sábado, 20 de abril de 2013

Mondo Chorra- La falacia de la víctima



Hace algún tiempo estuve haciendo un análisis sobre el concepto distópico de la falacia. De estas cosas que te das cuenta de que, lejos de parecer absurdas, cada día se vuelven más y más patentes, hasta el punto de tener que volver al tema, ahondando en uno de los puntos que tratamos en su momento.
El caso de hoy, como indica el título de este post, es el de la falacia de la víctima.

No voy a hablar de casos concretos, sino de la falacia en sí. Esa falacia en la que un tema no puede ser argumentado debidamente, siempre y cuando haya alguien que haga una defensa de su tesis desde el punto de vista victimista. Ese que plantea que todo aquel criaturo que no le da la razón es automáticamente un enemigo (pongo aquí algunos ejemplos de términos que esa persona emplea para referirse a aquellos que no comulgan con sus ideas: fascista, rojo, reaccionario, retrógrado, ignorante y adoctrinado... y puedo seguir, si me pongo a analizar cada uno de los temas que he visto donde se usa ese recurso).

Subo por aquí el enlace de la Wikipedia donde, grosso modo, se define el término:


Habida cuenta de esto, nos ponemos a echar un vistazo al asunto y oye, como que la cosa acojona un poco. El que más y el que menos ha visto cómo existe gente que, lejos de defender su tesis con un argumento razonable (que tampoco es necesaria una documentación académica de 500 folios, sino simplemente tener un mínimo de conocimiento sobre el asunto y exponerlo de una forma ordenada, más allá del "Esto es así porque yo sé más que tú"), básicamente toman la posición contraria: la del "Si no estás de acuerdo conmigo, eres X".

Este tipo de posturas, si lo analizamos con la meolla bien fresquita, nos damos cuenta de que es uno de los argumentos esgrimidos por casi cualquier grupo minoritario con tendencias más o menos radicalizadas, o bien por defensores de dichos grupos que tienden a ser más papistas que el Papa. De según qué colectivos que, tras una buena temporada habiendo sufrido exclusión social, se agrupan entre sí y deciden que ellos también van a participar en el juego: en lugar de demostrar que han aprendido lo mala que es esa exclusión social que han recibido (y que nadie niega), coger y subirse al carro y volverse exactamente iguales (o peores) que la gente que les ha puteado de lo lindo. Y todo aquel que no les lleve la razón en su odio cerval (y vengativo) contra el terrible mundo circundante, pasa a ser bien el enemigo, bien simpatizante del enemigo.
Yo no sé a vosotros, pero a mí esto me acojona que te cagas.

Pero de  cagarse, no cualquier cosa.


No deja de ser curioso como existen colectivos de todo tipo (raciales, de género, sociales, por tendencias culturales, etc.) que practican este tipo de conductas, escudándose en eso de "Hemos sufrido mucho durante años/décadas/siglos, es perfectamente comprensible que ahora nosotros nos autoexcluyamos y nos dediquemos a odiar a la gente que no es como nosotros, pues eso es lo que hemos recibido".
¿Lógico? Pues claro, considerando que lo que tenemos es un puñado de especímenes que se han llevado hostias (dialécticas o físicas) de todos colores.
¿Justificable? Ni de puta coña. Si bien una víctima (sea del colectivo que sea) me parece digna de mi respeto, lo que no soporto es al sujeto que va de víctima por la vida y, aprovechándose de ello, se dedica a hacer lo que le sale de los cojones, pensando que ya tiene una dispensa moral para cualquier cosa.

El otro día tuve una discusión con uno de mis alumnos, que tiene la costumbre de echarme las culpas cada vez que descubro que no ha estudiado: cuando no me dice que una palabra que le he puesto en un ejercicio de vocabulario no estaba en los apuntes (curioso, considerando que cuando le pongo los ejercicios, él me ve con total claridad copiar las palabras de ahí), me suelta que le he escrito la palabra en su cuaderno DESPUÉS de haberle puesto el ejercicio. Y cuando no, me espeta que "Eso no le toca estudiarlo", por muy básico y fundamental que sea ese vocabulario.
Así que en la última clase, hasta los huevos como estaba ya de tanta echada de balones fuera, se lo dije:

