domingo, 3 de junio de 2018

Mondo Chorra- Exilio



A veces, llegas a un punto en tu vida en que no puedes más. Intentas hacer las cosas bien y no lo consigues. Miras a tu alrededor y lo único que encuentras son juicios de valor, reproches y reprimendas que tú no lanzarías sobre nadie. No a conciencia, sobre nadie que te importa, y mucho menos sobre alguien que te importa y sabes que no se encuentra en su mejor momento.
Cuando ves todas y cada una de tus decisiones puestas en tela de juicio, así como tus actos, tus pensamientos e incluso tus valores, es el momento en que tienes que detenerte para hacer un pequeño balance de cómo están saliendo las cosas en tu Universo personal. Cuando te das cuenta de que estás midiendo cada gesto y cada palabra dicha (o no) en un entorno en el que se supone que deberías sentirte cómodo, debes enfriar tu cabeza y pensar en frío. Tomar aliento y valorar por ti mismo si, en efecto, tú eres el responsable de todos y cada uno de los males que suceden a tu alrededor o, por el contrario, solo lo eres de lo que has hecho tú y el resto de tu carga consiste en pagar platos rotos y culpas por cosas que, en el fondo, ni siquiera tienen que ver contigo realmente.

Es entonces cuando te llegas a recargar un poquito, y te dices a ti mismo "NO".
NO. No eres tan horrible ni tan mala persona.
NO. No obras de una forma tan espantosa como te han estado dando a pensar. Sí, has cometido errores... pero es que ni eres el único en haberlos cometido, ni tal vez sean tan imperdonables como te han hecho creer.
NO. No eres peor que los demás.
NO. No vas a dejar de nuevo que te tasen, evalúen, comparen y juzguen. No vas a permitir que nadie te silencie, ni te censure, cuando tú jamás lo has hecho.


Y ciertas cadenas empiezan a romperse...


Ante eso tienes dos vías: la vía del conflicto, que en líneas generales consiste en trazar una línea y arrearte a dentelladas con el primer ser viviente que vuelva a pisotearte, y la vía del exilio.
Sé que para muchos la primera vía es la correcta, porque bueno... implica enfrentarte de una vez a aquellos que te dicen A cuando tú piensas B, y si no piensas A eres (inserte aquí insulto adecuado al contexto que se tercie), y supongo que tienen su parte de razón... pero esto no se puede aplicar siempre.
Cuando te das cuenta de que el conflicto tan sólo te va a aportar un desgaste de energías tremendo y nada más, porque no vas a convencer a nadie de lo que ya piensan, esa vía del conflicto se transforma en una total y absoluta pérdida de tiempo. Hagas lo que hagas, en según qué contextos, en según qué círculos, será considerado un error, una decisión catastrófica o una maldad absoluta y nada de lo que hagas será tenido en cuenta de la forma que esperas. No por lo que hayas hecho o dejado de hacer, sino porque lo has hecho tú. Piensa, pues, si esas decisiones que has tomado la tomarían (o ya tomado) otros en tu lugar, y piensa si se hubieran percibido de la misma manera. Si tu respuesta es "No", ya tenemos ante nuestras narices un doble rasero que deja claro que hagas lo que hagas, se va a ver como lo incorrecto.
¿Para qué desgastar energías en entrar en un conflicto que no te va a aportar más que una situación desagradable o, en el peor de los casos, una pelea abierta?


Ya lo dijeron estos tíos: "¿Me quedo o me voy?"


Es aquí cuando se plantea la idea del exilio.
Puede que a muchos os parezca una cobardía, pero permitidme compararlo con lo que supone tener a alguien que se supone que aprecias, que sabes que está mal y al que estás:
a) ignorando
b) machacando
c) alternando a) y b) en una especie de tira y afloja emocional la mar de curioso.
Decidme qué valor hay en pisotear al que se encuentra débil y andar restregándole todas sus miserias por la cara hasta el punto de que ya ni se atreva a hablar. Decidme lo valiente que es la persona que aprovecha la excusa de la sinceridad y la confianza para comportarse de una forma cruel, metiendo el dedo en la llaga en sus puntos débiles, sin atisbo de empatía ni tacto alguno a la hora de hablar. Si sois de la clase de gente que justificaría este tipo de actitudes en aras de "una amistad sincera", mucho me temo que vosotros y yo no nos vamos a entender. Podéis seguir leyendo lo que diré a continuación, si queréis, pero me temo que no os va a decir mucho.

Y es que, cuando sientes que los demás se portan contigo de una manera que, bajo ningún concepto, usarías tú para tratar a los demás, ves que esto no marcha. Y hay que poner una solución, tirando a drástica.
Por una vez y sin que sirva de precedente (al menos, en comparación con la imagen que tenéis muchos de mí), la solución por la que yo optaría no sería la de coger a esa persona y decirle que se vaya a cagar, ni mucho menos. No es algo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros, por tanto sería algo injusto recomendarla.
A veces, la mejor opción consiste simplemente en exiliarte. Desaparecer. Alejar de tu vida a aquella gente que ves que no te está aportando más que dolor, incomprensión y, sobre todo, un terrible sentimiento de culpa por cualquier cosa que hagas, pienses, digas, o dejes de hacer, pensar o decir, sin importar el hecho de que intentes siempre hacerlo todo lo mejor que sabes, que actúes según tus valores o que antepongas el bienestar de otros al tuyo propio.
Si no se entiende o no se valora todo eso, entonces es que sobras. Ese no es tu lugar y, por duro que sea llegar a una conclusión de este tipo, estás perdiendo el tiempo ahí, porque tu verdadero sitio te está esperando en alguna otra parte.


Ve tirando.


Por otra parte, debo decir que no es para nada fácil acabar tomando este tipo de decisiones, y necesitas una tremenda cantidad de fuerzas que no siempre tienes. Supongo que, para ello, tienes que tocar fondo y, una vez ahí abajo, mirar arriba y darte cuenta de que a partir de aquí tu camino debe ser ascendente. Que, por mucho que duela, debes dejar que se marche de tu lado aquella gente por la que te has desvivido y que te ha devuelto dolor. Por mucho que sigas teniendo buenos sentimientos hacia ellos, por mucho que los eches de menos. Es una dependencia que, en el momento en que puedas tomar aliento y reunir las mínimas fuerzas, debes superar. Por tu propio bien. Porque no puedes seguir viviendo en una nube de culpa constante, ni bajo el miedo a hablar por ser avasallado una y otra vez.
Sí, es algo muy duro, créeme. Es como desprenderte de algo que crees que es vital para ti, y empezar desde cero. Pierdes la orientación y te preguntas a dónde ir ahora. Qué hacer. Te planteas incluso si es cierto que eres tú el desastre y que esto no es otro error más que añadir a tu lista.


Y este es solo el Volumen 1.


Pero, si resulta que has tomado la decisión en ese momento en que has tocado fondo, sentirás algo muy diferente: sentirás que, poco a poco, ciertas cargas dejan de recaer sobre tus espaldas. Abres los ojos y descubres que aquellos que parecían tan moralmente superiores a ti no son más que humanos. Humanos que también han cometido sus errores y que tú, tan abatido y silenciado como estabas, ni siquiera lo habías visto.
Con ese nuevo pensamiento en mente, inicias una nueva andadura, consciente de lo que sí hiciste y que estuvo mal, pero trazando una nueva línea:
Cometiste errores, sí, pero no obraste a mala fe.
No fuiste el único en cometerlos, además.
Estos pensamientos se convierten en el primer paso para tener la conciencia tranquila. Algo que, quién sabe, puede diferenciarte de aquellos que te han tratado de un modo que (a la larga y tras un período de debida reflexión) sabes que no te mereces.


Dormir a gusto es algo que no tiene precio.


