martes, 5 de abril de 2016

Escupiendo Rabia- El derecho a vestir como te salga del mismísimo coño, o Lo llaman feminismo y no lo es



Hará cosa de unos días, una amiga compartió una foto de esas, presuntamente graciosas, que abundan por las redes sociales. Se trataba de un meme en el que se mostraba a una señora del año catapúm, con su indumentaria y sus pintas del año catapúm. Justo debajo de esta foto se incluía el texto: "2016: Hey, mamá, he encontrado una foto de la abuela". Al lado de esta foto del año catapúm, se mostraba un selfie de una chica de nuestra época (obviamente, con menos ropa que en la foto del año catapúm) delante de un espejo con un pie que rezaba el mismo texto. Y se supone que nos hemos tenido que partir el ano de la risa al ver esto.


Esta foto. Pues vale.
Ja, ja y puto ja.
No voy ni a entrar en eso de la descontextualización y en cómo evoluciona la figura de la mujer a lo largo del tiempo, ni nada. Para qué. Probablemente unos cuantos todavía sigan esperando que las mujeres deben ir vestidas y recatadas como hace cien años, vayan a cometer algún pecado ignominioso o algo...


No es la primera vez que he visto, con bastante asco, por cierto, cómo se juzga a una mujer por su vestimenta o por su sexualidad. No hablo de los países de oriente medio ni de la sociedad de los años cincuenta, ni mucho menos: hablo de nuestra sociedad occidental de principios del s.XXI, que se autoerige en esa especie de salvaguarda de las libertades individuales contra el mal y la opresión del enemigo, sea este el que sea (por lo visto, todo el que no es occidental nos parece un retrasado, así como hablando en general). No deja de ser curioso que una sociedad como la nuestra, que se jacta de moderna y de tolerante (perdonad que me descojone ante estas afirmaciones) se permita el lujo de hacer chistes con un tufillo tan jodidamente retrógrado, dando a entender que una chica a la que le gusta presumir de cuerpo es una guarrilla, o directamente una puta. Así, sin anestesia ni vaselina, amigos: una puta. Pues vale.



No es la primera vez que he escuchado a gente de mi edad, o acaso más joven (criados ya en plena democracia y en una etapa de supuesta apertura de miras) decir, textualmente, que toda mujer que llevase una falda por encima de la rodilla era una guarra. "Porque se las ponen para enseñar cacho". Cita textual.
Que a ver, a mí me encanta eso de respetar la opinión del prójimo, pero semejante argumento me parece más digno de puro asco que de respeto.
Llamadme intransigente, o intolerante, o lo que os dé la real gana, pero no tengo ninguna intención de respetar esa forma de pensamiento. Me da igual como se pongan.


Lo más lamentable de todo esto es que he tenido que ver, con unas arcadas que flipas, algo verdaderamente alucinante: ya teníamos que soportar a la legión de machitos-alfa de los de siempre, que en el momento en que se enteran de que una chavala posee algún tipo de iniciativa sexual en lugar de dejarse conquistar por sus (ejem) encantos, que viste como le da la puta gana sin tener que dar explicaciones a nadie, o que sencillamente no se deja impresionar por un garrulo que la trata como si fuera una presa, automáticamente es una guarra. No teníamos bastante con estos seres que, dicho sea de paso, dan una imagen bochornosa de mi género y que hacen que, viendo cómo está el patio de gilipollas y restregadores de cebolletas, tengamos que demostrar que no somos así de anormales, se suma un nuevo colectivo. Este colectivo, que podríamos llamar intelectuales de chichinabo, plastas de eso del género o como nos salga del culo llamarlos, son los que usan exactamente los mismos argumentos, pero revistiéndolo de una especie de lucha social que no deja de ser ridícula. Me refiero a esos seres que empiezan con sus payasadas antipatriarcales (como suelo decir, por lo visto la sociedad patriarcal es el Imperio Malvado Nacido del Reverso Tenebroso de la Fuerza que ha traído Todos y Cada Uno de los Males de Este Mundo Sin Excepción... aunque en realidad no hayamos conocido otro tipo de sistema social y no podamos decir a ciencia cierta si cualquier otra cosa será mejor, peor, o sencillamente igual. Yo me decanto por lo último, por ejemplo), dando a entender que una mujer no debe venderse a los roles heteropatriarcales (sea eso lo que coño sea, porque parece una de esas palabritas de diseño que vete tú a saber quién se la ha inventado, y con qué intención) basados en la vestimenta.