-A ver si lo he entendido... ¿no estudias y la culpa es mía?
El chaval ya reculó un poco porque, puede que sea bastante inteligente para su corta edad, pero desde luego que sabe en qué pantanos no debe meterse, a menos que quiera pringarse de barro (o mierda) hasta las napias.
- Estas son palabras- le aclaro- que te tienes que saber sí o sí, porque ya no es que no las estés dando en el tema... es que son palabras que se dan en los primeros años de primaria. Y además- prosigo, para dejar las cosas todavía con menos lugar a dudas-, creo que ya te estás dando cuenta de que venirme con rollos y culparme a mí de tus faltas no te está sirviendo absolutamente de nada. O estudias o no, pero a mí las excusas y las historias no me sirven.
El crío, lejos de arrugarse ante lo que le suelto, me dice algo que viene mucho al caso de este tema que estoy tratando:
- Es que eso a mí me lo hacen constantemente, lo de echarme las culpas.

Chavales de primaria que ya vienen con esta falacia insertada en el código genético.
Mi respuesta ante eso (ya me conozco la historia y resulta, como poco, curioso, de que él jamás haya hecho nada a nadie y que el mundo alrededor sea malo malísimo) no es menos contundente:

- Y con eso, ¿qué me quieres decir? ¿Que ya tienes carta blanca para hacer lo que te dé la gana? ¿Que por el hecho de que te lo hagan a ti ya tienes derecho para hacerle lo mismo a los demás?
No obtuve respuesta ante esa pregunta, y no porque fuese una pregunta difícil. Este chaval, insisto, no es idiota. Lo más probable es que jamás se hubiese planteado algo tan sencillo como eso.

A veces, las preguntas más sencillas son las más difíciles de plantearnos a nosotros mismos.


No es tan raro: pensad en cualquier colectivo minoritario y en sus variantes más beligerantes y extremistas. Si os fijáis, no serán ni los primeros ni los únicos que veáis que toman este recurso de "Si no estás conmigo estás contra mí" y asumen que todo bicho viviente que no comparte su ideología al cien por cien, ya no es que sea el enemigo: es que además comparte rasgos ideológicos que ellos atribuyen a sus enemigos. Pongo un caso extremo y exagerado, pero en absoluto imposible, en esta sociedad absurda que corre:

- Pues yo creo que la iniciativa tal es una maravilla.
- Hombre, en fondo sí... pero no me terminan de gustar las formas.
- Eso es porque eres un aborregado y un profascista.

No deja de resultar curioso el hecho de cómo, de toda esta gente que ha sido acusada de algo tan grave en nuestro país como es el fascismo (insulto que el garrulo de a pie utiliza con una facilidad pasmosa y de cuyas connotaciones históricas no parece ser consciente ni de coña) a menudo es gente que no casa ni por asomo con esa ideología: en muchos casos, la gente acusada de "fascistas" ha sido gente de ideología de izquierdas, demócratas o gente con una apertura mental que ya quisieran más de uno y más de dos. El chiste es que se convierten en "fascistas" si y solo si llevan la contraria a según qué personajes.
Pongo la palabra fascista porque quizás es de las más usadas, pero ojo, insisto: no es la única que se emplea para desprestigiar al prójimo en el momento en que no está de acuerdo con la primera barrabasada que se suelta; que aquí para ponerse el puñal en el pecho, entonar el Hipogrifo Maldito y berrear que hay una conspiración mundial que busca aplasta la ideología que tan amorosamente defendemos hay términos de sobra.
Qué malos que son todos, y qué buenos los que están de nuestra parte.
Cuán terribles son sus actos, y qué justificados están los de nuestro bando, aunque sean iguales (o incluso peores) que los del bando contrario.

Eso o esa tendencia tan cojonuda, que yo llamo "falacia del partido de fútbol", consistente en decir que lo que ha hecho uno no está tan mal, porque X lo hace (o hizo) peor. Es como si yo entro en un supermercado, me lío a tiros, y cuando me lo echan en cara (porque, coño, matar gente así por el morro muy bonito no es que esté), suelto "Pero es que el mes pasado hubo un señor en Torrelodones que mató a más gente que yo y nadie le ha dado tanta importancia; por tanto, yo no soy tan malo".
Puto lógico.
O patológico, no sé.

U otra de mis favoritas, consistente en definir la ideología por oposición: defiendes una idea y la defines en base a la idea contraria; dicho de otro modo, escuchas jebi porque odias a los canis que no lo hacen. En lugar de defender que te guste tal o cual sonido, la estética... lo que quieras, es mucho más fácil decir "Yo escucho buena música y no la mierda que oye el vecino". Hala, ya tienes un argumento razonado ahí.
Con dos cojones.

