sábado, 14 de noviembre de 2015

Escupiendo Rabia- Chapofilia, simbolofilia, o lo que sea: no creo en ella



De esto que sales una tarde de currar, y reaparece una amiga a la que hace un siglo que no ves; te dice de quedar para tomar algo, y se suman un par de amigos más. Una tarde de viernes en la que echas un buen rato, te pones al día con algunos buenos amigos y, como suele pasar, acabas entrando en un interesante debate con los que van quedando hasta última hora. Lo típico, empiezas hablando sobre pelis y series, pasas por hacer una crítica acerca de cómo va la educación en este país y acabas haciendo una disección sobre cómo está de crispado el personal ante cualquier tontería. Llegas a casa y, no llegas ni a entrar por la puerta, cuando te escriben diciéndote que se ha vuelto a liar en París. A tomar por culo la noche de viernes, no solo por el hecho de que un grupo de asesinos la haya vuelto a emprender con civiles sin más motivo que el causar miedo y vengarse de cosas que están en manos de gobernantes, lo cual ya es grave de cojones; el hecho de tener familia viviendo por esos lares hace que se te hiele la sangre y te pongas como un loco a buscar noticias acerca de qué coño ha pasado, dónde ha pasado y, muy importante, qué hostias ha pasado exactamente. Por suerte (para uno, no para aquellos que han caído bajo las armas de estos seres), la cosa queda en un susto. Un susto que no te quita nadie, pero casi que tienes que dar gracias a cualquier deidad que se encuentre de guardia a estas horas para agradecer que se haya quedado en eso.

Llegas al día siguiente y te das cuenta de que el mundo, en esencia, no se ha detenido: sigue siendo el mismo, con sus más y sus menos. Mensajes de condolencia, condenas a burradas de este calibre y gente, como vosotros y como yo, que sigue sin explicarse este tipo de cosas. En el otro lado de la balanza, los de siempre, berreando y culpabilizando a quien menos se lo merece; otros aprovechan la ocasión para lanzar sus mensajes de odio, tan sofisticados y sutiles como aquellos a los que critican, pues al igual que éstos, también piden la muerte de aquellos a los que odian. Muerte, sin cortapisas. Nada de juicios, nada de valoraciones acerca de la verdadera culpabilidad de un colectivo racial o religioso, nada de dispensas. Gente que dice alabar la democracia y pide el genocidio sistemático de una raza entera. Argumentos que a mí me vienen sonando ya, por parte de otros más alejados en el tiempo y sobre otros colectivos. Etapas distintas de la historia, pero un mensaje muy similar, como si aquí nadie hubiera aprendido nada. Por suerte, a estos apenas los he catado esta vez; casi mejor, porque imagino que entenderéis que mi filtro de mandar gente (o gentuza) a tomar por culo hoy anda bajo cero. Si por lo general me cuesta aceptar los argumentos de cualquier talibán, ya sea de esta índole o de la que sea, hoy no me apetece tener que escuchar cómo un grupo de energúmenos se mea en su derecho a la libertad de expresión para emitir muestras de odio, violencia verbal o simplemente hablar de auténticas gilipolleces solo porque se cree que tiene derecho a hacerlo.


"¡OS ODIO, ASÍ OS MURÁIS TODOS HIJOS DE LA GRAN PUTA, ME CAGO EN VUESTROS MUERTOS!"
"Pero tío, ¿a ti qué coño te pasa?"
"Me expreso. HIJO DE PUTA".


Existe un tercer grupo, que es al que jamás entenderé: son los chapófilos, o simbolófilos, o como se les quiera llamar. Yo mismo no he terminado de inventarme un término para ellos. A esos los vemos cada dos por tres: son esos que, haciendo gala de una especie de conciencia social exacerbada, aprovechan la más mínima para sumarse a un hashtag que empiece por "todos somos no sé qué", cambiarse la foto de perfil con el símbolo que toque (hoy han sido crespones negros sobre la bandera de Francia, como lo fueron los lápices rotos cuando lo de Charlie Hebdo, como pueden ser lazos de tropecientos millones de colores, dependiendo de Día Internacional que haya que defender).
Ante este punto, podemos decir que son muestras de solidaridad. Sea. Podemos decir que así la gente manifiesta su repulsa ante algo que consideran que debe ser erradicado. Muy bien. Podemos incluso decir que es una forma de decir que tal o cual víctima de lo que sea no se siente sola.
Podemos decir muchas cosas.
Y quizás ese ese el problema, que decimos muchas, muchas cosas al cabo del día, o bien al cabo del año; lo malo es que, de todo lo que decimos, muy pocas se traducen en hechos.


Igual yo soy un tío raro, pero tiendo a pensar que al mundo, con suerte, le importan nuestros hechos, no nuestras opiniones.