"Que si no vistes como dictan los Sagrados Cánones, eres puta y te callas".
"Eso no lo podemos decir así, que no vende"
"Pues vale, decimos que se ha vendido a una sociedad neomachista heteropatriarcal cuasifascista, tirana y opresora y lo petamos".
"Sí, eso mola mucho más"


Traducimos un poco esta última frase: que si no quieres ser el enemigo, te vistas como estos intelectuales te dicen. Si te vistes con un escote o minifalda, según estos seres, lo que buscas es llamar la atención de los tíos, lo que te convierte en una marioneta de la susodicha sociedad patriarcal, y por tanto, en el puto enemigo, junto con los que ningunean a las mujeres, los maltratadores y vete a saber con quién más. Porque si una mujer tiene interés en captar la atención de los hombres, siguiendo este principio, por lo visto es digna de apedreo a la salida del pueblo. Desde mi punto de vista, una puta meada fuera del tiesto, pero que tiene una lectura muchísimo más siniestra y oscura que la pataleta clásica en pos de la lucha de unos derechos sociales que ni siquiera el que los defiende tiene idea de lo que está haciendo. Más allá del fanatismo y de esa especie de cultura de la indignación popular ante la más mínima chorrada, nos encontramos que esta actitud oculta la imposición de un código moral sobre las mujeres que, si lo pensamos en frío, hasta acojona.

Esta política de "Nosotras vs. Vosotras" (o lo que es lo mismo, "las que guerreamos con el puño en alto y vociferamos contra vosotras, que lleváis años luchando por la igualdad de derechos de una forma pacífica") se ha hecho especialmente en la red a lo largo de los últimos tres años, donde algunos (inclúyase aquí a gente de los dos sexos, por favor) hemos alucinado pepinillos viendo cómo un buen número de mujeres con vida pública han sido atacadas, vapuleadas y vejadas verbalmente por especímenes que se autoproclaman feministas, pero que las han juzgado por su forma de vestir; no es el caso solo el de las famosas, por supuesto, aunque sí el más sonado. Si nos vamos a alguna otra red social, tipo Instagram, nos encontramos que cualquier moza que haya subido una foto en bikini o similares se ha visto sometida a toda clase de insultos de ese tipo. En muchos casos, ves a otras chicas diciéndoles que son unas guarras y que, por culpa de ellas, los tíos son unos cerdos o violan a las mujeres. Porque claro, la culpa de que violen a una mujer, es de las tías que los provocan. Un argumento sobradamente "feminista", dónde va a parar.
La clase de comentarios que te dan ganas de ir pillando el napalm y despacharte a gusto con según qué ideologías.


Le joda a quien le joda, el único culpable de una violación es el violador.
Si a estas alturas de la película viene algún imbécil justificándolo porque fue provocado por la víctima, por mí se puede ir a hacer puñetas con todos los gastos pagados. Tampoco tengo mucho interés en respetar ese tipo de argumentos, porque de por sí ya me parecen poco o nada respetables.
Igual de cafre me parece culpar a la víctima que, como también se ha hecho, culpar a todo el género masculino por lo que hacen unos cuantos. Como si el resto de hombres lo viésemos bien, lo ignorásemos o fuésemos violadores en potencia que solo necesitamos "un empujoncito".
Si la gente quiere justicia, que la busque.
Pero esto NO es justicia. Es linchamiento.


A ver si nos vamos enterando de una puñetera vez, porque parece que el personal o no se entera o no le da la puñetera gana enterarse: el feminismo (el de verdad, y no esa mamarrachada que se han inventado un puñado de idiotas) no consiste en decirle a una mujer cómo debe vestir, ni cómo debe comportarse; precisamente consiste en reconocer que una mujer tiene derecho a vestir y comportarse como le salga del mismísimo coño. Si quiere llevar cuello vuelto o si quiere ir en camiseta transparente enseñando las tetas, es decisión suya y solo suya, y ni colectivo ni ideología alguna sobre la faz de la tierra tienen derecho alguno a contrariar esa decisión. Me da igual que eso de "Es que si sales así a la calle te van a violar, por tanto, no te vistas de esa manera" lo diga un intelectual de estos de los de incendiar redes sociales o lo diga un extremista religioso de cualquier creencia. El contenido de fondo (el de limitar la decisión de una mujer) es exactamente el mismo, y por tanto, despreciable. No me valen etiquetas ni prebendas morales del tipo "es que nuestra causa es más justa que las de los demás". Esa es la justificación del fanático, del que considera que el fin justifica los medios y que la única diferencia entre unos y otros es la insignia que enarbolen y no su forma de actuar.


Hoy en día prima eso de hacer ruido por defender algo, por encima de lo que realmente se esté defendiendo, o cómo se esté defendiendo. Están los que prefieren decir que defienden los derechos de la mujer, pero lo único que parecen buscar es tenerlas bien ataditas, no sea que les dé por pensar por sí mismas o algo... Eso sí, estos seres hacen un ruido que flipas. Y a más de uno y más de dos les están vendiendo esta mierda, solo en base al cipote que están armando.


Otra amiga comentó, hace un par de días, que la persona que llama puta a una mujer en calidad de insulto (o, como añado yo a esto, el que lo hace solo para acusarla de no seguir esa especie de rígido código moral inventado por vete a saber quiénes) se retrata a sí misma. No puedo estar más de acuerdo: en estos años de fanatismo que se están viviendo, empiezo a ver que de llamar "puta" a "marioneta del Patriarcado" no está habiendo demasiada diferencia, que se diga. A veces, he llegado a ver que son incluso sinónimos, y se ha llegado a decir (siempre por exquisitas y autoproclamadas "feministas", por supuesto) que esos shorts que enseñan parte de la nalga son de guarras. Y quien no dé la razón a esto, pues resulta que es un machista, alguien con poca autoestima y que lo que busca es que le calienten la polla (sic.).
Hemos tenido que leer auténticas estupideces, tales como que las mujeres no deben querer ser princesas cuando son niñas, que no les debe gustar el rosa o que no deben sentir apego por las tareas domésticas, como si eso las hiciera menos feministas o, según gente que ya es imbécil sin adulterar, incluso menos mujeres "de verdad".
Afirmaciones que a veces nos hemos tenido que comer con patatas porque resulta que quien lo dice lleva su chapita de "Yo soy feminista (y tú no)" junto con la de "No sabes nada, Jon Nieve". En resumidas cuentas, que esa persona parece sentirse por encima del bien y del mal y permitirse el lujo de ir pisoteando el criterio de los demás solo por (decir) defender la sacrosanta ideología de la igualdad de género.


Pasa también que lo mismo no te gusta este tipo de prendas. Bien, no hay problema en eso. Nadie te obliga a que te gusten; a algunos de nosotros no nos gustan los calzoncillos de media pierna y no los llevamos, no pasa absolutamente nada.
Lo que no es de recibo es emprender una guerra contra todas las personas que los lleven, como si no pudieran decidir acerca de enseñar su propio culo. Como si sus posaderas ahora fueran de dominio público y tuvieran que andar pidiendo permiso a las Autoridades Morales acerca de llevar shorts que enseñen el culo.
Porque está claro que aquí todo el mundo tiene la superioridad moral para poder juzgar como visten los demás, y hay que andar dándoles explicaciones a diario acerca de lo que los demás nos ponemos o nos dejamos de poner.
Pues claro que sí, joder.


Lo triste es que no lo hacen. No defienden absolutamente nada y su cruzada es de todo menos noble, por mucho que digan. Lo único que están haciendo es defender unos valores antediluvianos, disfrazados de ideologías hipersupermegaprogresistas, pero lo que se puede extraer de ellas es un mensaje muy simple: "Haz lo que te decimos o te acusaremos de lo que no eres".
Limitar la opinión de las mujeres.
Condicionar su comportamiento o su actitud, bien con otras mujeres, bien con los hombres.
Imponer gustos, criterios, o simplemente formas de ser.
Silenciar su opinión, siempre y cuando no se amolde a esta ideología guai.
Socavar su independencia sexual y dar a entender que si una mujer es sexualmente activa, está mal. Lo mismo si es sexualmente pasiva. La cuestión es tener que dar explicaciones a quien no hay que dárselas (es decir, en ese tema la cosa es clara: no hay que darle explicaciones A NADIE)
Es muy triste, por no decir lamentable, ver cómo cada día, más gente se suma esta política retrógrada, disfrazada de progresismo. Cómo el personal va de feminista por la vida, pero enarbola argumentos que rezuman un arcaísmo de lo más rancio, en el que se le dice a una persona (en este caso a una mujer) lo que debe hacer, cómo debe hablar, con quién ir y cómo relacionarse con el mundo; y si no sigue esta conducta ya impuesta desde algún lugar, permitirse el lujo de humillarla siempre que se pueda.


Lo cachondo es que esos mismos que llevan a cabo este tipo de prácticas, donde todo aquel que no suscribe sus argumentos de odio (no tienen otro nombre) es insultado y atacado hasta rozar el ataque personal, resultan ser los primeros en ponerse la chapita en pos de la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto. Son los primeros en manifestarse contra el acoso de cualquier tipo o la violencia verbal...
... Pero luego son incapaces de reconocer su propia agresividad, sus constantes juicios de valor sobre los demás y sus ataques vejatorios sobre todos aquellos que no les ríen las gracias.
Porque, para muchos, eso de la tolerancia va en  una sola dirección.


Ya lo dije en su momento: no creo en esa gente que tiene esa ideología. No creo en lo que dicen defender. No creo en esa política que dice buscar la igualdad, pero en el fondo solo parece buscar beneficiarse más que los demás. No creo en esos chillidos ni en esos ataques a todo aquel que no manifieste un acuerdo al cien por cien con este ideario de revolución de chichinabo.
Pero lo cierto es que tampoco creo en la parte (presutamente) contraria (insignias y chapitas aparte, para mí promulgan lo mismo), en la que da a entender que toda criatura con un potorro entre las patas es una puta en potencia.
El feminismo, y resumo ya todo esto, no es eso: es asumir que una mujer puede vestir como quiera, ya sea enseñando el culo o vistiendo como una monja. Que puede elegir trabajar en lo que quiera, como si prefiere quedarse siendo ama de casa. Puede salir con quien le dé la real gana, hablar con los tíos que le dé la gana; puede tomar la iniciativa sexual si le parece o, si por el contrario, es de otra forma de ser, puede elegir ser conquistada por alguien que le interese. Puede seguir el ideal de un amor para toda la vida o tener sexo sin compromiso. Una mujer no tiene por qué dar explicaciones, ni a los hombres, ni a otras mujeres, acerca de sus decisiones o lo que sea. Puede tener un hijo, dos, o ninguno, bien con un marido, bien por sí misma.
A ver si os enteráis de una puta vez: el feminismo lo que defiende es la libertad de elección. Cualquier bicho viviente que os venga a decir que las mujeres deben comportarse de una determinada manera o ajustarse a según qué perfil puede decir misa si quiere, pero que no os engañe: NO es feminista.

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