sábado, 1 de enero de 2011

Escupiendo Rabia- Amando al Gran Hermano



Ya hemos hablado del tema alguna vez, pero parece ser que es algo que no nos deja ni a sol ni a sombra. Está ahí y puede que no pare jamás, quién sabe.
Amamos al Gran Hermano.
Ahora, la noticia cobra nueva forma. No hablamos (de momento) de un Gran Hermano Orwelliano, que nos vigila en nuestras casas, vaya a ser que pensemos en contra del sistema, no. Hablamos de un concurso en el que la gente se muestra voluntariamente a perder su intimidad. Unos dicen que es un programa donde guarras y canis van a montárselo debajo de un edredón para luego salir en pelotingas en cierta publicación que todos conocemos.
Yo os digo más: aunque metiésemos doctores en Filosofía ahí dentro, la idea seguiría siendo aberrante. La intimidad es un valor sagrado, y un rasgo de nuestra sociedad occidental. El hecho de que la gente se preste voluntariamente a perderla no es algo que lo justifique, en mi opinión; en todo caso, es una muestra del masoquismo al que nos venimos viendo sometidos a lo largo de los últimos quince años.

Todo esto viene a colación del hecho de que a causa de este Gran Hermano televisivo desaparece CNN+, uno de los pocos canales españoles que emitían veinticuatro horas de noticias. El responsable de perpetrar semejante burrada no es otro que Paolo Vasile, que ha barrido a dicho canal de su parrilla de un soberbio plumazo. Luego entro en valoraciones.
Paolo Vasile, autoproclamado mandamás del espectáculo, es el cabecilla de Telecinco y se ha hecho famoso en los últimos años por instaurar una férrea disciplina televisiva. Cuando hablo de "disciplina" no os engañeis: ni ha vuelto la señora Rotenmeyer ni los debates horteras de las cuatro de la tarde han desaparecido (ojalá). Me refiero más bien a una disciplina mediática, consistente en "Yo puedo tocarle las pelotas a quien quiera, pero a mí ni mentarme".

"Esos jóvenes insolentes me han faltado al respeto. Habrá que hacer algo..."

Me viene a la cabeza el famoso caso contra la Sexta. Cierto programa que todos conocemos tenía como contenido principal dar caña a los programas del corazón. Idea fresca que además sugería lo que todos ya sabemos: que la tele es un antro de basura donde todo lo que nos cuentan o es mentira o es inventado... y que, muchas veces, los cacareados "profesionales" no son más que una tanda de cenutrios, como cualquiera de nuestros jefes, a los que los becarios les salvan el culo día sí y día también.


Muestra de jefazo explotando a becario cincuentón al que todavía no han contratado como Dios manda en la cadena:
"A ver, becario, me redactas una noticia en la que haya mucha sangre para tener a la gente acojonada sólo con salir de casa... pero me la aderezas con algún chiste reconfortante".
"Señor, sí señor".

Vasile, líder de una cadena que basa su contenido en programas del corazón y realities de dudoso gusto, no tardó en pillarse un cabreo de aquí te espero y emprendió acciones legales contra el programa y, por extensión, contra la cadena. Hasta aquí,bien, si lo que se denunciaba eran calumnias. Lo más gracioso fue el resultado de dicho litigio: hasta donde sabemos, en España, cuando hay un caso de este tipo, donde un periodista miente (recordemos Urdaci con aquella famosa huelga general), el juez lo que hace es obligar al calumniador o injuriador a hacer fe de erratas, y ahí termina la cosa.
Paolo Vasile no.
No olvidemos que es amigo de Berlusconi, otro famoso por manipular medios a su antojo. Lo que hizo aquí el caballero fue sentar un precedente al prohibir a la Sexta emitir imágenes de Telecinco. Ataque preventivo en toda regla: no sólo este programa lo tenía prohibido, sino cualquier otro de esta cadena, creado antes o después. Vemos una vez más, como en estos tiempos de "libertad de expresión" (la hay, para lo que nos da la gana; para todo lo demás, calladitos estamos más guapos), las cosas se acotan, se coartan y se encorsetan en aras de unos valores que todavía no termino de entender.



Pues aquí tenemos a este amigo, tan cordial y tolerante con la crítica (ya sea fundada o infundada), que coge y se fusiona con otra cadena, en este caso con Cuatro. Cuatro provenía del gigante empresarial fundado por el señor Polanco y era la responsable de la sucursal de CNN en España. Vasile, ahora dueño y señor de esta fusión, pone el material sobre la mesa y decide que no se ajusta a los contenidos que él desea; ¿qué hace? Sustituye CNN+ por un canal 24 horas destinado a vigilar la casa de Gran Hermano. Ole sus cojones.

Ante esto, las opiniones son contrarias: hay quien piensa que ese canal de noticias no es precisamente un gran ejemplo de lo que debe ser la información, que si tal que si cual. Respetable opinión, desde luego. Lo que quizás no me parece tan respetable es la sustitución que se hace: se elimina un canal de noticias (pueden no estar de parte de vuestro credo político personal, pero no deja de ser información. La CNN no deja de contar lo que sucede en el mundo... que tú lo creas o no, que quieras contrastarlo con otra fuente, es cosa tuya, pero la noticia está ahí, no nos olvidemos) para poner uno en el que, bueno... lo más interesante es ver que cierta moza se saca la pechuga delante de las cámaras o que cierta pareja se pega un homenaje a base de amor del bueno (bueno, que yo sepa, eso no ha pasado nunca en la edición española; vamos de modernos, pero tendríais que ver cómo las gastan en otros países, según tengo entendido)...

