Hará cosa de dos, puede que tres años, cuando la industria del cine no estaba sacando nada más que truños uno detrás de otro, cuando todo eran remakes chusqueros de películas clásicas o adaptaciones de libros que jamás debían haberse hecho, me habló un amigo de una serie de televisión llamada Dexter. En plena época de Héroes, Perdidos y Flashforward, parecía que pocas cosas iban ya a sorprender.
Sin embargo, este tío me la vendió como una serie de "sangre y venganza". Palabras mágicas.
Pues nada, que me puse a ver las dos primeras temporadas que había por aquel entonces. Y oye, lo cierto era que enganchaba. Un asesino en serie con una psicopatía que ríete tú de Jason Voorhees capturaba a sus víctimas a golpe de ketamina y las hacía showarma con una sierra de calar. Bueno, otra historia más de psicópatas asesinos, ¿no?
Pues no.
La frescura de esta serie radicaba en un concepto tan original como cargado de humor negro: el asesino en sí formaba parte del cuerpo de Policía... y sus víctimas eran otros asesinos en serie.
Tras haber visto ambas temporadas (todavía tengo pendiente ver las otras dos que han visto la luz a fecha de escritura de estas líneas), descubrí que estaban basadas en una serie de novelas, escritas por un tal Jeff Lindsay. Me costó un poco encontrarlas, por eso de haberme perdido la primera edición y haber esperado a que sacasen la edición bolsillo, pero por fin me hice con las dos primeras. Esta Autopsia, como habréis deducido vosotros solitos, queridos Distópicos, se va a centrar en Dexter: el Oscuro Pasajero. Más adelante (más que nada, cuando me la lea), os pasaré la de Querido Dexter.
El argumento es bien similar al que puede descubrir cualquiera que (como yo), haya dado con la serie antes que con la novela en la que ésta está basada. Narrada en primera persona, el agente Dexter Morgan nos va narrando su vida de cara al público mientras que, al mismo tiempo, nos va explicando cómo lleva adelante su doble vida. El entorno es la calurosa ciudad de Miami, alejada de la convencional imaginería de ciudad lluviosa y oscura, donde los asesinos en serie campan a sus anchas. Otra vuelta de tuerca a las típicas historias de este tipo.
De un modo bastante similar al que nos plantea la serie, tenemos que hay un nuevo jugador en la ciudad: un asesino que descuartiza prostitutas, sin dejar gota alguna de sangre. Esto, por supuesto, desconcierta a la brigada de Homicidios y excita de un modo bastante enfermizo a Dexter, que no puede evitar sentir un cierto vínculo con el homicida.
Personajes: Al estar narrada en primera persona, es casi obvio que el autor se decanta por perfilar más al personaje de Dexter que a los demás, que (dada su condición sociópata), aparecen descritos muchas veces de un modo sencillo, casi limitándose a dar cuatro trazos. Destaca quizás la presencia de Deborah, hermana adoptiva del protagonista, descrita como una mujer de aspecto explosivo (literalmente, "parecía sacada del catálogo de bañadores de Sports Illustrated") y un carácter fortalecido por un padre más atento a controlar a un hijo psicópata que a prestar atención a su hija natural, amén de sufrir un salvaje acoso laboral por parte de sus superiores y compañeros.
En segundo lugar, destaca la presencia de la mujer al mando de la Brigada de Homicidios, María Laguerta, que se muestra como un personaje terriblemente ambicioso y con una malsana fijación por salir en los medios de comunicación; también aparece descrita como una lameculos con una impresionante labia. En resumidas cuentas, una trepa integral que hace que el lector desconfíe constantemente de ella a la hora de llevar a cabo cualquier investigación.
Pero quizás el Sargento Doakes, junto con Deborah, puede ser el personaje secundario de mayor interés en la novela, puesto que es el único que tiene un mal presentimiento acerca de Dexter. Como bien menciona éste, "algo bastante preocupante, en un sitio lleno de personas que deberían reconocer la naturaleza oscura del ser humano". Tal y como se ve en esta novela, el personaje no está del todo desarrollado, quedando (quizás) pendiente para la secuela.
También aparece Rita, "novia" de Dexter, aunque aquí queda claro que no es más que un simple instrumento para que éste mantenga su fachada de normalidad: los psicópatas, por definición, suelen ser personas solitarias. El protagonista, por tanto, siguiendo el Código de Harry, su padre adoptivo, se busca una mujer con la que pasar el rato y así no levantar sospechas. Hay algún indicio de lo que podría ser el inicio de una relación algo más "normal", pero al igual que pasa con Doakes, sólo aparece perfilado y a la espera de más detalles.
