viernes, 4 de diciembre de 2015

Escupiendo Rabia- El Cuñadismo Ilustrado, o Militancia cansina



Pues no, queridos Distópicos: a lo que se ve, ya no somos París, y ya parece que nos hemos olvidado del niño Sirio que murió en el mar. Ya ni siquiera nos acordamos del Ébola, plaga con la que parecía que íbamos a morir todos sin remisión, ni nos ponemos lápices rotos en nuestros perfiles para luchar en pos de la libertad de expresión. En cuestión de una o dos semanas, nos quitamos la causa que toca defender, como el que se quita un abrigo y, sin orden de transición (que es lo verdaderamente fuerte del tema), nos vamos a otra cosa. Mañana, o tal vez la semana que viene, pues los Dioses Antiguos o Nuevos dirán.

A lo largo de estas semanas tras la tragedia de París (el resto de tragedias en el resto del mundo, por algún motivo, parecen haber importado de "poco" a "puta mierda" a muchos de esos que se daban golpes de pecho para demostrar lo afligidos que estaban), nos hemos encontrado muestras de odio supino a cosas tan banales como el Black Friday y, cómo no, a la Navidad. Está de moda putear el consumismo y cualquier cosa que venga de allende los mares, sin pensar que lo hacemos desde nuestros móviles última generación, nuestros ordenadores chupis o mientras vemos una serie americana o calzamos ropa Reebok o vete a saber qué marca. Porque en esta vida hay que ser coherente, señores.


Y tener al menos una razón para odiar.


Llegamos al tema de moda que está eclipsando a ese odio anticonsumista que manifiestan todos los Marxistas de sofá, que es, por supuesto, el de las elecciones. Por si no hemos tenido acceso a noticias de ningún tipo, resulta que las próximas presidenciales caerán el 20 de diciembre. Eso se traduce en que, tal y como pasase en las últimas elecciones, el personal ya empieza a bombardear las redes sociales con noticias dispuestas a "concienciar" e "informar" a la sociedad en vistas a los comicios.
Quizás os preguntéis por qué entrecomillo ambas palabras. En caso de que lo estéis haciendo, no tengo problema en responderos:
Lo entrecomillo porque no me creo una puta mierda pinchada en un palo.

No hay más que ver el plan de las supuestas noticias que nos vamos encontrando, día sí y día también: noticias que tienen, nos pongamos lo bien puestos que queramos, un tufillo que rezuma un propagandismo, como poco, descarado. Una forma velada de ir por ahí presumiendo de ideología, como si lo que fuera a votar uno fuese fiable al cien por cien y, lo de los demás, pues una puta mierda, una opción errónea o una gilipollez, dependiendo de lo beligerante que sea el articulista. En caso alguno vamos a encontrarnos con una forma objetiva (a veces, ni siquiera respetuosa) de ir enfocando las cosas. Nos pongamos como nos pongamos, todo esto rezuma unas ganas de condicionar el voto del prójimo que a mí por lo menos me hacen pensar muy seriamente acerca de qué cojones nos hemos creído que es la democracia.


"La democracia es eso que mola para hacer que la gente me dé la razón. Si no me la dan, no creen en la democracia y ya puedo bombardearlos".
Pos algo así, por lo visto.


Y es que no deja de ser dolorosamente gracioso: últimamente han proliferado muchos chistes sobre el arquetipo de los cuñados, que encuentro bastante graciosos, pese a que no tengo ningún cuñado que responda al perfil de listillo/enterado que sabe de todo y que te da a entender, de forma más o menos descarada, que no tienes ni puta idea de nada en la vida y que su mierda no huele porque es mejor que la de cualquier ser humano. Sin embargo,entiendo el tópico, y me río... pues como me río del tópico de la suegra (bueno, alguna suegra subnormal sí que he tenido, de modo que hasta me siento identificado con ese) o de cualquier otro. La cuestión es que ese tópico del cuñado nos demuestra que es relativamente común encontrarnos en nuestro entorno a algún listillo que nos viene dando lecciones sobre... bueno, sobre cualquier cosa; intentando condicionar nuestro criterio, si no imponernos el suyo de forma abierta y descarada. Personajes que parten de la base de que lo que le gusta a ellos es lo mejor y que todo lo que no entre en ese Reino Utópico es básicamente mierda pestosa. Conocemos gente así y, por lo general, nos dan cien patadas en los higadillos.

