Mientras esta semana una mitad del país ha estado tela de ocupada en arreglar el país haciendo sus pronósticos sobre las elecciones del domingo (y al tiempo, haciendo tanta propaganda política de los partidos que consideran "la salvación" como los propios partidos en sí, subiendo artículos que demuestran cómo los demás son el Mal Absoluto) y la otra mitad haciendo pronósticos sobre Eurovisión (algo igualmente trascendental y que, sin duda, nos habría hecho sentirnos mejores como país en caso de haber ganado), me entero, casi de pasada, que otra adolescente se ha suicidado, esta vez en Madrid. El motivo, el bullying, y no sé cuántos casos van ya. No de suicidios, que eso siempre luce lo bastante como para que salga en la tele, sino de hijos de la grandísima puta que van a clase a tocarle los cojones al prójimo. A amedrentarlo. A amenazar, insultar, agredir e incluso a perpetrar atracos. Todo esto, dentro de un centro educativo (lo que manda cojones) y, en un elevadísimo número de casos, bajo la total permisividad de todos cuantos son testigos, educadores incluidos.
No deja de tener gracia que, hace apenas un mes, cuando a un soplagaitas se le va la pelota y se dedica a disparar gente en los pasillos de un instituto a ballestazo limpio la alarma social cundiese. Entonces fueron rasgadas de vestiduras y yo ya os comenté en su momento que las cosas, en cuestión de días, volverían a la normalidad: los profesores (como el interino que falleció al intentar reducirlo) volverían a ser vistos como "Los hijos de puta esos" tanto por alumnos como por padres y los cabronazos que hacen bullying a lo largo y ancho de nuestro país, una vez puestas todas las velas en señal de condolencia por los fallecidos, seguirían dedicándose a lo suyo, que es a la delincuencia dentro de las aulas.
"Danos el dinero que lleves o mis muchachos te parten las piernas".
Cuando lo hacen adultos nos echamos las manos a la cabeza, pero cuando lo hacen críos nos tiene que parecer inocente por cojones. Porque todo lo que hacen los críos es bienintencionado, claro que sí.
Porque, queridos Distópicos, no nos engañemos: a esto se le llama delincuencia. Una persona que agrede, amenaza, coacciona y acosa es un puto delincuente, y me sopla la polla de punta a cojones que sean menores de edad. Un chaval que lleva a clase una navaja y que la usa para amenazar a un compañero a cambio de pasta es un puto delincuente. Otro que se dedica a obligar a que una compañera le pase fotos de sus tetas por guasap y amenace con difundirlas a menos que le envíe una galería completa es otro puto delincuente. La gentuza que coge a un discapacitado y se dedica a humillarlo en clase, aparte de delincuentes, son unos hijos de la grandísima puta que, a mi juicio, no tienen sitio en un sistema como este. Sí, puede que estos juicios os resulten duros y categóricos. Puede que vengáis con que en el fondo son críos, que no saben lo que hacen. Pues eso se lo explicáis a los padres, no solo de esta chica, sino de todos los chicos que han sufrido y siguen sufriendo acoso escolar en nuestras escuelas. A ver si conseguís que lo entiendan.
En lo que sí tengo que daros la razón es que los chavales no son los únicos responsables de esto: aunque suelo decir que la última palabra para convertirte en un hijo de la gran puta al que le importa una mierda lo que tengas alrededor y una persona decente la tienes tú, es cierto que hay muchos factores que condicionan esto. Ya sabemos que la educación viene de casa, y hasta ahí estamos todos de acuerdo. Estamos de acuerdo también en que el diálogo con los críos es fundamental para tener una ligera (digo "ligera" porque a menudo los padres no saben la clase de monstruo que tienen en casa) idea de cómo es tu hijo y a lo que se dedica cuando va a clase, y que jamás debes delegar en un colegio o centro educativo una tarea tan básica como es enseñar valores a tus hijos. Estamos de acuerdo en todo eso, pero también os digo que la permisividad hacia el bullying en estos tiempos que corren es intolerable. Ya era mala en mi época, donde teníamos que el sistema de castas dentro de las clases era tan atroz que te dabas cuenta de que había especímenes que tenían virtual carta blanca para hacer con sus compañeros lo que le saliera del nácaro, sin pasar por el jefe de estudios a menos que corriera (literalmente) la sangre durante una pelea. Entretanto, los robos, los insultos y las faltas de respeto entre chavales que nos habíamos criado juntos eran constantes y flagrantes. Con más frecuencia de la soportable (esto es, con que sucediera una vez y se permitiese), estas cosas pasaban delante de los profesores y no había amonestación alguna. Se pasaba deliberadamente por alto y arreando.
