sábado, 12 de mayo de 2018

Mondo Chorra- Prólogo a Exilio: Lealtad




Anoche tuve una conversación con una amiga, de estas que se prolongan hasta las tantas. Salieron ciertos temas personales por ambas partes, y de esto que empezáis a sacar ciertas ciertas cosas en común. Ciertos patrones que compartes con la otra persona y en los que tal vez tú no habías caído hasta que pones según qué cosas en claro.
El tema, tal y como habréis adivinado leyendo el título de este post, trataba sobre la lealtad. Sobre cómo enfocamos las relaciones con otros seres humanos (o no tan humanos, porque de todo tiene que haber en esta especie de asco) y sobre cómo encajamos en el entramado social. La conversación, aunque rondó acerca de determinado tema personal, me hizo pensar en otros antecedentes y en mi actitud ante ellos.

Pongámonos en situación. No es la primera vez que he tenido encontronazos con gente que me rodea. Es algo relativamente normal, o más normal que tenerlos con gente que no nos rodea. O, al menos, son cosas que pasan algo más de factura a nivel personal. Es decir, alguien a quien no conoces te suelta algo que no te gusta, le dices (o al menos, lo piensas) que se vaya a cagar y a otra cosa, sin que eso te resulte materia de reflexión. Asumámoslo, no es alguien importante para ti. Su criterio no va a condicionar tu vida. No es cercano, no es un amigo. Si se comporta como un cretino, su vida en general te importa tres carajos.
Pero con la gente que tienes cerca es distinto. Forjas vínculos emocionales. Tiende a importarte su punto de vista y, muy frecuentemente, la imagen que tienes ante ellos. Tienes cierta aprensión a fallarles o a decepcionarles. Al fin y al cabo, no queremos dar tan poco a la gente que nos importa, ¿verdad? Es por eso, considero, que cuando alguien cercano te dice "Oye, así no" tendemos a darle más importancia que si lo hace alguien cuya voz o voto no nos resulta relevante. Lo mismo cuando viene un elogio; si esa persona es mínimamente sincera, sabemos que viene de corazón y no simplemente para hacer que nos sintamos bien, o darnos la razón como a los tontos.


Hay gente que piensa que la idea de "Todos para uno, uno para todos" es un ideal anticuado, ingenuo y demás.
Pero luego todos somos conscientes de que vivir en sociedad implica precisamente (o, al menos, debería implicar) colaboración entre nosotros para salir adelante.
Y para colaborar entre nosotros, lo primero es que confiemos los unos en los otros.


Sin embargo, de vez en cuando se producen desavenencias. También es relativamente normal, cuando cada uno tiene su propia personalidad y se choca en según qué puntos. No todos, además, nos tomamos las cosas de la misma manera y a veces se dice algo que sienta mal a la otra persona. Puede que no lo hagamos de manera intencionada, pero eso no quita que duela. Es entonces cuando se produce el conflicto.
Ante eso del conflicto hay como varias vías para afrontarlo. Unos hablan las cosas de forma directa; otros lo intentan, pero se quedan en un intento más o menos fructífero, que puede ir mejor o peor dependiendo del contexto, de la habilidad de uno (o de lo lúcido que esté) o de las personas implicadas.
Y luego están los que se callan.

Entendedme, el silencio no siempre es la "mala vía". Me explico: a veces nos resulta muy difícil decir de manera abierta qué es lo que nos pasa; incluso puede que ni nosotros mismos seamos capaces de explicarlo. Hay otras ocasiones en que algo nos sienta como un tiro, pero nuestro lado racional nos dice que, objetivamente, no es tan grave. Eso no quita que nos duela, por supuesto, de manera que lo más sensato que se nos ocurre hacer es no decir nada y esperar a "enfriarnos" un poco. No todos somos unos genios a la hora de gestionar las emociones, admitámoslo... pero siempre podemos echar mano de un poco de sentido común y saber cuándo hay que plantar cara y cuándo callarnos porque nos hemos cabreado (o sentido dolidos) por una tontería.
Yo mismo he optado por esta vía del silencio en ocasiones... creo que de todas las maneras que he explicado en este párrafo. A veces se me ha entendido, y otras tantas (si no más) se me ha reprochado de una forma muy severa mi actuación... pero quiero hacer un matiz al respecto: cuando me he encontrado mal, o dolido, jamás, JAMÁS lo he ocultado, ni fingido. Puedo pecar de muchas cosas en esta vida, pero creo que la de fingir o la de ser hermético no. Diría, sin mucho miedo a equivocarme, que solo hace falta mirarme a los ojos para saber que me pasa algo. Otra cosa es que me apetezca hablar de ello. Y no, no hace falta ser un genio para saber que, en situaciones así, hablo más con mi silencio que soltando una parrafada acerca de lo que me pasa. No necesitas hablar para decir, tiendo a pensar a veces.


