Pues nada, hoy le ha tocado el repaso a la última pseudoadaptación literaria de uno de los grandes clásicos de la Literatura Inglesa. Me refiero, tal y como indica el título de este post, a la novela de Oscar Wilde.
Esta versión de 2009 está dirigida por Oliver Parker, que ya había dirigido en su día La Importancia de llamarse Ernesto, tambien de Wilde, y Othello, protagonizada por Laurence Fishburne, entre otras. De estas dos, vi la primera en el cine y no me pareció una adaptación del todo mala, pese a poner a la infumable Reese Witherspoon en el reparto (en mi opinión, me da igual que la hayan nominado a los Óscar, que haya tenido no se cuántas mil estatuillas o que le esculpan una efigie en mármol y oro. Yo la mandaba a la cola del paro) y a Rupert Everett en un papel que no le pegaba ni con cola. De la versión de Othello, sólo vi algunas escenas en uno de mis cursos sobre adaptaciones cinematográficas de obras de Shakespeare en el doctorado. No tuve ocasión de verla entera, ya que había montones de obras por analizar y estábamos haciendo un repaso rápido. Sin embargo, lo que vi no me parecio que desmereciese en absoluto la obra original.
Laurence Fishburne como el Moro de Venecia.
Pues nada, llegamos a esto y me quedo con las patas colgando.
Había terminado de leer la novela tan sólo un par de semanas antes y me dispuse a hacer mi clásica autopsia de la adaptación. Cabe decir que no me esperaba gran cosa cuando vi el trailer, porque me dio la impresión de que ponían a un Dorian Gray bastante hetero. Un par de amigas que la habían visto antes que yo me contaron que no, que la bisexualidad que se insinúa en la novela constantemente también aparece en la peli. "Bien", me dije. Salvado ese pequeño escollo que me echaba para atrás, ya no tenía reparos para verla.
Yo y mis prejuicios.
Resulta que me pongo a verla con mis padres. En casos como este, para saber si una adaptación de una novela es buena o mala, se sugiere encarecidamente verla con alguien que no haya leído el libro. Así, si como adaptación no os convence, siempre podéis preguntar al que tenéis al lado y ver, de un modo más o menos objetivo, si funciona como peli. Pues nada, ni una ni otra.
Así estaba yo tragándome la peli.
Os cuento: la adaptación empieza un poco a lo Tarantino. No, nada de diálogos ingeniosos ni violencia de esa que hace que os partáis el pecho mientras ametrallan a algún pobre desgraciado. Ojalá. Me refiero a que empieza por la mitad de la historia (tirando para el final) y, acto seguido, nos planta un flashback que dura media película. Esto no es del todo mal recurso, pero aquí... no termina de funcionar. ¿Por qué?
Bueno, en la novela (y a diferencia de la adaptación), Dorian Gray no es el primer personaje en aparecer ni mucho menos. Si medio habéis oído hablar de Oscar Wilde, entenderéis que era de la clase de personas a las que le encantaba poner a parir a la sociedad inglesa de la época, a la que consideraba (como mínimo y siendo muy, muy suaves), hipócrita. Es por eso por lo que Gray no aparece desde el primer momento, sino que aparece referenciado por Lord Henry Wotton y por el pintor Basil Hallward. Con esto, Wilde nos plantea una serie de expectativas sobre el personaje que hacen que, cuando tenga aparición por primera vez, un capítulo más tarde, llene la habitación con su presencia.
¿Qué hace Parker en esta adaptación? Nos planta a Dorian el primero, como en las obras de teatro del colegio, para que la gente sepa quién es el protagonista y no se pierda, vaya a ser que sean idiotas... Luego, una vez en el flashback, nos muestra cuando el protagonista llega a Londres. Eso podría estar bien... si no nos plantease un Dorian Gray que parece, simplemente, idiota. La elección de Ben Barnes como protagonista lo mismo podría funcionar con El Príncipe Caspian (el día que me arme de valor para verla os lo confirmo), pero en esta adaptación resulta, a todas luces, ridícula. Dorian Gray era un caballerete de la época, no un pelele que va por ahí con cara de tonto en plan "a ver qué me encuentro".
Aquí, Ben Barnes, otro actor de la generación "Non-actor", junto con Shia Laboeuf o Sam Worthington. Para poner su jeta en las carpetas de las chicas lo mismo cuela, pero como Dorian Gray no termino yo de verlo...
Conforme va avanzando la película, vamos viendo que la elección del protagonista, desgraciadamente, no es el único fallo: las cosas suceden de un modo descarado y atropellado. Para empezar, nos muestran a Henry Wotton como una especie de diablo de segunda (pese a estar interpretado por el gran Colin Firth, que hace lo que puede por salvar una película que se hunde ella solita) que se dedica a tentar a un gazmoño Dorian Gray llevándoselo a burdeles e incitándole a convertirse en un libertino. Los que hayáis leído el libro, corregidme si me equivoco, pero yo no vi eso en Henry Wotton ni por asomo. Yo vi un personaje ingenioso, con teorías radicales que quizás fascina a Dorian... pero de ahí a tentarle de esa manera tan descarada, no.
