Vas a una Feria del Libro, te metes en cualquier librería donde el material básico sean best-sellers, y ahí lo tienes: libro sí y libro también que trata sobre el temita de marras. Te vas al cine a ver una peli hecha en nuestro país y, oye, la mitad de lo que sale en pantalla, o bien las películas que pegan el pelotazo con yo no sé cuántos premios de crítica y esas cosas, igual.
Todo el mundo dándole vueltas a la puta Guerra Civil, como si no nos hubiéramos enterado de que hubo una que puso España patas arriba.
Pero el hecho de que se hable del tema no es lo malo, ni mucho menos. Es un episodio de nuestra historia y, de entre los más recientes, quizás sea el más importante. Lo que me cabrea es el hecho de que algo tan bestia y destructivo se haya convertido en un fenómeno de masas, como si el hecho de leer salvajadas (reales o ficticias, pero plausibles en un contexto similar) nos gustase. Como si eso alimentase el morbo.
Muchos ven el que probablemente sea uno de los capítulos más vergonzosos de la Historia Española como algo romántico: para unos, la caida de la República fue la solución (más o menos justificada, más o menos comprensible) a años de corrupción política; otros, en cambio, piensan que la rebelión contra el autoritarismo que empezaba a despuntar en nuestro país era una defensa en pos de las libertades.
Os voy a decir qué pienso yo: la guerra es una mierda.
Me hace muchísima gracia cuando veo chavales de veinte años que hablan del tema con una facilidad pasmosa, viviéndolo con fervor. Sintiéndose parte (a estas alturas de la película) como integrantes de un bando u otro. Tomándose como algo estrictamente personal lo que hicieron antepasados suyos a los que ni siquiera conocieron. La mayoría ni siquiera saben qué hicieron sus bisabuelos exactamente durante el conflicto; no tienen ni idea de si ese hombre (o mujer) mató inocentes. No saben si violó a alguien, si saqueó un pueblo. Si le voló la cabeza a un crío de ocho años a punta de pistola en la tapia de un cementerio. Esos episodios jamás trascienden de una generación a otra. Son secretos que se van a la tumba.
Lo poco que yo sé de la Guerra es lo que contaron mis abuelos. Vivieron el conflicto cuando eran niños y no recordaban demasiado, aunque sus hermanos mayores sí que estuvieron en el frente. No, no me preguntéis en qué bando. Nunca lo he sabido, ni me he molestado en preguntarlo. No me ha interesado nunca saberlo. ¿Por qué? Porque una guerra es algo que atañe a la gente de la generación que vive en ella: lo que hicieran los hermanos mayores de mis abuelos, o puede que sus padres incluso, es algo que les pertenece a ellos y a la gente que vivió en esa época. Yo apenas les conocí. Por muy familia mía que fuesen, no me siento con las fuerzas para apoyar a alguien de quien no sé apenas nada. Y por mucho que me contasen, si esos familiares míos hubiesen cometido algún crimen de guerra, sería imposible que esa noticia me hubiese llegado a los oidos. No son cosas para irlas aireando.
Niños jugando a fusilamientos durante la Guerra. Señal de que las cosas iban rematadamente mal. Hoy en día también tenemos niños que juegan a fusilarse unos a otros, sólo que dialécticamente.
Por eso me resulta todo esto tan irónico. Todos hablamos de nuestros antepasados como héroes, sean del bando que sean. Pero, al mismo tiempo, sabemos que en la Guerra Civil se cometieron atrocidades que todavía hoy hacen que se nos caiga la cara de vergüenza. Es muy inocente pensar que los nuestros eran bellísimas personas y los otros eran los malos. Es ingenuo ir por ahí diciendo que a no sé quién lo mataron en el frente, sin pensar en cuántos pudo matar él antes. No, eso no es hablar de la Guerra Civil. Es hablar de La Guerra de las Galaxias.
Y hasta los soldados imperiales eran personas de carne y hueso con sus necesidades...
Algo tan salvaje no puede ser en la vida romántico, por mucho que se quiera revestir de ideales. Cuando tienes a tu hermano o tu vecino al otro lado de tu trinchera y tus superiores te obligan a dispararle no hay ideales que valgan. Ni siquiera los ideales eran verdaderos ideales: salvando los fanáticos (que había como en cualquier otra guerra) la mitad de los soldados eran chavales reclutados en sus pueblos por los distintos bandos. Estaban tan tranquilos una mañana sembrando patatas y al día siguiente eran Azules o Rojos. Obligados a matar. Nada puede justificar esas burradas.
Y es que la guerra (ya no la Civil Española, sino cualquiera) es la clase de sucesos que sacan lo peor de cada uno: en la guerra mueren civiles, se violan mujeres; se tortura a gente. Se mata a hombres desarmados. Se saquean pueblos. Se queman casas con la gente dentro. Se mata a otros porque, supuestamente, no piensan como tú. Se denuncia a gente que a uno le cae mal para que los soldados le "den un paseo" y se lo carguen. Los soldados son lanzados a morir en misiones suicidas; en el mejor de los casos, mueren. En el peor de los casos, sobreviven recordando esas atrocidades todos los días de su vida, cuando no mutilados o directamente locos. Es la clase de sitios donde te despiertan en mitad de la noche para que corras a refugiarte, que hay un bombardeo. Te escondes debajo de la cama y te echas a rezar porque las bombas no alcancen tu casa. Esperas no perder a tu familia, ni tu hogar. Donde puedes pasar de vivir de un modo más o menos estable a estar en la puta calle.