Un aplauso para aquellos que saben lo que hay que decir en el momento correcto.
Muchos de los demás no tenemos esa habilidad.


Centrémonos en eso de la lealtad, ahora que tenemos ya los antecedentes.
La lealtad no siempre consiste en ser fiel por siempre a un pacto de algún tipo. No consiste en comportarse de una manera ciega con una persona, justificando todo cuanto haga o perdonándole todas sus faltas sin reservas. No van por ahí los tiros, desde mi criterio.
La lealtad consiste, simple y llanamente, en saber que puedes confiar en una persona y dejar claro que esa persona puede confiar en ti. No hablo única y exclusivamente en guardar secretos. A veces tendemos a pensar que una persona leal es aquella a la que le puedes confiar lo que te dé la gana sin que lo vaya contando por ahí. Aunque también, limitarse solo a eso resulta simplista.
A veces, se puede traicionar a alguien abusando de su confianza de forma deliberada. Dejar a alguien en la estacada, única y exclusivamente para beneficio personal, es otra manera de traición. No valorar a alguien que te respeta y empezar a hablarle como si fuera un pedacito de mierda es traicionar. Traicionas a alguien cuando eres consciente de que esa persona te ha abierto su hogar, ha contado contigo y te ha tratado como a un igual y tú das la espalda a todo eso, como si no te importara lo más mínimo, sin siquiera molestarte en decirle a qué ha venido. Eres un traidor cuando antepones cualquier satisfacción pasajera a tener alguien a tu lado que no haría lo que tú estás haciendo. También lo eres cuando esa persona necesita ayuda y tú pones mil excusas para, no solo negarle tu ayuda, sino ni demostrarle que te preocupas por él, siquiera.
Eres un traidor cuando no estás para aquellos que siempre han estado.


"Hostia, mi mejor amigo ha tenido un accidente. Pues que se joda, estoy zumbándome a esta y no tengo intención alguna de cambiar mis planes de matraca intensa."


Supongo que yo mismo he llevado esa marca de "traidor" a veces... pero, en mi defensa, diré que JAMÁS he abandonado a nadie que previamente no me haya abandonado a mí. Hay una diferencia entre ser leal y andar haciendo el imbécil. No tiene ningún sentido ser leal con alguien que lo único que ha hecho es tratarte como una opción, cuando tú lo has visto como una prioridad. Suelo decir que en esta vida, trae más cuenta ser un lobo y tener una manada (vale, sí, sé lo mal que suena esta palabra últimamente. Os agradecería que os ahorraseis las ganas de sacar según qué palabras de contexto, por favor) que ser un perro y lamer las manos que te azotan.
Y quizás ahí está la gracia de todo el asunto: durante años, he tenido que ver cómo muchos, muchos supuestos amigos han optado por quitarse de en medio en momentos clave, usando todo tipo de excusas (y otros, menos sibilinos, directamente es que ni han puesto excusas, para qué) para enmascarar el hecho de que preferían satisfacer sus deseos personales a estar donde y cuando se les necesita. Otros han cruzado la línea del respeto y se han tomado ciertas libertades conmigo que yo no les he dado: véase, pasar de la crítica constructiva al pisoteo abierto. De decir lo que debo oír (y no lo que quiero oír) a tomar eso como pretexto para cuestionar todas y cada una de las cosas que hago, dando a entender que no valgo para nada; de poner en entredicho mi forma de vida, como si no se atuviera a según qué estándares. A dar a entender que mi vida no es tan guai como esperarían bajo su Santo Criterio. A compararme con otros. A ningunear mis logros (por pequeños que sean) y a magnificar mis errores, como si todos fueran ofensas dignas de crucifixión. Y si este tratamiento me ha sentado mal, la política siempre ha sido echarme la culpa a mí. Porque parece ser que debo pasarme el día consintiendo un trato condescendiente o faltas de respeto.


