida. Mirad, sé que muchos os quejáis de la longitud de mis posts, y lo entiendo. Ante eso me gustaría responderos. Lleváis ya algunos años leyéndome y creo que nunca me había dado por contaros a qué viene. Supongo que, como últimamente parezco tener que andar explicando cualquier puta cosa que sale de mi boca para que nadie se rasgue las vestiduras o saque un perfil psiquiátrico sobre mi persona, pues encima tenemos otro motivo.
Sí, mis posts son largos: me gusta que mi opinión quede lo bastante argumentada, precisamente para que no resulten categóricas mis razones para llegar a alguna conclusión. De ahí que ponga mil ejemplos y demás. Supongo que, una vez contado, tiene sentido.
Lo gracioso (por gracioso entiéndase "me río por no llorar") es cuando, pese a toda mi argumentación, todos mis ejemplos y toda una exposición de ideas que intento desarrollar de la forma más organizada posible, no falta jamás alguien que se saca una interpretación aleatoria de la manga y entiende lo que le sale del culo. Y, nuevamente, vuelta a empezar: a tener que decir "No, lo que yo dije no tiene nada que ver con eso", y demás idioteces que sueltas cuando, en tu fuero interno, sabes que en realidad no tienes ninguna necesidad.


"Pues es verdad".


Es la clase de cosas que te hacen pensar que, puede que sientas que el mundo no termine de entenderte, pero también sucede que acabas por no entender una mierda tú tampoco. No sabes si es que eres más tonto que los demás (que no se descarta), que vives en un mundo que está perdiendo la chaveta, o sencillamente es que no encajas.
Quizás es eso último.
Dejando a un lado lo de tener que andar dando explicaciones acerca de lo que suelto por la boca, a lo largo de toda mi santa vida me he dado cuenta de que, entender como pienso, lo que es entenderlo, muy poquita gente. No es coña, me pongo a contar a lo largo de mis treinta y pico de años, y no estoy seguro de poder contarlos con una mano. De darte cuenta de que gente con la que te has criado no te ha entendido y (lo que es más fuerte), dar la impresión de que tampoco han hecho mucho esfuerzo por hacerlo. Y esto va en ambas direcciones, que yo al final he acabado por no entender a los que me rodean, con la salvedad de que yo sí estoy seguro de haberlo intentado.


En el resto de casos, solo eres una voz que predica en el desierto.


Supongo que todo esto debería ser desesperante, incluso amargante. Me refiero a llegar a la conclusión de sentir que no hablas el mismo idioma que el mundo que te rodea. Podría serlo, especialmente si consideramos mi puñetera manía de luchar por lo que creo y por haber intentado comprender el mundo que me rodea lo bastante como para poder mejorar mi vida.
Os cuento el secreto que evita que termine de alicatar las paredes a cabezazos: dice mi profesora de yoga que, si no puedes cambiar algo por el motivo que sea, o no encuentras modo de hacerlo, lo más sabio es aceptarlo y centrar tus energías en cambiar lo que sí puedes. Dicho de otro modo, luchar contra molinos pensando que son gigantes está bien desde el punto de vista moral, luchar por lo que crees y todo eso... Pero también supone un desgaste de energías innecesario. Con frecuencia implica, además, acabar participando en batallas que en realidad no son tuyas (es lo que tiene eso de indignarte ante las cosas que son injustas), con lo cual el desgaste de energías, además de ser innecesario es directamente ridículo.


La ridiculez que supone luchar contra molinos, descripción gráfica.


Puede sonar a que me rindo, y no es un juicio que me desagrade. Es lo que hacemos los humanos cuando las cosas escapan a nuestro control, o cuando acabamos admitiendo nuestras limitaciones. Ya no hemos llegado al punto de la ira, que nos quema por dentro. Hemos llegado al cansancio, al deseo de lavarnos las manos. De, simple y llanamente, no tener ganas de participar en batallas en las que sabemos que estamos más solos que la una. De preguntarnos qué sentido tiene intentar luchar por según qué cosas y amargarnos la existencia durante el proceso.
Por mucho que nos cueste admitirlo, somos humanos. No dioses, ni gigantes. Humanos, y mortales. Tenemos una existencia más bien corta, y a menudo somos nosotros quienes tendemos a amargárnosla sin sentido, no valorando lo bueno que tenemos y pasándonos el día quejándonos y lloriqueando por lo que no tenemos, al tiempo que ignoramos aquello que sí podemos cambiar. En estos campos me incluyo personalmente, aunque sí tengo la conciencia tranquila al decir, que aquello que he podido cambiar, he luchado por cambiarlo siempre que las fuerzas me lo han permitido. Esto no lo puede decir mucha, muchísima gente que he conocido a lo largo de mi vida, a la que he visto sumirse en una espiral descendente de autocompasión. Yo no quiero ser así. No merezco ser así, qué coño.

Por eso, supongo que últimamente puedo parecer apagado o falto de energías, y a aquellos que me conocéis no os falta razón. Si me faltan energías es quizás porque ando un poco cansado de muchas cosas. Entendedme, no furioso, ni enfadado, ni nada que se parezca. Sencillamente cansado. Desgastado. Me considero una persona bastante fuerte anímicamente hablando, pero todos llegamos a un punto en que decimos "Vale, ahora sería un buen momento para sentarse y descansar un poquito". Es ese momento en que decides que no quieres pelear más porque, qué cojones, no te da la gana. Llevas toda tu vida haciéndolo, pero eso no es motivo de que tengas que seguir con las armas en ristre el resto de tu existencia, día tras día. Eso no hay quien lo resista.


Nuestra vida, por mucho que lo parezca a veces, no tiene por qué ser una cruzada.


Quizás es por eso en que a veces reflexionas y decides que hay cosas que no son tu competencia, ni tu responsabilidad. No eres ningún héroe, no tienes la varita mágica para solucionar tu vida, mucho menos para solucionar las de aquellos que te rodean, por mucho que te guste sentirte útil. Al no ser tu competencia, te toca asumir que, en realidad, no tienes por qué hacer nada. No tienes que luchar contra una causa que te indigna cuando en realidad no es tu tarea luchar contra esa causa. Bien puedes ser un apoyo, u ofrecer consejo en un momento dado, pero poco más. Te toca asumir que no puedes ayudar a quien no quiere ayuda. Que puedes ofrecer tu mano a otros para que salgan del hoyo, pero no puedes sacarlos, sino que es tarea de ellos mismos. Puede que estos lo entiendan, puede que no. Tampoco es asunto tuyo.


Usando el mantra del genial Brüno, "Ni puta idea, pasando".


Es posible que esto sea lo que sucede cuando te crías con unos valores que te enseñan a hacer las cosas lo mejor que puedas. A no rendirte y a luchar por lo que crees. Sucede entonces que te das cuenta de que en algún punto tienes que parar; que tu vida es tu vida, y hay una línea que separa lo que te indigna a ti con aquello que debes combatir. Que una cosa es lo que te moleste a ti (nuestro sacrosanto territorio personal) y otra con aquello que te parece aberrante, pero está más allá de tus fronteras y, por tanto, fuera de tu jurisdicción.
Es quizás cuando llegas a esta conclusión cuando descubres que la mayoría de este planeta no te va a entender al tomar actitudes de este tipo. Es algo que está casi tan asumido como el hecho de que hay cosas que no son asunto tuyo y que, por tanto, como tales se van a quedar. Que ya es mejor callarte, reducir tus comentarios al mínimo, no hacer preguntas, hacer caso de lo justo y necesario y pasarte por el culo todo lo demás. Eso o envenenarte por dentro, y como que no.


Y a lo mejor, acabar así de feo.
Una leche.


Es duro asumirlo, pero eso de que no te entiendan forma parte de todo ese acervo de cosas que no podemos cambiar, por mucho que nos duela. Por mucho que queramos. Ante estas cosas, sé que poco puedo hacer, porque yo más claro no sé hablar. Ni puedo ni sé hacer las cosas mejor de lo que las hago. Tan solo intento seguir mis propios principios y ser fiel a ellos. Si digo algo, procuro mantenerlo, y ser consecuente con mi forma de pensar, ya que procuro tener mis ideas siempre lo más claras posibles. Sé que eso no me hace una persona fácil en muchos puntos, y que puede que eso me haga parecer terco. Sé la clase de persona que parezco ser ante la gente que ve solo lo que aparento. Lo asumo.
Asumid, pues, que yo también llegue un momento en que me canse de tener que explicarme a cada momento.

2 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Hace mucho más tiempo que yo renuncié a la idea de que la gente me entienda por bien que explique mi forma de pensar. Y todavía peleo por mis causas, pero sé cuáles están más o menos perdidas y ya no me tiro de los pelos por ello. O sea, me hubieras preguntado y habrías escrito este post mucho antes :-D Mis condolencias por tu agotamiento con el mundo (aunque espero que sea temporal).

Rumbo a la Distopía dijo...

Gracias por tus condolencias! Bueno, ahora mismo no sabría decirte si es temporal o permanente. Digamos que estoy en ese plan,y no me apetece demasiado hacer las paces con un mundo que ni entiendo ni que parece entenderme ;)