Ante este punto, quiero dejar muy claro que no me voy a poner en plan "soy más víctima que nadie". Como he dicho arriba, yo tengo suerte de que la cosa se haya quedado en un susto, de modo que no me siento identificado con eso de "víctima", ni de lejos. Solo soy una persona que ha pasado una noche complicada y a la que este hecho le ha tocado, por cuestiones lógicas, más de cerca que a mucha gente a su alrededor. Mañana podéis ser vosotros, o el señor que está leyendo en el bus, o bien la señora que se os ha colado en la frutería. De esto, o de algo mucho peor, no se libra nadie.
Es quizás por eso por lo que me gusta apelar al sentido común en estos casos: esta mañana en las redes sociales he visto mucho símbolo, mucha foto de perfil cambiada; mucho hashtag y mucha consigna de ese mundo virtual que creamos día a día. Me gustaría, pues, que nos paremos a analizar esto: como comentaba un amigo hace escasos minutos, él perdió a un ser querido en el atentado de Atocha, hace ya unos años. Esas muestras, esos lazos, esas consignas no se lo van a devolver, del mismo modo que las que estoy viendo a mí no me quitan el susto. Seamos honestos, no solo no lo hacen, sino que en realidad no están sirviendo absolutamente para nada. Los gobiernos no están cambiando sus políticas, y los asesinos no están dejando de matar porque lo hagáis. Ni siquiera los que sentimos que estas cosas nos están pillando de cerca sentimos que esto nos sirva a nosotros para nada. Entiendo vuestra buena intención, y vuestras ganas de ser solidarios, pero quiero que entendáis que a mí estas cosas no me valen para nada. Me vale lo que han hecho otras personas, que ha sido preguntarme, llamarme o simplemente preocupándose por mí o por cualquiera que se haya visto en una situación similar o (los dioses no lo quieran) más crítica. Sin lazos, ni chapas ni hostias.


Lo mismo esto que voy a decir os sienta como una patada en la boca del estómago, pero peor me sientan algunas actitudes, lo siento:
Eso de ir poniéndose chapas de cara a la galería, para que todos los demás vean nuestra implicación en algo (y nada más) en mi tierra es postureo. Es la clásica actitud de sumarse a lo que empieza a parecer una moda por querer quedar bien; por ser uno más de los que encienden la velita, se hacen el selfie o lo que sea que se supone que tengan que hacer para decir que son parte de la campaña, independientemente de que esa campaña les importe realmente o no.
Al día siguiente, o a los tres días, nos olvidamos por completo y nos dedicamos a cualquier otra cosa, incluso la contraria a lo que defendíamos. Pero es que eso fue ayer, y ya no está de moda.
Pero en fin, cada uno que haga lo que le dé la gana; otra cosa es que según qué actitudes nos parezcan bien a los demás...


Sí, puede que os suene duro lo que estoy diciendo. Lo entiendo e incluso respeto que os indigne; el entendimiento y el respeto, sin embargo, deben ir también en ambas direcciones: a mí también me indigna ver cómo el mundo está cambiando hacia un lugar mucho más oscuro y que lo único que sea capaz de hacer el personal sea cambiarse la foto de perfil... porque al día siguiente se olviden y se estén poniendo otra diferente. O bien la mantengan, pero hablen de combatir el extremismo usando posturas beligerantes, extremismas y radicales como las de aquellos a los que critican. Igual no matando, pero sí deseando la muerte de aquellos a los que consideran enemigos. Sí aplaudiendo a los que lo hacen. Sí alegrándose de las muertes de inocentes más allá de la frontera, y metiendo en el mismo saco a toda víctima, inocente o culpable, civil o militar. Pidiendo venganza en lugar de justicia, y luego autoproclamándose como "civilizados".

Más allá de debates de ese tipo, mi preocupación se centra en el uso de la simbología en sí. Si nos fijamos, hoy en día todo es simbología, todo es usar consignas, lemas o cualquier cosa que nos identifique como parte de una ideología: podemos llamarlo "causa", podemos llamarlo "reivindicación" o, como en este caso, "solidaridad". Esa es un poco la parte que puedo entender, que estas cosas se hagan por un buen motivo; lo que me preocupa es que a veces parece primar la forma sobre el fondo. Una y mil veces he hablado de aquellos que abrazan una causa, se ponen una chapa, entonan un lema como si fuera un mantra y no tienen ni la menor idea de lo que están defendiendo; bien no tienen la menor idea, bien directamente abrazan la idea contraria. No el día que corresponda, porque igual canta mucho, pero sí al día siguiente. Causas de quita y pon: hoy me solidarizo con las víctimas de un accidente, mañana lo hago con las de un asesinato múltiple. Pasado me cambio la chapa y apoyo la lucha contra el maltrato animal.