Estilo: El punto fuerte de la novela sin lugar a dudas. Dexter nos va narrando la historia con la frialdad propia de alguien que carece por completo de sentimientos. Eso, sin embargo, no le impide narrarla con grandes dosis de ironía que hacen que el lector tenga que sonreir (o reirse directamente) ante algunas frases soltadas con una mala leche y un humor negro tremendos. Me viene a la cabeza una frase que dice algo así como: "Mírenme a mí. Soy un pilar de la comunidad" (dicho por un tipo que se dedica a matar gente, descuartizarla y tirar los pedacitos al mar). No faltan descripciones con un ingenioso tono humorístico, que emplea para ridiculizar a otros personajes (una constante de principio a fin en la novela). Me gustó mucho una en particular, cuando explica que Doakes "se materializó" en una escena del crimen a la orden de LaGuerta. No pude evitar pensar en un genio maligno que surgía de una nube de humo al oír chasquear los dedos de su ama.
Trama y subtramas: El punto más pobre de la novela y que hace que su calidad baje estrepitosamente por momentos. El Oscuro Pasajero engancha desde el primer momento, pero desarrolla las subtramas (el pasado de Dexter, sus asesinatos, la vida de Deborah o su relación con Doakes o LaGuerta) de un modo tan pobre que da la impresión de que Jeff Lindsay ha tenido por delante todo un campo fértil por explotar, pero que no ha sabido sacarle partido, limitándose a la simple investigación del Asesino del Hielo. El tempo, además, se acelera de tal manera que pasa de no aburrir a la sucesión de escenas sin transición ni desarrollo, haciéndonos pensar que tenía que terminar la novela en una fecha concreta.
Así pues, encontramos un final que, (a mi juicio, por supuesto, Rumbo a la Distopía no es la Verdad Universal, sino una alternativa a lo que podéis encontrar en cualquier parte... o tal vez más de lo mismo, vosotros juzgáis) resulta atropellado y carente de toda la intensidad dramática que debería tener. El giro argumental (ligeramente distinto a la serie, por cierto) que hay en los últimos capítulos sorprende, pero no llega a brillar precisamente por la simpleza a la hora de narrarlo: pasa esto, pasa a lo otro, tal, cual y listo. La investigación que llevas siguiendo toda la novela cae por su propio peso y aparecen evidencias traídas por los pelos que llevan a Dexter a un punto que se asemeja bastante a un Deus Ex Machina en toda regla: sin que hayamos recibido muchas pistas, llegamos a la explicación que, surgida de la nada, nos lleva a un climax. Y así acaba la cosa. Desde mi punto de vista, simplón.
Valoración y comparación con su adaptación: Si tengo que definir a Dexter: el Oscuro Pasajero, sin duda, usaría los términos "buena idea, pero tristemente desaprovechada".
Es cierto que la idea de un psicópata que se esconde entre la gente como una persona más resulta terriblemente atractiva. Jeff Lindsay se aleja del concepto clásico del psicópata como monstruo de feria que va por ahí matando campistas con una máscara de hockey o del petimetre medio mariquita que tiene a su madre momificada en el sótano. Dexter ejerce de ejemplo claro del depredador que se adapta en el ambiente y que se forja una máscara tan perfecta que prácticamente nadie es capaz de descubrirla. Si a eso añadimos el factor "Yo soy la justicia" que trae implícito (gracias a Harry que, pese a no ser un hombre del todo políticamente correcto, quiere lo mejor para su hijo y, especialmente, para la gente que rodea a éste), vemos que la novela cuenta con unas bazas que deberían convertirla en todo un referente para cualquiera que escriba novela negra, comedia negra, o cualquier cosa que quieran teñir de negro.
Pero, como he mencionado arriba, las aparentes prisas del escritor por acabarla y la casi total ausencia de desarrollo de unos personajes que podrían dar bastante juego (no me refiero, claro está, a los chicos del laboratorio, a los que Dexter lógicamente no presta atención alguna), sino de aquellos que pueden (y deberían) ser pilares de una narración, ejerciendo como apoyo y/o como contrapunto de un protagonista hacen que a eso de la mitad de la novela ésta vaya perdiendo fuelle y nos quedemos tan sólo con el particular (y sobresaliente) estilo del autor.
La serie, por su parte, parece haber cogido todos los puntos negativos y haberlos desarrollado de un modo bastante exhaustivo, paliando ese efecto y dándole una tridimensionalidad más que notable. El efecto Deus Ex Machina queda borrado de un plumazo insertando toda una subtrama que, si bien puede parecer un poco forzada al crítico más duro (que quizás la tildaría como "no del todo creíble"), tampoco hace que el espectador se eche las manos a la cabeza ante la chorrada que acaba de ver. Todos los personajes sufren un crecimiento psicológico considerable, algo muy de agradecer, considerando que la historia trata precisamente acerca de cómo puede adaptarse una mente perturbada en una sociedad quizás no demasiado sana tampoco.
Gracias al formato serie, pues, esta historia pierde muchísimo de esa sensación de "atropello" y llevando un tempo más que correcto, en lugar de "inflar" la trama, como podría haber pasado en otros casos. Por una vez y sin que sirva de precedente, me veo obligado a decantarme por la adaptación audiovisual de una obra escrita. Espero que Jeff Lindsay haya aprendido de esas cosas y en Querido Dexter sea capaz de sorprenderme.



No hay comentarios:
Publicar un comentario