domingo, 5 de abril de 2015

Escupiendo Rabia- Hasta los putos cojones del activismo social mamporrero, o A ver si folláis más y jodéis menos.



Algunos de vosotros, queridos Distópicos, recordaréis que en la sección de Mesa de Autopsias hablé de una de las películas que más ha marcado mi vida en los últimos años. Me refiero a la genial La Ola, del alemán Dennis Gansel, analizada en este enlace con todo el detalle que me fue posible. En ella, se planteaba la posibilidad de un resurgimiento del nazismo en la Alemania de la década de 2000, y donde se mencionaba en un principio que los jóvenes alemanes habían aprendido la lección de sus antepasados y que esas cosas no podían volver a suceder. La peli nos enseña un postulado algo diferente y nos dice que esa idea no es tan clara, pero en el artículo de hoy quiero quedarme, no con la existencia de esa posibilidad en sí o no, sino con la filosofía del alemán medio de la que parte esta historia. Es decir, el hecho de que los alemanes nacidos en los últimos, pongamos, veinte años, no se sienten ni culpables ni responsables por lo que hicieron antepasados suyos a los que ni siquiera conocieron. Tienen bastante con haber aprendido la lección, seguir adelante y recordar lo que pasó para que no vuelva a suceder.
Bien, retengamos eso y sigamos.

En esta sociedad de rebaños humanos existe una curiosa tendencia a polarizar ideologías. Es un principio falaz, pero no por ello menos practicado: si usted, querido fulanito, resulta no estar al completo al 100% de acuerdo con los ideales de algún personaje que viene a predicarle la obra y gracia de su credo personal (filosófico, político, social o lo que sea), usted será automáticamente visto como su más completa y radical antítesis. Enemigo, apóstata o criatura despreciable, dependiendo si este personaje en sí es radical o muy radical. Si usted no apoya A, es porque apoya B de forma inevitable, ya que no existen las medias tintas.
También los hay no radicales que defienden sus causas como los dioses mandan, lo sé; este artículo no va dedicado a ellos, que bastante tienen ya con defender una causa de forma respetable y razonada, y con desvincularse de los completos tontos del culo que las llenan de mierda y los dejan a la altura del betún. Esos salvajes con los que es imposible siquiera tener una conversación, porque se exaltan, la lían y causan profunda vergüenza ajena a los que sí defienden esas mismas causas como personas civilizadas.


"Ay, ay, ay, contentos me tenéis, desgraciaus"


El caso es que cuando polarizamos ideologías y nos paramos a ver cómo funciona el tema, nos damos cuenta de que el personal en realidad hace lo más descojonante que nos podemos echar a los hocicos, que es definir su propia ideología en base a aquello que se opone o, peor aún, odia. Dicho de otro modo, parece imposible para mucha gente eso de defender un ideario propio sin tener que atacar a aquellos a los que ven como el enemigo. Algo de lo que he hablado alguna que otra vez y que, si sois de usar el coco para algo más que para abrir puertas, habréis deducido vosotros solitos sin que yo tenga que soltaros ninguna milonga.

Yendo más allá, y llegando ya al núcleo de lo que quiero hablar aquí, es cuando nos damos cuenta de que existen colectivos y colectivos. Que igual os puede parecer antidemocrático o antinoséquépollas, pero yo lo explico. Que os convence, pues yo me alegro; que no, pues nada. Que venís a tocar los cojones, pues os digo que os vayáis a la puta mierda y que se los toquéis a otro más dispuesto a escuchar vuestras idioteces. Total, si no vais a razonar, os lo digo de antemano y me ahorro tener que soportaros.
Existen colectivos que son minoritarios y otros que no lo son. Es una división meramente demográfica, pero a nivel social nos damos cuenta de que las cosas funcionan de una manera muy curiosa. Como siempre, insisto para aquellos que llegáis de nuevas o aquellos que no sabéis ni leer y venís con evaluaciones psiquiátricas de los chinos o intentando meter palabras en mi boca: esta es una valoración PERSONAL y NO ACADÉMICA. Hablo por mi propia experiencia, por lo que he vivido, presenciado y tenido que escuchar, y no he hecho estudios científicos por la Universidad de Quintocoño, Alabama.
Volvemos a eso del trato de los colectivos: en principio, un colectivo, mayoritario o minoritario debe o debería gozar del mismo respeto, considerando que bueno... si tenemos grupos de personas, cada una con una ideología, si ambas ideologías son respetables, no importa el tamaño (del colectivo).

Lo malo sucede en el momento en que aparecen "movimientos" (sí, lo entrecomillo porque me niego a darle a tales grupos tal reconocimiento) en que un ruidoso y superactivista puñado de gente parece adueñarse de una ideología (generalmente minoritaria) y se dedica a juzgar a otros movimientos (generalmente mayoritarios) de la forma más irracional posible. Son los Enarboladores de Estandartes, de los que hablé en un artículo previo. La cosa se pone verdaderamente indignante, no solo cuando el personaje de ese grupo minoritario arremete contra cualquier otro grupo al que ve como un enemigo, sino ya arremete contra cualquier individuo que, por el motivo que sea, pertenece a él, como si fuera total y único responsable de la desgracia en la que su vida se pueda haber convertido. Es decir, tomar la parte por el todo, sin plantearse siquiera conocer a quién está atacando o escuchar lo que tenga que decir. Si es que tiene que decir algo, que lo mismo está tan normal y por cojones parece que tiene que posicionarse. Porque ahora cualquier defensa de ciertos derechos o de ciertas opiniones parece que tiene que ser una guerra abierta.


"Tortilla de patatas. ¿Con cebolla o sin cebolla?
¡HABLA, MAJARÓN!"


Pongamos el caso de un varón, de raza blanca, heterosexual y que mantiene algún tipo de creencia religiosa, no necesariamente practicante. Pues bien, en muchos círculos, dependiendo del nivel de energumenismo con el que se encuentre, parece ser que tiene que andar pidiendo disculpas.
Para empezar por ser blanco, ya que su raza ha ido pisoteando a otras razas a lo largo de la historia. Un caso claro es que te encuentres todavía gente que te diga que los problemas de Latinoamérica, TODOS Y CADA UNO DE ELLOS, provienen del imperialismo que los españoles impusieron a sangre y fuego HACE MÁS DE 500 PUTOS AÑOS. Resulta más irrisorio si pensamos que, la mitad de las veces, esos mismos que sueltan esos argumentos, gente con apellidos de origen europeo (a menudo español), se refieran a los españoles (con bastante desprecio, por cierto) como "nuestros" antepasados y no como los suyos. Irónico, si pensamos que las probabilidades de que los antepasados de los que residimos en España, hoy por hoy, viajaran a las Indias Occidentales, sean menores que las de encontrarse europeos en los antecedentes de ellos.
Sea como sea, no deja de ser curioso que, medio milenio después, todavía tengamos que sentirnos responsables por cosas que no hemos hecho. No como personas, ni como individuos. Ni nuestros padres. Joder, ni nuestros abuelos siquiera.
Y tenemos que andar justificándonos, porque siempre habrá alguien que se indigna cuando sepa de nuestro país de origen.
He hablado del tema de Latinoamérica, pero por supuesto no es el único. Me llega el caso, hace escasos minutos, de una señora de raza negra en Estados Unidos que decide denunciar a una criatura de año y medio porque ha llorado al verla. La criatura es blanca, ergo la señora ve un caso claro de racismo.
Y este disparate, por lo visto, nos tiene que parecer un avance en pos de la lucha de los derechos civiles y de la igualdad. Y si no este, alguna cosa parecida, quizás no tan exagerada, pero con el mismo trasfondo.


Chorradas tales como decir que en Batman Begins, el Bruce Wayne que encarna Christian Bale es racista porque miente y da órdenes al Lucius Fox encarnado por Morgan Freeman.
Esto se ha llegado a escribir. Y lo peor es que el que lo ha escrito parecía ir en serio.


Supongamos que este varón se encuentra, por el motivo que sea, en según qué círculos. Círculos que ya lo miran mal y lo discriminan por ser varón. Tomando su opinión, no importa que esté razonada o que esta persona esté de parte de lo que se está hablando: su opinión será sometida a juicio, o como poco, bajo sospecha. Porque no basta con tener una opinión razonada en ciertos contextos; al parecer, uno tiene que ganarse las simpatías, ya que carga con la terrible maldición de haber nacido con un pene entre las piernas. La justificación que se oye a veces es la de "Pues eso es lo que han sufrido las mujeres durante siglos, para que veas". Como si, por el mero hecho de ser hombre, diera la puta casualidad de que eso implica automáticamente aceptar y apoyar las borricadas que se han hecho con las mujeres o que se piense de forma inserta en el puto ADN que las mujeres son inferiores.
Los hombres, como colectivo "Mayoritario" (más bien por un remanente de machismo en la sociedad que por número, pero venga, llamémoslo así, porque es cierto que el feminismo -el de verdad, que es el que persigue la igualdad entre PERSONAS sin distinguir si tienen una picha o un toto entre las patas, y no la mierda ultrarradical que estoy obligado a tener que aguantar día sí y día también- todavía tiene mucho que avanzar para tener el reconocimiento que merece) tienen que andar, para mucha gente, pidiendo disculpas y midiendo sus palabras hasta el extremo, vayan a ser tergiversadas, retorcidas o simplemente malinterpretadas. Muchos hombres nos hemos criado en ambientes prácticamente matriarcales, o bien nos hemos pasado toda la vida rodeados de mujeres, tanto en la universidad como en el trabajo y no hemos acusado absolutamente nada. En un ambiente sano, sin idioteces que pretendan santificar a unos o demonificar a otros, es una convivencia pacífica y agradable. Sin dedos que señalen. Sin tonterías de "Tú, como hombre, tienes la puta culpa de todo, da igual lo que pienses, porque un tío es siempre un tío." Es la crisis del hombre del s.XXI, a la que ya hice referencia en este otro artículo.


Con esto quiero que quede claro que no pienso que el sexismo se haya erradicado del todo de la sociedad.
Soy el primero en admitir que todavía quedan muchos pasos por recorrer, y no niego que hay muchas concepciones que cambiar.
Pero también digo que juzgar a los hombres solo por ser hombres y tratar su opinión con un rasero diferente a la de las mujeres no es el camino.
Ni siquiera reconozco feminismo en eso.


Con el tema de que el hombre en sí sea heterosexual, tres cuartos de lo mismo: en muchos casos, concretamente en aquellos donde lo que encontramos son esos guerrerillos sociales de salón, cuyo único objetivo en la vida parece ser tener un enemigo al que odiar, combinar los términos "varón" y "heterosexual" parece conllevar ver a dicho hombre hetero como una especie de macho alfa. Un cruce entre Alfredo Landa y un gorila de los documentales del National Geographic, que parece tener como afición apalear maricones y bolleras y luego irse a su casa a inseminar a alguna fémina, ya que ese es la misión de todo hombre.
Ese tipo de planteamientos, esgrimidos por dichos colectivos de índole radical (insisto: SOLO los de índole radical que, puede que no sean la mayoría, pero cada día hacen más ruido y son cada vez más cansinos), no dejan de ser prejuicios, esgrimidos desde una especie de fobia social hacia aquellos a los que ven como los tiranos opresores... Pero sin pensar que, si bien una persona no elige ser homosexual (al menos, que sepamos; que oye, que si lo elige tampoco es que suponga una gran diferencia), tampoco es que elija ser hetero. Se es así y punto. Como existen personas que son bisexuales, o incluso transexuales. No pasa absolutamente nada.
Lo verdaderamente triste es encontrarte humanos que, por el mero hecho de formar parte de un colectivo social que, cada día que pasa, (por fin) normaliza cada vez más su existencia, tienden justo a hacer lo contrario: a denormalizarse ellos solos, buscando la forma de sentirse "especiales" y de autoaislarse de los demás, meándose en el concepto base de la normalización y la aceptación, que es la lucha por la integración. Gente que en lugar de alegrarse porque poco a poco esas barreras y esos prejuicios se vayan superando y seguir luchando porque se terminen de superar del todo, se dedican a pasarse todo el santo día dando la matraca, intentando convencernos de la discriminación constante y el odio brutal y desenfrenado al que son sometidos, como si viviésemos en los putos años cuarenta (o como si ellos los hubieran vivido). Escudándose en el prejuicio hacia los que no son como ellos, y justificándolo con lo de "Es que yo formo parte de un colectivo discriminado, así que mi rabia está permitida".
Dicho esto: ¿sigue existiendo homofobia? Pues claro, joder. Ahora bien, ¿tanta como había hace, pongamos, dos, tres, cuatro décadas? ¿Se ha avanzado algo? En caso afirmativo, ¿se debe seguir avanzando?
Vamos más lejos: si queremos seguir avanzando, ¿merece realmente la pena exagerar lo malo, negar o minimizar lo bueno y andar buscando guerra todo el santo día? ¿Es esa una herramienta para avanzar y concienciar a la gente, o al final acabamos causando rechazo?


Puede que la cuestión sea darnos cuenta de que todo el mundo es especial.
O, usando la lógica, podemos decir que en realidad nadie lo es.


Aquí es cuando algún tonto del culo empezará diciendo que este postulado es totalmente homofóbico y que estoy negando a la gente de determinado colectivo tener su sitio donde expresarse. Para vosotros la perra gorda; dije exactamente lo mismo de otros colectivos, como el autoproclamado "colectivo friki" aquí. Así que si soy homófobo solo por ver a las personas como PERSONAS, independientemente de su condición sexual, parece ser que también soy frikífobo (sí, me acabo de inventar el término) solo por decir que ser aficionado a algo no justifica ir por ahí marginándose a uno mismo. Menos aún para luego decir que el mundo "normal" (tócate los cojones) los margina y no los entiende.
En cualquier caso, cuando uno con un cierto sentimiento de igualdad (esto es, que se pase por el forro de las almorranas con quién se acueste el prójimo) se encuentra un radical que mide a la gente por su sexualidad y no le da la razón en cualquier estupidez que suelte (algo muy típico de los guerreros sociales de pose), es tachado abiertamente de homofobia, cuando a lo mejor esa persona simplemente lo que no soporta es la imbecilidad, venga de un hetero, de un homosexual o de una espora alienígena.


Si un alien es más tonto que el culo de un grillo, lo mismo es que lo que nos molesta no es que sea alien, sino que sea tonto. Que sea tonto y se pase todo el día dando por saco.
Pero eso no nos convierte en xenófobos.


El último caso es cuando esa persona profesa una creencia. Este tema es curioso, porque hemos pasado de un extremo a otro: en épocas más represoras, eso de no ser católico practicante, apostólico y blablablá era considerado algo pernicioso. En épocas incluso más oscuras, te sometías al peso de la ley por ello. En épocas más oscuras aún, hasta te daban matarile por no seguir las enseñanzas del viejo Jesús al pie de la letra.
Hoy en día llegamos a una época en que las tornas se invierten, pero no mejoran. Ahora ya no te queman por decir que no crees en Dios pero, para muchos, el profesar una creencia (ya no digamos practicarla) parece convertirte en una especie de soplagaitas con un defecto cromosomático, corto de entendederas y más manipulable que un puto Lemming. Esto es otro principio de la polaridad a la que me refería arriba, donde dos ideologías, que toman filosofías diferentes, se toman por definición como mutuamente excluyentes; dicho de otro modo, si usted es de ciencias, por cojones tiene que ser inteligente y, ¡cómo no! más ateo que Lenin. Por contra, si usted es creyente, esto le convierte en una especie de palurdo desdentado que todavía piensa que el mundo se creó en siete días y que el niño Jesús nos vigila por si nos da por acariciarnos el cipote. Para esta gente, parece imposible pensar que una persona de ciencias pueda ser creyente, o que un creyente pueda ser inteligente. Unos listísimos, otros tontitos del culo y hala, a correr.
Y eso, por lo visto, no es un pensamiento radical. Solo son radicales aquellos que siguen sus creencias.
Cada día que pasa veo cada vez más puños en alto, casi pidiendo explicaciones a aquellos que parecen haber cometido el imperdonable error de tener fe. De pensar que hay algo más allá, o de que las cosas suceden por un motivo que la ciencia, bien no termina de explicar, o bien si lo explica, no ofrece una explicación del todo satisfactoria. Ahora el creyente tiene que justificarse, y el que no lo es y viene atacándolo solo por tener creencias, se escuda en el hecho de que la religión ha perseguido a mucha gente en el pasado y que ahora tiene derecho a devolver todas y cada una de las hostias dadas, aunque sea a gente que ni es responsable directa de eso, bien ni siquiera está de acuerdo con esas cosas que sucedieron.


"¡Cojones ya!"



Lo más enervante de todo es el hecho de que la mayor parte de estos juicios que emiten estos colectivos radicales, o bien estos guerreros sociales, se hacen desde la ignorancia: para estos seres, todo lo que no sea darles la razón se convierte en machista, racista, homófobo o intolerante, y solo por poner los tres o cuatro ejemplos de activismo de pose más explotados últimamente. Es muy gracioso que vivan día sí y día también para denunciar (lo de actuar lo dejamos) las actitudes que ellos encuentran (insisto, encuentran, no necesariamente tienen por qué ser reales) intolerantes en el mundo que les rodea y ni siquiera se paren a pensar que toda esa rabia que sueltan, toda esa censura que exigen, todas esas explicaciones que piden a los demás, no hacen sino mostrarlos como los intolerantes que ellos mismos denuncian.



"Formo parte del colectivo de señores con gafas, barba, camisa blanca y corbata roja que tienen problemas para peinarse. Odio a los tíos que visten de negro, se peinan y se afeitan. PERO SOBRE TODO ODIO A LOS TÍOS QUE NO USAN GAFAS PORQUE ME MIRAN DE FORMA DIFERENTE. ¡MUERTE A TODOS ELLOS!"



Volviendo pues a lo que mencionaba al principio de este post acerca de la peli de Dennis Gansel, tengo que decir una cosa: puede que a mucha gente le moleste, pero he nacido varón, blanco, heterosexual y hasta profeso una cierta creencia religiosa (no en ningún culto organizado, pero tengo mis creencias. Y como son mis creencias, me las follo cuando quiero). No tengo que pedir disculpas por ninguna de ellas. En el caso de las tres primeras, ni siquiera las he elegido y, de haberlo hecho, no considero que sean ni erróneas ni que tenga que andar dando explicaciones a aquellos que no son ni hombres, ni blancos ni heterosexuales, del mismo modo que yo no le he pedido jamás explicaciones a nadie por ello, porque me resulta ridículo.
Con el tema de profesar una creencia, pues lo mismo: esto sí es más una elección propia, pero al tener amigos tanto ateos como creyentes practicantes como agnósticos o como paganos (como tengo amigas lesbianas, amigos gays y bisexuales... y transexuales, lo siento: es que no conozco a ninguno), francamente, lo que crea el prójimo me suda la puta polla de cabo a rabo, siempre y cuando no se dedique a tocarme los cojones predicándome (y ojito, no os creáis que son solo los ultracatólicos los que predican, que hay no pocos ateos que dan un por culo con su antirreligiosidad galopante que se vuelven jartibles, como decimos en mi tierra) o pidiéndome explicaciones acerca de por qué creo en lo que creo.


Os voy a decir por dónde os podéis meter esas explicaciones que exigís.


Creo que en esta sociedad existe la pluralidad y el derecho a profesarla: caballero, si usted decide llevarse a la cama a otro caballero, cuenta con mi respeto y con mi aprobación. Señora, si usted cree que la sociedad todavía tiene que avanzar en la lucha por los derechos de las mujeres, estoy por completo de acuerdo. Señor, si usted no cree en nada, o por el contrario decide creer que provenimos de un inmenso pedo cósmico , en su derecho está y cuenta con mi respeto. Que no es que ninguno de ustedes necesiten que yo les diga estas cosas, pero bueno, es posible que se sientan más a gusto sabiéndolo.
Ahora, os lo digo bien claro: a lo que no tenéis derecho es a pedir explicaciones ni a andar juzgando a nadie ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE porque no es "de los vuestros". Más cuando esas personas, más de una vez, resultan estar de acuerdo con vosotros y las miráis mal porque pensáis que no son "auténticos". A lo que no tenéis derecho es a ir imponiendo vuestro criterio por vuestros putos cojones (o vuestro puto coño, o lo que tengáis entre las patas), bajo la amenaza de insultar a otros llamándolos "machistas", "homófobos" o "capillitas", que estáis muy pesados ya con vuestro activismo social mamporrero de poca monta. Con vuestros pataleos, vuestros ataques, vuestros apedreos masivos y vuestras ganas de armarla día sí y día también. Por que si nos paramos a pensarlo, a razón de cada puta semana tenemos motivos para armarla: cuando no consiste en armarla en Semana Santa para pedir que la retiren porque es una festividad que aborrecéis (y esgrimiendo como argumentos excusas que no empleáis con otras festividades que deberían seros igualmente molestas y cuya retirada no pedís), me encuentro activismo de pose en el Día de la Mujer, a cuál más radical, más pasado de rosca y más lleno de odio. Cuando no, es porque ha salido un artículo con una noticia acerca de lo que sea y ya vais todos, armados con vuestros ladrillos verbales, dispuestos a aplastar la ideología (que consideráis) contraria. Con imbecilidades del calibre "Yo de esto no entiendo, pero tengo derecho a opinar, y siento cátedra con un juicio de valor generalista y parcial, por no mencionar parco en información", y dando por hecho de que, solo por ser una opinión, ya está a la altura de la de la gente que SÍ sabe de lo que habla y a la que avergonzáis con vuestros gruñidos. Ahí fuera hay un mundo, tíos. Un mundo que puede ser una cosa aceptable, una puta mierda o algo más soso que un polo de agua. Salid y vividlo, joder. En vez de andar buscando los siete pies al gato acerca de cualquier puta cosa que creáis ver, haced que os dé el aire y os refresque las ideas. Qué coño, hasta podéis follar un poco.
A ver si, para variar, la próxima vez, venís más tranquilitos y con menos ganas de protestar por payasadas. Con menos intención de ir buscando enemigos a costa de juzgar a gente que lo único que ha hecho es no ser como vosotros.
A ver si folláis más y jodéis menos.

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