Hoy en día todo son lazos: sin ellos parece que no puedes defender una causa.
O parece que tienes que creer en el poder del lazo casi por cojones, como si causa y lazo fuesen elementos indisolubles.


Con esto quiero explicarme bien y no dar lugar a malinterpretaciones: no me parece mal que la gente apoye las causas. Todos los que tenemos un mínimo de conciencia lo hacemos. Lo que sí me lo parece es esa actitud que estoy viendo cada vez más, donde hay mucha gente que se está quedando en lo superficial de colgarse la chapa y poco más. En la hipocresía de importarle a uno una mierda lo que esté pasando y contentarse solo con lucir su lazo o entonar su lema de cara a la galería y ya está. Porque para muchos lo importante no parece ser defender tal cosa o manifestar su repulsa ante otra: lo importante es demostrarlo de cara a la galería, para que todo el mundo lo vea bien clarito. Es esa especie de cultura pop, donde en muchos casos eso de solidarizarse por algo está llegando a ser una moda más, igualmente pasajera e igualmente olvidada al cabo de poco tiempo. Como si a muchos de esos fanáticos de la solidaridad online lo único que les importase fuese subirse al carro de lo que hay que defender, apoyar la consigna que corresponda ese día, y el resto del año a pasársela por el ojo del culo. Y si acaso, cuando sea un aniversario, volver a ponérsela, no sea que los demás no lo vean lo bastante concienciado.
Postureo.
Muestra de pertenencia a un grupo.
A veces, eso del "Nosotros contra ellos".
Muchos de esos mismos que están poniéndose lazos contra la violencia de género mañana llamarán guarra a una chica por llevar escote. Muchos de los que se ponen el consabido lacito rosa contra el cáncer de mama serán capaces de votar, de aquí a un mes, a partidos que apoyan los recortes en sanidad. Y podemos seguir, ¿dónde está el sentido de la simbología, entonces? ¿Para qué ponerse la chapa si luego cada uno hace lo que le da la gana? ¿Para qué proclamar simpatías hacia algo en lo que ni siquiera se cree?


Lo veo un poco como esto: una señal que simboliza dirección, lo que así visto suena bien. El problema es que no tienes mucha idea del sitio al que te lleva, en el fondo.
Al final, tenemos eso, que se está llevando el defender o condenar según qué cosas, pero quedándose solo en el símbolo, en el gesto. En lo que se ve; sin embargo, no ves nada más allá.


Por último quiero dejar claro, e insistir mucho en ello que con este post no le digo a nadie ni lo que tiene ni lo que no tiene que hacer. Ya me ha quedado claro, una y mil veces, que al final el personal hace lo que le da la puta gana, y eso es impepinable, nos pongamos como nos pongamos. Si al prójimo le mola eso de la incoherencia, pues oye, cada uno que haga de su capa un sayo. Si a la gente lo único que le importa es aparentar, de ir por ahí dándose golpes de pecho, de ir manifestando su pertenencia a tal ideología (y nada más que eso), pues adelante. Si aquí muchos ni siquiera saben, o no les importa lo que están defendiendo, no creo que nadie sea quien para decirles que dejen de hacerlo. Tampoco creo que vayan a dejar esta moda de "chapitas para todo" porque nadie se lo diga, siendo honesto.
Otra cosa es un poco lo que estoy viendo de modo implícito, en multitud de ocasiones: que aquellos que tenemos más que claro que solo con una chapa no se arreglan las cosas no tenemos obligación alguna de aprobar estas actitudes de postureo y moda pasajera. Lo mismo que no podemos (ni debemos) decirle a la gente "quítate el lacito ese", no creo que esa gente pueda obligarnos a pensar que ese tipo de actitudes sean las correctas. Mucho menos aplaudirlas. No deja de ser curioso cuando, de un modo más o menos implícito también, empieza a notarse una especie de presión social acerca de esto, y quedas como un insolidario o como un intolerante si no cambias tu foto de perfil de tu red social favorita, o si no te pones un lazo, una chapa o no te haces un selfie con un cartel que entone el lema de moda.
Los símbolos pueden quedar bien a nivel simbólico, valga la redundancia... pero si detrás de esos símbolos no hay nada; si detrás de tanto color, tanto lema, tanto gesto y tanta proclama lo único que hay es la moda por formar parte de algo y no se traduce en una actividad real (y por actividad, me puedo referir simplemente a no compartir según qué ideas, que no todo tiene por qué hacerse a golpe de manifestación), esos símbolos quedan vacíos, sin contenido. Se quedan en un adorno muy bonito que habla mucho pero que no dice nada.
Y es precisamente esa clase de actitudes la que no entiendo. La que no comparto. La que ni siquiera apruebo. Lo siento, queridos amantes de los símbolos y de los lazos: no creo en ellos. Así no.

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