miércoles, 10 de junio de 2015

Angst- El mal que los hombres hacen, o Vivir con las alas cortadas



Decía Sócrates (o eso dicen) que la sabiduría está en reconocer la propia ignorancia. Partiendo de este principio, solo cuando uno duda de su propio conocimiento y se pone a sí mismo en constante prueba, es capaz de revisar sus propias creencias y de evolucionar en su forma de pensar. Cuanto más pensamos que no sabemos nada, si seguimos el planteamiento, más afán de saber tenemos.
No creo que le falte razón a este amiguete, porque el ansia de conocimiento (a mi juicio) se puede convertir en una especie de ambición bastante sana. Hoy aprendemos una cosita y, si lo que hemos aprendido nos interesa lo suficiente, ya vamos con la motivación necesaria para seguir aprendiendo. Es quizá eso lo que nos permite acceder a una experiencia en ciertos terrenos que otros no tienen. No porque seamos más listos o que una Musa estuviese sobándose su divina castaña en el cabecero de la cama de nuestros padres el día que nos concibieron. No creo que vayan por ahí los tiros; más bien me parece que hay cosas que nos gustan y que ellas solitas nos incentivan que sigamos con interés hacia ellas, y otras que (por el motivo que sea) no nos interesan tanto o directamente nos repelen, lo que propicia (aunque no necesariamente determine) que no aprendamos gran cosa sobre ella... porque no nos arrimaríamos a algo relativo al tema ni con un palo.

Pero ojo, una cosa es la teoría y la filosofía y otra muy distinta la práctica. Aquí es cuando voy a sonar a ególatra, prepotente y todo lo demás, para no variar (como si no me lo dijesen con frecuencia); como siempre, os insto a que sigáis leyendo y saquéis vuestras propias conclusiones cuando termine de largar el tocho, que para algo lo he escrito.
La humildad es algo que siempre he apreciado; aquellos que ya me conocéis sabéis que si hay algo de lo que no sé absolutamente nada, tiendo a callarme, y que raramente me creo superior a los demás (los más gilipollas, es decir, los que os pasáis la existencia juzgándome sin conocerme tanto como deberíais, ya podéis echaros las manos a la cabeza). Como mucho, parto de lo que me haya contado alguien que sí controla el tema propiamente dicho mejor que yo, o me dejo de tonterías y pregunto. Dicho de otro modo, que en contra de lo que mucha gente (algunos hasta cercanos) piensa, no hablo de lo que no sé. Es más, si hablo acerca de algo, no es porque me crea un experto, sino porque me siento lo bastante seguro como para tener una opinión forjada al respecto. Esa opinión suele ser siempre argumentada y bastante firme cuando lo hago, de ahí que tienda a parecer obstinado o prepotente. Lo que pasa es que me gusta que me argumenten las cosas, y ya yo decido si me parecen bien o no, que para eso tengo libertad de elección; si el que habla conmigo no me las argumenta o demuestra hablar desde la ignorancia, pues como que va a convencer a su puta madre.


Y con pose de jefe indio, si hace falta.


Y es quizás ahí cuando la humildad (o la falsa humildad, mejor dicho) no ha lugar. Me explico: a menudo podemos estar equivocados en cosas que creemos saber, y de que eso pase no nos lo quita nadie, ni hombre, ni gigante ni Dios. Somos humanos y falibles, no pasa nada por admitirlo. Pero llega un momento en esta vida en que también tenemos que llegar a ese ejercicio de autodeterminación y dejar muy claro que, en ciertos ámbitos o en ciertos temas, hemos estado adquiriendo conocimiento durante muchísimo tiempo y que no somos precisamente legos. No si tenemos un poco de amor propio y respeto hacia aquello a lo que hemos destinado tiempo a aprender. Que sí, que seguimos siendo falibles, por supuesto... pero no unos ignorantes. Llega un momento en que podemos decir "Ey, no sé lo bastante y quiero seguir aprendiendo" (lo cual es respetable, incluso lo ideal)... pero también nos encontramos en disposición de hablar con propiedad acerca de algo.

Supongo que por eso a veces resulta ofensivo cuando alguien que, por falta de experiencia o por abierta ignorancia, o bien porque tiene una experiencia diferente en el tema, te llega y te viene en plan "tú qué vas a saber" o "es que lo que tú ves no es así". Se puede entender el debate; se pueden entender los puntos de vistas diferentes y el contraste entre ellos. Eso enriquece el diálogo y es absurdo negarlo.
Lo que no enriquece en lo más mínimo es esa actitud que, intencionadamente o no, ningunea tus esfuerzos, tus conocimientos y, en definitiva, invade tu terreno personal.


"¡Jostias, que vienen!"


Podemos llamarlo ego a lo mejor. Quizás el conocimiento, o su afán por tenerlo, implica de forma sutil e implícita, la satisfacción personal. Querer ser mejor, no de forma necesaria mejor que los demás, pero sí mejor que uno mismo. Por tanto, que alguien llegue restando mérito a tus logros de ese modo (insisto, no planteando otro punto de vista diferente, sino echando el tuyo por tierra como si no valiera nada, sin más argumentos que el de "es que te crees que lo tuyo vale más y no es así y punto pelota") es una forma de ataque a nuestro terreno personal, ya que a menudo nuestras áreas de conocimiento son, en cierto modo, una expansión de nosotros mismos. Un reflejo de nuestros gustos o de nuestros ideales. Podría decir que es incluso un ataque a nuestra autoestima, como si nos dijeran "tu experiencia es una mierda. Has perdido el tiempo poniendo el alma en dedicarte a algo que, bien no es tan importante, bien las conclusiones a las que te ha llevado no valen para nada". Casi podría llamarse insulto, según las formas en que esto se haga.

Llegados a este punto podríamos ir con la moral cristiana que a muchos nos han enseñado: que sí, que mola muuuucho eso de ser humildes, de agachar la cabeza, de poner la otra mejilla y, en resumidas cuentas, de tragar toda la mierda que tenemos que tragar a diario. Esa mierda que pone en duda lo que a nosotros nos hace felices; esa filosofía de existencia que nos hace pensar que en el fondo, no somos gran cosa. A mí no me parece mal pensar que no somos dioses; de hecho lo respeto, y en gran parte pienso así. Me parece bueno que seamos conscientes de nuestras limitaciones, y que al mismo tiempo hagamos lo posible por vencerlas, siempre que nos veamos con la capacidad y vivamos en las circunstancias propias para ello.
Lo que toca los cojones es cuando las limitaciones te vienen de fuera. Cuando estás en una conversación y ves que, de forma sutil pero aun así perceptible, tienes las alas cortadas. Lo que dices se tiene en cuenta, pero siempre hay un "pero". Siempre, tus argumentos quedan un poco en entredicho, porque tu experiencia, por amplia que sea, igual no es la esperada. Porque se entiende que tu forma de ver las cosas no es la correcta. Porque igual pasan los años y te estás dando cuenta, cada vez más, de que te alejas de ser la persona que se esperaba que fueras.


Ya sabéis que El Pelos (Alan Moore) es habitual en este blog.
En La Broma Asesina decía que para volverte loco solo necesitas un mal día.
Imagina que tu vida se compone, siendo optimistas, en un 30 o 40% de malos días.
Luego calculad.


A veces piensan que te crees que no cometes errores. Que piensas eres perfecto. Que lo haces todo bien. Raramente, por no decir nunca, te preguntan si crees que hiciste lo correcto o que, por el contrario, la cagaste hasta el sobaco. Ves como todo el mundo se permite el lujo para decirte lo que debes hacer con tu vida, pero pocos te preguntan qué es lo que quieres hacer realmente. Conforme creces, te das cuenta de que tu mundo, a cada día que pasa, parece más centrado en tus resultados al tiempo que ignora por completo por qué, cómo o con qué intención haces las cosas. El motivo por el cuál tomas esas decisiones. Por qué cometes esos errores que, en definitiva, son tuyos.
Esos errores, de los que has podido aprender más o menos, y que para ti cuentan como cicatrices de batalla a lo largo de tu vida, de puertas para afuera tienen una percepción diferente; a menudo se usan en tu contra para recordarte que los has cometido... y poco más. Has cometido tal error, ergo no eres una persona responsable; o bien es que no has actuado como deberías haber actuado (aunque tú sepas que has hecho lo correcto y haya fallado todo lo demás, que también puede ser). Incluso cuando las circunstancias han jugado en tu contra y lo que has tenido ha sido una mala suerte de cojones (que también pasa), eso automáticamente cuenta como una mala decisión tuya y te dan por el tracatrás, independientemente de que otro gallo hubiera cantado si la cosa hubiera salido bien (cosa que tampoco tenía por qué ser del todo imposible). Eso ni se plantea.


Muchos de nosotros cargamos con una letra escarlata. No bordada, como la que llevaba Hester Prynne en la novela de Nathaniel Hawthorne, sino visible de otro modo.
Una o más de una.
Qué cojones, a veces parece que llevamos un puto alfabeto tatuado.


Es en ese momento cuando te das cuenta de que no encajas en tu propio alrededor. Que te pueden ver con mejores o peores ojos, pero que en el fondo, ni entiendes el mundo que te rodea, ni este parece entenderte a ti. Es como si cada parte estuviera hablando en un lenguaje completamente diferente y ambos sufrierais un problema de sordera galopante.
Podemos llamarlo aislamiento.
Alienación.
Creo que cada uno de vosotros tiene una palabra para ello.
Y es un problema. Al menos para mí. Desde siempre me he esforzado por intentar entender el mundo que me rodea y, conforme voy creciendo, más me doy cuenta de que menos entiendo: cuando eres pequeño, ves que se espera que cumplas con unos valores que se supone que son los buenos; sin embargo, creces y descubres que no, que eso es una tontería; ahora resulta que vives como una persona idealista y que esos valores con los que has crecido no valen un coño zurrido en Nocilla. Ahora se espera que abraces, si no los contrarios, otros que tienen poco o nada que ver con lo que se supone que debías ser.
De pequeños nos decían que debíamos ser buenas personas; de mayores, que el fin justifica los medios y que todo (al menos todo lo legal, independientemente de que sea moral o no) vale con tal de salvaguardar cosas tan importantes como nuestra seguridad o nuestro futuro.
De niños nos enseñan a ser caballeros andantes y de mayores nos dicen que eso es una puta mierda, que debemos limitarnos a sobrevivir y al de al lado que le jodan.
Lo mismo vosotros lo entendéis.
Si es así, os envidio. En serio.


Porque yo me siento alien.


