A lo largo de los últimos años, he visto cómo ha surgido una raza de puristas acerca de las adaptaciones de cómics al cine, quejándose de cosas tales como que la pinta de un personaje en tal o cual película no es exactamente igual a la que tiene en el cómic. Otros han venido con movidas del tipo que es que lo que se cuenta en la adaptación no se cuenta del mismo modo, escena por escena, a como se cuenta en la historia original. A menudo esta óptica suele ser más idealista que lógica y no suelen pararse a pensar que ciertas estéticas no sobreviven del todo bien al paso a la pantalla y que, al verlas en animación real, resulta, como poco, ridículo.
Podría decirse que Yatterman es la prueba de esto.
Una prueba tan dura como eso que hacía Kung-Fu de levantar un caldero al rojo vivo con los antebrazos y darse un paseo con él.
El anime original. Aquí no se aprecia el postureo que se marcan en la peli a la hora de subirse al perro.
No he visto la serie de animación original de los años setenta, ni el remake posterior que se ha hecho, pero sí ilustra un poco lo que quiero decir sin mucha necesidad de hacerlo: que si te pasas de literal adaptando la estética, te sale una especie de cuchillada visual que va directa a tus córneas y te deja, como poco, bastante comatoso durante el tiempo que dura la peli. Insisto: solo necesitas cinco minutos de peli para darte cuenta de que es un anime adaptado de forma tan literal que te das cuenta de que no puede ser otra cosa, sin haber visto dicho anime. La estética, los tópicos e incluso los efectos de sonido, todo te da la impresión de haberlo visto en miles de series de animación japo.
¿Cómo llega a mis manos semejante cosa? Echadle la culpa a Katniss Everdeen.
"¿A míii?"
Sí, Katniss, asúmelo. De no ser por ti, no habríamos acabado viendo esto.
Sí, queridos Distópicos, como lo oís. La buena de Katniss tiene la culpa. La cosa empezó con el estreno de Sinsajo: Parte Dos, para lo que unos cuantos amigos decidimos hacer un maratón con las pelis anteriores, para ver la saga de un tirón. Quedamos un sábado y empezamos a ver las tres pelis estrenadas hasta la fecha, pero nos dieron las diez y pico. Tras unas ocho horas o así de ver flechazos y perros mutantes, o escuchar silbidos o cañonazos, necesitamos un respiro. Es entonces cuando me dice uno de mis amigos, cuya identidad mantendré en el anonimato, lo siguiente:
—Tengo en Netflix una peli con la que vas a flipar.
Le pregunto de qué va y me dice que, a grandes rasgos, es tan absurda que la han quitado a los diez minutos de ponerla. La vuelve a poner y, por arte de magia, lambrusco o empanada casera, nos enganchamos a ver eso. Tengo que decir que la aseveración de mi amigo no solo no me defraudó, sino que se quedó muy corta. La peli es para flipar desde el minuto uno por lo absurda que es, pero no se queda en eso: cuando crees que no puede ser más descabellada, te demuestra lo mucho, mucho que te equivocas. Más a cuadros me quedo cuando me dice que esta peli la firma Takashi Miike, conocido por pelis tan dispares como Oodishon, Ichi the Killer o Visitor Q, peli que cualquier día de estos podría aparecer en esta sección.
Recuerdo que, hace algunos años, algún iluminado de página web se refirió a él como "ese enfermo director japonés", con el típico tonillo de friki-que-lo-flipa diciendo "tío, tío, tío, cómo mola cuanta sangre y tanto japonés berreando de dolor". Fue empezar a ver la peli y acordarme de aquel ser y preguntarme qué coño habrá sido de su vida después de haber visto lo que ha hecho ahora Takashi.
Takashi petándolo.
Empecemos a contar un poco de qué va esto: Yatterman empieza en plan peli porno, directa a la cara, sin prólogos ni preámbulos. Nos mete en medio de una batalla en una ciudad arrasada por dos mechas (traduzco: robotajo gigante con armas que rompe cosas) que se están dando de leches. Uno, el de los villanos, con forma de cocinero japonés, que usa armas tales como sartenes, cuchillos y tenedores, y pilotado por un equipo de tres personas: dos cretinos vestidos respectivamente de cerdo y de rata, y liderados por una tipa con peluca rubia, corsé de cuero (quizás lo más llamativo de la peli) y una máscara con cuernos al más puro estilo Mazinger Z; el otro, un perro mecánico gigante de color rojo. Los pilotos, los "héroes" (luego entenderéis por qué lo entrecomillo) de la historia, el dueto conocido como Yatterman. Se trata de dos chavales con antifaz y armas brillantes que hacen posturitas al aire mientras berrean su nombre a los cuatro vientos ("Número 1" y "Número 2"). Pelea chachi, con posturitas de todos colores, berridos de estos de los que te recuerdan a un tenedor pasando por un plato y robots dándose de leches. Termina la batalla, tras haber visto tocadas de tetas accidentales, patadas voladoras, frotamientos de postes de acero sobre la vagina de muchachas preadolescentes (no es coña), tenedores gigantes y toda clase de ataques de colorines que atentan contra la retina del espectador más duro, y surge de entre las ruinas una tipa con una cosa que parece una tapa de váter brillante.
Yatterman-1 con su arma: el típico juguete este que tiene una pelota con una cuerda y tienes que ensartarlo con un palo.
Esa tapa de váter no es otra cosa que un fragmento de una calavera mágica, y la chica resulta ser la hija de un arqueólogo japonés que tuvo la mala suerte de encontrarse con el dios de los Ladrones, una cosa envuelta en vendas y con una gigantesca cabeza en forma de calavera que, nada más encontrarse con él, le pone el culo en la cara y lo absorbe dentro de su ano.
Sí, amigos Distópicos: el dios de los Ladrones se mete al arqueólogo japonés por el culo, y de paso se queda con otro cacho de calavera que ha encontrado en la excavación.
Aparece una sutil explicación que nos va contando de qué va esto. Aquí se nos cuenta que la calavera vale para... bueno, para algo. La verdad es que, pasados los primeros quince minutos de película yo estaba tan en shock que ciertos detalles se me escaparon. Me dio la impresión de que la calavera en sí era como una especie de Bola de Dragón, que te cumplía los deseos que tuvieses, pero puedo equivocarme; mi mente era incapaz de retener tanto estímulo. De lo que sí me enteré con seguridad es de que había varios cachos de calavera mágica sueltos por ahí y que le tocaba a los malosos (sí, a los tres capullos arriba citados) ir por ahí a recuperarlos. Éstos, que parece que no tienen mucho más que hacer con sus vidas, obedecen y van creando mechas para tener un buen argumento con el que llevar a cabo sus operaciones. Para financiar sus espléndidos ataques, se dedican a ir estafando a la gente por ahí, pidiendo cien mil yenes por cualquier estupidez, desde un traje de novia hasta unos platos de sushi que cambian de color, y hasta tienen algún que otro número musical alabando lo buenos que son como genios criminales, hasta chasqueando los dedos y todo. Lo que podría llamarse un grupo de emprendedores con visión.
No es un cosplay.
De esta guisa iba la villana de la peli.
Aparte de emprendedores, estos tíos son creativos como ellos solos y se montan unos robots que flipas; uno de ellos, por ejemplo, inspirado en la líder, y con el sutil nombre de Virgin Roader que, para entendernos, es una especie de muñeca robot de diez metros con tetas ametralladora y misiles pezones.
No me lo estoy inventando.
Os lo juro.
Total, que se produce el consabido enfrentamiento con los Yatterman que, por algún motivo que nadie ha explicado, se dedican a enfrentarse al mal, usando cacharros de una fábrica de juguetes bajo la cual tienen su base de operaciones. El dueño, padre del chico del grupo, está de viaje y hasta aquí, la historia.
Nueva pelea a hostia limpia, donde vemos que el perro-robot es buenísimo llevándose guantazos de todos colores, pero lo que es atacar o dar hostias, pues poquito. Si hasta el momento ya hemos visto que la historia es absurda, es a partir de aquí cuando vemos que la cosa se pone caliente. En una movida de estas en las que el perro ejerce del sparring más inútil del universo, Yatterman Número Uno le da un hueso, que al parecer es una especie de batería que recarga su sistema interno y le permite crear mini-mechas. Una vez esa fábrica se activa, el perro abre la boca y salen unos graciosos perritos robots que anuncian lo que va a pasar: una marabunta de hormigas mecánicas cubre a la robot pechugona, pero la cosa no acaba aquí, ni mucho menos. El perro-robot se va para ella y decide sacrificarse por el grupo, en una escena que no parece muy apta para chavales (o no para chavales occidentales, al menos), porque da la impresión, sin dejar mucho lugar a cualquier interpretación alternativa de que se está jincando a la robot, para ambos explotar en una especie de orgasmo robótico atómico.
Os juro que esto tampoco me lo estoy inventando.
¡Misiles pezones!
La cosa avanza y los chavales vuelven a casa con lo que queda del perro inútil, mientras los malos son castigados por el dios de los Ladrones, que para mí que debe vivir en un mundo utópico, porque si no tiene otra cosa a la que echar mano para que le saquen las castañas del fuego, mal vamos. A partir de aquí, lo que es la estructura de la peli se vuelve más simple que el mecanismo de un chupete y ya consiste en ir buscando cachos de calavera y enfrentamiento de mechas. Encontramos escenas igualmente absurdas, con alguna especie de beso entre héroe y villana totalmente accidental, pero que provoca unas comidas de cabeza tan descabelladas como todo lo que hemos venido viendo hasta ahora. A partir de aquí, surgen los triángulos amorosos por todas partes: por un lado, el triángulo amoroso entre la hija del arqueólogo-Yatterman-Uno-Yaterman-Dos. Por otro, la villana-Yatterman-Uno-uno de sus secuaces. Ninguno de estos triángulos amorosos rezuma el menor sentido o se sale del topicazo, dada la situación, así que tampoco es para darle muchas mas vueltas al tema.
La hija del arqueólogo con su cara estándar a lo largo de toda la peli.
El siguiente mecha que usan los malos es un calamar volador, que se tendrá que enfrentar contra el nuevo perro, convenientemente tuneado y convertido en una cosa que vuela y transporta a los héroes a la batalla (esta vez tienen el puto detalle de meterse en el interior del robot, y no atravesar el puto globo terráqueo enganchados al fuselaje y manteniendo la misma posturita durante horas). Una vez más, el perro de los cojones resulta ser más inutil que ponerle pezones a una armadura y el calamar le da de hostias. Los chavales, para variar, resultan también apaleados por sus enemigos, pese a que la villana se encuentra en un absurdo dilema moral y acusa a Yatterman-Uno de haberle robado su corazón. Porque por lo visto eso es robar a una ladrona y es imperdonable.
En lo que es la pelea, encontramos que Yatterman-Uno se las apaña para darle otro puto hueso al perro, que esta vez saca unos graciosos peces voladores, con la misma parafernalia. Se enfrenta a otros peces generados por el calamar, pero estos últimos han evolucionado como si fueran putos Pokémons y se han vuelto incontrolables, aporreando no solo al perro sino al propio calamar. El calamar se lleva su ración de hostias, el perro se lleva su ración de hostias, y llega un punto en que no te enteras de una mierda de lo que estás viendo, pero te lo pasas en grande viendo mongoladas.
El perro robot inútil.
Llegamos más o menos al final de esta obra maestra: a partir de este punto, os aviso de que hay SPOILERS, así que si queréis ver esto con vuestros propios ojos, no sigáis leyendo. Si os da igual, adelante, que vais a flipar.
Estamos en los Jalpes, ¿vale? (no lo escrito mal, lo llaman así) Una cordillera montañosa con montañas muy altas. Lo típico. Aquí es donde está teniendo lugar el enfrentamiento final y, una vez se ha conseguido poner en jaque a los malos, se invoca al megamalo. Los héroes, a estas alturas y tras haber apaleado a no sé cuántos robots, han conseguido todos los cachos de calavera, salvo el del dios de los Ladrones. Este hace acto de presencia y le pregunta a los héroes si quieren verle la cara. Lo normal en estos casos. Ellos dicen que sí, y resulta ser, ¡oh, sorpresa!, el arqueólogo japonés, padre de la chica que se ha pasado toda la puta película al lado de los héroes poniendo cara de circunstancias. Por algún motivo que tampoco queda claro, el megamalo empieza a darle de hostias a la chavala. Los "héroes" (y explico aquí mi entrecomillado), tienen la opción de intervenir, o no.
La respuesta es no.
"Yooo... soy tu paaadreee..."
Ejem. Pasemos a otra cosa.
Cuando Yatterman-Dos pregunta a Yatterman-Uno por qué no mueven un dedo, él responde que eso es algo que tiene que resolver la chica con su padre. De modo que ahí se quedan, mirando cómo éste le da de hostias hasta dejarla tirada en el suelo. En un momento dado, y para rizar el rizo, la tapa craneal del malo se abre cual compuerta y ahí encontramos al pobre arqueólogo, con cara de estreñido. Un tironazo de dientes, tras la clásica escena de "Recuerda quién eres" y el arqueólogo sale de la cabeza del megamalo, que ha confesado no ser un verdadero dios. ¿Quién es? Pues ni puta idea. Lo único que sabemos es que se convierte en una cosa más fea aún, que se va a tomar por culo en una especie de portal dimensional que ha abierto la calavera.
Tras esto, los malos se retiran. Los buenos pues como que se ponen a pensar que allí no pintan una mierda. Se van a la cima de la montaña y se despiden del arqueólogo y su hija, a los cuales abandonan a su suerte para que bajen solo con una puta cuerda (la cual únicamente la lleva él, la chica bajando a pata y cabeza abajo), mientras ellos bailan una coreografía y se van en el mega-perro-robot.
Los villanos, tras la movida, se replantean su vida y se ponen a pasear por una carretera que parece llevarlos a todos al mismo sitio. La villana se ha quitado la máscara y empieza a pensar que lo mismo puede llevar la vida de una ama de casa, tener hijos y todas esas cosas que parecen convertir a una señora japonesa en una criatura medio respetable.
Lo cachondo es que, al igual que está haciendo Marvel... HAY ESCENA POST-CRÉDITOS, donde se nos cuenta que los malosos volverán a las andadas, y que el equipo Yatterman contará ahora con un pelícano robot.
¿A que no podéis esperar a que la estrenen?
Sí, estos tres han prometido volver.
Una vez concluido tan excelso argumento, pasemos a valorar esto:
Como ya he dicho, la estética demuestra que hay cosas que es mejor dejarlas al apartado de la animación. Ya lo vimos en las pelis de Astérix y lo vemos aquí: si quieres que tus retinas no exploten, pues déjalo estar. Ahora bien, ¿estamos ante una puta mierda infumable? Esa es una buena pregunta. Si nos ponemos en plan buscar un argumento sesudo, o queremos ver una película que tenga el más mínimo sentido, pues en ese caso diría que me parece la puta mierda más grande que he visto en muchísimo tiempo. La cuestión es que la peli ni siquiera parece tomarse en serio a sí misma, lo que la convierte en algo mucho más honesto que muchas películas que han pretendido ser serias y se han quedado en una completa estupidez.
No me atrevo a decir que sea una película para niños, por otra parte... el contenido de ciertos chistes, por ejemplo, me lleva a pensar lo contrario. Sin embargo, me cuesta pensar en adultos en sus cabales haciendo cola para ver esto. Digamos que es una cosa que todavía no he terminado de pillar.
Parece que lo de palpar tetas también pasaba en el anime...
Por lo que a mí respecta, es mala de cojones, pero cumple el cometido de llevar el absurdo a cotas literalmente acojonantes y, hay que reconocerlo, te lo pasas de puta madre viendo chorradas durante las casi dos horas (¡dos!) que dura esto. La clásica peli mala (a sabiendas de que es mala) para ver con unos colegas, con una botella (o más de una) de lambrusco y no parar de flipar con la cantidad de chorradas que se le ha podido ocurrir a alguien a la hora de rodar una peli. Hay que destacar que, otra cosa no, pero imaginación le han echado a la hora de exponer el apartado visual (diría que esto es más mérito del guionista de la serie original que de Miike, pero él ha debido poner de su parte también a la hora de rodar esto), sin mencionar la cara dura de coger y decir "Voy a sacar una peli de esto" sin siquiera sonrojarse cuando uno va y lleva el proyecto a la productora.
Y hasta aquí, la revisión de otra de esas pelis que te vas encontrando a lo largo de tu vida y que te dejan con cara de "Pero qué coño he hecho estas últimas dos horas".













No hay comentarios:
Publicar un comentario