Hará cosa de cerca de treinta años, DC contó con un fulano llamado Alan Moore para escribir una historia sobre Batman. Moore, que había escrito Watchmen cosa de un año antes y que, por aquel entonces, ya despotricaba sobre los superhéroes cosa fina, aceptó, partiendo de una de sus habituales premisas: "No me siento satisfecho hasta que he tomado un personaje, lo he destruido por completo y lo he vuelto a recrear". Esta misma premisa era la que había tomado, precisamente, con Watchmen, tomando como base para sus personajes aquellos de DC cuyos derechos habían sido comprados a Charlton Comics: de esta manera, es fácil encontrar un paralelismo entre Rorschach y Question, o entre el Búho Nocturno y Blue Beetle. Si tiramos un poco más hacia atrás en el tiempo, encontramos que la Cosa del Pantano también había sufrido el "toque Moore".
La Broma Asesina, título de esta historia de Batman, no sería ni mucho menos tan ambiciosa: para empezar, se trataría de una novela gráfica de extensión bastante reducida y que, en teoría, iba a contar una aventura más del Detective Murciélago.
En teoría, claro.
El "toque Moore" que he mencionado arriba también tuvo, de forma sutil, acto de presencia, a la hora de reciclar un personaje que, para ese 1988, ya estaba en horas bajas. Me refiero, como ya he mencionado en otros artículos de este blog como este, a Batgirl.
Portada original de La Broma Asesina, a manos del genial artista británico Brian Bolland.
Como ya comenté previamente en el post dedicado a superheroínas que demuestran que el cómic es uno de los géneros pioneros en mostrarnos el inmenso potencial que tiene la feminidad en un formato narrativo, Batgirl es el claro ejemplo de reciclar un personaje y no convertirlo en una víctima más: tras haber sido disparada en la columna, el personaje queda postrado en una silla de ruedas, pero sobrevive y evoluciona hasta convertirse en Oráculo, la hacker que intercomunica a toda la comunidad superheroica del Universo DC y convirtiéndose, de un modo tan paradójico como irónico, en la columna vertebral de no pocas sagas y macrohistorias de dicha casa. Esto explica que, por tanto, esa Broma Asesina se haya convertido, pese a su corta extensión y a la sencillez de su argumento, en todo un referente que sigue en boga como unas tres décadas más tarde, del mismo modo que lo han venido siendo otras novelas gráficas e historias de Batman como Año Uno o El Regreso del Señor de la Noche, versioneadas y homenajeadas hasta lo indecible.
Treinta años. Treinta años, insisto. Han pasado tres décadas y, conforme voy creciendo y observando el mundo que me rodea (un mundo cada vez más absurdo, contradictorio y escalofriante), me voy dando cuenta de que, en lugar de superar muchas cosas, hemos retrocedido al punto de olvidarlas y llegar al punto de partida.
Para entender esto que explico, voy a pasar a contar algo que sucedió allá por los años cincuenta y que he mencionado muy de pasada en artículos anteriores. Cuando sigáis leyendo, queridos Distópicos, entenderéis que no voy soltando datos al azar, sino que todo tiene su razón de ser. Todo está conectado, pero quiero enseñaros todas las piezas antes de que veáis el cuadro completo.
Como iba diciendo, vamos a retroceder nuevamente en el tiempo, esta vez hasta el año 1954. En este año, aparece la obra de un psiquiatra llamado Fredric Wertham, que causa bastante revuelo en la opinión pública norteamericana. Su libro, llamado The Seduction of the Innocent, arremete directamente contra la cultura del cómic, especialmente el superheroico (que llevaba asentada apenas quince años), profiriendo acusaciones realmente graves: según el doctor, los cómics incitaban a conductas tan perniciosas entre los jóvenes como (atentos) la homosexualidad o las tendencias filocomunistas.