Volviendo al punto de partida, todo esto casa con conceptos de psicología tales como la pirámide de Maslow. Aunque os parezca que estoy mezclando unas cosas con otras (esto es un artículo de opinión, así que tampoco voy a negarlo del todo), para mí todo está conectado. Según este señor, el ser humano pasa por una serie de necesidades, que van ascendiendo en una pirámide que abarca desde la más básica a la más elevada; conforme se van cumpliendo unas, se pasa al escalón siguiente. Esta pirámide plantearía la escala de este modo, empezando por la base y acabando en la cúspide:

1. Necesidades fisiológicas: comer, beber, cagar y demás.
2. Necesidades de seguridad: física, de empleo, estabilidad en general y todo eso.
3. Necesidades afectivas o de filiación: amistad, afecto, etcétera.
4. Necesidades de reconocimiento: autorreconocimiento, respeto, confianza o éxito.
5. Necesidades de autorrealización: moralidad, creatividad, espontaneidad, y un largo etcétera, que sería lo que diese sentido a nuestra vida y eso.


Y aquí, en forma piramidal, para que se vea más claro.


En el momento en que vemos que nuestro criterio es pisoteado constantemente o que lo que nos enseñaron de pequeños choca con lo que se espera de nosotros hoy en día, si lo pensamos, se transgrediría el cuarto escalón de la pirámide, que es el referente al reconocimiento: hacemos lo que nos han enseñado, pero ahora no parece valer para nada. De pequeño nuestros padres, nuestros educadores, nuestro entorno esperaba que nos convirtiésemos en buenos perros pastores, pero de mayores nos dicen que si no somos lobos es porque somos gilipollas. Lo que sabemos o creemos saber, parece que tampoco parece ser del todo reconocido: nuestra opinión siempre cuenta con algo para ser puesta en entredicho, socavada o ninguneada sin pudor. Puede que nosotros nos digamos a nosotros mismos que no sabemos nada con la intención de seguir aprendiendo, pero no es exactamente igual cuando eso nos lo dicen para que nos callemos la puta boca. Cuando nuestra experiencia no cuenta por el motivo que sea. Cuando nuestros logros, obtenidos en base a nuestros esfuerzos, no parecen ser gran cosa. ¿Os ha pasado alguna vez que os habéis partido el alma para conseguir algo y, lejos de ser un éxito arrollador, se ha convertido en algo muy discreto? Si os ha pasado, creo que coincidiréis conmigo al pensar que ha supuesto un orgullo para vosotros porque lo habéis dado todo y eso tan discreto que habéis conseguido os resulta una proeza.


A veces podemos ser el héroe más grande sobre la faz de la tierra.
Podríamos salvar vidas o hacer algo bueno por los demás.
Pues más vale que nos limitemos a pensar que eso nada más que vale para nosotros, porque si no somos lo que se espera, nos dan por el puto culo.


Una proeza que solo vosotros reconocéis, porque de puertas para afuera se entiende que si no ha sido el éxito rotundo es porque no os habéis esforzado lo suficiente. Como si lo que hubierais hecho, como si ese esfuerzo por el que habéis pasado, como si ese pequeño triunfo personal no importasen una mierda. Ante esto podemos decir que bueno, lo que uno hace solo a uno le tiene que importar, y que da igual lo que te digan, y bla, bla y puto bla. Y es verdad, pero también es verdad que de vez en cuando, o aunque sea una puta vez en nuestra existencia, también viene bien que reconozcan que hemos hecho las cosas bien. Ya no por tener el resultado que se supone que tenemos que tener (porque parece que hoy en día te van apuntando en una pizarrita y tienes que andar demostrando tu valía), sino porque realmente nos ha costado la vida misma conseguir lo poquito que hemos conseguido. Porque lo hemos logrado nosotros, y nadie nos ha regalado nada. Esto, que lo mismo cuando éramos pequeños es lo que nos habían enseñado, en nuestra vida adulta parece no tener la misma validez. Nuestro esfuerzo, grande o pequeño, en el momento en que llegamos a la vida adulta, no parece verse igual si no viene respaldado por un resultado.


Como decía Homer Simpson a sus hijos:
"Enhorabuena, os habéis esforzado. ¿Y de qué os ha servido? De nada. Moraleja: no os esforcéis".
Cuando nos esforzamos y vemos que quienes rodean no nos lo reconocen porque no hemos conseguido lo que se esperaba, ¿acaso es esa la lección que se desprende de esa falta de reconocimiento?


No es así con el fracaso, que ese siempre estará patente. Haz algo bueno y, si tienes suficiente suerte, se recordará un tiempo antes de ser puesto en entredicho o de ir acompañado con algún "pero". Cágala y tus errores te acompañarán hasta la puta tumba si es necesario. Tal y como decía el Bardo en Julio César, "el mal que los hombres hacen les sobrevive; el bien queda a menudo enterrado junto a sus huesos". Curiosamente, esa es otra de las cosas que por lo visto tenemos que aprender a transigir: lejos de parecer unos malditos prepotentes (¡los dioses nos libren!), debemos agachar la cabeza y consentir cómo nuestra necesidad de reconocimiento es vulnerada una y otra vez. Por cojones tenemos que aceptar que estamos limitados. Que cometemos errores que nos acompañarán toda la vida, que son nuestra culpa y que no hay forma de borrarlos. Tenemos que aceptar que nuestras virtudes están ahí, pero al parecer destacan menos que nuestros defectos. Que nuestros logros prescriben y, de no hacerlo, siempre es en entredicho.
Quieres hablar, pero estás mudo.
Quieres echar a correr, pero cargas con peso a tus espaldas.
Quieres echar a volar, pero te han cortado las alas.


Yo siempre defenderé eso de llevar alas.


En esta vida al parecer tenemos que asumir que no somos dioses, y que no siempre tenemos la razón. Que somos falibles y que a menudo estamos equivocados. Que no sabemos tanto como nos creemos y que nuestra experiencia, por algún motivo que se nos escapa, importa una mierda cuando abrimos la boca para decir lo que pensamos. Que nuestros valores, aquello en lo que creemos, son una patraña, porque lo que importa es lo que importa. Y que si no llegas a tener una vida estable, da igual que seas feliz, que vivas acorde a lo que crees que es correcto o lo que sea en lo que creas.
Pero no os preocupéis, queridos Distópicos, que esta es una lección que no vamos a olvidar fácilmente: muchos de nosotros vivimos en un mundo que se esfuerza mucho en recordárnoslo.

viernes, 29 de mayo de 2015

Escupiendo Rabia- El sindrome de Genovese digital, o ¡Elige tu campaña!



Si recordáis el anterior artículo, en el que hablaba sobre la percepción social acerca de un tema tan duro como es el bullying, probablemente recordaréis que dije que basta con que haya una víctima para que el personal se ponga sus lacitos y empiece con las campañas fútiles en las redes sociales. Si hay algo que detesto, cada vez que suelto un pronóstico de este tipo, es que se cumpla. Especialmente porque los que hago suelen ser siempre esperando lo más patético y lamentable del ser humano. Y joder, en estos casos, ODIO acertar, no sabéis cuánto.
En el caso del último post, ha sido un caso claro de "dicho y hecho". También recordaréis que el tema pasó desapercibido en los días posteriores al hecho porque el personal andaba ocupadísimo en hacer campaña electoral o en hablar de sus pronósticos eurovisivos. Con esto no digo que la gente lo deje todo para hablar del bullying, porque sería hipócrita... por no decir que hasta sonaría populista. Lo que me ha tocado los huevos a dos manos es el hecho de que se ha pasado de un extremo a otro de una forma pasmosa: durante el finde electoral/eurovisivo la recepción del tema fue principalmente la de "puta mierda". No hubo casi nadie que se hiciera eco de la noticia, y poca gente vi que lo comentase. Como indico, a mí la noticia me llegó casi de casualidad... al tiempo que andaba hasta los huevos de ver artículos donde el personal sacaba su lado más revolucionario puteando a partidos a los que no votan, alabando a los que sí votan y subiendo vídeos de Conchita Wurst. Todo muy respetable, pero a la par que descompensado: sobreinformación y saturación por un lado, y el desprecio más absoluto por otro.




Y es que con el tema de la política yo puedo entender que estemos hartos del plan que tenemos. Hasta ahí estoy de acuerdo.
La cuestión es qué se quería conseguir exactamente saturando al personal a base de desinformación (cuando haces campaña de lo tuyo limitándote a atacar la ideología contraria, con chistes, memes y ningún argumento sólido, es lo que tenemos): ¿Concienciar? ¿A quién, a la gente que ya opina como vosotros, o a aquellos de ideología contraria que tienen las ideas claras? Y si las tienen, ¿con qué derecho vamos a decirles que cambien de ideología?
Por lo que a mí respecta, mi filiación política está clara, pero no me sale de los putos cojones manifestarla porque en mi derecho estoy. No me creo mejor que nadie por tener tal ideología ni considero necesario hacer gala de ello.
Si alguno de vosotros quería "concienciarme" de que su ideología es la que mola, lo siento, pero le ha salido el tiro por la culata: con muchos de vosotros ya coincido, y con los que no, no me habéis convencido.
Solo me habéis cansado y lo único que habéis ganado es que pierda el interés en lo que creéis que debéis contarme.


Lo verdaderamente descojonante es que, justo en el momento en que pasa la fiebre electovisiva, de buenas a primeras, el tema del suicidio de la chica de Madrid pega el pelotazo de una manera, como poco, acojonante, y empiezo a ver campañas contra el acoso escolar. Casi una semana más tarde. Porque en el momento en que nos hemos olvidado de una cosa ya hemos caído en la otra y hay que compensar, es la impresión que me da todo esto.
Ahora veo las clásicas fotos de gente poniendo carteles solidarizándose con las víctimas. Lemas tipo "Ni una víctima más" (o lo que sea, llega un momento en que ni presto atención), velas virtuales y demás cosas que, en esencia, no sirven absolutamente para nada. Sí, sé que este comentario es duro y os puede molestar a más de uno, pero bastante molesto me ha resultado a mí ver cómo ignoráis deliberadamente algo por no ser el tema de moda y poneros la medallita en el momento en que la cosa salta a la palestra.
Por muchos lazos que os pongáis, por muchos lemas que inventéis y mucho hashtag que escribáis, así no solucionáis absolutamente nada, aunque sí tengo que reconocer que como método para aliviar conciencias por haberos pasado por el forro el asunto en su debido momento. Ante esto último, y antes de que me saltéis al cuello, aclaro: muchos de vosotros es que no os habéis enterado del tema, lo que me parece razonable y algo de lo que no puedo ni debo acusaros, porque es normal que no estemos en todo, en todo momento; lo que sí me parece fuerte es que MÁGICAMENTE el tema sí empiece a propagarse en el momento en que los temas candentes dejaron de serlo, lo que me lleva a pensar en que ha habido un número indecente de humanos (empezando por la prensa) que han pasado del asunto por completo... para luego, tres días más tarde, ir de comprometidos por la vida. A muchos, queridos, se os ha visto el plumero.