"Escucho jebi porque molo, y molo porque escucho jebi, no como las guarras subnormales de mi clase que escuchan a Llustinbiber".
Así se exponen unos argumentos, criatura.

Al final, todo se resume en lo de siempre: usar la pertenencia a tal colectivo o a cualquier ideología para justificar el odio hacia otro colectivo o ideología contraria. Y enarbolar, a modo de defensa o justificación, que los otros le odian a uno.
Y qué queréis que os diga: a mí como que no me van esas cosas... no en el sentido de que yo, para defender una ideología hasta la última de sus consecuencias, no valgo. No sirvo para eso, ¿por qué? Porque en el momento en que tal grupito chupiguai comete lo que creo que es una salvajada, me da igual que comulguen con mis ideales (o yo con ellos): los mando a hacer gárgaras. Si con mis amigos de siempre no soy capaz de hacer esa defensa a capa y espada, donde todo lo que hacen los míos está justificado, aunque luego mida por el doble rasero y critique a otros por hacer justo lo mismo, imaginad con un colectivo entero.
Cortes de manga en cantidades industriales.
Quizás porque, aparte de enterarme de las cosas (por ambos lados) y quedarme con lo que más me convence, a mí eso de coger y posicionarme al lado de tal o cual, haga lo que haga, como que no me va. Eso de mirar para otro lado cuando "Los míos" se portan como unos maleducados, unos salvajes o simplemente unos gilipollas me parece la ridiculez padre, porque hace que mi objetividad se vaya a tomar por donde amargan los pepinos.
Llamadme desconfiado, pero en cuestión de grupos, colectivos, ideologías o rebaños, mi lealtad tiende prácticamente a cero. Más aún cuando lo que se pretende es que agache la cabeza, que pase por el aro y que defienda algo que (al igual que como con todo), tiendo a cuestionar día sí y día también. De poco sirve que me llegue un señor diciendo "Esto es así porque lo demuestra la historia".
Falacia: la historia está escrita por gente que ha ganado guerras, o bien por "historiadores" que la han manipulado en base a sus ideales.
"Esto es así porque yo estoy informado"
Falacia: Mayor cantidad de información no siempre significa calidad. Atibórrate de mentiras una detrás de otra y da exactamente igual lo que se supone que sepas.
"Esto es así porque conozco gente que sabe del tema"
Falacia: Conocemos gente que DICE saber del tema.

Raramente (o casi nunca) me veréis poner la mano en el fuego por nadie.
Sin embargo, si veis que me posiciono defendiendo a alguien, no es por filia personal: es porque esa persona me ha demostrado de una forma fehaciente y más o menos prolongada que tiene un criterio o un conocimiento digno de respeto.


Por eso muchos consideréis que no doy fácilmente mi brazo a torcer en cualquier discusión... y es verdad, no voy a negarlo, pero:
Primero: Los argumentos del tipo "Esto es así porque tú estás equivocado y yo no" para mí tienen tanta utilidad como los pezones de una armadura y tanta credibilidad como Marianete hablándome de crecimiento de empleo.
Segundo: Las cosas me gusta comprobarlas por mí mismo, y siempre tras un tiempo analizando el tema. Y es solo si me convence lo que he descubierto cuando a lo mejor doy mi brazo a torcer, no porque alguien me diga "Tienes que pensar esto, que es lo verdadero".
Tercero: Tiendo a pensar que creamos el mundo conforme lo vemos y según lo experimentamos. Las cosas no son objetivamente "buenas" o "malas" a menos que nos tomemos a nosotros como referencia a ellas y actuemos en consecuencia. Por tanto, si alguien llega diciendo "Esto es así", la respuesta más evidente que puedo pensar es "Más bien tú lo ves así".

La leyenda de los ciegos y el elefante: un puñado de sabios ciegos (varían según la versión) se acercan a un elefante para saber cómo es. Cada uno toca una parte del animal, extrayendo una conclusión que, si bien no es de todo errónea, tampoco es del todo correcta. Al poner sus ideas en común con los demás, cada uno se posiciona en su punto de vista, de manera que jamás llegan a ponerse de acuerdo.
Todos tienen su parte de razón, pero al mismo tiempo están todos incurriendo en un error tremendo:
Son incapaces de aceptar otras posibilidades bajo ningún concepto.