El Universo es grande. Tarde o temprano acaban apareciendo aquellos que, en tu hora más oscura, te tienden la mano y te dicen "Yo te entiendo" cuando nadie más lo ha hecho. Los que se han puesto en tu lugar y, lejos de darte la razón en todo (porque no es eso lo que necesitas), te abren su corazón y te dan ánimos y fuerzas para seguir adelante. Para desprenderte de todo aquello que lo único que te ha hecho ha sido abrirte heridas muy profundas.
Porque, en muchas, muchas ocasiones, lo que te hace feliz no es ver a alguien a diario, o irte con esa persona a tal o cual sitio. Ni que te regalen nada, ni te que acuestes con tal o cual. No, lo que te hace feliz es que alguien sepa leer en tu silencio y te diga "Oye, ¿cómo estás?". Que te mande un chiste que no tiene ni puñetera gracia, pero sabe que te vas a reír y que vas a agradecer el gesto. Que te escriba cualquier chorrada solo para que sepas que está ahí. A tu lado pese a que viva en otro país.
Da toda la fuerza de este mundo saber que alguien a quien no has visto en una buena temporada se reúna contigo un buen día y te haga  sentir especial, que te haga saber que aunque ha estado en algún otro lugar, lejos, se ha acordado mucho de ti y te ha echado un montón de menos.
Te sientes realmente fuerte cuando empiezas a encontrar gente que aprecia lo que haces bien, te orienta acerca de aquello que puedes mejorar y que se siente orgulloso de tus progresos, por lentos que estos sean. Que, para variar, agradezcan que, pese a tus errores, te esfuerces por hacer mejor las cosas. Por mejorar tú mismo y por querer mejorar el entorno que te rodea.
Te sientes menos solo cuando puedes estar horas enteras charlando con alguien de auténticas tonterías sin sentirte juzgado. Que puedas pasar de debatir por qué crees que Emma Frost es mejor pareja que Jean Grey y de ahí a pasar a algo como cuáles eran los principios filosóficos que regían el pensamiento en la Ilustración. La sensación de entender a la persona con la que estás hablando, independientemente de que estés de acuerdo con ella o no.


De eso va esto: de entenderse. De no tener que andar justificándose, ni sintiéndose culpable. De sentirte lo bastante cómodo como para poder hablar, sin censuras, ni el miedo a que te la líen cada vez que abres la boca.


Pero, insisto, no es fácil. Para echar a andar, tienes que empezar cayendo de bruces no una, sino mil veces. Dejar ir aquello que querías con todo tu corazón, pero que te negabas a reconocer que te hacía daño. Limpiar tus heridas e iniciar descalzo un camino tortuoso. Empapar el suelo con tu sangre a cada paso, pero no desfallecer. Seguir equivocándote y ser consciente de ello, pero no convertirlo en algo por lo que mortificarte. Aceptar más responsabilidades que cargar con culpas.
Sin embargo, para ello cuentas con algo con lo que no contabas antes: a fuerza de haber pasado por lo que has pasado, ahora eres consciente de la clase de persona que eres y de la que no eres. Quizás no tengas muy claro lo que deseas, pero sí lo que no quieres. Puede que no consigas algunas cosas que te gustaría conseguir, pero sí debes ser tener el objetivo de conseguir aquello que sabes que necesitas y abjurar de todo aquello que no te aporta nada.

Bienvenido al Exilio.
Que tengas un buen viaje.

sábado, 12 de mayo de 2018

Mondo Chorra- Prólogo a Exilio: Lealtad




Anoche tuve una conversación con una amiga, de estas que se prolongan hasta las tantas. Salieron ciertos temas personales por ambas partes, y de esto que empezáis a sacar ciertas ciertas cosas en común. Ciertos patrones que compartes con la otra persona y en los que tal vez tú no habías caído hasta que pones según qué cosas en claro.
El tema, tal y como habréis adivinado leyendo el título de este post, trataba sobre la lealtad. Sobre cómo enfocamos las relaciones con otros seres humanos (o no tan humanos, porque de todo tiene que haber en esta especie de asco) y sobre cómo encajamos en el entramado social. La conversación, aunque rondó acerca de determinado tema personal, me hizo pensar en otros antecedentes y en mi actitud ante ellos.

Pongámonos en situación. No es la primera vez que he tenido encontronazos con gente que me rodea. Es algo relativamente normal, o más normal que tenerlos con gente que no nos rodea. O, al menos, son cosas que pasan algo más de factura a nivel personal. Es decir, alguien a quien no conoces te suelta algo que no te gusta, le dices (o al menos, lo piensas) que se vaya a cagar y a otra cosa, sin que eso te resulte materia de reflexión. Asumámoslo, no es alguien importante para ti. Su criterio no va a condicionar tu vida. No es cercano, no es un amigo. Si se comporta como un cretino, su vida en general te importa tres carajos.
Pero con la gente que tienes cerca es distinto. Forjas vínculos emocionales. Tiende a importarte su punto de vista y, muy frecuentemente, la imagen que tienes ante ellos. Tienes cierta aprensión a fallarles o a decepcionarles. Al fin y al cabo, no queremos dar tan poco a la gente que nos importa, ¿verdad? Es por eso, considero, que cuando alguien cercano te dice "Oye, así no" tendemos a darle más importancia que si lo hace alguien cuya voz o voto no nos resulta relevante. Lo mismo cuando viene un elogio; si esa persona es mínimamente sincera, sabemos que viene de corazón y no simplemente para hacer que nos sintamos bien, o darnos la razón como a los tontos.


Hay gente que piensa que la idea de "Todos para uno, uno para todos" es un ideal anticuado, ingenuo y demás.
Pero luego todos somos conscientes de que vivir en sociedad implica precisamente (o, al menos, debería implicar) colaboración entre nosotros para salir adelante.
Y para colaborar entre nosotros, lo primero es que confiemos los unos en los otros.


Sin embargo, de vez en cuando se producen desavenencias. También es relativamente normal, cuando cada uno tiene su propia personalidad y se choca en según qué puntos. No todos, además, nos tomamos las cosas de la misma manera y a veces se dice algo que sienta mal a la otra persona. Puede que no lo hagamos de manera intencionada, pero eso no quita que duela. Es entonces cuando se produce el conflicto.
Ante eso del conflicto hay como varias vías para afrontarlo. Unos hablan las cosas de forma directa; otros lo intentan, pero se quedan en un intento más o menos fructífero, que puede ir mejor o peor dependiendo del contexto, de la habilidad de uno (o de lo lúcido que esté) o de las personas implicadas.
Y luego están los que se callan.

Entendedme, el silencio no siempre es la "mala vía". Me explico: a veces nos resulta muy difícil decir de manera abierta qué es lo que nos pasa; incluso puede que ni nosotros mismos seamos capaces de explicarlo. Hay otras ocasiones en que algo nos sienta como un tiro, pero nuestro lado racional nos dice que, objetivamente, no es tan grave. Eso no quita que nos duela, por supuesto, de manera que lo más sensato que se nos ocurre hacer es no decir nada y esperar a "enfriarnos" un poco. No todos somos unos genios a la hora de gestionar las emociones, admitámoslo... pero siempre podemos echar mano de un poco de sentido común y saber cuándo hay que plantar cara y cuándo callarnos porque nos hemos cabreado (o sentido dolidos) por una tontería.
Yo mismo he optado por esta vía del silencio en ocasiones... creo que de todas las maneras que he explicado en este párrafo. A veces se me ha entendido, y otras tantas (si no más) se me ha reprochado de una forma muy severa mi actuación... pero quiero hacer un matiz al respecto: cuando me he encontrado mal, o dolido, jamás, JAMÁS lo he ocultado, ni fingido. Puedo pecar de muchas cosas en esta vida, pero creo que la de fingir o la de ser hermético no. Diría, sin mucho miedo a equivocarme, que solo hace falta mirarme a los ojos para saber que me pasa algo. Otra cosa es que me apetezca hablar de ello. Y no, no hace falta ser un genio para saber que, en situaciones así, hablo más con mi silencio que soltando una parrafada acerca de lo que me pasa. No necesitas hablar para decir, tiendo a pensar a veces.


Un aplauso para aquellos que saben lo que hay que decir en el momento correcto.
Muchos de los demás no tenemos esa habilidad.


Centrémonos en eso de la lealtad, ahora que tenemos ya los antecedentes.
La lealtad no siempre consiste en ser fiel por siempre a un pacto de algún tipo. No consiste en comportarse de una manera ciega con una persona, justificando todo cuanto haga o perdonándole todas sus faltas sin reservas. No van por ahí los tiros, desde mi criterio.
La lealtad consiste, simple y llanamente, en saber que puedes confiar en una persona y dejar claro que esa persona puede confiar en ti. No hablo única y exclusivamente en guardar secretos. A veces tendemos a pensar que una persona leal es aquella a la que le puedes confiar lo que te dé la gana sin que lo vaya contando por ahí. Aunque también, limitarse solo a eso resulta simplista.
A veces, se puede traicionar a alguien abusando de su confianza de forma deliberada. Dejar a alguien en la estacada, única y exclusivamente para beneficio personal, es otra manera de traición. No valorar a alguien que te respeta y empezar a hablarle como si fuera un pedacito de mierda es traicionar. Traicionas a alguien cuando eres consciente de que esa persona te ha abierto su hogar, ha contado contigo y te ha tratado como a un igual y tú das la espalda a todo eso, como si no te importara lo más mínimo, sin siquiera molestarte en decirle a qué ha venido. Eres un traidor cuando antepones cualquier satisfacción pasajera a tener alguien a tu lado que no haría lo que tú estás haciendo. También lo eres cuando esa persona necesita ayuda y tú pones mil excusas para, no solo negarle tu ayuda, sino ni demostrarle que te preocupas por él, siquiera.
Eres un traidor cuando no estás para aquellos que siempre han estado.


"Hostia, mi mejor amigo ha tenido un accidente. Pues que se joda, estoy zumbándome a esta y no tengo intención alguna de cambiar mis planes de matraca intensa."


Supongo que yo mismo he llevado esa marca de "traidor" a veces... pero, en mi defensa, diré que JAMÁS he abandonado a nadie que previamente no me haya abandonado a mí. Hay una diferencia entre ser leal y andar haciendo el imbécil. No tiene ningún sentido ser leal con alguien que lo único que ha hecho es tratarte como una opción, cuando tú lo has visto como una prioridad. Suelo decir que en esta vida, trae más cuenta ser un lobo y tener una manada (vale, sí, sé lo mal que suena esta palabra últimamente. Os agradecería que os ahorraseis las ganas de sacar según qué palabras de contexto, por favor) que ser un perro y lamer las manos que te azotan.
Y quizás ahí está la gracia de todo el asunto: durante años, he tenido que ver cómo muchos, muchos supuestos amigos han optado por quitarse de en medio en momentos clave, usando todo tipo de excusas (y otros, menos sibilinos, directamente es que ni han puesto excusas, para qué) para enmascarar el hecho de que preferían satisfacer sus deseos personales a estar donde y cuando se les necesita. Otros han cruzado la línea del respeto y se han tomado ciertas libertades conmigo que yo no les he dado: véase, pasar de la crítica constructiva al pisoteo abierto. De decir lo que debo oír (y no lo que quiero oír) a tomar eso como pretexto para cuestionar todas y cada una de las cosas que hago, dando a entender que no valgo para nada; de poner en entredicho mi forma de vida, como si no se atuviera a según qué estándares. A dar a entender que mi vida no es tan guai como esperarían bajo su Santo Criterio. A compararme con otros. A ningunear mis logros (por pequeños que sean) y a magnificar mis errores, como si todos fueran ofensas dignas de crucifixión. Y si este tratamiento me ha sentado mal, la política siempre ha sido echarme la culpa a mí. Porque parece ser que debo pasarme el día consintiendo un trato condescendiente o faltas de respeto.


"Que te calles y te arrodilles, subnormal. Aquí solo yo tengo derecho a hablar de según qué manera. Las putadas solo las hago yo. Y solo yo puedo pasar de ti como de la mierda, ¿te queda claro o te lo explico a hostias?"


Es en ese momento cuando dices "Mira, no. Hasta aquí hemos llegado". Cuesta mucho hacerlo con gente cercana, pero a veces te toca cuadrarte y plantar los pies en el suelo. Decir que una cosa es la confianza y otra cosa es dar derecho a nadie a que tomen la confianza como pretexto para tratarte con la punta del pie.
Y es ahí cuando el pequeño pacto de lealtad que firmamos tácitamente se va por el retrete. No existe lealtad para aquellos que la vulneran primero, porque no es leal ni honrado comportarse de esa manera, se pongan como se pongan. Es posible, según algunos que parecen alabar este sistema de mierda, basado en pegarnos puñaladas traperas los unos a los otros para, al día siguiente, hacer como si no hubiera pasado nada, esta actitud resulte exagerada. Anticuada. Lo mismo hasta medieval, vete tú a saber. Ante esto debo decir que, si a alguien le parece que mi concepto de lealtad es estricto, rígido, infantil o anticuado, yo les diré que me importa exactamente CERO. Resulta asquerosamente condescendiente escudarse en eso de la "madurez" para justificar comportarse como un bastardo y traicionar la confianza de gente que te la ha dado de manera casi incondicional (pongo "casi" por lo que he mencionado arriba: damos nuestra confianza, sí, pero a cambio contamos con que se nos devuelva o, por lo menos, que no se mancille). No eres más maduro por no darle importancia a aquellos que te rodean, o pensarte que basta con tener un trabajo estable o una familia para cachondearte o ningunear a aquellos que no los tienen. Creerte superior por eso y dejar en la estacada a aquellos que te han apoyado cuando lo has necesitado no te hace más maduro. Te convierte un desgraciado y un cabrón. Así que si la gente a la que has ninguneado, o la gente a la que has tratado como una mierdecita, un buen día se harta y te manda a cagar, ya sabes por lo que es.



"Soy un importante hombre de negocios. Por eso tengo derecho a comportarme como si todos me importaseis un coño zurrido en zurrapa"


Por desgracia, las cosas no funcionan así. Es otra de las conclusiones a las que llegamos anoche en esta conversación. Es muy triste ver cómo ese mamoneo, donde la gente se apuñala de una forma pasmosamente flagrante al día siguiente parece haberse olvidado de la afrenta y sigue uña y carne (o culo y mierda, según se mire) con la gente que la ha tratado así se ha convertido en la tónica dominante y lo realmente marginal, lo que es divergente e inusual es comportarse de forma consecuente y no tener tolerancia a las faltas de respeto. He llegado a ver cómo amigos han pasado deliberadamente unos de otros por motivos tan simples como tener un agujero dónde meterla (o tener a alguien que les rellene el agujero, que de esto no se escapa nadie) y otros llegar a justificarlo, dando a entender que en el momento en que tienes un recipiente donde vaciar el caldo de tus gónadas ya tienes manga ancha para limpiarte el culo con la gente que ha estado ahí, a tu lado. He llegado a ver auténticos desgraciados que, solo por frotarse con alguien, han sacrificado su personalidad; se han arrimado a según qué gente para luego deshacerse de ella como el que tira un condón usado. He llegado a conocer auténtica escoria a la que se le ha llenado la boca con eso de "Eres muy importante en mi vida" para, a los dos meses escasos, mandarte a la mierda sin que hayas hecho (que tú sepas) nada como para eso. Más gracia tiene todavía cuando luego te enteras de que el motivo no es solo una soberana estupidez, sino que apesta a "Es que ya tengo quien me la meta, así que no necesito amigos". No ahora, claro. Pero antes bien que contabas con ellos para contarles tus penas a las dos de la mañana.


"¿Amigos? ¿Que amigOOOOOHH?"
Hasta la fecha, la OMS no ha alertado de que las relaciones sexuales produzcan Alzheimer.
Pero estaremos atentos por si acaso.


Es la clase de cosas que se han llegado a normalizar. Ya vemos como "lo normal" que alguien pague contigo sus mierdas cuando tiene un mal día, solo porque tú has abierto la boca, hasta que llegas al punto casi de pedir perdón por hablar. Para más inri, esa persona tenía un día de mierda, pero tú no tenías manera humana de saberlo a menos que fueras adivino.
"Haber preguntado", te dicen, y se quedan tan panchos, como si esa frase fuera el puto mantra que lo soluciona y lo justifica todo, sin pensar que las cosas no son así. Tú no vas preguntando a todo el que te cruzas si esa persona lo mismo tiene algún problema, antes de tener siquiera algún indicio de ello. No se pide permiso para hablar, porque esa persona no es tu puto superior, y esa persona probablemente sea la última en pedírtelo a ti.
Pero tú sí tienes que hacerlo.
Es un doble rasero de lo más curioso, cuando ves que mucha gente parece sentirse con carta blanca para tratar a los demás como le salga de los cojones (o del coño, que de todo hay) pero luego te la líen cuando tú haces algo la mitad de grave. Gente que llega, pasa de ti como de la mierda, queda a tus espaldas, te lo restriega en la puta cara y luego tiene las santísimas narices de echarte en cara que te siente mal, de la forma más asquerosamente condescendiente que te puedes encontrar. De justificar todos y cada uno de sus desplantes con mil excusas que se pueden resumir en un "Yo es que hago así las cosas", pero luego rasgarse las vestiduras cuando tú has actuado en consecuencia. Porque parece ser que lo que unos hacen solo pueden hacerlo ellos. Porque si lo hacen ellos, está genial. Pero solo si lo hacen ellos.


Algunos es que toman lo de "Es que yo soy así" como una especie de carta blanca para poder comportarse como les da la real gana con los que les rodean, como si con decirlo ya lo tuvieran todo justificado y sin consecuencia alguna a la que atenerse.
No, amigos. Las cosas no son así.


Pues si a mí este tipo de actitudes me parecen abiertas guarradas y no estoy dispuesto a tolerarlas se me considera... bueno, lo que sea que se me considere, (porque parece ser que juzgar a uno es gratis, pero cuando uno se defiende ya tiene coste), que se me considere. Prefiero pecar de lo que sea: inmaduro, intolerante, rígido y cualquier mierda más que se me quiera colocar antes que colaborar en este sistema de mierda. En perpetuar esta especie de juego de hacerse guarradas y desplantes para luego ponerse buena cara y hacer como que no ha pasado nada. Perdona, SÍ ha pasado. Que se quiera ignorar o mirar para otro lado es otra cosa. Si dejas tirado a alguien sin más motivo que el de que te ha dado la puta gana y sin que nadie te haya dejado tirado antes, lo has hecho y punto. Si te has dedicado a ningunear a gente que te ha respetado o incluso admirado, lo has hecho y no hay tonterías que valgan por medio.
Hay ofensas que son imperdonables, pero resultan insoportables cuando ves que los que las cometen ni siquiera tienen la decencia de coger y darte una miserable explicación, aun cuando tú la hayas pedido de una forma explícita. Porque, aunque a esa gente tan madura, tan responsable y con esa intachable superioridad moral para ponerte a caer de un burro les importe una soberana mierda, hacen daño y hacen que tú te preguntes qué leches has podido hacer tan mal para que te traten así. La cosa resulta aún más fuerte y más descaradamente injusta cuando encima has ofrecido de forma más que clarita una vía para dialogar y llegar a saber qué narices ha pasado, o incluso ofreciendo posibilidad de solución. CUANDO NO DEBERÍAS, en realidad, y lo has hecho por intentar no fallar a tu concepto de lealtad hasta el fatídico punto de no retorno. Por querer hacer las cosas bien, pese a tus errores y tus faltas. Porque es la persona que te ha faltado al respeto la que debería haber hecho examen de conciencia y haber hablado contigo. Ya ni hablamos de haberse disculpado (lo mismo resulta hasta mucho pedir, oye). No. Realmente habría sido más necesaria una explicación acerca de a qué han venido los desplantes, los abusos de confianza y las abiertas faltas de respeto.
Explicaciones que no llegan.
Disculpas que ya puedes ir esperando sentado, porque sabes que no vas a recibir en tu puta vida.
Te descojonas de la risa cuando encima esos que se niegan a hablar contigo después de haberse meado en tu confianza o los que se han callado como perros cuando has pedido explicaciones ante un desplante de los gordos encima tienen las narices de llamarte A TI cobarde o inmaduro. Porque es supervaliente callarte cuando te hablan, supermaduro no dar las explicaciones que te piden.



"No te oigo. Rebota, rebota y en tu culo explota".


Nanay, señores. Yo no pienso formar parte de esta mierda. Mi lealtad no es incondicional y, una vez la considero traicionada, más os vale que tengáis una buena explicación para demostrarme que sois gente íntegra y no la gentuza que me habéis demostrado ser. Yo puedo tener uno, mil, los defectos que queráis. Pero todos sabéis que no abandono a un amigo voluntariamente, sin haber sentido que él me ha fallado previamente. Si pensáis lo contrario, os pensáis que cuando tomo una decisión de este tipo lo hago en caliente y sin pensar, o que a mí no me duele hacer estas cosas, pues lo mismo es que no me conocéis tan bien como creíais y no sois la clase de gente que necesito a mi alrededor. No necesito ni justificar cómo me siento cada vez que me toca mandar a tomar por culo a alguien que me ha tomado por el pito del sereno ni creo que haga falta contaros la factura emocional que me pasan estas cosas. Los que me conocéis lo sabéis de sobra, y cada día tengo más claro que si a vosotros hacer estas cosas os resbala, el problema lo tenéis vosotros y no yo.
Dicho lo cual, por lo que a mí respecta, si sois de esos que consideráis que para mí una traición es algo que me tomo de manera exagerada, ya me estáis dejando bien clarito lo que os importa a vosotros una amistad o una relación, así como lo condescendientes que sois con aquellos que tenemos unos valores tirando a sólidos y unas ideas más bien claras. Y también me estáis dejando bien claro que no sois la clase de gente que necesito a mi alrededor. No, no necesito gente que me considera ganado con el que pasar el rato, o con el que contáis única y exclusivamente para lo que os sale de las narices, dándome la patada cuando no conviene. No necesito gente que venga diciéndome que es amiga amiguísima mía para luego no comportarse como lo haría un amigo. Dejándome atrás de formas descaradas a más no poder. Ocultándome cosas. Mintiéndome. Basando la "honestidad" en una colección de reproches y echadas en cara por lo mínimo, pero montando en cólera o callándose si yo digo media palabra. Yo no haría jamás nada de eso con alguien a quien considero un amigo (menos aún a alguien a quien considero especialmente cercano) y lo sabéis.
Matizad lo que os dé la gana.
Poned en entredicho lo que queráis.
Relativizadlo todo.
Quitad importancia.
Mirad para otro lado.
Decid incluso que exagero, dramatizo, o que miento para aliviar vuestras conciencias y negar que vosotros, sí, vosotros, también la cagáis. Eso es muchísimo más fácil y cómodo que asumir que vosotros también hacéis cosas que molestan, por poco que os importe hacerlas o sus consecuencias.
Justificad los dobles raseros y las guarradas que queráis.
Hasta podéis hacer lo que habéis estado haciendo, que es quedaros calladitos como si la cosa no fuera con vosotros. Ya me habéis demostrado que se os da fenomenal eso.
Haced todas esas cosas, si os da la gana. Pero a mí no me volváis a venir con idioteces, ni a cargarme mochuelos que sabéis que no son cosa mía.
Y si todavía no lo habéis pillado, es tarde. Ya sabéis dónde tenéis la puerta; no os deis con ella al salir.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Escupiendo Rabia- ¿Dónde cojones tenéis las putas luces?




Los acontecimientos en nuestro país a lo largo de los últimos días, decía una amiga ayer, deberían ser para que la sociedad empezase a reaccionar ante según qué cosas y, para variar, cambiásemos nuestra actitud de putos paletos trogloditas y empezásemos a tener eso que se llama conciencia. En resumidas cuentas, y aquí ya hablo ya por mí mismo, para que dejemos de comportarnos como una panda de anormales y empecemos a darnos cuenta de que en sociedad lo mínimo es tener un poco de empatía.
Y es aquí cuando me equivoco de pleno y, por desgracia, creo que el pronóstico de mi amiga tampoco es que vaya a ser muy acertado.

Basta que sucedan acontecimientos relativamente mediatizados para que saquemos lo peor de cada uno y, no solo no tomemos conciencia, sino que nos comportemos como auténticos garrulos en una especie de concurso para ver quién suelta la animalada más gorda.
Por un lado, entre las cosas que me he encontrado (esto no cuenta como garrulez, pero sí lo veo como una visión muy limitada de las cosas, por no mencionar una terrible falta de memoria), he podido ver cómo de buenas a primeras la gente (especialmente mujeres, en lo tocante al tema que se ha convertido en la comidilla del personal) dice "Pasar más miedo ahora al volver a casa que hace una o dos décadas". Parece que no nos acordamos, si echamos lo que es la vista atrás, a lo jodido que fue vivir en la España de los 80, con el auge yonki y personajes calcados de Yo, el Vaquilla y Perros Callejeros campando por las calles. Los 90 no fueron mejor; fue la época donde se cargaron, previas torturas de todo tipo, a las niñas de Alcásser, y donde se sufrió toda una oleada de histeria colectiva que seguiría vigente durante más de una década: ya no hablo solo de violadores, sino de asesinos en serie (véanse los famosos casos de los asesinos del rol o el chaval de la Katana). Si queremos meternos en asuntos de violadores, me viene a la mente el famoso caso del Violador del Ensanche (agrediendo a mujeres entre 2005 y 2016, aunque fue en los primeros años donde causó más terror y donde se volvió especialmente mediático. De hecho, hasta que no me he puesto a redactar estas líneas y documentarme un pelín, no tenía ni idea de que había estado reincidiendo hasta hace un par de años), que hizo furor en los medios hasta que, en un momento dado, dejó de ser noticia. Hasta hace unos años, te ponías un programa que echaban por la tarde en la Primera y lo mismo que te contaban las movidas de la alta sociedad, te contaban con bastante lujo de detalles (sin morbo, ¿eh?) la última violación ocurrida en un pueblo de Albacete.
En resumidas cuentas, que igual no estamos ni mejor ni peor que antes; simplemente, es posible que estemos más o menos igual en cuanto a nivel de riesgo, pero la percepción tal vez sea diferente a causa de los medios, que hoy en día son como más intensos a la hora de contarte algo. Y sí, me reitero en que vemos una noticia sobre una agresión y parece que se nos olvidan todas las ocurridas antes.


"No me acuerdo, no"


Pero sigamos con las cosas que he venido leyendo. Otra que no me ha parecido especialmente grave, pero sí significativa la he encontrado por parte de alguien que se preguntaba cómo decirle a sus hijas que debían vivir con miedo el resto de su vida.
Vamos a analizar esto.
Sí es cierto que una mujer cuenta con el riesgo de una agresión sexual y que el hombre (en líneas generales, porque de todo hay) no. Que un atraco puede derivar en un ataque de este tipo, o que a una criatura le pueden echar algo en la bebida, dejarla medio inconsciente y... bueno, ya conocemos el resto de la historia. Hasta ahí, de acuerdo.
Pero permitir o fomentar que la sociedad viva atemorizada es un error. Se empieza por ahí y acabamos agradeciendo ideas como toques de queda, más propios de otros sistemas políticos que hacían que el ciudadano sacrificara su libertad por una sensación de seguridad que igual no se correspondía tanto con la realidad como pudiera parecer. Pensad que hace unos meses, nos dijimos como sociedad que no tendríamos miedo a salir a la calle aun bajo la amenaza de que algún desalmado cogiera un camión y lo estampara contra los transeuntes. O que un puñado de salvajes se liaran a machetazos o a tiros contra inocentes en plena calle.
Recordad que ahí dijimos bien clarito "Yo no tengo miedo".
Aunque hablamos de casos diferentes, para mí la idea de fondo que subyace de todo esto es la misma: estamos hablando de una lucha contra el miedo, de poder vivir nuestras vidas sin que el peligro nos la condicione, porque vamos a ser sensatos: peligro habrá siempre, en mayor o menor medida, a menos que queramos vivir en un eterno estado policial, donde se nos vigile en todo momento (siendo inocentes o no) vaya a ser que nos salgamos del redil un poco más de la cuenta... y ni aun así. No podemos permitirnos esto. No ahora, con todo lo que hemos luchado para tener el modo de vida que tenemos, y con todo lo que nos queda por luchar. Encerrarnos en casa y/o vivir bajo el yugo del miedo no es la solución. Debemos seguir viviendo nuestras vidas y pelear por que esas vidas sean un poquito mejores de lo que son. Cueste el tiempo que cueste. El trabajo o el esfuerzo que cueste. Pero no hacer el juego a aquellos que nos quieren, como sociedad, viviendo asustados.


Porque es mucho más guai que nos digan cuándo y cómo podemos salir a la calle, no sea que nos vaya a pasar algo...


Sigo hablando de cositas que me he encontrado, y aquí viene ya lo chungo y lo peligroso. Ante la famosa sentencia de marras me he encontrado unas dosis bastante razonables (y razonadas) de indignación. Gente que siente que el sistema les ha fallado (y con razón) y que piensan que debe cambiar (de estos me he encontrado menos, pero oye, con más razón que un santo). Hasta aquí, bien. Lo chungo aparece cuando esa indignación avanza un paso más y me encuentro con amenazas. "Ya saldréis", ha manifestado la gente públicamente a los condenados por esta última agresión. "Hemos visto vuestras caras", añaden otros.
Se puede entender la sed de justicia ante una injusticia. Yo el primero, si de a mí hubiera dependido redactar el artículo del código penal que regula esto, a titulo personal os digo que habría encerrado a esos personajes y habría tirado la llave. La cosa es que yo no soy la ley. Ni vosotros tampoco.
Pero una cosa es lo que haría yo, lego en leyes, y otra cosa lo que hace el sistema. Una tercera muy distinta es lo que el sistema debería cambiar, tal y como están postulando otros jueces y algunos políticos que se suman al carr... digooo, que están concienciados con esto. Y sí, debe cambiar, y a lo bestia.
Existe una cuarta cosa que es creerse por encima de la ley cuando uno considera que la ley es injusta. Esa es la justificación del revolucionario de turno, que generalmente ni sabe en qué sistema vive (generalmente pensando que vive en el peor sistema posible, aunque viva en las comodidades del primer mundo) ni se molesta en buscar cambiar las cosas de una forma legítima. Es el revolucionario que se cree que a golpe de grito y alimentando la violencia (aunque sea verbal) arregla las cosas más rápido y puede ir pasando de una injusticia a otra. En plan Castigador.


"Si (a mí me parece) que eres culpable, estás muerto"


Esa gente no piensa que en medios públicos, tales como redes sociales, esas cosas quedan registradas y pueden ser usadas como pruebas ante delitos de amenazas. Tan solo basta con que alguien interponga su debida denuncia en una unidad de delitos informáticos. Y aquí es cuando vendrán las lágrimas de cocodrilo, lloriqueando porque les han metido un purete bueno. Y se dirá que el sistema no funciona, y que es injusto y tal. Que si vivimos en una dictadura, que si detenerte por decir lo que se piensa es de fascistas y las clásicas pataletas de siempre.
Vamos a ser claros, amigos Distópicos: que se haya producido una injusticia o error judicial o lo que sea, en absoluto os justifica a vosotros para poder comportaros como salvajes. Ese sistema del que tanto abjuráis es el mismo sistema que impide que mañana os revienten la cara por la calle si habéis dicho algo por Internet que, sin que lo hayáis previsto, ha sentado mal a cualquier colectivo. Amenazar, por muy noble que sea vuestra causa, es delito. Hacerlo en un medio público, además de ser delito, es una estupidez, porque es como si hubierais firmado la amenaza de vuestro puño y letra, poniendo hasta la fecha. Y aquí no hay prebendas morales, ni justificaciones que valgan: estáis amenazando a otras personas, por muy culpables que sean de lo que hayan hecho, y eso no os exime de lo que habéis hecho.


"Con toa mi polla"


Pero vamos más allá, porque el nivel de vigilantismo del personal está llegando a un punto que empieza a dar miedo. Me encuentro además recetas de cómo preparar esprays de pimienta caseros "para la autodefensa, porque el sistema no nos protege". Y volvemos a lo mismo: el sistema está demostrando que falla, pero vosotros estáis proponiendo salir con armas a la calle. Algo que luego os resulta aberrante cuando lo veis en Estados Unidos (especialmente con las de fuego, se ve que un espray que podría dejarte ciego es menos arma, oye); pero aquí, parece que si tenemos una excusa como "la autodefensa" cambiais vuestro discurso. Hablamos de esprays de pimienta, pero si en lugar de eso se os ocurre llevar navajas encima, lo mismo os parece igual de bien. Así que la solución, según vosotros, es esa. Sin pensar que, gracias a los medios y a las redes sociales, lo que ha venido siendo un caso penal bastante grave, ha desembocado en verdadera histeria colectiva (por favor, no me restreguéis los orígenes machistas del término, que ya me los sé. Uso esto para referirme al "Pánico de masas", si este término está más adecuados a vuestros oídos del s.XXI, donde hay que medir todas y cada una de las palabras que se sueltan) y que puede dar lugar a un montón de "autodefensas" originadas a partir de malentendidos, traducidas en simples y llanas agresiones. Pongo un caso hipotético: yo me pierdo por un barrio y le pregunto una dirección a la primera persona que me encuentre. Esa persona resulta ser una joven que lleva su espray de pimienta casero llevada por el miedo. No llego ni a preguntarle cómo llegar a dónde quiero ir cuando la chica me lanza un chorro de esa cosa y acabo en urgencias. Esta es la clase de cosas a las que nos exponemos, y muchos de vosotros estáis aplaudiéndolas alegremente "por nuestra seguridad".


En medio de un gran aplauso es como mueren las libertades.


Por nuestra seguridad y por proteger a otros estoy viendo cómo estáis cometiendo actos que son abiertamente delictivos, tales como difundir vídeos de agresiones con la expresa idea de "denunciarlos". Parece que no os habéis enterado, o no habéis querido enteraros, de que el único organismo ante el cual puedes denunciar una actividad delictiva es ante las autoridades. Dejaos el rollo de juez, jurado y verdugo, porque no cuela. La última barbaridad que estoy viendo es un vídeo de abusos a menores que la gente está difundiendo indignadísima. Ni siquiera se han puesto a contrastar que el vídeo es antiguo y que el responsable ya está en la cárcel. Tampoco se ha pensado que se está vulnerando la intimidad de una víctima (algo al nivel de coger y subir el vídeo de los Sanfermines con la intención de denunciar a los ya condenados, sin importar que ese vídeo le está jodiendo la vida -aun más- a la víctima). Y nuevamente, estáis poniendo vuestra firmita con vuestra fecha ante cada una de estas burradas que compartís "por la justicia". Porque os pensáis que así salváis el mundo, que así ayudáis a alguien. Que hacéis el Bien. Ni siquiera os da por pensar que lo que estáis haciendo es joder a inocentes, hurgar en el dolor de las víctimas, crear pelotones de linchamiento sobre gente que ya ha tenido que dar explicaciones ante la justicia. Todo porque consideráis que "vuestra" justicia es más que la justicia regente. Y os importa una mierda buscar el modo de que la justicia regente sea más justa o más equitativa. Os da igual pelear el tiempo que sea o esforzaros para que el sistema por fin se adapte a los tiempos que corren. No, lo queréis ya, y rapidito, que hay prisa. 




Pues si queréis que os diga lo que me parece, lo que pienso es que a vosotros la justicia os importa una mierda, os pongáis todo lo dignos que queráis poneros. Vosotros no queréis hacer un mundo más justo ni luchar porque el sistema mejore para todos. Lo único que parece que queréis es buscar alguien a quien atizarle mientras seguís fomentando el miedo. La gente ya está bastante acojonada y vosotros, en lugar de esforzaros por combatir el miedo, lo estáis esparciendo como sífilis en una orgía. Estáis permitiendo, si no alentando, actitudes de guerrilla, de justicieros callejeros. Lo próximo que haréis será organizar pelotones en las calles para apalear al que os parezca sospechoso. Estaréis dando vuestro consentiemiento a grupos que actúan de forma paramilitar para "hacer justicia" y os parecerá bien.
Mañana instauran un toque de queda "por nuestra seguridad" y diréis que es lo mejor que se puede hacer. Total, ya habéis votado por la segregación con esa idiotez del "espacio seguro", demonizando y señalando con el dedo a gente que no ha llegado a hacer nada y santificando a otros solo por pertenecer a tal género o grupo social. Unos, unos demonios y otros unos santos. Exactamente la misma actitud que se tuvo en los Estados Unidos con los negros en los 50, a los que acusaban de ser una raza de... sí: delincuentes y violadores. Estáis cayendo en las mismas mentiras y en las mismas mierdas y no solo os está encantando. La estáis manufacturando, empaquetando y vendiendo. Ya veo merchandising al respecto: camisetas con lemas que incitan al odio o señalan con el dedo a quien no pertenece a la Idea Dominante. Manifiestos agresivos en forma de viñetas, chapitas y demás. Alguien haciendo caja con estas cosas y vosotros comprándolas. Así de genial.

Se habla abiertamente de pelotones de linchamiento y los estáis difundiendo porque así os creéis que "se hace justicia", pero luego sois los más demócratas del planeta. ¿Los yankis? Esos son unos animales que tienen pena de muerte y van con una pistola por la calle, oiga. Nosotros, unos santos, porque buscamos defendernos... Oh, espera. Es el mismo puto argumento.
El mismo puto argumento, que veis con dureza en otros países y aquí justificáis.
Tal y como comentaba en mi post anterior, mañana mismo os proponen la idea de La Purga y os parecerá de puta madre, porque ya consideráis que el sistema no funciona, así que os pondréis vuestra mascarita, os haréis vuestros selfis y saldréis a las calles a cargaros a aquel que no consideráis "limpio".


"¿A quién hay que darle hoy?"


A eso de cada semana o cada dos semanas, os dicen a quién odiar, y vosotros lo hacéis sin preguntar, obedientes como puñeteros corderitos: no hace mucho era a una asesina confesa de un pobre niño. De repente, todos sospechabais de ella y la queríais muerta. Aprovechasteis para sacar toda la mierda que teníais dentro, aludiendo a los orígenes latinoamericanos de la asesina confesa, como si eso importara algo, o como si los nacidos aquí no asesináramos a nadie. Habéis participado en fiestas populares donde se queman muñecos con el nombre y apellidos de la susodicha y os habéis amparado en vuestra "libertad de expresión"... cuando en realidad lo que habéis querido decir es que no habéis cogido a la de verdad porque no os han dejado.
Habéis difundido bulos y mierdas sin contrastar "por si acaso". Habéis acusado a gente inocente de crímenes que no han cometido (hace unas semanas la Unidad de Delitos Informáticos insistió en que no se publicara la foto de un hombre acusado de un crimen porque se había demostrado que no era él, pero la gente a su rollo, señalándolo con el dedo) y os ha dado exactamente igual (un segundo caso de alguien que se hizo un perfil falso en Insta con la foto y el número del ex de su pareja, poniendo que daba palizas por dinero, fue superdifundido por todas partes, con amenazas de muerte incluidas, y la gente lo compartió sin preguntarse de dónde coño había salido ese perfil).
La cosa es: fue un error, ¿vale? Pero de los errores se aprende. ¿Lo habéis hecho? Permitidme que lo dude, porque todavía me están llegando muchos avisos de "Difundid la cara de este hijo de puta para que se sepa quién es". Nuevamente, caéis en lo mismo una y otra vez. Solo para que podáis daros palmaditas en la espalda por lo entregados que estáis a eso de hacer just... qué cojones: a atacar a gente.


Felicidades, genios: vuestra sed de justicia os ha llevado a practicar ese cyberbullying que decís que aborrecéis en las chapitas que os ponéis.


La clase de cosas que me llevan a pensar que a vosotros la justicia os importa una mierda. Ayudar al prójimo os importa una mierda. Hacer las cosas bien os importa una mierda. Lo único que queréis es tener una excusa para volcar vuestro odio y toda la mierda que lleváis dentro sobre el que toque, a modo de entretenimiento. Os indignáis, muchos de vosotros, porque es lo que se espera que hagáis. Alguien simplemente os señala dónde y allá que vais con vuestra furia, vuestros ataques, vuestra agresividad, vuestras amenazas. Vuestra puta ignorancia y vuestra mala leche de rebaño condensada. Lo único que queréis es tener a alguien a quien odiar. Felicidades, le habéis dado la razón a George Orwell con aquello de los Dos Minutos de Odio. Y es que ni os preguntáis por qué os quieren dirigir, por qué os quieren atemorizar. Por qué os buscan un enemigo cada semana. No os lo preguntáis porque da la impresión de que vosotros mismos sois los que pedís alguien a quien darle de hostias. Sois vosotros los que estáis pidiendo a gritos que os pongan un yugo, que se meen en vuestras libertades, que os ninguneen vuestros derechos individuales y que os vendan un futuro que no vale una puta mierda.
Sois vosotros los que estáis pidiendo y contribuyendo al nacimiento de una sociedad totalitaria. Felicidades, porque os está saliendo de puta madre.


"¡TOMAAAAA! ¡OLE MI COÑO PELÚO!"


Quizás es que os habéis pensado que eso de "buscar justicia" (lo entrecomillo porque esto para mí no es justicia, es una puta pantomima que esconde la necesidad de un linchamiento a razón de dos al mes o así), si lo hacéis muchos, vuestros actos os hacen menos responsables. Que eso de tener una buena causa ("¡Por la justicia!") os pone por encima del bien y del mal y que tenéis derecho a pisotear a inocentes, culpables y a cualquiera que se os ponga en vuestro camino para llevarla a cabo. Os meáis en los derechos fundamentales de todo acusado o detenido y dictáis vuestra propia sentencia sin tener ni pajolera de leyes, o de los detalles de los casos que no han trascendido a la luz pública. Pero qué cojones, lo único que sabéis de los juicios es lo que os cuentan los telediarios, aunque sean capaces de manipular toda noticia que se les ponga a tiro con tal de condicionar al personal. Mañana podéis ser vosotros los que acabeis en la picota popular y aun así os la sigue sudando. Os la suda porque os sentís Moralmente Superiores y vuestros actos, por agresivos, antisociales o guiados por la absoluta ignorancia, están plenamente justificados hagáis lo que hagáis. Jodáis a quien jodáis.
Y vuelvo a repetirlo, hacéis todo esto poniendo vuestra firmita digital en ello. Os meáis en la dignidad de los demás, reconocida en nuestra Constitución, amparándoos en un derecho a la libertad de expresión que no contempla ni injurias, ni amenazas.
Os habéis criado en una democracia y se os llena la boca con ella, pero al mismo tiempo apoyáis el vigilantismo, os cagáis en la presunción de inocencia dictando sentencias antes de que se celebren juicios; apoyáis la violencia popular contra alguien que consideráis persona non grata. Amenazáis a aquellos que no siguen Vuestro Santo Credo (o el de Vuestros Santos Cojones, que viene a ser lo mismo). Usáis vuestros derechos para negar los de los demás. Os inventáis derechos que ni siquiera tenéis. Seríais capaces de sacrificar vuestra libertad como individuos o incluso vuestra intimidad (o peor aún, las de otros y sin su permiso) con tal de que aquellos que consideráis "sospechosos" sean detenidos. Os la sopla todo y encima lo ponéis en un medio público para que se sepa que habéis sido vosotros los que lo habéis dicho.
Y yo me pregunto: ¿Dónde cojones tenéis las putas luces?

sábado, 28 de abril de 2018

Escupiendo Rabia- Sobre justificar auténticas burradas y otras cosas igualmente preciosas





A veces suceden cosas que nos resultan espantosas. Creo que no necesitáis que os dé detalles acerca de lo que hablo. No cuando vemos la indignación popular, las manifestaciones, la rabia (bastante justificada, por cierto) y lo que vienen siendo cosas que nos parecen terriblemente injustas. Más allá de entrar en detalles acerca de un caso del que no tengo todos los datos (ni tampoco soy abogado), hablaré de esto desde otro ángulo. El ángulo de lo que considero que somos, como sociedad, y cómo tratamos este tipo de cosas, en general. Antes de que nadie se me eche las manos a la cabeza, me veo obligado a explicar según qué puntos antes de empezar. Sé que no debería, pero hay mucho imbécil suelto que se cree psiquiatra y quiero dejar las cosas claritas ante todo.

1) No justifico NADA. De hecho, si aguantáis leyendo esto hasta el final, veréis que precisamente denuncio las justificaciones.
2) En movidas así, una vez he visto ya una condena firme (la cual no comparto personalmente), aunque respete la ley, me posiciono con la víctima. Antes de la condena prefería no hablar, porque lo suyo es dejar que los profesionales de la justicia actúen. Porque para eso ellos son profesionales y yo no.
3) El hecho de que yo no esté de acuerdo con la sentencia no significa NADA. Solo significa que no me parece bien que gente que lleva a cabo según qué cosas (insisto, gente ya declarada culpable ante un tribunal) no reciba una pena mayor, independientemente de las razones que se han hallado para reducir su pena. Con lo cual, yo puedo decir misa, pero realmente no tiene trascendencia.
4) Creo que mi postura de PUTO ASCO ante el concepto de machito alfa, movidas como violencia, humillaciones, abusos de cualquier tipo y demás queda sobradamente patente no solo aquí, sino en cualquier otro texto que haya escrito previamente. Si no lo pilláis o pensáis que apoyo ese tipo de salvajadas, os invito a que os metáis en un curso de comprensión lectora antes de dar el coñazo a un servidor.
5) Que haga un alegato en contra de destituir a los que han dictado una sentencia no quiere decir que esté de acuerdo con ella, ni que me parezca bien cómo tenemos concebido el código penal ni cualquier pensamiento remotamente semejante. Simplemente digo que no creo que sea esa la manera de hacer las cosas.
6) Si pese a esta declaración de intenciones alguno de vosotros sigue pensando que estoy defendiendo, justificando o poniéndome de parte de un sistema de mierda, ya no hablamos de una materia de opinión. Estaréis poniendo palabras en mi boca de forma deliberada y tergiversando lo que digo para hacer un juicio de valor acerca de mi persona, como si me conocierais, como si tuvierais vuestro título de psiquiatra o como si tuvierais el más mínimo derecho a ello. Si sois de ese palo, desde aquí os digo que os vayáis a tomar por culo, porque eso es lo que hace un hijo de la grandísima puta. Y sí, esto último sería un juicio de valor, pero vosotros habríais empezado. Haberos metido la lengua en el culo en su momento.

Dicho esto, empezamos:

Somos una sociedad que busca culpables. No importa tanto encontrar la raíz de un problema y buscar el modo de atajarlo como dar con una cabeza que ruede, aunque ello implique que el problema se perpetúe una y otra vez. Es posible incluso que tengamos una percepción algo distorsionada de las cosas y realmente no busquemos soluciones, sino apaciguar nuestras iras, nuestras frustraciones, nuestra rabia contenida día a día.
Quizás es por eso que, cuando el sistema no nos satisface, no buscamos tanto cambiarlo como buscar un chivo expiatorio. Quizás eso nos permite, en nuestro fuero interno, sentirnos como justicieros o como héroes del momento, con la implicación justa o con la responsabilidad medida con cuentagotas. Nos sumamos a la masa, al pelotón de fusilamiento y apretamos el gatillo, pero ninguno de nosotros está seguro de cuál ha sido el balazo que mata al ajusticiado. "Habrá sido otro", decimos, "pero se ha hecho justicia y es lo que importa", añadimos. Mañana nuevas injusticias se cometerán y allí estaremos para ahorcar a quien consideremos necesario. Por culpables no me refiero tanto a los ya condenados (desde mi visión de lego en leyes, más culpables no los puedo ver), sino a aquellos que los han procesado.


"¿Quién vigila a los vigilantes?"


Con los hechos más recientes que he estado viendo es un poco así. Hemos visto una condena que nos ha parecido aberrante (y podemos decir que lo es), pero ni siquiera nos hemos parado a pensar que esa condena viene de un código que debe ser revisado y reformado acorde a los tiempos que vivimos, donde las sensibilidades hacia cierto tipo de actos son (o deberían ser) mayores. No, en lugar de eso hemos tomado las horcas y hemos cargado contra los que han aplicado la ley. Una ley injusta, pero aplicada tal cual. No, en nuestra mayoría no nos hemos planteado cambiar las leyes... principalmente porque ni las conocíamos. Ni nos hemos molestado, muchos de nosotros, en saber por qué se ha llegado a esa resolución que, insisto, es aberrante. Pero la cuestión es: ¿nos hemos planteado por qué se ha llegado a una solución así de aberrante?

Ante esta pregunta, muchos empezarán a hacer lo que se suele hacer en estos casos, y lo que llevo ya hablando un buen rato: buscar un culpable. La ley la redactó fulanito, con su mentalidad de no sé qué y por eso deberían hacerle no sé qué, no sé cuántos. La ley responde a no sé qué, y ese no sé qué debería ser erradicado de la faz de la tierra. Demasiados no sé cuántos que, al parecer, tienen que pagar... pero nadie (o casi nadie, claro), que yo sepa, parece plantearse una vía diferente: ¿Y si pasamos de todos esos no sé cuántos y, con las experiencias vividas, decimos "No, nada de rodar cabezas. Vamos a arreglar las cosas de una puñetera vez"? ¿De qué sirve inhabilitar a quienes aplican la ley si mañana, con esa ley aun vigente, se volverán a repetir estas aberraciones? ¿Es acaso nuestro concepto de lo que es justo tan limitado que, en cuanto que vemos algo que no funciona, matamos al mensajero y nos quedamos ahí?


Algunos ya es que son más jueces que Dredd.


Es algo curioso: vivimos en una época extraña, en la que todo el mundo afirma hacer reflexiones intelectuales, donde se ve mucho más allá de lo evidente (a veces, con una creatividad que roza lo psicotrópico), pero al final, la mayor parte de esas reflexiones acaban enfocándose en direcciones muy similares. Con matices, con mayor moderación o extremismo, la mayoría de los dedos señalan a la misma dirección, aunque intenten convencernos de que hablan desde el libre pensamiento. Pasa el tiempo y las voces discordantes se acallan y empiezan a limarse, hasta el punto de que da la impresión de que tienen miedo a hablar una vez sus palabras no coinciden con las del pensamiento dominante. Dicho de otro modo, aunque se pueda estar de acuerdo en el fondo, parece que si no se suscribe al 100% un sistema completo de creencias, se forma parte de una ideología repugnante que debe ser exterminada a cualquier precio.


Estas ansias de linchamiento disfrazadas de justicia me hacen pensar que cualquier día vamos a acabar votando por burradas tipo La Purga y nos van a parecer de puta madre. Es decir, algo que es abiertamente aberrante, pero lo abrazamos simplemente porque nos suena bien y porque nos da cierto permiso para "desfogar".


Y eso es lo verdaderamente peligroso.
Cada vez que veo una campaña por la justicia social, os juro que siento miedo. No porque la idea de fondo que se defienda sea noble o deje de serlo, o porque no la comparta. Estoy plenamente convencido de que los fines que se persiguen, en la mayor parte de casos, suelen ser nobles o, al menos, aquellos que los persiguen creen estar haciendo algo bueno. Hasta aquí, bien. Pero lo que me da miedo es la filosofía reinante de pensar que el fin justifica los medios. De creernos que si algo está mal, tenemos perfecta licencia para pisotearlo y destruirlo. De que todos aquellos que no estén de acuerdo con esa ideología de "Si las leyes son injustas, lo justo es saltarse las leyes" (en lugar de "Si las leyes son injustas, luchemos por cambiarlas, aunque así nos lleve una vida entera", que es algo como que cansa un poco más); de "Si alguien no está de acuerdo, o tiene una forma de ver las cosas diferente, debemos aplastarlo" (en lugar de "Si alguien no está de acuerdo y creemos que se equivoca, mostrémosle lo que creemos que es cierto para que su forma de pensar cambie... si es que realmente debe ser cambiada").


Ya con la idea de revolución se nos va un poco la pinza. Ser revolucionario no consiste necesariamente en liarte a hostias ni en liarla parda. Simplemente puede ser luchar por cambiar aquello que consideras que debe cambiarse. A veces este tipo de revoluciones llevan años, pero oye, también cambian las cosas.
Eso sí, no son tan fáciles ni tan molonamente guais de cara a la galería.
Hacen menos ruido y se ven menos.
Pero, ¿cuál es el objetivo? ¿Arreglar lo que está mal o que se sepa que hemos sido nosotros?


Al mismo tiempo, hemos caído en la contradicción de que absolutamente todo debe ser respetable. Usamos este argumento especialmente cuando nuestra opinión es la que está en entredicho, pero lo más curioso es que resulta que no todas lo son, lo he dicho mil veces: la opinión de un ignorante, por muy opinión que sea, no puede estar a la misma altura de la persona que sí sabe de lo que habla. La opinión de un extremista, por muy opinión que sea, no puede ponerse al nivel de respeto de una persona que no lo es. Parece que no nos hemos dado cuenta de que, si toleramos a los intolerantes, les damos manga ancha para que pisoteen cualquier forma de pensamiento que no sea la suya.
Si lo pensamos bien, puede que gracias a eso, estén ganando y cada día las opiniones sean más extremas, más beligerantes y más agresivas. Ya no consiste en que uno milite o deje de militar en un partido político, o que profese tal forma de pensar; ahora, si no te dedicas a cagarte en los muertos del que consideras "el enemigo" no eres un Verdadero Creyente y los que son "de los tuyos" hasta parecen mirarte con recelo. Algo así como una especie de concurso de a ver quién la tiene más grande (la ideología, claro), pero que en el fondo no supone absolutamente NADA.

No eres mejor defensor de algo solo por ser más agresivo.
No estás más concienciado por gritar más fuerte.
No eres mejor persona por querer erradicar a sangre y fuego a cualquiera que no agache la cabeza ante tus sacrosantos ideales.


"Exterminar. Exterminar. Exterminar".


Y con esto, quiero dejar claro que puedo entender la rabia, el malestar y el asco que se siente ante una injusticia. Yo soy el primero en sentirme así. Pero creo que en momentos de total indignación es cuando no podemos dejarnos llevar y debemos mantener la cabeza bien fría para encontrar soluciones. Para poner fin de una vez por todas a esas cosas que consideramos injustas, o que nos parecen abiertamente lacras para el mundo en que vivimos. Eso es algo perfectamente normal e incluso legítimo. Sin entrar en pormenores legales o valoraciones personales hacia tal o cual, quiero limitarme a lo que entendemos por lo que es justo (creo que todos sabemos lo que es) y lo que es legal (cosa de la cual no siempre somos del todo conscientes). No sirve de nada hacer rodar las cabezas de aquellos que se limitan a ejecutar leyes injustas porque, repito, mañana otros las ejecutarán igualmente. Los pelotones de linchamiento estaban muy bien en la Edad Media, cuando lo que había era una masa iletrada que lo único que quería era sangre por sangre y ya está. Hoy en día, se supone (insisto en el se supone) que hemos evolucionado un poquito y que tenemos un sistema que, pese a no ser el mejor (de hecho, tiendo a pensar que nuestro sistema penal es una blandurriez de tres pares), sí tiene opción de ser reformado. No es algo que resulte fácil, pero al menos sí respondería a una necesidad social. Sí sería efectivo, o al menos sería más efectivo que pedir la destitución de aquellos que han aplicado una sentencia aberrante. No: la sentencia es aberrante porque el código es aberrante. Pues entonces lo suyo es cambiar el código.


"Hay una anomalía en la Matriz".


Quizás pasa también que el código ha venido reflejando nuestra sociedad. Ante casos extremos sí es verdad que parecemos entrar en razón y nos damos cuenta de que como sociedad se nos va la mano en los juicios de valor, pero... vamos a verlo de esta manera: ¿Cuántas veces hemos oído, por parte de hombres y mujeres, que una chica es una fulana por vestir de tal o cual manera? ¿Por tener iniciativa sexual? ¿Por no ser "lo que se espera"? Con el corazón en la mano, decidme cuántas veces habéis escuchado por parte de gente (a veces sorprendentemente joven) decir que no les extraña que violen a una chica a causa de la vestimenta que lleva. Yo no sé vosotros, pero por desgracia, yo lo he oído más veces de las que me gustaría. Lo mismo que he oído llamar a una chica "guarrilla" (casi como sinónimo de "mujer") o decir, de forma muy despectiva, que se bajaría las bragas ante cualquiera, como si eso fuera materia de discusión por parte de la audiencia.
Por desgracia, si el código es así, es porque una buena parte de la sociedad ha venido pensando hasta ahora que una mujer, más que víctima, es materia de juicio haga lo que haga, o le pase lo que le pase. Y sí, poco a poco estamos cambiando, pero no creo que sea suficiente. A día de hoy, sigo escuchando términos como "lagarta" y derivados; sigo oyendo conversaciones allá por donde voy acusando a las mujeres de provocar o de usar su sexualidad para conseguir sus fines. Y no es algo que oiga una vez cada cuarenta mil años. Es algo asquerosamente habitual.


Y ya sin entrar en la cantidad de gente (mujeres jóvenes incluidas) que piensan que es perfectamente normal que una mujer sea controlada por su pareja, o soportar salidas de tono tales como manipulaciones, chantajes emocionales, insultos, amenazas o (ya en el culmen de todo este repertorio de preciosidades) agresiones físicas.
Que podemos decir que no, pero hemos criticado muchas novelas "románticas" que hablan de esto como sinónimo de amor... pero se han vendido como churros.
No nos engañemos: no venden ninguna imagen ni ningún ideal. Simplemente responden a algo que ya estaba en la sociedad y lo reflejan.


Esa actitud que la sociedad ha tenido con las mujeres (y me refiero a la sociedad entera; al haberme criado y trabajado básicamente entre mujeres, he podido ver que la crueldad que las mujeres gastan entre sí no es algo que sea como para ignorarlo) igual no justifica ni aplaude abusos de cualquier tipo... pero sí es cierto que, en mayor o menor medida acaba juzgando a la víctima cuando estos se producen. Con cosas del tipo "No se lo merecía, pero sí era verdad que se lo iba buscando" o el famoso "Si yo no voy por un barrio marginal contando billetes de 50 pavos, siendo tía no me meto en un fiestón enseñando carne". Y nos hemos quedado tan panchos, porque nos ha parecido LO NORMAL.

Esta es una especie de fascinación por criminalizar a las víctimas que, de forma indirecta (o no tanto), justifica a los culpables. Y no nos engañemos, esto no es solo algo que vemos en los tribunales. Nos puede parecer asqueroso ver cómo se juzga a una víctima en un caso como este (y lo es), pero... No es algo nuevo ni estrictamente limitado al mundo judicial. Quizás los tribunales deberían dar ejemplo, sí... pero al final, acaban por reflejar lo que, en un nivel tristemente alto, somos como sociedad. Es algo así como cuando en el colegio nos robaban hasta los apuntes y cuando se lo decías a un profesor te soltaba que también era culpa tuya por dejarte robar. Y dices tú, ¿PERDONA? ¿Qué cojones es eso de que nos dejamos robar? Se pongan como se pongan, ese es el argumento que defiende el matonismo y que otorga al delincuente una especie de "derecho" (que no se tiene) a delinquir. Es prácticamente el mismo principio que nos hemos encontrado en el código penal en este caso: que, si te dejas, el crimen parece menos crimen.
Y NO.
Un crimen es un crimen, y punto.
Pero la cuestión es que, en mayor o menor medida, la sociedad ha dado su consentimiento a esa idea, y de vez en cuando tienen que pasar barbaridades para que digamos "Ah, hostia, pues no". El ladronzuelo de barrio del que todo el mundo decía "Él también tiene que ganarse la vida" cuando la policía le echaba el guante pasa a ser un monstruo el día en que un día se le va la mano y le pega una puñalada en el corazón a alguien. Los matones de colegio hacen "cosas de críos" hasta que un día su víctima se suicida. Y es quizás el hecho de que hemos normalizado la delincuencia, el abuso y la crueldad hasta tal punto que nos parecen "lo que hay". Es solo cuando se trazan ciertas líneas que nos parecen insoportables cuando reaccionamos pero, hasta entonces, estamos anestesiados.