Hoy quiero empezar este post con una fábula que vi en la tele cuando era pequeño. En esa época en la que, si bien empezaban a despuntar los dibujos animados japoneses (rebautizados por las últimas generaciones como anime, como si el formato de animación se hubiese inventado exclusivamente en Japón, o como si todo lo que no viniese de las tierras niponas no fuese animación), no ocupaban la mayor parte de la oferta televisiva para los niños.
Hablo de una época en la que encontrabas dibujos animados de todas las épocas (al fin y al cabo, la transición había pasado no hacía tanto y nuestras fronteras seguían abriéndose) y todas las nacionalidades. No era raro encontrar historias procedentes de Argentina o Checoslovaquia.
Intente eso hoy en día, en la llamada "era global".
El caso es que, precisamente, uno de esas series variopintas consistía en narrar las fábulas de Esopo, en capítulos más bien cortos (apenas dos minutos). No había hostias, no había rayos de luz, ni tampoco había ratas horteras que repetían su nombre mil veces, por si el espectador era lo bastante gilipollas como para no haberse enterado de cómo coño se llamaba.
Una de esas fábulas era la conocida como El Cuervo y la Zorra.
Esta historia cuenta cómo un día un cuervo se encontraba sobre la rama de un árbol, celebrando que había conseguido llevarse un queso de una aldea o granja cercana. El ave, a duras penas, había logrado llevar su trofeo en el pico y allí estaba, tan ricamente, dispuesto a comérselo.
Justo entonces, apareció una zorra (entiéndase esto como simbolismo y personificación de la astucia; esta serie es de antes de la demagógica década de 2000, donde A TODO se le sacan asociaciones que no son y donde los colectivos de ultrafeministas radicales, tan beligerantes e intolerantes como los machistas, solo que sin una pirula entre las patas, se dedican a protestar contra cualquier cosa que vean en la tele) que se dirigió al pájaro.
- ¿Qué ven mis ojos?- dijo la zorra- ¡Si tengo delante de mí un magnífico cuervo!
Éste, por supuesto, no respondió, ya que tenía el pico ocupado por el queso.
- ¿Sabes lo que he oído de aves tan gallardas como vosotras?
El cuervo meneó la cabeza, en sentido negativo.
- De vosotros cuentan maravillas: dicen que no existe vuelo más elegante que el vuestro y que toda la naturaleza se rinde ante vosotros cada vez que batís vuestras alas. Dicen asímismo que no hay ave más inteligente ni más sabia que esas regias criaturas de plumaje negro como la noche. Y dicen también que vuestro es el más hermoso de los cantos, por encima de la melodía del ruiseñor y mucho más que el gorjeo de cualquier otro ave.
El pájaro elevó la cabeza, con orgullo, acompañado de un suave batir de sus alas.
- Ya que he tenido la enorme suerte- prosiguió la zorra-... ¡Qué digo suerte! ¡El honor! Ya que he sido bendecida con el honor de encontrarme con un cuervo, me permito la osadía de pediros que, antes de que separemos nuestro camino y no volvamos a vernos, me alegréis el día con vuestro canto. ¿Sería eso posible, Maese Cuervo?
A estas alturas, el ave ya estaba tan henchido de orgullo que, sin pensárselo dos veces, abrió el pico para lanzar lo que comúnmente conocemos como el graznido propio de un cuervo. Al hacerlo, el queso cayó de su pico, yendo a parar a los pies de la zorra; ésta, ni corta ni perezosa, lo agarró con el hocico y desapareció por el bosque.
Moraleja: "Si alguien te alaba con cosas de las que careces, probablemente querrá de ti algo que posees".
Yo debía tener unos ocho o nueve años cuando vi el corto que narraba esta fábula, pero creo que queda demostrado que me marcó de por vida. Desde entonces, puedo decir que, si bien nunca me ha gustado que me adulen (y, si se me conoce medianamente bien, se verá que en mis círculos personales, prácticamente nadie lo hace), tampoco me ha gustado ir besando los pies de otros. No cuando esos otros no se han ganado mi admiración.
Llamadme radical, pero yo al menos lo veo así.
Quizás por eso mi primera novela (El Gusano Interior) muestra como un exponente del horror algo que viene de dentro: una criatura sin ojos que se arrastra y puede entrar en el cuerpo humano por cualquier orificio corporal.
En principio, esto no era más que una metáfora para explicar algo sucio y repugnante que anida dentro de nosotros. Ese tipo de criaturas siempre me han producido un asco irracional y me pareció adecuado usarlo.
Ahora empiezo a pensar que esa interpretación puede extenderse a esa política de arrastre viscoso y decadente que cada día resulta más y más frecuente.
Lo miremos por donde lo miremos, el caso es que meto los hocicos en el mundo literario, donde supuestamente la gente es culta, donde se sobreentiende que el personal tiene un mínimo de sabiduría y donde debería reinar una política de objetividad a la hora de valorar las cosas y descubro una cosa muy importante, que bien podría resumirse en dos palabras:
LOS COJONES.
Y es que llega un punto en que uno no sabe ya si reír o llorar ante la cantidad de peloteo masivo del que es testigo. No hablo de admiración, ojo. Hablo de ponderación desmesurada ante las cualidades de otros. Hablo de mentiras descaradas a la hora de alabar una obra. Hablo de inflar la opinión, ensalzando obras que bien pueden ser decentes, bien pueden destacar por alguna cosa puntual, pero nada más. Hablo de esa política de gusanismo reptante, donde parece ser que una buena crítica es buena en tanto en cuanto se le chupa la polla al autor de ésta hasta metérsela hasta la garganta.
Y no es que pueda o no pueda decir nada, es que encima me tiene que parecer bien. Porque resulta que como tenemos libertad de expresión (pero sin responsabilidad alguna, por supuesto), pues tenemos que respetar a aquellos que tergiversan, mienten y besan los pies de gente a la que consideran "superior", simplemente porque consideran que así van a llegar más lejos.
Véanse conceptos como "honradez".
Véanse conceptos como "honestidad".
A la mierda con esos conceptos.
"¡Eso eso a tomar por culo con todo!"
Y es que parece ser que, si tenemos que hacer caso a los supuestos críticos que aparecen día a día en blogs, grupos literarios, foros y demás nidos de víboras (generalmente autoproclamados, porque hablamos de gente que DICE que ha leído, pero que luego no tienen ni puta idea de que la crítica literaria no es decir "esto me gusta", sino que es una disciplina literaria que conlleva AÑOS de estudio), resulta que vivimos en la Edad de Oro de la Literatura Española.
Sí, amigos. Si os fijáis en cada uno de esos comentarios (me gustaría pensar que bienintencionados, pero erróneos a más no poder), a razón de cada diez o quince días o menos surge un nuevo Mito de la Literatura. Un Clásico. Un Genio. Alguien que no va a ser ni superado ni mucho menos igualado en al menos una década. Generalmente, esos Nuevos Dioses son gente que han sacado su primera novela, pero mire usted por donde, están por encima del Bien y del Mal. No cometen fallos. Sus líneas argumentales son excelsas. Joder, por no tener, no tienen ni erratas.
Y digo yo, "Coño, qué puta suerte tenemos, que ahora cualquiera que sale se mea sobre Valle-Inclán, Góngora o Quevedo".
Y por cojones me tengo que creer esto.
Por cojones tenemos que participar en estas masivas chupadas de polla y lamidas de culo, donde una obra DIGNA, a causa de las "críticas" (o el chupapollismo, si usamos un término directo e inteligible) queda encumbrada, ensalzada e inflada hasta la categoría de OBRA MAESTRA.
Críticas carentes de argumentos objetivos, basadas en la mera opinión del lector/"crítico", que parece pasar del mero análisis a intentar convencernos de lo buena que es, pero sin aportar nada más que su opinión. Sin ejemplos que ilustren lo que predica, sin nada sólido que respalde lo que está diciendo.
Porque él tiene derecho a expresar lo que quiera, y nosotros tenemos que tener Fe Absoluta en Su Palabra.
Ya no es que tengamos que entender a lo que se refiere, sino que además nos lo tenemos que creer.
Otra cosa de la que nadie habla es que esas críticas, la mitad de las veces nos las encontramos adulteradas por factores externos, lo que yo llamaría la "Prostitución del 'crítico'": Hablo de esos que venden su análisis al mejor postor, bien porque tal editorial te regala libros para que los reseñes; bien porque el autor de tal libro ha prometido reseñarte a ti. La política del "Yo hablo bien de ti mientras tú hables bien de mí. Tú me vendes, yo te vendo y aquí salimos todos ganando, aunque lo que digamos los dos no tenga nada que ver con nuestras obras".
Ante eso, te encuentras cosas como ensalzar cosas de una obra que no existen: pongamos el hipotético caso de una obra que sea linealmente cronológica, ¿de acuerdo? Un caso exagerado sería ese reseñista que dice que el autor es un maestro con los flashbacks.
Si dices que miente, el dirá que sólo está dando su opinión.
Yo digo que tiene todo el derecho a dar su opinión, y eso no se lo niega nadie... pero otra cosa es que su opinión sea más falsa que Judas. Eso también es cierto y nadie parece notarlo.
O no al menos como para decirlo en voz alta.
Otra cosa de la que nadie habla es que esas críticas, la mitad de las veces nos las encontramos adulteradas por factores externos, lo que yo llamaría la "Prostitución del 'crítico'": Hablo de esos que venden su análisis al mejor postor, bien porque tal editorial te regala libros para que los reseñes; bien porque el autor de tal libro ha prometido reseñarte a ti. La política del "Yo hablo bien de ti mientras tú hables bien de mí. Tú me vendes, yo te vendo y aquí salimos todos ganando, aunque lo que digamos los dos no tenga nada que ver con nuestras obras".
Ante eso, te encuentras cosas como ensalzar cosas de una obra que no existen: pongamos el hipotético caso de una obra que sea linealmente cronológica, ¿de acuerdo? Un caso exagerado sería ese reseñista que dice que el autor es un maestro con los flashbacks.
Si dices que miente, el dirá que sólo está dando su opinión.
Yo digo que tiene todo el derecho a dar su opinión, y eso no se lo niega nadie... pero otra cosa es que su opinión sea más falsa que Judas. Eso también es cierto y nadie parece notarlo.
O no al menos como para decirlo en voz alta.
Jim Carrey en Mentiroso Compulsivo.
Su personaje (antes de lo que sucede en la peli, que le obliga a decir la verdad), podría decir: "¡La Casa de Bernarda Alba es una gran obra cómica, donde destacan los diálogos de los personajes masculinos y las referencias al Sueño de una Noche de Verano de Shakespeare!"
Según estos parámetros, no estaría mintiendo ni alabando unas cosas que (si habéis leído la obra de Lorca, os daréis cuenta) no existen: da su opinión.
Con eso, ya queda todo justificado.
Y es que en este mundo (o mundillo, o nido de víboras, ya puestos) parece ser que hay que respetarlo todo por cojones.
Incluso las mentiras más flagrantes e insultantes.
Menos las de los políticos, claro... como son los únicos que mienten y que lo hacen todo mal...
Ante esto podéis decirme que bueno, su opinión es, y es tan válida como la de cualquier otro.
Bien, pues aquí es donde hago YO uso de MI derecho a la libertad de expresión (porque si unos se sienten con el derecho a mentir, yo me siento con el derecho a pensar que sus mentiras me las paso yo por varias partes de mi serrana anatomía) al decir que estoy hasta los mismísimos huevos de esa falacia.
Estoy harto de que el personal pelotee, dé coba, pase el cepillo y lama carajos un día sí y otro también y encima intente venderlo como verdad. Estoy más que harto ya de esta especie de política del barniz, donde UNOS son perfectos y no cometen JAMÁS un fallo y los demás parecemos obligados (por presión popular del Ilustre Colectivo de Pelotas) a bailar a su son. A no ver nada negativo. A adorar a los Dioses.
Y todo esto, por cojones.
Todo esto sin pensar que, al hacerlo, estamos haciendo publicidad engañosa. Que estamos intentando convencer al lector en potencia de que se va a comprar una novela de 10, cuando a lo mejor estamos hablando de una novela de un más que digno 6 o 6 y medio. Y así pasa luego lo que pasa: las decepciones, el público que se ha sentido estafado, no por UNA crítica, sino por DECENAS en el mismo plan y el progresivo empobrecimiento de la industria.
Y no, no creo que tengan la razón porque son muchos. Para argumentar esto, no me extenderé aquí, pero si os interesa, id al post sobre el concepto de falacia y entenderéis el argumento en contra.
Nos compramos un yogur de estos que se supone que son la hostia y nos encabronamos si sabe a mierda.
Si nos metemos a ver una peli que han puesto por las nubes y es un truño, la liamos.
Pero si un libro no es tan bueno como nos lo pintan, nos tenemos que callar, la vayamos a liar.
Otros son de los que ya llegan, de modo descarado, y mientan a sus objetivos pelotiles donde sea y cuando sea, se hable de ellos en la conversación o no, vaya con ellos el asunto o no. Venga o no venga a cuento, ¿qué más da?, eso es lo de menos. Porque parece ser que uno queda mejor si ensalza constantemente las virtudes de esta gente, ya no sólo literarias, sino humanas, sean ciertas o no. Porque parece ser que algunos no es que sean ya grandísimos autores. Es que además son guapos, buenos, y tienen la picha más grande y jugosa que el resto de los mortales.
Esta variante de peloteo exagerado, lo que podríamos llamar el "Peloteo Rastrero y Gusanil" está presente, patente y bien impregnado en este círculo: como ya he mencionado, yo llevaré dos años y pico en este mundillo y no hago más que verlo día sí y día también. No sólo se aplica a determinados autores (ojalá), sino que llega a niveles más flagrantes y sube hacia el mundo editorial.
Porque todo lo que hace según qué editorial está hecho de modo fantástico.
No cometen errores, lo hacen todo con una profesionalidad inigualable e indiscutible y, por supuesto, son todos bellísimas personas que lo que quieren es contribuir a que la calidad cultural de este país llegue a las cotas más elevadas.
Bécquer, un mierda.
Cervantes, un puto pringao.
Los fulanos que saca X editorial sí que valen y no los desgraciaos esos.
Para ilustrar un poco esta actitud de pelotilleo sublime, rastrero y descarado os comento un caso que viví: hace algunos meses, participé en un debate en el que se hacían comentarios bastante directos hacia ciertas empresas del sector que tenían la desfachatez de no pagar a sus autores. Es un tema viejo y del que he visto mil y una discusiones, y ante eso, como menciona muy claramente un amigo de este mundillo, lo suyo es denunciarlo ante la Justicia.
Ante esto no me niego, por supuesto, pero también es cierto que la Justicia es una vía larga y no siempre es necesario recurrir a ella para que tal señor nos pague lo que nos debe. Una editorial también tiene una imagen pública y nada como dejar constancia de lo que está pasando para que se retracten y nos suelten la pasta que nos deben. Esto ya se ha hecho en alguna ocasión y, al parecer, ha funcionado.
Sin embargo, ¿cuál es la actitud de muchos autores?
Pues, volviendo a la discusión de arriba, resulta que me invitaron sutilmente a que me callase al hacerme eco de mi denuncia (o de cualquier otra denuncia pública que haya hecho al sector editorial que, por desgracia, han sido varias) porque, y cito textualmente, "este es un mundo pequeño en el que nos conocemos todos y no conviene airear los trapos sucios".
El "Todo queda en casa".
El "Todo queda en casa".
En otras palabras, la puta ley del silencio. Eso fue lo que me recomendaron, a mí y a algunos otros que coincidían conmigo (o con los que yo coincidía, según se mire), tal vez desde el púlpito del autor al que nunca le van a pegar la puñalada trapera. A ese que tiene un halo de inmunidad ante cualquier impago, cualquier extracto de ventas sospechoso o cualquier otra argucia perpetrada por editoriales de dudosa reputación. La política de estos seres es básicamente atacar al autor que se atreve a dar un paso adelante y decir "Eh, señores, que no todo es tan bonito" para así (piensan) ganar puntos ante los de arriba.
También puedo hablar del caso concreto de un autor al que le sucedió esto, y que fue apedreado por los que se supone que son sus compañeros de profesión.
Así.
Así es como hacemos las cosas.
"Lame pollas y todo te irá bien; pero de lo malo, ni media palabra o no te ajuntamos. Te haremos el vacío, mamón. Te morirás de asco y acabarás hurgando en los cubos de la basura para sobrevivir".
Ante estas cosas es cuando digo yo: "Uy, mirad cómo tiemblo". ¿Por qué? Igual es porque prefiero vivir según mi criterio (equivocado o no, es el mío y nadie tiene por qué imponerme uno que mole más) y decir las cosas tal y como las pienso a callarme ante algo que veo injusto, inmoral o (algunas veces) rozando lo ilegal. Igual es porque yo no tengo absolutamente ninguna prisa por publicar, ni tengo necesidad alguna de ponerle buena cara a nadie, porque nadie me la ha puesto a mí. Y si lo ha hecho ha sido para tocarme los cojones de mala manera.
Es posible incluso que esté un poco harto del circo de hipócritas que rodean a un mundo que, seamos honestos, me encanta (al menos lo que toca a eso de gente que se esfuerza por convertir el mercado del arte en una industria decente, usando como armas la creatividad y el trabajo, y nada más que la creatividad y el trabajo). Tal vez resulte que uno no va a publicar, aparte de por no ser precisamente Clive Barker (soy el primero en reconocerlo y no se me caen los anillos por eso) porque no usa las nuevas armas del Autor Guaish, que son el Peloteo y la Adulación.
No, amigos Distópicos. Sabiendo que yo no tengo absolutamente nada que perder en este mundo (porque peor de lo que ya estoy no puedo estar, a nivel de publicaciones), me siento con la total libertad de hablar las cosas. Esa libertad que muchos, subidos en sus púlpitos y predicando a los cuatro vientos su supuesta tolerancia ante cualquier opiníon, no tienen los huevos de expresar.
Porque muchos necesitan imperiosamente la aprobación de la masa.
Muchos otros necesitan quedar bien ante tal editor, ante tal autor.
Muchos necesitan demasiado y no se han dado cuenta de que lo importante lo tenemos ya dentro de nosotros; lo que venga de fuera es secundario.
Supongo que el problema viene de lo mucho que muchos creen que pueden perder. De ese miedo al riesgo. De ese pavor a decir lo que se piensa.
No es ningún secreto que, antes de ingresar en el mundo de las "letras" (llevo años escribiendo, pero sólo desde hace un par de años o así es cuando estoy moviéndome en este mundo de editoriales, editores, autores, artistillas y cagamandurrias de cualquier índole y calaña) venía del mundo de la música.
Si este os parece un mundo duro, deberíais probarlo: eso de pasarte horas y horas ensayando, pudriéndote de asco en un local, peleándote con tus compañeros de grupo (porque creedme, eso sucede en TODOS los grupos). Partiéndote el alma para, como mucho, conseguir una puta barra libre en un bar o que te paguen parte de la consumición en una noche.
Olvídate de proyección artística.
Olvídate del manager que te descubre tocando en un bareto.
Esas cosas no pasan.
"Desde aquí lo veo. Esos hijoputas tocan bien..."
Quizás por eso ahí sí se destilaba un poco más de sinceridad entre los grupos: dicho de otro modo, no se podían ni ver los unos a los otros la mitad de las veces, pero raro era el que en ese plan te llegaba después de un concierto para comerte el nabo. Nadie te decía que eras el nuevo Jimi Hendrix. Nadie pensaba que hubieses inventado nada. En el mundo de los músicos, nadie trasciende el género ni nadie va a ser difícilmente superado en mucho tiempo.
Como mucho, podían decirte que tocabas de puta madre o que no te habías ido de nota más de la cuenta al tocar un solo.
Y hablamos de dos mundos supuestamente dedicados a las artes. De dos mundos en los que hay MUCHO movimiento de gente, donde hay foros y donde todo el mundo se conoce.
La única diferencia que he encontrado ha sido precisamente esa. Que el músico, curiosamente, no está pendiente en lo que usa el público para pajearse: toca lo que le sale de los cojones y como le sale de los cojones. Si quiere tocar rock duro, toca rock duro; si le pega al heavy metal va que arde. Si le arrea al punk, lo mismo. Gilipolleces del estilo "Si no te gustan los zombis no tienes ni puta idea de literatura de horror", como las que te encuentras entre el artisteo literario, no te las encuentras. Todo lo más, el rollito metalero-subnormaloide de "si entre tus influencias no cuentan Iron Maiden, Helloween y Metallica no molas". Pero ahí está la naturalidad de cada uno para pasarse por el culo lo que te diga el melenas del grupo de al lado. Porque un gilipollas tendrá libertad para soltar una gilipollez, pero lo que toca los cojones es que se permita el lujo de atentar contra tu propia libertad y obligarte a creerle.
Muchos autores noveles igual se piensan que haciendo la pelota consiguen ese supuesto Padrino que van buscando como el que busca al Mesías.
JA.
Supongo que muchos de vosotros pensáis que así es como se llega a algo.
Que a base de lamerle el culo a tal o a cual es mejor que llegar a lo que sea por méritos propios.
Tal vez os creéis que quien sea os va a prestar atención porque os arrastráis como gusanitos, besando el suelo que pisa.
Seguid soñando.
Y si es así, nada como confiar en vuestro propio criterio y en la calidad de vuestra obra por encima de todo lo demás. Mi más efusivo aplauso a la idea.
"Cojonudos, estos tíos, ¿a que sí?"
"¡Ya te digo!"
Pero, por lo que a mí respecta, digo lo de siempre: yo no me creo ni más listo ni más guapo ni mejor que los demás. Ojalá lo fuese, pero no es así; sin embargo, puedo decir que al menos no me siento con la imperiosa necesidad de hacer amiguitos (ved mi lista de amigos en una red social y comparadla con la de cualquiera que sí vaya en el plan que estoy comentando); mi imagen pública es algo que no me obsesiona. Nunca lo ha hecho y a estas alturas no creo que vaya a cambiar de opinión. No a día de hoy, al menos. Porque total, seamos claros: sé que muchos de los que me leéis no me podéis ver ni en pintura; muchos otros ni siquiera me leen precisamente por el mismo motivo (pero para poner a caldo y putear siempre falta tiempo). Y supongo que me da igual... porque al menos tengo las cosas muy, muy claritas. Como ya he mencionado mil veces, no soy vasallo de nadie ni existe persona en este puto planeta a la que le haya dado la razón en absolutamente todo (preguntad por ahí y lo comprobaréis). No creo que haya demasiados que, haciendo examen de conciencia, puedan decir lo mismo sin mentirse a sí mismos.
Y sí, a este paso es posible que no publique en mi puta vida y, de hacerlo, muy probablemente ya cuente con unos pocos detractores que jamás habrán leído nada escrito por mí. Así, con ese criterio tan objetivo y esos valores literarios tan firmes. Es algo que tengo asumido.
Pero, a diferencia de muchos de vosotros, podré vivir con ello y seguir durmiendo tranquilito.








4 comentarios:
Ay, Javi... Estamos TAN en la misma con esto... Fíjate que antes de leer este post puse un aviso en mi muro de Facebook: no voy a promocionar ningún libro autoeditado que no haya leído porque ME HE LLEVADO TREMENDOS CHASCOS CON ALGUNOS QUE SÍ HE LEÍDO. Conste que soy una lectora exigente, pero desde un criterio literario bastante objetivo, detecté fallas tan grandes que me hacen dudar seriamente de esas críticas resplandecientes en las respectivas páginas de Amazon. Nota: no me fui a Amazon a poner lo que opinaba de los libros en cuestión porque conozco a los autores de varios grupos en Facebook, pero a uno de ellos le expliqué por mensaje privado por qué su libro me pareció flojo (incluyendo recomendaciones con ejemplos para mejorar los puntos débiles) y poco más que me pegó con un mazo virtual por criticar su "obra maestra" (a pesar de haber admitido que era su primera obra, por cierto; ah, y también me había dicho previamente que estaría abierto a las críticas). A mí ME ENCANTARÍA sumarme al entusiasmo de la Generación Kindle y las campañas colectivas, pero ANTES TENDRÁN QUE IMPRESIONARME con su escritura, y todavía no me ha sucedido. Me parece una falta de respeto a los lectores promocionar ciegamente libros que puedan estar tan mal como los que ya leí, aunque eso me haga perder el apoyo en mis propias campañas de promoción. Sueno terriblemente elitista, lo sé... pero bueno, es que no me va la corrección política, lo siento. Ya es difícil encontrar un buen libro entre los publicados por editoriales, que teóricamente cuentan con un filtro. Todavía tengo que encontrar UN SOLO libro autoeditado que yo considere excelente. Avisaré cuando eso pase.
Sí, Gissel. A lo que mencionas en tu comentario, tan extenso como claro, poco más puedo añadir.
El problema es lo que se viene diciendo en pequeños corrillos: que precisamente por decir la verdad (o al menos las cosas tal y como las vemos, sin tener que bailarle el agua a nadie) probablemente acabemos en el Lado Oscuro de la Literatura, o en ese Limbo de autores de los que la mayoría de "afiliados" pasan e ignoran... y no por motivos literarios, como tú apuntas, sino por motivos sociales.
Si esto no es prostituir la literatura, no sé lo que es.
Pues... que así sea, entonces. Yo me concentraré en ganarme a los LECTORES, no a los colegas :-D
Amén, colega, amén! :)
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