Lo que hoy puede parecernos desfasado, no obstante, en su contexto tuvo gran parte de sentido: recordemos que esta obra fue publicada en plena Guerra Fría, de modo que las acusaciones que Wertham emitía, fundadas o no, calaron muy hondo en una sociedad que vivía inmersa en el miedo hacia lo desconocido. Donde los comunistas y todo aquello que se saliera medianamente del "American Way of Life" (significase eso lo que significase) se veían como algo amenazador y siniestro que convertiría, poco a poco, al "país de las libertades" en una dictadura al más puro estilo Telón de Acero.
Aquí, el viejo Fredie, leyendo un tebeo con cara de "¿Pero esto qué mierda es?"
Tal repercusión tuvo aquel estudio que, a causa de ello, los cómics sufrieron un cambio bastante profundo en su forma de proceder; para empezar, la aparición de héroes enmascarados que luchaban por la igualdad (algo que sonaba demasiado a socialismo) descendió de forma radical, siendo sustituidos por héroes de western, piratas o historias románticas. Se impuso, además, un sello en toda publicación dirigida a chavales conocido como el Comics Code Authority, que venía a suponer la censura en este formato. Así pues, cualquier cosa que se dibujara en un comic, independientemente de que el contenido fuera para niños o no (por aquella época era más o menos lo normal, a menos que hablásemos de historias de terror), tenía que pasar por un comité que evaluase los contenidos y determinase si, en efecto, eran "dignos" de ser publicados o no. Así estaría el patio que el Comics Code estuvo vigente durante décadas, incluso ya en los sesenta, cuando el revuelo contra los superhéroes se relajó un poco y, además de que DC rescatase a sus superhéroes (o los reformase, como queráis), surge una nueva editorial que supone una dura competencia: Marvel. No sería hasta el año 1984, cuando Alan Moore (nuevamente) lanzase la primera serie que, oficialmente, se lo saltaría: La Cosa del Pantano. Habían pasado treinta años, poco más o menos, para que la censura hubiera podido ser desafiada de forma oficial, y todavía harían falta unos pocos años más para que el Comics Code se convirtiera en un residuo anacrónico.
He aquí el sello, que se podía ver en montones de portadas de cómics hasta bien entrados los ochenta.
Llegamos por fin a 2015. Tres décadas después de la aparición de obras como La Cosa del Pantano o La Broma Asesina, y casi sesenta después de la aparición de The Seduction of the Innocent. Un s.XXI en el que se supone (subrayo, SE SUPONE) que este tipo de movidas deberían haber quedado más que superadas. En el que conceptos como eso de que los cómics SOLO van dirigidos a un público de chavales, inmaduros y mentalmente inestables, con una personalidad impresionable y que viven para imitar a un tío en mallas debieron quedar atrás, no solo con Watchmen, sino con otras obras como The Authority, Kick-Ass, The Sandman o Los Invisibles (y esto por poner tan solo unos pocos ejemplos que apenas arañan la superficie de la inmensa cantidad creativa de la industria). Superados, especialmente, si tenemos en cuenta la brutal libertad creativa que han disfrutado miles de autores de cómics a lo largo de las últimas décadas, mostrando contenidos políticos, filosóficos e incluso metaliterarios en sus historias.
Sin embargo, y como comentaba arriba, vamos hacia atrás, olvidando todo eso; en lugar de superar tabúes, volvemos a retomarlos, con mas fuerza y más rabia, aunque bajo otras consignas. Propagados como enfermedades venéreas a través de foros y redes sociales, y con un público que protesta más de lo que lee... porque con cada comentario, demuestran que su derecho a opinar está por encima de su conocimiento. Lo he visto durante los últimos dos años, con polémicas absurdas desatadas por portadas y dibujos que han llegado a la ridiculez más absoluta. Nuevamente, aquellos que encienden su navegador favorito para buscar algo con lo que ofenderse, lo encuentran. No tienen más que entrar en la página de Marvel o DC, o en el perfil de tal o cual artista al que le han encargado un trabajo. Se calzan sus lentes de "cazar ideologías" (aunque se haga desde la ideología de un fanático) y, como sucede con todo el que busca pelea, acaban dando con ella. Sucedió con aquella portada de Spiderwoman de la que hablé en un artículo anterior, sucedió con todas las chorradas que soltaba Gail Simone en su blog "Women in Refrigerators" (acerca del cual, ya expresé mi opinón en otro artículo, ya enlazado arriba) y ha vuelto a suceder con la última portada de Batgirl.