Pero llegamos al terreno de la política, amigos Distópicos, y aquí parece ser que no hay normas. De buenas a primeras, todo el mundo sabe de política, todo el mundo entiende de economía, pensiones, bienestar social y hasta de cómo hacer una vichisoisse sin que te salgan grumos. Todos, absolutamente todos los cuñados surgen hasta de debajo de las piedras para convencerte (no de forma directa, pero sí usando otros procedimientos) de que votes a SU formación, que es la que va a salvar a este país de tontos del culo sin memoria. Son esos que te llegan compartiendo noticias de su formación, con datos de todos colores (o mejor dicho, de uno solo: el de SU formación), "demostrando" que todo irá mejor con X partido en el gobierno. Partiendo de un principio de fe que ríete tú de un coro de Testigos de Jehová tocando a tu puerta.


De tres en tres. A lidiar con ellos.


Justo como esos Testigos, tenemos gente que predica esa buena nueva, contando las hazañas de lo que se puede encontrar en el programa electoral de SU partido, con una total confianza de que lo van a cumplir a rajatabla sin salirse ni un ápice. Como poniendo la mano en el fuego por aquellos a los que van a votar, sin un resquicio de la más mínima duda; dando por hecho de que SU formación lo va a hacer todo de puta madre, sin cometer errores. Ellos lo han visto ya clarito y tú, que te limitas a manifestar tu derecho constitucional a no declarar tu ideología en público, o que igual no lo ves tan claro, eres gilipollas perdido por no verlo.
Luego tenemos el caso contrario, que son aquellos que hacen la política que hemos heredado de nuestros políticos de la etapa más reciente de nuestro país, basada principalmente en putear al contrario en lugar de defender la propia ideología. Son aquellos que se pasan todo el santo día bombardeando redes sociales con noticias, en teoría, orientadas a informar, pero que rezuman más o menos una idea que se resume con esta frase: "¿Lo ves? Cualquier cosa que votes (salvando MI partido) es un error. Una puta mierda. Como no votes a los míos nos esperan cuatro años de oscuridad, miseria y tiranía".


"¡A la mierda! ¡Nos iremos todos a la mismísima mierda!"


Es en esto último donde reside la quintaesencia del cuñadismo de estos supermilitantes: en esa especie de idea que consiste en dar por sentado que SU partido es tan moralmente superior a cualquier otro, o que tiene un programa tan genial, que se pueden ir permitiendo el lujo de decirles a los demás a quién no tienen que votar, y dejando caer a quién sí, por si cuela y ganan algún voto más para "los suyos". Algo que, si me pongo a pensarlo, me resulta muy discutible desde el punto de vista democrático. Porque a ver, es democrático que uno manifieste su expresión con total libertad siempre y cuando no ataque o insulte a nadie, y en eso estamos de acuerdo; lo que no me lo parece tanto es ir, por muy sutilmente que se quiera hacer, con la expresa intención de meterse en lo que va a votar o dejar de votar el prójimo. Si pienso que la democracia (al menos, tal y como yo la concibo, que me puedo equivocar) tiene algo es que cada uno tiene su derecho a votar a quien le salga de los putos cojones sin tener que dar explicaciones a nadie. Es por eso que me sorprende ver tanta gente dándose golpes de pecho sobre lo demócratas que son y, al mismo tiempo, formar parte de grupos de opinión con nombres tan tolerantes como "¿Votaste a tal partido? Pues vete a la mierda". Porque claro, en este país, vamos con la memoria justa y parece que solo vemos la mierda del partido más reciente, sin pensar que cualquier formación política, a estas alturas de la vida, se ha visto salpicada por la corrupción, ha cometido errores de cualquier tipo, o simplemente ha hecho cosas que no tienen por qué convencer a todo el mundo. Si no aceptamos ese principio, es harto difícil que podamos considerarnos demócratas.


"Yo soy tolerante y demócrata, pero pa los que no votan a los mismos que yo... ESTO PA ELLOS Y PA SU PUTA MADRE"


La parte absurda de todo esto es cuando te das cuenta de que, en un entorno como es una red social o incluso nuestro círculo de amigos, lo más probable (que no seguro) es que la gente que nos rodea sea medianamente afín a nosotros en ideología; por tanto, ir a convencer a quien ya está convencido, si lo pensamos, es algo que resulta ridículo. Es algo así como predicar a un converso y lo que genera es un debate en el que la pluralidad de opiniones (al menos, en líneas generales) es tirando a reducida.
Pero pongamos el caso contrario: pongamos que tenemos a uno de esos supermilitantes que empieza a plantar noticias de una marcada ideología X sobre un público meta de ideología Y. La pregunta es: ¿qué coño se quiere conseguir con esto? ¿Que el público meta cambie de opinión? ¿Bajo qué pretexto? ¿Que la ideología X es, de forma definitiva e incontestable, superior? ¿Cómo lo sabe el seguidor de X, si no es por medio de la fe? ¿Qué le garantiza a dicho seguidor que tal partido que defiende no la va a cagar cualquier día de estos, o que se la meta doblada a la nación en el momento en que sean investidos?
Desde mi punto de vista, la respuesta a esta última pregunta es NADA. Por lo que a mí respecta, cuando voto a tal o cual partido (insisto en no manifestar públicamente mi ideología: me atengo a mi derecho constitucional y, en segundo lugar, no es asunto vuestro), siempre lo hago con el maleficio de la duda, desde el más total de los escepticismos. Soy de la filosofía de esperar lo mejor, pero prepararme siempre para lo peor, por lo que me vais a disculpar, pero no me siento nunca tan optimista como vosotros cuando deposito mi papeleta con el voto. Porque llevo muchos años viviendo en este país y todavía nadie me ha dado duros a cuatro pesetas. Promesas, muchas... pero ya está. Por eso me resulta tan chocante ese idealismo 2.0 que estoy viendo a cada día que pasa. Me cuesta comprender esa fe ciega y esa ilusión que tanta gente está depositando en tal o cual formación política. Como si un partido, de la ideología que fuera, no estuviera conformado por humanos, falibles y corruptibles como cualquier hijo de vecino. Como si ni siquiera se concibiera la idea de que el partido al que vamos a votar pueda equivocarse o, peor aún, metérnosla doblada.


"El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra".
Esto lo llega a decir Yisas en España hoy en día y le hubiera llovido una tormenta de pedradas que no hubiera hecho falta ni crucificarlo.


Ese optimismo que estoy viendo a cada día que pasa parece transformarse en una especie de superioridad ideológica que permite a estos supermilitantes dar lecciones a los demás, algo así como esos profetas en los mercados, diciéndonos que vendrá un futuro mejor si elegimos la opción correcta y no las demás. Esto además se mezcla con esa necesidad que hay hoy en día de proclamar a los cuatro vientos la pertenencia a tal o cual colectivo, a tal o cual grupo. Porque como digo siempre, no parece bastar con formar parte de algo: hay que demostrarlo las putas veinticuatro horas del día; hay que ser más militante que los demás. Hay que hacer más ruido y cagarse más fuerte en los muertos del contrario. En eso parece haberse convertido nuestra sociedad.

Y al final, la cosa es siempre la misma: en este país al menos (aunque no niego que pase en otras partes), aquí lo que se lleva es la bipolaridad. O eres de A o eres de B, y si no das la razon a A en todo como a los tontos, eres de B, y por tanto lo fans de A tendrán derecho a cagarse en tu puta madre. Aquí realmente no se sigue tal o cual idea con el sentido común necesario. Me duele admitirlo, pero la impresión que tengo es que el españolete medio no vota con conciencia de estado; no vota porque crea que su voto es algo que debe hacerse con responsabilidad y con la intención de querer lo mejor para el país. Aquí, en muchos casos, se vota para joder al gobierno regente, o bien porque uno cojea de tal pie a causa de haberlo mamado en casa y eso de escuchar lo que pueda decir otra formación es algo así como una blasfemia.
Asumámoslo: en este país la política es como ser seguidor de un equipo de fútbol. Los votamos lo hagan como lo hagan, porque son "los nuestros".


Aunque esto no hemos llegado a verlo en las urnas.


Yo al menos tenía ya asumido este último punto, por lo que nunca tuve mucha esperanza en que este país votase jamás a un candidato digno; todo lo más, que se le depusiera en el momento en que la hubiera cagado MUCHO y se votase al que estuviera en la oposición por dar por culo, aunque no tuviera programa electoral o aunque dijera soberanas gilipolleces en un debate (esto ha pasado ya, y diría que varias veces, con partidos distintos). Lo que me parece fuerte es que, si no teníamos ya bastante con la propaganda que usan unos y otros para intentar vendernos la moto, ahora el ciudadano de a pie se suma a la movida y él también se dedica al bombardeo propagandístico. Irónico, considerando que hasta no hace demasiado la visión de los políticos era la de "Todos son unos mentirosos y ninguno vale para nada" (visión, como quien dice, muy genial a la hora de querer irse para la urna electoral y depositar su voto. Siempre he dicho que los extremos son malos); pues bien, ahora el ciudadano se posiciona y, no contento con ello, se dedica a hacerle el trabajo sucio a los partidos, publicitando su propaganda de forma gratuita. ¿Para qué necesitan ahora los partidos carísimas campañas publicitarias, cuando unos cuantos periódicos o blogs de ideología afín pueden ir largando noticias parciales y animar al ciudadano a compartirlas?


"Nunca es demasiada poca publicidad".
Pues también es verdad.


Es aquí cuando llegamos al clásico "Cuñado vs. Cuñado", donde los cuñados de una y otra ideología acaban enfrentándose a la hora de compartir noticias de una y otra vertiente política, tan sesgadas y tan subjetivas (cuando no abiertamente falsas) que no hay huevos de ver un punto común. Es aquí entonces, cuando ese debate árido que llevamos siglos viendo en el Congreso, donde unos y otros se echan mierda mutuamente, llega al ciudadano. Esto ya venía pasando de antes, con la novedad de que ahora la gente considera estar más informada de todo (porque claro, TODO lo que se lee en Internet es verdad) y van con esa especie de Verdad Absoluta como si fuera la puta Excalibur. Como si los demás, con el mismo acceso a la información, fueran unos ignorantes de la vida que no tienen ni puta idea de nada. Porque el voto de uno es como los pedos: jamás huele a mierda, pero los de los demás son como una puta cloaca.


Nunca confíes en un pedo al cien por cien.
Cuando menos te lo esperes, te traicionará y se volverá contra ti.


Por lo que a mí respecta, este flujo de noticias (cuya veracidad o imparcialidad pondré siempre en tela de juicio, porque no me fío de nada ni de nadie cuyo mensaje de fondo sea "Vota a tal" o "No votes a cual") tiene sobre mí el mismo efecto que cuando me ponen fotos de animales torturados para concienciarme de lo mala que es la gente con los animales: me causa un tremendo rechazo (con el tema de la tortura animal, lo tengo claro: no necesito que me pongan a un perro descuartizado para que sepa que eso está mal. Si apoyo la lucha contra el maltrato animal es porque sé que está mal, y no porque nadie me tenga que concienciar a base de ponerme imágenes que me revuelven las tripas), y me hace sentir que se me trata con condescendencia, o como si fuera directamente gilipollas. Yo parto de un principio muy sencillo, y es que tengo mis ideas lo bastante claras... o lo mismo no, y voy probando a revisarlas de vez en cuando. La cuestión es que no necesito (es más, no creo que nadie lo necesite realmente) que venga nadie, como si fuera un tutorial o un libro de instrucciones a decirme, aconsejarme, sugerirme o a pedirme que vote a tal o cual partido. Mucho menos si ese partido es al que va a votar dicha persona, por lo que su criterio, de entrada, ya me resulta sesgado. Si quiero informarme acerca de a quién necesito votar lo puedo hacer yo solito, gracias. Todavía puedo elegir por mí mismo; puedo equivocarme en mi elección o no, pero soy consciente de esa posibilidad. Prefiero considerarla, a ir por la vida creyéndome que mi formación política es más guai que la de los demás, e ir repartiendo lecciones como si fueran Lacasitos. Creyéndome que el partido al que voy a votar es tan superior que puedo permitirme ningunear al que van a votar los demás. Libre de mácula, infalible y fiable al cien por cien. Lo siento, pero no creo mi ideología tan superior como para llegar a ese punto. Por eso jamás me veréis decirle a nadie a quién debe o no debe votar. Jamás me veréis disfrutar de la victoria de una formación política como si el éxito fuera mío, o reírme de aquellos que han votado a una que no me convence. Jamás me veréis diciendo imbecilidades tales como "Disfrutad lo votado" cuando el partido regente la caga, porque soy consciente de que ese partido a lo mejor podría ser al que hubiese votado yo.


"¡Hemos ganaaaaooo, oeoeoe!"


La cuestión de todo esto es que no tengo ni puta idea de a dónde va a parar toda esa gente que ejerce la militancia cansina. A decir verdad, tampoco es que me importe. Francamente, me importa un huevo a quién vote el prójimo. No es asunto mío, como no es asunto mío ni su orientación sexual, a qué dioses reza o cuál es su superhéroe favorito. No lo voy preguntando y, cuando alguien me lo pregunta a mí, lo primero que tiendo a pensar es qué coño le importa a quien me lo pregunta. Bastante tengo con vivir mi vida, plantearme lo que hacer con ella y tomar decisiones (entre ellas, el voto) lo más correctas posibles.
Lo único que puedo decir es que si pretendéis convencerme de lo superior que es vuestra ideología, lo más bonito que os puede pasar es que os diga que me paso vuestra opinión por mi metafórico coño y que os vayáis a pastar de una puta vez. Y si os jode que os suelte esto, pues no vengáis a dar por culo, hostia ya.

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