Ha habido para dar y regalar.


Y es que este tema de postureo, con campañas vacías y gestos simbólicos que no van a ninguna parte, aparte de ser cansino, empieza a recordarme al caso de Kitty Genovese.
Para empezar a hablar, la primera vez que oí hablar de este caso fue (cómo no) gracias al Pelos, también conocido como Alan Moore, que empieza a ser habitual en este blog, cuando no por una cosa, por otra. Pues bien, aquí nuestro amigo clon de Marx nos narra en su interesantísimo Watchmen una historia que sucedió en Estados Unidos allá por 1964. En el cómic, Moore cuenta el caso en boca de Rorschach, que conoció a la tal Kitty como una clienta de una sastrería en la que este personaje estuvo trabajando. Dicha clienta apareció un día y no volvió; Roschach, unos días después, leería en la prensa que la mujer había muerto: cuando volvía a casa, fue agredida sexualmente en su portal, para luego ser asesinada delante de las narices de sus vecinos.
Nadie movió un dedo.


"Algunos hasta miraban", añadía Rorschach a la historia.
Ficción, basado ligeramente en un hecho real.
¿De verdad os resulta increíble una historia así?


No fue hasta hace unos años cuando supe que esa historia dentro de la novela gráfica de Moore resultó ser real: la tal Kitty Genovese realmente existió, lo que da un punto aun más escalofriante a todo. Ya no solo por el hecho de que una joven pueda ser violada y asesinada en su propia puerta, que ya es grave: me refiero especialmente al hecho de que esto sucedió delante de varios testigos y que, en lugar de haberlo evitado, se quedaron cruzados de brazos, mirando. Una especie de versión enfermiza del voyeurismo más clásico, que acabó por convertirse en un efecto psicológico que se conocería en psicología como el Síndrome Genovese, o "efecto espectador". Partiendo de este principio, lo que encontraríamos es que cuanta más gente está observando un acto atroz o situación de emergencia, menos probable es que la gente intervenga; esto se debe, al parecer, que al haber más gente observando, más se diluye la responsabilidad que se tiene de actuar. Según leo, este caso fue bastante exagerado por los medios y no hubo tanta gente actuando como testigo; otros dijeron que no veían bien lo que sucedía... Pero eso no quiere decir que esto de diluir responsabilidades y contar con que otro ya haya actuado por nosotros no suceda. Llamadme pesimista, pero está a la orden del día. Si no, preguntaos lo que ha sucedido si alguna vez os han atracado cerca de casa o a plena luz del día, habiendo testigos. Haced memoria e intentad recordar cuánta gente os ha ayudado cuando os ha pasado eso. En esta sociedad posmoderna en que vivimos, tenemos la puta costumbre de meternos en la vida del prójimo, especulando con quién se acuesta, pero a la hora de hacer algo en una situación de emergencia, pensamos que no es asunto nuestro.



"No espío a mis vecinos. Solo recopilo información. Eso sí, la otra noche apalearon al hijo de los López para robarle el móvil. El barrio está fatal. ¿Cómo? ¿Que si llamé a la Policía? Eso no es cosa mía"


Lo realmente enfermo (si es que esto último ya no es de por sí enfermizo) es el hecho de aliviar conciencias con campañas vacuas. Que sí, que sé que muchos habéis participado de corazón, y aunque me parezca una pérdida de tiempo (todavía no sé de ningún niñito en África que se haya salvado del hambre por darle "Me gusta" a una foto y, por cínico que os parezca, sabéis que la mayoría de las veces es verdad) eso lo respeto.
Lo que no puedo respetar, porque me parece de putos enfermos es el participar en las campañas por postureo, tal y como sucediera cuando la famosa campaña para luchar contra la ELA. Hubo gente que si colaboró aportando ayuda para la investigación de esta enfermedad, pero por cada uno que lo hizo, estoy seguro de que hubo muchos, muchos otros, que se echaron el puto cubito de agua por encima y nominaron a sus colegas para pagar una cena si no se mojaban con agua fresquita como si se tratase de cualquier juego en cadena, sin importarle un carajo por lo que lo estaban haciendo. Sin aportar más ayuda que hacer el idiota con la camiseta mojada y berreando en Youtube. Sí, seguro que a los enfermos de ELA todo este postureo imbécil y superficial les hacía una gracia tremenda. Especialmente si se echaban los números y se ponía a ver que los beneficios que obtuvieron no se correspondían ni por forro con la cantidad de gente que había hecho el numerito del agua fria.


Traducido: "¿Así que me estás contando que la gente de tu país piensa que Facebook nos da comida por cada 'Me gusta'?"
Si de verdad lo pensáis, tíos:
PENSADLO MEJOR.


El no hacer nada efectivo y colgarse el cartel (con su almohadilla, por supuesto) para decir que uno está comprometido con tal o cual causa. El querer aparentar que a uno le importa algo, aunque diez minutos (o tres días) después lo olvide por completo, como el que se olvida de las hombreras o de Milli Vanilli. Hemos pasado de ser meros espectadores que consideramos que otros ya han hecho lo que deberíamos haber hecho todos y cada uno de nosotros a ser meros espectadores que pensamos que por hacer algo tan absurdo como ponerse un lacito (creo que ya no quedan colores en la escala cromática) o apuntarse a una campaña X para la causa X y compartir fotos estamos haciendo algo.

Y es que me mata que se hagan este tipo de campañas, con los cuerpos de las víctimas aún presentes, en plan "No te olvidamos".
Ya estaban olvidados en vida. Antes de que las víctimas (hablando del caso de bullying) jamás parecieron importar a nadie. Se justificó a sus agresores y se les llegó a culpar a ellos; muchos de los que ponen esas velas participaron en el olvido o colaboraron con su condición de víctimas, gracias a su tácito consentimiento.

Por "algo" me refiero a algo de verdad, más allá de gestos simbólicos y de entonar consignas prefabricadas. Esto me recuerda a una viñeta que leí no hace demasiado en que una chica, al más puro Genovese pedía ayuda porque un fulano la amenazaba con un cuchillo. En el edificio de al lado, todo el mundo está "haciendo algo". Concretamente, twitteando tonterías con el hashtag "haciendo algo" y similares. Uno, hasta con el tópico cartel en el que reza "por ella" se hace un selfie para que todo el mundo vea lo comprometido que está con esa campaña. Todo lo que hace cada vecino resulta como muy simbólico y, como ya he mencionado, como muy concienciado por la campaña... pero absolutamente nadie en la viñeta ha optado por llamar a la Policía, que es lo que de verdad habría ayudado a la chica, y en el momento en que esa chica necesitaba ayuda.
No a toro pasado.
No después de muerta.
Sino cuando realmente necesitaba ayuda.
Puede que os resulte insultante o irrespetuoso si digo que esto me resulta enfermizo y, lejos de entenderlo, puedo decir que no me extrañaría en lo más mínimo. No tengo defensa, porque es lo que pienso, aunque si se va a generar un debate off-topic al respecto (no me extrañaría que me saliese alguien por la tangente, sacando una frase de contexto en lugar de ver todo el marco), casi preferiría que se me diesen sugerencias acerca de cualquier otro calificativo con el que podría definir esto.




¡Aquí está! Encontré la viñeta tras un par de intentonas.
Nótese que me había dejado algo en el tintero, que es el hashtag #prohibanloscuchillos, que demuestra también otra tendencia enfermiza de esta sociedad posmoderna digital chorrimonguer: la filia por prohibir cosas (en este caso, un cuchillo, que no deja de ser una herramienta) en lugar de arremeter contra el problema de base (el problema es el crimen, no la herramienta que éste use).


Personalmente (no quiero dejar de insistir en eso de que toda esta apreciación es personal mía), a mí esto me resulta un insulto para víctimas y familiares. Si yo me entero de que un hijo de la gran puta se carga a mi madre a puñaladas, puedo entender los pésames y las condolencias. Es más, las agradezco... pero si me entero de que uno solo de esos estuvo mirando detrás de unas cortinas sin hacer nada y ahora me viene participando en una campañita de estas, os juro que no me queda mano para darle las hostias que quiero arrearle. Ni mano, ni brazo, ni piernas, porque la impresión que tengo no es solo de que sea un jodido cobarde y de que ha escurrido el bulto cuando lo necesitaban: es que encima es un puto hipócrita que lo que quiere es ponerse bien puesto a toro pasado.


Este señor es Edmund Burke. A él se le atribuye la cita de "Para que el mal triunfe basta con que la gente buena no haga nada".
Yo suelo pensar que el que no hace nada cuando debería hacerlo ya se puede ir quitando la nomenclatura de bueno.


Y es que en este mundo moderno y digital hay mucho postureo. Mucho mensaje de pésame a víctimas que no te van a leer, mucho fan de artistas recién fallecidos a los que no conocían de nada, con el mantra de "Se nos va un grande, D.E.P", y muchas ganas de ponerse una gorra y una chapita para sentirse parte de algo. Hoy en día parece que si no eras superseguidor del último premio Nobel de literatura en morir no eres nadie. Si no colaboras poniendo tu cara (y poco más) en la campaña que esté de moda seguir, automáticamente eres un insolidario y no tienes corazón, sin importar el hecho de que muchos de los que la sigan tengan tanta idea o menos que tú de lo que se quiere defender. Parece ser que si no formas parte de un colectivo tal, que siga la ideología tal y que apoye la campaña tal tu criterio no tiene mucho a donde ir. Algo así como lo que sucede en los países de extremo oriente, donde te defines en gran parte por el grupo social al que perteneces.


A veces te encuentras que hay incluso colectivos que adoptan como "suya" una causa o protesta y hasta se encabronan con cualquier otro que lo haga sin contar con ellos.
Algo así como una franquicia.


Este postureo, a juzgar por lo que estoy viendo (y espero equivocarme), parece no tener ninguna consideración real por aquellos a los que pretende (o dice) proteger. Mañana sale una campaña diciendo que hay que proteger a los Indios Chichinabo del norte de Canadá y me veo a un montón de seres en masa corriendo a hacerse fotos para "salvarlos" (aunque esos indios no vean un puto duro del tema y ni siquiera sepan que hay gente que está haciendo una campaña por ellos), sin preguntarse siquiera si esos indios existen de verdad o es otro bulo más de los muchos que hay por Internet. Bulo o no, a muchos es que parece darles exactamente igual: la idea no consiste en defender algo realmente; tampoco consiste en actuar cuando nos encontremos delante de un problema. No consiste en hacer causa común REAL para llegar a la raíz de algo: la idea es que simplemente tiene que parecerlo. Ojalá. Ojalá me equivoque, queridos Distópicos, y mi cinismo me esté llevando a un caso de paranoia extrema. Si es así, no hay nada de qué preocuparse: a mí se me ha ido la pelota, pero solo se me ha ido a mí; y en realidad la mayoría de la gente es bienintencionada y realmente está haciendo cosas por solucionar los problemas. Si me equivoco podemos estar tranquilos, entonces... porque en el momento en que se detecta una situación de alarma social (tampoco tiene por qué ser una emergencia extrema, hablo de fenómenos cotidianos que, a mi juicio, se ignoran a menudo) el viandante más próximo actúa lo mejor que puede y las cosas jamás van a más.




lunes, 25 de mayo de 2015

Escupiendo Rabia- Cosas de críos, o Cuando tienes permiso para ser un hijo de puta




Mientras esta semana una mitad del país ha estado tela de ocupada en arreglar el país haciendo sus pronósticos sobre las elecciones del domingo (y al tiempo, haciendo tanta propaganda política de los partidos que consideran "la salvación" como los propios partidos en sí, subiendo artículos que demuestran cómo los demás son el Mal Absoluto) y la otra mitad haciendo pronósticos sobre Eurovisión (algo igualmente trascendental y que, sin duda, nos habría hecho sentirnos mejores como país en caso de haber ganado), me entero, casi de pasada, que otra adolescente se ha suicidado, esta vez en Madrid. El motivo, el bullying, y no sé cuántos casos van ya. No de suicidios, que eso siempre luce lo bastante como para que salga en la tele, sino de hijos de la grandísima puta que van a clase a tocarle los cojones al prójimo. A amedrentarlo. A amenazar, insultar, agredir e incluso a perpetrar atracos. Todo esto, dentro de un centro educativo (lo que manda cojones) y, en un elevadísimo número de casos, bajo la total permisividad de todos cuantos son testigos, educadores incluidos.

No deja de tener gracia que, hace apenas un mes, cuando a un soplagaitas se le va la pelota y se dedica a disparar gente en los pasillos de un instituto a ballestazo limpio la alarma social cundiese. Entonces fueron rasgadas de vestiduras y yo ya os comenté en su momento que las cosas, en cuestión de días, volverían a la normalidad: los profesores (como el interino que falleció al intentar reducirlo) volverían a ser vistos como "Los hijos de puta esos" tanto por alumnos como por padres y los cabronazos que hacen bullying a lo largo y ancho de nuestro país, una vez puestas todas las velas en señal de condolencia por los fallecidos, seguirían dedicándose a lo suyo, que es a la delincuencia dentro de las aulas.


"Danos el dinero que lleves o mis muchachos te parten las piernas".
Cuando lo hacen adultos nos echamos las manos a la cabeza, pero cuando lo hacen críos nos tiene que parecer inocente por cojones. Porque todo lo que hacen los críos es bienintencionado, claro que sí.


Porque, queridos Distópicos, no nos engañemos: a esto se le llama delincuencia. Una persona que agrede, amenaza, coacciona y acosa es un puto delincuente, y me sopla la polla de punta a cojones que sean menores de edad. Un chaval que lleva a clase una navaja y que la usa para amenazar a un compañero a cambio de pasta es un puto delincuente. Otro que se dedica a obligar a que una compañera le pase fotos de sus tetas por guasap y amenace con difundirlas a menos que le envíe una galería completa es otro puto delincuente. La gentuza que coge a un discapacitado y se dedica a humillarlo en clase, aparte de delincuentes, son unos hijos de la grandísima puta que, a mi juicio, no tienen sitio en un sistema como este. Sí, puede que estos juicios os resulten duros y categóricos. Puede que vengáis con que en el fondo son críos, que no saben lo que hacen. Pues eso se lo explicáis a los padres, no solo de esta chica, sino de todos los chicos que han sufrido y siguen sufriendo acoso escolar en nuestras escuelas. A ver si conseguís que lo entiendan.

En lo que sí tengo que daros la razón es que los chavales no son los únicos responsables de esto: aunque suelo decir que la última palabra para convertirte en un hijo de la gran puta al que le importa una mierda lo que tengas alrededor y una persona decente la tienes tú, es cierto que hay muchos factores que condicionan esto. Ya sabemos que la educación viene de casa, y hasta ahí estamos todos de acuerdo. Estamos de acuerdo también en que el diálogo con los críos es fundamental para tener una ligera (digo "ligera" porque a menudo los padres no saben la clase de monstruo que tienen en casa) idea de cómo es tu hijo y a lo que se dedica cuando va a clase, y que jamás debes delegar en un colegio o centro educativo una tarea tan básica como es enseñar valores a tus hijos. Estamos de acuerdo en todo eso, pero también os digo que la permisividad hacia el bullying en estos tiempos que corren es intolerable. Ya era mala en mi época, donde teníamos que el sistema de castas dentro de las clases era tan atroz que te dabas cuenta de que había especímenes que tenían virtual carta blanca para hacer con sus compañeros lo que le saliera del nácaro, sin pasar por el jefe de estudios a menos que corriera (literalmente) la sangre durante una pelea. Entretanto, los robos, los insultos y las faltas de respeto entre chavales que nos habíamos criado juntos eran constantes y flagrantes. Con más frecuencia de la soportable (esto es, con que sucediera una vez y se permitiese), estas cosas pasaban delante de los profesores y no había amonestación alguna. Se pasaba deliberadamente por alto y arreando.


Para muchos, lo más cómodo es pasarse por el culo las quejas, dar su clase y cobrar a fin de mes, y si los críos se matan entre ellos, pues que se maten.
Hasta dormirán de puta madre y todo.


Hoy en día la cosa no es que haya cambiado: con el uso de las nuevas tecnologías, no basta hacer como hacíamos en los ochenta y los noventa, que era irte para tu puta casa y desconectar del mundo hasta el día siguiente: hoy en día el que es víctima de acoso lo hace en cualquier momento gracias a que las comunicaciones son más fluidas. Si la criatura tiene Whatsapp o hace uso de cualquier red social (algo a lo que tiene tanto derecho como cualquiera), el bombardeo es constante. La única recomendación que les llega, cuando esto es así es "bórrate de Whatsapp, o quítate el perfil", es decir: "cede terreno a esos hijos de puta y deja que campen a sus anchas".
Que ellos se queden ahí y puedan seguir acosando a otros parece ser la clave. Dejar que los predadores busquen otras presas y que el problema jamás llegue a solucionarse desde la raíz.

Y es que, me vais a perdonar, pero el tratamiento de este problema (para mí es una lacra tan grave como lo puede ser el maltrato -no solo de género, sino el maltrato en general- o la discriminación de cualquier tipo... qué cojones, es que no veo apenas diferencia entre estas cosas y eso; como mucho, lo veo casi como una variante de lo mismo) no se ha tomado en serio, o no lo en serio que se debería. Me explico, y quiero que quede claro que sé que NO TODOS son iguales. Yo mismo he trabajado en centros donde la convivencia es un factor clave en su política y prefieren sacrificar prestigio en beneficio de un mínimo de armonía entre estudiantes. No, a los que voy a atacar en este artículo es a todos los demás. A aquellos que han venido pensando que si dos chavales se parten la boca en un patio "son cosas de críos". A aquellos que se pasan por el arco de triunfo, como si resolver conflictos no fuera parte de su trabajo, que un niño les venga llorando como una Magdalena porque media docena de compañeros se han pasado todo el recreo insultándolos. A aquellos que ejercen de Poncio Pilatos cuando les llegan reiteradas quejas de robos dentro de un aula y no hacen absolutamente nada por poner remedio al asunto.
Violencia, insultos y robo.
Cosas de críos, desde luego.


He llegado a tener noticias incluso de "inocentes" agresiones a chicas, tales como acorralarlas contra una esquina en una clase y meterles mano. Algo que a todas luces nos resulta ofensivo, indignante y hasta machista.
Pues bien, hay gente que piensa que si eso lo hace un chaval de doce años no pasa nada y que sí, que es inocente, porque no tienen conciencia.
Les falta decir que todo ser vivo por debajo de los dieciocho es gilipollas y que tiene carta blanca hasta para meterle la picha a quien quieran, ya que estamos.


He visto cómo el sistema fomenta la puñalada trapera, primando la competición malsana entre alumnos y dando a entender que lo único que necesitan es aprobar. He visto cómo muchos alumnos han crecido pensando que su único objetivo en la vida no es mejorar o aprender, sino ser mejores que los demás, aunque eso implique hacer lo que sea necesario o no pasar de ser un mediocre. Este es un sistema enfermo de los pies a la cabeza, donde lo que impera es rellenar una estadística (la que viene en tu boletín de notas) para que muchos padres tengan con qué presumir ante otros padres, para que un centro tenga ese prestigio que tanto necesita y para que los políticos de turno puedan hacerse pajas y ponerse medallas, dando a entender que si las estadísticas muestran un buen resultado, los chavales aprenden, son listísimos y nos van a sacar a todos de la crisis y el paro. Entretanto, aumentan los insultos homófobos, las actitudes machistas y las agresiones en las aulas (pero esto se denuncia mucho menos; supongo que es más fácil denunciar cualquier patochada que veamos en una peli e ir amenazando a su director, que es como mucho más lógico y comprometido). Todo porque hay un sector muy determinado de la población al que eso de la educación, en líneas generales, le importa una puta mierda. Los demás, aquellos padres realmente preocupados porque su hijo crezca siendo una persona honrada en lugar de un cerebrito con un expediente de la puta hostia (que bueno, si las dos cosas son posibles, mejor, pero tampoco es imprescindible), educadores con vocación y que realmente está preocupados por hacer las cosas, directivos con voluntad por hacer que sus centros funcionen bien de puertas para adentro y no de cara a la galería y políticos que realmente estén preocupados por esta lacra (que imagino yo que alguno habrá), no tienen ni voz ni voto en esto. Sus palabras son como el canto del que predica en el desierto, porque parece ser que lo que prima es lo que he comentado arriba: que los críos saquen buenas notas, independientemente de que el nivel académico sea una puta chusta de vaca.


"¡Sonríe, hijo! Gracias a ti podremos demostrarle a los García que no somos unos cutres"


Cosas relativas al factor humano, como el hecho de que un crío de (pongamos) seis años sienta un mínimo de respeto por compañeros y profesores, parecen estar fuera de la ecuación. Lo único que está importando, a día de hoy, es formar parte de un sistema cada vez más enfermo, que le enseña que no necesita esforzarse para conseguir nada, sino obtener resultados al precio que sea necesario. Un sistema que parece dar mayor importancia a convertir a TODOS sus estudiantes en empresarios, hábiles con las finanzas y futuros pagadores de impuestos antes que en librepensadores con un mínimo de sentido común, ética personal o contemplaciones con la gente que les rodea. Un sistema parido por algún retrasado mental que lo que está conformando es que, socialmente hablando, un instituto tienda a convertirse en la puta ley de la selva a menos que la directiva se cuadre y ponga los medios necesarios para que la convivencia sea un factor a tener en consideración. Una directiva específica en un centro específico y no el sistema por definición, tócate los huevos.

Un sistema que permite que no solo entren los profesores cualificados y con vocación, sino que cualquier soplapollas que se saque un examen de oposición (algo que por lo visto da carta blanca a un educador a comportarse como le salga del alma) pueda acceder a un puesto como educador. Nuevamente, un sistema que premia al que memoriza las cosas como un papagayo, al que compite fieramente contra sus compañeros por alcanzar el puesto, al que trabaja sin necesidad de vocación, al que única y exclusivamente va a poner la mano a final de mes sin importarle un carajo si está trabajando medio en condiciones o que ni considera importante tener voluntad por hacer las cosas. Una prueba a la que le importa una mierda tu capacidad docente o tu habilidad resolviendo conflictos, sino que se limita a valorar al que obtiene buenos resultados en un examen, y nada más.


"Vengo de resaca. A veces hasta vengo ciega a clase. Hay días en que no imparto porque estoy demasiado pedo; otras veces me ausento de clase y dejo a los críos haciendo deberes diciéndoles que me voy a hacer fotocopias, pero a lo que voy es al bar de la esquina. No soporto a los alumnos moros, negros, gitanos ni a los maricas. Las que visten como chonis se pueden olvidar de aprobar conmigo, porque no soporto a las putillas. Y los que me caen mal van derechos a septiembre. Pero tengo derecho a comportarme así porque ME SAQUÉ UNAS OPOSICIONES".


En esto no exagero: yo mismo he escuchado a antiguos compañeros míos de carrera decir, con toda su cara, que son abiertamente racistas y que no tienen la más mínima intención de prestar atención a alumnos inmigrantes o que vayan mal vestidos a su clase (y esto, os lo juro, es una cita literal). De gente que me ha llegado a decir que a ellos les da igual su trabajo, que curran ahí solo por la pasta. He oído que otros "educadores" han admitido abiertamente que pasan de trabajar, ya que el dinero que ganan ni siquiera les compensa (esto, llamadme violento, pero es digno de alpargata en los morros tal y como está la cosa con las contrataciones y con eso de llegar a los mil pavos al mes). He llegado a ver cómo un profesor se ríe de un alumno en clase delante de todos sus compañeros, fomentando así que los niños lo hagan y sin despeinarse ante la animalada pedagógica que acaba de cometer. Y estos, bien están dando ya clase en centros educativos, o bien están a punto de conseguirlo, amigos. Es para plantearse el sentido que tiene todo.
Pero ojo, sé que no todos son iguales, pero es que con uno que haya en este plan y al que se le haya permitido dar clase (y al que, a menos que suceda algo MUY grave y flagrante no se le pueda echar), ya me indica que la cosa no está yendo bien. Quiero creer que no son mayoría, pero sí que son más de los que puedo soportar.

Entretanto, el resultado está así: si existen políticos que no le echan los cojones para crear medidas SEVERAS al respecto (por severas hablo de legales); si existen directivas que no quieren saber nada de problemas de convivencia en SUS (uso el posesivo porque parece ser que el centro es posesión de algunos directores, salvo cuando las cosas se ponen feas) centros; si existen profesores que se dedican a crear castas de alumnos; si existe un sistema que ignora por completo un concepto tan clave en la educación como es el de la cooperación y el compañerismo y se centra en la quimera de los buenos resultados académicos como único factor que determina la calidad del sistema educativo... si todas estas piezas de una maquinaria tan perversa, podrida y enferma siguen funcionando como lo llevan haciendo a lo largo de los últimos años, los hijos de puta (sí, es un insulto, pero es que para mí no tienen otro nombre) que se dedican a acosar, amenazar, robar o agredir a sus compañeros seguirán teniendo permiso para comportarse así. Seguirá habiendo castas de estudiantes, donde unos tengan carta blanca para hacer lo que les salga del congrio (alguna amonestación, como mucho, el equivalente legal a una palmadita en la mano y decirle "caca, nene, así no") y otros vivirán con miedo constante. Miedo a ir a clase cada mañana. Miedo a salir al patio a que les partan la cara. Miedo a que les roben en los cuartos de baño. Miedo a mirar su teléfono. Miedo a encender el ordenador.


"Me acosan por Internet"
"Pues no enciendas el ordenador".
Es algo como decir:
"Me roban"
"Pues no lleves dinero".
O bien:
"Han amenazado con violarme"
"Pues no salgas a la calle"/ "La culpa es tuya por vestir como una furcia"


Mientras siga gente diciendo que eso no es para preocuparse, que ha pasado siempre y que son cosas de chavales; mientras haya gente diciendo que la solución es que las víctimas de bullying solo deben ignorar a sus acosadores y que eso va fenomenal para evitar que les den de hostias o les insulten; mientras haya quien piense incluso que la culpa la tienen las propias víctimas por tener Whatsapp o redes sociales (algo que parece ser que no deben, por lo visto, mientras sus acosadores tienen perfecto derecho a ello y a más cosas)... Mientras todo eso suceda el bullying no va a tener remedio. Seguirá habiendo más muertes, más agresiones dentro de las aulas. Más criaturas que deciden que no pueden soportar seguir viviendo en un mundo en el que el miedo es su único modo de conocer la vida.
Y seguirá habiendo más gente que mire hacia otra parte cuando esto sucede. Más gente que se lave las manos y dé impunidad a estos desgraciados. Más gente que, cuando haya otra víctima, se pondrá un lacito en la solapa vete a saber de qué color e irá a poner velas a la puerta del instituto, diciendo que el fallecido era una criatura maravillosa y que estas cosas no deberían pasar.

martes, 12 de mayo de 2015

Mondo Chorra- Ovejas, lobos y perros pastores




No hace mucho metí mi excelente anatomía en el cine a ver la última (hasta la fecha) peli de Clint Eastwood, titulada El Francotirador. No voy a entrar en pormenores ni en dar mi opinión al respecto, porque no es el objetivo de este artículo, aunque lo menciono porque me quedé con una escena que me llamó la atención (tranquilos, es del principio de la peli y no revela nada en especial). En un flashback, prácticamente nada más empezar, tenemos que el protagonista de la peli en su más tierna infancia se ha inflado a mascadas de las buenas con un compañero de colegio, y se habla del tema en la mesa. Su padre, muy serio, expone lo siguiente (transcribo traduciendo de la página de IMDB, así que igual no lo vais a leer exactamente como se dice en la peli): "En este mundo existen tres clases de personas: las ovejas, los lobos y los perros pastores. Algunas personas prefieren pensar que no existe el mal en el mundo y, si alguna vez se les hiciese de noche fuera de casa, no encontrarían protección. Esas son las ovejas. Luego están los depredadores, que usan la violencia sobre los débiles. Esos son los lobos. Y luego están aquellos benditos con el don de la necesidad de proteger al rebaño. Esos son los perros pastores."
A continuación, el padre del protagonista dice que en su casa no se crían ovejas. En cuanto a los lobos, saca un cinturón, a modo de exponer lo que piensa de que un hijo se convierta en un matón. Es entonces cuando el protagonista explica que si se ha dado de hostias con un niño en el colegio ha sido por proteger a su hermano, al que estaban zurrando. Esto deja muy claro a qué grupo pertenece el protagonista.


Porque una charla familiar de las tranquilitas (sin necesidad del cinturón por medio) te puede enseñar un par de cosas.


Sin intención de animar a nadie a que se líe a tiros en Oriente Medio, la reflexión de lo que se plantea en este pequeño monólogo es uno de los puntos que más me llamaron la atención de la película. Quizás esa tricotomía de la especie humana resulte simplista, pero sí puede ayudar un poco a ver, en líneas generales, qué clase de personas podemos llegar a ser. A diario vemos cómo los lobos hacen que eso de la ley del más fuerte (o en todo caso, la ley del más hijoputa, o del que va más a su santo rollo sin importarle a cuántos jode por el camino con tal de conseguir sus fines u obtener vete a saber qué necesidades) se convierta en una máxima. Aparentemente más fuertes, más listos o simplemente dando la impresión de que la vida es más fácil cuando uno se comporta como un hijo de la grandísima puta, dan la impresión de dirigir el cotarro. Un cotarro en el que la máxima principal es "jode antes de que te jodan". Filosofías tan chulipirulis como pensar que el que no se aprovecha de los demás es tonto, o de que la ocasión la pintan calva. "Si tú vieras la ocasión, harías lo mismo", nos dicen en estos casos.
El fin que justifica los medios.

Yo soy de pensar que el poder, sin embargo, lo ostentan las ovejas. Aquellos criados para agachar la cabeza, para no levantar la voz a los lobos. Aquellos cuya educación les insta a no defenderse y aguantar estoicamente las mamonadas. Vivir en el rebaño implica tomar como mantra la filosofía de que "es que las cosas son así", de que no se puede uno andar siempre enfrentándose a todos. Aceptar el lugar que uno tiene y encogerse de hombros hasta herniarse el puto trapecio. Las ovejas, al igual que los lobos, distinguen lo que está bien de lo que está mal; y si a los primeros se la suda por completo hacer mal las cosas, a los segundos no se las suda tanto, pero tienen el nivel de iniciativa de una lata de mejillones. Todo lo más, se pueden acabar pasando la vida lamentándose y quejándose por los constantes embates de los depredadores, pero jamás, en su puta vida, serán capaces de oponerse. De plantar cara.
Son precisamente las ovejas las que dan ese poder ilusorio a los lobos, haciendo creer con su indolencia y con su pasividad que ellos son los que mandan. Con esa costumbre de agachar la cabeza día sí y día también, con ese conformismo extremo, dejan claro a sus depredadores que se las puede putear cada vez que a ellos les dé la gana. Es el rebaño humano el que cede ese derecho a la autoafirmación a aquellos a los que considera superiores, aunque jamás se ha preguntado ni por qué lo son, ni cómo puede cambiar su estatus.



"Pues no, no me lo había preguntado..."


Los lobos devoran, las ovejas aceptan.
Sadismo y sumisión, en un juego de roles ecológico.
Es, en gran parte, por eso por lo que pienso que lobos y ovejas son mayoritariamente responsables de que la humanidad se parezca, cada día más, a un puto estercolero. Cada depredador que se aprovecha de los demás y cada cobarde que lo acepta, lo permite o, sencillamente, mira para otro lado cuando esto sucede son una causa de que este mundo se vaya a tomar por culo.

Los perros guardianes (y aquí, más que exponer lo ya contado por la película, me permito hacer un apunte que quizás la contradice. Al fin y al cabo, estoy haciendo una reflexión sobre el monólogo, no un análisis interpretativo de lo que se dijo literalmente), desde mi punto de vista, no han sido bendecidos con nada, sino más bien todo lo contrario. Condenados a enfrentarse a los lobos cuantas veces sea necesario, tienden a ser atacados también por las ovejas. No la clase de ataque que perpetraría un depredador, por supuesto; el ataque de la oveja consiste en dar la espalda al perro pastor para defender al lobo, al que en el fondo admira tanto como envidia. Aquellos que defienden a los débiles pueden dar una imagen romántica a veces, pero a pie de calle, en la vida real, son vistos como unos pobres idealistas a los que poca gente entiende.
Porque no hay nadie que tenga como misión en la vida cuidar de los perros pastores, salvo quizás otros perros pastores. Y eso solo si hay suerte de encontrar algún otro a mano.



Este ha tenido una suerte de la hostia.


Esto implica, por supuesto, que el perro pastor tampoco termine de entender muy bien por qué es criticado o puesto en entredicho por la gente a la que defiende. Esa especie de síndrome de Estocolmo que las ovejas sufren en infinidad de ocasiones le resulta tan absurdo como frustrante... y sin embargo, el perro pastor no puede hacer otra cosa. No sabe hacer otra cosa. El perro pastor, por mucho que reniegue de esa condición, por mucho que jure que está perdiendo el tiempo al defender o ayudar a aquellos que, objetivamente, no lo merecen, sabe que no puede cambiar su rol, ya que es totalmente incapaz de asumir otro. No es la clase de personas que, de buenas a primeras, se levanten una mañana y le digan al mundo "Hola, mundo, hoy voy a comer de lo que me echen. Las injusticias y las cabronadas me van a dar igual, o bien hasta me van a parecer bien". Uno simplemente no se levanta de la cama con ganas de aceptar la mierda.
Del mismo modo, un perro guardián no se va a hacer jamás amigo de lobos, porque le resulta inconcebible tolerar algo tan despreciable como es ver a otros machacados simplemente porque los depredadores sienten que pueden hacerlo. No va a aceptar el doble rasero que se usa entre lobos y ovejas, donde unos salen siempre bien parados y otros son los que se llevan las hostias de forma indiscriminada.

Más difícil de plantear resulta que un perro pastor decida convertirse en lobo. Por muchas hostias que reciba, por mucha desaprobación que sufra, un perro pastor de pura cepa jamás se va a convertir en aquello que odia. En aquello que, en su fuero interno, ha jurado perseguir y combatir hasta el fin de sus días. Un perro pastor puede cometer mil errores, pero jamás cometería algo tan grave como el de traicionarse a sí mismo y a los valores que le recorren las venas.

Ser un perro pastor, por tanto, implica convertirse en un pedazo de metal, que se encuentra constantemente entre el martillo y el yunque, soportando embates, poniéndose al rojo vivo. Adaptando su forma, tal vez, pero no quebrantado, sino endureciéndose cada vez más. Con cada golpe, se hace más resistente. Se forja a sí mismo para, algún día, tener la capacidad de devolver cada uno de los embates sufridos... o acaso morir en el intento, pero jamás agacha la cabeza. Jamás se pone de rodillas. Porque para asumir, aceptar sin reservas y convertirse en un rebaño sumiso ya están las ovejas.


Si eres uno de esos, te encuentras justo ahí.
Sí, eres la cosa roja de en medio.


Con esta reflexión quiero que quede claro que esto en absoluto es una apología de la violencia física. No es necesario ser violento para ser un lobo, del mismo modo que tampoco hace falta para ser un perro pastor. Existen mil formas de ser un depredador que ataque al rebaño, y basta con mirar a nuestro alrededor, cada día, en cualquier parte, para darnos cuenta de que existe mucha, mucha gente, que entiende que el mejor modo de vivir es aprovecharse de los demás, aun en las cosas más tontas y aparentemente insignificantes. Anteponer sus deseos personales, por simples que estos sean, a las necesidades de los demás. Existe gente que, aun siendo consciente de que vive en comunidad, le importa un huevo y decide doblegar cualquier convención, norma o pacto social en su propio beneficio, aplastando a cualquiera que se le ponga en su camino. Son aquellos a los que el respeto hacia los demás les resulta ajeno, aunque sí exigen respeto para ellos, quizás porque consideren que el mundo gira a su alrededor o que todo lo que les rodea existe para satisfacerles.
Del mismo modo quiero decir de forma muy clara que no es necesaria la violencia para plantarles cara. Existen uno, dos, cien, mil métodos de dejar claro a los lobos que ellos no son los que deberían mandar, por tentador y fácil que resulte su camino de depredadores. Dependiendo de la ocasión, podemos hallar en nuestra cabeza el modo de pararle los pies a casi cualquiera de estos seres que consideran que todo y todos están para servirle. La cuestión no radica ahí. Con toda seguridad, el asunto está en si queremos dar ese paso y dejar de formar parte del rebaño. Si realmente queremos salirnos de ese cómodo redil, donde podemos agachar la cabeza y aceptar a los lobos como nuestros dueños y señores, para luego hablar con las otras ovejas y quejarnos de forma lastimera sobre lo mal que nos tratan.
Podemos hablar lo que queramos, pero si no actuamos no dejaremos de ser ovejas.
Por otro lado, en caso de aparecer un perro pastor, podemos colocarnos a su lado para que por lo menos no se sienta solo cuando nos protege. No nos confundamos, un perro pastor no lo necesita, ya que actúa por ese impulso irrefrenable de enfrentarse a lo que está mal... pero sí que sería de recibo mostrar un poco de gratitud, o por lo menos no escupirle a la cara y abrazar la incoherencia de minimizar las mordeduras de los lobos.
Echándole muchos arrestos (o muchos cojones, si nos dejamos de eufemismos), incluso podemos probar a sentirnos como perros pastores. Podemos tratar de descubrir si, en el fondo, cada vez que nos hemos encogido de hombros para quejarnos por lo bajo no era más que un impulso de perro pastor reprimido... o tal vez el miedo a dejarnos ver, el miedo a enfrentarnos a aquellos a los que hemos proclamado líderes, superiores o lo que quiera que creamos que sean, nos mantiene en esa posición de ovejitas lastimeras.


Si eres una oveja, te encuentras aquí.


Una vez terminada esta reflexión que he hecho yo, me gustaría invitaros a vosotros a que hagáis la vuestra. A que todos y cada uno de aquellos que leáis este post (por lo general sé que sois poquitos, pero a menudo cuento con que ninguno de vosotros sea precisamente idiota) se plantee si lo que he escrito aquí en un ratito tiene el más mínimo sentido o no es más que una ida de olla después de haber pasado demasiado calor viendo una peli en una sala de cine que no tenía aire acondicionado.
Pensad pues, en qué grupo os veis y si realmente queréis ser lo que se supone que sois.

jueves, 7 de mayo de 2015

Tebeos en Vena- Cronología Uncanny X-Men, los primeros treinta años (tercera parte)




La cosa no decae. Si ya habéis estado siguiendo las anteriores entregas de esta cronología X-Men, sabréis que la cosa quedó en un evidente "Continuará", cerrando el artículo con la salida (más bien por las malas y con un cabreo considerable) del dibujante John Byrne. Aquellos que no las leísteis, podéis acceder a ellas pinchando aquí y aquí. De todos modos, antes de empezar, me gustaría dejar claros un par de detallitos: el primero, que ya comenté, es que es posible que os encontréis detalles de la trama que sean relevantes, así que si odiáis los spoilers, soy el primero en desaconsejaros la lectura de este artículo. Me temo que esto es un poco difícil de controlar, porque al hablar de series completas, el final de una tiende a implicar el principio de otra. Espero que lo entendáis.
El segundo punto que quiero comentaros es que es posible que aquellos lectores más avanzados echéis en falta algunos detalles a la hora de resumir las historias. Esto ha sido así porque el volumen de material a condensar (alrededor de 300 números) es muy grande; asímismo, estos artículos están pensados más para lectores que no tengan mucho control de lo que es la serie en sí y puedan hacerse una idea de la trayectoria que ha ido teniendo a lo largo de este tiempo.

Dicho esto, arrancamos:

II. SEGUNDA GÉNESIS.

6. La etapa Chris Claremont/ Dave Cockrum (II): Tras la muerte anunciada que llevaba mascándose durante los últimos números dibujados por John Byrne, regresa Dave Cockrum, responsable, como ya vimos, del diseño original de los personajes de la "nueva" Patrulla-X. Quizás no tan espectacular en cuanto a dibujo, Cockrum sí parece entenderse mejor con Claremont (o al menos, no hay noticias de que éste cogiera y le reescribiera los diálogos al guionista a sus espaldas). Esta etapa tiene lugar a partir del Uncanny X-Men 144 y concluye hacia el número 158, aunque con colaboraciones esporádicas de Bill Sienkiewicz, Bob McCleod, Brent Anderson y Paul Smith por medio.

Esta etapa se divide en los siguientes arcos argumentales:

- La Patrulla-X contra el Doctor Muerte y Arcade (Uncanny X-Men 144-147)
- El regreso de Magneto y la etapa en la isla primigenia (Uncanny X-Men 148-150)
- La venganza del Club Fuego Infernal (Uncanny X-Men 151 y 152)
- La reaparición de Corsario/ Primera aparición (en la serie) de Ave de Muerte y El Nido (Uncanny X-Men 154-158)
- La batalla contra Drácula (Uncanny X-Men 159)
- La primera aparición de Belasco (Uncanny X-Men 160)
- El regreso de Drácula (Uncanny X-Men 161)
- La saga del Nido. (Uncanny X-Men 162-166)





Esta etapa se caracteriza por sagas relativamente cortas y casi autoconclusivas. Indico "casi" porque Claremont es muy dado a ir soltando detalles que parecen secundarios y de ahí sacar una saga entera años después. En este caso, la segunda etapa se inicia con un episodio de relleno en el que Cíclope viaja en un barco pesquero junto a la capitana Aleytys Forrester, con la que se enfrenta al demonio D'Spayre y al Hombre Cosa (Uncanny X-Men 144). Con Cockrum propiamente dicho arranca con el secuestro de la Patrulla-X a manos de Miss Locke, secuaz de Arcade, en el número siguiente. Según cuenta, su jefe ha sido secuestrado por el Doctor Muerte, tras unos asuntos entre ellos que no salieron del todo bien. Locke obliga a la Patrulla a rescatarlo, ya que también ha secuestrado a algunos amigos suyos, que se encuentran en el ya conocido Mundo Asesino (si os acordáis, el parque de atracciones de la muerte diseñado por Arcade). Por eso, el grupo se ve obligado a viajar a Latveria, aunque no sin trazar un plan: dividiéndose en dos, una mitad (el grupo en activo) se encargará del rescate de Arcade y la otra, formada por reservistas (el Hombre de Hielo, Kaos, Polaris y un Banshee sin poderes) se dirigirá a Mundo Asesino para salvar a los amigos de la Patrulla.


"Ya estáis tardando en tirar p'allá, mamones"


La sorpresa tiene lugar cuando, al llegar a la residencia de Muerte, descubren que todo había sido una trampa: Arcade y Muerte son dos aliados y han pillado desprevenida a la Patrulla. Durante la refriega, Tormenta queda atrapada en el interior de un molde de cromo, y el resto del grupo, hecho prisionero. De ellos tan solo Rondador Nocturno logra escapar, que tendrá que localizar a sus compañeros para poder escapar de allí. Al hacerlo y liberar a Tormenta, ésta se encuentra enloquecida a causa de su claustrofobia, lo que desata un tifón de proporciones brutales. La mutante se las apaña para apaciguarla y, tras la batalla resultante con Muerte, el asunto queda en tablas.

Paralelamente a esto, Cíclope ha seguido viajando a lo largo y ancho del mar junto a la tripulación de Lee Forrester. En una de éstas, acaban cayendo por la borda a causa de la (pedazo de) tormenta (de la puta hostia) creada por Tormenta (valga la redundancia). Habrían muerto de no ser porque dan con sus cuerpecillos en una isla en el triángulo de las Bermudas. Lo que habría sido una escorromoñez romántica al estilo de El Lago Azul acaba por convertirse en algo más similar a En Las Montañas de la Locura en el momento en que encuentran una construcción primigenia de proporciones preternaturales. Una especie de edificación de pesadilla, erigida sin duda eones antes de que el hombre hollara la tierra por primera vez. Una de esas cosas tipo Lovecraft con estatuas de Pulpos y demás, para entendernos. Esto no pasaría de lo anecdótico si no resultase que en esa isla se encuentra Magneto, que los toma como invitados. El señor del magnetismo no ha reconocido a Cíclope (o eso es lo que él cree) sin su traje y con los ojos vendados para que sus rayos no delaten su naturaleza mutante.


Lo podrían haber llamado alegremente Calamar Island.


Ya de vuelta en Nueva York, encontramos que Tormenta y Kitty se han hecho amigas de SpiderWoman y salen con ella a tomar algo en un bareto donde está cantando Dazzler. Dicha acción queda interrumpida por el ataque de un mutante bastante penoso y solitario llamado Calibán, que desaparece tan rápido como aparece. Tras este episodio, Xavier decide enviar a la Patrulla a investigar el cráter donde Magneto fue visto por última vez, lo que conlleva un nuevo enfrentamiento, no con el villano, sino con Garokk, al que habíamos dado por muerto tras la saga de la Tierra Salvaje.

Entretanto, Magneto sigue a lo suyo en la isla primigenia y amenaza a todas las naciones del mundo con la guerra si no desmantelan todo su armamento nuclear. Esto, evidentemente, provoca una tensión internacional que conlleva el hundimiento de un submarino nuclear y la destrucción de una ciudad, ambos de origen soviético (la ciudad, por suerte, evacuada a tiempo). La Patrulla se topa con esta movida casi de casualidad, volviendo de la Tierra Salvaje a casa, y siendo capturados por el campo electromagnético del villano. Magneto, como quien dice, ha hecho un combo, porque se las ha apañado para pillar a calzón bajado también a Xavier y a la ex-vengadora Carol Danvers, ahora sin poderes a manos de una miembro de la Hermandad de Mutantes de Mística conocida como Pícara. Con todo el equipo capturado y sin poderes gracias a un campo inhibidor, todo parece perdido... hasta que Tormenta se las apaña para cepillarse el panel de mandos a guantazo limpio y hace que el equipo recupere sus poderes y fuerce a Magneto a rendirse. A partir de este momento, deciden tomar la isla como base de operaciones temporal.


"¡Que dejéis de una vez los misiles, cojones ya!"


Antes de que la mudanza se lleve a cabo del todo, los padres de Kitty Pryde deciden sacar a la joven de la escuela de Xavier porque consideran que es más apropiado que esté con gente de su edad. Esta decisión la lleva derechita a la escuela de Massachussets de Emma Frost, donde Tormenta cae en una trampa: Frost usa un arma que hace que las mentes de ambas se intercambien de cuerpo, de modo que en el cuerpo de la Mujer-X hay una traidora que va directa a la mansión de la Patrulla con intención de destruirla desde dentro. Una vez allí, deja entrar al resto del Club Fuego Infernal que, con apoyo de algunos Centinelas, deciden vengarse de la afrenta sufrida durante los acontecimientos de Fénix Oscura. Mientras, Tormenta, en el cuerpo de Emma Frost, se alía con Kitty para poner las cosas en su sitio.
En este arco argumental, quizás el episodio más relevante (por paradójico y curioso que resulte) es una historia que Kitty inventa para hacer dormir a la hermana pequeña de Coloso. Es una especie de cuento de hadas bastante divertido en el que parodia a sus propios compañeros, y que con el tiempo se ha homenajeado alguna que otra vez (Uncanny X-Men 153)


Bamf es la parodia de Rondador Nocturno en el cuento de hadas de Kitty Pryde.
Y es cachondisimo.


El siguiente arco argumental se centra en la relación entre Cíclope y su padre, el ahora conocido como Corsario, miembro de los Saqueadores estelares. Este se estampa contra la Mansión-X al huir de una raza de bicharracos alienígenas conocidos como Sidri, encontrándose con Cíclope y Tormenta, que estaban poniendo las cosas a punto por allí mientras el resto del grupo acaba de instalarse en la isla de las Bermudas. Cuenta a los dos Hombres-X que la Emperatriz Lilandra ha sido secuestrada y el gran consejo del Imperio Shi'Ar ha sido atacado. Durante la refriega, se sabe que el comandante que dio el golpe de estado ha huido en dirección a la Tierra y, si el Imperio considera necesario arrasar el planeta para dar con él, lo harán. Xavier llega a un acuerdo con los Shi'Ar para retrasar el ataque a la Tierra un día mientras la Patrulla encuentra al traidor. Rondador y Kitty se quedan en la nave nodriza imperial como garantía de que el pacto se va a cumplir. La causante del golpe de estado no es otra que Ave de Muerte, la hermana chunga de Lilandra, que se ha aliado con una raza de bichejos alienígenas conocidos como El Nido, una raza tan desconocida como agresiva. La primera batalla contra éstos cuenta con la primera baja, Coloso, que ha sido prácticamente empalado por un arma cubierta de ácido. Kitty Pryde, al ver la retransmisión de lo sucedido por una pantalla Shi'Ar, inicia una revuelta dentro de la nave nodriza; ella y Rondador han descubierto que tienen al enemigo en casa: el almirante de la nave ha asesinado al canciller Araki, y su plan es localizar a Lilandra (ahora a salvo gracias a los Saqueadores y a Xavier) para asesinarla e imponer un nuevo orden sobre el imperio. A esta revuelta se unen algunos de los miembros de la Guardia Imperial de Shi'Ar, fieles a la Emperatriz. Ésta reaparece escoltada por los Saqueadores para imponer el orden, de modo que los traidores (a excepción de Ave de Muerte y El Nido, en paradero desconocido) son arrestados. Coloso es curado de sus heridas gracias a los Saqueadores, pero Xavier fue herido de gravedad, quedando en coma tras un ataque psíquico.
El epílogo de esta aventura tiene como protagonistas a Lobezno, Tormenta y Carol Danvers infiltrándose en el Pentágono para borrar todo dato existente acerca de la Patrulla. Durante la misión, se encuentran con Pícara, a la que acaban enfrentándose.

La batalla contra Drácula, dibujada por Bill Sienkiewicz, tiene lugar en Uncanny X-Men 159, resultando un "primer contacto" con el Señor de los Vampiros. El ataque tiene lugar de forma casi accidental, con Drácula asaltando a Tormenta en un callejón de Nueva York tras haber dejado a Kitty con unos amigos. A partir de aquí, la mutante se ve afectada por el vampirismo. Se produce una breve batalla en la que ella logra liberarse de esta influencia, pero Drácula logra escapar.


"Heeey, nenaaaa..."


La primera aparición de Belasco, dibujada por Brent Anderson, sucede justo a continuación y junto al número anterior sirve como puente entre la Saga que supuso la primera aparición (de forma casi secundaria) de El Nido y la saga dedicada expresamente a esta raza de bicharracos alienígenas. Este puente, además, implica un cambio de tono bastante singular, ya que hemos pasado de historias de corte más o menos cósmico a movernos a un elemento más sobrenatural. Ya lo vimos con Drácula y ahora lo vemos con el demonio Belasco.
Esta entidad rige un universo paralelo llamado El Limbo, al que se accede por una puerta dimensional oculta en la isla primigenia en la que la Patrulla ha instalado temporalmente su base de operaciones. Belasco decide secuestrar a Illyiana, la hermana pequeña de Coloso para convertirla en su aprendiz; de paso, secuestra a Coloso, Lobezno, Kitty, Rondador y Tormenta, a los que tortura y pervierte. El Limbo tiene además la particularidad de coexistir en varias facetas temporales, lo que implica que cuando Kitty pone el primer pie ahí, Lobezno y Coloso ya están muerto, Rondador ha sido corrompido y Tormenta es una anciana que lleva décadas sobreviviendo allí con lo que ha podido aprender de hechicería. Las versiones "presentes" de la Patrulla están por allí también, pero unos misteriosos discos teleportadores los llevan de un lado a otro. La versión anciana de Tormenta se une al grupo para hacer frente a Belasco, logrando reunirlos a todos. No consiguen vencerlo, pero sí logran traer a Illyana... la cual perdió la mano de Kitty durante la aparición del disco que los llevaría a casa, y ahora es una adolescente. Dios sabe lo que ha vivido en los años que han pasado entre el segundo en que Kitty la perdió de la mano y logró recuperarla. Dios sabe lo que ha aprendido de la mano de Belasco.


Demonio con cuerpos y cola busca aprendiz de hechicería chunga.
A ser posible, rubia y jovencita.
Razón en El Limbo.


Drácula regresa en el número siguiente, y con ganas de venganza. Ya no solo contra la Patrulla, sino contra Rachel Van Helsing, la descendiente del hombre que lo venció y una de sus más encarnizadas enemigas. Ahora convertida en vampiro, es una esclava de Drácula... pero no la única: Tormenta vuelve a ser afectada por el mal del vampirismo justo cuando creían que esa etapa había sido superada. Aprovechando que todos sus compañeros están durmiendo, decide morderlos a todos. En el momento en que la mutante logra recuperar la conciencia, pues se sigue rebelando contra esta maldición, se pone en marcha hacia el castillo de Drácula para hacerle frente y poder liberar a sus amigos. Cuenta con una inesperada aliada en Kitty Pryde que, pese a haber sido mordida, mantiene una extraña autonomía y, por su cuenta (junto a un Coloso que no parece encontrarse en pleno uso de sus facultades mentales), está buscando la Fórmula Montesi, un hechizo que se supone que debería acabar con el mal del vampirismo por toda la eternidad. Kitty tampoco está del todo en sus cabales: ha sido poseída por Lilith, hija de Drácula, que está usando a la Patrulla como peones para su guerra personal contra su padre. La batalla se salda con la aparente muerte de Drácula y de Rachel Van Helsing.


Vampireo fino.




La Saga del Nido es la última dibujada por Dave Cockrum y sería terminada por Paul Smith, que tomaría las riendas del apartado artístico de la serie (por no decir mejor que Smith colaboró más aquí que Cockrum). Comenzando in medias res, nos cuenta cómo la Patrulla ha sido secuestrada por El Nido durante una visita a Lilandra y, de los cuales, solo ha sobrevivido Lobezno, que lucha por sobrevivir en el mundo natal de esta raza a base de triturar depredadores alienígenas. Estos bicharracos, todo hay que decirlo, no han tomado a la Patrulla por la cara, sino que la han elegido a conciencia a causa de su genética mutante para inocular sus embriones en ellos. De un modo muy similar a como sucedía en Alien, El Nido se gesta en cuerpos de otros seres vivos, de los que toma todo lo que puede de su cuerpo huésped, transformándolo poco después en un miembro más de su raza.
Entre los secuestrados se encuentra también Carol Danvers, la antigua Ms. Marvel, con la que el Nido ha decidido experimentar para explotar su genética, en busca de posibles poderes latentes. Cuando Lobezno logra rescatarla, se encontraban en mitad de un experimento que traerá futuras consecuencias, pero para consecuencias, las que se encuentra la Patrulla tras su rescate, al descubrir que TODOS sus miembros han sido inoculados por embriones de El Nido, salvando Lobezno, cuyo poder de curación logró extirpar la infección éxito. Entretanto, los nuevos poderes de Carol Danvers se han manifestado del todo, asumiendo a partir de ahora la identidad de Estrella Binaria, o Binaria, a secas.


Carol Danvers como Binaria.
Al verla, Kitty dice "que parece un ángel".
Sin comentarios.



7. La etapa Claremont/ Smith: Esta etapa se caracteriza por dos hechos significativos. El primero es la llegada de este dibujante, cuyo acabado limpio y detallado, más propio del cine de animación (no en vano trabajó en la primera adaptación al cine de El Señor de los Anillos), daba a la serie uno de los aspectos visuales más originales vistos hasta la fecha. En segundo lugar, las líneas argumentales se vuelven algo más "profundas", destacando la gran fuerza que cobran los diálogos y las relaciones entre personajes. No es una etapa especialmente larga, que arranca con parte de la Saga del Nido y que abarcaría los siguientes arcos argumentales:

- La Saga del Nido  (Uncanny X-Men 162-166)- Con algún número de Dave Cockrum por medio
- Saga conocida como "Desde las Cenizas" (Uncanny X-Men 167-176)

Paul Smith, como hemos comentado arriba, cierra la Saga del Nido con una batalla bastante espectacular y mostrando por primera vez a un personaje que se convertiría, por derecho propio, en "miembro" de la Patrulla. Me refiero a Lockheed, la criatura alienígena con aspecto de dragón en miniatura. Se cuenta también cómo la Patrulla salva su vida gracias a la muerte de los embriones que anidaban en su interior tras la de la Reina del Nido. Tormenta, una vez más, se lleva más palos que sus compañeros y regenera por completo su cuerpo gracias a las criaturas conocidas como los Acanti, esclavos de esta raza hasta la fecha.



Desde las Cenizas es una saga relativamente larga, que va abriendo nuevas líneas argumentales al tiempo que desarrolla algunos elementos mostrados en arcos argumentales anteriores. Se puede decir que tiene su origen prácticamente tras la vuelta de la Patrulla a la Tierra tras su aventura espacial, donde se encuentran que la Mansión está "ocupada" por un grupo de chavales. Estos chavales no son otros que los Nuevos Mutantes, los protagonistas de la nueva serie subsidiaria de The Uncanny X-Men y que tuvo su debut mientras la Patrulla fue dada por muerta (por vez número tropecientos) tras el secuestro a manos de El Nido. Tras una breve batalla, Xavier, cuya mente se recuperó previamente y cuyo cuerpo ha sido clonado a partir del original (infectado por El Nido), ahora puede caminar de nuevo. No obstante, su propia psique aún pone ciertas trabas psicosomáticas, de modo que será un proceso algo lento.


Los Nuevos Mutantes.
Nótese el tono de "No somos unos pringaos" de la genial ilustración de Bill Sienkiewicz.


Una vez reunido de nuevo el grupo, la primera decisión que toma Xavier es que Kitty abandone la Patrulla para unirse a Los Nuevos Mutantes, que son chavales de su edad. Esta decisión como que a ella le sienta como una patada en sus partes pudendas y monta un cirio de padre y señor mío para quedarse donde siente que pertenece. Mientras esto sucede, los Sidri (a los que ya conocimos antes de la Saga de El Nido) atacan la Mansión-X, pero Lockheed aparece para salvarla, convirtiéndose en su amigo de forma casi instantánea.
Encontramos más reapariciones, como la de Pícara, que llega a la mansión para pedir ayuda por ser incapaz de controlar sus poderes. Considerando que es la responsable de que Carol Danvers dejase de ser una vengadora, es tan bienvenida como un pedo en un ascensor. Xavier, sin embargo, obliga al grupo a aceptarla y creando, de paso, no pocas tensiones.


Pícara visitando la Mansión-X para pedir ayuda.
Impagable la cara de Coloso en plan "¿Qué coño quieres, desgraciá?"


Cíclope sigue recorriendo el mundo a su rollo y deja a Lee Forrester para ir con su hermano y su padre a Alaska a conocer a sus abuelos. Allí conocen a un personaje que sorprende a todos: Madelyne Pryor, la piloto que los lleva hacia allá, resulta ser idéntica a la fallecida Jean Grey. Al mismo tiempo, siguen sucediendo más cosas: en Nueva York, Emma Frost ha sido atacada mentalmente por una entidad desconocida, y alguien ha secuestrado al Ángel. Ante la llamada de emergencia, la Patrulla se pone en marcha y sus pesquisas los llevan a los túneles bajo la ciudad, donde reaparece Calibán y donde otros mutantes deformes conocidos como los Morlocks viven. Calisto, su líder, ha tomado al Ángel básicamente porque tenía ganas de darle meneos de los buenos hasta dejarlo más seco que la mojama, lo que implica un duelo a muerte entre ella y Tormenta por el liderazgo de esta tribu de mutantes desarrapados. Ésta última, a lo largo de las últimas aventuras, ha sufrido múltiples heridas y traumas, lo que la está llevando a cambiar y volverse más agresiva. Es por eso por lo que apuñala a sangre fría a Calisto en el corazón y la habría matado de no ser porque los Morlocks tenían un curandero entre sus filas.

Justo tras la unión de Pícara al grupo, el grupo viaja a Japón para asistir a la boda de Lobezno con Mariko (prima de Fuego Solar y pareja de Logan desde hace ya bastante). En los entresijos de la boda, la Patrulla es envenenada y tan solo Lobezno y Pícara son inmunes, de forma que acaban por enfrentarse a Víbora y al Samurai de Plata, que tenían una vieja deuda de honor con el padre de Mariko, el yakuza Shingen, muerto a manos de Lobezno. Tormenta, que no llega a ser inoculada, aúna fuerzas con Yukio, una ronin salvaje y amiga de su compañero de equipo. Mientras éstas dos sobreviven en las calles de Tokyo (ocasión que aprovechará para cambiar su aspecto por uno más similar al de los Morlocks), Lobezno y Pícara buscan información sobre sus enemigos, con la idea de dejar muy clarito que a la Patrulla no se le toca las narices impunemente. Tras esto, Mariko deja plantada a Lobezno en el altar porque no lo considera digno.


Punky ochentero powah.


Volviendo a Cíclope, ha iniciado una relación con la misteriosa Madelyne Pryor, a la que ha pedido matrimonio. Sin embargo, ese extraño parecido con Jean Grey no deja de atormentar al antiguo líder de la Patrulla, hasta el punto de que se ve obligado a preguntarle si es ella. Madelyne agrede a Cíclope, pero la sorpresa se encuentra en el momento en que éste vuelve la cabeza y descubre que tiene ante sí a la mismísima Fénix Oscura.
El ataque de Fénix se traslada hacia la Mansión, donde el resto del grupo se ve obligado a enfrentarse a ella, aunque de un modo muy diferente: para empezar, Fénix no parece tan poderosa como antaño, y necesita doce horas para atravesar Estados Unidos, cuando podría haberlo hecho en un suspiro. La mano artífice de esa trampa es alguien capaz de jugar con lo que es real y lo que no, por medio de una ilusión. Sofisticada, pero una ilusión al fin y al cabo. Cíclope no necesita mucho para darse cuenta de quién es. Aquí se descubre que casi todo lo sucedido a lo largo de la saga, como el ataque a Emma Frost o el hecho de que Pícara sufriese un ataque de pánico que la impulsara a abandonar a Mística, así como el desplante de Mariko, han provenido de una única mano que estaba moviendo los hilos en la sombra: Mente Maestra, que buscaba vengarse de la Patrulla y destruirla, en la medida de lo posible, desde dentro.
Una vez vencido, tiene lugar la boda de Cíclope con Madelyne Pryor y, con esto, concluye la etapa de Paul Smith en la colección regular.

Pasamos, como siempre, a hacer un listado de las diferentes alineaciones del grupo a lo largo de este periodo:

Undécima alineación: Grupo de ataque combinado para enfrentarse al Doctor Muerte y a los secuaces de Arcade en Mundo Asesino (Uncanny X-Men 144-147)

Equipo principal en Latveria:

Profesor Xavier, en calidad de mentor
Tormenta, en calidad de líder
Coloso
Rondador Nocturno
Lobezno
Ángel (se marcha al final de este arco argumental al no soportar la actitud agresiva de Lobezno)

Equipo de apoyo en Mundo Asesino:

Hombre de Hielo
Kaos
Polaris
Banshee

Duodécima alineación: Pícara se une al grupo (a partir de The Uncanny X-Men 171) y Kitty Pryde acaba tomando su puesto de forma paulatina tras un buen número de aventuras participando de forma intermitente.

Profesor Xavier, en calidad de mentor
Tormenta, en calidad de líder
Coloso
Rondador Nocturno
Lobezno
Kitty Pryde (ha usado varios nombres código, como Ariel o Espíritu)
Pícara (no usaba otro alias en la etapa que recoge este artículo)