CULO.
Si tengo que hablar algo de este tema, es el hecho de que a mí el nuevo Universo DC (NUDC para abreviar) no me entusiasma, pero básicamente es por concepto. En resumidas cuentas, os diré que yo no veía necesario otro reinicio del Universo, y mucho menos que auténticos ineptos como Bob Harras y el trepa de Jim Lee se dediquen a convertir DC en su lupanar personal. Pero bueno, como no me interesa lo que hagan esos pavos, pues no lo compro y ya está.
Pero sí tengo la trayectoria suficiente como lector para no caer en según qué juicios de valor que se han hecho hacia estos tíos, y que probablemente se seguirán haciendo cada vez que alguien que trabaja para ellos saque una puñetera portada. Me refiero, cómo no, a las acusaciones de machismo e incitación a la violencia de género lanzadas por los típicos armabroncas de siempre. Gente que parece que no ha leído cómics en su santa vida (o no los suficientes, al menos), para entender que precisamente esa portada es un homenaje a la citada Broma Asesina, la cual en su día no generó esta discusión ni por el forro. Gente que no se ha enterado de que Batgirl, en este nuevo Universo DC, lleva el traje, con lo que se da un claro pie a volver a homenajear a la obra de Moore, para aquellos que entendemos que leer cómics es algo más que pillarte cuatro novedades, sino que es un arte que, a diferencia de como sucede con la literatura o el cine, posee un sentido de continuidad, precisa de una considerable capacidad de relacionar datos, y que referencias a hechos surgidos hace veinte, treinta o incluso cuarenta años, son una constante.
Esta es la escena de La Broma Asesina donde el Joker irrumpe en casa de Barbara Gordon y la deja gravemente herida de un disparo. Nótese el homenaje de la portada de arriba con el sombrero.
Como nota curiosa, ahora hay malas lenguas que vienen con la insinuación de que el Joker abusó sexualmente de Barbara en la historia. Esto es algo que, lejos de ser una interpretación subjetiva, probablemente no pasó debido a dos motivos:
Uno, DC en su línea mainstream no se atrevía por aquella época a contar ese tipo de cosas, ya que no eran los tiempos adecuados.
Dos, Alan Moore lo contó un año antes sin tapujos en Watchmen, con lo cual, de haber querido hacerlo y le hubieran dejado, habría sido mucho más explícito y no se habría cortado al mencionarlo.
El perfil medio de la persona que protesta obvia todo eso, y descontextualiza por completo la idea. Ni siquiera llega a leer la historia para poder comprobar de forma fehaciente si, en efecto, lo que se muestra es una apología del machismo o la violencia de género, es por el contrario una denuncia, o simplemente no es ni una cosa ni la otra. Tan solo ven a una mujer atada y un psicópata amenazante a su lado y, como hacían las mujeres barbudas de La Vida de Brian, cargan sus piedras con juicios de valor, e inculcando ideologías sobre los artistas.
Tengo que decir que esto me causa mucha risa. Pero no me entendáis, no me causa risa porque me haga gracia; me río por no llorar, porque me estoy dando cuenta de que en este mundo solo se necesita una causa que defender para sentirse con el derecho a pisotear a los demás. Para presionarles para que se retracten de lo que han hecho... aunque en realidad no hayan hecho nada, o nada más que lo que los demás han querido ver. Para que ellos mismos sean los que se acaben autocensurando y pidan disculpas por haber creado lo que querían. Me causa risa de las de lágrimas cuando pienso que, no hace demasiado, estos mismos que ahora se indignan por esas cosas, por esas "llamadas continuas a la violencia de género" y otros juicios sacados de la manga, eran los que mostraban fotos con lápices rotos en señal de duelo por la masacre de Charlie Hebdo en París. Los mismos que decían que nada debía coartar la libertad de un artista. Que el arte no debía entender de barreras.
Ahora, esos mismos me salen diciendo que es que esta portada es un homenaje al mal gusto. Que muestra a la mujer como un personaje débil y sumiso. Que una vez más (o una vez más tengo yo que escuchar semejante parida) las costumbres del patriarcado (sea eso lo que sea, porque por lo visto es la Fuente de Todo Mal, y Todo lo Malo parece haber salido de un pene) imponen y marcan roles y estereotipos sociales sobre los que debemos reflexionar.
Comentarios pseudosesudos.
Sentadas de cátedra.
Velas rojas para luchar por una causa, pero al soplarla, se defiende justo la contraria.
Pero siempre es una buena causa la que se defiende.
Vamos a ir analizando un poco lo que se puede ver en esa portada y un poco lo que he venido leyendo acerca de este tema. En primer lugar, lo que tenemos es el ya citado homenaje, donde efectivamente, Batgirl aparece atada y con la pintura del Joker en la cara. A su lado, éste, con un arma en la mano y su habitual sonrisa.
El Joker, ¿vale?
Ahora pregunto yo: si el Joker es un psicópata, totalmente democrático (mata hombres, mujeres y niños por igual, sin hacer distinción de credo, religión o si tiene que matar a un héroe o a otro villano), capaz de, no solo de dejar en silla de ruedas de un disparo a Barbara Gordon, sino de vejar mentalmente a su padre (en la misma historia, de hecho), matar (literalmente) a palos a Jason Todd, envenenar el depósito de agua de Gotham City, pactar con los iraníes solo para tener cabezas nucleares a su disposición, intentar matar a TODOS los bebés que quedan en Gotham tras el terremoto y hasta de automutilarse el rostro para no ser reconocido por los ordenadores de Batman... ¿Alguien me puede explicar a qué viene esa acusación de machismo? ¿Es que acaso nadie ha leído los suficientes cómics donde aparece este personaje para darse cuenta de que el hecho de tener atada a Batgirl entra dentro de lo que es su idiosincrasia básica?
Ha habido otros que han basado su queja y su argumento en pos de la portada como un ejemplo de machismo al decir que a Batgirl se le escapa una lagrimilla de PUTO PÁNICO, y que eso "Hace mostrar a la mujer como débil y manipulable". He llegado a leer sandeces tan grandes como decir que nunca se muestra llorando a un héroe varón porque eso lo hace parecer más débil o una "nenaza", sin despeinarse ante lo homofóbico del comentario en sí mismo. Esa misma gente no parece haber visto llorar desconsoladamente a Cíclope al menos DOS veces (una, cuando Jean Grey se "salvó" del accidente que sufrió durante la saga Fénix y dos, cuando la vio suicidarse delante de sus narices); a Spiderman, tras el asesinato de su tío. a Rondador Nocturno, precisamente al recordar a su amiga muerta o al tener el cadáver de su hermano adoptivo entre los brazos. A Daredevil, en no pocas ocasiones. A Batman, con la muerte de Jason Todd. A Green Lantern cuando Coast City fue arrasada. A TODOS LOS PUTOS PERSONAJES DE DC cuando J'onn J'onzz fue asesinado. A TODOS LOS PUTOS PERSONAJES DE MARVEL cuando murió el Capitán Marvel a causa de un cáncer. Nadie parece haber visto a Lobezno a punto de cagarse en los pantalones tras su primera pelea con Proteus. A Aquaman, cuando cae víctima de la toxina del miedo del Espantapájaros. Batgirl aparece CAGADA de miedo en la portada, sí. ¿Y QUÉ?Cualquiera que lee cómics (incluso cualquiera que lee historias, en general) sabe que el miedo no es algo que convierte en débil al héroe, sino que es un elemento a superar para fortalecerse. Para levantarse, para afrontarlo y salir adelante. Que es justo eso lo que te convierte en un héroe, y no un traje molón y unos poderes. Si esos críticos que han ido con su causa enarbolada han sido incapaces de ver esto... Casi que trae más cuenta que lean más historias en lugar de ir de psiquiatras por la vida y se dejen ya de psicoanalizar a los artistas.
El pellejo del careto del Joker, tirado en el suelo, mientras el amigo iba correteando por ahí con la jeta en carne viva. Me pregunto dónde coño estaban todos aquellos que están berreando ahora contra el mal gusto cuando se publicó esto, si es que tantos cómics habían leído.
A mí personalmente no es que me importe. El mal gusto es intrínseco a un psicópata de ficción, y creo que prescindir de ello es una auténtica ridiculez.
Pero se ve que en el mundo real algunos ven solo lo que quieren ver e ignoran todo lo demás.
Vamos un poco más lejos: otros han ido diciendo que bueno, es que son siempre las mujeres las que aparecen atadas. Precisamente el otro día me llega una foto de una portada de Spiderman de hace como diez años en la que él aparece amarrado en una postura bastante sadomaso. Y como esa, tenemos la clásica de los años cuarenta de la Sociedad de la Justicia de América, donde TODO EL GRUPO (varones por aquella época) aparecía atado mientras la Sociedad de la Injusticia Mundial rasgaba un mapa de América. Eso de atar a un héroe ha sido un cliché toda la vida y nadie, ABSOLUTAMENTE NADIE había protestado por eso, sacándose causitas de la manga hasta ahora.
Seguimos avanzando en la crítica; resulta que ahora parte del escándalo consiste en que el villano es varón y la heroína, mujer, lo que reafirma esa "violencia de género". Si tenemos que pensar en este concepto, la corrección política de este planteamiento roza el histérico absurdo. Es como si tenemos que pensar ahora que un villano SOLO puede atacar a otros hombres, o bien que una heroína SOLO puede tener mujeres como enemigos. Incluso podemos llegar a pensar que un villano debe tener un trato de favor con su enemiga por ser esta mujer... Lo que nos daría una visión totalmente irreal (por no decir rídicula) de lo que es un personaje malvado.
Y es que esta corrección política extrema nos está haciendo perder el norte. Con tanta causa y tanto "Patrón neomachista implícito en la sociedad que genera conductas que tenemos asumidas" estamos perdiendo el contacto con la realidad y estamos empezando a ser incapaces de ver que una historia no es más que una historia y, por tanto, NO es real. No todo lo que se muestra debe ser un ejemplo de conducta o un reflejo necesario de nada. Puede serlo, pero es que no hay obligación de ello. Que se muestre a Batgirl atada por su peor enemigo EN SU PROPIA SERIE no es más que el reflejo de que Batgirl posee un enemigo que es el paradigma del hijo de la gran puta... y cualquiera que sabe un mínimo de historias, tiene asumido que un héroe se define por el nivel de maldad de sus enemigos. Del sociópata que carece por completo de humanidad o compasión. Que disfruta matando gente Y YA ESTÁ. Asumir o dar por hecho de que los directivos de DC son una especie de comuna misógina que buscan ridiculizar mujeres es, de entrada, una calumnia; en segundo lugar, es un insulto para la cantidad de mujeres (lectoras, creadoras, e incluso directivas. ¿Quién os creéis que manda ahora en DC Entertainment?) que están ahí y que disfrutan con las historias tanto como los hombres... porque hace décadas, digan lo que digan, que las historias que se pueden leer en un cómic, no van dirigidas solo a hombres. Asegurar lo contrario no es solo un prejucio: es un estereotipo, basado en la más total y absoluta ignorancia.
50 Sombras de Spidey.
Sentar cátedra, asumiendo que el cómic es machismo para chicos, es como dar por hecho de que el mundo del deporte es solo para hombres y que las mujeres no tienen cabida ahí. Que no puede haber ni mujeres deportistas, o mujeres que se dediquen al periodismo deportivo, con lo que figuras como María Escario no tendrían absolutamente ninguna razón de ser, partiendo de este hecho. Más curioso resulta el hecho cuando hablo con amigas mías, que sin darse golpes de pecho ni andar subiendo artículos todo el santo día para que veamos lo consagradas que están por la causa, creen y luchan a su modo por la igualdad de género. Al enterarse de lo que ha pasado con la portada de Batgirl, no han podido sino escandalizarse... pero no por la portada en sí, sino por lo ridículo de la protesta. Estas amigas mías consideran que un villano no debe ser diferente con una mujer por ser mujer. Algunos igual las llamaréis raras, pero ellas consideran que ni siquiera en eso debe haber diferencias de trato (hablando, por supuesto, en casos de ficción; en ningún caso me quiero salir de este tema). No si se quiere ver a la mujer al mismo nivel que al hombre.
Por otra parte, parece que la corrección política no solo afecta al hecho de si la villana es mujer o no. Parece ser que la solución de la sociedad posmoderna de hoy en día ante la esencia del Mal es negarla. Ahora lo escabroso o lo directamente maligno nos causa tal pavor que no solo no podemos verlo, sino que exigimos su desaparición total (por medio de la censura, o presionando para que haya autocensura) para que podamos seguir viviendo en nuestras burbujitas de piruletas y colorines. Si lo pensamos, hoy en día sería prácticamente imposible que obras como Las 120 Jornadas de Sodoma, Lolita, o incluso Tito Andrónico fuesen publicadas por sus autores, de no haberlo hecho en épocas anteriores. Es más, no me sorprendería que dentro de nada se pusiese de moda reescribirlas para un público modernito que, incapaz de soportar esa oscuridad del ser humano, exigiese la mutilación y la descuartización de clásicos de la literatura solo para poder presumir de haberlos leído.
Algo así ya se ha venido haciendo, con eso de "adaptar el lenguaje de una obra clásica para hacerla más cercana".
Traducido, "mandar a la mierda el estilo y el genio del autor original para que el lerdo de a pie pueda decir que la ha leído y la ha entendido".
O quizás es el hecho de crear una polémica a la semana, al menos. Si nos fijamos, hoy en día, todo, absolutamente todo, es polémico. Desde un vestidito que crea una gilipollesca controversia durante días hasta la portada de un cómic, pasando por el penalty que ha fallado un futbolista. Todo son memes, todo son gracietas, hasta que llega un colectivo que se adueña de esa polémica y la usa como caballo de batalla para así justificar sus filias y sus fobias personales. Gente que, pese a no saber de lo que está hablando (como ha sucedido con el Joker y Batgirl), se ha sentido con su derecho a la opinión y ha cargado contra aquello que no sabe ni lo que es, ni lo que realmente significa. Insisto: DC no son mis mejores amigos. No me pagan las facturas. No me tienen en nómina; ni siquiera dibujo para ellos ni compro los cómics que están publicando como novedades desde hace ya como cuatro años. En los últimos años, me parecen una cuadrilla de listillos que han convertido una franquicia editorial en un antro de mediocres donde sobreviven los pelotas. Los veo como una panda de gañanes que tienen la profesionalidad donde Cristo se pilló la chorra. Puedo estar puteándolos con mil cosas y no me canso. Pero no los veo como intencionadamente machistas, porque saben que entre sus lectores, hay una cantidad ingente y creciente de mujeres. Mujeres que, sin diferenciarse de los hombres, disfrutan leyendo cómics y no se sienten "lectoras de segunda clase" por ser mujeres.
Sin embargo, al desatarse toda esta polémica, toda esta presión social, todo este revuelo y su consabida resolución que es invitar (obligar/exigir/recomendar/esperar que se llegue a) a la autocensura y a la disculpa pública, no puedo evitar pensar en que, si Fredric Wertham levantase la cabeza y viera la que están liando mes sí y mes también en el mundo del cómic, lo más probable es que aplaudiese a todos aquellos que están enarbolando la causa de moda y dijese "¿Lo veis? YO TENÍA RAZÓN".










No hay comentarios:
Publicar un comentario