martes, 28 de diciembre de 2010

Mesa de Autopsias- NeverWhere, de Neil Gaiman y otras versiones


Hace algunos años, alguien me habló de esta novela. Como ya sabéis, soy fan de Neil Gaiman, a quien alabaré siempre por su espectacular trabajo en The Sandman. Ésta de la que os hablo es su primera novela en solitario, tras haber escrito la genial Buenos Presagios junto a otro grande de la fantasía moderna que es Terry Pratchett. Al igual que a este hombre, me encantan los temas de la mitología y los mundos paralelos (algunos que hayáis tenido la desgracia de leer mis escritos de ficción lo habréis sufrido ya en vuestras carnes), así que cuando leo que trata sobre un Londres de Abajo, puertas que se abren y que llevan a fantásticos y misteriosos lugares, entenderéis que me faltó tiempo para comprármela. Lo que llamamos amor a primera vista. No obstante, como siempre, seré lo más objetivo en mi análisis, como siempre. No os dejéis influenciar por este breve prólogo que os hago, por lo que más queráis.

La historia trata sobre Richard Mayhew, un joven escocés con una vida muy normalita, que trabaja en una oficina y que tiene una novia ligeramente castrante, la cual le trata como si fuera una mierdecilla que le da pena. Una noche, yendo a una cena de trabajo de ésta, encuentra a una muchacha herida en plena calle y decide ayudarla, como buen samaritano. Esta chica resulta provenir del ya mencionado Londres de Abajo y lo que el pobre Richard hace no es sino desencadenar una serie de acontecimientos que hacen que su vida caiga literalmente por las grietas del mundo: su vida deja de existir para los demás y se verá obligado a bajar a ese lugar desconocido para intentar recuperarla.

Neverwhere está basada en una serie que el propio Gaiman escribió para la BBC. Ésta constaba de poco más de media docena de capítulos y demostraba una terrible falta de presupuesto. ¿La hace esto mala? En absoluto, si le echamos un poco de imaginación. La dirección, pese a no ser gran cosa, dejaba ver un elenco de actores bien escogidos (véase el caso de la magnética Laura Fraser, a la que vería posteriormente en la adaptación de Julie Taymor de Titus de William Shakespeare, alabada por unos y denostada por otros). No conocía al resto de actores, pero hacen un trabajo interpretativo más que notable, dejando muy claras las motivaciones y miedos de todos y cada uno de los personajes. Quizás el fallo más grande que podía encontrarse (si perdonáis la precariedad de los efectos visuales) podría ser que en conjunto se quedaba muy corta: ese Londres de Abajo que nos mostraba parecía dar mucho más de sí que en apenas siete capítulos. Supongo que Gaiman debió pensar lo mismo.


Nos vamos a la novela. Respeta fielmente lo que vimos ya en la serie, pero la amplía de manera que el Londres de Abajo ahora sí parece tener la profundidad que el autor estaba buscando: se nos muestra como un lugar complejo, dividido y sobre todo muy, muy peligroso. Aparecen subtramas menores, (véase el caso de las Siete Hermanas) y se potencian las ya existentes (aquí las Terciopelo aparecen como personajes más desarrollados, a diferencia de las simples secundarias de aspecto siniestro, como veíamos en la serie). La descripción de los personajes oscila entre lo normalito (la descripción del propio Richard, por ejemplo) hasta cosas mucho más elaboradas como la de Cazadora o Puerta.

El ritmo narrativo no deja mucha tregua. En Neverwhere no dejan de suceder cosas, gracias a un narrador omnisciente que nos va informando de todos los pasos que se van dando en el Londres de Abajo. Cuando lo considera necesario, nos muestra a los terribles Sr. Croup y Sr. Vandemar; cuando no, deriva la atención sobre Richard, Puerta o el Marqués de Carabás. De este modo, todo va funcionando como un mosaico de piezas que encajan una sobre otras, pero sin estorbarse. Algo, si os fijáis, muy similar al funcionamiento de ese mundo extraño que se encuentra en el subsuelo de la capital del Reino Unido.

Otro gran punto a favor es el tratamiento del lenguaje. Al igual que el comportamiento de los personajes es muy diferente de unos a otros, su lenguaje también: incluso al haberla leido en español (la serie sí la vi en inglés), se nota enormemente esa diferencia de estilo. Encontramos por ejemplo el lenguaje tosco del Viejo Bailey, la ironía del Marqués, el discurso inconexo del Conde o la verborrea de Croup y Vandemar, sin que en caso alguno nos de la impresión de estar forzado. Creo que aquí se nota mucho la influencia que el teatro ha tenido sobre Neil Gaiman. Mientras escribo estas líneas, me entero de que hay por ahí un montaje teatral basado en la novela. No puedo decir que me extrañe...

