sábado, 26 de octubre de 2013

Escupiendo Rabia- Proscrito, o Días sin gilipollas



Como habéis visto, llevo bastante calmado a lo largo de las últimas semanas y, personalmente, quiero que las cosas sigan así. No deja de ser un poco curioso, por tanto, que este artículo aparezca en la sección más combativa del blog, pero no se me ocurría mejor sitio donde ubicarlo.
Sí, llevo ya una temporada bastante tranquilo y no sin esfuerzo: los que habéis tenido un cierto trato conmigo sabéis que he tenido que soportar muchas idioteces últimamente, hasta que me he hartado y reventado. No, amigos Distópicos, mucho me temo que no ha habido influencias externas; nadie me ha presionado ni ha influido para que me acabe hartando de escuchar las idioteces de nadie. Creo para que uno se harte de leer y escuchar payasadas solo necesita dos cosas: muchos payasos y que la paciencia se agote. Eso es lo que me ha pasado a mí. Y no, antes de que empecéis con lo de siempre, no voy a dar nombres: las personas a las que me estoy refiriendo saben perfectamente quiénes son y por qué me he hartado de sus tonterías. El objetivo de este artículo, como imagino que ya empezaréis a deducir, no es una queja ni una pataleta ni nada que se parezca. Es más bien una observación acerca de lo que supone echar a según qué gente de tu vida.

Más curioso es ese argumento  que he mencionado arriba acerca de actuar por medio de influencias de terceras personas cuando, de la gente que se supone que me rodeo, precisamente es gente con la que últimamente tengo poco contacto. Bien gente con la que me he dejado de hablar por diversos motivos que no mencionaré aquí (pero, conociéndome, ya sabéis que yo no rompo relaciones con nadie a la ligera, sino que son el fruto de un poso de anécdotas desagradables), gente de la que me he distanciado porque están tomando actitudes con las que yo no caso del todo (actitudes que no entro a juzgar, simplemente no comulgo con ellas) o gente con la que he tenido mis más y mis menos. En definitiva, por mí podéis creeros lo que os salga del culo, pero ya sabéis que eso del apoyo incondicional y lo de dejarme influenciar por tal y por cual es algo que se me da mal. Preguntad por ahí, no valgo para ello y desafío a quien sea a que busque un solo argumento mío en que defiendo hacer la pelota o alabar a yo no se quién, sin considerar que esa persona se haya ganado mis respetos. Y ya me conocéis, o conocéis mi reputación: para ganarse mi respeto hace falta sudar sangre.

¡Metafóricamente! ¡Quería decir metafóricamente!


Supongo que por esto puede decirse que estoy recorriendo el camino del proscrito, y oiga, viendo el plan que se respira aquí, a mucha honra: como he mencionado arriba, las últimas semanas han sido la gota que ha colmado el vaso. Han sido muchas, muchas idioteces que he tenido que oír, tanto a nivel profesional como a nivel personal: gente ya con canas en la entrepierna, puteándose vivos como putos niños de guarderia. Indirectas, insinuaciones, amenazas veladas y todo un cúmulo de gilipolleces que ni mi estómago ni mi tensión arterial iban a soportar mucho tiempo. Ver cómo unos cuantos que te rodean encima parecían quererte solo esperando que le concedieras algún tipo de favor no es que haya paliado mucho las cosas.
Ya lo dije en el famoso artículo aquel que recibió tropecientas visitas y que prácticamente nadie tuvo cojones de comentar: esta situación me da mucho asco, porque a mí no me han educado para ser un rastrero y, mucho menos, para traicionar a la gente que tengo cerca por cuatro duros, por hacerme una foto con nosecuántos o para (ya lo he dicho mil veces) ver mi nombre en un librito puesto en la estantería de una librería.

Sí, han sido un par de semanas duras, teniendo que soportar demasiadas estupideces de demasiada gente y la paciencia se agota, pequeñuelos. No todo el mundo está hecho para poner buena cara al primer desgraciao que se te pone por delante y que "desde el cariño" se caga en tu puta madre. No a la cara, claro, espera a que te des media vuelta para coger y contárselo a algún amigo. De esta clase de cosas que te enteras con el tiempo y que, con la cabeza fría, resulta que no te sorprenden. Porque no deja de ser curioso que cuando te relacionas con tal persona o personas, no tengan ni una palabra buena para nadie. Ni una. Muy soberbios somos al pensar que sí las tengan para nosotros, como si fuésemos especiales o mejores; de eso nada, nosotros también somos carne de despotrique, con la salvedad de que estando delante no van a soltar ni media.

Es por eso y no por otra cosa por lo que uno se acaba hartando. No, no es el típico calentón que pensáis que me ha podido dar; no es una neura ni que me haya levantado con mal pie... sencillamente es el producto ya de varios años escuchando idioteces y viéndome pringado en las guerras de otros. Viendo cómo hay gente que no me ha dirigido la palabra en su miserable vida y que no se atrevían a hacerlo, no por lo que yo pueda decir por esta boquita que los dioses me han dado (y de la cual, me temo, soy más que responsable), sino por la gente con la que me rodeo, como si yo tuviera que comulgar con el credo el tío que tengo al lado. Como si por irme de cañas con nosequién (algo menos frecuente de lo que muchos se creen, por cierto), ya estuviese de acuerdo al cien por cien con lo que dice. Como si esa etiqueta de "amigo" no me hubiera granjeado más de una o más de dos discusiones con esa persona. Como si, en no pocas ocasiones (buscad por ahí, pequeños desmemoriados) no hubiese dicho ya por activa y por pasiva que yo las batallas que libro son las mías propias y que a mí que nadie me meta en sus guerras ni en las mierdas que tenga con nadie.
Si de verdad os habéis creído que soy EXACTAMENTE igual que toda persona con la que me rodeo, en serio, tenéis que ir a hacer que os miren eso, porque sois vosotros los que tenéis un problema del tamaño de una catedral y yo no.

Dicho de un modo más clarito: el que asimilaba el ADN de todo bicho viviente con el que entraba en contacto era el bicho que salía en La Cosa, ¿vale?


A lo largo de estas semanas, como iba diciendo, he tenido que echar de mi vida a patadas a un montón de gente por diversos motivos. Gente que en mi vida ya no era en absoluto necesaria... no porque su presencia me aportase algo desde el punto de vista de la conveniencia (los que me conocéis sabéis que no soy así; a los que no y lo hayáis pensado, que os follen, qué queréis que os diga), sino porque es gente que me estaba resultando molesta. Incómoda. Gente que lo único que estaba trayendo a mi vida era un cabreo detrás de otro y tener que esforzarme el doble en las clases de yoga para no querer reventarle la crisma al primer imbécil de todos estos que se me cruzase por la calle. La clase de cosas que te hacen pensar en la actitud que estás tomando a la hora de afrontar cosas que tienen más bien poca importancia, o mejor dicho, la clase de cosas que provienen de gente que en realidad tienen poca importancia. ¿Que yo no sé quién, que ha publicado no sé qué cosa, ha dicho algo? Bueno, pues muy bien, ¿y esa persona en mi vida quién es, aparte de un señor que ha escrito algo? Lo piensas objetivamente y te das cuenta de que no es amigo (un amigo no dice esas cosas), ni familiar ni nadie cuyo criterio deba importarte un huevo. Con lo cual, esa persona, dicho desde la honestidad, sobra.
¿Que llega otro desgraciado y no deja de molestar a la gente a la que quieres y te rodea? ¿Que ese mismo desgraciado, que encima se cree que eres tonto y no te enteras de lo que hace, va de amigo tuyo? Pues a la puta calle con todos los gastos pagados. Porque bastantes problemas tiene uno ya en esta vida como para buscarse más con gente que en realidad no son más que ladillas: es decir, bichos insignificantes, similares a gusanitos, que lo único que hacen es pegarse a ti y tocarte los cojones.

No, no tiene uno ya ni edad ni ganas para tal despliegue de mamarrachadas. Para escuchar las llantinas de gente que en realidad no tiene ni derecho a llorarte, porque les va incluso mejor que a ti (y cuando pueden, te lo restriegan por la cara). Para escuchar cómo algún llorica un día sale diciendo que alguien le ha hecho pupa y pidiendo amiguitos y al día siguiente riéndose de los que hacen lo mismo que ha estado haciendo él. De ver cómo uno putea a otro, a su familia, a sus amigos, y en menos de veinticuatro horas comerse los caldos con su víctima como si no hubiera pasado nada. Y te lo tienes que creer. Qué cojones, te tiene que parecer hasta bien e incluso tienes que participar aquí del mamoneo, que no es la primera vez en que se me ha medio forzado a bailar al son de unos o de atacar a otros, que a mí ni me han hecho nada, ni a nadie que realmente me importe.
Pues va a ser que conmigo no contéis. Como ya he comentado, yo tengo ya bastantes problemas en mi vida y bastante gente ya en mi contra (y hablo de mi vida personal, que no me venga ningún maestrillo de poca monta a decirme que esto es una percecpión mía de redes sociales ni chuflas New Age, que le digo por dónde se puede ir largando y a dónde) como para tener que buscarme a unos cuantos más. Soy masoca, pero no tanto. Y no, tampoco voy a dedicarme a hacer una lista de lo mal que va mi vida, porque:

a) Sé que no me va tan tan mal como a veces creo.
b) Tengo tendencia a agradecer lo bueno que recibo
c) Para quejarse y lloriquear acerca de lo malo malísimo que es el mundo y decir lo víctima que es uno, hay gente mucho más capacitada y con mucha más experiencia en eso de hacer de Reinona del Drama que un servidor.

De hecho y volviendo al tema, si os fijáis, ya poco o ningún contacto tengo realmente con el mundo escritoril: hace casi seis meses que no envío nada a ninguna editorial (y algunos de vosotros que trabajáis para editoriales lo podéis comprobar si queréis), porque cada vez me interesa menos formar parte de esto. Ahora mismo mi objetivo es hacer lo que hago, que es producir: dibujar, cuando me apetece dibujar o escribir alguna chorrada como la que estáis leyendo ahora mismo, o mis cuentos o cualquier otra cosa que me llene personalmente. Admitámoslo: no me vais a echar de menos, y desde luego yo tampoco a vosotros. A vosotros no os gusta que yo os diga a la cara lo que pienso y a mí no me hace ni puta gracia que las digáis a mis espaldas. Así que seguiré con mis historias y mis proyectos porque los llevo en las tripas... pero nada de esa chorrada de "Todo lo que escriba debe ser compartido con el mundo y puesto en una librería". Prueba de ello es que en mi lista de amigos ya prácticamente no quedan contactos con editoriales (salvando una, que me agregó hace poco y todavía no me ha dado motivos para largarla) y, de la gente de este mundillo, los que se han quedado son la gente a la que considero colegas, es decir: la gente con la que me suelo escribir con relativa frecuencia y con quienes la conversación es algo más que hablar de libros.

"Vale, sí, estás buena... ¿Pero te gusta leer, moza?"
"Pues no mucho"
"Entonces eres escoria. Basura. Un desperdicio de carne"


Porque a ver si nos enteramos, literatos y otros coyotes: no todo en esta vida es hablar de libros, por mucho que mole. No somos mejores personas por leer más (ojalá) y mucho menos por escribir vete tú a saber qué. El que más vende no me parece mejor que aquel que menos, y viceversa. Eso no va ni con la cultura, ni con la habilidad escribiendo ni con el índice de ventas ni pollas en vinagre, a ver si nos dejamos ya de rollos y de juicios absurdos.
Yo mismo tengo amigos (algunos se cuentan incluso entre los mejores) que apenas leen y no por ello me siento superior a nadie, o considero que no pueda tener conversación alguna con ellos. Todo lo contrario, me enriquecen porque me enseñan puntos de vista que yo no veo desde mi visión del mundo. No son ni dignos de mi desprecio ni hacen que mi ego aumente al sentirme en un Olimpo. Partiendo de ese principio, yo no tengo "Amigos Escritores" propiamente dichos; lo que tengo son amigos que, da la puta casualidad, comparten conmigo la afición de la escritura. Si de verdad tengo que explicaros la diferencia entre una cosa y la otra, me temo que no estáis leyendo el artículo adecuado.

Por esto, supongo que entenderéis mi actitud y mis cabreos de estos días, amiguetes Distópicos. No es que tenga la obligación de justificarme o de daros explicaciones; muchos de los que me han mandado a tomar por culo lo han hecho sin explicarse siquiera, y yo no creo que tenga por qué ser diferente. Esto es más bien una forma de hacer catarsis, o bien de observar que este tipo de cosas, en realidad no es difícil solucionarlas. Consiste en coger y mandar a tomar por donde amargan los pepinos a la gente que en realidad no es más que una piedra en el zapato.
Me pongo a pensarlo y me doy cuenta de lo imbécil que he sido al no haberlo hecho antes.
Damas y caballeros a los que va dirigido este post y que han sido, en mayor o menor medida responsables de amargarme un par de semanas que, por todo lo demás, han sido estupendas: que os follen a todos.

2 comentarios:

KaTya dijo...

Pues no puedo decir otra cosa mas que me alegro mucho por tí. Yo no suelo coger berrinches ni medio amargarme cuando alguien me hace la puñeta, la verdad es que suelo echar a la gente de mi vida como quien se aparta moscas, aunque esta habilidad se adquiere con la edad y sobre todo con los palos que te llevas.
Pero si, tienes mas razon que un santo, no merece la pena mosquearse por cuertas cosas, ni bailar al son de la musica de otros. Soy conformista y cedo bastante pero hasta cierto punto. Y sobre el tema escritoril, bueno ya muchos saben mi postura, ni somos dioses ni mendigos, ni tos putas ni señores; yo hago mi trabajo como quiero y las modas, las fulanitas y los "yo soy" me los paso por donde ya sabes.
Y si hay que hacer una hoguera, pues se hace.

Rumbo a la Distopía dijo...

Es justo eso. Yo he llegado a un punto en que mi paciencia se ha demostrado que no es infinita y me he cansado de aguantar las idioteces de nadie. Y no será porque no he venido avisándolo desde hace tiempo...