domingo, 6 de octubre de 2013

Angst- Conjurando a los Demonios, o Luchar contra la Máscara



Me vais a perdonar por ponerme reflexivo, pero supongo que ya iba tocando. Supongo que de vez en cuando, toca hacer un poco de introspección y echar un vistazo a cómo viene llevando las cosas en los últimos tiempos. La clase de cosas que a veces, por el motivo que sea, necesitamos.
En mi caso, me pongo a pensar un poco en la clase de persona que soy y en lo que proyecto hacia el exterior. Ya he comentado alguna vez que no suele importarme en exceso lo que se diga de mí (puede que ande parcialmente sordo, pero creedme, no soy ni tonto ni ciego, como diría mi colega Tije de Ridia), pero eso tampoco quiere decir que no me preocupe mostrarme como soy en realidad.

Hace poco, alguien muy especial para mí me dijo que en su momento me vio como una persona arrogante y que, recientemente, ha descubierto que no era más que una impresión errónea. No es algo que, en frío, vea como una ofensa o como algo que me deba ofender; en cierto modo, más bien me puede preocupar un poco... no por cómo me vean los demás, sino por cómo me muestre yo. Y creo que es ahí donde anda el quid de esta reflexión.
En el post anterior (sí, ese sobre los posers), ya comenté un poco de pasada lo realmente jodido que es eso de dar una imagen de modo inconsciente y descubrir que, ya no es que esa imagen no sea del todo ajustada a lo que soy en realidad, sino que tiende a mostrar un arquetipo que personalmente detesto.
Y no sé muy bien cómo combatirlo, lo que lo convierte en una pesadilla.

Pero no nos hagamos la víctima. Supongo que una gran parte de todo esto me la he ganado yo solito; algunos ya habéis comentado en mil ocasiones que el lenguaje que uso en este blog es, como poco, agresivo, lo que imagino que os ha hecho pensar que vivo todo el santo día cabreado. Que tengo una guerra particular contra el mundo. Algunos puede incluso que penséis que bebo sangre de recién nacidos por las mañanas y que me dedico a torturar ancianos todos los días después de comer. Ante esto podría deciros que habéis confundido un lenguaje bronco y duro con agresividad, pero creo que faltaría un poco a la verdad al coger y lavarme las manos de cualquier responsabilidad.
También sé que tener un carácter fuerte y temperamental (no me importa reconocerlo, y los que me habéis tratado en persona lo habéis experimentado en vuestros propios pellejos más de una vez) a veces me ha acarreado no pocas discusiones con muchos de vosotros. Discusiones que a veces yo mismo he llevado a un terreno más personal del que debería en varias ocasiones, y que no creo que me hayan hecho ningún bien a mí a título personal. Ni me he sentido mejor persona, ni he crecido espiritualmente, ni leches en vinagre.

Sé que mi espíritu crítico me ha granjeado no pocos enemigos y puedo aceptarlo. Sé que no todo el mundo está dispuesto a encajar cómo le dicen algo que no quiere oír porque, bueno... asumámoslo: en este mundo ir de cara es algo que te genera más problemas que beneficios. En este apartado, tengo que decir que no me arrepiento en lo más mínimo y que he actuado siempre con pleno conocimiento de causa. Lo digo una vez y lo diré las veces que haga falta: yo no soy la clase de persona que os va a dorar la píldora y que os va a soltar peloterías para hacer que os sintáis mejor. No va conmigo. Yo hablo desde las tripas, digo lo que pienso y lo que siento y en este contexto sabéis tan bien como yo (aunque no lo admitáis, ni falta que hace) que no tengo ni por qué justificarme ni por qué retractarme de nada.

Supongo que no es más que una suma de factores, como podéis ver. No es algo nuevo, ni mucho menos, sino más bien una especie de fantasma que lleva persiguiéndome toda la vida; ahora se me puede ver como una especie de monstruo arrogante, que lanza blasfemias por la boca y que os revuelve las tripas por decir cosas que nadie se atrevería a decir en público. Cuando se me veía como una especie de sábelotodo que tenía la respuesta para todas y cada una de las preguntas de este Universo, creedme, no me sentía mucho mejor. Para nada.
Quizás es precisamente por eso de generar expectativas, y de ahí un poco mi ataque contra los posers del otro día. Yo llevo prácticamente toda mi vida generándolas muy a mi pesar. Y cuando el mundo te descubre que no eres ni mucho menos tan guai como se creía, vienen las decepciones. Vienen las caras largas y las frases de "Pues no eres como yo me había imaginado".
Es muy duro sentirte un fraude.

Lo mismo que sé que hay gente que está muy contenta con eso de llevar una máscara y hacer creer al mundo que son lo que ellos quieren que crean.
Sé que a muchos les va bien así, pero lo siento. Eso conmigo no va. Para mí es engañar al prójimo, se revista del ideal que se revista y no hay forma humana de que comulgue con eso.


Y como suelo decir, cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual. Ha pasado ya algún tiempo desde que no aparento ir con la varita mágica, solucionándole la vida a todo el mundo. Una infinidad desde aquella especie de halo de racionalidad que me rodeaba y que parecía darme la razón absoluta en todo, aunque en realidad yo no tuviese ni puta idea de nada. Sin embargo, volvemos al punto de partida, donde te das cuenta de que la cara que muestras, muy en contra de tu voluntad, no es la cara que realmente tienes. Y, como dije en el artículo anterior, esto no es algo ni deliberado ni estudiado ni hostias. Es una puta pesadilla, porque las frases de "Me he equivocado contigo" siempre están ahí.
Algunos podréis decir "Bueno, al menos se han dado cuenta de su error". Y sí, eso puede ser reconfortante hasta cierto punto; lo malo es el hecho de comprobar que, por mucho que intentas mostrarte tal y como eres, más la cagas. Más errónea es la imagen que proyectas de ti mismo y más grande es la sensación de fraude.

Por eso, quizás, es por lo que no entiendo ese afán que tiene mucha gente de formarse una máscara y mostrar lo que quieren que el mundo vea de ellos de forma estudiada y deliberada, con el objetivo de beneficiarse de una imagen que no tiene nada que ver con cómo son en realidad. Quiero pensar que no soy el único que (creáis lo que creáis, en este punto me importa muy poco) se esfuerza por ser y mostrarse como uno mismo y, día a día, año tras año, se da cuenta de que hay cosas que es incapaz de controlar. Que haga lo que haga, parece tener un aura que da una imagen terriblemente distorsionada de uno y que le hace parecer algo que no es. Algo que, bien le parece más falso que Judas, o bien directamente detesta. Y de esto es muy complicado huir, visto lo visto.

No importa lo rápido que corras o lo lejos que vayas. Al final, esto siempre está ahí. Y acaba por salir.



Con este artículo quiero que os quede claro que ni me siento en la obligación de justificarme ni de dar explicaciones a nadie. Tampoco os estoy echando en cara a ninguno de vosotros que hayáis tenido una imagen de lo que no soy. Que hayáis podido pensar que soy un tío borde, un empollón repelente o que incluso (no sería la primera vez que lo he oído), que soy una especie de ogro que se come a la gente a la más mínima. No, en realidad esto es más bien una reflexión acerca de lo que llevo viviendo... bueno, gran parte de mi vida y no solo ahora. Por tanto, os pido que ni lo toméis como un ejercicio de autoafirmación o autodefensa, y mucho menos como un reproche contra nadie, salvo quizás contra mí mismo. Como (espero) habéis deducido por el tono, tampoco es un lloriqueo en plan "Nadie me entiende"; no, no van por ahí los tiros, si más o menos estáis acostumbrados a leer este blog y a captar un poco entre líneas lo que suelto con cada una de estas reflexiones. Al fin y al cabo, no os conozco a muchos de vosotros. En otros casos, ni siquiera sé si me leéis o no, y no pocas veces me acabo enterando de que tal se ha leído no sé qué artículo. Si ya me vais entendiendo, sabéis que la mayoría de estos artículos los escribo para mí mismo. Reflexión, catarsis, desahogo. Que alguien más los lea y que pille o no pille el asunto es algo absolutamente secundario.

Creo que el mejor resumen de toda esta vomitera mental puede obtenerse de uno de los artículos más recientes ("Enemigos Íntimos"), donde ya dejé entrever una de las ideas que tienden a ser los puntales de mi filosofía personal: nosotros mismos solemos ser nuestros peores enemigos. Los más acérrimos y los más incansables. Porque, a diferencia de cualquier otra persona, nosotros estamos condenados a vivir con nosotros mismos desde el momento en que nacemos. Somos nosotros quienes nos mostramos nuestras más grandes miserias al mirarnos al espejo. Los que nos torturamos con las voces más crueles que podamos oír. Los que nos revolvemos las entrañas con los recuerdos más descorazonadores.

Demonios.


Nosotros somos nuestros propios demonios y, por dura que sea esa lucha, tal y como dije en su momento, estamos abocados a ella. No sabemos cómo hacerlo, y la mayor parte de las veces ni siquiera nos acercamos a conseguirlo. Y pese a todo, ahí seguimos. Peleando, clavando los talones en el suelo y apretando los dientes para resistir otra oleada, escudo y espada en ristre. Embate tras embate, golpe tras golpe. Esforzándonos por ser mejores día a día y echándole al asunto los huevos necesarios como para poder mirarte cada mañana al espejo y poder mantener la mirada, sin pensar "¿Cómo puedes ser una engañifa tan grande y quedarte tan pancho, tío?". Aprendiendo a respirar hondo antes de soltar cualquier burrada de la que te puedas arrepentir, o ensuciándote un poco al enfrentarte a gente que, bien no te ha hecho nada grave, bien es tan miserable  (que la hay y lo sabemos) que no merece ni la pena en entablar ni discusión. Empezando a tomarse en serio la filosofía de que no debo obsesionarme por aquellas cosas que, hoy por hoy, no puedo (o no sé) cómo cambiar.
Dar, como me dijo un amigo hace ya siglos, la importancia justa a las cosas. Y darte cuenta de que en realidad, hay pocas cosas realmente importantes en esta vida.
Y como sucede con todo demonio, hay que conjurarlo. Hay que invocar su nombre para poder atraparlo y pegarle una patada en el culo. No sé si voy por el camino correcto simplemente con un artículo escrito con el corazón y las tripas en la mano, honestamente. No sé si una simple declaración de intenciones de lo que me gustaría hacer con mi forma de enfocar mi Universo personal basta. Es posible que tenga que hacer más cosas.
Pero quiero pensar que este es un punto de partida tan bueno como cualquier otro.

jueves, 3 de octubre de 2013

Escupiendo Rabia- El Poser, ese personaje




Con la de guantazos que se está llevando el mundillo literario en este blog, a estas alturas el lector se preguntará si queda ya algún sector por llevarse su ración: ya hemos arreado cates a editoriales, lectores y demás. Ya hemos comentado que la industria, lejos de ser la perfección que algunos aseguran, necesita una revisión y una mejora considerables y a una profundidad que ríete tú de la fosa de las Marianas. Ya hemos hablado de la imbecilidad redomada del fandom, que en gran medida tiende a actuar en modo rebaño, bien lamiendo culos, bien escupiendo a la cara del prójimo, dependiendo de en qué "bando" se encuentren. Ya hemos apaleado esa política ridícula de guerra intestina, donde un señor X se caga en los muertos de un señor Y, llegando incluso a términos que pueden considerarse delito penal, incurriendo en lindezas tan denunciables como la injuria y la calumnia. Encima en medios públicos como redes sociales y demás, donde queda constancia clara de sus actividades y donde cualquier día se le puede caer el pelo a más de uno y más de dos, si las personas a las que se dedican a insultar (amparándose, cómo no, en ese sacrosanto derecho que es el de la libertad de expresión, el cual parece confundirse con el derecho a mearse en otro derecho constitucional como la dignidad del prójimo) un día les ponen una querella en el juzgado más próximo.

Después de toda esta enumeración de barbaridades e idioteces que uno tiene que ver día sí y día también en un mundillo que no es ni mejor ni peor que cualquier otro (pero que me viene tocando más de cerca y que me dedico a diseccionar para avisar a todos aquellos que vengan de nuevas y así puedan ver el plan que hay), tengo que decir que ojalá la movida terminase aquí, pero no. Da la puñetera casualidad de que todavía nos quedan motivos para cuestionar la supuesta "integridad moral" del personal o, en el mejor de los casos, su madurez.
Hoy, en Rumbo a la Distopía, presentamos el concepto del Autor Poser.

Lo primero que nos toca en este artículo es, cómo no, definir qué coño es eso de un Poser. Para entendernos, un Poser es un personaje no muy distinto de vosotros o de yo mismo: es decir, un ser humanoide, con dos patas, dos orejas y un ojete. Del que se levanta por las mañanas, hace pis o caca (o ambas cosas a la vez) y se rasca el sobaco cuando le pica. ¿Qué diferencia a tan curiosa especie, pues, de lo que venimos siendo el resto de los mortales? Muy sencillo: el Poser JAMÁS admitirá que su vida es tan cutre como la nuestra. Porque tiene que ser especial, dejar su huella en la posteridad y demás chorradas de estas que nos enseñaron en los dibujos animados cutres donde nos cuentan la milonga de que todos tenemos un destino, de que vamos a salvar la Tierra o de que marcaremos un antes y un después tras nuestro paso por esta cosa rara que es la vida.
Partiendo de esta ambición desorbitada, el Poser niega cualquier similitud con el resto de cucarachas que somos los demás y se forja una identidad a medida: es así como encontramos Posers que van de intelectuales, de rebeldes o incluso de buenos chavales. Para entendernos, el Poser lo que hace es crear una imagen de sí mismo a medida, más falsa que los billetes de tres euros y, por lo general, diametralmente opuesta a como son de verdad en su vida cotidiana. Esta especie de identidad superheroica que se montan los Posers suele estar relacionada, cómo no, con su ambición por vender libros y con la actitud que quieren mostrar en el mundillo. Ojo, no confundir con la persona que quiere dar tal o cual imagen para ser tomada medio en serio, no tiene nada que ver. Estos últimos por lo general son gente que no están mintiendo o fingiendo; sencillamente optan porque una faceta de sus vidas (la seria, por ejemplo), quede resaltada y no den la impresión de ser el típico idiota que escribe chorradas. A otros nos pasa que hacemos lo posible por no dar según qué imagen y resulta que acabamos consiguiendo, muy a nuestro pesar, el efecto contrario. De esto último yo mismo puedo dar cuenta, cuando luego hablo con la gente y se dan cuenta de que, en realidad, no soy lo que aparento. Y lo peor viene cuando te das cuenta de detestas esa imagen que das, y no puedes hacer nada por evitarlo, salvo esperar a que la gente que te rodea muestre un mínimo de interés en descubrir si hay algo más (últimamente me estoy dando especial cuenta de ello, de hecho).
Esto, amigos, más que ser una pose deliberada, es una putada, creedme.

Un ejemplo para ir abriendo boca: el que va de atormentado por la vida.
"Hola, Paco, ¿cómo te va?"
"Pues aquí, atormentado. El mundo es un valle de lágrimas y cada día que sucede es una interminable miseria que no hace sino recordarnos que vivimos en un valle de lágrimas"
"Bueno, yo solo preguntaba cómo te iba"
"Y ya lo ves, mucho más atormentado que a ti"
"Emmm, ¿y por algo en concreto?"
"No, solo que mi vida es así de gris"
"Pues vale, Paco, a seguir bien, ¿eh?"


No, amigos, el Poser es completamente diferente. El Poser lo que hace es crearse un papel. Un papel calculado y estudiado, con la intención de armar revuelo de cualquier tipo: puede ser el típico tío que en su casa o a pie de calle no es más que un tío normal, tan pringado como cualquiera de nosotros y que luego se dedica a faltar el respeto al personal o a montar polémicas absurdas con tal de llamar la atención. El Poser Polémico (los conoceréis porque se llaman a sí mismos Autores Malditos, como si ese fuera un término que uno pueda aplicarse a uno mismo sin quedar en ridículo) es de esa clase de personajes que se creen que tocando los cojones al prójimo (pero de mala manera, por medio de insultos y vaciladas dignas de portero de discoteca) van a marcar la diferencia. A dejar una huella en un mundo que, a fin de cuentas, importas una mierda en el momento en que han pasado unos pocos años desde que te hayas ido al otro barrio.
Estos tíos se creen que van a pasar a la historia y en realidad lo único que hacen es dejar claro que no engañan a nadie. Alejan al personal de ellos mismos y encima se escudan en argumentos tan alucinantes como "A mí es que no me entienden", "Soy un incomprendido de la vida" o mi favorito: "A mí es que me envidian".
Claro que sí, campeón: tú te dedicas a soltar animaladas, a faltar el respeto al personal, a insultar a troche y moche y a cagarte en los muertos de alguien a quien consideras un enemigo jurado y los demás te tenemos envidia.

Hay otros Posers, por supuesto: el Poser Intelectual, sin ir más lejos, es ese que no solo escribe, por Dios. Escribir hoy en día lo hace cualquiera, así que hay que ser diferente, rompedor. Para ello, el objetivo consiste en salirse de esa especie de vorágine de mediocridad que atenaza el mundo y sacar el cuello como sea. ¿De qué manera?
Teniendo algo que demostrar.
El Poser Intelectual, también conocido como Cooltureta, es ese que te va por la vida restregándote por los hocicos lo mucho que lee. El que es capaz de llevarte una camiseta que ponga "Hola, soy escritor", pensando que la gente se va a parar por la calle y le va a señalar con el dedo diciendo "Hostia, por ahí va un escritor, ya puedo decir que tengo el día completo". El Intelectual es ese que, le preguntes o no, te va a hacer spam de lo que los Dioses quieran que escriba y, no contento con ello, te va a hacer un monográfico de sí mismo, haciendo referencias constantes, desde Homero hasta Marcel Proust, pasando por Luigi Pirandello. Al igual que un hipster, se meará en lo mainstream y todo lo que sea un récord de ventas le parecerá una chusta infumable, sin pararse a pensar que ha habido grandes clásicos de la literatura (p. ej. Shakespeare) que lo han petado durante siglos, y que entre la cultura "independiente" también hay mucha, muchísima mierda.

Mario Vaquerizo: un Poser haciendo una pose.
Pues como este, hay unos pocos en el artisteo, y no solo literario: entre músicos, dibujantes y demás hay un afán por quedar como "diferente" al resto del mundo, que flipas.
Y oiga, por "diferente", generalmente tenemos conceptos tan extraños asociados como "superior".
"Soy artista y tú no".


Luego tenemos el Poser Chulipiruli: este viene a ser justo lo contrario que los otros dos arriba mencionados; su imagen, lejos de crear polémica, se basa en un "buen rollito" tan exagerado que la cosa atufa a plexiglás. El Poser Chulipiruli se esforzará tanto en parecer un chaval humilde y bienintencionado que oye, lo mismo pecas de paranoico, pero es que no te lo crees. Del que JAMÁS oirás protestar acerca de nada... o de nada que no sea lo políticamente correcto; es decir, un Poser Chulipiruli hablará de lo chuli que es el mundo que le rodea, de la gente maravillosa con la que cuenta alrededor y de los unicornios que campan por el campichi de su pueblo. Jamás tendrá quejas de nada ni de nadie, aunque luego en privado o en persona te reconozca que no puede ni ver a yo no sé quién. Es más, esa gente a la que no puede ni ver, la mitad de las veces es gente con la que tendrá un trato afable de cara a la galería o a la que ignorará deliberadamente escudándose en argumentos tan alucinantes como "Esa persona no es positiva para mí", lo que el resto de los mortales traducimos como "Yo a ese no lo puedo ni ver". Pero claro, un Poser Chulipiruli no puede mostrar pensamientos tan bajos como que alguien le caiga como una patada en los higadillos, aunque los tenga como cualquier hijo de vecino; va en contra de la imagen buenrollista de los chinos que se ha montado.
O no los puede mostrar en público, porque si algo interesante tiene el Poser Chulipiruli es el hecho de que a nivel personal RECONOCE y ADMITE absolutamente TODAS las cosas que él mismo niega en público y que desmiente ante los demás. ¿Todas esas cosas en que te dice que te equivocas o tienes una percepción limitada del asunto? Pues en petit comité te dice que son verdad y te puede llegar a confesar que no solo es que tuvieras razón en según que cosas: es que encima te quedabas corto comparado con él. Es decir, que lo que te niega por un lado, acusándote implícitamente de ignorante, te lo concede por el otro.

"Pues ahí estaba yo, delante de la gente, soltando lo que me salía del ojete"
"¿Y nadie te dijo nada?"
"Sí, uno me llevó la contra en un detalle mínimo"
"¿Y qué hiciste?"
"Bueno, sonreí y usé una posición conciliadora"
"¿Y luego?"
"Lo pillé en un callejón y le metí dos hostias"


De esto último se puede sacar un elemento bastante frecuente que no solo caracteriza al Poser Chulipiruli, sino que además se puede tomar como factor común a los Posers en general.
Este factor común es que el Poser, sea del tipo que sea (hay más tipos de Posers, pero he querido limitarme a los más básicos), viene a darte lecciones... porque el Poser parte de la base de que tú no tienes ni puta idea de nada. Ya puedes tener un doctorado en Literatura, que el Poser se va a venir para ti diciéndote que él sabe más que tú, aunque no haya pasado de leerse la etiqueta de champú del baño (cosa que JAMÁS admitirá un Poser, por favor). Gracias a esto, estos curiosos seres son capaces de meterse en camisas de once varas y demostrar unas carencias más gordas que el nabo de Nacho Vidal y dejándose a sí mismos en el más miserable de los ridículos.
Pero tampoco pasa nada, amiguitos: el Poser tiene un segundo factor común, que es el hecho de que vive por y para su público. Siguiendo el principio de Oscar Wilde, ellos buscan que hablen de ellos aunque sea para bien (curioso, porque a veces da la impresión de que lo único que han leído de este autor es precisamente esta frase... pero oiga, todo ayuda). Y gracias a eso y a la apabullante personalidad del fandom, que en absoluto es impresionable (ejem), acaba rodeándose de toda una camarilla de seres que le van a aplaudir la subnormalidad que suelte por la boca. Ya te puede decir que La Divina Comedia es la obra más importante de la literatura checa del s.XX, que habrá toda una ristra de mentecatos detrás aplaudiendo y diciéndole que están abrumados por su nivel cultural y que son bellísimas personas. Sí, esto último por lo general aparece añadido por la santísima cara y sin ningún motivo aparente. Es como una especie de coda que el pelota de un Poser inserta como para dar énfasis a su comentario-pelotesco.

