Hace un montón de años, allá por el siglo XVI o XVII, cuando estaba en el instituto, conocí a un tipo que, si bien parecía molar más que los bocatas de chorizo, resultó ser un gilipollas de tomo y lomo. No entraré en detalles de por qué acabamos por mandarnos a la mierda mutuamente ni sacaré trapos sucios que no merece la pena sacar.
El caso es que este tío iba de "sincero" por la vida. Y la verdad es que lo parecía, al menos en un principio. Lo que pasa es que luego vas conociendo mejor a las personas. Y al mismo tiempo, vas conociendo a otras personas. Tú mismo evolucionas un poco y vas aprendiendo a ver las cosas de otro modo. Y te das cuenta de que lo que ese tío llamaba sinceridad no era tal; en realidad no era más que una excusa para poder permitirse el lujo de soltar lo primero que se le pasaba por la chorra, especialmente orientado a insultar al prójimo. Ni que decir tiene, además, que la mitad de las veces era por joder: la inmensa mayoría de la gente no le había hecho nada, pero el chico estaba cabreado con el mundo. Pues muy bien.
Y pasaron tan sólo un par de años y me di cuenta de que este tío no era ni mucho menos tan sincero como pretendía hacernos creer: acabó por juntarse con gente que aseguraba que le caía como el culo y por lamer un par de sfínteres que juraba y perjuraba que no iba a acercarse. Un tío grande. Lo último que supe de él fue que me lo encontré hace algunos años en la parada del autobús y se acercó a mí, contándome su vida como si siguiésemos siendo amigos.
Imaginaos la cara que puse.
Con dos diferencias: una, que yo no soy pelirrojo. Dos, que ni harto de vino me pondría una camisa tan espantosa...
Os cuento esta historia porque precisamente no es algo aislado.
Cuanto más tiempo vivo rodeado de otras personas (amigos, conocidos, compañeros de trabajo, incluso familia), más cuenta me doy de lo falsos e hipócritas que somos. Y cada día me doy más cuenta del terrible asco que me da eso.
Por supuesto, no creo que tengamos que hacer como el personaje arriba citado y usar la sinceridad para ir despotricando contra la gente. Eso se parecería más a lo que mencioné en el post de La Cultura del Despelleje. No van por ahí los tiros.
Decir la verdad o lo que se piensa no tiene por qué ser algo malo en absoluto. No, si partimos de la base de que no siempre vamos a escuchar cosas que nos guste oír, lo cual es algo asumido; quizás la ventaja consiste en saber que, cuando oímos algo bueno, sabemos que no es mentira. Que no nos están adulando ni haciendo la pelota. Yo no sé vosotros, pero me sentiría muy a gusto si tuviese esa certeza cada vez que alguien me dice algo.
Pero no, resulta que se hace justo al revés: cuando alguien hace algo bueno, la gente se saca puntos negativos de la manga nada más que para joder; o bien esa misma persona hace la mediocridad del siglo y tiene a su alrededor toda una legión de gañanes que le encumbran día sí y día también. Tenemos la cultura del despelleje ligada a la cultura de la lamida rectal. Todo de golpe y a la vez.
Este chico ya ha pillado la idea, más o menos. Como este blog no es para mayores de 18 años (una vez más con la corrección política) no he puesto imágenes más fuertes, no sea que la censura decida cerrarlo (ay...)
Así aparecen muchas veces los "Héroes oficiales", que son aquellos que hasta el simple hecho de ir a cagar resulta una auténtica gesta heroica, en la que faltan los mismísimos Dioses bajando del Olimpo para felicitar al susodicho por haber sufrido los dolores del parto con tanto estoicismo. Y como Éstos últimamente no se prodigan mucho, tenemos al grupo de pelotillas dispuestos a hacer reverencias ante tan magnífica propaganda.
También aparecen los "Pringaos oficiales", que son aquellos que pueden construirte un puente de piedra con las dos manos que, como no son Héroes Oficiales, nadie les hace ni puto caso. Dobles raseros y hazañas que molan más por haberlas hecho quien las ha hecho.
Y es que la hipocresía y la falsedad, desde mi punto de vista, a menudo van entrelazadas con la estupidez humana. Sí, sí. Echaos las manos a la cabeza si queréis, pero pensad en cuántas veces alguien ha pasado de vosotros como de la mismísima mierda. Os ha ninguneado, os ha ignorado o incluso os ha puesto a caer de un burro a vuestras espaldas. Y luego, en según qué momentos de vuestra vida, fijaos como esa misma gente reaparece, cual supervillano cutre de tebeo, con una sonrisita en la boca, con sus palabras más chupiguais, queriendo saber de vosotros como si no hubiera roto un plato.
"Hola, no sé si te acuerdas de mí, pero me tiré a tu mujer, a tu hija y a tu madre después de haberlas emborrachado, lo grabé todo en video y lo subí a Youtube. El caso es que me había acordado de ti el otro día como el que no quiere la cosa y pensaba si te apetecería que nos echásemos unas cervezas. Por cierto, ¿qué tal están tu mujer, tu hija y tu madre? Espero que bien..."
Llamadme rencoroso si queréis. Llamadme vengativo, colérico o incluso intolerante. Por decir exactamente lo que pienso he oído esas cosas, o incluso otras mucho peores (al final siempre llego a la conclusión de que son el recurso fácil del que no tiene forma humana de argumentar en contra de estas cosas). Pero es que soy de la arcaica forma de pensar que cuando alguien te manda a la mierda, se niega a saber de ti o simplemente se comporta como un perfecto imbécil día sí y día también durante años, estamos hablando de afrentas que no se solucionan haciendo borrón y cuenta nueva.
Miradlo de esta manera: si tú vas a una tienda, te compras un jersey y, después de ocho o nueve años, se te rompe... no vas a descambiarlo, ¿verdad? Pues trasponedlo a las relaciones humanas e intentad explicarme por qué la gente se cree que la gilipollez prescribe. Y si sois de ese credo (lo cual me parece respetable), por favor, intentad darme argumentos que yo pueda entender.
Y es que no entiendo tampoco a los Kofi Annan que nos vamos encontrando por la vida. Aquellos que se enteran de una de estas historias de modo parcial, generalmente sesgado y la mayor parte de las veces acaban sin tener ni puñetera idea de qué va el asunto. Esos Pacificadores, cuyos argumentos tienen la misma fuerza que la ONU (y generalmente la gente con dos dedos de frente les hace el mismo caso, para qué nos vamos a engañar), que se plantan en medio y te dicen que hables con la persona que te ha mandado a hacer puñetas, que así no se puede ir por la vida.
¿PERDONA?
Eso es como si un buen día, Francia decide invadir España (o si queréis, trasladáos a las guerras Napoleónicas, cuando pasó de verdad) y quedarse con todos sus recursos naturales, matando de hambre al pueblo. Y, tras unos... no sé, pongamos veinte años de ocupación, la Comunidad Internacional le diga a los españoles que tienen que llevarse bien con los franceses. ¿Vosotros con qué postura os quedaríais?
A esos pacificadores, a esos desfacedores de entuertos, les pido que por favor me expliquen qué coño les pasa por la cabeza para coger la lanza, ponerse la armadura plateada, subirse al caballo blanco y vayan por ahí diciéndole a la gente que no pasa nada, que no hay motivos para cabrearse. Que pelillos a la mar.
Una mierda.
Es una postura hipócrita, esa de mirar para otro lado con lo malo e ignorar todo aquello que no esté revestido de color Teletubbie. Más aún cuando la emplan para recordarte que si no formas parte del Clan de la Sonrisita en la Cara Ante Gente a la que Ni Tragas eres malo. Malo malísimo. Intolerante. Un ser terrible escupido por el mismísimo Infierno.
Pues no. Ni soy de ese credo ni voy a caer en la trampa de tener que pedir disculpas por decir la verdad, le duela a quien le duela. No tengo por qué justificarme por negarme a hacerle la pelota a nadie. Por tener que aparentar que alguien me cae bien. No, no soy así, y el que me conoce lo sabe. ¿Soy mejor que los demás, acaso? Lo dudo, pero desde luego que no soy peor. Porque cuando la cago, al menos tengo el detalle de pagar por ello. Muchos están ahí para recordármelo; quizás lo que cabrea es que esta vez sea yo quien esté trazando la línea en el suelo...
Hablemos de moral y filosofía al respecto. Venga, si queréis argumentos, os daré argumentos; como siempre, todo lo sólidos que se me ocurren, procurando siempre encontrar una postura medianamente racional acerca de lo que digo (luego, como siempre, podéis estar de acuerdo conmigo o corregirme, que para eso está el apartado de comentarios; pero no me digáis que no sé de lo que hablo).
Vamos a hablar de lo que es justicia, para ir abriendo boca. No hablo de leyes, ni de códigos civiles o penales. Me refiero a lo que es justo y a lo que no. A lo que entendemos por lo que "moralmente está bien y lo que moralmente está mal". La justicia no es esta sarta de mierda a la que me vengo refiriendo desde el principio de este post. La justicia, desde el punto de vista aristotélico (llamadme pedante, pero ya os he dicho que iba a argumentar. Si os molestan estos principios, como decía Groucho Marx, tengo otros más abajo) consiste en que todos, absolutamente todos, debemos recibir exactamente lo que damos. Ni más, ni menos. En el momento en que fallamos a ese principio, la Balanza se desequilibra y la justicia se va al carajo.
Kant hablaba de algo por el estilo. Siempre fue un filósofo que me resultó complejo y pejigueras a la hora de estudiarlo, pero se me quedó bastante bien su apartado referente a la ética. Este señor decía que no debemos comportarnos con la gente de un modo que no nos gustaría que usase nadie para comportarse con nosotros. En resumidas cuentas: si no quieres que la gente que te rodea te haga cosas malas, no le hagas cosas malas a esa gente.
La religión católica, de la que la mayor parte de la gente se ha quedado con la chorrada de "Poner la otra mejilla", también hace referencia a un detalle que me gusta: "Por sus obras los conoceréis" (Mateo 7:16). ¿Cómo se interpreta eso? Muy sencillito: que la buena gente no lo es por lo que dice, sino por lo que hace. Ya pueden llamarse Pepito, Juanita o Gumersindo. Ya pueden ser animadoras, jefes del club de debate, director del periódico del colegio, tener una 100 de sujetador o un miembro viril que sirva de asta para la bandera en la plaza del pueblo. Si esa gente se comporta como unos perfectos imbéciles (no hablamos de llegar tarde a una cita, por supuesto, sino de imbéciles en toda regla), tienen que someterse al mismo rasero que el resto de los mortales.
Porque a muchos de los demás bien que nos la lían cuando la hemos cagado. Bien que hemos tenido que escuchar censuras de todo tipo, mientras que otros, que parecen haber nacido bajo una Estrella de las Gordas, hacen cosas mucho peores y resulta que es que ellos "son así". Con eso ya lo tenemos todo arreglado. Justificado. Carta blanca para los que son guais.
He puesto el ejemplo más obvio que es el del físico, pero seguramente todos vosotros conoceréis a gente a la que se le permite todo por ser quiénes son...
Y así funciona todo esto. Vamos creando, todos nosotros (de esto no se libra nadie), una sociedad basada en mentiras. En la que, precisamente por esto, cada día nos cuesta más fiarnos del prójimo. Donde las expectativas que se van creando (tanto sobre uno mismo como las que uno crea sobre los demás) son cada día más aplastantes y, por tanto, las decepciones son cada vez mayores.
Es la cultura del ponerse buena cara por delante y de llamarse perro judío a las espaldas (al primero que me llame antisemita por esto le meto una hostia por querer ver donde no hay: en este contexto queda claro que es una expresión coloquial). De ser más falsos que el puto Judas.
Luego no lloréis si veis que la gente os falla. Vosotros, nosotros, somos todos responsables de hacer girar esta rueda. Lo que pasa es que cuando nos viene todo de vuelta, jode. Pues para la próxima, pensad en lo que habéis jodido vosotros a los demás y ya me diréis si habeis salido tan mal parados, después de todo.
Pero esto no queda aquí. Trasciende lo meramente social y va mucho más allá. Héroes y Víctimas aparecen a todos los niveles y manifestar en público una determinada postura (por muy bien que la argumentes) que no es la que está de moda conlleva que la gente se eche las manos a la cabeza, aunque piense exactamente lo mismo que tú. La razón, supongo, es que los valores de hoy en día no han mejorado con el paso de los siglos. Si bien los autores de cada época denunciaban la hipocresía de su sociedad y nosotros, en nuestra Magnánima Sabiduría los leemos con condescendencia en plan "hay que ver qué falsos que eran", resulta que nosotros somos exactamente igual de mentirosos. Igual de pelotas. Igual de cobardes, que no tenemos lo que hay que tener para decir lo que pensamos, sea bueno o malo.
Ya os hablé anteriormente de la libertad de expresión. Esta no es más que otra razón por la cual me parece una patraña.
Héroes y Víctimas oficiales. Las hay en todas partes. Y también habrá imbéciles que se posicionen, da igual si entienden del asunto o no...
Hubo alguien que dijo que el sabio es aquel que piensa lo que dice, en lugar de decir lo que piensa. Yo (que ni me considero ni sabio, ni demasiado inteligente, pero al menos sí me considero una persona honesta, le pese a quien le pese) digo que, con semejante planteamiento, paso de la sabiduría; aunque, por otra parte, también digo que el que no piensa absolutamente nada antes de hablar y que no es consecuente ni con lo que dice ni con lo que piensa, es el mentiroso de la peor clase: el que se miente a sí mismo. Y en definitiva, no es más que otra razón para pensar que el mundo se está yendo a tomar por culo por superpoblación de gilipollas.









6 comentarios:
pues sí, hijo, sí. Yo creo que en la mayor parte de lo que has dicho tienes razón. No te voy a dar la razón en todo porque si no voy a parecer una de estas lameculos xD Ná, es broma. pero mira, estoy de acuerdo en que a medida que pasa la vida te das cuenta de cómo son los demás. Yo odio que vengan ahora los que me hicieron una vez la vida imposible con cara de felicidad y con un estrechón de manos. No, perdone, váyase usted a la cacafuti. Yo no es que sea rencorosa, es que usted se comportó como un verdadero imbécil y los imbéciles no entran en mi rango de personas a las que quiero tener a mi lado. Si no quise aquella vez, no sé por qué piensa usted que ahora puede que sí.
No sé, Javi, es que la hipocresía reside en la mayoría de la humanodad y no se va a cambiar. No digo que estés tratando de cambiar a la gente con este post sino que es lo que opino yo. La gente hipócrita, falsa, lameculos... lo que sea, van a serlo toda su vid aunque parezca en un momento dado que han cambiado.
Y a mí me pasa que no puedo serlo y mira, aquí estoy, un viernes en casa porque con los dedos de una mano puedo contar los amigos que tengo. Eso sí, ahora si me fuera a decir cosas bonitas a la gente y a sonreír todo el rato seguro que me salían hasta de debajo de las piedras.
Y te dejo esta frase de Feijoo que creo que tiene mucha razón:
"Tiene la ciencia sus hipócritas, no menos que la virtud, y no menos es engañado el vulgo por aquéllos que por éstos. Son muchos los indoctos que pasan plaza de sabios".
Pues para no ser "gran cosa" (según tú), tu comentario me ha gustado bastante!
Sí, supongo que lo de esperar que el mundo cambie es idealista... me temo que eso me viene por la parte del Arte. ¿Qué es un artista si no aquel que sueña con cambiar el mundo?
En cuanto a lo que dices de no salir y tal... fíjate que te estoy respondiendo a la misma hora que escribes tú, así que te entiendo; en cualquier caso, es una cuestión de honestidad con uno mismo: mejor quedarse en casita leyendo o escribiendo o viendo a Aria Giovanni sacándose las tetukis al fresco con sus amigas (bueno, esto es más cosas de chicos, ya me entiendes) que salir con gente que no merece la pena...
Muchas gracias por la cita! La verdad es que no la conocía!
Hombre, yo creo que exageras un poco, hay gente así y hay tambien gente que no lo es, lo dificil es poder diferenciar la gente en la que puedes confiar de la gente en la que no. Por muchos años que pasen y por mucho que te digas a tí mismo "ya no me la cuelan más" te termina pasando.
Evidentemente que hay gente que no es así, pero a veces llegas a un punto que dices "Dios, qué harta estoy".
Ya, si a mí también me ha pasado :(
Evidentemente, es eso, Raelana. Pasa que también encuentras buena gente a lo largo de la vida... pero lo que abunda es el gilipollerío masivo y el ser más falso que las tetas de la Obregón. Y precisamente que abunde (más que el hecho de que exista, que es inevitable) es lo que me cabrea ;)
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