Para muchos, lo más cómodo es pasarse por el culo las quejas, dar su clase y cobrar a fin de mes, y si los críos se matan entre ellos, pues que se maten.
Hasta dormirán de puta madre y todo.
Hoy en día la cosa no es que haya cambiado: con el uso de las nuevas tecnologías, no basta hacer como hacíamos en los ochenta y los noventa, que era irte para tu puta casa y desconectar del mundo hasta el día siguiente: hoy en día el que es víctima de acoso lo hace en cualquier momento gracias a que las comunicaciones son más fluidas. Si la criatura tiene Whatsapp o hace uso de cualquier red social (algo a lo que tiene tanto derecho como cualquiera), el bombardeo es constante. La única recomendación que les llega, cuando esto es así es "bórrate de Whatsapp, o quítate el perfil", es decir: "cede terreno a esos hijos de puta y deja que campen a sus anchas".
Que ellos se queden ahí y puedan seguir acosando a otros parece ser la clave. Dejar que los predadores busquen otras presas y que el problema jamás llegue a solucionarse desde la raíz.
Y es que, me vais a perdonar, pero el tratamiento de este problema (para mí es una lacra tan grave como lo puede ser el maltrato -no solo de género, sino el maltrato en general- o la discriminación de cualquier tipo... qué cojones, es que no veo apenas diferencia entre estas cosas y eso; como mucho, lo veo casi como una variante de lo mismo) no se ha tomado en serio, o no lo en serio que se debería. Me explico, y quiero que quede claro que sé que NO TODOS son iguales. Yo mismo he trabajado en centros donde la convivencia es un factor clave en su política y prefieren sacrificar prestigio en beneficio de un mínimo de armonía entre estudiantes. No, a los que voy a atacar en este artículo es a todos los demás. A aquellos que han venido pensando que si dos chavales se parten la boca en un patio "son cosas de críos". A aquellos que se pasan por el arco de triunfo, como si resolver conflictos no fuera parte de su trabajo, que un niño les venga llorando como una Magdalena porque media docena de compañeros se han pasado todo el recreo insultándolos. A aquellos que ejercen de Poncio Pilatos cuando les llegan reiteradas quejas de robos dentro de un aula y no hacen absolutamente nada por poner remedio al asunto.
Violencia, insultos y robo.
Cosas de críos, desde luego.
He llegado a tener noticias incluso de "inocentes" agresiones a chicas, tales como acorralarlas contra una esquina en una clase y meterles mano. Algo que a todas luces nos resulta ofensivo, indignante y hasta machista.
Pues bien, hay gente que piensa que si eso lo hace un chaval de doce años no pasa nada y que sí, que es inocente, porque no tienen conciencia.
Les falta decir que todo ser vivo por debajo de los dieciocho es gilipollas y que tiene carta blanca hasta para meterle la picha a quien quieran, ya que estamos.
He visto cómo el sistema fomenta la puñalada trapera, primando la competición malsana entre alumnos y dando a entender que lo único que necesitan es aprobar. He visto cómo muchos alumnos han crecido pensando que su único objetivo en la vida no es mejorar o aprender, sino ser mejores que los demás, aunque eso implique hacer lo que sea necesario o no pasar de ser un mediocre. Este es un sistema enfermo de los pies a la cabeza, donde lo que impera es rellenar una estadística (la que viene en tu boletín de notas) para que muchos padres tengan con qué presumir ante otros padres, para que un centro tenga ese prestigio que tanto necesita y para que los políticos de turno puedan hacerse pajas y ponerse medallas, dando a entender que si las estadísticas muestran un buen resultado, los chavales aprenden, son listísimos y nos van a sacar a todos de la crisis y el paro. Entretanto, aumentan los insultos homófobos, las actitudes machistas y las agresiones en las aulas (pero esto se denuncia mucho menos; supongo que es más fácil denunciar cualquier patochada que veamos en una peli e ir amenazando a su director, que es como mucho más lógico y comprometido). Todo porque hay un sector muy determinado de la población al que eso de la educación, en líneas generales, le importa una puta mierda. Los demás, aquellos padres realmente preocupados porque su hijo crezca siendo una persona honrada en lugar de un cerebrito con un expediente de la puta hostia (que bueno, si las dos cosas son posibles, mejor, pero tampoco es imprescindible), educadores con vocación y que realmente está preocupados por hacer las cosas, directivos con voluntad por hacer que sus centros funcionen bien de puertas para adentro y no de cara a la galería y políticos que realmente estén preocupados por esta lacra (que imagino yo que alguno habrá), no tienen ni voz ni voto en esto. Sus palabras son como el canto del que predica en el desierto, porque parece ser que lo que prima es lo que he comentado arriba: que los críos saquen buenas notas, independientemente de que el nivel académico sea una puta chusta de vaca.
Cosas relativas al factor humano, como el hecho de que un crío de (pongamos) seis años sienta un mínimo de respeto por compañeros y profesores, parecen estar fuera de la ecuación. Lo único que está importando, a día de hoy, es formar parte de un sistema cada vez más enfermo, que le enseña que no necesita esforzarse para conseguir nada, sino obtener resultados al precio que sea necesario. Un sistema que parece dar mayor importancia a convertir a TODOS sus estudiantes en empresarios, hábiles con las finanzas y futuros pagadores de impuestos antes que en librepensadores con un mínimo de sentido común, ética personal o contemplaciones con la gente que les rodea. Un sistema parido por algún retrasado mental que lo que está conformando es que, socialmente hablando, un instituto tienda a convertirse en la puta ley de la selva a menos que la directiva se cuadre y ponga los medios necesarios para que la convivencia sea un factor a tener en consideración. Una directiva específica en un centro específico y no el sistema por definición, tócate los huevos.
Un sistema que permite que no solo entren los profesores cualificados y con vocación, sino que cualquier soplapollas que se saque un examen de oposición (algo que por lo visto da carta blanca a un educador a comportarse como le salga del alma) pueda acceder a un puesto como educador. Nuevamente, un sistema que premia al que memoriza las cosas como un papagayo, al que compite fieramente contra sus compañeros por alcanzar el puesto, al que trabaja sin necesidad de vocación, al que única y exclusivamente va a poner la mano a final de mes sin importarle un carajo si está trabajando medio en condiciones o que ni considera importante tener voluntad por hacer las cosas. Una prueba a la que le importa una mierda tu capacidad docente o tu habilidad resolviendo conflictos, sino que se limita a valorar al que obtiene buenos resultados en un examen, y nada más.
"Vengo de resaca. A veces hasta vengo ciega a clase. Hay días en que no imparto porque estoy demasiado pedo; otras veces me ausento de clase y dejo a los críos haciendo deberes diciéndoles que me voy a hacer fotocopias, pero a lo que voy es al bar de la esquina. No soporto a los alumnos moros, negros, gitanos ni a los maricas. Las que visten como chonis se pueden olvidar de aprobar conmigo, porque no soporto a las putillas. Y los que me caen mal van derechos a septiembre. Pero tengo derecho a comportarme así porque ME SAQUÉ UNAS OPOSICIONES".
En esto no exagero: yo mismo he escuchado a antiguos compañeros míos de carrera decir, con toda su cara, que son abiertamente racistas y que no tienen la más mínima intención de prestar atención a alumnos inmigrantes o que vayan mal vestidos a su clase (y esto, os lo juro, es una cita literal). De gente que me ha llegado a decir que a ellos les da igual su trabajo, que curran ahí solo por la pasta. He oído que otros "educadores" han admitido abiertamente que pasan de trabajar, ya que el dinero que ganan ni siquiera les compensa (esto, llamadme violento, pero es digno de alpargata en los morros tal y como está la cosa con las contrataciones y con eso de llegar a los mil pavos al mes). He llegado a ver cómo un profesor se ríe de un alumno en clase delante de todos sus compañeros, fomentando así que los niños lo hagan y sin despeinarse ante la animalada pedagógica que acaba de cometer. Y estos, bien están dando ya clase en centros educativos, o bien están a punto de conseguirlo, amigos. Es para plantearse el sentido que tiene todo.
Pero ojo, sé que no todos son iguales, pero es que con uno que haya en este plan y al que se le haya permitido dar clase (y al que, a menos que suceda algo MUY grave y flagrante no se le pueda echar), ya me indica que la cosa no está yendo bien. Quiero creer que no son mayoría, pero sí que son más de los que puedo soportar.
Entretanto, el resultado está así: si existen políticos que no le echan los cojones para crear medidas SEVERAS al respecto (por severas hablo de legales); si existen directivas que no quieren saber nada de problemas de convivencia en SUS (uso el posesivo porque parece ser que el centro es posesión de algunos directores, salvo cuando las cosas se ponen feas) centros; si existen profesores que se dedican a crear castas de alumnos; si existe un sistema que ignora por completo un concepto tan clave en la educación como es el de la cooperación y el compañerismo y se centra en la quimera de los buenos resultados académicos como único factor que determina la calidad del sistema educativo... si todas estas piezas de una maquinaria tan perversa, podrida y enferma siguen funcionando como lo llevan haciendo a lo largo de los últimos años, los hijos de puta (sí, es un insulto, pero es que para mí no tienen otro nombre) que se dedican a acosar, amenazar, robar o agredir a sus compañeros seguirán teniendo permiso para comportarse así. Seguirá habiendo castas de estudiantes, donde unos tengan carta blanca para hacer lo que les salga del congrio (alguna amonestación, como mucho, el equivalente legal a una palmadita en la mano y decirle "caca, nene, así no") y otros vivirán con miedo constante. Miedo a ir a clase cada mañana. Miedo a salir al patio a que les partan la cara. Miedo a que les roben en los cuartos de baño. Miedo a mirar su teléfono. Miedo a encender el ordenador.
"Me acosan por Internet"
"Pues no enciendas el ordenador".
Es algo como decir:
"Me roban"
"Pues no lleves dinero".
O bien:
"Han amenazado con violarme"
"Pues no salgas a la calle"/ "La culpa es tuya por vestir como una furcia"
Mientras siga gente diciendo que eso no es para preocuparse, que ha pasado siempre y que son cosas de chavales; mientras haya gente diciendo que la solución es que las víctimas de bullying solo deben ignorar a sus acosadores y que eso va fenomenal para evitar que les den de hostias o les insulten; mientras haya quien piense incluso que la culpa la tienen las propias víctimas por tener Whatsapp o redes sociales (algo que parece ser que no deben, por lo visto, mientras sus acosadores tienen perfecto derecho a ello y a más cosas)... Mientras todo eso suceda el bullying no va a tener remedio. Seguirá habiendo más muertes, más agresiones dentro de las aulas. Más criaturas que deciden que no pueden soportar seguir viviendo en un mundo en el que el miedo es su único modo de conocer la vida.
Y seguirá habiendo más gente que mire hacia otra parte cuando esto sucede. Más gente que se lave las manos y dé impunidad a estos desgraciados. Más gente que, cuando haya otra víctima, se pondrá un lacito en la solapa vete a saber de qué color e irá a poner velas a la puerta del instituto, diciendo que el fallecido era una criatura maravillosa y que estas cosas no deberían pasar.







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