Cosas como esta, pero más a lo bestia...
Por cierto, ¿Qué le pasa a la tipa de la derecha? Parece horrorizada...

En resumen, que la información da un paso atrás en pro del espectáculo más chusquero.
Hablaba con un amigo de la infancia el otro día sobre esto y me invitó a una reflexión en la que no había caido (si alguno de vosotros lee esto y me odia porque parece que estoy en posesión de la verdad, creo que con esto os dejo claro que yo también aprendo cosas de la gente y que, si se me razonan las cosas de un modo convincente, no es complicado en absoluto demostrarme que me equivoco; de hecho, pasa muy a menudo, en serio): este amigo mío sostenía que no es culpa del sistema, sino nuestra.

Ante esto, como comprenderéis, casi me echo las manos a la cabeza en un principio... es decir, siempre me habréis oido decir que suelo pensar que las audiencias no existen y que las encuestas de share son mentiras a cargo de las empresas de sondeos, que están muy bien pagadas; que eso de que "es que esto es lo que el pueblo quiere ver" es mentira. Que el pueblo, la gente como tú y como yo, se espatarra delante de la tele después de una tarde currando (o buscando curro, según se mire) y que se come lo que le echen. He dicho una y mil veces que las ventas en cuanto a libros, discos o las audiencias televisivas generalmente son gracias a una publicidad masiva que te obliga a necesitar ver cosas que en realidad te importan un carajo. Que al final siempre compramos cosas que no necesitamos, que si tal que si cual.


"Veo todo este potencial y veo que está desperdiciándose. Maldita sea, una generación entera trabajando en gasolineras o sirviendo mesas; esclavos con cuellos de camisa. La publicidad nos hace desear coches y ropas, en puestos de trabajo que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos medianos de la historia. Sin propósito ni sitio. No hemos vivido una gran guerra ni una gran depresión. Nuestra guerra es una guerra espiritual, nuestra gran depresión son nuestras vidas. Hemos sido criados con la tele, creyendo que algún día seremos millonarios, actores de cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos. Y lentamente estamos asumiendo eso. Y estamos, muy, muy cabreados". Tyler Durden.

Si. No me retracto. Lo pienso y lo sostengo.

Pero mi amigo abrió un nuevo frente a dicha línea de pensamiento. Me dijo que, por otra parte, es muy fácil echar la culpa al sistema. Que con eso eludimos nuestra responsabilidad como individuos. Y que con eso, cada día más nos ponemos en manos de otra gente que piense por nosotros. Eso, quieras que no, es mucho más fácil...

Vivir como robots, como piezas de un engranaje, pero sin un concepto del "Yo"... esa sería un poco la idea del Pensamiento Único.

Y oye, no le voy a quitar la razón. Se puede pensar tanto lo primero como lo segundo, o incluso ambas cosas a la vez.
Pensad en esto: el sistema lo conforman personas, como vosotros o yo. Nosotros somos el sistema. Cada vez que nos quejamos y que no hacemos nada, alimentamos a una Bestia para dar carta ancha a estas cosas. Puede que la publicidad, la prensa y a saber quién más nos lave el cerebro a diario... pero nosotros somos los que, en última instancia, podemos elegir adorar a ese Gran Hermano (aquí no me refiero tanto al programa como a toda la bola de mierda en que se ha convertido nuestra sociedad en los últimos años) o escupirle en la cara. Y fijáos en una cosa: ¿Cómo son de grandes las colas para los castings de los realities? ¿No da la impresión de que la gente está acostumbrándose con demasiada facilidad a eso de sentirse vigilado? ¿Tal vez el próximo paso será instalar Telepantallas en casa para prevenir la violencia doméstica? A mí ya no me extrañaría...

En Nochebuena estuve hablando con un familiar al respecto de cómo iban las cosas en general en nuestro país, y me dijo otra cosa en la que no había pensado con detenimiento: ¿Están luchando las generaciones más jóvenes para detener esto? Me refiero a lucha de verdad, no a actos chorras convocados en Facebook ni manifestaciones en plan animal en la que el objetivo es romper escaparates. Digo pelear de verdad. Romper este círculo vicioso. Ser verdaderamente conscientes de los problemas que nos rodean y oponerse a ellos. Me dio mucho que pensar.

Y aquí llega la reflexión a la que quería llegar: Los medios nos ofrecen cosas. Si somos muy paranoicos, es posible que incluso ellos mismos nos hayan lavado el cráneo desde que eramos mocos para desearlas, de manera que no haya una salida fácil. Pero pensad por un momento en el hecho de que podemos elegir. Puede que nuestras elecciones nos conviertan en bichos raros a lo mejor (o seguro, teniendo en cuenta la intolerancia a la que nuestra sociedad ha derivado últimamente)... pero la elección está ahí. Entonces, os pregunto: ¿Sois de los que créeis que el Pensamiento Único es la respuesta a las lacras de nuestra sociedad, de los que piensan que la ignorancia nos hará libres? ¿O tal vez preferís ser más tristes pero más sabios?
¿Qué bando elegís vosotros?

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