jueves, 4 de abril de 2013

Escupiendo Rabia- El Pensamiento Único



George Orwell hablaba ya, hace algunas décadas, del concepto de Pensamiento Único. En su novela 1984 pudimos leer cómo aquellos que se desmarcaban de las directrices marcadas por el gobierno pasaban a desaparecer misteriosamente de la faz de la tierra. Su ideología pasaba a ser anatema y blanco de las iras de los Cinco Minutos de Odio, donde todos los simpatizantes de ese mundo distópico se dedicaban a descargar su ira y su frustración contra cosas que, lejos de entenderlas, parecían estar contrapuestas a su sistema de creencias.

No deja de ser curioso como, décadas después el amigo George ha demostrado ser un profeta con una precisión que ríete tú de Nostradamus. Esto, si lo pensamos, toca tela los cojones... porque nos pasamos todo el puto día haciéndonos pajas mentales con profecías mayas, idas de pelota monumentales a cargo de santos y visionarios y pasamos como de la mierda de un autor que ha demostrado que lo que predecía era más cierto que una patada en la cara.

"Esta semana: Profecías Orwellianas. ¿Qué hay de verdad en todo esto?"
Echa un vistazo por la ventana y me cuentas, Iker, que lo mismo se te caen los pantalones del susto.


Podéis no creerme, como podéis decidir ignorar a Orwell, en vuestro derecho estáis... pero si sois asiduos de este blog, sabéis que aquí raramente se cuenta lo que queréis escuchar. Somos el dedo en el ojo de la sociedad hipócrita que nos domina. Somos el grano en el culo del pensamiento dominante.
Así que arrancamos.

Este artículo que escribo no viene sacado de la manga, ni mucho menos. Llevo ya varios días hablando con gente que, lejos de ser imbécil, tiene la malsana costumbre de documentarse, contrastar las cosas y, sobre todo, tener las ideas muy claras acerca del tema que están tratando. Hablo de gente con la que podéis estar o no de acuerdo (yo mismo no coincido siempre con ellos), pero de la que raramente podéis decir que no tienen ni puta idea de nada. Existe gente que, en lugar de aceptar lo que le impone esta sociedad de asco como verdades universales, tienen la curiosa (e incómoda) manía de comprobar las cosas por sí mismos. De no aceptar nada porque todo el mundo lo diga.
¿Cómo se lo paga el prójimo?
Desde el escarnio o desde los argumentos de siempre: "Tú es que no tienes ni idea", "Infórmate" o el simple y llano "¿Cómo puedes decir eso?" Podría poner todo un repertorio de insultos asociados a todo aquel que se sale de la línea de pensamiento dominante, pero este es un blog dirigido a un público familiar, así que me meteré esa lista por el culo.

Y es que esto no es una cuestión de ideas que te imponga el malvado gobierno. No en el cien por cien de los casos; muchos de los temas donde estos amigos míos, o yo mismo en alguna ocasión, hemos sido crucificados, son cosas que no tienen en absoluto que ver con la política: es más una cuestión social, humana. Ante tal o cual concepción, aunque sea algo tan básico como cortar las patatas en rodajas o en juliana, se suele dar siempre una Concepción Regente o Pensamiento Dominante. Insisto en el adjetivo dominante, porque aquí aparece en toda su majestuosidad: dominante, que domina y se impone sobre los demás, pero no como una tendencia común, ojo; me refiero al hecho de que se impone a sangre y fuego, a costa de aplastar a los demás.

La receta es muy simple:

Tomad una idea.
Esperad a que esa idea se extienda.
Cuando se extienda, esperad a que se asuma popularmente.

Luego, buscad a alguien que no acepta las ideas porque las piense mucha gente, sino que busca experimentarlas por sí mismo. Alguien que confía más en el criterio propio que en el de la masa.
Dejad que ese alguien exprese su idea.
Esperad la tormenta de pedradas.

"Se te acusa de no comerte los huevos pasados por agua empezando por la parte delgada"
"'¡MUERTE! ¡MUERTE! ¡MUERTE"
Ridículo, sí. Pero si leéis a Jonathan Swift, veréis que este ejemplo no sirve más que para ilustrar la imbecilidad humana a la hora de aceptar ideas contrarias.


No deja de ser curioso cómo la sociedad manifiesta su hipocresía supina en el momento de lanzar las piedras: es al oír un pensamiento divergente (por muy razonado o apoyado por testimonios lógicos o fehacientes), la masa parece resultar incapaz de aceptar que éste exista; en un alarde de cinismo, sienten cómo su respeto es vulnerado y, usando esto como argumento, se sienten en el derecho de vulnerar el de los demás. Por medio de esa excusa, lo que viene siendo una opinión diferente se convierte en el objeto de insultos y alusiones a una ignorancia del tema que, bien no existe, bien es menor a la del propio atacante. A veces, no es de extrañar, se llega incluso a las manos. No es la primera vez que hemos visto actitudes violentas en campos de fútbol por hechos tan curiosos como animar a equipos diferentes, o bien cuando el fan de tal o cual serie de la tele se caga en la puta madre de un detractor de ésta. De este fanatismo ideológico no parece escaparse ningún sector de la población; no hay ideología que no cuente con sus propios fanáticos y sus legiones de palmeros que se dedican a alabar a ultranza lo que hacen "los suyos" (o, como mucho, mirar para otro lado cuando estos la cagan bien cagada) y cagarse en los muertos de "esos" que hacen lo mismo que "los suyos".
Esto ya lo he comentado en artículos anteriores; mi interés se centra más en lo que sucede cuando una ideología en concreto (al respecto de cualquier tema) se convierte en un pensamiento dominante. Imaginad a qué queda relegado cualquier pensamiento divergente, cualquier teoría alternativa. Cualquier disensión.

No hace falta que hablemos de fascismos o dictaduras, amigos Distópicos. Analizad cómo la sociedad trata a aquellos a los que no consigue entender. Cómo ciertas tendencias sociales, políticas, religiosas (o no religiosas, si hablamos del laicismo salvaje que se está imponiendo últimamente, basándose en la total falta de respeto hacia cualquier creencia) o de lo que sea se empiezan a ver como "las guais"; las que no, empiezan a mirarse mal. A los que las profesan se les empieza a mirar mal, como gente rara, como apestados, como radicales (¿?), como "esos majarones que no tienen ni puta idea de nada".
Cada día que pasa, veo con más miedo cómo la gente defiende cosas que dice conocer, pero quedándose en la consigna y en el lema insertado en el córtex cerebral como un puto código de barras... y usando este conocimiento prefabricado para mearse en lo que puedan pensar los demás. En decir "Lo mío mola más y lo que pienses tú no me interesa una mierda porque fijo que estás equivocado".
Es un poco lo de "Yo soy el Camino, La Verdad y la Vida", pero con un par de milenios de transformación, ampliación y extremismo a lo bestia.
Ahora, la Verdad, en mayúsculas, no es una verdad contrastada o probada. Es la Verdad porque te han dicho que es la Verdad y te callas. No cuestiones, no preguntes, no intentes pensar por ti mismo, que eso está feo. Y si lo haces, que nadie se entere, porque entonces serás el malo. Y si no te importa ser el malo, vete preparando para tu ración de hostias. Para que un puñado de palurdos que dicen saber leer, pero que luego entienden lo que les sale de los cojones de lo que leen, te digan que despiertes. Que tienes los ojos cerrados. Que vives en la oscuridad y ellos en la luz.
Joder, milenios de humanidad y seguimos con la misma mierda. Cada día salen más predicadores, aunque no siempre hablen de un Dios en las alturas. Cada día más gente intenta autoerigirse tu maestra, inculcándote valores que, ya no es que los conozcas o los dejes de conocer, es que ni te interesan. Y por el hecho de no interesarte (nadie te obliga a ello, que para eso se supone que tenemos una libertad ideológica... o eso predican estos fulanos, al menos) comienza el desprestigio. El "No tienes ni puta idea de nada", el "Sigue, sigue como vas, que te espera un futuro que te cagas" ("Porque el mío es mucho mejor, sin duda"). La tiranía de la masa, la de intimidar a los que piensan distinto.
El uso del miedo.

"Me han dicho que si no me pienso que Paco, el de la planta 8, es un tío de puta madre, me van a dar de hostias. Que me van a hacer la vida imposible. Que me vaya olvidando de poder ir tranquilo a trabajar. Y joder, Paco el de la planta 8 se folló a mi mujer delante de mis narices. Lo cuento y no me creen, me dicen que es que le tengo envidia."


Lo peor es que si esto mismo lo practica gente que no forma parte de la masa se les llama beligerantes, vehementes, intolerantes. Qué bien visto está cuando la masa no tolera a la minoría. Qué bien visto está cuando se juntan cuatro fulanos y se dedican a insultar a uno porque no está de acuerdo con ellos. Qué bonito es eso de usar el número para aplastar a otros.
Y eso NO es ser hipócrita, por lo visto.

Anda que no llevamos tiempo viendo gente apostar por una Revolución de Vete a Saber Qué Cojones, pero luego la mitad o te salen con ideas tan utópicas que dan risa (porque para llevarnos a una Distopía como la que empezamos a vivir han hecho falta mogollón de décadas, a ver cómo coño ahora hablan de una revolución de YA PARA YA) o directamente te salen que no tienen ni puta idea de qué nuevo sistema ofrecer, "pero hay que acabar con el que hay". Que escuches gente que te diga que tal delito o tal aberración (inserte aquí la que más le guste) está justificada porque hay otros que han cometido cosas peores o porque durante lo que viene siendo la historia estas cosas han estado permitidas en sentido contrario (es decir, que lo que están haciendo ahora se lo hacían a ellos) y te quedas con la cara partida al ver que el personal al final se toma las cosas como si fuera un partido de fútbol: no eres tan malo o eres incluso bueno porque hay gente que es o ha sido peor que tú.
Con cosas así de razonadas, es lógico (o no, pero tampoco indigno de respeto) que uno no apoye según qué ideas. Que uno diga que, por muy mal que estén las cosas, tenemos el beneficio de la ley y que no podemos saltárnosla a la torera porque los de arriba sí lo hagan. Soy más de pensar que en lugar de convertir esto en el coño de la Bernarda, lo suyo es luchar porque la justicia sea igual para todos. Y por igual, digo que se persiga tanto al gran delincuente como al bajuno. No indultar al bajuno porque el grande se va de rositas.
Y esa concepción es aberrante para muchos. Porque ahora lo guai es el berreo indiscriminado, el defender al currito haga lo que haga y cagarse en el político, haga lo que haga. Porque unos son buenos y lo tienen todo perdonado, todo cuanto hagan tiene justificación y son "de los nuestros" y los otros unos hijos de la gran puta a los que tendríamos que matar a base de patadas en la cabeza. Y si hay que apoyar que se vaya a casa de un político (no a su trabajo, que es donde el político tiene su vida pública, sino a su casa, ojo, donde tiene su vida privada, separada de su trabajo) pues se va, que para eso es un hijo de la gran puta y para eso ha jodido a tanta gente. Porque se lo merece y porque el pueblo, en ese oxímoron llamado "Sabiduría popular" dicta sentencia, mejor, más rápido y de un modo más justo para todos.
Y como yo no estoy de acuerdo con las putadas que los políticos nos hacen a diario, pues tengo que apoyar estas ideítas (ellos las llaman "Iniciativas", "Acciones" y otros términos neológicos que le dan un aire cool y posmoderno a todo), so pena de convertirme en un prosistema, en un aburguesado o vete a saber qué. Porque no estar de acuerdo con una cosa implica apoyar la contraria, de toda la vida.
Así, a pelo.
Luego estos mismos son los de decir que la justicia tiene que ser igual para todos y que no se respeta la Constitución y demás cosas superdemocráticas. Te sueltan eso y al mismo tiempo se autoerigen en jueces y jurados y se toman la justicia por su mano para hacer presión, porque el fin (que nadie dice que no sea bueno) justifica los medios, sean cuales sean. Los que apoyan o participan en ciertas actividades que rozan lo vandálico o lo directamente delictivo porque "su objetivo es bueno". Con eso ya tienen la dispensa moral, damas y caballeros. Libres de pecado.
Llamadme colgado o lo que os salga del forro del escroto, pero aquí no veo la coherencia por ninguna parte.