Más adelante, cuando se termina el famoso retrato, vemos que lo que parecía ser un deseo hecho realidad en la novela (el de ser eternamente joven) está planteado como un pacto con el Diablo. Por si no nos hemos enterado de qué va la historia, conforme va avanzando la peli, vemos que el cuadro hace ciertas chorradas gracias a la tecnología digital como meneítos cutres del lienzo, parir gusanos por un ojo o (mucho más adelante) estar a punto de salirse del cuadro. Tíos, era ver aquello y no tener la impresión de estar viendo El Retrato de Dorian Gray. Eso era Viggo el Cárpato de Cazafantasmas II.
Este tío.
Aparte, nos quieren colar una especie de trasfondo de maltrato sobre el personaje que, si aparecía en la novela (tampoco lo recuerdo), era una cosa tan sutil que Wilde no hacía un excesivo hincapié. Creo recordar que el padre de Dorian sí culpaba a éste de haber matado a su madre en el parto; de ahí a encerrarlo en el desván y darle de hostias con un bastón, hay un mundo de distancia.
Otro punto que me ha llamado la atención es que me ha dado la impresión de que Parker quería parecerse aquí a Coppola en Drácula: añade tramas sexuales que, si bien no desentonan para nada con la novela (Dorian Gray, al ser eternamente joven, da rienda suelta a sus deseos más salvajes), lo convierte en un absurdo de tetas y culos. Para empezar, me parece muy buena la idea de que el protagonista seduzca a una dama que apenas acaba de tener su primer período. Vale, no es del todo descabellado si lees el libro; lo que es una chorrada como la copa de un pino es que la seduzca en mitad de una fiesta con su madre en el piso de abajo. Otro punto similar es el hecho de que Gray monte orgías en su propia casa en plan Hugh Hefner. Vamos a ver: que sí, que a Dorian Gray le iba todo ese rollo, pero no olvidemos que vivía en una sociedad Victoriana. Wilde, al escribir la novela, hace gala de lo que podríamos llamar "trama en dos niveles": por un lado, la fachada "social" de Dorian, que acude a las fiestas de la alta sociedad como un caballero más, aunque dotado de un cierto carisma gracias a su belleza y su porte; por otro, el verdadero Dorian, el hombre que no envejece y que da rienda suelta a sus perversiones, peleando a brazo partido con los marineros en los puertos. Yéndose de prostitutas durante décadas. Que fuese eternamente joven no implicaba que fuera eternamente estúpido para hacer las cosas de un modo tan descarado.
Llegamos al tema de Sibyl Vane. La ridiculez en estado puro, y que demuestra que el guionista no ha pillado ni papa de la historia. Para empezar, nos colocan a la pobre Sibyl en un burdel dando vueltas para que la recoja su hermano; en la novela, la primera vez que aparece es donde tiene que estar: sobre un escenario, como actriz que es. El personaje refleja uno de los grandes temas de la novela, que es la inmutabilidad del arte: Sibyl capta la atención de Dorian en tanto en cuanto es una buena actriz, pero en el momento en que se compromete con él, se desconcentra y pierde su "brillo". Dorian (que es mucho más amoral que el pelele que nos muestra Parker) nunca estuvo enamorado de ella, sino del arte que desprendía (una especie de paralelismo con el retrato y con su belleza inmortal, si os fijáis); en el momento en que ella deja de ser una fuera de serie, la abandona. En esta versión, la explicación es simplista: Dorian abandona a Sibyl básicamente porque ella le echa en cara irse de putas. Pues vale, pues muy bien.
Quizás el punto mejor reflejado de la adaptación es la relación entre el pintor Basil Hallward y Dorian, aunque quizás demasiado explícita. En la novela se alude constantemente a la bisexualidad del protagonismo y a la homosexualidad del artista. En la película empieza bastante bien, con cruces de miradas cómplices. La va pifiando conforme avanza; nuevamente, vemos que todo se vuelve muy descarado, como si el director pensase que el espectador es tonto y no entendiese las cosas a menos que se las pongan en bandeja: el compromiso con Sibyl, que en la novela es anunciado a Basil casi en último lugar, nos pone de manifiesto que los sentimientos de Dorian (si es que tiene) son efímeros y se olvida rápidamente de amigos (o posibles amantes) cuando tiene a una nueva persona en su ángulo de visión (la visión romántica y pasajera del amor o el deseo). Basil ahí se siente herido y el distanciamiento se vuelve progresivo hasta la última aparición de éste. Aquí está con todo el mundo y simplemente pone mala cara cuando se entera.
Más adelante, vemos que sí, que Dorian sí le hace caso y, en vez de expresarlo con algún ingenioso diálogo, ¿qué hace Parker? Pues lo plantea con las libertades que se tomó Coppola en Drácula... pero sin ser Coppola, claro: Dorian se baja la bragueta y Basil se pone de rodillas. Adiós insinuación. Adios sutileza.
Poner tetas en una peli Victoriana no es necesariamente malo, si sabes qué dosis de carne debes incluir. Coppola lo hizo con su libre adaptación de Drácula; salvando el hecho de que justificaba al vampiro y lo ponía como un romántico empedernido, fue bastante más respetuoso que Parker...
Desaparecen personajes de la novela que, si bien no son puntales, sí que ayudan a entender un poco la maldición de Dorian. Me refiero al caso concreto de Alan Cambpell, un joven científico al que [SPOILER, SI NO HABÉIS LEÍDO LA NOVELA NI HABÉIS VISTO LA PELÍCULA, NO LEÁIS ESTE APARTADO] el protagonista chantajea para que haga desaparecer el cuerpo de Basil Hallward una vez éste lo ha asesinado a puñaladas (leo en Sparknotes que hay muchos críticos piensan que el chantaje es de índole sexual, aunque aparece descrito en la novela de un modo implícito y discreto); al ser incapaz de soportar la carga de un secreto tan grande y el chantaje, Campbell se suicida. Este suicidio, al igual que el de Sybil, nos muestra que la eterna juventud no es más que una maldición: saca lo peor de una persona y hace que todos cuanto rodean a Dorian acaben muriendo por su culpa.
Aparecen personajes que en la novela no existían, como la hija de Lord Wotton, con la que aparece una subtrama romántica/sexual cuya función no queda del todo clara: al principio Lord Henry odia a Dorian por acostarse con su hija (cómo no, viendo cómo las gasta el muy truhán), pero poco después parece aceptarlo de buen grado. La razón (así lo entendí yo) aparentemente es como una especie de trampa que Henry tiende a Dorian: hace que esté distraído con su hija para así poder echar un vistazo al cuadro. Si esta interpretación es correcta, no sé cuál de los dos es más cabrón: si Gray por no tener corazón o Wotton, por tenerlo y usar a su hija como peón. En fin, esto es interpretación mía.
[SPOILER: NO LEÁIS ESTE PÁRRAFO SI NO HABÉIS LEÍDO LA NOVELA O NO HABÉIS VISTO LA PELÍCULA] Llegamos al final, donde Wotton y su hija tienen una especie de duelo con Dorian Gray por ver el retrato. En la novela era algo mucho más discreto, con un protagonista hastiado de todo apuñalando el cuadro, donde vemos que hay retratado un hombre viejo, feo y amargado. Aquí tenemos la típica escena cutre con llamas por medio y una tubería de gas que nos anticipa una explosión (menos mal que no tiene lugar, porque Hollywood ya es experta en chorradas como esa). Dorian mata a su retrato (que está a punto de salir del lienzo) a espadazo limpio, a lo Alatriste y el fuego, por algún motivo que no alcanzo a imaginar, no lo quema. Es decir, un final películero y efectista que no es en absoluto necesario.
Tomad nota, futuros directores: si vuestra peli no acaba así, Hollywood pasará de vosotros como de la mierda.
Aparte de todo esto, la película como película, aburre: la primera media hora va echando hostias de velocidad y te cuenta todo lo importante en apenas un rato (no se cuenta cómo ve Basil su propia obra ni por qué no se atreve en un principio a exponerla); a partir de ahí, languidece mientras intenta captar la atención poniéndote tetas que revientan entre los corsés y danzas africanas en mansiones Victorianas. Mucha imagen en plan postal de lo guapo (e insulso) que es Ben Barnes. El lenguaje cargado de ingenio y los comentarios incendiarios contra la hipócrita sociedad Victoriana se reducen a su mínima expresión; los chascarrillos donde se ridiculiza a los americanos simplemente desaparecen prácticamente en su totalidad (creo que ya vamos viendo a qué público está dirigida la película) y todo lo que podía hacer pensar al espectador se convierte en una cosa tan puesta en bandeja que hace que éste se aburra de verlo todo tan claro. Aquí hablo por la experiencia a la que sometí a mis pobres padres, que a la mitad de la película dijeron lindezas como "Por mí puedes quitarla ya, porque esto es un coñazo".
La ambientación es sencillamente penosa, con edificios hechos con un 3-D tan malo que da la impresión de que estás viendo un puñetero videojuego y con decorados que se nota que son decorados la mayor parte de las veces (véase el cementerio donde está la tumba de Sybil). La música normalita y las actuaciones, salvando la de Colin Firth, olvidables al ratillo de haber terminado de verla.
En resumidas cuentas, que no sé qué puñetas le ha pasado a Oliver Parker. No es que me haya parecido un pedazo de director nunca, ni mucho menos... pero lo que no me podía esperar era que se sacase de la manga esta pedazo de chorrada tan grande y encima tener la cara de decir que está basada en la novela de Oscar Wilde. Sinceramente, si Oscar Wilde se levantase de la tumba, muy probablemente escribiría la segunda parte de De Profundis para dejar claro lo que le parece este truño. Si yo fuera él, lo haría; y tengo mucha menos mala leche que el escritor irlandés.








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