martes, 3 de julio de 2012

Escupiendo Rabia- No podemos ganar



En días como hoy, me acuerdo de mis años de la carrera. De aquellos tiempos en los que uno estudiaba lo que le gustaba y descubría, gracias a la historia, que no somos una especie tan evolucionada. Que, pese a los siglos, no hemos avanzado tanto. En muchos aspectos, salvando quizás el tecnológico y el sanitario, seguimos siendo los mismos. Seguimos siendo una sociedad enferma y miedosa, y las noticias de esta última semana no hacen más que confirmármelo.

En días como hoy me acuerdo de los Puritanos. Aquellos derivados de los protestantes que vivieron en la Inglaterra del s.XVI y XVII. Aquellos amiguetes que decían que debíamos vivir temerosos de Dios. Que la gente de a pie no podía cantar ni bailar, sino vivir rezando, trabajando y esperando que el Altísimo, el día que se fuesen para el otro barrio, tuviese en Su Gracia permitir la entrada al fulano de a pie en el Reino de los Cielos. Ese curioso colectivo que, en su ejercicio de tolerancia hacia otras formas de pensamiento, se dedicó a hacer presión para que los teatros fuesen cerrados a causa de su inmoralidad. Gente que veía demonios y adoradores de Satán en cada esquina. Lascivia en cada sonrisa. Blasfemia en cada palabra que no entendiesen.

Quedaos con las palabras "Temerosos de Dios" y con su concepto.
Trasladaos ahora al s.XXI y cambiad a Dios por la Crisis, y mantened el concepto.
Es ahora cuando veréis que no hemos cambiado tanto.

Lejos de iniciar una discusión teológica acerca de la existencia o no de una entidad superior que vigila/rige a la Humanidad y a su destino, lo que sí sabemos que existe es el miedo, lo que hace ambas cosas comparables. En el Renacimiento inglés era el miedo a que la vida eterna fuese en el Cielo o en el Infierno; hoy en día, el miedo es a que nuestra vida sea decente o una puta mierda.
Y sin embargo, pese a unos cuatrocientos años o así, vemos que el fanatismo está ahí, en cada esquina. Vemos al enemigo en cada rostro y amenazas en cada palabra.
Seguimos con miedo y ese miedo está cegando nuestras mentes.

"¡Arrepentíos, pecadores, porque el Fin está Cerca! ¡Abandonad vuestra vida de pecado, fornicación y placer y entregaos al Señor para así vivir la Vida Eterna en el Paraíso!
¡ALELUYA!"


El caso viene a colación de las cosas que me he ido encontrando con eso de que la selección española de fútbol fuese campeona de Europa por tercera vez (y por segunda consecutiva, con un torneo mundial por medio). Tras años siendo los losers oficiales de medio planeta, con nuestro consabido lema de "Merecíamos ganar, pero no nos ha ido bien", hemos pasado a coger al equipo nacional y ponerlo en la picota.
Hemos puesto en la picota a todo aquel que se ha alegrado de que el equipo se haya apuntado un triunfo que ha pasado a la Historia. (no somos nosotros, literalmente, pero no olvidemos que representan a nuestro país, de ahí que digamos que "hemos" ganado. Creo que el concepto de representación es tan claro como cuando decimos que "hemos" aceptado tal cosa en las Naciones Unidas o que "hemos" invadido Irak. Hemos hecho esas cosas como país, nos guste o no, pero formamos parte de un país que las ha hecho. Y si nuestra selección gana en representación nuestra, eso es lo que hay)

Los que seguís este blog sabéis que no soy muy amigo de los fenómenos de masas. Ni siquiera soy un gran seguidor de la liga nacional.
Y sin embargo me veo inclinado a defender cosas que por lo general me dan igual, ¿por qué? Porque estoy viendo un ejercicio de demagogia y oportunismo ante todo esto que me está revolviendo las tripas. Estoy viendo un despliegue de desprecio e incoherencia que me está dejando muerto.
Y parece ser que por cojones me tiene que parecer bien.

Volviendo al tema de arriba, y un poco a lo que engloba el título de este post, en este puto país no se puede ganar. Cuando perdemos, como apuntaba un amigo hace unas horas, porque pagamos una pasta a los jugadores que luego no sudan la camiseta. Ahora ganamos y, ¿nos parece bien?
Pues no.
Porque como hay gente que lo está pasando mal, ahora toca poner al que gana en el patíbulo y decir que es un hijo de puta porque gana mucho dinero y el hijo del currito está sin un duro.
No suelo ser amigo de las primas muchimillonarias de los deportistas, no nos engañemos, con lo cual, antes de que el rebelde de turno cargue las tintas contra un servidor, le recuerdo que en ese aspecto estamos más o menos de acuerdo.
Lo que me toca los cojones de todo esto es el desprecio total y absoluto por gente que son deportistas de élite, y ya no hablo sólo del fútbol.
Parece ser que en este puto país hemos pasado de creernos el culo del mundo deportísticamente hablando a pensar que cualquier subnormal puede convertirse en una medalla de oro o en un campeón mundial, y que su sueldo "por pegarle patadas a un balón" está injustificado.
Quizás esté injustificado el exceso, por supuesto, pero me parece una defensa jodidamente pobre decir que un tío que se ha pasado unos pocos de años entrenando como un cabrón, para correr UNA PUTA HORA Y MEDIA como un gamo sea "no hacer nada".
Y quien dice correr una hora y media, dice estar jugando al tenis durante tres o cuatro horas, a hostia limpia con una raqueta.
Joder, somos ahora la puta raza superior y cualquier español, de estos de los que paras por la calle, puede hacerlo, según se extrapola de las cosas que he estado escuchando o leyendo.
Pues a mí no se me caen los anillos para decir que yo no tengo cojones de mantener ese ritmo. Nunca he sido un gran deportista (fui corredor durante un tiempo, pero una cosa normalita) ni me ha entusiasmado ver los deportes... pero JAMÁS me habréis oído despreciar la labor de un profesional.
Ya puestos, creo que tampoco me habréis oído despreciar la labor de un deportista amateur.
Quizás porque no soy como muchos de esos intelectuales de pose, que consideran que el deporte es para descerebrados y mongolos que no saben hacer ni la O con un canuto. Quizás es porque tengo los huevos de sentir respeto hacia alguien que hace algo que yo soy incapaz de conseguir.

Tampoco toco la guitarra como el señor Malmsteen; no me gusta especialmente su forma de tocar, pero no por ello voy a decir ni que sea un mierda ni que vive tocándose los cojones.
Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

Esta clase de actitudes, dejan clara nuestra mentalidad coherente de cojones: éramos unos perdedores y nos jodía ir con la cabeza gacha; ganamos y también está mal.

Y como no podemos ganar, nos empezamos a sacar mil excusas para tocar los huevos a los que sí se han alegrado. A los que sí se han sentido respetados por un equipo nacional (ya no sólo hablo de la selección: hablo del señor Nadal, de las selecciones de Waterpolo o Gimnasia Rítmica y de cualquier deportista de élite que ha considerado que, además de la pasta, representar al país y ganar un trofeo es un puto orgullo).
A esa gente, desde el pódium del intelectual o del guerrillero urbano, se la ha puesto a caer de un burro, simplemente porque se han alegrado.

Se les ha acusado de rebaño, de ciegos, de gilipollas.
Porque en este puto país tenemos la tendencia bipolar a pensar que si te alegras por una cosa, te olvidas de las demás. La cojonuda tendencia a pensar que somos mononeuronales o, como dice mi madre, que somos como el culo y sólo valemos para una cosa (para follar o para cagar, pero es complicado hacer las dos cosas a la vez).
Porque si yo me alegro de que haya ganado la selección nacional ahora resulta que es que todo lo demás me importa una puta mierda. Que sólo vivo por y para el fútbol. Que soy un ignorante que no sabe leer otra cosa que no sea el Marca, el As o cualquier otra publicación en la que salgan Cristiano Ronaldo o Messi en primera plana. Así, sin término medio. Sin transición.
Todo por putos cojones.

Esos mismos son los que piden respeto para sí mismos, porque oiga, hoy en día es duro ser una persona concienciada, intelectual y hasta culta. Es muy duro ser los únicos de este puto mundo que estamos interesados por la subida de las facturas, las folladas que nos pega el Gobierno (o la Unión Europea, ya puestos, o incluso las Agencias de Especulación).
Es muy fácil decir eso si no se escucha a los demás.

Puede que ese rebaño no esté tan ultrainformado como muchos de vosotros, amiguitos, pero no por ello merecen vuestro desprecio. No si tenéis costumbre de hacer labores como ir a la compra y escucháis las conversaciones en la cola del supermercado (yo hago ambas cosas a diario): la gente es consciente de lo que está pasando, o al menos de lo jodidos que estamos. Puede que no tengan todos los detalles, porque igual no son tan listísimos como vosotros. Puede que no se pasen las veinticuatro horas del día leyendo a Tolstoi y debatiendo sobre la insoportable levedad del ser, pero sí que leen las facturas cuando les llegan al buzón... y saben que nos la están metiendo doblada.
Si en vez de coger el cochecito subís al transporte público os daréis cuenta de que las señoras (y señores, que ya hay de todo) de la cola del súper no son los únicos en piar: la gente habla, la gente comenta y, lo que es más importante, la gente empieza a tener cierta noción de lo que está pasando.
Otra cosa es que se muevan y que actúen, pero eso no lo hace nadie: ni ellos desde el sofá ni vosotros desde vuestro púlpito. Y los que se mueven... seamos serios, los que se mueven son rápidamente tildados de perroflautas y de anarquistas.

Y a ver si nos enteramos: he ido a algunas manifestaciones, pero eso no me ha obligado a ir A TODAS.
Pero el que vaya no quiere decir que automáticamente me convierta en un fulano de esta guisa o que vaya por la vida incendiando papeleras.
Pero claro, el que no vaya tampoco me convierte en un súbdito del sistema.
Os recuerdo que el "O estás conmigo o estás contra mí" lo inventó Stalin. Y no se caracterizaba precisamente por ser un demócrata.


Y es que aquí vemos lo que nos sale de los cojones. Somos expertos en sacar las cosas de quicio y en mezclar churras con merinas, quedando de paso más guapos que un San Luis.
Pongo el polémico caso de la muerte del bombero que ha perdido la vida durante la extinción de un incendio. Se que me vais a odiar muchos por sacar este tema, porque muchos podéis ser de por la zona y este tipo de catástrofes hieren las sensibilidades. Eso lo entiendo.
Lo que no puedo entender es usar la imagen de alguien que ha perdido la vida de un modo heroico (nadie puede decir lo contrario: si intentas apagar un fuego para salvar la vida de los demás, o un bosque, y mueres, eres un héroe) como baluarte para manifestar el desprecio por la selección, con frases como "Este es un héroe de verdad (¿es necesaria semejante obviedad?) y no cobra primas como los futbolistas".
Quizás muchos veáis que esta es una reivindicación justa.
Muchos podéis pensar que es una forma de agitar la conciencia de la gente que no ha sido consciente de la catástrofe que ha azotado la Comunidad Valenciana.

Yo lo digo y lo diré siempre: el fin JAMÁS puede justificar los medios, y para mí, usar la imagen de una persona que ha muerto valientemente como mártir para despreciar los logros de otros me resulta aberrante.
¿Que un bombero no cobra primas millonarias? Joder, menudo descubrimiento. Tampoco las cobran los conductores de ambulancias, ni los policías (a los que muchos insisten en llamar sistemáticamente y sin excepciones "hijos de puta"), ni siquiera los militares.
Cada día hay gente que se levanta para currar, ganarse un sueldo honradamente, perdiendo incluso la vida en ello (lamentablemente, este no es el primer bombero que ha muerto en acto de servicio) y nadie los ha usado para decir "tú sí que vales y no los mierdas esos que pegan patadas a un balón".
Porque aquí todo tiene que ir al mismo nivel, sin términos paralelos o independientes. Todo tiene que ir a la misma escala, bajo el mismo rasero, al mismo nivel.

Y sin embargo, tenemos a un señor como Julián Muñoz, famoso por haber robado lo más grande a un ayuntamiento y la gente le aclama públicamente cada vez que va a declarar al juzgado. Como una puta estrella de rock.
Ese tío también es un héroe, por lo que se ve, y no ha salvado a nadie. No ha representado a nadie ganando trofeo alguno. No parece haberse esforzado por conseguir nada, a menos que hablemos de haber pillado pasta y vivido a todo tren hasta que le han pillado con los pantacas por los tobillos.
Por favor, que alguien me explique esto, que yo no lo entiendo.


"Eh, que llevar bolsas de basura llenas de billetas también requiere su esfuerzo"
Gracias, Julián. Sabíamos que nos darías una explicación convincente.


En resumen, y antes de que más de uno empiece a lanzar piedras, lo digo claramente: un bombero ES un héroe y eso NO se niega. Precisamente por eso, no empañemos la labor del cuerpo (y de muchos otros cuerpos que arriesgan su vida día a día: Protección Civil, Cruz Roja, ambulancias, médicos, policías) en usarlos como arma arrojadiza, como argumento, para putear a la gente que despreciamos. No caigamos tan bajo, por favor.

Pero es que hay más. El oportunismo para el puteo ha llegado a cotas de lo más absurdas.
Véase el caso de los Republicanos apretados, o lo que a mí me gusta llamar "Republicanos por moda".
Antes de que algunos amigos seguidores de la tricolor empiecen a rechinar los dientes, digo que estas próximas líneas no van para ellos, sino para Los Otros, los que se creen que todo lo que no sea seguir SU criterio es de fascistas, nazis e hijos de puta en general. No: hay una diferencia entre creer que una República es un buen sistema de gobierno (lo que me parece respetable) y pensar que cualquier cosa vale para sacar el temita a relucir, e ir por ahí en plan "¡Qué guai soy, mira cómo me cago en el Rey!"
El caso más ridículo de esto ha sido cuando he visto que algunos listos han cogido el lema de "No hay dos sin tres" de la Eurocopa y lo han aplicado para manifestar su deseo por una tercera república. Ni entro ya en lo gracioso que es su dibujito de una corona tirada a la basura (luego piden respeto para ellos), como si la república consistiera única y exclusivamente en mandar a un rey a tomar por culo.
Politizar el deporte todavía más, y a base de subirse al carro de un acontecimiento a nivel nacional, y sacando las cosas de contexto. Eso es ética.

Así ha pasado con el tema de los acontecimientos masivos, que también se han sacado de contexto. Ahora todo es por comparación: si la gente ha salido a la calle para celebrar algo que no ha pasado en la puta vida (ni a nosotros ni a nadie, la victoria que hemos obtenido ha sido estadísticamente histórica), resulta que automáticamente se tiene que comparar con las manifestaciones por el paro. Porque si no, ya no molamos. Ya no nos importa nada.
Porque parece ser que el ÚNICO modo de protestar en este país es manifestándose, a ser posible rodeado de montones de amiguitos. No en las urnas, echando del poder a quien ha hecho una gestión penosa (no, nosotros somos más de votar a la oposición, aunque no tenga programa claro). Nosotros ponemos a los hijos de puta al poder y luego, donde dije digo, dije Diego. Pancartita, a la calle, y a revolucionar el mundo.
Y partiendo de esa base (que oiga, siempre digo y diré que me parece tan válida como cualquier otra que sea legal, pero no por ello la única ni la obligatoria), parece ser que si la gente está harta de protestar y decide salir a la calle a tener algo por lo que alegrarse, para variar, está mal.
Eso es señal de que somos un país de charanga y pandereta, de que somos unos flojos, unos ignorantes y demás.
Pues mira qué bien.

Dicho de otro modo: según en España, o somos ultra-intelectuales, como el personaje que tenemos aquí...
O somos de éstos, de los que (al parecer) no piensan en nada que no sea un balón.
Porque un tío que está concienciado o que va de intelectual por la vida no puede desbarrar.
Jamás.
En la puta vida.
Son como los elfos y los orcos, razas distintas.



A esa gente le pregunto qué habría pasado entonces si hubiésemos perdido.
Tal vez me responderían diciendo que era lo que nos merecíamos. Porque el español, según parece, tiene que asumir la suerte del perdedor. Tenemos que ir por la vida pensando que somos unos desgraciados; jamás podemos alegrarnos por nada, porque de hacerlo quedamos como un rebaño de ignorantes. Porque hay crisis, señores. Porque hay gente en el mundo que lo pasa mal, dentro de nuestras fronteras y más allá de ellas. Por eso celebrar cualquier cosa, desde una Eurocopa, hasta fin de año, pasando por nuestros cumpleaños y demás fiestas de guardar, es de malas personas. De insolidarios. De ignorantes. De hijos de puta.
Señores, que sepáis que a partir de ahora ya no podemos irnos de farra, porque hay crisis. Ni siquiera gastando lo mínimo, porque seremos insolidarios con la gente que lo pasa mal... como si por tomarnos un puto mojito ahora nos convirtiese en los magos del derroche. Ya no podemos ni soltar chistes, ni reírnos, porque como hay crisis tenemos que estar concienciados, vivir encabronados y estar todo el día de mala leche. Tampoco podremos disfrutar con una buena (o mala) peli o con una novela, porque caeremos en el borreguismo, igual que la gente que ve el fútbol y (según parece) pasa de todo: lo que tenemos que hacer es estar constantemente informados de lo que está pasando, aunque luego no hagamos una mierda y nuestro plan sea que el vecino de al lado sea el que nos arregle el país.
Porque así es como salvaremos el mundo.

No hay comentarios: