Hará cosa de unos diez años (joder, cómo pasa el tiempo, ahora que lo pienso) había un fulano de origen nipón en mi facultad que llamaba la atención, no tanto por su origen sino por sus pintas y su forma de actuar. Le había dado por el heavy metal e iba, no exagero, chasqueando los dedos con un reproductor portátil y haciendo coreografías de lo más variopintas por los pasillos de la facultad con su kit de heavilon: su camiseta de los Maiden, sus melenas, sus gafas de sol a lo Ozzy Osbourne y, si la memoria no me falla, llevaba hasta un gorrito. Una vez me lo crucé e iba conmigo un sujeto de mi clase, que aseguraba conocerlo de vista de otro sitio.
—Sí, ahora va así —explicó —, pero el año pasado le había dado por Michael Jackson. Tal cual lo ves, pero cambiando la música.
Comentándolo unos días después con un amigo que había estado en contacto con unos cuantos japoneses, me contó que esto era algo relativamente frecuente: al parecer, en las tierras de Doraemon hay como una especie de obsesión constante por pertenecer a tal o cual grupo social, tribu urbana o lo que sea. No sé si éste era el caso concreto de este chico, pero lo cierto es que encajaba a la perfección con ese patrón. El caso es que pasan los años y veo que eso que podía ser una puta rareza hace diez años (no lo de ir de heavy, que eso es algo que llevamos viendo toda la puta vida, sino lo de ir montando el cirio al extremo con tal de demostrar que perteneces a tal subestrato urbano y cambiar de afiliación en cuestión de apenas unos meses) cada día se parece normalizar más. A cada día que pasa, la gente se "niponiza" en el sentido de que por cojones tiene que identificarse con una etiqueta, pertenecer a algo, a una tribu, a un colectivo, a un lo-que-coño-sea.
"Píntate el pelo azuulll... despiértame a las nueve pooor favooor..."
Esta obsesión se ha traspasado, si nos fijamos, a cualquier entorno cultural: si le pegas a los tebeos te llaman "comiquero", pero ojo: que si lo que te gustan son los tebeos paridos en el país de las Sailormúns, ya te llaman "otaku" (eso si los de la RAE no adoptan el término y lo ponen como "otacu", considerando la subnormalesca fobia que le tienen a la grafía K, claro). Si te dejas las barbas y vistes como un puto informático ahora pasas a ser lumbersexual. Si a eso añades unas gafas de pasta y te cortas el pelo en una peluquería de moda (ahora las llaman barber's, que como que mola más) pasas a ser hipster. No digamos si cafeteas en un Estarbacs o te compras discos de vinilo. Todos etiquetados, tasados, con su codiguito de barras y catalogados en cualquier sección, dispuestos a la venta (social) y al comercio (de imagen o pertenencia a un grupo). Porque ahora hay que definirse en lugar de autodeterminarse. Porque hay que llevar una pegatina, chapita o etiqueta que te diga a dónde perteneces, en lugar de encontrar tu puto sitio como te salga de los putos cojones, sin que tenga que haber una puta comunidad (llámese X) que te dé el visto bueno o te diga que perteneces a ellos (o que les perteneces).
"¡Lee comic europeo, será pringao!"
Con el caso de las series, tres cuartos de lo mismo. Algo que, si lo pensamos, no es de extrañar; tal y como señala uno de mis gurús espirituales (habitual mencionado en este blog), las series de televisión se han convertido en el nuevo divertimento de las masas "aburguesadas" (entrecomillo esto porque el término, en una época donde el aburguesamiento brilla por su ausencia y andamos todos más tiesos que la picha de Nacho Vidal en mitad de un rodaje, no deja de resultar irónico): ahora el objeto de cualquier tertulia o de cualquier reunión que se precie es comentar cómo se va desarrollando la línea argumental de tal o cual serie, o comentar el último capítulo visto delante de una taza de té o de café. Cuando el material de conversación llega a un público aun mayor (y sigo citando a mi gurú), encontramos que el tono de la conversación trasciende a asuntos más banales; en lugar de atender a contenidos básicos sobre trama o trasfondo (es decir, lo que es el contenido puro y duro), a menudo los debates pasan a tratar sobre los elementos más morbosos (cuál es la muerte más hardcore, o quién se folla a quién). En cualquier caso, podemos decir que es cuando el interés sobre una serie permanece vivo.
Trasladándonos al ciberespacio, donde la mierda no huele pero abunda, nos encontramos que los cafés y los salones se han convertido en foros o muros, donde el personal larga a sus anchas lo último visto.
