martes, 22 de diciembre de 2015

Escupiendo Rabia- ¿De verdad creéis en la democracia?




Hoy vamos a empezar con una reflexión políticamente incorrecta. Una declaración de intenciones, si queréis llamarlo así.
Veréis, yo no termino de creer en la democracia.
Vale, ¿habéis empezado a rasgaros las vestiduras y a berrear que apoyo los sistemas dictatoriales? ¿Habéis empezado ya a poner el grito en el cielo, y a apoyaros en vuestra clásica falacia de "Si no apoya a A, es que apoya a B, su total opuesto"? Venga, os dejo que berreéis lo que os dé la gana un ratito y ahora sigo.
¿Bien?
Planteaos esto: cuando uno va a un restaurante, espera que el camarero que le atienda sea el mejor de todo el establecimiento; del mismo modo que cuando uno va al médico, le gustaría ser examinado por alguien que esté tan preparado como el mejor. Pues si asumimos este principio, mi ideal de la política viene a ser tres cuartos de lo mismo.
Tiendo a pensar que, si tomamos este principio como cierto (en plan hipótesis, tampoco es que esté yo dando nada por sentado, ojo), la sociedad tendería a preferir un sistema oligárquico: consideramos que quien desempeñe una función o servicio hacia la comunidad debe partir de un nivel de preparación muy específico, o tener una meritología (que no meritocracia) que le respalde. Si no, pensemos en nuestra actitud un día que vayamos a operarnos y, por el motivo que sea, nos enteramos de que nuestro cirujano es lo más parecido a un carnicero y tiene récord de muertes en quirófano: pues eso, que no lo queremos ni en pintura y estamos como locos pidiendo que por favor nos pongan a alguien preparado.



Que sí, que Nick Riviera nos parece gracioso, pero no lo queremos operándonos ni en pintura.


Con el tema de la opinión, lo veo tres cuartos de lo mismo: ahora se ha puesto bastante de moda opinar absolutamente sobre todo, se haya estudiado el tema o no. Si me da la gana, yo puedo ponerme a hablar sobre ingeniería nuclear, medicina, educación, o (oh, sí) literatura sin haber estudiado ninguna de estas disciplinas. Que sí, que vale, que yo sí he estudiado literatura durante años; pues no os queráis imaginar la de gente que se ha leído unos cuantos libros, algún que otro manual de esos de "Pétalo en Twitter para vender tu libro como si fueran churros" y otro de esos de "Así se escribe bien, y si no, es que escribes mal" y ya ha venido  en plan académico, contándome verdaderas idioteces sobre lo que es la materia que yo llevo años estudiando. Extrapolad esto a vuestras carreras, vuestras profesiones o a cualquier área que hayáis trabajado de forma concienzuda y os daréis cuenta de lo terriblemente molesto que resulta que alguien venga a daros lecciones desde la más brutal ignorancia.
Pero tienen derecho a opinar, dicen.
Volvemos entonces a la cuestión de la oligarquía: existe el derecho a opinar, por supuesto, pero... ¿Es la opinión de alguien que no sabe de lo que está hablando igual de válida que la de alguien que sí? Podemos ponernos todo lo democráticos que queramos, pero para mí la respuesta es un rotundo no. Alguien que desconoce un asunto a la hora de hablar de él, jamás podrá tener una opinión con la misma validez que alguien que sí. Lamento decirlo, amigos Distópicos, pero en estos casos tenemos un ejemplo de que no, de que no todo el mundo es igual. No en este punto.


"Yo es que no entiendo de esto, pero es mi opinión".
Mantra moderno.
Pues vale.


Pasemos, pues, al tema de moda de esta última semana, que han sido las elecciones: sí, las elecciones. Las famosas elecciones. Esa rachita que me habéis dado, queridas almas de cántaro mías, dándome lecciones acerca de lo que está bien y lo que está mal. De cuál es la opción correcta y cuál el demonio encarnado. Muchos, muchos de vosotros, habéis intentado condicionarme, forzar mi voto en vuestro favor o simplemente persuadirme para que no vote a aquello que no os gusta. Habéis puesto vuestra opinión por encima de la mía, cuando yo ni siquiera he manifestado hacia dónde va a ir mi voto. Una vez más, habéis malinterpretado el derecho de la libertad de expresión (algo puramente democrático) con el derecho a vulnerar la opinión de los demás.
Como digo, no creo mucho en la democracia, ni siquiera en un sistema electoral basado simplemente en el número. No creo que la gente tenga más razón única y exclusivamente por ser mayoría; no creo que una persona que no tiene ni idea de lo que está votando tenga un voto con la misma validez que alguien que vota de forma concienciada. No me parece justo que se manipule a las masas desde la desinformación (sí, a la que muchos de vosotros habéis contribuido estos días, me temo) y que al final esto se convierta en un Club de la Lucha, donde los de una ideología se dan de hostias con los de la contraria... básicamente porque se supone que tienen que hacerlo.
No creo en la democracia tal y como está concebida, pero quiero que quede clara una cosa: es el sistema en que vivo y lo respeto. Creo que es mejor que muchos otros sistemas (por ejemplo, una dictadura; lo digo por si algún subnormal se piensa que por no parecerme el mejor sistema me voy a convertir en un fascista o algo así), pero me parece un sistema falible y mejorable.
Por el contrario, creo en el sistema oligárquico que he mencionado arriba, pero soy coherente: tampoco creo que, siendo como es el ser humano, fuera a funcionar a largo plazo. Al final todo sistema (formado por humanos falibles) acaba volviéndose falible y se corrompe a sí mismo.



Del mismo modo que tendemos a pensar que los mejores atletas son los que deberían ir a las Olimpiadas, tiendo a pensar que las mejores mentes son las que deberían gobernar un país.
Pero no nos confundamos: esto no es ninguna utopía; en ningún caso eso nos libraría de la corrupción, el enchufismo o el hijoputismo y, posiblemente, llegado el caso, estaríamos en las mismas (o peor) que hoy en día.
Pero, puestos a elegir si prefiero eso o un puñado de inútiles que encima sean corruptos, pues qué queréis que os diga...


La democracia también se corrompe a sí misma, ¿no lo habéis notado? En nuestro país, llevamos haciendo un mal uso de ella desde hace ya bastante. Para empezar, no hay más que ver esa actitud del humano de a pie, que se piensa que vivir en un sistema democrático es hacer lo que a uno le dé la puta gana porque tiene derecho. Pensar que vives en un sistema que te protege absolutamente de todo, pero al mismo tiempo ignorar que todos los derechos que ejerces debes hacerlos desde la responsabilidad. Que, como ciudadano, también tienes unos deberes.
Hemos tomado la mejor parte de la idea de la democracia y la hemos prostituido, vejado y tirado en una cuneta. Partiendo de ese principio, no hay más que ver cómo la hemos gastado cada vez que se ha hablado de política en este país. Incapaces de superar viejas rencillas (de la época de nuestros abuelos, por los clavos de Cristo), las hemos tomado como nuestras y nos hemos pasado por el forro eso de la pluralidad de opiniones o del derecho a que cada uno vote lo que le dé la puta gana, que para eso están las urnas. Yo soy de pensar que la gente que vota debería hacerlo de forma consciente y responsable, mirando con cierta cautela cuáles son las distintas alternativas de voto y dejarse de payasadas del tipo "Es que en mi casa se vota a esto", o "Ahora voto a estos para joder al gobierno"; pero como sé que la gente no es así y que la mitad de las veces ni siquiera tiene ni puta idea de lo que vota (esto lo he vivido en directo), pues oye, me jodo y me aguanto. Pienso que tenemos lo que nos merecemos y que, viendo el nivel de la educación en este país desde hace ya bastante, pues como que no damos para más.
No creo en el voto irresponsable, pero acepto que la gente lo haga; más que nada, porque está establecido en un sistema electoral que, como he comentado y que no me cansaré de insistir, respeto porque es el sistema en que vivo. Y porque, como persona escéptica, desconfío de que la opción en la que creo vaya a ser mejor. Simplemente lo creo, pero no necesito convencer a nadie, pues no me mueve una fe ciega ni esa seguridad tan firme que guía a unos cuantos iluminados que tengo que escuchar a diario.


Ahora todo el mundo parece profeta.
Y digo yo "Coño, qué suerte tenemos, que vivimos en una época en la que tienes un gurú en cada esquina para que te diga lo que tienes que pensar..."


Insisto: no creo mucho en la democracia. No como ese sistema infalible y utópico que la gente se cree que es. Pero, insisto también, creo que, de todos los sistemas políticos posibles, es de los menos malos. Prefiero que me gobierne un inútil que ha escalado el puesto dentro de su partido a base de comer congrios y lamer culos, a que me gobierne un hijo de puta que es igualmente inútil, pero al que se le ha puesto en sus santos cojones gobernarme, lo quiera el pueblo o no. De creer en algo, creería en un gobierno de gente preparada, que está donde está porque saben perfectamente lo que están haciendo, y tienen la conciencia suficiente para administrar el país de forma responsable. Con un sistema político así, tal vez no haría falta contar con que la gente fuese responsable a la hora de ejercer su voto, y ni siquiera haría falta plantearse eso de que haya que estudiar para poder votar. Si la gente fuese consciente de la responsabilidad que acarrea un voto, en lugar de pensar que está jugando un Madrid-Barcelona, tal vez las cosas fuesen diferentes.
La cuestión es que no cuento con ello. Me jodo y me aguanto, pues. Porque tampoco tiene por qué gustarme.


Pues no. No uta eto.


Si seguimos un poco ahondando en este tema, tampoco es que crea mucho en el bipartidismo. No le veo mucho sentido a que los mismos de siempre estén acomodados en sus puestos y se les eche solo cuando la han cagado MUCHO (y a veces, ni eso), para ser sustituidos por otros que, en definitiva, no es que supongan grandísimas diferencias. Soy más de creer en el pluralismo político (no lo veo del todo incompatible con que lo que gobierne sea una minoría altamente preparada) y en el derecho de cada uno a creer en la opción política que le salga de los cojones.
Subrayo esto porque esa actitud me ha venido matando estos días. Como he dicho, no creo en el bipartidismo. No estoy obligado a ello; pero, insisto una vez más, pienso que cada uno es libre de creer en ello si le da la gana. De ahí que haya visto burlas constantes a la democracia cuando en estas elecciones Marianete (bipartidista como él solo) haya vuelto a salir elegido. Las burlas hacia aquellos que los han votado han sido ATROCES, sobrepasando incluso el concepto de insulto. De subnormales para arriba los han puesto, lo que está precioso, cuando nos ponemos a pensar en lo demócratas que decimos ser todos.


"¿QUE HAS VOTADO A QUIÉN? ¡SUBNORMAL! ¡MONGOLO! ¡GILIPOLLAS! ¡HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA! ¡POR TU CULPA Y DE TODOS LOS TONTOS DEL CULO QUE PIENSAN COMO TÚ NOS VAMOS A LA RUINA! ¡A LA PUTA RUINA!"


Que a ver, caballero, ¿a usted no le convence el resultado? Pues está en su derecho a decirlo y manifestarlo. Usted se encuentra en su pleno derecho a decir que esta elección le parece poco adecuada; puede incluso verla errónea y hasta decir que no cree que tal candidato le parezca la mejor opción como presidente para los próximos cuatro años. Es una postura respetable, que puede compartirse o no, pero no deja de ser un punto de vista.
Lo que no es respetable ni es un simple punto de vista es eso de manifestar verdaderas mamarrachadas como "España está llena de subnormales que votan a los de siempre" o el consabido "Disfrutad lo votado" o las clásicas amenazas de exilio (sin cumplirse, por supuesto) solo porque uno no está contento con el resultado, con un discurso de lloriqueo que hace que cualquiera que lo escuche se piense que vive en una dictadura (una de verdad) en la que le fueran a pegar un tiro en la nuca solo por ser de una ideología diferente a la del gobierno. Ver como hay grupos del tipo "Yo no voté a no sé quién, pues vete a la mierda" o "Si votaste a no se cuántos te jodes", demuestra de todo menos una conciencia democrática. Demuestra una absoluta falta de respeto hacia el resultado de unas elecciones y hacia aquellos que, por el motivo que sea, han depositado su confianza en tal candidato. Es pasar del derecho de la libertad de expresión al insulto, a la pataleta porque no ha salido el resultado electoral que uno quería.


"¡NO HA SALIDO LO QUE YO QUERÍA! ¡SOIS TODOS IMBÉCILES!"


Puede que yo no crea demasiado en la democracia (o no al menos como esa utopía que os habéis creído que es), pero al menos la respeto.
Vosotros habéis intentado influir en la opinión de los demás, diciéndoles lo que tienen o lo que no tienen que votar, como si eso fuera asunto vuestro. Dando por hecho que vuestra opción es mejor.
Habéis compartido información sin contrastar, a menudo bulos con bastante mala leche.
Os habéis enzarzado en auténticas peleas de insultos con la gente que no es de vuestra ideología. En el mejor de los casos, os habéis reído de aquellos que han manifestado seguir a formaciones distintas a la vuestra, como si aquello en lo que creéis estuviera libre de mácula alguna.
Habéis votado, muchos de vosotros, sin la más mínima conciencia. Desde una fe ciega en que vuestra opción es la mejor, que ríete tú de cualquier fanático del fútbol, religioso, o del tipo que sea. Pero se ve que, a la hora de votar, no existe el fanático. Solo el "concienciado".
Os habéis meado en el resultado de las elecciones (que, aunque no os guste cómo están planteadas, son legítimas y están reguladas por leyes, y no dejadas a la anarquía o la arbitrariedad) y os habéis comportado como unos auténticos energúmenos solo porque el resultado no es al que habéis votado vosotros. Habéis demostrado que no sois capaces de asumir que hay otros puntos de vista; que la mayoría (o al menos, la que ha salido reflejada en las urnas) no coincide con vuestro criterio. Pensáis que la democracia es la razón de esa mayoría, pero luego sois incapaces de aceptarla, cuando la mayoría dice algo que no os gusta.
Decidme: con estas actitudes tan respetuosas, tan dignas y tan civilizadas por vuestra parte, ¿de verdad creéis en la democracia?

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