Los personajes son en su mayoría creibles. El autor nos muestra protagonistas que, pese a no parecer del todo complejos (veo el caso claro de Puerta), resultan ser creíbles y coherentes, mostrando fortalezas y debilidades que sirven como apoyo. Me gusta ilustrar esto con el caso del Marqués, al que Richard define como "cabrón loco": es quizás el personaje mejor desarrollado de toda la novela, pese a que no sabemos absolutamente nada de su trasfondo (bueno, esto sucede con la mayoría de los personajes, de los que no se nos revela mucho o casi nada de su historia hasta la llegada del protagonista), pero que se muestra como un interesado más bien amoral, pero que no falla a su palabra. En cierto modo, me recordaba ligeramente a un John Constantine con bastante sentido del humor.

El estilo es otro punto fuerte de la novela. Gaiman describe este extraño mundo y a sus pobladores hasta la saciedad, sin que por ello resulte pesado; las descripciones de personajes, lugares y acciones son frescas y cargadas de humor, lo que puede hacer que os recuerde un poco a Terry Pratchett. Me encanta particularmente una referente a una secundaria llamada Anestesia:

"La chica delgada estaba engulléndose uno de los plátanos de Richard de un modo que a él le pareció la exhibición menos erótica de comer plátanos que había visto jamás".

Eso sí, si este tipo de humor no os hace demasiada gracia, puede que el estilo deje de ser un punto fuerte para vosotros y se convierta en un punto débil. Avisados quedáis de ello.
Aparte, creo que es debido a la traducción (la línea Brainstorming de Norma no destaca por tener grandes revisores que las revisen, como se vería más adelante en American Gods, también de Gaiman, repleta de fallos de traducción por todas partes), pero la sintaxis y las repeticiones de algunas palabras en los mismos párrafos son constantes, lo que puede hacer que un lector medianamente experimentado tenga la impresión de que esté leyendo una obra primeriza. Esto no os lo puedo confirmar del todo hasta que me lea la novela en inglés, un siglo de éstos.

Entre otros puntos débiles, me gustaría destacar el papel de Richard Mayhew. Muchos lo han comparado un poco al papel que desempeña el protagonista de La Guía del Autostopista Galáctico. Es más o menos eso, en el sentido de que tenemos un personaje que ve como su vida se va al traste y de buenas a primeras tiene que hacer frente a cosas que ni siquiera era capaz de imaginar que existían. Pero quizás el problema de Richard es que su evolución es escasita. El personaje, cargado de miedos, puede tener sentido en el momento en el que cae al Londres de Abajo, pero algunos de sus comportamientos rozan lo infantil. Esto hace bastante difícil de creer que alguien así sobreviva tanto tiempo en un lugar tan peligroso. Si el personaje os cae bien de entrada, podréis soportarlo e incluso tal vez os parezca divertido (esa parece la intención de Gaiman, más allá incluso de intentar mostrarnos un mundo así desde una óptica urbanita); si no, más vale que le cojáis cariño a los secundarios. Suerte que éstos salen muchísimo.

Un consejo que os doy a la hora de leer esto: intentad buscaros un marcapáginas o una postalita con el metro de Londres y sus paradas. No es imprescindible, pero os puede ser de muchísima utilidad cuando estéis leyendo la novela, que va a tener el transporte suburbano como telón de fondo. De hecho, muchos personajes tienen nombres referentes a puntos clave de la ciudad: Islington, el Viejo Bailey, las Siete Hermanas (una de ellas llamada Serpentine) o Martillador (Hammersmith) y os resultará algo entrañable si, a diferencia de mí, habéis tenido la suerte de estar en el Londres de Arriba. También hay otros lugares referentes a eso que tienen que ver: el Mercado Flotante, con sede en Harrods y entrada por Knightsbridge, la inexistente parada del Museo Británico y demás os harán sentiros que estáis allí, os lo digo en serio.

En cuanto a la versión del cómic de Mike Carey y Glenn Fabry, poco más hay que decir: respeta enormemente tanto la novela como la serie original y resume la trama para que no sea del todo denso. Desaparecen Lamia y las Terciopelo y algunos detalles menores, para centrarnos más en la línea argumental principal.
El dibujo de Glenn Fabry, ya conocido por haber pintado las geniales portadas de Predicador, Hellblazer y otras series del sello Vértigo, está a la altura con un trazo limpio y expresivo. Quizás falla un poco a la hora de retratar a ciertos personajes, que no queda muy claro de dónde ha tomado la inspiración para plasmarlos. Es el caso de Anestesia que aparece dibujada con la piel AZUL (no sé por qué) o el Marqués de Carabás cuya piel es NEGRA. No de origen africano como en la serie o como se daba a entender en la novela, sino como un manchurrón de tinta con ojos y sin rasgos visibles. Puerta tiene un aspecto algo más estrafalario que en la serie, a la que han dibujado con la piel blanca y una cerradura pintada sobre el ojo. Cazadora sí convence un poco más, salvando el detalle de la máscara que le han puesto, que limita un poco la belleza de la que habla el narrador cada vez que se refiere a ella. Islington es quizas uno de los que se lleva la peor parte junto con el Marqués, porque me recuerda más a Lord Fanny de Los Invisibles de Grant Morrison (o sea, un travestido) que a un ángel. Croup y Vandemar se alejan tanto de la versión de la BBC que cuesta imaginarlos, aunque es cierto que no se alejan mucho de la descripción de la novela. Eso sí, a Vandemar le quitaba yo las patillas, que recuerda a un Elvis con esteroides (libertad creativa de Fabry; en la novela lleva el pelo cortado al cero). Quizás el más parecido es Richard, que recuerda enormemente al actor de la serie.