De lo que se deduce que:
TODOS decimos que TODOS somos iguales, 
PERO
En la práctica, unos son más iguales que otros.
O bien, podemos traducirlo a un contexto algo más contemporáneo:
TODOS tenemos los mismos derechos,
PERO cuando se trata de cagarnos en la puta madre de alguien, unos parecen sentirse con más derecho que otros.
Qué cojones, esos "otros" no tienen ese derecho, porque cada vez que abren la boca, ofenden.
Y la ofensa (entendiendo por "ofensa" decir algo que va contra corriente) es un pecado capital.


Y así con todo.

De estas cosas que dices "A ver, resulta que ahora la gente tiene razón solo porque son más, y la mayoría es algo que respalda para atacar a la minoría". No te extrañe que luego cualquier colectivo minoritario se suba al carro y diga "Pues hala, yo también me ofendo". Montamos una guerra ideológica por cualquier soplapollez y hala, crispación al canto.
Eso lo vemos en el Congreso. En el puto Sálvame. Hasta en la cola del supermercado. Amigos, se ha puesto de moda lo de tirarnos de los pelos con la gente que no ve las cosas como nosotros. En lo de no escuchar, en darse media vuelta a la primera de cambio en que oímos algo que no nos interesa o que no casa con nuestra visión. En la política de las voces limpias, del berrido y del insulto. Y luego nos cabrea que no nos tomen en serio, cuando nosotros mismos somos los que nos meamos en nuestra propia ideología, comportándonos de esta manera. Flaco favor hacemos a nuestros ideales si, en el momento en que encontramos a alguien que no los comparte lo ponemos a caer de un burro y los defendemos sin más argumento que el ataque indiscriminado hacia los demás. Haciendo el capullo todo el santo día. Buscando el pelillo y el higuillo para cabrearnos, para sentirnos ofendidos (joder, ¿que otro no piense lo que tú es un insulto?) en el momento en que escuchamos media puta cosa que no va con lo nuestro.
Luego ponemos el grito en el cielo cuando vemos que hay censura, pero nunca pensamos en el hecho de que los primeros en censurar al prójimo somos nosotros, con esta actitud.

"Señora Potórrez, ya que usted no manifiesta su total acuerdo con mis teorías, tengo que comunicarle que me siento con la total libertad y el pleno derecho a decirle a usted que es una zorra de mierda y una hija de la gran puta".
Puede que os parezca grosero y exagerado. Rebajad un poco el tono y veréis que esta actitud no es ni tan rara.


Todo el puto día usando falacias con las que intentar que nuestra posición quede como la dominante y las de los demás como una puta mierda, o buscando el modo de justificar nuestros actos. "No pasa nada que esté mal, hay otros que lo hacen peor, lo que me convierte a mí en inocente o menos culpable", por citar el ejemplo que he puesto más arriba, pero no es el único. "Si no eres la solución es porque eres parte del problema". "Si no defiendes MIS ideas es porque te opones a ellas y estás defendiendo a la gente que ataco yo". Decidme si este tipo de actitudes no os suenan. Si no las estáis viendo más de la cuenta últimamente.
Al final todo se reduce a eso: a gente que busca enemigos aunque en realidad no les hagan ninguna falta. En sentirse intelectual o moralmente superiores al resto por seguir tal credo, tal ideología, por pertenecer a tal grupo. Como si la razón de la felicidad de cada uno fuese precisamente esa, la de decir "soy mejor que tú y tú eres un pedazo de mierda que existe solo porque soy así de buen tío y no te pego dos tiros aquí mismo por no estar de acuerdo conmigo": extremistas religiosos, fanáticos deportivos, grupos de corrientes políticas de tendencia extrema (izquierdas o derechas, para mí un extremista no es más que un fanático y me suda el rabo el color de la banderita que enarbole), vegetarianos, académicos, colectivos de muy diversa índole sexual, frikis, fans de tal o cual tendencia cultural (musical, audiovisual, literaria), razas urbanas, defensores de tal o cual causa, patriotas, antipatriotas, prosistemas, antisistemas... todos, absolutamente todos estos colectivos y muchos más tienen algo en común:

1) Son humanos, a diferencia de lo que sus detractores opinan
2) Se unen para hacer causa común en base a una idea o sistema de creencias
3) Al unirse, cuentan con la posibilidad de perder el norte, o bien de que muchos de sus integrantes no estén del todo enterados de lo que es la idea en sí
4) Pueden crear (de hecho, generan, si analizáis los ejemplos que pongo) fanáticos que al final lo que hacen es empobrecer y echar por tierra la idea que supuestamente defienden.

Y un fanático, nos pongamos como nos pongamos, no es precisamente la clase de gente que ninguno de estos colectivos necesita en sus filas. No si quieres que tu idea llegue a buen puerto. Si quieres defenderla de un modo justo, como una persona civilizada. No necesitamos gente que nos defienda a capa y espada, que solo vea virtudes en lo propio y solo maldades en lo ajeno. No necesitamos gente que nos defienda sin sabr siquiera qué coño está defendiendo.
No necesitamos ignorantes en nuestra vida, a menos que sea para ensalzar nuestro ego.

Al final, todo se reduce a ideas que buscan, ya sea de modo consciente o no, aplastar a otras.
Al final, el ser humano busca lo que viene buscando desde que el mundo es mundo: que los demás bailen a su son, exterminar a los diferentes e imponer su sistema de creencias sobre los demás, quieran estos o no.
Así es como nace el Pensamiento Único.
Y, si en tal o cual tema, coincidimos con la idea de la masa, no necesitamos cuestionarnos nada más. Lo único que necesitamos es buscar a los indeseables que se oponen a ella y exterminarlos. Dialécticamente hablando la mayoría de las veces... pero no siempre.
Podéis decir que no, pero respondedme: ¿Cuántas veces habéis escuchado a alguien que expone una idea con la que no comulgáis en absoluto? ¿Cuántas veces habéis atendido sus razones o sus argumentos, en caso de tenerlos? ¿Cuántas veces, a gente así, habéis acabado profiriendo más insultos que la niña de El Exorcista?
Pensad en ello.

2 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Pues yo debo ir bastante bien, porque suelo escuchar a quienes piensan totalmente distinto a ver si por una de esas casualidades soy yo la que necesita modificar sus creencias. He cambiado de opinión (al menos en parte) respecto a unas cuantas cosas. Aunque sigo pensando que los activistas por los derechos de los animales son demasiado ingenuos e idealistas :-P

Rumbo a la Distopía dijo...

En todas partes hay gente bienintencionada y gente que no, por supuesto. Y gente que sabe lo que defiende, o gente que defiende cosas que sabe que son insostenibles, pero que van acorde a sus creencias. El problema quizás surge cuando se suben a la parra de esa creencia y se disponen a emprenderla a dentelladas contra todos los demás ;)