jueves, 14 de marzo de 2013

Mondo Chorra- Guerras intestinas




Los pocos que me habéis tratado de un modo más o menos personal sabéis que no siempre me he dedicado a eso de juntar letras; actualmente, si seguís mis últimas noticias, estoy pegándole al asunto de los lápices (al que me llevo dedicando desde que el mundo es mundo) y, hasta muy poco antes de plantificar los pies en este mundillo, me dedicaba a la música. En ningún caso me he considerado un fuera de serie en ninguna de estas disciplinas, pero siempre lo he hecho lo mejor que he podido, intentando superarme a mí mismo cada día. Sin más ambiciones que las de ser mejor que lo que soy ahora mismo. De querer abandonar de una vez la mediocridad y poder decir que hago algo decente en mi vida, para variar.

Es curioso cómo cambian las percepciones: cuando asomé los hocicos por esta comunidad de escritores, escritorzuelos, cagamandurrias, reseñistas, gente que dice que es reseñista pero que no lo es, lectores profesionales, personajes que se han leído cuatro (literalmente, CUATRO) libros y dicen que son profesionales y toda clase de coyotes de distinto pelaje, mi impresión inicial era que este mundillo era algo más solidario que el de la música. Al fin y al cabo, yo venía pelín harto de formar parte de festivaletes en fincas que hacían las veces de campo de fútbol, compartir escenario con vete tú a saber qué seres y luego escuchar gilipolleces en foros de músicos.
Por aquella época, a mis veintitantos, ya me parecía ridículo tener que escuchar cosas del tipo "Cómo me toca los cojones que aquí unos organicen conciertos sin consultarnos nada", como si el grupo de uno estuviese sometido a las órdenes de un tío, llámalo Fulano, llámalo Mengano. De tener que ver cómo tus compañeros de grupo te venían diciendo que teníamos que hablar con los del otro, porque daba la casualidad de que la versión de tal grupo que tocábamos también la tocaban otros, porque "La comparación va a ser inevitable". Como si ahora por subirte a un escenario y tocar algo tengas que dar explicaciones a gente que ni siquiera toca contigo. De tener que andar desnudando tu repertorio para que no dé la puta casualidad de que otros toquen algo parecido y surjan malos rollos dignos de patio de colegio.

Y con la idea en mente de que eso no tenía por qué pasar entre escritores, me planto aquí.
Sé que muchos creéis que siempre pienso que tengo la razón. Que jamás creo haberme equivocado. Leyendas urbanas de estas que no hacen más que fomentar la subnormalidad colectiva y generar prejuicios sobre alguien a quien lo mismo no conocéis del todo bien. Lo cierto es que sí, la cago y muy a menudo. Lo que igual no sabéis es que, cuando me equivoco, me pillo unos rebotes conmigo mismo que os podéis ir cagando por las patas abajo.
Imaginad el cabreo que me pillé cuando me dí cuenta de que el mundo de los escritores no es tan distinto al de los músicos como yo pensaba.


"No me jodas, ¿aquí también?"

No me malinterpretéis, porque tengo que decir que aquí he conocido a gente que se ha portado muy bien conmigo. No voy a dar nombres, porque luego estarán los hijos de puta de siempre diciendo que hago la pelota a no sé quién y demás (irónico, creo que en mi puta vida le he hecho jamás la pelota a nadie, lo que me ha granjeado no pocas discusiones con gente con la que suelen relacionarme. Preguntad por ahí y lo comprobareis)... solo decir que la experiencia a nivel personal no ha sido del todo mala y que me llevo buena gente a mi alrededor.
Pero tampoco es oro todo lo que brilla, ni mucho menos. Por cada buena persona que he conocido, he visto al menos una o dos que es de todo menos amable. No es la primera vez que me ha llegado alguno en modo Juez Dredd por la vida, sin preguntarme por mis conocimientos literarios, graznándome y diciendo que no tengo ni puta idea sobre literatura (o cine, o más ridículo aún, sobre cómics). De pedazos de subnormales que, si bien han pretendido lamerme el ojete un día (ya sabéis cómo me tomo yo el peloteo) al día siguiente me han dejado de hablar sin dar explicaciones... para luego reaparecer como si nada hubiera pasado. De gente que se dedica a ignorarte porque no les das la razón en cosas que ni siquiera son importantes.

Y esto no es todo.
He tenido que presenciar pugnas entre escritores, elecciones de bandos y demás movidas que, personalmente, no tenía ninguna necesidad de presenciar. De hacer tú un comentario GENERAL acerca de un tema en que se habla y encontrarte que una persona ya asume que has elegido bando y que la estás atacando, aunque no tengas ni puta idea de quién es esa persona. De ver al día siguiente como esa misma criatura está poniendo a caldo a gente que ha demostrado tener, no solo buena educación, sino que además, se han portado contigo como no hace la mayoría.
He tenido que asumir como gente que iba de guai por la vida, en realidad no eran más que otros gusanillos rastreros que se dedicaban a echar mierda sobre los demás. Sobre supuestos amigos, incluso, dejándolos en vergüenza pública y bajándose los pantalones a la primera de cambio para salvar el culo.


Un proverbio dice que las ratas son las primeras en abandonar el barco.
Yo, cuando alguien jura y perjura lealtad y luego, a la primera de cambio, da la espalda al más pintado y pasa a convertirse en otro injuriador más... no sé si llamarlo rata, pero desde luego que mucho no congenia con mi forma de ser. Yo por lo menos no le juro lealtad a nadie.

A lo largo de estos últimos dos años he visto con notable decepción como unos y otros, por los motivos que sean (no pienso entrar en juzgar la motivación ajena), han ido sentando las bases de una guerra intestina que los demás nos hemos visto, como mínimo, obligados a presenciar. Gente ya hecha y derecha han empezado con combates de dires y diretes, con acusaciones veladas, ironías, mordiscos a la yugular e incluso puñaladas traperas. La fiereza que he llegado a ver a veces, la mala leche, esa pasión y esa desazón (ambas cosas se han dado, curiosamente) me ha llevado a pensar que en esto nos jugamos el pan de nuestros hijos. Como si cada libro que publicamos o vendemos fuese nuestra única y principal fuente de sustento. Como si cada crítica desacertada o cada comentario sacado de contexto nos hundiese en la más absoluta de las miserias.
Y es que cuando lo profesional (si es que con esta actitud podemos llegar a merecer ser dignos de este adjetivo) llega a lo personal es cuando las churras se convierten en merinas. Cuando el "mal escritor" pasa a convertirse en el "hijo de puta" es cuando nos damos cuenta (o deberíamos darnos cuenta, al menos) que hay algo que no estamos haciendo bien. Que igual no es la clase de punto al que deberíamos llegar... pero al que, por desgracia, hemos llegado. Cuando ves que otra persona (lo suyo sería usar la palabra "compañero") publica, puedes hacer dos cosas: una, alegrarte, y dos, simplemente pasar del tema. Puedes hacer lo primero cuando consideras (en tu opinión) que la persona realmente lo ha merecido, que se ha esforzado y que su trabajo por fin ha dado fruto. En caso contrario (ya he hablado muchas veces de la independencia de términos entre "publicar" y "tener un mínimo de calidad"), puedes optar por pasarte por el ojete la noticia. Puedes incluso hacer algún comentario con algún amigo que sea medio de fiar... pero la guerra encarnizada, lo del lanzamiento de pedradas y los ataques personales... Me vais a perdonar, pero eso para mí está totalmente fuera de lugar.

Sabéis que yo no soy precisamente un santo y que cuando abro la boca sube el pan, pero si en lugar de fijaros en lo superficial os ponéis a analizar con frialdad mis palabras, os daréis cuenta de que JAMÁS he participado en bando alguno ni he llegado al terreno personal con nadie. Es más, cuando lo han hecho, ha sido cuando he decidido yo dar la conversación por terminada.
De que cuando alguien que me cae como una patada en los cojones o que me parece más malo que la Peste en lata ha publicado, lo que he hecho ha sido callarme. No soy lo bastante hipócrita como para escribirle dándole mis felicitaciones o dedicarle un abracito, pero tampoco me he puesto en plan "El hijo de puta de (inserte nombre aquí, o bien nombre insinuado) ha publicado. No compréis/leáis su mierda". En un mundo cada vez más jodido para el autor novel, donde lo que más está haciendo falta es que surja una ola de CREATIVIDAD (y por este término me refiero a creadores y no fotocopiadores baratos de autores baratos) y una nueva generación de lectores que se fijen en algo más que la procedencia del autor ("¡Español caca!") lo último que necesitamos es apuñalarnos los unos a los otros y llenar más de mierda un mundo que de por sí está devorándose a sí mismo por culpa de una especulación masiva. Si lo que necesitamos es calidad por encima de la cantidad, joder, dejémonos de rencillas personales y busquémosla, que no es tan difícil. Pero hay que querer.
Nos tiene que importar.
A menos que lo que queramos sea figurar, decir "Hey, tengo un libro" y esperar a que nos la chupen.

"Hey, nena... no veas qué gorda es mi...
... Novela"


Alguien puede caerme rematadamente mal (joder, uno es humano y no puede ir de guai con todo el mundo, ni está obligado a que todo el mundo le caiga bien; menos en un mundillo como este, donde a la más mínima te saltan a la yugular), pero no me veréis jamás pedir aliados, de solicitar una camarilla que pelotee a mi alrededor, ni de mendigar palmaditas en la espalda. Al que le he caído bien, le he caído bien, y al que no, pues oiga, este es un país libre. Ya sabe usted donde tiene la puerta, tire usted por su camino que ya tiraré yo por el mío. Muchos ya lo han hecho, bien por decisión propia, bien por sugerencia de un servidor y no puedo decir que les esté yendo mal. Esa forma de actuar, a mi juicio, me parece más madura y razonable que la mayor parte de las cosas que he estado viendo durante estos dos años: de cómo gente que no se puede ni ver, todavía siguen quedando entre sí. Cómo siguen escribiéndose y reuniéndose en según qué sitios. Leyéndose comentarios mutuamente y luego reuniendo a sus propios gabinetes de crisis. Llamadas de teléfono, parlamentos de cuchicheos y conspiraciones ultrasecretas en las que terceras (y cuartas y quintas) personas son implicadas, sin comerlo ni beberlo. Tú tienes un problema conmigo y es TÚ problema y lo tienes CONMIGO. Déjate ya de hablar con no sé quién, de poner en contra de Fulano a Mengano y de hacer que ambos vengan a buscarme. Deja ya lo de "Los amigos de mis amigos son mis amigos, pero si un amigo mío tiene un enemigo, es enemigo mortal mío".

No tenemos ninguna necesidad de presenciar estas cosas, mucho menos de participar en ellas. No nos convierten en mejores personas; no sacamos ningún beneficio de ellas, ya que al final esto es forjar alianzas en base a tratados de lo más ridículos. Meritología consistente en ganar puntitos ante según quién, pero en el momento en que me deje de convenir, los gano con su peor enemigo (que a mí en realidad ni me va ni me viene, pero parece ser que tengo que decidir si es amigo mío o no). Juegos de Tronos, donde impera el secretismo, la corrección política, el pensar una cosa y actuar haciendo justo la contraria. Puteamos a gente (insisto, las puteamos como personas, no a cómo escribe o cómo deje de escribir) a la que luego le damos un abrazo cuando las tenemos cara a cara. Pasan de ser el blanco de nuestro escarnio a convertirse en nuestros amiguitos, pasamos de ponerlos a caer de un burro con declaraciones que sobrepasan de largo el concepto de difamación y nos hacemos fotitos con ellos, porque a la cara nunca hay cojones de mantener la actitud que se tiene a las espaldas. No contentos con ello, seguimos y seguimos. Reclutamos más gente a nuestro bando; cachorros que, recién llegados, se piensan que esto es lo normal, que hay que buscarse un padrino al que chuparle el nabo para ver si conseguimos arañar llegar a ser algo más que la mierdecilla que somos cuando no conocemos ni a nuestra madre. Este mundo de fans metidos a escritores y de escritores que no leen se está alimentando a sí mismo en base a seguir perpetuando esta clase de políticas. La política de la cueva, donde los que están en una cueva recelan de los de la cueva de al lado. Donde no puedes tener amigos en corral ajeno, vayan a mirarte mal. Vaya a ser que los estés traicionando.

"¡Toma, cabrón! ¡Eso por hablarte con la Maripili!"
"¿Pero qué cojones...?"
"Sí, la Maripili, la que me dijo un día que no estaba de acuerdo conmigo en que mi novela es una obra maestra. Si te hablas con ella es que tú tampoco lo piensas. ¡Chupa cuchillo, hijoputa!"


La traición viene desde dentro. Es algo más profundo. Es cuando te niegas a hablar con alguien porque ese alguien no se lleva bien con un amigo tuyo (y no sabes muy bien a qué se debe, porque igual no es ni asunto tuyo, o simplemente no has caído en preguntar) cuando cometes traición. Traición hacia ti mismo. Te traicionas al negarte a conocer a alguien con quien podrías tener algo en común o no, eso ya es decisión tuya. Alguien que igual ha tenido sus motivos para enemistarse con ese amigo tuyo. Si no preguntas, si no ves por tus propios ojos la clase de persona que es, lo único que estás haciendo es dejarte llevar. Seguir los dictados de otro (que no consejos) y, en definitiva, guiarte por prejuicios.
Cuando lo que haces es dedicarte a la meritología barata (demonizando a unos, ensalzando a otros hagan lo que hagan) no solo te haces un flaco favor a ti; la industria no recibe una buena imagen de ese tipo de actitudes, cuando quienes las llevan a cabo escritores, o gente que aspira a serlo: esos muros públicos donde las conversaciones parecen corralas, esas reseñas que elevan novelas a los altares, esas masturbaciones públicas... ¿De verdad os creéis que os estáis labrando un camino en este mundo a base de ir mendigando favores? ¿De verdad os creéis que, a base de exagerar las virtudes e ignorar los defectos de la gente a la que admiráis le estáis haciendo un favor? ¿Así es como pretendéis que esa persona se supere a sí misma? ¿Regalándole los oídos y practicando felaciones dialécticas?

"Sois lo más, mi señor. Vuestras palabras me satisfacen enormemente. Cada gota de lo que plasmáis sobre el papel son sublimes pensamientos que llenan el vacío de mi existencia"
"Pero si esto es mi lista de la compra"
"Pero jamás había visto una lista de la compra tan bien expresada, mi amo".


Por denunciar este tipo de actitudes, por desmarcarme de esta política de república romana en sus horas bajas, sé que no os caigo bien a muchos. Otros directamente no podéis ni verme. Puede que incluso me odiéis, me da igual. A diferencia de vosotros, yo sé perfectamente en qué batallas me debo meter, que son las que me atañen a MÍ y nada más que a MÍ. Que hoy por hoy, tengo buenos amigos en este mundillo (e incluso con estos tengo mis diferencias y discusiones a veces), pero que si consigo algo, lo poco que consigo (que no es mucho, lo sé) es en base a mi mérito, mi esfuerzo y mi afán por mejorarme a mí mismo. Que lo que escriban otros me suda la punta de la polla, esté mejor o peor escrito, pero que no tengo por qué compararme con nadie. No tengo por qué demostrar a nadie ni a los amigos de nadie aquello de lo que soy capaz de hacer, por poco que sea. Puedo estar equivocado o puede que lo que diga os caiga como una patada en los huevos (aunque en el fondo coincidáis conmigo), pero sabéis que no voy a decir nada de cara a la galería. No pretendo quedar bien ante nadie, porque no creo que sea siquiera un objetivo que merezca la pena. No voy a decir nada que considere que es mentira ni os voy a dar la razón como a niños tontitos que necesitan aprobación constante.
Igual es por eso por lo que últimamente me siento tan despegado de lo que es el mundo escritoril, en general: tengo a mis amigos de siempre, con los que se puede hablar (y no os imagináis la de hostias que me llevo, literariamente, a manos de ellos) y con los que merece la pena echar un rato. Tengo otros, algo más lejanos, con los que siempre es agradable conversar aunque no coincidamos en la mitad de opiniones... y poco más. Los demás, para mí cada día están más lejos, son más desconocidos. Cada vez es gente que me importa menos... igual porque es gente que cada vez ha de importarme menos. También me importa cada vez menos eso de publicar o no, porque honestamente, en un mundo tan lleno de payasos y de gente que no folla bien, o directamente no folla (ni siquiera consigo misma), lo último que me apetece es aguantar peloterías, escuchar hipocresías o ser la comidilla de algún pobre desgraciado que no sabe ni donde tiene la cara y que no me ha tratado en su puta vida.

Así que, a aquellos que pensáis que esto es un mundo ideal de gente chuliguai, os propongo la experiencia, por si os interesa: id a buscar a esos que se dicen vuestros colegas, coleguitas, camaradas, amiguetes o lameculos e intentad comprobar si ellos hacen lo mismo. Ved si os dan la razón en absolutamente todo y os alaban por las migajas de sabiduría y bondad que tenéis a bien desprender, o por el contrario, observad si analizan con frialdad lo que decís. Si cuestionan vuestras palabras. Si matizan vuestros argumentos o si, simplemente, no terminan de ver a dónde queréis ir a parar. Si sois capaces de soportar que el mundo no gire a vuestro alrededor, puede que esto os sirva para distinguir entre aquellos que quieren ayudaros y aquellos que solo quieren ayudarse a sí mismos gracias a vosotros.
Luego, si queréis, podéis seguir viviendo en vuestra burbuja de cristal. Jugando a vuestros Juegos de Tronos. Reuniendo vuestros grupúsculos conspiratorios. Participando en vuestras guerras intestinas. Pero si esto se os va de las manos y os estalla toda la mierda en la cara, luego no vengáis a quejaros. Sabíais que podía acabar pasando.

4 comentarios:

weiss dijo...

Será ingenuidad, exceso de autoestima o una aberración congénita en mi configuración neuronal de escritorzuelo español, pero a mí me resulta muy gratificante ver que alguien de nulo talento publica y triunfa y todo eso. Tiendo a pensar: "si a este tipo, que es un disminuido literario, le ha sonado la flauta, más pronto que tarde tengo que dar yo el palo" :D

Rumbo a la Distopía dijo...

Puede ser. Y no voy a ser yo el que te juzgue por eso; mi objeto de crítica de este post más bien el de "Hemos venido aquí a escribir, puteos a nivel personal y demás no, gracias" :D

weiss dijo...

Ya. Pues bien, no se me ocurre mucho que aportar para enriquecer esta reflexión. Que hay mucha envidia (dicen que es el defecto más ehpañó), mucho guay con afán de protagonismo (eso son ya temas psicológicos más profundos de cada cual: complejillos no superados, falta de autoestima...), y mucho lameculos (un mecanismo evolutivo del homo sapiens que, por patético que pueda resultarnos fríamente meditado, ha reportado sus buenas ventajas competitivas a la especie). Nihil nobis sub sole.

Rumbo a la Distopía dijo...

Po sí :(