La evolución del tertulianismo.
"Pues yo creo que Sansa Stark le comería la pelusa a la Khaleesi en un momento dado"
"Coincido".
El problema de esto no es que haya debate o tertulianismo en sí, mucho menos que lo haya en el mundo virtual. Son cosas relativamente normales, que demuestran que la gente todavía tiene un cierto interés por socializar, más allá del clásico debate árido sobre política o de la gilipollez de moda, sobre la que todo el mundo opina pero de la que casi nadie tiene ni puta idea. Como he indicado arriba, es algo perfectamente sano e implica interés. No, el problema es algo más profundo: me refiero a la democratización de la opinión y al auge de la subnormalidad supina que viene potenciada a lo largo de los últimos años en una gran parte de los entornos de opinión. Y el tema de las series, me temo, no escapa a esto.
Empiezo a explicarlo en detalle: cuando varias personas, ya sea en un cara a cara o en el mundo virtual, empiezan a debatir, existen reglas. Reglas no escritas, pero que implican una especie de cooperación entre ambos hablantes. Reglas, por supuesto, sociales, que suponen un mínimo de respeto hacia la persona que se tiene delante o hacia aquellos que puedan estar presentes. No hablo de autocensura, como ya he comentado otras veces, sino de tener un mínimo de consideración. En el momento en que, como comentaba Umberto Eco no hace mucho, se da carta blanca a que cualquier imbécil sin educación alguna (no confundir con estudios, una cosa no tiene nada que ver con la otra) pueda acceder a un entorno más o menos público, este principio de cooperación entre hablantes se difumina hasta el punto de perderse. Y es aquí cuando surgen los reyes del spoiler.
"¡QUE VIEEEEENEEEEENN!"
Vamos definiendo un poco esto: por spoiler, en principio, se entiende toda información relevante acerca de la trama de una historia (ya sea literaria, en formato audiovisual o lo que sea) lanzada de antemano, antes de que una tercera persona haya tenido acceso a ella. Esto probablemente existe desde que el mundo es mundo y, por lo general, ha sido más o menos evitable a menos que se haya hecho de forma errónea. Por ejemplo, cuando una persona A daba por hecho que una persona B había leído o visto el material en cuestión y comente dicho hecho relevante sin querer. Lo que podríamos entender un spoiler accidental.
El segundo tipo de spoiler es el spoiler entre colegas, asumido por ambas partes y que implica una cooperación: es el que te suelta un amigo cuando tú le dices que en realidad no te importa que te cuente el final de una peli porque no tienes mucho interés en verla (o abiertamente, porque te parece tal mierda que ni te vas a molestar en darle una oportunidad). La persona con la que hablas, a petición tuya, te cuenta el final y tú ya valoras si luego vas a ver lo que vas a ver o no. En el mundo virtual, la gente con educación habla sobre lo que ha visto y demás, pero con el detalle de añadir un SPOILER ALERT antes del spoiler en cuestión, e incluso añadiendo varias líneas por medio para que cualquiera que pase por delante no se lo chupe a traición.
Es lo que entendemos por tener miramientos con los demás.
Sin embargo, el tercer tipo de spoiler es el que no tiene perdón de los dioses, antiguos, nuevos o lo que sea. Son los que escupen los Reyes del Spoiler, auténticos expertos en creerse graciosos y ser una panda de mongolos que tienen la gracia en el culo. Hablo de esos personajes que, en esa obsesión por ser más que los demás se tienen que tragar la serie antes que nadie... pero no porque sean muy fans y les puedan las ansias de verla (eso nos puede pasar a todos en un momento dado), NO. Me refiero a esos que ven la serie para andar spoileándola en público, sin avisar, a lo bestia. Los que ya no se contentan con revelarte hasta el último detalle de lo que están viendo para que todo el mundo sea consciente de que están viendo algo antes que nadie. Son tan geniales que tienen que hacer capturas de pantalla y memes a tiempo real para que todo el mundo vea el momento más relevante en apenas media hora de emisión, para que todo el puto planeta sepa que la están viendo. Porque aquí no consiste en disfrutar con una serie y comentarla con los colegas, ya nos podemos ir olvidando: aquí lo que mola es ser el primero, en verla antes que los demás, demostrar que tienes la picha más gorda que el prójimo y en pretender ser el más ingenioso, plantando la cacho foto con el chiste a todo bicho viviente que pase por ahí. Sin avisar, sin vaselina, por putos cojones y desde la más total y absoluta falta de respeto hacia los demás.
"Que te den".
Estos son esa clase de seres que consideran que por tener la primicia en ver algo ya tienen derecho a reventárselo al personal LO PIDA O NO. Son aquellos que, sin venir a cuento, como he visto en el blog de algún conocido que ya me he negado en volver a leer, te plantan el final de una saga literaria que todavía no has tenido ocasión de leer... porque el susodicho se ha pillado el último libro en inglés recién salido del horno y tú vas un par de años por detrás. Te puede reventar el final de la saga y el de algún libro anterior. Sin preguntarte por dónde vas leyendo o si tienes intención de terminarte dicha saga, te suelta que ya has tenido tiempo para terminártela, de modo que considera lícito llevar a cabo ese tipo de prácticas. Lo que viene siendo, en fino, decirte "Te jodes".
Hasta tal punto llega la movida que ha habido días en que no puedes entrar en ninguna red social porque la falta de respeto del personal se hace global. En lugar de ver avisos de spoiler (lo que debería ser de un mínimo de educación si el personal quiere hablar de algo que acaba de salir), lo que te encuentras es un puto campo de minas. Gente que parece que tiene que comentar lo que ha visto o le revienta la vena del pedo. Gente que tiene que andar dando su puta opinión sobre ese final de temporada que es apoteósico. Gente que lo planta en mayúsculas, bien grande, en cualquier estado. Gente que, no contenta con eso, te planta una foto, sin importarle un coño que los demás lo hayan visto. Hasta tal punto llega el talibanismo y la falta de respeto (mezcla genial) que la excusa es "pues haberlo visto en el estreno (como he hecho yo)", como si así ya se estuviera libre de culpa por esa falta de respeto. Como si el resto de los pobres mortales tuvieran que andar dando explicaciones acerca de cuándo o cómo (el terreno de la VOSE, ESE terreno) ven una serie. Como si hubiera que adaptarse a las costumbres dictatoriales del spoileador de turno.
"Si no queréis spoilers, la veis cuando yo diga".
En un mundo donde la empatía parece estar siendo reemplazada por la tecnología, vemos que el personal hace lo que sea por ver una serie en su noche de estreno (lo cual es de respeto), pero a partir de ahí le importa un coño eso de convertirse en una puta bocina que se dedique a vociferar lo que está viendo minuto a minuto. Llegando a un cansinismo extremo, en el caso de hacerlo en muros públicos, donde los puede ver cualquiera. Sin importarles que lo mismo están condicionando la opinión de aquellos que los están leyendo en el mejor de los casos, y en el peor, jodiéndoles lo que querían ver.
Eso da igual, al parecer, porque aquí los reyes del spoiler son los primeros. Los más rápidos en hacer el chiste. Los que tienen el privilegio de sentar cátedra los primeros.
Esto se traduce, como no podía ser menos, en un desprecio hacia los demás. Hacia espectadores o incluso hacia series. Comentaba una amiga que llegó a ver cómo desde la prensa se reventaba el final de una serie concreta solo porque el autor del artículo consideraba que era una serie "menor" (o, dicho de un modo menos fino, una "serie de mierda porque no engancha a tanta gente como las de moda"); en resumidas cuentas, que consideraba lícito coger y destripar públicamente el final. Sus espectadores, pues que se jodan. ¿A quién cojones se le ocurre seguir semejante mierda, por los clavos de Cristo? Porque ahora lo que hay que seguir es Jugo de Coños, Freaking Mad, The Walkman Dez o su puta madre. Y no basta con verlas: hay que verlas MÁS Y MEJOR que nadie. Que si se filtra un capítulo antes del estreno, todos los colgaos corriendo a verla y comentarla en las dos horas que esté eso filtrado por ahí, jodiendo a quien haya que joder. Porque aquí hay que andar demostrando lo fan que es uno las putas veinticuatro horas del día.
"Pedazo fin de temporada, joder... Voy a tuitearlo ahora mismo"
Personalmente creo que esto de pertenecer a un grupo o un fandom se nos está yendo de las manos. Todos somos fans de algo; todos hablamos de algo entre colegas. Todos hablamos de tal o cual final en según qué círculos. Eso entra dentro de lo normal. Hacer esta clase de cosas, de cara a la galería, con el afán de querer ir impresionando (y jodiendo) al personal demuestra una obsesión terrible por querer destacar. Ese afán competitivo por ver una (puta) serie está rozando lo patológico, tíos, y más que otra cosa lo que está produciendo es una impresionante voluntad por estampar zapatillas de esparto contra los morros del primer cretino que se crea gracioso. Porque tengo noticias, tíos: no tenéis gracia y, de tenerla, la tenéis en el puto culo, justo por donde sale la mierda. No sois mejores personas por andar soltando chistes antes que nadie. No moláis más por ir soltando vuestra puta opinión sobre cada puto minuto del último capítulo de una finale cuando nadie os la ha pedido. No tenéis el respeto que pedís cuando vosotros mismos os meáis en el respeto hacia los demás al plantificar vuestros análisis a traición, sin avisar, delante de todo el mundo. Os pongáis como os pongáis, no sois dignos de tenerlo.
Y es que en esto pasa como en todo: disfrutar de las cosas y comentarlas entre amigos (insisto) es respetable. Es sano. Es incluso productivo. Sin embargo, en el momento en que las cosas no se disfrutan y se convierten en una competición, donde impera la tiranía del que más chilla; cuando el personal se siente con el derecho inalienable a faltar el respeto a los demás; cuando se siente con la obligación de demostrar su pertenencia a un grupo... Es entonces cuando el disfrute deja de ser sano y la actividad de ocio se convierte en algo enfermizo. Es en momentos como esos cuando la gente empieza a saturarse de tal bombardeo informativo y deja de sentir interés por series que antes le gustaban. Y no porque sean "malos fans", como dirían estos extremistas. Es porque por culpa de éstos han aburrido a la gente que no hace "una forma de vida" de una actividad de ocio.
"¡Callarzus ya! ¡Cansinos! ¡Palizas! ¡Coñazos!"
Así pues, venga: id cogiendo vuestras chapitas.
Definid vuestras vidas en base al grupo al que pertenecéis.
Definid vuestra existencia en torno a la serie que seguís.
Losties.
Losties.
Whovians.
Fannibals.
Trekkies.
Ministéricos.
Tronistas.
Lo que sea, eso no importa siempre y cuando no lo llevéis al extremo para demostrar que merecéis dicho nombre.
Así pues, vamos. Convertid vuestras existencias en una competición por ver quién es más fan de algo, el disfrute es secundario. Alardead de una proeza tan grande como haber pillado un capítulo y usadlo como baluarte para perder el respeto. Para sentiros superiores. Para así perpetuar la pertenencia a ese colectivo al que parecéis deber vuestra vida misma.
Adelante, reyes.
Seguid spoileando, que en vuestro derecho estáis.








2 comentarios:
Algo así empecé a olerme hace ya muchos años cuando recibí uno de esos correos que circulaban en cadena (sí, hablamos de la era pre-facebook) que evaluaba el nivel de frikismo. Todo el grupo se picó, a ver quien sacaba más puntos y nos echamos unas risas. Quien más quien menos habrá visto alguno de esos.
Sin embargo a mi me mosqueó, puesto que al final parecía traducirse en un "Quien se gasta más dinero en cosas frikis?". Es decir, si has ido a ver diez veces el Señor de los Anillos al Cine eres mucho más friki que si solo has ido una vez pero has disfrutado los libros como un bellaco; si te compras todas las ediciones de coleccionista de Juego de Tornos, los calendarios y la espada oficial de Jaime Lannister eres mucho más friki que si puedes disfrutar las novelas y paladear cada capítulo durante semanas, apreciando sus diferentes matices...
Así están las cosas, el mercado es lo que define quien y qué eres: eres más heavy si vistes como un maniquí de tienda, más deportista si sales a hacer running con toda la ropa de marca y no a correr con una camiseta vieja y sudable.
Ahora, los raros que quedan fuera de los grupos mayoritarios de población ya no son frikis, bien porque no les atrae lo mismo que a la mayoría, bién porque no tienen dinero para comprar el título. Vuelven a ser los raros, ese grupo heterogéneo que éramos antes de que el Mercado empoderase el colectivo friki y lo abserbiera a base de camisetas de Batman en Springfield y juegos de rol en Big Bang Theory.
Más razón que un santo, Kuranes. Creo que das muy en el clavo con tu comentario a la hora de decir que eso del "frikismo" (algo que se ha puesto de moda, cuando antes era algo más bien marginal) se ha convertido en una especie de competición donde el personal se pica a ver quién se gasta más pasta en un hobby con intención de impresionar a los demás. Que todo se ha convertido en una especie de mercantilismo barato, donde ahora todo el mundo parece formar parte de una comunidad (aunque sea algo tan sencillo como salir a correr por las mañanas) en la que haya una especie de estética predefinida resulta ser la orden del día.
Es como si entre todos hubiésemos hecho una franquicia de nuestras aficiones y nos permitiésemos el lujo de excluir a los que no "dan la talla"...
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