A veces, llegas a un punto en tu vida en que no puedes más. Intentas hacer las cosas bien y no lo consigues. Miras a tu alrededor y lo único que encuentras son juicios de valor, reproches y reprimendas que tú no lanzarías sobre nadie. No a conciencia, sobre nadie que te importa, y mucho menos sobre alguien que te importa y sabes que no se encuentra en su mejor momento.
Cuando ves todas y cada una de tus decisiones puestas en tela de juicio, así como tus actos, tus pensamientos e incluso tus valores, es el momento en que tienes que detenerte para hacer un pequeño balance de cómo están saliendo las cosas en tu Universo personal. Cuando te das cuenta de que estás midiendo cada gesto y cada palabra dicha (o no) en un entorno en el que se supone que deberías sentirte cómodo, debes enfriar tu cabeza y pensar en frío. Tomar aliento y valorar por ti mismo si, en efecto, tú eres el responsable de todos y cada uno de los males que suceden a tu alrededor o, por el contrario, solo lo eres de lo que has hecho tú y el resto de tu carga consiste en pagar platos rotos y culpas por cosas que, en el fondo, ni siquiera tienen que ver contigo realmente.
Es entonces cuando te llegas a recargar un poquito, y te dices a ti mismo "NO".
NO. No eres tan horrible ni tan mala persona.
NO. No obras de una forma tan espantosa como te han estado dando a pensar. Sí, has cometido errores... pero es que ni eres el único en haberlos cometido, ni tal vez sean tan imperdonables como te han hecho creer.
NO. No eres peor que los demás.
NO. No vas a dejar de nuevo que te tasen, evalúen, comparen y juzguen. No vas a permitir que nadie te silencie, ni te censure, cuando tú jamás lo has hecho.
Y ciertas cadenas empiezan a romperse...
Ante eso tienes dos vías: la vía del conflicto, que en líneas generales consiste en trazar una línea y arrearte a dentelladas con el primer ser viviente que vuelva a pisotearte, y la vía del exilio.
Sé que para muchos la primera vía es la correcta, porque bueno... implica enfrentarte de una vez a aquellos que te dicen A cuando tú piensas B, y si no piensas A eres (inserte aquí insulto adecuado al contexto que se tercie), y supongo que tienen su parte de razón... pero esto no se puede aplicar siempre.
Cuando te das cuenta de que el conflicto tan sólo te va a aportar un desgaste de energías tremendo y nada más, porque no vas a convencer a nadie de lo que ya piensan, esa vía del conflicto se transforma en una total y absoluta pérdida de tiempo. Hagas lo que hagas, en según qué contextos, en según qué círculos, será considerado un error, una decisión catastrófica o una maldad absoluta y nada de lo que hagas será tenido en cuenta de la forma que esperas. No por lo que hayas hecho o dejado de hacer, sino porque lo has hecho tú. Piensa, pues, si esas decisiones que has tomado la tomarían (o ya tomado) otros en tu lugar, y piensa si se hubieran percibido de la misma manera. Si tu respuesta es "No", ya tenemos ante nuestras narices un doble rasero que deja claro que hagas lo que hagas, se va a ver como lo incorrecto.
¿Para qué desgastar energías en entrar en un conflicto que no te va a aportar más que una situación desagradable o, en el peor de los casos, una pelea abierta?
Ya lo dijeron estos tíos: "¿Me quedo o me voy?"
Es aquí cuando se plantea la idea del exilio.
Puede que a muchos os parezca una cobardía, pero permitidme compararlo con lo que supone tener a alguien que se supone que aprecias, que sabes que está mal y al que estás:
a) ignorando
b) machacando
c) alternando a) y b) en una especie de tira y afloja emocional la mar de curioso.
Decidme qué valor hay en pisotear al que se encuentra débil y andar restregándole todas sus miserias por la cara hasta el punto de que ya ni se atreva a hablar. Decidme lo valiente que es la persona que aprovecha la excusa de la sinceridad y la confianza para comportarse de una forma cruel, metiendo el dedo en la llaga en sus puntos débiles, sin atisbo de empatía ni tacto alguno a la hora de hablar. Si sois de la clase de gente que justificaría este tipo de actitudes en aras de "una amistad sincera", mucho me temo que vosotros y yo no nos vamos a entender. Podéis seguir leyendo lo que diré a continuación, si queréis, pero me temo que no os va a decir mucho.
Y es que, cuando sientes que los demás se portan contigo de una manera que, bajo ningún concepto, usarías tú para tratar a los demás, ves que esto no marcha. Y hay que poner una solución, tirando a drástica.
Por una vez y sin que sirva de precedente (al menos, en comparación con la imagen que tenéis muchos de mí), la solución por la que yo optaría no sería la de coger a esa persona y decirle que se vaya a cagar, ni mucho menos. No es algo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros, por tanto sería algo injusto recomendarla.
A veces, la mejor opción consiste simplemente en exiliarte. Desaparecer. Alejar de tu vida a aquella gente que ves que no te está aportando más que dolor, incomprensión y, sobre todo, un terrible sentimiento de culpa por cualquier cosa que hagas, pienses, digas, o dejes de hacer, pensar o decir, sin importar el hecho de que intentes siempre hacerlo todo lo mejor que sabes, que actúes según tus valores o que antepongas el bienestar de otros al tuyo propio.
Si no se entiende o no se valora todo eso, entonces es que sobras. Ese no es tu lugar y, por duro que sea llegar a una conclusión de este tipo, estás perdiendo el tiempo ahí, porque tu verdadero sitio te está esperando en alguna otra parte.
Ve tirando.
Por otra parte, debo decir que no es para nada fácil acabar tomando este tipo de decisiones, y necesitas una tremenda cantidad de fuerzas que no siempre tienes. Supongo que, para ello, tienes que tocar fondo y, una vez ahí abajo, mirar arriba y darte cuenta de que a partir de aquí tu camino debe ser ascendente. Que, por mucho que duela, debes dejar que se marche de tu lado aquella gente por la que te has desvivido y que te ha devuelto dolor. Por mucho que sigas teniendo buenos sentimientos hacia ellos, por mucho que los eches de menos. Es una dependencia que, en el momento en que puedas tomar aliento y reunir las mínimas fuerzas, debes superar. Por tu propio bien. Porque no puedes seguir viviendo en una nube de culpa constante, ni bajo el miedo a hablar por ser avasallado una y otra vez.
Sí, es algo muy duro, créeme. Es como desprenderte de algo que crees que es vital para ti, y empezar desde cero. Pierdes la orientación y te preguntas a dónde ir ahora. Qué hacer. Te planteas incluso si es cierto que eres tú el desastre y que esto no es otro error más que añadir a tu lista.
Y este es solo el Volumen 1.
Pero, si resulta que has tomado la decisión en ese momento en que has tocado fondo, sentirás algo muy diferente: sentirás que, poco a poco, ciertas cargas dejan de recaer sobre tus espaldas. Abres los ojos y descubres que aquellos que parecían tan moralmente superiores a ti no son más que humanos. Humanos que también han cometido sus errores y que tú, tan abatido y silenciado como estabas, ni siquiera lo habías visto.
Con ese nuevo pensamiento en mente, inicias una nueva andadura, consciente de lo que sí hiciste y que estuvo mal, pero trazando una nueva línea:
Cometiste errores, sí, pero no obraste a mala fe.
No fuiste el único en cometerlos, además.
Estos pensamientos se convierten en el primer paso para tener la conciencia tranquila. Algo que, quién sabe, puede diferenciarte de aquellos que te han tratado de un modo que (a la larga y tras un período de debida reflexión) sabes que no te mereces.
Dormir a gusto es algo que no tiene precio.
El Universo es grande. Tarde o temprano acaban apareciendo aquellos que, en tu hora más oscura, te tienden la mano y te dicen "Yo te entiendo" cuando nadie más lo ha hecho. Los que se han puesto en tu lugar y, lejos de darte la razón en todo (porque no es eso lo que necesitas), te abren su corazón y te dan ánimos y fuerzas para seguir adelante. Para desprenderte de todo aquello que lo único que te ha hecho ha sido abrirte heridas muy profundas.
Porque, en muchas, muchas ocasiones, lo que te hace feliz no es ver a alguien a diario, o irte con esa persona a tal o cual sitio. Ni que te regalen nada, ni te que acuestes con tal o cual. No, lo que te hace feliz es que alguien sepa leer en tu silencio y te diga "Oye, ¿cómo estás?". Que te mande un chiste que no tiene ni puñetera gracia, pero sabe que te vas a reír y que vas a agradecer el gesto. Que te escriba cualquier chorrada solo para que sepas que está ahí. A tu lado pese a que viva en otro país.
Da toda la fuerza de este mundo saber que alguien a quien no has visto en una buena temporada se reúna contigo un buen día y te haga sentir especial, que te haga saber que aunque ha estado en algún otro lugar, lejos, se ha acordado mucho de ti y te ha echado un montón de menos.
Te sientes realmente fuerte cuando empiezas a encontrar gente que aprecia lo que haces bien, te orienta acerca de aquello que puedes mejorar y que se siente orgulloso de tus progresos, por lentos que estos sean. Que, para variar, agradezcan que, pese a tus errores, te esfuerces por hacer mejor las cosas. Por mejorar tú mismo y por querer mejorar el entorno que te rodea.
Te sientes menos solo cuando puedes estar horas enteras charlando con alguien de auténticas tonterías sin sentirte juzgado. Que puedas pasar de debatir por qué crees que Emma Frost es mejor pareja que Jean Grey y de ahí a pasar a algo como cuáles eran los principios filosóficos que regían el pensamiento en la Ilustración. La sensación de entender a la persona con la que estás hablando, independientemente de que estés de acuerdo con ella o no.
De eso va esto: de entenderse. De no tener que andar justificándose, ni sintiéndose culpable. De sentirte lo bastante cómodo como para poder hablar, sin censuras, ni el miedo a que te la líen cada vez que abres la boca.
Pero, insisto, no es fácil. Para echar a andar, tienes que empezar cayendo de bruces no una, sino mil veces. Dejar ir aquello que querías con todo tu corazón, pero que te negabas a reconocer que te hacía daño. Limpiar tus heridas e iniciar descalzo un camino tortuoso. Empapar el suelo con tu sangre a cada paso, pero no desfallecer. Seguir equivocándote y ser consciente de ello, pero no convertirlo en algo por lo que mortificarte. Aceptar más responsabilidades que cargar con culpas.
Sin embargo, para ello cuentas con algo con lo que no contabas antes: a fuerza de haber pasado por lo que has pasado, ahora eres consciente de la clase de persona que eres y de la que no eres. Quizás no tengas muy claro lo que deseas, pero sí lo que no quieres. Puede que no consigas algunas cosas que te gustaría conseguir, pero sí debes ser tener el objetivo de conseguir aquello que sabes que necesitas y abjurar de todo aquello que no te aporta nada.
Bienvenido al Exilio.
Que tengas un buen viaje.






No hay comentarios:
Publicar un comentario