A tenor del último post que subí la cosa sobre lo de considerarse "escritor" ha llegado a un punto curioso. O un punto muerto, si queréis. Tengo que reconocer que me siento muy impresionado al ver cómo el artículo sobre las actitudes que daban mal nombre al gremio ha sido el tercero más visto de este Blog Menos Leído de la Red, así como el que no quiere la cosa.
Resulta curioso pensar que muchas de estas actitudes, pese a no haber sido rebatidas en momento alguno (o, de haberlo sido, han sido casos puntuales) siguen siendo algo generalizado y asumido por el mundillo, de arriba abajo, de autores a editores, pasando por reseñistas y lectores.
Pero no es eso de lo que me apetece hablar hoy; mi postura al respecto, ha quedado siempre bastante clara y poco hay que añadir al respecto. Otra cosa es que estéis de acuerdo o no. Muchos no habéis sentido el impulso de decírmelo, pero sé que es así. No pasa absolutamente nada por no estar de acuerdo conmigo, incluso diría que es algo que implica cierta sanidad mental.
El tema que compete a este artículo está más relacionado con el autoproclamarse escritor en sí. Escritor, artista, etcétera... entiendo que muchos de vosotros (la mayoría) os consideréis tales, ya que tenéis vuestros motivos para ello. De todos ellos, creo que la mayoría a los que conozco lo sois, o al menos tenéis la actitud y el espíritu necesario para serlo, que ya es mucho en estos tiempos de cultura basura que corren. O, al menos, así lo espero.
Yo, sin embargo, no me siento tan optimista como para usar ese término hacia mí mismo.
Es posible que, según la definición estándar, un escritor simplemente sea "el autor de una obra escrita" (definición sacada de cualquier diccionario). Alguien que escribe, por tanto, es escritor, si seguimos este concepto. Partiendo de esa base, cualquiera es escritor si al cabo del día si escribe su lista de la compra, deja una nota en casa diciendo que no va a cenar o rellena un parte amistoso tras haberse arreado un castañazo con el coche.
Una vez más, me toca pelearme con los académicos, porque mucho me temo que esa definición es demasiado genérica para mi gusto. No, no es que me ponga ahora en plan elitista a estas alturas de la película y empiece a pensar que los escritores son una élite de superseres paridos por los mismos Dioses e inspirados por las Musas para traer el fuego del Olimpo a los humanos, ni mucho menos. Mi concepto más bien es el hecho de que yo no puedo considerarme a mí mismo escritor, quizás por el hecho de que creo que este término, así como muchos otros (artista, héroe, paradigma o revolucionario) te los tiene que dar el mundo que te rodea. Te los tiene que dar la posteridad.
"Hola, soy Beowulf".
"Hola".
"Soy un héroe, ¿sabes?"
"Y eso lo dice..."
"No, si lo digo yo"
"Ah, pues muy bien"
Decía Stephen King, autor del que por lo general abjuro, que un escritor profesional es aquel que cobra por escribir, cosa con la que tampoco estoy del todo de acuerdo. Hay gente que lleva el arte en las tripas y lo vomita a cada segundo en sus líneas y da la puta casualidad de que no publica o no cobra por lo que hace. Y para mí no es más profesional el que cobra por una labor artística (hablo de la literatura, pero ojo, esto lo podemos ampliar a la pintura, al dibujo o la música) que el que curra como un jodido bastardo por hacerlo lo mejor posible. Para mí no es más profesional el chapuza de turno al que luego le soplan no sé cuántos pavos por su trabajo que el que se deja los cuernos haciéndolo lo mejor que puede. Anda que no ha habido, hay y habrá gente con una calidad excepcional en lo que hace (también reniego de la palabra "talento", ya hablaré de ello más abajo) y que, al final, acaban cobrando por cualquier otra cosa y dejan el arte para sí mismos y para su gente cercana.
No, para mí estos no son menos profesionales.
La verdad es que este mundo comercial da una imagen, a mi juicio, así: la de "tienes que darte a conocer, publicar, vender y tener chorrocientos fans para ser bueno". Y no digo yo que no; es decir, para poder aspirar a vivir de esto, lo de darte a conocer, publicar, vender y tener más fans que Sofía Vergara posando en bikini es una verdad como un templo. Es así y a veces ni eso.
Pero para ser bueno... amigo, me parece que por ahí no voy a pasar. Si tengo que escuchar una vez más la letanía coñazo (y más falsa que Judas) de "Si vendes es porque eres bueno" os juro que trinco un lanzallamas y me pongo a exterminar humanos hasta que me quede sin gasofa.
Esto no funciona así y lo sabemos. Otra cosa es que queramos creer lo que nos salga del epicentro, pero eso ya va en la mentalidad de cada uno y en las ganas de partirse los hocicos contra ese muro troyano que es la realidad más dura.
Sofía Vergara en bikini. Nada como una buena excusa para animar este tostón de artículo.
No es complicado asumir que, habida cuenta de estos últimos párrafos, yo no me siento con ese aplomo de considerarme escritor, y mucho menos profesional.
El concepto de artista es similar. Es una palabra que no me gusta para referirme a mí mismo. No cuando hay Artistas, con mayúsculas, de los que tengo mucho, muchísimo que aprender. Gente que, en mayor o menor medida, han aportado algo con su trabajo y han servido de inspiración a otros que venimos detrás. Usar el mismo término que uso para referirme a gente así con la intención de referirme a mí mismo me resulta descompensado: porque siento que me estoy sobrevalorando, o bien que estoy bajando a gente a la que admiro a mi nivel.
Se dice que las comparaciones son odiosas, pero no nos engañemos: todos, absolutamente todos nosotros, los que hemos intentado alguna vez crear una obra de arte (pictórica, literaria o musical... yo he metido las zarpas en esos tres mundos, fíjate tú) tenemos un referente. Alguien a quien, en mayor o menor medida, nos gustaría parecernos. Alguien cuya influencia nos ha inspirado y nos ha metido esa vocecilla que nos dice "Venga, ahora tú".
Ignorar eso y decir que nosotros hemos llegado inmaculados al mundo de las artes, sin ninguna influencia, sin nadie a quien parecernos, me resulta de una soberbia alucinante. Y alguno por ahí hay suelto, de los que van diciendo "Yo no quiero que mi estilo se contamine". Tócate las pelotas, pues este que está aquí no tiene un estilo de los de tumbar de espaldas, para qué nos vamos a engañar, pero no se le caen los anillos al reconocer que no es más que un aprendiz. Alguien que se pasa todo el santo día dudando de sí mismo y llevándose un impresionante repertorio de hostias (propias y ajenas) con la idea de dar lo mejor de sí mismo.
De ahí que tampoco me moleste en lo más mínimo comparar el nivel en que estoy con gente que está mucho más capacitada que yo: porque, por muy pesimista que pueda parecer, sé perfectamente dónde estoy y tengo muy claro que sigo aprendiendo y luchando por perfeccionarme. Puedo conseguirlo, o tal vez he tocado mi límite, eso no lo sé. Pero no dejo de probarme a mí mismo en todo momento.
"¡Tóma crítica!"
"Pues lo peor es que la hostia no es ni la mitad de gorda que la que me dí yo a mí mismo hace un momento".
Supongo que por eso, cuando otros humanos y humanoides me hablan de "talento" me tengo que echar a reír. El talento es un concepto determinista, similar a la condición genética o al fatum de la antigüedad. Hoy en día se dice que tienes "talento" y antiguamente te decían que cuando tus padres te concibieron estaban las Musas comiendo uvas en el cabecero de la cama.
Es curioso que haya tantísima gente racional, que niegue el determinismo, el creacionismo, el Destino y demás conceptos de este corte, pero luego no tengan el más mínimo reparo en asumir que hay quien ha nacido para una labor y quien ha encontrado vedadas esas puertas. Como si Odín, Zeus, o cualquiera de estos barbudos sentados en su trono, cada vez que nace alguien, lanzase la moneda al aire y determinase si el susodicho va a ser el próximo Jimi Hendrix o no va a saber hacer la O con un canuto.
Hay otros que te dicen que es una condición natural, que algunos tienen una predisposición genética (pues vale), que viene a significar que, en el momento en que un feto atraviesa el potorro materno y va a parar a este mundo de asco, lo hace con un cromosoma que le da una aptitud innata que le permite tocar solos de guitarra, pero ser un mierda con la batería. Que le permite crear unos sonetos que harían a Shakespeare mearse en las medias, pero que a la hora de escribir un haiku, ni puta idea.
Joder, qué exacta y concreta es la genética, que nos da habilidad para escribir comedias, pero nos veda el camino a la tragedia. Que nos permite dibujar a la perfección árboles a lápiz, pero si se trata de un retrato al óleo, somos lo peor.
No, no creo en eso. Me niego a pensar que nuestras inclinaciones son solo una suma de condicionantes y que no tenemos absolutamente ninguna voz en esto.
Pongo el caso de mi trayectoria con los lápices, lo que, en este abanico de palos artísticos que llevo tocando toda la vida, quizás sea en lo que más tiempo he perdurado o lo que mejor he acabado haciendo, según se mire. Me resulta curiosísimo cuando muchos de vosotros me decís que he nacido para dibujar, o que tengo un "don", como si fuese un superpoder. Me resulta especialmente curioso si partimos de la base de que a los tres o cuatro años mis dibujos no eran muy diferentes de los de cualquier otro niño de mi edad; cualquier mejoría con respecto a ellos se debía (no albergo ninguna duda) al hecho de que, a diferencia de la mayoría, yo me pasaba todo el santo día dibujando. Mientras otros niños se ponían a jugar a la pelota en el patio del colegio, yo estaba ya leyendo cómics de Star Wars e, inconscientemente, tomando notas acerca de cómo se hacían las cosas.
Pasaron los años y seguí dibujando, mientras que otros niños solo lo hacían en las clases de dibujo o para adornar alguna libreta. A los seis años, yo ya distinguía a Alan Scott de Hal Jordan; sabía que en el Universo DC había habido varios mundos paralelos y que algo llamado "antimateria" había hecho que muchos de ellos muriesen. Sabía distinguir entre un miembro de la Patrulla-X y uno de Los Vengadores. Para esa época, ya había cogido suficientes influencias para dibujar mis propios personajes. Sospechosamente calcados de otros ya existentes en el comic americano, pero era un inicio. El germen de algo.
Alan Scott (arriba) y Hal Jordan (abajo). De mi clase era el único en conocerlos, y no porque me lo hubiese comunicado un Dios o porque estuviese condicionado a ello. Simplemente fui al kiosco, le pedí a mi madre que me comprase un tebeo, si podía ser, y lo descubrí.
No hay absolutamente ninguna magia ni nada sobrenatural en ello.
Menos aún si lo que leí me dio alguna idea.
Tardé años en aprender a proporcionar, y esto no me lo dio el talento. Un cromosoma no me dijo un buen día que los codos tienen que llegar a la cintura. Fue mi madre, que había estudiado diseño y moda en sus años mozos y había visto un dibujo que había hecho de Jean Grey, ya casi cuando yo tenía catorce años. Y ojo, las Musas no me hicieron superar eso en tres días: fue una labor ardua y terrible, que conllevó que destruyese una infinidad de dibujos. Pícaras con los brazos demasiado largos, Rondadores Nocturnos que parecían a pique de caerse de boca o Power Girls que tenían un cuello que parecía una puta jirafa. Todos acudieron en desfile al cubo de la basura de mi casa. Fracasos que, lejos de hacer que me rindiese, me dijeron "sigue adelante, que le cogerás el punto".
Quizás por eso, cuando llegué a la Universidad y metí los morros en la biblioteca de mi facultad (Filosofía y Letras) y me puse a copiar dibujos a lápiz de pintores clásicos, había descubierto que en realidad no tengo ningún don especial. Ninguno que no sea la falta de temor a la hora de ponerme con un lápiz por delante. Si sale bien, fenómeno. Si sale mal, la papelera está ahí, esperando trabajo. Y creedme: fueron muchos los bocetos que destruí durante aquella época. Pero quizás esa falta de temor a cagarla (total, nadie me iba a cortar la cabeza si me salía mal un dibujo) fue la que me llevó a dibujar cosas que, a día de hoy, no creo haber superado.
Con la escritura supongo que es tres cuartos de lo mismo; empecé a dibujar mucho más tarde que a escribir. Digamos que algunas de las ideas que he usado en mis historias, de algún modo u otro, han estado siempre ahí, pero no fue hasta que tuve trece o catorce años que me pusiese a intentar darles forma. Eso me convierte, supongo, en un autor tardío. Más si consideramos que no me lo tomaría en serio hasta que hube casi cumplido un cuarto de siglo, con muchas destrucciones de historias previas.
No, no puedo decir que sea escritor. No cuando sigo sin pensar que domino el arte de contar historias. No tengo talento, porque todo lo que hago, lo que soy y lo que consigo, se debe a lo que aprendo de otros y a las horas que le dedico. No creo ni que sea bueno, considerando que de vez en cuando tengo que parar de releer lo que escribo para no coger y mandarlo todo a tomar por culo. Solo soy alguien que lleva unas inquietudes en las tripas y busca el modo de exorcizar a sus propios demonios. Bien con la música (unos cuatro años tocando el bajo en un grupo dan fe de ello... o al menos, suponen un experimento más), con el dibujo o con la escritura ("literatura" me parece un término demasiado elevado, demasiado fuerte para referirme a mis escritos).
"¡No somos dignos, no somos dignos, no somos dignos, simples gusanos!"
Ninguna de estas actividades es mi profesión y, a día de hoy, cada vez me convence menos la idea de que lo sea. Son mi válvula de escape, una necesidad o una simple forma de evadirme de un mundo que cada día me cuesta más entender. Que el mundo conozca lo que hago o no, llega un punto en que empieza a darme igual. Sé que no me sentiré mejor ni del todo satisfecho viendo mis libros o mis cómics en una tienda. Me conozco lo bastante bien como para saber que los elogios del público (suponiendo que llegue a recibirlos), lejos de halagarme, me van a incomodar mucho. No, no estoy seguro de querer algo así para mí. Mis motivaciones no son esas, o al menos, ya no cuentan entre las de mayor peso. Sé que muchos de vosotros sí pensáis así, y más o menos puedo entenderlo; es solo que cada día estoy más convencido de que eso no es lo que yo quiero para mí. Pese a lo inconformista que puedo parecer a veces, creo que en este caso vuelvo a nadar contra corriente y me quedo con la idea de que lo mío es crear cosas simplemente porque quiero crearlas. Porque disfruto con ello. Porque me aportan algo a nivel personal.
Cada día estoy más seguro de que, si en un hipotético futuro, da la casualidad de que proyecto, de que llego a algo, de que mi trabajo acaba alcanzando un público y que la cosa incluso prospera, va a ser algo que me encuentre casi más de manera casual que porque lo vaya buscando. Nunca he sido una persona especialmente ambiciosa en lo profesional y he tendido más a agradecer lo que tengo y lo que he conseguido.
Si alguna vez se me acaba asociando a términos como "escritor", "artista" o cualquier otra palabra de estas que me dan cosa, que quede claro que jamás será porque yo me he considerado como tal. Como mucho llego a aprendiz, y demasiado indulgente estoy siendo conmigo mismo.






24 comentarios:
Te agradezco el artículo, Javi, porque al fin puedo mostrar mi disconformidad con lo que dices (hasta ahora es que siempre estaba contigo, pese a las muchas insensateces que has tenido a bien exponer, y con las cuales me he identificado con plenitud). Vale, muy bueno, y muy coherente todo, pero no estoy de acuerdo con una cosa esencial, fundamental y dramáticamente relevante: el talento existe. Llamémosle Musa, cromosoma o whatever, pero el talento innato existe. En mis muchos y largos años de juntaletras he conocido a miríadas de colegas de afición/profesión absolutamente negados para tal fin. "Disminuidos literarios" les llamo yo, gente que, por más empeño que le echen, jamás escribirán nada memorable, siquiera digno. Como un ciego doctorado en arte pictórico: da igual que seas capaz de percibir las sutiles influencias de la pintura flamenca del XVI en la obra de Kokoschka, o las trazas bizantinas en la arquitectura de Calatrava. No puedes, no puedes captarlas en su esencia, no puedes abarcarlas en tu intelecto -acaso genial para otras labores-, es imposible que me des lecciones de literatura si, tres décadas después de terminar la primaria, sigues sin saber si el espacio antecede a la coma, o viceversa. Ser escritor no es como ser ingeniero o arquitecto, no hay un título oficial reconocido en la Unión Europea, de modo que cualquiera que sepa leer y escribir puede autoerigirse en escritor. Pero autoerigirte como escritor no te convierte en uno, por más que abunden esos elementos en el mundillo. Hay una predisposición natural, seguramente genética, que tiene mucho que ver con la destreza en el uso del idioma. Se reconoce en el aprendizaje de lenguas extranjeras, y seguro que tú lo has notado; hay a quien el inglés le parece imposible. A este tipo de personas les digo directamente: pues olvídate de aprender alemán, jamás lograrías hablarlo aun viviendo mil vidas. Pues con la escritura, lo mismo. Existen los "discapacitados literarios", como los futbolísticos (entre los que me hallo), los culinarios o los musicales. He dicho :)
Entiendo tu punto de vista, pero sigo sin verlo; me refiero al hecho de que hasta la fecha lo que se sabe del genoma humano es información en base al color de pelo, los ojos y poco más. El resto, dada mi experiencia, es aprendido: mencionas el caso del inglés... en mi experiencia dando clase, te puedo decir que esa gente "negada" para el inglés tenían un problema, sí. Pero no tenía nada que ver con algo innato, sino con haber dado con profesores que los habían desmotivado o que no habían sabido impartirles la asignatura de un modo organizado. Prueba de ello es que la gente que se ha puesto en mis manos (la mitad venían diciendo que no era lo suyo) han acabado esforzándose y aprendiendo. Incluso sacando buenas notas, lo que contradice un poco esa idea del "cromosoma X"...
Otra cosa es lo que tú mencionas, en lo que sí coincido contigo; pero esos "disminuidos literarios" no vienen porque los Dioses les hayan escupido encima: a menudo es gente que no trabaja, que no lee, que no revisa lo que hace, que se contenta con las cuatro cobas que le sueltan y que no tienen absolutamente ningún afán por mejorar. Vamos, lo que mencioné en mi anterior artículo...
Para mí no existe el talento, sino el trabajo y el afán de superación. Si no trabajas y no dudas constantemente de que lo que has hecho esté bien, no mejoras. No aspiras a llegar a nada en condiciones, o no a desarrollar el potencial que tienes. Pero esto no viene impuesto por nada, salvo quizás la voluntad y el inconformismo de cada uno...
¡Que no! Hay destrezas innatas, e incompetencias innatas. Por mucho que yo entrenara, nunca jugaría tan bien al fútbol como Messi. Y por mucho que Messi entrenara, jamás escribiría tan bien con Joseph Conrad. Es duro, es injusto, es fascistoide, pero es un hecho: no todos estamos capacitados para según qué cosas.
Pero tú me estás hablando de características físicas y me las estás poniendo al mismo nivel que destrezas mentales o intelectuales. Partiendo de esa base, va a ser que ahora TODO proviene de un gen: si eres bueno pintando floreros es un cromosoma. Si se te da bien tocar la batería, es un cromosoma.
Es el mismo principio que atribuirlo a un dios, si lo piensas. Más cuando eso ni está demostrado y todo apunta a que la genética condiciona más las aptitudes físicas que las creativas.
Las aptitudes intelectuales también son hereditarias. Se sabe con certeza de la influencia de la genética en el desarrollo de enfermedades mentales, como la esquizofrenia. Es algo atrevido, pero creo que lo mismo pueden valer a la hora de determinar la destreza en el uso del lenguaje. Fíjate en una cosa: la habilidad literaria está muy estrechamente ligada a la habilidad lingüística en general. La gente que no distingue entre "cómo" y "como" rara vez aprenden a dominar una lengua extranjera, e igualmente, rara vez consiguen escribir realmente bien.
Pero tú me estás hablando de la habilidad lingüística a la hora de conformar una frase o de seguir las reglas gramaticales u ortográfica. Qué tiene que ver esto exactamente con la creatividad? Si son fenómenos que hasta se producen en áreas distintas del cerebro!
Aparte, me estás diciendo que abogas por la existencia de un cromosoma chachi que determina absolutamente todo en nuestras vidas? Es decir, si nos gustan las fresas, es un cromosoma? Si sabemos pelar rápido las naranjas es un cromosoma? Si nos daban de hostias en el cole, también es un cromosoma?
Sigo pensando que achacarlo absolutamente todo a la genética y desdeñar por completo el trabajo o la influencia del ambiente es quedarse con una visión muy simplista y limitada de cómo funciona el aprendizaje. Más cuando existe toda una rama de la psicología (la cognitivista) que plantea que es bastante improbable que todo se deba a la interacción genética. Siempre hacen falta más factores... y personalmente, lo del "cromosoma específico" para tocar el piano (o lo que sea) no me lo creo. Mi argumento: el piano cuánto hace que se inventó? Doscientos? Trescientos años? La evolución no funciona a pasos tan rápidos para que, en unas cuantas generaciones, desarrolle un cromosoma específico para tal o cual cosa. Ni siquiera las mutaciones más raras consiguen cambios tan rápidos.
Me da un poco de cosa contestar porque no me he leído el artículo entero, pero como ayer yo comentaba que me siento escritora, te aclaro lo que yo pienso.
Yo escribo historias, mi medio para conseguir darle forma, para crearlas, mi "barro" son las palabras, y creo que todo el que hace lo mismo es escritor. Otra cosa es que sea un buen escritor, un mal escritor o un escritor mediocre, que esa es otra cuestión, decir que eres escritor no es sinónimo de decir que eres bueno, al menos según mi punto de vista.
Te lo digo porque llevo años enseñando alemán. Cuando alguien me dice que el inglés, idioma que ha estudiado durante doce años en la escuela, desde tercero de EGB hasta el bachillerato, le viene grande, inmediatamente le digo: pues olvídate de hablar alemán. Es como si me dijeras que no dominas muy bien la aritmética, que dos más dos son cinco, pero que quieres aprender a resolver ecuaciones diferenciales de variables aleatorias. Vete al peo...
Curiosamente, cuando estudié lingüístca en la carrera, rebatieron ese concepto de la "lengua difícil": por "difícil" que resulte cualquier lengua, todos los niños del planeta aprenden a hablarlas a la misma edad, más o menos, lo que implica que no existen lenguas más "difíciles" que otras.
Otra cosa son los bloqueos mentales que cada uno se ponga a la hora de aprender: si no se practica, no se aprende. Así es como aprendemos a hablar, practicando. No hace falta un talento especial, sino tener los oídos en funcionamiento y poco más. El tema del aprendizaje es una tarea que requiere sobre todo, práctica, voluntad y esfuerzo. Achacarlo a que se tiene un Don divino, natural o cualquier otra cosa es justificar las carencias de uno o, siendo más claros, ningunear el esfuerzo de otros: "Tú eres bueno haciendo tal, no porque te lo hayas currado, sino porque tienes un don".
Rae, sí, yo entiendo tu punto de vista. De hecho, he hablado con Isi hace un momento del tema y es curioso: los motivos por los que ambas os consideráis escritoras son prácticamente los mismos por los que yo no me lo considero :D
Pues, Javi, ten por seguro que hay un cromosoma implicado en tu capacidad de tocar el piano. No el piano como instrumento, pero sí como factor que te hace más capaz para detectar tonos, ritmos, para coordinar tus habilidades psicomotrices... La escritura, querida Rae, es un campo complejo. Un buen escritor necesita inventiva, ingenio, imaginación, una vasta cultura general para encontrar argumentos sólidos, y destreza en el manejo del idioma. Se puede ser muy torpe con el lenguaje, no distinguir entre "cómo" y "como" y aún escribir novelas memorables, pero como todo es mejorable, lo ideal es que, además de la imaginación y la inventiva, tengas ese dominio del idioma que sólo -sí, sólo, por nazi que suene- te dan los genes.
Curioso que nadie que tenga conocimientos de genética lo haya dicho aún. Eso es lo que me resulta más curioso de todo: de momento no se ha asegurado por ninguna parte que el desarrollo de según qué cosas provenga de una raíz genética, pero sin embargo todo el mundo se lanza a la piscina a asegurarlo, en plan "no, es que yo tengo fe". No deja de resultar contradictorio que para todo lo demás en general la sociedad vaya de escéptica por la vida, pero luego asuma según qué cosas del tirón.
Y digo yo, cómo sabes que eso es un genoma y no simplemente esfuerzo y práctica durante años?
A tenor de lo cual, no deja de resultarme curioso tu planteamiento: si ese genoma de detectar ritmos y demás existe, entonces por qué una persona normalmente solo toca bien un instrumento y no cualquier cosa que se le ponga por delante? Con ese genoma también tienes que ser un crack con la guitarra, la batería, la balalaika...
A Javi: Tú has escrito cuatro o cinco novelas, si no te consideras escritor allá tú, pero el escritor no es el que publica, ni el que tiene éxito, ni siquiera el que es bueno haciéndolo, es el que necesita contar sus historias por escrito.
Weiss: Estoy de acuerdo, pero se puede ser un escritor mediocre y eso no te hace menos escritor.
Es la cosa, yo no me considero escritor porque no creo que merezca ese título. No de momento y no desde luego atribuyéndomelo yo. Como mucho soy alguien que se inventa cosas e intenta darles forma... pero poco más ;)
Es verdad que no deja de ser una percepción mía, basada en lo que he vivido y observado. Llámalo fe, es verdad que no tengo argumentos objetivos. En todo caso, a mí me resulta convincente: ni yo jugaré al fútbol tan bien como Messi, ni Messi escribirá tan bien como Joseph Conrad por más que le vaya la vida en ello.
Messi no se ha pegado los años que se pegó Conrad escribiendo... y francamente, no me veo a Conrad entrenando desde los seis o siete años ;)
¡Jajajajaja! Na, habría que tener en cuenta los entornos en los que se criaron y tal... pero va, que hay cosas innatas. Con la música pasa mucho, seguro que lo has notado. Yo, por ejemplo, tengo un buen oído. Es curioso, porque luego no sé tocar la guitarra. Mis amigos y yo hemos sido muy "musiquitos", desde los 16 años hemos salido de parranda con una guitarra, y yo nunca aprendí a tocarla, pero cojo bien el tono. De hecho, muy a menudo, cuando alguien que pasaba por la calle y se encaramaba a la fiesta, nos decía: "toca tal tema!". Los guitarristas de la pandi no lo conocían, pero ahí llegaba yo, hacía asín y asán... y sacaba los cuatro acordes de la cancioncita de marras. No me preguntes cómo, simplemente los adivinaba. ¿Por? Porque se me da, tengo esa virtud escrita en los genes, en el Libro del Destino o donde quieras, pero la tengo. Ahora, pregúntame cuál es la derivada del logaritmno neperiano de equis elevado a menos e. Ni puta idea. Sin embargo, mi padre, que hace cincuenta años que dejó la facultad, todavía se sabe la fórmula del área de un toroide... yo lo flipo con él. Es innato, tío :P
O igual es que tus oídos funcionan bien y además prestas atención. Eso no me parece algo tan innato; no porque algo se te dé bien quiere decir que lo tengas desde que te parieron. Es probable incluso que desarrolles según qué capacidad de modo inconsciente... como el caso del habla. No tienes innato el lenguaje español. Es lo que has adquirido de modo inconsciente a base de escucharlo y practicarlo, como podrías haber nacido hablando otro idioma de haberte criado en Rusia o en Mongolia...
Si hablar inglés razonablemente bien ya es difícil, yo te quiero contar sobre el ruso. Lo estudié año y medio. Una bella lengua, pero ¡horrorosa!
Es difícil si no te has pegado desde pequeño. Si fuera difícil en términos universales, los niños rusos empezarían a hablar a los diez años...
Además, lo de la "lengua difícil" cae por su propio peso con el principio de economía del lenguaje: si algo es muy complicado para el hablante, tiende a evolucionar o desaparecer.
Whatever -you're so stubborn-, pero insisto: no somos iguales, no lo somos, y punto! :P
Sí somos iguales: ninguno de los dos se baja de la burra ^_^
No bajarse del burro, muy español eso :P ¿Ves? No somos como los daneses o los suecos. Van a ser los genes :P
Nah, es algo más bien cultural ;)
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