El Poser, además, es la clase de personas que no solo te restriegan su supina ignorancia por los morros: son además tan abiertos de miras que, en el momento en que alguien les dice "Tío, va a ser que no me convences", montan en cólera y lían unos cipotes de aquí te espero. Es lo que, en términos coloquiales, podría llamarse el "Momento diva desatada". Esto se debe a que el Poser a menudo suele creer en la filosofía de que, en el momento en que tienes público o algún libro por ahí dando vueltas, ya se puede subir al púlpito que le sitúa por encima del bien y del mal y ya puede (literalmente) cagarse en la puta madre de todo bicho viviente que no le dé la razón absolutamente en todo. Para ello, se valdrá de argumentos tan trillados y tan jodidamente discutibles como:

- Es que esto es mi opinión (y ancha es Castilla, ya puestos)
- Es que me he sentido ofendido como persona y me estoy defendiendo (aunque lo único que se esté diciendo es que AC/DC tienen un par de discos que no están a la altura del resto)
- Yo es que tengo un libro por ahí y a mí nadie puede llevarme la contra porque no están a mi altura.
- Yo es que soy sincero y al que no le guste lo que digo no es mi problema.

"¡Qué malote soy, mira cómo me cago en tu puta madre y te saco los dedos!"


En resumen, lo que vienen siendo justificaciones de lo más chapuceras, que te hacen pensar que, si tienen esta creatividad para esto, habrá que ver qué coño escriben.
El Poser también cuenta con un punto llorica, consistente en berrear en el momento en que alguien les dice algo que no quieren oír (Sí, amigos, ¿eso que nos pasa a los demás a diario? Pues lo mismo para ellos, sin apenas diferencias). En el momento en que eso sucede, el Poser tomará básicamente dos vías:

- Una, la del cipote, consistente en empezar a proferir insultos, bien a la cara, bien a las espaldas y pedir aliados en una guerra que en realidad a nadie le importa un carajo. Pugnas, peleas y toda clase de improperios, más dignos de un patio de colegio de primaria, se convierten en el discurso de tíos con canas en los cataplines (o en el chichi, que también hay mujeres posers) y dando, de paso, una imagen bochornosa de sí mismos... salvo para los pelotillas que los rodean, claro, que son los que importan de verdad. Esos, conocidos como "Mi público, mi amado público, que no sé que haría sin vosotros" tienen tanta culpa o más de toda esta movida, porque en lugar de coger y pasar del tema (Lo clásico de "Pues que se arreglen que mayorcitos son"), se dedican a jalear a un Poser contra otro, en plan peleas de perros.

- La segunda es la del lloriqueo propiamente dicho. La del "Ay, ay, ay, mirad lo que me han dicho", poner la pose de mártir y esperar a que el fandom más pelotilla les dé la palmadita en la espalda. A esto se suelen acompañar amenazas de dejar las redes sociales, abandonar la escritura y cualquier día de estos incluso la de tirarse por un puente. Sin embargo, como suele pasar, esto está todo estudiado. No es más que otra estrategia y, al igual que el típico suicida de las pelis, aquí la sangre no llega nunca al río: nadie se tira por el puto puente, ni nadie deja la escritura ni leches en vinagre.

Más curioso aún es el hecho de la Pose Camaleónica, consistente en ir cambiando de papel de pose según estés promocionando un libro o no: hay Posers que van de malotes por la vida y que, en el momento en que se dedican a promocionar vete a saber qué, deciden convertirse en Posers Chulipirulis y que, paradójicamente, se dedican a dar lecciones al prójimo acerca de cosas que ellos mismos hacían un mes antes. El caso claro del fulano que ha armado broncas por dondequiera que ha pasado y que ahora se dedica a reírse de las broncas ajenas, diciendo que él es un profesional y no está para eso. O del caso del llorica que se pone a reírse de lo pesimistas que están los demás, en cuestión de unas cuantas semanas. Y si esto resulta alucinante, más alucinante resulta el hecho de que los mismos que le estaban aplaudiendo la actitud de malote ahora actúan como acólitos de una Nueva Religión basada en un Buenrollismo Extremo.
Ellos dicen mierda y los demás dicen amén.

"Espera, eso que dice... ¿No dijo lo contrario el mes pasado?"
"¡CALLA Y AGÁCHATE, IDIOTA!"


En resumen, esto no es más que un compendio sobre la clase de idioteces que el ego obliga a hacer a unos pocos. Como he mencionado arriba, esto no es una cuestión de medio mantener una reputación; ya sabemos que en el momento en que se tiene una vida pública, hay que cuidar un poco la imagen, y es una actitud de lo más respetable. No, el problema surge en el momento en que estas personas mienten descaradamente y se convierten en esclavas de una imagen que no tiene nada que ver con cómo son de verdad; cuánto más se esfuerzan en intentar demostrarnos lo buenos chavales o lo tíos duros que son, más nos queda claro a los demás que en realidad lo que hacen es mentir como bellacos. Que no es más que marketing de segunda para algo tan corriente como vender el producto. A raíz de eso, el Poser lo que hace es mostrar sus verdaderos colores: así es cómo más de uno deja clara su catadura moral, a costa de decir una cosa por un lado y luego otra, creyéndose que luego aquí la gente no habla entre sí (lo que viene siendo un insulto a la inteligencia ajena). A base de mentiras es como intentan ganarse la confianza de un público... jugada que, tengo que decir, les está saliendo bien, visto lo visto (o al menos a algunos).
Otros se creen que como lo que tiene que trascender (ja, ja, ja, ya recordaréis lo que pienso de eso de la posteridad) son las obras y no la persona, se ven a sí mismos con carta blanca para despotricar y pisotear a los demás. Para lanzar indirectas e insultos soterrados al que tienen al lado. Porque "son sinceros". Porque "no se callan". Esos mismos, que se cagan en la puta madre de alguien un día y al siguiente le chupan el culo a ese alguien.



No deja de ser curioso que critiquemos esa política de "Se puteaban y ahora se comen los mocos juntos, sin orden de transición" en los mandatarios y, cuando lo hacen los que nos rodean, nos parezca fenomenal.
"Porque hay que llevarse bien".
"Porque en el fondo siempre se han entendido, solo tenían que sentarse a hablar (aunque no lo hayan hecho siquiera)".
Inserte aquí su mentira favorita para justificar actitudes así de coherentes.


Y la cuestión es sencilla, amigos: al final todo se acaba sabiendo. Es cierto que un autor debe ser valorado por sus obras, y hasta ahí todo bien. El problema es cuando el autor decide poner en práctica todo un entramado de absolutos despropósitos dialécticos y lo que hace, lejos de causar interés y conseguir que el lector se acerque a él (porque vivimos en un mundo basado en la imagen, y el que lo niegue mal camino lleva), lo que producen es justo el efecto contrario: la mierda explota en la cara, las mentiras salen a la luz. Las incoherencias lo dejan a uno con el culo al aire y la ignorancia se acaba convirtiendo en una seña de identidad.
Esos autores, esos Posers, se creen que lo están haciendo de rechupete, todo el día con sus guerritas. Todo el día lanzando discursitos de paz y amor para que los demás los alaben. Llorando para que les den palmaditas en la espalda y haciéndose pasar por chavales humildes, aunque luego sean absolutamente incapaces de soportar una crítica medio razonada o que les discutan cualquier cosa en público. Estos personajes son de los que viven pensando que van a salvar la literatura, que gracias a ellos habrá un hito que servirá de inspiración a generaciones venideras. Que se hablará de ellos doscientos años después de que hayan muerto, como si hoy en día el que escribe bien es el que va a pasar a la historia, sin mirar siquiera los índices de ventas. Como si de aquí a un siglo alguien fuese a fijarse en un libro del que solo se vendieron cuarenta copias y del que ninguna editorial ha tenido huevos de sacar una reedición, no vaya a ser que se la tengan que meter por el culo.
Luego están los contrarios, esos que se creen que por vender bien HOY ya serán lo más en un futuro y serán un referente mundial, sin pensar siquiera en lo mejorable de sus obras.
Pero todos, todos, todos los Posers cuentan con ese factor de inocencia que les hace pensar que por tener un librito por ahí o tener cuatro fans que les dicen que son lo más ya han crecido como persona. Que son mejores que los demás. Que pueden permitirse por ahí dando lecciones a otros que igual saben más que ellos. Que pueden pisotear al de al lado, mentir al que tienen delante y quedar bien (o mal, dependiendo del tipo de Poser) con todo el mundo.
Yo ante eso me quedo con la frase que soltó una buena amiga de las que he hecho en este mundillo, que tendrá como tres o cuatro libros publicados ya, si no más (más que muchos posers, por ejemplo) y de la que JAMÁS sabrías que es escritora porque no lo va diciendo por ahí ni va presumiendo de ello: "¿Qué pasa, que por tener un libro en la calle eres mejor persona? Pues yo tengo varios y no me siento ni mejor ni peor de lo que era antes".
Muchos deberían aprender de alguien así, porque esta persona SÍ puede darnos lecciones a todos... y fíjate tú, que no lo hace.

Seguid, seguid con vuestro rollito, pequeños. Seguid con vuestros papeles, seguid fingiendo. Seguid mintiendo y engañando. Seguid embaucando al personal y sacrificando vuestra identidad para que los de Arriba estén contentos con vuestros extractos de ventas. Seguid siendo esclavos de una imagen que no tiene nada que ver con lo que sois.
Porque puede que penséis que una mentira contada el tiempo suficiente se convierte en verdad, pero en realidad no queréis escuchar algo más obvio: no se puede mantener una mentira eternamente. Y a muchos ya se os lleva viendo el plumero desde hace bastante.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Angst- Enemigos íntimos



Te conozco. Sé que estás ahí, no te escondas. Tú y yo somos viejos conocidos, compañeros de viaje y amargos enemigos.
Llevas a mi lado prácticamente desde que puedo recordar. Es imposible olvidar aquella noche, cuando te presentaste ante mí en mitad de la oscuridad, cuando yo apenas contaba con tres años. Fue tu mano la que cogí, fuiste tú quien me hizo recorrer el pasillo de casa. Fue tu voz la que me hizo gritar y llorar en medio de la noche.
Desde entonces tú y yo estamos juntos.
Has tomado mil formas y mil rostros, pero sé que jamás has dejado de ser tú. Susurrándome al oído, cambiando de aspecto cada vez que he ido creciendo y aprendiendo a pelear, pero jamás desapareciendo. Pasaste de ser aquel extraño visitante que se escondía entre las sombras de mi habitación a ponerme grilletes en los pies. Fuiste tú quien se sentaba sobre mi pecho y me impedía respirar. Quien me decía cuando salía a la calle que nadie podía ayudarme. Quien me ponía el aliento helado de la Parca en la nuca.
Me paralizas, erizas mi vello y aceleras mi pulso. Me llevas a rastras a mi propio Infierno privado. Me golpeas con brutalidad, me muerdes y me arañas y me obligas a ver, una y otra vez, todo aquello que detesto ver.
Tú, maldita sea tu estirpe.
Llevas aquí toda mi vida, lastrándome. Humillándome, haciéndome sentir inferior. Proyectas voces y evocas recuerdos que estarían mejor muertos y enterrados. Susurras palabras que me impiden caminar, que me llenan de rabia y sufrimiento. Tu mirada, inquisitiva y penetrante, resulta insoportable.
A veces haces que me odie a mí mismo.
Tiras de mis huesos, entumeces mis músculos, cierras mi boca, silencias mi mente, socavas mi cordura. Por tu culpa mis fuerzas se ven mermadas. Por tu culpa veo el mundo desde bastidores.

Te odio. Te odio con toda mi alma, pero drenas mis fuerzas que a veces me es imposible luchar contra ti. Tu voz se clava en mi cerebro y congela mis venas con tanta saña que es imposible escucharte. Disfrutas con ello porque sabes que, por mucho que luche contra ti, y por muchas veces que crea vencerte, tuya es la última palabra. Y esa palabra es No.
Dices que intentas protegerme, pero creo que mientes. Creo que en realidad me odias, casi tanto como yo a ti. Somos enemigos íntimos, tú y yo. Tú me gritas, yo te grito a ti. Discutimos durante horas y horas, pero jamás llegamos a nada. Cuanto más cambian las cosas, más permanecen iguales...
Es una batalla cruda y eterna y, a diferencia de ti, yo solo soy humano. No soy fuerte y resistir tus golpes, día tras día, es una lucha destinada a héroes. Ignorar tu voz, insistente minuto a minuto, es una proeza digna de leyendas.
Yo no soy ni lo uno ni lo otro.

Peleo contra ti -o creo hacerlo-, a veces creo que por inercia. Porque se supone que es lo que tengo que hacer. Si quieres, porque es lo que se espera de mí. Cada embate que resisto es más débil, mientras que cada golpe tuyo es más fuerte. Es el juego del gato y el ratón: me derribas y me atraviesas de parte a parte; yo me levanto creyéndome más fuerte, para que tú al final me demuestres lo equivocado que estoy. Para que me abras los ojos y me dejes claro que me he estado engañando todo este tiempo. Me miras a los ojos, te ríes de mí y haces que agache la cabeza, abatido. Me recuerdas, una y otra vez, que no soy la clase de guerrero que me gustaría ser. Que no soy más que una sombra de lo que deseo. Una vez en el suelo, me golpeas hasta que no me puedo mover y te marchas.
Pero no te marchas por piedad. Tú no la conoces. No sabes lo que es la misericordia, porque no tienes sentimientos. Me dejas para que crea haberme recuperado, para que me engañe pensando que todas las heridas que me has abierto se han cerrado.
Eres muy hábil con las mentiras.
Debes partirte de la risa cuando, una vez vuelvo a levantarme, me doy cuenta de que todas y cada una de ellas no solo no han restañado: están abiertas y de ellas mana sangre a borbotones. Estoy seguro de que disfrutas muchísimo cuando me doy la vuelta y me doy cuenta de que jamás te fuiste. Jamás desapareciste.
Tan solo te tomaste un descanso.
O acaso estabas jugando conmigo.
Siempre estuviste ahí.

Debes sentirte hasta arriba de orgullo al ver que lo único que puedo hacer es intentar combatirte, sin pasar de eso, del mero intento. Al contemplar cómo cada día que pasa te apoderas de mí con tanta fuerza que no soy más que tu esclavo. Hago lo que puedo por ignorarte, pero tus zarpas de hielo me atenazan el corazón. El vaho frío de tu aliento nubla mi juicio.
Puedo oír tus carcajadas mientras caigo de rodillas.
Oigo tus insultos y tus vejaciones en el momento en que tiembla el pulso.
Tus burlas inundan mis oídos mientras la espada y el escudo resbalan de mis manos.
Me escupes a la cara cuando oyes resquebrajarse mi armadura.
Y no puedo más.

No puedo más.
Conoces esta frase, porque te la he dicho mil veces. Te la he dicho cada vez que he intentado plantarte cara, cada maldita vez que te he levantado la mano para defenderme. Y has hecho como que me has escuchado, para devolverme el golpe con más fiereza. Más violencia. Clavando tus puñales entre las costillas, en la boca del estómago, en la misma espalda.
Te digo que no puedo más, que me dejes en paz, pero a ti te da igual. No paras, no te rindes. Te da igual lo que te diga, lo que te suplique. Te da igual todo, porque esa es tu razón de ser.
Te odio, maldita sea tu estirpe.
Y más me odio a mí mismo porque no sé cómo vencerte.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Spanish Bizarro- Crónicas Katránicas: Odisea Cordobesa, o "¿Qué más puede salir mal?"




Ya he comentado alguna vez que, antes de pegarle a eso de la escritura, estuve durante un tiempo arrastrándome por los entresijos del rock'n'roll. Debieron ser alrededor de cuatro años en los que un servidor, junto con un puñado de bienintencionados colegas, nos dedicamos a maltratar y sodomizar temas de rock duro de los últimos treinta y pico de años, formando de paso la que podría haber sido la peor banda jamás parida en la ciudad.

Para ponernos en situación, tendríamos que trasladarnos al año 2004 o así, cuando un amiguete mío de toda la vida me dice que se compra una batería y que tiene un par de compañeros de laboratorio que igual se enganchan a tocar con él.

- Muy bien- digo yo al enterarme de semejante noticia. Se nota que no había pillado por dónde iba a la primera.
- Quiero que te vengas a tocar con nosotros- me responde mi colega, que me había visto aporrear (que no tocar) el bajo en casa alguna vez.

Ni que decir tiene que, a día de hoy, sigo preguntándome cómo coño me lió para que al final acabase aceptando.
Como todo el mundo, los comienzos fueron duros. Muy duros. Duros de cojones: empezamos nuestra estratosférica trayectoria en el cobertizo de la casa de campo de este amigo mío, a unos treinta y pico kilómetros de la ciudad, pasando más frío que cagando polos y con una acústica que podría calificarse como "exótica". Nuestro equipo consistía en la batería, mi bajo, un par de guitarras, UN amplificador compartido con una clavija doble por la que se metían tanto guitarra como bajo, un portátil con una Sound Blaster y un micro. Eso era todo. El sonido, pues os lo podéis imaginar: poneos a batir nueces con cáscara y todo con una batidora y poned a alguien que machaque pedrolos en un almirez y os podéis hacer una idea muy aproximada de lo que era aquello.

El inconfundible y auténtico sonido Katránico.


Con el tiempo, la cosa evolucionó: nos mudamos a un local de ensayo, ya en el casco urbano y, poco a poco, fuimos comprando equipo. Seguíamos sonando de puta pena, pero al menos no causábamos jaquecas irreversibles. Se nos fue un guitarra, que fue rápidamente sustituido por otro. Evolución, que lo llaman.
En cosa de un año dimos nuestro primer "concierto", de vuelta en la casa de campo de mi batería, titulado "Rustic Tour" por motivos bastante evidentes. Detalles como poner parte del equipo sobre una caja de fruta o que nuestro road manager de por aquel entonces trajera una iluminación consistente en TRES bombillas de colores (de la cual solo funcionaba la roja y acabamos tocando con una ambientación similar a la de un puti-club de carretera) forman parte ya de la historia de la banda de rock-duro-punk-heavy metal-mierda pura que acabamos por bautizar como Katran 6.25 (el nombre derivaba de la palabra "alquitrán", que nuestro batería había visto en un paquete de tabaco en Croacia -¿?- y el 6.25 hacía referencia a la pasta que le quedó a uno de los guitarras tras haber pagado el local un día).

Durante mi estancia en Katran hubo como dos millones y pico de anécdotas, las cual no recuerdo en su totalidad (literalmente, anoche estuve hablando con el resto de músicos y había cosas que había borrado de mi mente por completo). Si tengo que quedarme con alguna en concreto, podría ser la infernal semana que sufrimos hacia finales de 2005, cuando nos tocó dar nuestro primer concierto fuera de la ciudad.
Me refiero, como ya habréis imaginado, a nuestra Odisea Cordobesa.

La actuación que nos esperaba en Córdoba estuvo marcada por la mala suerte desde el principio. Y no bromeo.
Podría decirse que todo empezó en el momento en el que Jesús (nuestro cantante, conocido con cariño como El Jes) nos dio la fecha inicial: en un principio, estaba prevista para el día 25 de Noviembre. Nosotros no podíamos saberlo entonces, pero a partir de ahí fue cuando aquello a lo que acabaríamos por bautizar “la Sombra de los Katranes” comenzó a hacer acto de presencia.

"¡MUAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAAJ!"


El primer golpetazo que nos dio esta Sombra vino justo unos días después de que nos confirmasen la fecha del bolo, cuando me enteré de que en mi facultad planeaban adelantar los exámenes de Diciembre cosa de medio mes antes. O sea, a mediados de Noviembre. Nada más recibir la noticia, envié un comunicado al resto del grupo para advertirles de lo que podía pasar. La respuesta fue bastante lógica: yo sólo tenía dos asignaturas para Diciembre; las probabilidades de que algún examen cayera el mismo día eran realmente bajas.
Cosa de una semana y poco después, tuvimos que mordernos la lengua: mi primer examen caía justamente el 26 de Noviembre. Me era imposible tocar en Córdoba la noche antes. Todavía recuerdo la cara de Carlos, uno de nuestros guitarras, y de lo que dijo al enterarse de aquello:

- ¿Pero qué puta conjunción astral ha tenido que darse para que el concierto caiga el día antes de tu examen?

Ante la inesperada movida, Jesús se puso en contacto con la gente de la Sala Valhalla, que se portaron realmente bien y nos aplazaron la actuación para el miércoles siguiente. Podría decirse que era un contratiempo menor y que se arregló con relativa facilidad, pero la Sombra no se quedó tranquila, ni mucho menos; las cosas no habían hecho más que empezar para los Katranes…

"Os vais a cagar, mamones".


Justo dos semanas antes del concierto, saliendo del Gravity Music, nuestro local de ensayo, a Raúl (otro de nuestros guitarras... o guitarra cuando no decidía bajarse el volumen en mitad de una actuación en el momento en que se olvidaba de tocar alguna parte) le robaron prácticamente todo su equipo. Fue despistar el equipo en la puerta un solo segundo, cuando lo siguiente que oímos fue a Carlos, blanco como la pared y gritando “Tío tío tío, que seis notas se acaban de llevar la guitarra y el ampli de Raúl”. A correr que echamos detrás de los seis pavos aquellos, a ver si por lo menos soltaban las cosas por ahí al haber sido descubiertos, pero no caímos en el detalle de que aquellos hijos de puta jugaban en casa y conocían el terreno. La cosa terminó aquella noche a eso de las dos de la mañana, en el portal del bloque donde los tipejos habían subido las cosas de nuestro guitarrista, hablando con la Policía, que lógicamente no podía entrar en todos y cada uno de los pisos para recuperar el equipo.

Sombra: dos, Katran: cero.

Y justo cuando creíamos que las cosas ya no podían ir peor, al lunes siguiente, nos dimos cuenta de que nos habíamos vuelto a equivocar: esa noche otro sujeto se coló en mi casa y se llevó algo de dinero y los teléfonos de casi toda la familia. Al menos, mi equipo seguía conmigo, pero el susto de que un pavo se cuele en tu casa y se ponga a registrarla mientras tú y toda tu familia estáis durmiendo tranquilamente ya no nos lo quitó ni Dios. Aquí ya se empezaba a perfilar la palabra “Sombra Negra”. Para postre, sirva decir que Raúl no pudo ir a ensayar ese lunes debido (aparte de que su equipo no había sido recuperado) a que se encontraba en Ceuta trabajando.

Supongo que habréis pensado que fue una simple coincidencia. Alguien medianamente racional también lo habría hecho, imagino... Lo lógico habría sido pensar que habían sido solo un par de contratiempos y luego todo iría bien.
Ja.
Aquí no acababa la cosa, qué va… el miércoles, una semana justo antes de irnos a Córdoba, Juan Pedro, mi batería, me dice que Luis (un amigo de Jesús que iba a tocar con nosotros los solos del Killed by Death a golpe de violín, además de marcarse un par de temas con nuestro cantante) tiene un problema de lumbago y le es imposible tocar con nosotros.

"¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!"


El lunes no pasó nada digno de la Sombra; como mucho, Juan Pedro se había abierto un poco la muñeca, pero eso no le limitó demasiado y tocó como siempre. Era el día de ensayo general, y entre unas cosas y otras llegamos todos un poco tarde (las cosas de alquilar un local por horas, que no puedes tocar el tiempo que te dé la gana), de modo que nos limitamos a hacer una ronda rápida y que en Córdoba pasase lo que tuviese que pasar. Aquí hay que decir que tanto Raúl como Juan Pedro estrenaban equipo, lo cual nos motivó bastante. Raúl tocaba con la guitarra de José Manuel (el primer guitarrista que tuvimos, que había abandonado el grupo un tiempo atrás), que se encontraba en Londres; para la Valhalla usaría el antiguo amplificador de Carlos. En cuanto a Juan Pedro, estrenaba unos hi-hats Paiste que le cambiaron el sonido de una forma brutal. No es que con eso tocase mejor, pero al menos cuando los aporreaba no se te metían en el cerebro.

El ensayo general fue lo único que nos motivó en aquellas dos semanas. Pero, si alguien pensaba que la Sombra se había disipado, debería reconsiderarlo.
Sí, amigos Distópicos.
Todavía faltaban los últimos coletazos.
El mismo día del concierto ya surgieron complicaciones. Por un lado, echamos un rato en quedar para irnos hacia allá, cosa que se solucionó fácilmente (menos mal). Hubo que quedar con una amiga del grupo y cantante ocasional para más señas, que tenía rehabilitación un poco más tarde, pero eso se acabó arreglando (no entraré en más detalles aquí). Lo gracioso vino a la hora acordada: Raúl llama a mi casa, diciendo no sé qué del abuelo de Ale (el alma del grupo). Entretanto, Juan Pedro, Rocío (la ahora mujer de Juan Pedro) y yo estábamos ya cargando el equipo en el coche de éste, un Mitsubishi Pajero que, a pesar del nombre jocoso, era lo más parecido a un tanque campestre.
Subo a mi casa y me toca esperar la llamada de Raúl, a ver qué coño pasa. Mientras, veo como Juan Pedro y Rocío ya se ponen en camino para Córdoba, y Carlos y la otra chica aún por aparecer; éstos llegan mientras hablo con Raúl, que me dice que han operado al abuelo de Ale y que van a tardar un poco en llegar. Sin problemas, cada uno tira por su cuenta hacia Córdoba y allí nos vemos.

El viaje fue bastante tranquilo (al menos por lo que a Carlos, nuestra amiga y a mí respectó); Raúl no pudo decir lo mismo: estábamos montando ya en la Valhalla cuando nos damos cuenta de que nuestro colega está tardando quizás demasiado. Jesús se pone en contacto con él, y al ratillo, viene para nosotros resoplando como un mihura con asma: nos cuenta que a Raúl se le ha roto el embrague de su coche y se han quedado tirados en un polígono a la entrada de Córdoba. Hay que ir a buscarlos mientras los demás terminamos de montar. Finalmente, llegaron y la cosa se pareció solucionar…

"¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!"

A la hora prevista (media hora más, media hora menos), nos subimos a tocar. Teniendo en cuenta como está la cosa, aquí hay que mencionar el detalle de que algunos ya íbamos preparados contra la mala suerte: yo me llevé el colgante-amuleto que me regaló lo que ahora es una ex-amiga y Carlos se llevó sus calcetines de la suerte.
Parece que hicieron buen efecto: la actuación quedó bastante bien. El público, que resultaron ser unas veinte personas (mucha gente, teniendo en cuenta que era miércoles y en Córdoba no nos conocía ni nuestra puta madre), se mostró muy cálido con nosotros. Sólo hubo un par de cosas que ensombrecieron la actuación: la primera, el sustazo de tocar con la luz apagada en un par de momentos (cosas del técnico de luces); la segunda, que mi bajo me dio un par de malos ratos al girarse un poco la clavija y quedarme sin sonido durante un segundo o dos (uno de esos momentos fue en la entrada de nuestra versión-destrozo de "Perfect Strangers" de Deep Purple). Por lo demás, todo salió sobre ruedas. Cabe destacar ese momentazo en que Raúl, ya con unas cuantas birras encima, se sube a cantar nuestra versión-blasfemia de "Living After Midnight" de Judas Priest. La gente empieza a gritarle "¡Camiseta! ¡Camiseta!", en referencia a que Jesús había pedido que nos hicieran unas camisetas con un logo del grupo para lanzárselas al público. El pobre Raúl entiende lo que le sale de los cataplines y grita:

- ¿Qué queréis, que me quite la camiseta?
Ni que decir tiene que la gente, con unas ganas de cachondeo tremenda, respondió que sí. En respuesta, Raúl se levanta la camiseta al estilo choni, remangándosela sobre la barriga y se pone a berrear como si no hubiera un mañana mientras deleita al respetable con los pelos de su tripa. Sumad a eso una coreografía desenfadada y tendréis que el cabronazo se metió al público en el bolsillo sin siquiera necesidad de dar una nota en su sitio.
No intente esto en casa.

Nada, que llega la hora de recoger. Todo parecía haber salido a pedir de boca. Los Katranes habíamos estado disfrutando en la Valhalla hasta eso de la una o una y algo. Metemos los bártulos en los coches de Juan Pedro y Carlos… y justo en el momento en que ya casi nos organizábamos para irnos… llega un parroquiano del bar, se va para mí y me pregunta “¿Esto es vuestro?”
Teniendo en cuenta esa especie de extraña atracción que ejerzo sobre gente raruna, imagino que entenderéis que mi actitud inicial fue de recelo. Lo que habría sido digno de hacerme una foto debió ser ese momento en que veo a lo que se refiere y que hace que se me cambie la cara por completo.
Se trata del asiento de la batería de Juan Pedro, que el hombre había rescatado valientemente a un tipo que se lo había llevado. Según parece, se nos olvidó meterlo en el coche, o bien lo teníamos para meterlo; pasó un gañán por allí y se lo echó bajo el sobaco. Afortunadamente, todo quedó en la anécdota.

"¡No pasa nada, chavales!"


Y así, tras más de media hora para decidirnos acerca de cómo llevar el equipo… y a Raúl, Ale y Carlos (uno de nuestros fans, no confundir con nuestro guitarra) que, como recordaréis, se habían quedado tirados en un polígono a la entrada de Córdoba, salimos finalmente de vuelta, dividiéndonos en dos grupos: a Málaga unos y a Granada otros.
Y es así como terminó esta Odisea Cordobesa, una historia cargada de dramatismo, absurdo y, sobre todo, una legión de mangantes por todas partes que te quedas loco perdido. Un épico viaje iniciático en el que el destino estaba en contra de cualquier puta cosa que hiciésemos. Por suerte, todo hay que decirlo, nos las apañamos para sobrevivir y darle al destino una soberana patada en los cojones.
Los Katranes habíamos logrado sobrevivir a la Sombra.

martes, 24 de septiembre de 2013

Escupiendo Rabia- Me vais a comer el rabo de canto



Hará cosa de unos días, creo que hace casi una semanita o así, me llegó el enlace de una escritora a la que conozco tangencialmente comentando que el mundillo le estaba causando una vergüenza ajena tan grande que casi le daba cosa decir que se dedicaba a esto. Palabras duras, muy duras, dirigidas a un caso concreto en el que no tengo intención alguna de entrar ni dar mi opinión, sea buena o mala. Me quedo más con el fondo de lo que estaba diciendo más allá de esto.
Y sobre todo, de lo corta que se quedó.

Venga, sí, ya seguro que iréis a decirme que estoy pesado con el tema... y lo peor es que es verdad: tengo que decir, por enésima vez, que yo también ando muy asqueado de esa gente a la que he considerado compañeros en esto de las letras. No porque me hayan hecho a mí nada en concreto (que yo sepa no, o no más que a cualquiera), sino por esa vergüenza ajena que menciona esta autora. Por esa política de patio de colegio, todo ese desfile de mentiras, medias verdades y verdades veladas de las que nos vamos enterando. De ese juego de poder de poca monta, donde el ego convierte a gente que no creo que llegase a ser mala persona antes de entrar en esta especie de república en decadencia en personajes irreconocibles. Harto de ver cómo gente se pone buena cara entre sí y a la primera de cambio se lanza puñaladas traperas al hígado.

No voy a dar nombres, porque lamentablemente esto es un caso generalizado. Se ve con tanta frecuencia que tal persona llame "perro judío" a otra y que a las veinticuatro horas (o menos) se empiecen a practicar felaciones dialécticas, etiquetándose en fotos o (capaces son) hasta yéndose de putas e invitándose a mamadas que llega un punto en que te ríes por no llorar. Es un panorama tan surrealista que empiezas cabreándote; luego simplemente alucinas, y por último acabas por encoger los hombros y darlo por normal.
Y eso es lo triste, que se está convirtiendo en algo normal. Tanto que ya forma parte de la existencia de este mundillo. Lo que en cristiano viene siendo el absurdo padre.

Tan a lo bestia está el patio que pasas unos días en Valencia y conoces a gente a la que te hacía mucha ilusión y empiezas a intercambiar impresiones con ellos. Resulta que te das cuenta de que tienes la suerte de que estos son un poco como tú, en el sentido de que van de cara y lo que tienen que decir te lo dicen (la experiencia previa con ellos los avala y no es la primera vez que has discutido con ellos... en buenos términos, por supuesto, pero ves que no te dan la razón en todo y que te dicen lo que piensan), y te vas enterando de cosas que te dejan, como poco, con las patas colgando. Te van confirmando cosas que ya sospechabas acerca de este mundo de camarillas y favores debidos. Van saliendo cosas acerca de gente con la que te llevabas nada más que regular o de las que directamente pasabas como de la mierda (o más, incluso, ya que a la mierda se la mira para no pisarla)... cosas que a ti en realidad no te afectan, pero que dejan muy clara la catadura moral de más de uno y más de dos. Peleas, peloteos y movidas en las que a veces los roles de enemigo y aliado se intercambian con tanta rapidez que necesitas una puta Wikipedia para enterarte de por dónde va la película. Algo más descacharrante y con más incoherencias que chuparte Melrose Place salteando capítulos... y con menos sexo del que nos habría gustado, para qué engañarnos. Es en ese momento en que te das cuenta de que lo mejor que puedes hacer en este mundillo es no querer formar parte de él. Ir a tu santo aire y dejar que cada uno haga de su capa un sayo. Dedicarte a lo que más te importa, que es CREAR, luchar por MEJORAR y dejar suficiente cuerda a los demás para que se ahorquen.

Lo mismo con esto basta. Si no, se busca más.


Y es que esto no deja de ser decepcionante. Ya he contado cómo en su día yo estuve liado en historias de grupos de música y rencillas con tal fulano que te pide explicaciones acerca de por qué has tocado en Quintocoño, Alabama y no has contado con su grupo (como si fuese tu puto jefe) para subirse al escenario juntos. De reproches y demás historias.
Cuando entré a conocer a otras personas que escribían, la impresión inicial fue que la cosa no era así, que había algo de más compañerismo y menos traperías. Menos camarillas, menos chupapollismo, menos estrellitas.
No pude ser más gilipollas por esperar algo así.
Llevo rodeándome de esto, no sé... pongamos tres años, aunque no llevo hecho el cálculo en condiciones. Pongamos que sí. En ese tiempo ya he visto más pugnas y tiros que en el puto Verdún. Cada semana veo a un Bruto apuñalando a un César básicamente porque le sale de los cojones y a la semana siguiente veo que eso no ha pasado jamás... para que el ciclo de mamadas y giliflauteces vuelva a repetirse continuamente. El poser de turno que necesita destacar a costa de forjarse una imagen de malote (cuando a lo mejor en su casa es un mierder, que no te extrañe) saca una barbaridad cagándose en la puta madre de alguien y ya tenemos un crossover entre la Patrulla-X y los Vengadores; cien capullos por un lado se enfrentan a cien capullos por otro (y suerte tenemos que no les dé por ponerse un pijama de lycra, ahora que lo pienso). Reproches, indirectas y gilipolleces que me hacen pensar que, más que rodearme de gente con pelos en la entrepierna, he vuelto a mi época de la guardería. Si alguno pidiese permiso a la seño para decir que tiene caquita os juro que no me resultaría tan raro. Y si dijésemos que estas son rencillas profesionales, donde el personal (como indicaba un amigo mío al que he referenciado por aquí alguna vez) se jugase el pan de su familia hasta podría llegar a entenderlo... pero no nos pongamos a alucinar, que aquí el personal por lo general tiene su curro que es el que le saca adelante y va sacando (si es que tiene esa suerte, que no todo el mundo puede) algún ingreso extra con los libros que publica.
Es de risa. De puta risa.

Juasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuas.


Alguno, llegado a este punto, podría decir que esta es la típica rabieta de alguien que no ha publicado y que ve cómo el mundillo le cierra las puertas. Típica, muy típica, si se pone a pensar esa persona acerca de mi actitud sobre eso de publicar (ya he mencionado en público y en privado que a mí, como tal, no me aporta nada a nivel personal; mucho menos, a nivel económico o profesional, con lo que me paso esa ambición por el forro de los putos cojones). Más absurda es aún si uno se pone a tirar de hemeroteca y se da cuenta de que publicar o no aquí no está siendo un factor en absoluto relevante: ¿Cuántos casos conocéis de autores que han publicado su primer libro y se han llevado hostias hasta en el carnet de identidad por el puto careto?
Puede que no muchos, diréis. Puede que la cosa es que nadie se atreva a reconocerlos, porque yo sí he visto unos cuantos casos. No, no voy a hablar de manos negras ni de hostias en vinagre: voy a hablar de ataques personales a gente que, bien ha pasado de relacionarse demasiado con los demás (por el motivo que sea, que me parece de lo más respetable) o gente que sencillamente ha ido de cara y ha dicho las cosas tal y como las piensa. A esa gente, y lo sé de buena tinta, se la ha crucificado, vilipendiado y mortificado hasta tal punto que en al menos dos casos han tenido que decir públicamente que al próximo que siga dando por culo se van para los juzgados y toman medidas legales, porque ya está bien de tanta gilipollez.
Y encima tienes que oír que esa defensa ante tanta subnormalidad es exagerada, desmedida y que hay que aguantar más, porque esto "es así". Hasta te granjeas enemigos por trazar la línea entre la gente que te rodea y el pedazo de carne con ojos de turno cuya única razón de ser es faltar al respeto al prójimo y tocar los huevos de mala manera.

El caso es que por esto es por lo que estáis viendo que suelo decir que tengo un pie ya fuera de este mundillo. Ojo, no del mundillo de la escritura, ya que es algo que llevo en las tripas, sino del mundillo de camarillas y pelotas. Estoy hasta los mismísimos cojones de que, por llevarte bien con tal persona, te surjan otras treinta diciendo (sin conocerte de nada, que es de lo más fuerte) que no hablan contigo porque te llevas bien con tal... independientemente de que tú comulgues con el pensamiento de esa persona o que te parezca bien lo que hace o lo que suelta por la boca. A eso se llama culpables por asociación y es algo que tiene tanta lógica como una pelea en el patio del colegio porque el chaval de al lado tiene unas canicas más grandes que las tuyas. A eso se le llama dar por hecho de que aquí no hay la suficiente madurez para aceptar que cada uno libra sus propias batallas en lugar de meterse en las de los demás. No, lo que se lleva... la moda imperante es lo del "¿Y tú de quién eres?". Llegas, admites que te eres amigo de Fulanito (porque tampoco vas a ir negando a tus amigos), te ponen la etiqueta de "Círculo de Yonosequién" y hala, a mascarla.

"¿Tú eres vengador u Hombre-X?"


Vergüenza. Mucha vergüenza.
Es vergonzoso ver cómo cada día hay más gente que pone una cara en público y luego otra diametralmente en privado, contradiciéndose y admitiendo cosas que hace un momento negaba. Y no solo cosas que negaba, sino cosas que desmentía cuando otros más valientes las decían. Juicios parciales, carentes por completo de objetividad, prejuicios y esa política del avestruz, que es la de escurrir el bulto y cagarte sobre las patas cuando alguien te pregunta "¿Tú de qué coño vas?" ante tanta indirecta.
Madurez, honestidad y sobre todo, valor. Mucho valor.
A lo que dices tú, "Mira, si lo hiciera un pobre desgraciado al que no le hace caso ni su madre" pues todavía; el problema es que aquí lo hace el desgraciado y tiene otros doscientos alrededor que lo jalean y lo ensalzan como si fuera el puto Sócrates. Gente que, lejos de labrarse una imagen prefabricada y diseñada para ganarse más amigos que el chaval de los Donettes, lo que están haciendo es dejar claro la clase de gente que son en realidad y dar una imagen lamentable de sí mismos. Peor aún es esa imagen cuando, no contentándose con este despliegue de payasadas, tiene los cojones de ir por ahí dando lecciones a los demás. Pensando que éstos son tan subnormales que se van a creer ese despliegue de imbecilidades una detrás de otra solo porque esta persona es X y tiene un halo de veracidad inviolable.
Sí, claro que sí.

Es realmente crudo encontrarte cómo se cuestiona la profesionalidad de otros en base al ego: porque aquí el Héroe medio no tiene carencias, sino que siempre es culpa de los demás. Porque uno no tiene defectos, aunque alguien que tenga tanta o más experiencia que uno le señale cosas a mejorar. Porque si uno la caga, da la puta casualidad de que no la caga uno, sino que es que hay una mano negra, una mafia o una puta conspiración judeomasónica en su contra. Todo eso es mucho más fácil que aceptar que igual uno no es la criatura semidivina que pretendía revolucionar el mundo en su día. Igual es más difícil darte cuenta de que, a efectos prácticos, eres uno más. Puede que ni mejor ni peor. Con tus virtudes y tus carencias, pero uno más.
Es duro aceptar eso. Lo sé por experiencia propia, pero me alegra haberme dado cuenta de ello a tiempo y no caer en esa vorágine de pretender impresionar a los demás, montarme una máscara para que la gente me ame (o me odie, porque de todo hay en esta vida) y pasarme el puto día intentando estar a la altura de esa imagen. Bastante tenemos ya con la que proyectamos ante el prójimo sin darnos cuenta como para encima crear otra de la que dependemos continuamente.

Esto no es nuevo. Por mi parte me he tenido que enfrentar una y mil veces a la imagen que, sin darme cuenta, he proyectado. Eso de "Ah, pues no eres como me creía" es algo que he tenido que superar en muchas ocasiones, dicho con diferentes matices y diferentes sentidos. Porque generalmente la imagen que he dado siempre de mí mismo no me ha gustado nada.


Con esto lo que quiero decir no es que me retire ni que vaya a dejar de hablar a todo el mundo, ni mucho menos. Como ya indiqué en la conversación mantenida con un amigo hace algunas semanas, yo tengo ya hechos a mis amigos en este mundillo y estoy bastante contento con ellos, de momento. Escribo cuando me da la gana porque lo llevo en las tripas, sin sentirme en la obligación de darle explicaciones a nadie. Cuando no, me dedico a dibujar, simplemente porque es algo que me hace feliz, y me importa tres mierdas a quién le pueda gustar lo que hago; sé que no voy a convertirme ni en Cervantes ni en Azpiri. Sé que no voy a fascinar a millones como J.K. Rowling. No voy a ser un referente literario como dicen que es Stephen King. Puede que ese, en realidad, no sea el objetivo siquiera. Como decía otro amigo al que respeto muchísimo y cuya opinión me suele hacer siempre pensar, el secreto es producir. Da igual que publiques o no, da igual que tu mierda pase a la puta posteridad. No todo lo que haces tiene por qué proyectarse al público (menos aún al gran público), y si lo hace, da igual: dentro de varios millones de años, el sol engullirá la tierra y nos iremos todos a tomar por culo. Eso de la posteridad es en realidad efímero.

O igual un meteorito se descogorcia contra nosotros, que también puede ser. La historia es que no vamos a estar aquí eternamente.

A lo que venimos es a aprender, a mejorar, a darlo lo mejor que podamos. Y si no mejoramos, pues oye, al menos hacemos lo que nos gusta. Pero lo que nos gusta A NOSOTROS. No tenemos que demostrarle nada a nadie. No yo, al menos.
Supongo que por eso este mundillo lleva tiempo dándome igual. Me tomo a guasa el repertorio de gilipolleces de las que me voy enterando, porque es imposible tomárselas a ellas y a sus dueños en serio. Me da exactamente igual que tal o cual no me ajunte porque se piensen que soy no sé qué o por ser amigo/enemigo de no sé quién. Como digo, yo mi gente la tengo ya hecha y ellos mismos os pueden decir que no es gente a la que yo apoye de forma incondicional. Aquellos que me conocéis sabéis que eso es algo para lo que yo no valgo.

Y aquellos que no sabéis de qué va el patio o que seguís con la mierda de las camarillas y el chupapollismo... aquellos que os pensáis que el fin justifica los medios con tal de conseguir ver vuestra mierda en una tienda, sin importaros a quién pisoteéis, apuñaléis o traicionéis... aquellos que todavía vayáis con los prejuicios de "No te hables con tal, que es un hijoputa a ver si se te pega", con las mamarrachadas de "Busco amiguitos que me defiendan que me han pegao"... A todos esos os podría decir, que, bueno...
Ya habéis visto el título de este post.
Me vais a...
Bueno, ya conocéis el resto.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Mondo Chorra- Falsos mitos sobre el aprendizaje de lenguas



¿Qué? ¿Habéis hecho todos ya la gracieta de reírse de Annie Bottle por su mal inglés? ¿Ya os sentís mejor al ver que existe gente pública con un inglés como el vuestro? ¿Es chuli reírse de alguien que demuestra unas carencias como las de uno?
Desde Rumbo a la Distopía no vamos a entrar a defender a una señora cuyas declaraciones a lo largo de años han demostrado una ideología que poco o nada tiene que ver con la nuestra y que desde luego no ha mejorado su imagen con la penúltima movida que ha protagonizado (ni putas ganas, la verdad), pero sí conviene hacer ciertas matizaciones a la hora de hablar de eso del "mal inglés", ya a nivel general y hablando del españolito medio y no de esta mujer en concreto. Algo que lleva una temporadita de moda en boca de todo el mundo y algo que todo el mundo parece sentirse con derecho a criticar. Por lo general yo no diría gran cosa al respecto... De hecho el repertorio de chistecitos me hicieron gracia los primeros diez minutos; luego me aburrí al ver que la gente se estaba dedicando a:

- Ridiculizar algo que ni ellos mismos podrian mejorar, bajo la excusa de "Es que esta señora representa al país". Ya. Y tú no lo representas cuando te llega algún extranjero preguntándote cómo llegar a una estación de metro y tú te dedicas a gesticular mucho, pegarle voces y hablar muy despacio en español, como si así te fuese a entender.

- Dedicarse a hacer chistes cuando aquí el personal ya nos la había metido doblada, gastándose una pasta del contribuyente (lo que un colega arguyó como "Lo del dedo y la luna"), pero no entraré en eso, porque no tiene nada que ver con el asunto que quiero tratar en este artículo.

- Hablar del "mal inglés" basándose en según qué cosas que me han dejado bastante alucinado, ya que luego aquí la mitad del personal tiene poca o ninguna idea de cómo funciona el aprendizaje de una lengua, cuáles son los objetivos de su estudio o qué se considera "aceptable" y qué se considera "barrabasada".

Da la puñetera casualidad de que, como filólogo anglista y como profesor de idiomas cerca de una puta década, algo sí se del tema (por favor, aquellos que me vengáis con el rollito "No sabes nada, Jon Nieve", buscaos otro argumento menos imbécil, para variar), sin contar el hecho de que soy perfectamente consciente de que el inglés es algo que le cuesta a mucha gente y que, por mucho que lo maneje yo, no me resulta gracioso reírme de NADIE (se llame Ana como se llame Pepe, sea de la ideología que sea, me caiga mejor o peor) por no hablarlo correctamente (o lo que el fulano de a pie entienda por "correctamente", que esa es otra). Preguntad a cualquier alumno de los que tengo y que os diga si me ha parecido gracioso que no sepan decir algo.

Este artículo, por tanto, está destinado a ir ventilándonos falsos mitos que tenemos con respecto al "buen" uso de un idioma y acerca del aprendizaje de lenguas, en general. Hay muchos y conviene ir quitándonos las ideas preconcebidas de la cabeza.
Dicho esto, vamos para allá.



1- Tiene mejor nivel el que mejor pronuncia:

Uno de mis mitos favoritos con respecto a eso del aprendizaje de una segunda lengua, por lo general aplicado al inglés. Esto lo hemos vivido todos, cuando hemos escuchado a tal o cual señor en la tele hablando en inglés y con un acento español de cagarse. Automáticamente, el españolito medio, en el momento en que ha escuchado una "r" pronunciada con fonemas hispanos, o bien lo típico (y que a mí, como profesor, me duele la boca de corregir) de pronunciar una "y" como una "ll", ya se juzga que el inglés que tiene dicho hablante es malo.
Expliquemos un poco en qué consiste esa falacia: a ver, el tener un acento de Cambridge cuando uno no ha nacido en Cambridge puede sonar muy chulo y no lo vamos a negar, pero es como decir que alguien folla bien solo porque tiene la picha grande. Es decir, que estamos basando la calidad en un factor estético y demostrando una ignorancia supina al respecto.
El profesor Vaughan, caballero cuyo método de enseñanza de idiomas no es del todo mi favorito, pero al que respeto, me abrió los ojos en una entrevista que le hicieron una vez, en la que él mismo aseguraba que eso del "acento perfecto" es una soberana tontería. En sitios como Inglaterra o Estados Unidos la pronunciación varía si te meneas unos kilómetros del sitio dónde estás. Por poner un ejemplo, si en el sur de Inglaterra se pronuncia la palabra pato ("duck") como "dak", en el norte, zona en la que viven unos pocos de angloparlantes de nacimiento desde hace no pocas generaciones, se pronuncia "duk". ¿Qué tenemos entonces? Desde luego, sería una auténtica paletada decir que TODO el norte de Inglaterra tiene un "mal inglés" sólo porque tienen una variante fonética a lo que se conoce como el inglés standard.
En España pasa exactamente igual, solo que aquí somos algo más pedantes y tuercebotas al respecto: la pronunciación varía a lo bestia de un sitio a otro sin que exista un español "neutro". Poneos a pensar en un presentador de noticias y, a menos que éste tenga un acento local muy marcado, nos damos cuenta de que el español que usa es un español que en realidad no usa nadie de a pie.
Más irrisorio es el hecho de que, a menos que se sea bilingüe, eliminar POR COMPLETO los rasgos de tu lengua natal a la hora de hablar en una segunda lengua es:

a) Algo meramente estético
b) Se aleja del concepto básico de aprender una lengua, que es comunicarse y punto pelota.




2- Tenemos que implantar la enseñanza bilingüe para estar a la altura de países como Finlandia:


Otra falacia curiosa, consistente en pensar que, como Finlandia y los países nórdicos poseen un buen sistema educativo (algo que no vamos a negar), tenemos que implantar una enseñanza bilingüe así, por cojones y sin vaselina.
Ante esto tenemos que pensar en detalles muy importantes que rodean el asunto, pero que están directamente relacionados. Hace algunos años, conocí a una chica danesa que me explicó por qué en su país natal se da tanta importancia al aprendizaje de lenguas. Nunca había escuchado la explicación hasta entonces, pero todo me quedó bastante más claro.
A ver, si echamos mano del lápiz, nos damos cuenta de que en Dinamarca viven alrededor de cinco millones y medio de habitantes, con el factor añadido de que el danés prácticamente no se habla en ninguna parte del planeta salvo allí. Echemos un vistazo a otros países nórdicos, que suelen ser el "ejemplo" del bilingüismo por definición:

Suecia- 9 Millones
Finlandia- 5,3 Millones
Noruega- 5 Millones
Islandia- 331000 habitantes.

Es decir, que estamos hablando de países enteros cuya población apenas triplica a la de Madrid en el mejor de los casos. En el caso más extremo, el de Islandia (país de moda últimamente y al que se suelen referir como una utopía donde los coches vuelan y el personal echa kikis de dos horas en un mal día), tenemos un país cuya población total es el 10% de nuestra capital.
No podemos obviar el segundo detalle, que es el de la expansión de una lengua: si nos ponemos a echar un vistazo, tenemos en cuenta que las lenguas más habladas son, en este orden, el chino, el español y el inglés. En cuanto a extensión, el chino se cae de la lista y nos encontramos que el mundo de habla hispana y el de habla inglesa son los que parten el bacalao. Vámonos a un sitio como pueda ser Inglaterra. Por amigos ingleses, sé que el aprendizaje de una segunda lengua (para ellos sería el español) no es ni de lejos una cosa que les preocupe. ¿Son más palurdos por ello? Pues según: un angloparlante, a diferencia del habitante de un país nórdico (o el de un país africano, también famosos por el bilingüismo o trilingüismo de sus habitantes, y a los que nadie curiosamente pone como ejemplo) sabe que su lengua está mucho más extendida y la necesidad de aprender una segunda para sobrevivir en un mundo más globalizado es menor.
Esto no es ajeno al mundo del habla hispana: pensemos que el español está bastante extendido por gran parte del planeta, englobando prácticamente toda latinoamérica (a excepción de Brasil), parte de Asia (por ejemplo, Filipinas) o los Estados Unidos, gracias al aumento de la población latina. Te vas a Nueva York y descubres que la gente va a hablando español por la calle y que una de las emisoras que más lo está petando desde los últimos años es precisamente una que habla en castellano.
Por tanto, ¿podemos decir que es bueno que la gente aprenda una segunda lengua en nuestro país? Por supuesto, el saber no ocupa lugar y nunca está de más comunicarse con gente que no sabe español. Más cuando somos un país turístico.
¿Es tan imprescindible como dicen? Pues tampoco vamos a caer en la exageración: tiene su importancia, pero ya hemos visto que la lengua hispana está lo bastante extendida como para que comercialmente podamos sobrevivir usándola. Otra cosa son ya las gestiones políticas de nuestro país o la imagen que demos al extranjero... pero eso ya son factores externos al uso de la lengua.



3- Es la práctica la que da dominio sobre una lengua

Sí y no. Los que ya me conocéis sabéis que para mí eso del talento es un concepto que me suena a chufla y que yo, si creo en algo, es en la tesón, la práctica y el esfuerzo. Y hasta aquí, de acuerdo con el concepto.
La cosa ya hace aguas en el momento en que te llega alguien diciendo que SOLO a base de práctica puedes dominar una lengua y que en realidad no hace falta conocimiento teórico alguno. No sería el primer caso que te ponen del chaval que, sin saber ni papa de otro idioma, se va a otro país, se pone a currar de camarero y, a fuerza de practicar mucho con la gente, acaba aprendiendo.
No vamos a decir que esto sea imposible, porque sabemos que muchos de estos casos tienen su base real... pero tampoco vamos a decir que sea ni tan fácil ni tan aplicable a todo el mundo. El inglés necesita una gran dosis de práctica, porque a ver, es COMUNICACIÓN. Y la comunicación al final lo que te va a pedir es que practiques con alguien...
... Pero eso no es motivo para desdeñar el conocimiento teórico de la lengua. Para poder comunicarte con alguien en un idioma, lo principal es saber cómo funciona, a grandes rasgos, dicho idioma. No puedes pretender que alguien te entienda si no sabes conformar una frase. O bien puedes conseguirlo, por medio de gestos o dibujos (esto último es bastante útil, creedme) y decir que "ya dominas la lengua". Puedes decir que has cubierto el objetivo o que has salido del paso, pero amigos, no nos chupemos las pollas tan deprisa: para dominar una lengua hay que entenderla. Y a menos que te hayas criado hablándola (hablaríamos aquí de adquisición y no de aprendizaje), te hace falta echar un vistazo a cómo se conforma una frase a menos que quieras que tu interlocutor se quede mirándote con cara de mongui.


La lengua. Hay que saber usarla.

4- En todas partes se da mucha importancia a los idiomas salvo aquí.

Falacia como la copa de un pino. Ya habéis visto un poco lo expuesto en los apartados anteriores, sin contar el hecho de que se suele decir que TODO EL MUNDO tiene un buen nivel de inglés en Alemania y, por extensión, en todo el territorio planetario salvando España, donde somos unos pobres palurdos ignorantes.
Ante esto soy el primero en decir que el inglés aquí (hablo del inglés porque es el idioma que trabajo yo, pero si alguien sabe cómo las gastan aquí con el francés es bienvenido de comentar) no se trata todo lo en serio que se debería... Nos pasamos años estudiando lo mismo con libros que tienen menos contenido que un cómic y haciendo que la chiquillería se aburra sin estudiar una teoría clara y (más absurdo aún) sin dar un contenido práctico que pueda catalogarse como "decente". Dicho de otro modo, un estudiante de inglés en España se puede pegar perdiendo el tiempo alrededor de cinco años (los de primaria y a veces los primeros de secundaria) y luego, cuando ha pasado su período crítico de adquisición (dejamos de adquirir la lengua de modo innato a eso de los diez, once o doce años, más o menos), les metemos la caña en la fase de aprendizaje con el agravante de que muchos ya se han aburrido en ese lustro de chorradas una detrás de otra.
Eso, sino contar en el hecho de que el inglés, desde que puedo recordar, se ha considerado una asignatura "maría". Dicho de otro modo, tenemos un sistema de enseñanza de inglés que se puede considerar como "mejorable". ¿Eso lo convierte en lo peor que ha parido madre? Pues esto es lo de siempre: depende de con quién nos comparemos. Si nos vamos a países nórdicos, que son gente con otra filosofía de vida, una población mucho menor y que permite que la enseñanza de idiomas (algo que se ha demostrado que funciona mejor cuanto más lo personalizas), pues oye, podemos decir que es "puta mierda", pero claro, sería obviar toda una serie de factores socioculturales que están ahí.
Si lo comparamos con otros países que están en la misma situación que nosotros, con factores similares a los que he expuesto tanto en este apartado como en otros y comparamos su nivel de idiomas... pues lo mismo nos daremos cuenta de que una cosa es "mejorable" (que lo es, y mucho) y otra decir que tenemos lo peor que ha parido madre.
Tan solo preguntaos cómo se habla inglés en Italia (país latino y con una filosofía de vida relativamente similar a la nuestra) y luego comparadlo con lo extendido que está el italiano en el mundo.



5- Tener un buen nivel de inglés garantiza un puesto de trabajo

Os digo yo que no. Si hacemos caso de esta falacia, tendríamos que TODOS los estudiantes de traducción o filología serían los primeros en colocarse en el mundo laboral. Asímismo, cualquiera que sobreviva a los cinco cursos de la Escuela Oficial de Idiomas debería tener un puesto de trabajo seguro, y tal y como estamos viendo, esto es coña marinera.
El conocimiento de idiomas es, por supuesto, un conocimiento que está "de moda" últimamente, como lo es el uso de la informática o tener el último máster que piden para vete a saber qué puesto de mierda. Otra cosa es esa especie de asociación, donde tú dices "Pues yo tengo un nivel B2 o un C1 de inglés" y la gente se te echa las manos a la cabeza preguntándose por qué estás desempleado.
Pues no, no es por gusto. Es que da la puñetera casualidad de que, tal y como están las cosas por todas partes, no hay dios que te garantice un puesto de trabajo a menos que te saques unas oposiciones (si es que les sale de los huevos convocarlas) o bien que seas buenísimo practicando felaciones para conseguir meter la cabeza en algún sitio para optar a un puesto de mierda.
Quizás el problema aquí no sea el conocimiento o no de inglés, que se está usando como excusa para no contratar a la gente, sino el hecho en sí de que no se está contratando gente, a secas. Te presentas a una entrevista con un buen nivel de inglés (en una por ejemplo, resultó que el entrevistador tenía un nivel de inglés inferior al mío, con la curiosidad de que quería evaluar "mi acento"; véase punto 1 de nuevo) y, si ven que te defiendes con fluidez, la respuesta negativa viene por otros derroteros (en mi caso concreto, fue lo de "No tienes experiencia previa"/ "Lo siento, ya hemos cubierto el puesto").
Hasta aquí, todo lógico. Pero no hagamos esa asociación, porque caemos en el error del siglo, a menos que en realidad a donde se quiera ir a parar es que podemos conseguir un puesto de trabajo fuera... pero eso ya es otra historia. Y esta falacia llevo escuchándola toda la vida, mucho antes de la crisis.



6- Para aprender inglés en condiciones la única manera es irse fuera


Sí, pero no. No es cuestión de lo que hagas, sino cómo lo hagas. Esto me recuerda el caso de unos compañeros de carrera que se fueron de Erasmus varios meses al Reino Unido. Comunicándome con ellos vía ordenador, me dio por preguntarles un día cómo era la gente por allí, a lo que una compañera me dijo que no tenía ni la menor idea.
Imaginad mi cara al escucharlo y, claro, no pude evitar preguntar.

- Es que no nos estamos hablando con los de aquí, sino con españoles- me respondió mi compañera sin tapujos.

Esto puede ser un ejemplo bastante ilustrativo, que también comentaba Vaughan en la entrevista que leí hace algunos años (intento buscarla, pero no la encuentro; si alguien da con ella, por favor, que me escriba), en la que muchos padres envían ilusionados a sus hijos al extranjero para que aprendan idiomas y se conviertan en hombrecitos y mujercitas de provecho y lo que hacen allí es juntarse con otros españolitos y no aprender una puta mierda del idioma local. En pocas palabras, forman sus propios ghettos de hispanohablantes y se niegan a mezclarse con los nativos, con lo que tenemos una considerable pérdida de tiempo y, por supuesto, de dinero.
Dar por hecho de que irse a un país extranjero suponga automáticamente que vas a aprender inglés es como presuponer que por meterte en una discoteca llena de tías vas a follar, aunque vayas hecho un guarro y los cojones te apesten a bacalao podrido.
El aprendizaje de idiomas, en gran parte, consiste en actitud y voluntad, y no se aprende por osmosis. El español en el extranjero, en líneas bastante generales, no es muy diferente de muchos de esos estudiantes extranjeros que criticamos en España, que hacen sus camarillas y que se niegan a relacionarse con los españoles. Lo que pasa es que desde casa las cosas parecen diferentes, pero no hay más que echar un vistazo a cómo somos por ahí y nos daremos cuenta de que nuestros estudiantes a lo que van es a sacarse la convalidación de tal o cual asignatura y poco más. Pero en gran medida (y con esto no pienso caer en la generalización barata de "todos van en el mismo plan" o al rollito Wert de "a lo que van es a emborrarcharse"; yo hablo en base a la experiencia que he conocido yo, y solo en base a ella, que conste), a lo que es comunicarse e integrarse, pues como que eso cuesta mucho más.



7- Cuanto antes se empieza a estudiar inglés, mejor se aprende


Falacia asumida por muchos padres que piensan que meter a tu vástago en un centro desde los cuatro años y que, por sistema, cuando tenga trece, el chaval te va a salir bilingüe.
Pues va a ser que no.
Como ya he mencionado arriba, esto falla en el momento en que nos ponemos a ver que, a día de hoy, la enseñanza de idiomas se hace de una forma mucho más temprana que hace unos veinte años: si bien un alumno de EGB empezaba a hacer sus pinitos con el inglés hacia quinto (más o menos a los diez años), ahora se está haciendo a los cinco o, dependiendo del centro, incluso a los tres. ¿Implica esto una mejora en el nivel? Debería, si ese nivel que se impartiese fuese una cosa seria, pero ya vemos que no es así; queda muy guai decir que tu hijo lleva recibiendo clases de inglés desde los tres años, pero luego las culpas le caen cuando el crío llega a los dieciocho y le cuesta la vida conformar una frase que tenga medio sentido.
La falacia aquí se dispara en el momento en que echamos la culpa al chaval (o se la echa a sí mismo, que también pasa) achacando problemas de "torpeza" o el consabido "Es que esto no es lo mío". Si el sistema educativo (insisto, mejorable como él solo) insiste en chapuzas del tipo "No, ahora no vamos a enseñar gramática, el alumno la tiene que descubrir por sí mismo" sin orientación alguna, pues la cosa empieza a caer por su propio peso. O bien, poner una gramática tan encorsetada que cualquier variación asumida por cualquier gramática decente sea catalogada como "error" solo por no aparecer en el libro de texto (y tenemos suerte de que en algunos de ellos aparezca hasta un resumen de la teoría. No bromeo ni exagero con esto, hablo en base a ocho años teniendo que soportar libros que parecen escritos por y para chimpancés con algún cromosoma escacharrado). Poner a críos de doce años a cantar canciones de guardería. Pasarse OCHO años enseñando algo tan "complejo" como el uso del presente continuo (una especie de mantra absurdo que se repite de forma lamentable en el primer trimestre de cada curso durante años) o, mi favorita: tirarte CINCO putos años enseñando los números y los colores a los críos, como si fueran gilipollas.
Esto, como en todo, es más una cuestión de criterio y calidad que de impartir antes la asignatura. Como si les metes las putas canciones de guardería desde que están en el útero: si te dedicas a repetir lo mismo cada año no solo no avanzas; pierdes alumnos a ritmo alarmante.



8- Para aprender idiomas, nada como un nativo:


Este principio falaz es esgrimido a cascoporro por centenares de colegios y academias de nuestro país. Muchos parecen considerar que si una persona ha nacido hablando una lengua, automáticamente sabe impartirla y generar todo un escuadrón de hablantes en un santiamén.
Lo que se obvia muchas veces es el hecho de que en sitios como Inglaterra no se aprende gramática inglesa: ¿por qué? Porque, por suerte o por desgracia, es una cosa tan estructuralmente sencilla que, en su período de adquisición (por lo general, cuando aprenden a hablar) les queda clara. En sus clases de lengua los estudiantes tienden a asociar grafía con pronunciación en las famosas clases de "spelling" (deletreo). Sin embargo, nosotros no hemos nacido con una gramática de ese tipo. La nuestra es más compleja, lo que nos obliga a estudiarla a menos que queramos meternos en berenjenales bastante gordos (o bien, atendiendo a los principios de gramática prescriptiva que imperan tanto en el mundo de la lengua española, algo que a mí siempre me ha causado cierta aversión).
Cuando nos vamos a meter a estudiar una segunda lengua, las reglas del juego son similares: si bien un estudiante de idiomas tiende a estudiar cómo funciona la estructura de la lengua hispana (algo que no tiene demasiado que ver con la suya), el estudiante español tiene que meterse a aprender cómo va la de la otra lengua. Para eso hace falta alguien que tenga cierto conocimiento teórico de ambas.
Y esto no es lo único. Hace falta también algo que, curiosamente, se suele pedir a los profesores nacidos en España, pero que se obvia a lo basto cuando se contratan nativos, y es una titulación específica en pedagogía. Para impartir clase de idiomas no solo tienes que conocer el idioma; tienes que saber impartir una clase, organizar una unidad didáctica (la pesadilla de los docentes), saber resolver conflictos en clase, ponerte al día con el material y todos esos "gajes del oficio" que hacen que la profesión de profesor sea eso, una profesión, y no algo que pueda hacer cualquiera que pase por ahí.
Por último, entra el concepto de la vocación, algo de lo que carecen muchos de nuestros profesores. Pero esto, considerando la importancia de todo lo ya visto, parece casi algo secundario en comparación. Y fijaos en lo que estoy diciendo.



9- Con tener buen vocabulario, ya puedes defenderte en un idioma:


Tengo que confesar que yo mismo caí en esta falacia durante varios años, hasta que llegué a segundo de carrera y uno de mis profesores de Lengua Inglesa Aplicada (no precisamente uno de mis favoritos pero que, con el tiempo, me llegó a demostrar un par de cosas, todo hay que reconocerlo) me abrió los ojos.

- Nos creemos- decía- que por saber muchas palabras ya dominamos un idioma. Sin embargo, ¿alguien sabe lo que significa la palabra rielar en español?
Ante el silencio generalizado, prosiguió:
- Rielar es lo que hace una luz cuando se refleja en un sitio como, por ejemplo, el agua. Con esto lo que quiero decir es que un hablante español no tiene por qué conocer todas las palabras de su idioma si no ha tenido ocasión de oírlas, o bien si conoce algún sinónimo algo más frecuente. Eso no afecta a la comunicación en lo más mínimo. Lo que sí afecta es, por ejemplo, no saber cómo se dice algo... o no tener la herramienta lingüística para poder definirlo. Si yo no hubiese conocido la palabra rielar y hubiese tenido que usarla en un contexto, habría usado la definición que he empleado. Quizás no quede tan "estético", pero mi objetivo quedaría cubierto, que es el de comunicarme y hacerme entender".

Es quizás por eso por lo que, cuando se habló de la reforma de Filología Inglesa de 2005, se habló (entre otras muchas cosas) de eliminar las asignaturas de lingüística y gramática para convertirlas en "lengua aplicada a comercio", "lengua aplicada a ciencia", "lengua aplicada a empresa". Algo que, así planteado, suena super-cool... pero, si echamos frialdad al asunto, nos damos cuenta de que, habida cuenta de que la gramática es la misma para cualquier ámbito, lo único que nos queda es que el objetivo era precisamente convertir las asignaturas en unidades temáticas de vocabulario y santas pascuas... lo que vendría a ser mearse en el concepto del la lengua como herramienta para comunicarse y convertir el tema en una especie de chorrada basada en aprender listas de palabritas.