Eso es una guerra y no la mierda que nos venden de los buenos contra los malos. Ni siquiera el exilio, tan puesto de moda en las biografías de artistas y poetas, como si eso fuese un orgullo, era algo agradable: ¿A quién le hace gracia que le recuerden por haberse tenido que ir de su país por miedo? ¿Qué orgullo hay en tener que abandonar tu hogar?
Por eso me sigo preguntando por qué hay gente que se comporta como si todo eso hubiese sido algo glorioso. Por qué hay gente que parece querer que sigamos en guerra.
Johnny cogió su fusil. Una peli para que los más belicosos os vayáis enterando de lo que es ir a la guerra. Si os gusta Metallica, la cancion One es una referencia directa a esta historia.
La Guerra sigue ahí. No, no la hemos superado. Seguimos siendo Dos Españas. Rojos contra Fachas, palabras que deberían haberse borrado de nuestros diccionarios hace siglos, siguen vigentes. Quizás con otro disfraz (a los rojos los llaman progres, y a los fachas, directamente de todo), pero el odio sigue ahí. Diréis: "es que es nuestra historia, es que son nuestros abuelos". Sí. No lo niego. Pero entonces explicadme por qué la juventud de Alemania, que ha tenido durante años el estigma de los Nazis (algo a nivel mundial mucho más deleznable que nuestra Guerra, quizás por la repercusión mediática) no se siente en absoluto responsable de lo que hicieron sus antepasados. Lo que hacemos, si os fijáis, es tan ridículo como empezar a pensar lo que hicieron, no ya nuestros abuelos, sino nuestros ancestros en la Guerra de Independencia, las Guerras Carlistas o en las mismas Cruzadas. ¿De verdad queréis seguir anclandoos en el pasado?
Alguien dijo una vez que conocer la Historia es el mejor modo de no repetirla. Y es verdad, hasta cierto punto. Ahora hay más información que nunca sobre la Guerra Civil Española, pero se usa como propaganda política: gracias a las Dos Españas de entonces, tenemos el bipartidismo político que tenemos. La gente se obceca en una facción concreta, gobiernen bien o mal, porque piensan que le deben algo a sus padres o abuelos. "Porque es tradición". Porque si hiciesen lo contrario, traicionarían un legado.
Simbología de las Dos Españas. Cuadro de Goya, que vivió antes de la Guerra Civil, pero sabía de qué iba el rollo...
Despertad.
¿Qué creéis que dirían nuestros antepasados? ¿Qué diría mi abuelo, o los hermanos de mi abuelo, ante la escalada de odio entre las mismas facciones? Yo no sé los vuestros, pero si los míos hubiesen sido personas en su sano juicio, habrían dicho: "¿Es que no habéis aprendido nada? No hagáis los gilipollas y no os metáis en esta mierda". Y si no lo hubiesen dicho, sinceramente, me importa un bledo su legado.
Llamadlo ignorancia, si quereis. Puedo aceptarlo. Prefiero aceptar ser un ignorante que no quiere regodearse en detalles de lo sangrienta que fue la vida de la gente que nos precedió. No quiero recrearme en las miserias de mi país, ni pensar en la cantidad de cosas que AMBOS bandos hicieron. Sí, digo ambos, leed por ahí. No hubo víctimas ni verdugos. Ni buenos ni malos. Ni héroes ni villanos. Cuando UNO SÓLO de los supuestos héroes (da igual la facción) llega y viola a una mujer, mata a soldados que se han rendido, saquea un pueblo o protagoniza una masacre, me importa una mierda el bando al que pertenezcan. Se han manchado las manos de sangre. Se han meado sobre los supuestos ideales que representan y hacen que siga sintiendo asco de lo cerda que puede ser la especie humana.
Si os gusta Black Sabbath, la canción War Pigs es precisamente un alegato en contra de esto. Podéis encontrarla en el disco Paranoid, que tiene otras canciones sobre la militarización y la guerra como Iron Man, Electric Funeral o Hand of Doom.
Pero son cosas que se hicieron en el pasado. Son cosas que ahí se quedaron. Por duro que suene, lo hecho hecho está y cabrearnos más o menos no va a cambiar absolutamente nada a estas alturas de la película. Lo importante es no repetirlas. Para ello, tenemos que aprender a pasar página y no cometer los mismos errores que la gente que vivió en los años 30. Pasar ya de gilipollces como "es que este tío es facha", "es que este tío va de progre". Hay ideas buenas y malas en todas partes. Hoy en día, como en aquella época, no hay víctimas ni verdugos. Todos, absolutamente todos, somos responsables de esto. Podemos unirnos y hacer algo grande o podemos estar todo el puto día divididos, cabreados, que es lo que conviene a los de arriba. Podemos seguir en guerra unos contra otros, si os da la gana.
Pero luego no tengáis la cara dura de quejaros.






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