"Que te calles y te arrodilles, subnormal. Aquí solo yo tengo derecho a hablar de según qué manera. Las putadas solo las hago yo. Y solo yo puedo pasar de ti como de la mierda, ¿te queda claro o te lo explico a hostias?"


Es en ese momento cuando dices "Mira, no. Hasta aquí hemos llegado". Cuesta mucho hacerlo con gente cercana, pero a veces te toca cuadrarte y plantar los pies en el suelo. Decir que una cosa es la confianza y otra cosa es dar derecho a nadie a que tomen la confianza como pretexto para tratarte con la punta del pie.
Y es ahí cuando el pequeño pacto de lealtad que firmamos tácitamente se va por el retrete. No existe lealtad para aquellos que la vulneran primero, porque no es leal ni honrado comportarse de esa manera, se pongan como se pongan. Es posible, según algunos que parecen alabar este sistema de mierda, basado en pegarnos puñaladas traperas los unos a los otros para, al día siguiente, hacer como si no hubiera pasado nada, esta actitud resulte exagerada. Anticuada. Lo mismo hasta medieval, vete tú a saber. Ante esto debo decir que, si a alguien le parece que mi concepto de lealtad es estricto, rígido, infantil o anticuado, yo les diré que me importa exactamente CERO. Resulta asquerosamente condescendiente escudarse en eso de la "madurez" para justificar comportarse como un bastardo y traicionar la confianza de gente que te la ha dado de manera casi incondicional (pongo "casi" por lo que he mencionado arriba: damos nuestra confianza, sí, pero a cambio contamos con que se nos devuelva o, por lo menos, que no se mancille). No eres más maduro por no darle importancia a aquellos que te rodean, o pensarte que basta con tener un trabajo estable o una familia para cachondearte o ningunear a aquellos que no los tienen. Creerte superior por eso y dejar en la estacada a aquellos que te han apoyado cuando lo has necesitado no te hace más maduro. Te convierte un desgraciado y un cabrón. Así que si la gente a la que has ninguneado, o la gente a la que has tratado como una mierdecita, un buen día se harta y te manda a cagar, ya sabes por lo que es.



"Soy un importante hombre de negocios. Por eso tengo derecho a comportarme como si todos me importaseis un coño zurrido en zurrapa"


Por desgracia, las cosas no funcionan así. Es otra de las conclusiones a las que llegamos anoche en esta conversación. Es muy triste ver cómo ese mamoneo, donde la gente se apuñala de una forma pasmosamente flagrante al día siguiente parece haberse olvidado de la afrenta y sigue uña y carne (o culo y mierda, según se mire) con la gente que la ha tratado así se ha convertido en la tónica dominante y lo realmente marginal, lo que es divergente e inusual es comportarse de forma consecuente y no tener tolerancia a las faltas de respeto. He llegado a ver cómo amigos han pasado deliberadamente unos de otros por motivos tan simples como tener un agujero dónde meterla (o tener a alguien que les rellene el agujero, que de esto no se escapa nadie) y otros llegar a justificarlo, dando a entender que en el momento en que tienes un recipiente donde vaciar el caldo de tus gónadas ya tienes manga ancha para limpiarte el culo con la gente que ha estado ahí, a tu lado. He llegado a ver auténticos desgraciados que, solo por frotarse con alguien, han sacrificado su personalidad; se han arrimado a según qué gente para luego deshacerse de ella como el que tira un condón usado. He llegado a conocer auténtica escoria a la que se le ha llenado la boca con eso de "Eres muy importante en mi vida" para, a los dos meses escasos, mandarte a la mierda sin que hayas hecho (que tú sepas) nada como para eso. Más gracia tiene todavía cuando luego te enteras de que el motivo no es solo una soberana estupidez, sino que apesta a "Es que ya tengo quien me la meta, así que no necesito amigos". No ahora, claro. Pero antes bien que contabas con ellos para contarles tus penas a las dos de la mañana.


"¿Amigos? ¿Que amigOOOOOHH?"
Hasta la fecha, la OMS no ha alertado de que las relaciones sexuales produzcan Alzheimer.
Pero estaremos atentos por si acaso.


Es la clase de cosas que se han llegado a normalizar. Ya vemos como "lo normal" que alguien pague contigo sus mierdas cuando tiene un mal día, solo porque tú has abierto la boca, hasta que llegas al punto casi de pedir perdón por hablar. Para más inri, esa persona tenía un día de mierda, pero tú no tenías manera humana de saberlo a menos que fueras adivino.
"Haber preguntado", te dicen, y se quedan tan panchos, como si esa frase fuera el puto mantra que lo soluciona y lo justifica todo, sin pensar que las cosas no son así. Tú no vas preguntando a todo el que te cruzas si esa persona lo mismo tiene algún problema, antes de tener siquiera algún indicio de ello. No se pide permiso para hablar, porque esa persona no es tu puto superior, y esa persona probablemente sea la última en pedírtelo a ti.
Pero tú sí tienes que hacerlo.
Es un doble rasero de lo más curioso, cuando ves que mucha gente parece sentirse con carta blanca para tratar a los demás como le salga de los cojones (o del coño, que de todo hay) pero luego te la líen cuando tú haces algo la mitad de grave. Gente que llega, pasa de ti como de la mierda, queda a tus espaldas, te lo restriega en la puta cara y luego tiene las santísimas narices de echarte en cara que te siente mal, de la forma más asquerosamente condescendiente que te puedes encontrar. De justificar todos y cada uno de sus desplantes con mil excusas que se pueden resumir en un "Yo es que hago así las cosas", pero luego rasgarse las vestiduras cuando tú has actuado en consecuencia. Porque parece ser que lo que unos hacen solo pueden hacerlo ellos. Porque si lo hacen ellos, está genial. Pero solo si lo hacen ellos.


Algunos es que toman lo de "Es que yo soy así" como una especie de carta blanca para poder comportarse como les da la real gana con los que les rodean, como si con decirlo ya lo tuvieran todo justificado y sin consecuencia alguna a la que atenerse.
No, amigos. Las cosas no son así.


Pues si a mí este tipo de actitudes me parecen abiertas guarradas y no estoy dispuesto a tolerarlas se me considera... bueno, lo que sea que se me considere, (porque parece ser que juzgar a uno es gratis, pero cuando uno se defiende ya tiene coste), que se me considere. Prefiero pecar de lo que sea: inmaduro, intolerante, rígido y cualquier mierda más que se me quiera colocar antes que colaborar en este sistema de mierda. En perpetuar esta especie de juego de hacerse guarradas y desplantes para luego ponerse buena cara y hacer como que no ha pasado nada. Perdona, SÍ ha pasado. Que se quiera ignorar o mirar para otro lado es otra cosa. Si dejas tirado a alguien sin más motivo que el de que te ha dado la puta gana y sin que nadie te haya dejado tirado antes, lo has hecho y punto. Si te has dedicado a ningunear a gente que te ha respetado o incluso admirado, lo has hecho y no hay tonterías que valgan por medio.
Hay ofensas que son imperdonables, pero resultan insoportables cuando ves que los que las cometen ni siquiera tienen la decencia de coger y darte una miserable explicación, aun cuando tú la hayas pedido de una forma explícita. Porque, aunque a esa gente tan madura, tan responsable y con esa intachable superioridad moral para ponerte a caer de un burro les importe una soberana mierda, hacen daño y hacen que tú te preguntes qué leches has podido hacer tan mal para que te traten así. La cosa resulta aún más fuerte y más descaradamente injusta cuando encima has ofrecido de forma más que clarita una vía para dialogar y llegar a saber qué narices ha pasado, o incluso ofreciendo posibilidad de solución. CUANDO NO DEBERÍAS, en realidad, y lo has hecho por intentar no fallar a tu concepto de lealtad hasta el fatídico punto de no retorno. Por querer hacer las cosas bien, pese a tus errores y tus faltas. Porque es la persona que te ha faltado al respeto la que debería haber hecho examen de conciencia y haber hablado contigo. Ya ni hablamos de haberse disculpado (lo mismo resulta hasta mucho pedir, oye). No. Realmente habría sido más necesaria una explicación acerca de a qué han venido los desplantes, los abusos de confianza y las abiertas faltas de respeto.
Explicaciones que no llegan.
Disculpas que ya puedes ir esperando sentado, porque sabes que no vas a recibir en tu puta vida.
Te descojonas de la risa cuando encima esos que se niegan a hablar contigo después de haberse meado en tu confianza o los que se han callado como perros cuando has pedido explicaciones ante un desplante de los gordos encima tienen las narices de llamarte A TI cobarde o inmaduro. Porque es supervaliente callarte cuando te hablan, supermaduro no dar las explicaciones que te piden.



