domingo, 9 de enero de 2011

Mondo Chorra- Sobre creación de historias y demás cosas




No todo lo que veis en este blog va a ser mala leche condensada (aunque muchas veces sea así, claro). Hoy, por ejemplo, me apetece explotar la vena de escritor cutre, por lo que me he propuesto hacer una pequeña guía sobre la forma que tengo de concebir una historia. Esto no quiere decir que el método que uso sea mejor o peor que algunos otros que ya conozcáis, en el caso de aquellos Distópicos que también tengáis como afición eso de aporrear teclas... simplemente es una especie de análisis descriptivo. Conociéndome, lo más probable es que de aquí a cuatro años lo revise y lo acabe reubicando en la sección de Mis Truños Favoritos (como si lo viera). En cuanto a aquellos que estéis buscando un método para escribir, espero que al menos esto os sirva como orientación... ¡aunque sólo sea para saber lo que no tenéis que hacer!

Empezamos:


1. Dándole vueltas a la idea principal: Muchos escritores, algunos de ellos amigos míos, empiezan sus historias por la historia y luego van añadiendo subtramas y personajes. Este es el método que, hasta ahora, he visto más frecuente en la mayoría de gente que escribe con la que he hablado. Es decir, planteas el tema del que quieres hablar, y a partir de ahi, vas insertando los personajes que más te convienen. Por ejemplo, Alejandro Castroguer (amigo y seguidor de este blog, así que cuidadito con los comentarios que soltáis) me ha comentado alguna vez que a veces incluso deja el personaje vacío y va escribiendo la trama. Más adelante, añade ese personaje (a veces basado en gente real a la que conoce) y lo va adaptando poco a poco a lo que quiere contar.
Como estoy como una cabra, resulta que no me apaño con ese método. Voy lo hago justo al revés. A mí me gusta partir un poco de la idea que se llevaba en el Renacimiento: que más que la idea de lo que cuentas, lo que importa es cómo la cuentas (véase el caso de que, por esa época, no había historias originales, sino que la mayoría eran versiones de leyendas medievales, romances, etc. Tomad como ejemplo Hamlet, que estaba basada en un Ur-Hamlet alemán, y éste a su vez, en una leyenda danesa). Lo que hago entonces es pensar en una idea básica (apenas un par de líneas) y centro los esfuerzos en crear personajes.





2. Personajes: esos colegas inexistentes: Este es quizás mi apartado favorito. Para mí una novela no es más que una serie de acontecimientos que hacen que los personajes evolucionen y se adapten al medio: en otras palabras, una excusa para ver como éstos crecen y se desarrollan (o mueren). Algo del estilo a lo que en literatura se llama Bildungsroman o, en cristiano, "Novela de desarrollo de personajes".
¿Por qué esto y no lo otro? La respuesta es obvia: a mí me resulta más sencillo. Cualquier otra explicación que os dé es una chorrada.
Llamadlo también influencia del teatro, donde lo que es la acción viene determinada, en gran parte, por la actuación de cada personaje; donde cada papel tiene un peso particular en la obra y va activando acciones como si se tratase de un resorte. Aparte de eso, soy de la creencia que una novela ya puede contarte lo que le de la gana, que si los personajes son gente a la que detestas, con la que no te identificas o simplemente carecen de interés alguno, te acabas distanciando de lo que se te cuenta y te acabas aburriendo.

Concebir a un personaje puede ser tan intenso o extenso como queráis. El primer paso es visualizarlo como si se tratase de una persona real (incluso podéis basarlos en gente que conozcáis). Mi amigo Carlos López me habló en su día de las "escaletas": aparece un personaje en tu historia y creas una ficha (o bien la creas antes, como prefieras). En esa ficha lo suyo es poner todos los datos posibles, aparezcan o no en la historia: bien físicos como la altura, el peso, el color de ojos, etc; bien personales, como música favorita, cosas que le gustan o las que odia.