Y es que la verdad puede ser algo objetivo, eso nadie lo niega, pero también es algo que aparece sesgado por nuestra percepción, y a menudo inalcanzable. Algo similar a los ciegos aquellos de la fábula que discutían acerca de un elefante: cada uno enfrascado en su propio punto de vista, negándose a aceptar que el otro pudiera tener parte de razón.
Así es un poco como vivimos hoy en día, en nuestro particular Reino de la Verdad. Muchos de vosotros consideráis que con lo que conocéis es suficiente: no os esforzáis en buscar vías de pensamiento alternativas, que contradigan o cuestionen lo que os han enseñado a creer, o aquello que por afinidad personal creéis. Es el miedo a dar un paso más allá de la Frontera de vuestra ideología, de vuestro pensamiento. El de adentraros en un mundo desconocido que igual os echa abajo los esquemas. Ese mundo donde aquellos que consideráis los "vuestros" igual no sean tan buenos, inocentes e inmaculados. Donde vuestras ideas igual no están tan reñidas con las de vuestros "enemigos".
No, es mucho más fácil encerrarse en la burbuja de uno mismo. Trazar la línea del "nosotros" frente a "ellos". No aceptar cualquier otro punto de vista, o bien tolerarlo con condescendencia, desde el prejuicio clásico de "están equivocados, están adoctrinados, todos los demás son unos ignorantes que no saben nada, salvo yo. Yo sí sé, yo sí estoy informado. Yo soy un experto en la materia. Lo que yo he leído vale cien veces más que lo que hayan leído otros. Yo conozco la Verdad, todo lo demás son errores, mentiras, simples idioteces que no merece la pena ni tener en consideración".
Ese es un argumento que he oído demasiadas veces ya. Un argumento que, para mí, no demuestra más que un miedo cerval a todo aquello que desafíe nuestro sistema de creencias. Un sistema en el que nos sentimos seguros, cómodos, arropados. La seguridad de la cueva de la que he hablado mil veces, frente al frío del exterior. Ese mundo hostil lleno de Grendels que buscan destruirnos, devorarnos.
Cuán terrible es ese miedo.
Y qué pocos son los que he conocido que se atreven a afrontarlo.

5 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Mmm... conozco mucha gente así de recalcitrante :-D

weiss dijo...

Como de costumbre, me descubro ante la saludable acidez de tu artículo. Esta vez, no obstante, me identifico sólo hasta cierto punto contigo. A mí me pasa una cosa "mu grasiosa", producto de mi formación académica. Como alguien dijo, España es un país de 46 millones de seleccionadores nacionales de fútbol, pero también de otros tantos ministros de economía. En el ámbito de lo económico hay una laaarga serie de falacias muy populares y extendidas (por ejemplo: "la riqueza ni se crea ni se destruye, sólo cambia de manos"), que algún ignorante tuvo a bien airear no sé en qué momento y que son machacona e insistentemente repetidas por millones de economistas "amateur" cuya formación en tan noble disciplina no va más allá del par de slogans facilones y demagógicos que sus poco curiosos intelectos han logrado interiorizar. Y cuando el debate termina por arrastrarme al petulante argumento de "pues esto es así porque sí, porque lo digo yo, y punto, que pa eso soy licenciado en económicas y tú no" entonces casi que me siento fatal, pero es que la ignorancia es muy audaz y uno ya no sabe cómo combatir la idiocia sin perder las buenas maneras. "Esto es así porque sí y porque lo digo yo" es una argumentación muy pobre, lo sé, pero créeme, en ocasiones es la única que te queda.

Rumbo a la Distopía dijo...

A mí con el tema de la literatura me pasa igual, no te creas; me parece que lo hemos comentado alguna vez, que ahora resulta que todo el mundo lleva dentro un Shakespeare aunque no sepa juntar ni dos palabras seguidas. Cuando me vienen con la consigna de "Para gustos los colores", ahí es cuando me tengo que arremangar y decir "Tus gustos los respetos, pero los estudios los tengo yo". Lo que pasa es que a eso siempre procuro añadirle algo que lo respalde, para que el personal no tenga los santos cojones de decirme que hablo desde la nada, sino con un mínimo de conocimiento de causa. Luego me siguen puteando, pero oiga, al menos uno se ha quedao descansando ;)

Raelana dijo...

A mí me da la sensación de que es pereza, es mucho más cómodo actuar así que pararse a pensar y a buscar argumentos.

Por cierto, yo odio lo de "pa gustos, colores".

Rumbo a la Distopía dijo...

Pues no te creas que te falta razón... la solución más fácil es la de dejarse llevar :D