"No te oigo. Rebota, rebota y en tu culo explota".


Nanay, señores. Yo no pienso formar parte de esta mierda. Mi lealtad no es incondicional y, una vez la considero traicionada, más os vale que tengáis una buena explicación para demostrarme que sois gente íntegra y no la gentuza que me habéis demostrado ser. Yo puedo tener uno, mil, los defectos que queráis. Pero todos sabéis que no abandono a un amigo voluntariamente, sin haber sentido que él me ha fallado previamente. Si pensáis lo contrario, os pensáis que cuando tomo una decisión de este tipo lo hago en caliente y sin pensar, o que a mí no me duele hacer estas cosas, pues lo mismo es que no me conocéis tan bien como creíais y no sois la clase de gente que necesito a mi alrededor. No necesito ni justificar cómo me siento cada vez que me toca mandar a tomar por culo a alguien que me ha tomado por el pito del sereno ni creo que haga falta contaros la factura emocional que me pasan estas cosas. Los que me conocéis lo sabéis de sobra, y cada día tengo más claro que si a vosotros hacer estas cosas os resbala, el problema lo tenéis vosotros y no yo.
Dicho lo cual, por lo que a mí respecta, si sois de esos que consideráis que para mí una traición es algo que me tomo de manera exagerada, ya me estáis dejando bien clarito lo que os importa a vosotros una amistad o una relación, así como lo condescendientes que sois con aquellos que tenemos unos valores tirando a sólidos y unas ideas más bien claras. Y también me estáis dejando bien claro que no sois la clase de gente que necesito a mi alrededor. No, no necesito gente que me considera ganado con el que pasar el rato, o con el que contáis única y exclusivamente para lo que os sale de las narices, dándome la patada cuando no conviene. No necesito gente que venga diciéndome que es amiga amiguísima mía para luego no comportarse como lo haría un amigo. Dejándome atrás de formas descaradas a más no poder. Ocultándome cosas. Mintiéndome. Basando la "honestidad" en una colección de reproches y echadas en cara por lo mínimo, pero montando en cólera o callándose si yo digo media palabra. Yo no haría jamás nada de eso con alguien a quien considero un amigo (menos aún a alguien a quien considero especialmente cercano) y lo sabéis.
Matizad lo que os dé la gana.
Poned en entredicho lo que queráis.
Relativizadlo todo.
Quitad importancia.
Mirad para otro lado.
Decid incluso que exagero, dramatizo, o que miento para aliviar vuestras conciencias y negar que vosotros, sí, vosotros, también la cagáis. Eso es muchísimo más fácil y cómodo que asumir que vosotros también hacéis cosas que molestan, por poco que os importe hacerlas o sus consecuencias.
Justificad los dobles raseros y las guarradas que queráis.
Hasta podéis hacer lo que habéis estado haciendo, que es quedaros calladitos como si la cosa no fuera con vosotros. Ya me habéis demostrado que se os da fenomenal eso.
Haced todas esas cosas, si os da la gana. Pero a mí no me volváis a venir con idioteces, ni a cargarme mochuelos que sabéis que no son cosa mía.
Y si todavía no lo habéis pillado, es tarde. Ya sabéis dónde tenéis la puerta; no os deis con ella al salir.

No hay comentarios: