Hablando con una amiga, camarada de armas y otra tocapelotas integral como un servidor, ha surgido la conversación acerca de eso tan extraño que es hoy en día como argumentar tu postura. En la actualidad, en este mundillo dominado por los realitichous y las barriobajeras que se insultan en horario infantil, parece ser que empieza a darse una tendencia peligrosa. La consistente en asumir que, todo aquello que no te dé la razón, es de manera automática un insulto.
No entraré a detallar lo que le pasó a mi amiga, ya que ella solita se ha encargado de contar su historia; me limitaré a comentaros el hecho de que, mediando entre otras dos partes enfrentadas entre sí, ella simplemente se limitó a decirle a una de ellas (la que decía sentirse más ofendida) que, puestos a contar en público lo que le había pasado, lo mínimo era que sus oyentes tuviesen la oportunidad de escuchar la otra parte. Nada, a mi juicio (y creo que al de una persona con un mínimo de sensatez), descabellado.
Mi amiga, por decir algo así, ha sido acusada de faltar al respeto.
No es un caso aislado. Yo mismo he sido acusado de cosas similares en numerosas ocasiones cuando alguien me ha venido contándome el sentido de la vida sin muchas más explicaciones que el simple y llano "Porque yo lo digo".
Muchos de vosotros me conocéis. Sabéis que yo no me quedo con la palabra de nadie, si ésta no viene respaldada por unos argumentos; luego, esos argumentos los puedo asumir, reconocer, me pueden convencer o no. Cambiar de opinión es decisión mía, del mismo modo que lo es la de cualquier persona, incluida la que me intente convencer.
Y es que un debate no tiene por qué ser un pressing catch, donde gana el que la tiene más gorda (la opinión); igual ambos debatientes tienen su parte de razón y resulta que el objetivo del debate es intercambiar información. Contrastada o bien opuesta, pero eso enriquece (o debería enriquecer) el conocimiento de ambas partes.
Pero no.
Aquí la cuestión es que el mundo te tiene que dar la razón: tú expones tu punto de vista particular porque eres DIOS, y no necesitas argumento o explicación que respalde lo que dices. La gente te tiene que dar la razón como a los tontos, y no solo eso: tienen que meneársela de gusto con lo que sueltas, alabar tus santas palabras y, JAMÁS, cuestionar tu Credo. Y ojo, hablo de CUESTIONAR, es decir: preguntar "Oye, ¿y eso por qué dices que es así?", desde la duda razonable y no desde el desprestigio en plan "Esto es una mierda". Eso NO es cuestionar, es hacer la oposición del chapucero.
Supongo que en esta sociedad guerrillera y polarizada en la que vivimos, todo lo que no sea seguir la corriente se toma precisamente como un ataque. "O estás conmigo o estás contra mí". Si te preguntan, parece ser que lo normal, acostumbrados como estamos a ese batiburrillo constante de insultos y desprestigios hacia las posturas contrarias, se tome como un insulto. Como una ofensa. Como, incluso, una falta de educación.
"Pichagorda_19 dice que no termina de ver mi postura... ¡SERÁ MALEDUCADO EL HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA! ¡LO MATO! Pues nada, le voy a mandar un mensaje cagándome en sus muertos que se va a mear en los pantalones"
Aprendamos un poco, caballeros, caballeretes y otras criaturas: que alguien no crea que tengas la razón no es faltarte al respeto. Simplemente manifiesta su desacuerdo hacia ti y, por mucho que nos duela, esas cosas pasan. No somos dioses, no estamos en plena posesión de la verdad (puede que la Verdad, en mayúsculas, ni siquiera exista y cada uno vea las cosas desde su particular prisma) y, si ni siquiera nos molestamos en ofrecer información que respalde nuestras aseveraciones, cualquier persona con un mínimo de honestidad o de sentido común debería decir "Vale, muy bonito, pero... ¿esto por qué?". Cualquier persona que tenga un ápice de inconformismo en las venas pedirá algo más que la Inviolable Palabra de uno para, como mínimo, entender nuestro punto de vista (lo de apoyarlo es harina de otro costal, algo que ni siquiera veo como un objetivo deseable).
Asumidlo: esto NO tiene nada que ver con cagarse en los muertos del prójimo, llamarlo giliipollas o pregonar a los cuatro vientos que se ha follado a su madre y que encima ésta no es ni buena en la cama. Eso, aceptadlo, SÍ es una falta de respeto y no lo que hemos visto arriba.
Pero podemos seguir incluso yendo más lejos: resulta jodidamente hipócrita que éstos que ven ninguneado su honor personal cuando llega alguien y no les baila el agua, sean los primeros en proclamar la censura. Esta clase de personajes, lo sé por experiencia propia, amén de centenares de testimonios, tiene un gatillo tan rápido que ríete de Clint Eastwood cuando se trata de borrar los comentarios de otros. Porque en Su Sacrosanto Círculo sólo puede haber UNA opinión válida: la que le da la razón.
Pensamiento Único.
Casualmente, el que coincide con estos seres que luego van de liberales, tolerantes y de libertarios por la vida. Aquellos que se sienten ofendidos a la más mínima, pero que no dudan en pisotear, aplastar o silenciar aquellos que no comulgan con su Credo, porque "están ofendidos".
Mucha lagrimita veo yo aquí, qué queréis que os diga.
"¿Pero cómo han podido hacerme eso A MÍ? ¿A MÍ?"
Y es que esto clama al cielo cuando ves que los que toman esta actitud son ya gente que tiene la entrepata velluda o bien canosa. Cuando estos mismos, a la primera que escuchan algo que medio se sale de su Firme Corriente de Excelso Pensamiento montan en cólera y profieren insultos en privado a aquellos que se disponen a no aceptar sin reservas lo que les dicen. Cinismo extremo, cuando ellos acusan de "intolerantes" y de "radicales" a aquellos que no se limitan al "Sí, amo" o "Eres la razón de mi existencia, gracias por iluminarme con tu sabiduría". Un cinismo que emplean a niveles alarmantes cuando, no contentos con insultar, desprestigiar y saltar a la yugular de los demás, se rasgan las vestiduras autoerigiéndose víctimas del mundo. Estos seres, que enarbolando el Respeto como un arma, se convierten en Reyes del Drama y les falta el canto de un duro para entonar el Hipogrifo Maldito a voz en pecho mientras exigen (no he dicho piden, que quede claro) mimitos de su camarilla.
"Los demás son muy malos conmigo, mirad cuánto sufro"
"No me han dado la razón, no se me está respetando"
"Tengo derecho a la libertad de expresión"
Esta última me encanta, porque parece ser que solo ellos pueden ostentar ese derecho. Se cortan con un folio y gritan que un hijo de la grandísima puta les ha amputado un brazo, aunque usen la mano que dicen haber perdido para señalarlo. Porque ellos SÍ pueden opinar, aunque sea para mearse en la cara de aquellos que no les alaban de forma incondicional. Ellos pueden decir que eres un gilipollas, un maleducado, un hijo de la gran puta o que tus padres eran hermanos. Ellos sí pueden, porque tienen carta blanca. Están por encima del bien y del mal. Porque, al sentirse víctimas de una conspiración, ya tienen plena potestad para coger y atacar a personas que igual no les han insultado realmente. Da igual, porque ellos SE SIENTEN así, y ya con eso todo está permitido.
"Yo tengo derecho a la libertad de expresión; y también a coartar la de otros", es lo que vienen a decir, en resumidas cuentas.
¿Y esto, de dónde sale? ¿Ha surgido esta gente del espacio exterior, ha brotado de la tierra o ha sido criada en tanques de clonación? En absoluto. Esto surge del hecho de que hoy en día ya no merece la pena argumentar nada. Es triste, pero es así. Ya pocos saben mantener una discusión civilizada acerca de cualquier tema (no necesariamente política, ojo) sin acabar entrando en alusiones personales, insultos soterrados o en ataques directos contra otra persona. Lo fácil sería echarle la culpa a la tele, a las Belenesteban que proliferan día sí y día también; cargarle el muerto a los políticos por el ejemplo que dan todo el puto día en el Congreso de los Amputados.
Sí, eso sería lo fácil.
Pero que este mundo se vuelva cada día más ignorante y más garrotero no es culpa de ellos, o no toda. Siempre hemos tenido la opción de no escuchar a esos animales sobre dos patas, pero lo acabamos haciendo. Vamos de cultos, pero prácticamente todos sabemos quién es Matamoros, estamos al día de la última patochada que Marianete ha soltado por la boca o nos hacemos eco de la última cagada que alguien ha soltado en la red social del pajarito azul.
Y no es malo tener conocimiento de esas cosas. Saber que esas cosas existen no nos convierte en inferiores, débiles mentales o pobres granujas de mente simplona, ni mucho menos. Lo que es malo es acabar pensando que esos casos molan, que la sociedad en general es una polarización del blanco hacia el negro, del "nosotros contra ellos" y del culto a la Verdad Absoluta (especialmente cuando creemos estar en posesión de ella, sin lugar a dudas de ningún tipo).
"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. El que no siga mis pasos es un subnormal"
Es entonces, amigos Distópicos, cuando estamos cada día más cerca de convertirnos en masa informe, en mentes manipulables, en amantes del Pensamiento Único. Cada día que exigimos que la gente asuma lo que decimos, sin explicarles nada, sin apoyar con argumentos nuestras tesis y desde el "Porque lo digo yo, que yo sé y tú no sabes nada (Jon Nieve)" nos acercamos más a esa mentalidad que exige que todos sean como nosotros, distanciando a los disidentes. El pensamiento divergente, caca de la vaca. Conmigo aquellos que están de acuerdo en todo; a los otros que les follen. Pero que les follen mal, no sea que les dé gustirrinín y lo último que queremos es que disfruten. Porque como son malos, que se jodan.
Y así nos va: a la más mínima que alguien dice "Oye, yo no creo que esto sea así", la política es la simple: "Tú es que no sabes", "tú es que no tienes ni puta idea de nada", "yo es que estoy informado (aunque no te cuente un carajo)", "tú eres gilipollas, así que cállate" o el simple y llano "Pues yo me cago en tu puta madre". Todo eso siempre antes de preguntar a la otra persona lo que sabe del tema (porque puede que algún día demos con alguien que se nos mee en la cara en un tema que creemos dominar. Repito: no somos Dios), ¿para qué? Lo mejor es masturbarse ante el propio conocimiento. Me compro un tebeíto a la semana y en cuanto tengo veinte ya puedo dar lecciones a gente que a lo mejor lleva coleccionando material veinte putos años. Me leo un par de libros y ya digo que soy un experto en literatura, y se lo digo a lo mejor a alguien a quien no he preguntado y puede que sea doctor en la materia y que tenga experiencia para parar un carro. Me veo un par de pelis de horror cutres y ya puedo decirle a cualquiera que no coincida conmigo en UNA película que no tiene ni idea.
Esto lo vemos día a día. Gente (o gentuza, ¿veis? La palabra "gentuza" sí se parece más a un insulto) así es la que exige que les des la razón, so pena de ningunear lo que tú digas, por razonado que esté. Y si pueden, se buscarán un grupo de sabios detrás que les toquen las palmas. Y vendrán a decirte que, como son más, tienen la razón... aunque ese grupo a lo mejor no haya leído un libro en su puta vida, no haya visto ni una sola peli de terror o no tenga ni puñetera idea de quién carajo es John Byrne. Pero como esto es democracia, argumentan, hay que respetar la opinión de la mayoría. En la minoría nos meamos, especialmente si la minoría no está de acuerdo.
"Ey, chaval, dicen que no eres fan de Nirvana"
"Pues no, no me gustan mucho"
"Bueno, pues que sepas que ese pensamiento no está permitido. Te vamos a dar una paliza de las gordas y luego te vamos a poner el Nevermind tantas veces que lo primero que escuches al levantarte cada mañana es el Smells Like Teen Spirit".
"Joder, ¿y eso por qué? ¿Qué os he hecho?"
"Que qué nos ha hecho, tiene los cojones de decir... pues ser un puto ignorante que no tiene ni puta idea de música"
"Pero quillos, que me he pegado media vida estudiando en el conservatorio, algo de música sí que sé"
"Nos importa tres cojones. Si no te gusta Nirvana, no sabes de música"
"Pero..."
"Pero..."
"Ni peros ni putas hostias. Vete preparando que aquí viene la primera manta de guantazos"
Democracia, lo llaman. Palabra aprendida en jueves, que todo el mundo argumenta para justificar su miserable actitud hacia los demás. Porque en democracia, sostienen, todo lo que ellos hacen está permitido. Lo de los otros no, claro.
Y si alguien les planta cara, les pide explicaciones, las rebate de una forma lógica, organizada y consecuente, lo que viene es el Drama.
Y esto es todo lo que tengo que decir al respecto. A ver cuántos de los de siempre me vienen ahora diciendo que, por sostener ideas como las que acabo de exponer (dando ejemplos, argumentos y razones que, podéis estar de acuerdo o no con ellas, pero veis que no son sacadas del sobaco y que provienen de un concienzudo análisis personal del tema) me llaman radical, beligerante, intransigente y demás payasadas que me he tenido que tragar a lo largo de una buena temporada precisamente por no besar los culitos de los que han dicho eso. Porque sabéis tan bien como yo, que si les hubiera dado la razón en toda puta cosa que sueltan desde sus santas bocas (o culos, a veces no lo tengo del todo claro, para qué nos vamos a engañar), no habría recibido ninguno de esos "constructivos" comentarios.
Probablemente lo que habría recibido habrían sido alabanzas, peloteos y palmaditas en la espalda, como si lo viera. De ellos, de los que borran comentarios en redes sociales, de los que bloquean al primero que les dice algo que no les termina de gustar, de los que insultan por privado. De esos seres amistosos y tolerantes.
No es por ponerme flores, pero no tengo ningún problema en decir que yo solo tengo a UNA persona bloqueada, y por razones mucho más serias que la mera discrepancia.
Yo puedo ser como os dé la gana de bruto hablando, de tocanarices. Podéis decir que soy un deslenguado, escatológico o incluso blasfemo, sería ridículo negar todo esto, porque reconozco que es una verdad como un templo. No hay nada de malo en admitirlo, porque tampoco creo que esté cometiendo un pecado capital por expresarme de la forma que me expreso. Simplemente digo las cosas como creo que son, y uso el método de expresión apasionado y guerrillero que me gusta expresar. Que tenga razón es algo muy diferente y nada que ver con esto. Yo mismo, ya lo sabéis, dudo de todo. Incluso de mi propia razón.
Pero de una cosa podemos estar seguros, vosotros y yo: los que me conocéis bien JAMÁS podréis decir que cuando alguien me dice algo que no me gusta me voy para él y le digo que es un gilipollas, que me cago en su puta madre o me dedico a borrar sus comentarios para que nadie lea algo diferente a lo que planteo yo. No me iré para nadie que no conozca a decirle "Tú no sabes nada y yo sí". Yo no seré el que se ponga, cada vez que tiene una discusión con alguien a decir "Me han hecho pupita, venid a defenderme y a darme mimitos, que soy una víctima". No seré yo el que os exija que me hagáis la pelota, porque (muchos habéis sido testigos), cuando algún despistado me ha venido en ese plan, directamente no me lo he creído y lo que se ha llevado es una ración doble de escepticismo.
Debo ser alguien que no encaja en este mundo de chupaculos, basado en la hipocresía y la mentira, porque en muchos círculos soy considerado un monstruo. Alguien que no interesa, cuya compañía prefiere evitarse.
Insisto: puedo estar equivocado en mis planteamientos, pero recordad algo: a diferencia de otros mucho más guais que yo, sabéis que yo no os voy a mentir.





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