Al respecto de esto, me acuerdo de una charla que dio Salvador Navarro, escritor de No te supe perder, donde él contaba el método de las 100 preguntas para diseñar un personaje. Él coge un personaje y le hace una entrevista con 100 preguntas, pasando desde lo más trascendental a lo más mundano, con la intención de que su personaje esté totalmente definido. Para la última revisión de mis historias adapté esa idea, con algunas preguntas de menos (yo me quedé en unas 40 o así), y la verdad es que funciona muy muy bien. Cuando consigues visualizar tu personaje, darle una voz propia, y que cada respuesta la dé él y sólo él, ya podemos hablar de un personaje más o menos preparado para la acción: su personalidad servirá para hacerle reaccionar ante el episodio más simple que le pongáis por delante. En el momento en que haya una acción externa y una reacción por parte del personaje, ya podemos iniciar una trama. Con el pequeño plot básico que habéis concebido al principio, ya tenemos el principio de algo.


Si os gusta dibujar, incluso podéis añadir vuestros propios diseños para los rasgos faciales o incluso el vestuario.

También hay que destacar el papel de los personajes secundarios. Esto ya es particularmente personal, así que podéis pensar que estoy completamente loco, o bien estar de acuerdo conmigo. Ambas posibilidades son más que factibles.
Un secundario puede convertirse en un personaje principal en cualquier momento, si concebís la novela como algo coral. Es decir, que la voz del protagonista o protagonistas no es la única en ningún momento. ¿Qué aporta esta concepción? Aporta pluralidad de puntos de vista y evita la tiranía de ciertos personajes. Yendo aún más lejos, si el lector no se siente identificado con el protagonista (no es imprescindible) siempre puede quedarse con un secundario que capte su atención.

Ejemplo de secundario que mola: el Cazador de Judíos de Malditos Bastardos.

Otra cosa: nunca nunca nunca os hartéis de un personaje. No hagáis como esos directores de cine que desprecian a un personaje y los llevan a una dinámica de ridiculización (me viene el caso del sobrevalorado Álex de la Iglesia, que demuestra un desprecio injustificado por ciertos personajes que se ve que, simplemente, le caen mal. Ejemplo: el padre de la chica secuestrada en Perdita Durango). Todo personaje, bueno o malo, debe tratarse con respeto. ¿Qué queréis hacer una caricatura? Hacedla, pero no caigáis en la ridiculización simplona: si el personaje tiene algo que queréis denunciar, debe tener algo bueno aunque sea mínimo. Si no, más que un personaje, se tiene un arquetipo.
Por supuesto, podéis hacer una caricatura completa, como hacía Toole en La Conjura de los Necios. Sin embargo, si vemos el personaje de Ignatius en esa novela, no vemos desprecio alguno por parte del escritor hacia el personaje: lo que vemos es que el personaje es un simple que va de intelectual y Toole nos lo muestra tal cual. Se enfrenta a situaciones ridículas en las que el personaje se humilla él solito. No necesita que un narrador le humille (una novela puede ser lo que queramos, pero no necesariamente un altar para predicar nuestras ideas descaradamente; si lo hacemos, tendremos que entender que el lector puede no estar de acuerdo y sembrar discordia. En todo caso, exponed un punto de vista y argumentadlo: el lector no es imbécil, así que dejad que sea él quien saque sus propias conclusiones). Esa es un poco la diferencia de la que os hablo.

Por último, forzad a vuestros personajes al máximo: los personajes a los que no les pasa nada acaban en el olvido. Los que están jodidos son aquellos a los que queremos ver sobreponerse, o bien queremos que se terminen de joder aún más. Pero no nos olvidamos de ellos cuando los conocemos.



3. Temática: Ya tenemos personajes y una trama básica. Ahora biene lo gordo: ¿De qué queremos hablar? La respuesta a esto es muy amplia. En realidad podemos hablar de lo que nos dé la gana, pero desde mi punto de vista no podemos caer jamás en lo que yo considero un error básico: que la historia no cuente absolutamente nada.
Vale que escribamos ficción. Vale que escribamos terror. Llámalo fantasía, si quieres. Eso no justifica una historia sin trasfondo ni contenido. Las buenas historias son aquellas que, además de entretenerte, te aportan algo. Las que te hacen pensar o las que te plantean dudas sobre cosas que creías inamovibles.
Con esto no quiero decir que tengáis que poneros trascendentales, ni mucho menos: si os pasáis de rebuscados, convertís una buena historia en una cosa pretenciosa y eso hace que el lector os coja asco. Probad con temas muy sencillos. Os pongo el caso de Shakespeare, que hablaba sobre la ambición, los celos o las dudas. Temas que no decaen con el paso del tiempo y que, con un toque muy personal, funcionan muy bien.

No os centréis en un único tema, del mismo modo que os digo que no os centréis en uno o dos personajes (al menos, como os digo, a mí no me funciona). Una novela monotemática, desde mi punto de vista, o está muy muy bien expuesta y abarca el tema desde muy diversos prismas, o es muy corta. Si no se cumplen estas dos cosas, a menos que el escritor se las apañe muy bien, tiene propensión a aburrir.
Pensad en lo que os he dicho de los personajes arriba: a más personajes desarrollados, más puntos de vista; si están en conflicto ante una situación concreta, puede salir un tema nuevo. Bien principal, bien un tema secundario. La idea es que la novela siempre tenga varios niveles de lectura.


4. Las tramas: Como habéis visto, este método está basado exclusivamente en los personajes. Las tramas no son una excepción a esto. Si tenemos personajes principales y secundarios que van reaccionando ante distintos hechos, generando así distintos temas, esto pasa igual con las tramas.
Aquí se abre un abanico bastante bestia sobre el que trabajar: tenéis una trama principal, sobre la que los protagonistas se van a mover la mayor parte del tiempo; los secundarios hacen lo mismo sobre las tramas secundarias... pero a veces podéis intercambiar papeles. Lo que es secundario se puede convertir en principal y, con eso, captar la atención del lector; los principales pueden descansar un ratito mientras lo hacéis, de manera que no estén demasiado tiempo expuestos ante la "cámara".
Luego tenemos tramas cruzadas: a veces, principales y secundarios van a coincidir en algún momento o en un sitio determinado. Al igual que en un cruce de caminos, las tramas pueden entrecruzarse. Un secundario puede informar a un principal de cómo le van las cosas, por ejemplo. Volvemos a captar la atención sobre ese personaje.
Si habéis visto series como Perdidos o Héroes, esto se emplea muchísimo, generando todo un trasfondo y un Universo que puede ampliarse hasta donde queráis: recordad que no es necesario que todos los personajes se conozcan entre sí, pero podéis conectarlos por medio de personajes "puente", que sí conocen a unos y a otros... o situaciones concretas como acontecimientos donde haya mucha gente (fiestas, conciertos, reuniones, disturbios): eso aporta de nuevo puntos de vistas distintos y... la rueda sigue girando.



5. Estilo: Vamos de lo más sencillo a lo más difícil de categorizar. El estilo es lo más personal que existe a la hora de escribir. Silvia Ibáñez Cambra, amiga mía y escritora de El Cementerio de los Reflejos argumenta a menudo que nadie puede enseñarte a escribir. No os imagináis la de veces que hemos hablado ella y yo del tema. En gran parte, le doy la razón, aunque no niego que a veces lo que es el estudio de la literatura puede echarte una mano; no a escribir, claro... pero sí a analizar cada elemento de una obra como parte de un conjunto. Usando una metáfora arquitectónica, conocer los elementos de una catedral no te enseña a construirla, pero te da una idea de cómo puedes concebirla.
El estilo es algo que nunca permanece igual: varía de un escritor a otro y frecuentemente, también en el mismo escritor a lo largo del tiempo. Unos libros pueden tener un tono satírico, otros humorístico, o bien todo lo contrario. Lo que hay que tener muy en cuenta a la hora de escribir es una cosa: no podemos pasarnos ni de escuetos ni de barrocos; somos el "medium" entre el mundo que hemos imaginado y el real, el nuestro: dar por hechas algunas cosas puede ser tan peligroso como resaltar lo evidente. De hecho, para mí es lo más difícil y sigo sin tener claro cómo solucionar ese problema del todo...

"Emm... chicos... ¿Estáis seguros de que es así como hacemos de médiums con el mundo imaginario?"

Alejandro Castroguer me dio el consejo de que una cosa muy interesante era procurar ser muy visual en todo momento. El ser humano, en líneas generales, hace contacto con el mundo por medio de la vista y el oido (a menos que haya algún problema en la vista o que estéis más sordos que una tapia, como un servidor). Aprovechadlo, pero no os quedéis ahí: hay cinco sentidos y podéis usarlos a vuestro antojo en las descripciones. La idea es que si un personaje se corta con un folio y eso es importante para la trama, al lector le tiene que doler como si fuera ese personaje. Si el personaje tiene hambre y ve un bollo, hacedlo como queráis, pero hay que conseguir que al que lo esté leyendo se le haga la boca agua. Lo que os dije antes: me gusta que el lector se identifique con el personaje, que sienta lo mismo que él. Que le entienda aunque no esté de acuerdo.

Otra gran idea para el estilo es el tema de la voz del narrador. A menudo caemos en la preconcepción de que la voz del narrador es la nuestra. Nada de eso. El escritor tiene que ser un actor también y meterse en todos y cada uno de los papeles. En todas y cada una de las cabezas de los personajes. Al hacerlo, varía también la voz... y su lenguaje. El modo de expresarse es un filón que podemos (y pienso que debemos) explotar al máximo.
Yo mismo empecé escribiendo en lo que en crítica literaria se llama "narrador en focalización interna". Para aquellos que no estáis familiarizados con el término, os lo explico: se escribe en tercera persona, pero la narración no sale de un punto de vista determinado. Ejemplos, Harry Potter o cada personaje de la serie de Canción de Hielo y Fuego. Si os fijáis, en ambos casos, vemos UN punto de vista y no salimos de ahí. En el primer caso, son raras las escenas donde el mago no aparece y todo cuanto se ve, se ve desde su prisma. En el segundo, la focalización se limita a cada capítulo, dando el aspecto de lo que se llama "obra coral".
Pues me acabé hartando de eso. No hay razón, sencillamente me acabó por resultar más cómodo el omnisciente. Cada capítulo de los que estoy reescribiendo en la actualidad puede tener uno o dos puntos de vista; cuando veo que el punto de vista de un personaje no tiene nada que decir en ese capítulo, salto a otro. Mi objetivo (que todavía no sé si he cumplido, la verdad) es que el lector esté siempre recibiendo información de mayor o menor utilidad.


Información a punta pala, pero útil.

Moraleja: no contéis por contar. Todo debe estar conectado. Todo debe servir para algo.
Si usamos referencias a otras novelas (Castroguer, por ejemplo, tiene mucha costumbre de ello), que sirvan para algo: bien para jugar con los conocimientos previos del lector (un juego encantador, si habéis leido El Niño con el Pijama de Rayas), con su propia cultura literaria o cinematográfica, o bien para despertar su curiosidad. Todo eso vale. Pero no hagáis como los guionistas de Evangelion, que hacían referencias bíblicas en sus películas sin ton ni son (llamar a un ordenador como los Tres Reyes Magos sin ningún motivo aparente, o identificar a Lilith, la primera mujer de Adán, como un ángel caído, además de no tener ni pies ni cabeza hacen gala de una ignorancia supina). Las referencias pueden ser usadas como metáforas, como analogías visuales, como arquetipos... pero nunca sin motivo.



6. Escenarios: Un tema algo más sencillo. Con creciente disgusto, he visto como muchos escritores plantean historias enteras en Nueva York, Londres y otras ciudades que jamás han pisado. Mi pregunta es: ¿por qué? Al ver estos casos, no puedo evitar pensar en el listo de Dan Brown cuando escribió La Fortaleza Digital. La descripción que hace de Sevilla (concretamente, Triana) y la cultura española es, como mínimo, insultante. Por eso mi consejo es que si váis a crear un escenario, que sea uno que conozcáis al dedillo. Vuestra propia ciudad no tiene por qué estar mal. Al cuerno ya con los prejuicios sobre escribir sobre nuestro país o nuestro hogar. Pensad que en Inglaterra o Estados Unidos NO suelen escribir sobre España. Pasad de modas.
Con eso no quiero deciros que no os salgáis de vuestro entorno, ni mucho menos. Podéis usar escenarios en otros sitios, pero SIEMPRE con documentación: bien fotos y mapas, bien lo que os hayan contado los amigos que hayan estado ahí... incluso documentales, si queréis. Pero nunca os lancéis a escribir sobre un sitio del que no sabéis ni papa.
También podéis inventaros el lugar donde se desarrolla la acción, que es muy socorrido. Si lo hacéis, no caigáis en lo de "es que me lo he inventado". El lugar debe ser tan creíble como lo que contáis. Más, porque contáis con el handicap de que no existe y el lector se lo tiene que creer. Probad a pensar en el escenario como un personaje más, con su propia personalidad y su propio espíritu. Evitad la simpleza.

Hay muchos otros trucos que podéis usar a vuestra conveniencia, como por ejemplo, la convención Romántica de la atmósfera como proyección del estado de ánimo del personaje. ¡Hay veces que eso puede crear unos efectos fenomenales!



7. Tiempo. Tempo y línea temporal: Uno de los puntos más divertidos. El tempo es lo que entendemos como "ritmo narrativo", es decir, la velocidad a la que se desarrollan las cosas.
Una novela "lenta" no tiene por qué ser aburrida; simplemente puede tomarse su tiempo para contarte algo, nada más. A lo largo de una narración puedes establecer pausas digresivas, donde los personajes se dediquen a reponer fuerzas, por ejemplo. ¿De qué sirve eso? Puede dar credibilidad, si el personaje está cansado o herido. No te pones malo y te recobras en un momento.
Pensad también que el tiempo es relativo y varía según la percepción del personaje... o del lector. Podéis jugar con ello. El tempo se puede reducir en situaciones dramáticas, incluso detenerse. En escenas de acción, puede acelerarse. Jugad con el ritmo.

La línea temporal es algo con lo que podemos jugar también, pero con cuidado. Si estamos añadiendo flashbacks en lugar de usar una línea "lineal", os sugiero haceros una lista de acontecimientos en orden cronológico. Señaláis un "punto cero" o de origen y colocáis hechos previos y posteriores. Eso evitará muchos problemas de continuidad o incoherencias. Y de paso, os dará una aproximación sobre la duración de las cosas: por ejemplo, que un personaje encuentre a otros personajes en el período de tres días, mientras se suceden otras cosas a la vez, se ve con mucha claridad en estas cosas y nos da mejor noción de si es mucho o poco tiempo, dependiendo de lo que queramos contar.


Ejemplo de lo que es una hora en una clase de muermología...


La misma clase de muermología, la misma duración, pero con Maripili en el pupitre de al lado y con la profe Maripuri. Os digo yo que para el chico de la derecha esa hora pasa más deprisa...

Y bueno, creo que con esto queda dicha la mayor parte. Para terminar, quiero recalcar las palabras de mi antiguo coordinador de doctorado (ya mencionado alguna vez en este blog) acerca de lo que es escribir; él se refería para escribir referencias bibliográficas y artículos, pero se aplica a todo lo que acabo de contaros: Escribir es reescribir.

Pasad de tonterías de "esto es inmejorable", o de "es que quiero tenerlo listo antes de tal fecha". La escritura se toma su tiempo; en realidad, vosotros no contáis la historia, sino que es la historia la que os cuenta a vosotros, la que os elige para que seáis los narradores. Yo la veo como un cuadro: cada cierto tiempo vamos añadiendo capas, nuevas tonalidades y matices y colores nuevos.
Inspiraos leyendo cosas que os llamen, o bien cosas que creáis que pueden aportar algo a lo que queráis contar: podéis absorber el lenguaje de Oscar Wilde para algún personaje, la mala leche de Jack Ketchum si os van las emociones fuertes, el dramatismo de Shakespeare o el desparpajo de Terry Pratchett. Sed miméticos. Arriesgaos a todo. Cread y destruid. Alan Moore decía que no estaba satisfecho hasta que había destruido a un personaje por completo y lo había recreado. No le faltaba razón: debéis ser vuestros críticos más feroces y ser unos verdaderos bastardos con vosotros mismos cuando reviséis lo que escribís. No caigáis en la autoindulgencia. Nada de "es que mejor no lo puedo hacer". Siempre hay algo que podéis mejorar, que podéis pulir. Tan sólo daos el tiempo suficiente.


Ya sabéis: ¡Hay que partirse la cabeza!

Para terminar, quiero reiterarme en que estas guías que os dejo por aquí EN NINGÚN CASO son algo inamovible que jamás se pueda desafiar. Sólo son las que a mí me están sirviendo en la actualidad; aquellos que ya habéis escrito y publicado podéis estar de acuerdo conmigo tan sólo en alguna cosa, o bien en ninguna, y no por ello tendréis menos razón (puede que incluso más, lo digo en serio). Otros que estéis empezando a escribir y le echéis un vistazo a este post puede que lo veáis muy claro, o muy confuso. Puede que os venga bien todo esto o que no os sirva para mucho. Tan sólo os dejo claro que hay tantos métodos como personas.
Espero que, de todo este rollo macabeo que os he soltado, al menos alguna cosita os haya servido para algo... ¡Aunque sea para pensar que podéis mejorar este sistema! En caso de que sea así, ¡no seáis bordes y contadme qué podéis mejorar, que me interesa!

4 comentarios:

Alejandro Castroguer dijo...

Para mí es fundamental tener el guión de la novela al completo, con fechas y flashback localizados a la hora de no perderse en el laberinto de capítulos.

Para crear personajes hay mil y un sistemas (Javi apunta el de Salvador Navarro). Escribir es difícil. A veces pensamos que con juntar letras ya basta.

Un consejo que suelo dar, si es que vale como tal, es pensar en que el lector es tan inteligente como nosotros. Nunca menos.

Muy buena entrada, Javi.

Rumbo a la Distopía dijo...

Gracias por el feedback! A ver qué piensa el resto de escritores taggeados en este post...

La verdad es que un debate así puede resulta muy interesante para sacar nuevas ideas en común!

Vanessa Benítez Jaime dijo...

Muy bueno, me servirá de ayuda para escribir.

Yo soy un poco desordenada en esto de intentar escribir, a veces empiezo por una idea, otras por un personaje, que desarollo poco a poco y otras sólo con el título.

Ahora (a veces)intento utilizar el metodo de Castroguer, y me hago un guión de la novela, muy explicativo. Aunque hay otras ocasiones en que me pongo a escribir a lo bruto sin un plan fijado.

Gracias por etiquetarme en este articulo. Un saludo. :)

Rumbo a la Distopía dijo...

Jajajaja si quieres CAOS algún día tendrías que ver mis anotaciones en papel: entre las flechas, las frases sueltas, las exclamaciones, los subrayados, los dibujos y los esquemas de llaves, eso no hay un Dios que lo entienda...

Pero en realidad "EL método" no existe: la cuestión es dar con el tuyo propio y, dentro de tu propia desorganización, ser capaz de encontrarlo todo y de poder ordenarlo para que el humanoide de a pie lo entienda. Todo lo demás es entrar en el dogma y no es así como funciona esto...