Aquí, los personajes de Puerta, Cazadora y Richard Mayhew en la serie.


En esta página, los tres personajes, tal y como los ve Glenn Fabry. La cosa con peluca que veis a la derecha es lo que os decía del Marqués de Carabás.

Por supuesto, no digo que la versión de Carey sea mala; hay que verla como una adaptación, y como tal, se ha hecho desde el total respeto, resumiendo (o eliminando) lo que no es trascendental y en absoluto contradiciendo lo que se cuenta en la historia original. Algunas escenas son más espectaculares que en ambas versiones (cosa que pide el formato del cómic) y en general, resulta agradable a la vista y a la lectura.

Interpretación y valoración general: Como siempre, el apartado más complicado a la hora de hacer un análisis. Si tengo que darle una interpretación a lo que quiere decir la obra, podría decir que habla acerca del poder de las ciudades. Tanto el Londres de Arriba como el de Abajo tienen una personalidad propia y no dejan de prestarse cosas los unos a los otros; al mismo tiempo, esta personalidad se hace patente en los personajes, creando culturas tan diametralmente opuestas que resulta inconcebible ver juntos ambos mundos. Y sin embargo, la novela, a mi juicio, trata precisamente sobre eso (entre muchas otras cosas): véase como el padre de Puerta intenta unir las baronías y feudos del submundo para, algún día, poder mostrarse al Londres que hay arriba. Es un cambio drástico, una revolución que no todo el mundo ve con buenos ojos (de hecho, casi nadie): la unión entre elementos diferentes, por mucho que nos la quieran vender como algo factible, es complicada en la práctica. Es lo que le sucede a Richard Mayhew, que está obligado a vivir en el Londres de Abajo y viene tan influenciado por el de Arriba que la adaptación le resulta prácticamente imposible.



La novela habla también sobre venganza, a muy distintos niveles, que no comentaré aquí para no desvelar toda la trama. Sólo basta decir que se convierten en un motor de la acción, que no es más que una simple excusa para mostrarnos un mundo complejo y lleno de matices.
Por supuesto, como en toda novela de Gaiman, encontramos ocultas una infinidad de referencias literarias a Jane Austen (Puerta tiene la costumbre de leer Mansfield Park), la poesía de John Keats (Lamia, en su poema del mismo nombre, era descrita como una especie de vampiro) y, cómo no, William Shakespeare, uno de mis autores favoritos (un caso muy concreto es la descripción de Pórtico, el padre de puerta, cuyo busto de piedra le asemeja a "César -Julio César- en el papel de Próspero -La Tempestad-)
Otro elemento común en la literatura de Gaiman es la constante alusión a ángeles (ya aparecían en The Sandman), mitos como el de la Atlántida (Los Libros de la Magia), leyendas antiguas y otras de creación propia (en Neverwhere, se hace referencia a los gigantes Gog y Magog, o al monstruo que vive entre la línea amarilla del metro y el andén, lo que convierte el mito, de paso, en un chiste para todos aquellos que hayan cogido el metro de Londres).
Desde mi punto de vista, esta ópera prima es un cuento siniestro: todo un ejercicio de imaginación que, si bien no nos cuenta El Sentido de la Vida ni mucho menos, nos hace pasar ratos verdaderamente agradables y nos presenta a una fauna local inconfundible. Si tengo algo que comentar al respecto de todo esto, es que Gaiman ha perdido algo de frescura en sus últimas obras, que en algunos casos se parecen más a muchas otras cosas (me refiero al caso concreto de El Libro del Cementerio que, si bien está entretenido, no resulta ni tan original ni tan impactante como esta novela que estoy analizando). Espero que algún día revise este Neverwhere y nos vuelva a dar historias tan oscuras como encantadoras.

Y esto es todo cuanto tengo que decir sobre una de mis historias favoritas. Espero haber sido lo bastante minucioso y objetivo como lo soy siempre que pongo algo bajo el microscopio de mi Mesa de Autopsias. Si no, tendréis que perdonarme. Me lo pasé demasiado bien leyendo esta novela (y ya van tres veces).

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