martes, 29 de marzo de 2011

Escupiendo Rabia- Los jóvenes, esos grandes desconocidos



Hoy tenía previsto preparar algún Spanish Bizarro (ya lo había hablado hacía unos días con una Distópica que me lo sugirió), o bien un Truño, gracias a la película que sufrí este fin de semana, como el que no quiere la cosa. Pero oye, te pones a ver la tele cinco minutos mientras te haces el desayuno y es que te hacen hablar.

En plena televisión nacional aparece un debate sobre el origen, influencia y demás características de los botellones, donde un grupo de personas se pregunta por qué son tan populares entre los jóvenes. Un tema de actualidad, porque han apuñalado al enésimo chaval en uno de estos, y no es la primera vez que vemos en Cuatro a alguno, tajado perdido, cantando los grandes éxitos de Raphael subido en el capó de un Megane de segunda mano tuneado.
En el debate ninguno de los tertulianos baja de los cuarenta años. Viva la era de la información de primera mano.



Algunos de los componentes de la mesa de debate.

Y no es un hecho aislado. Cuando estaba de prácticas en el CAP (lo que hoy en día es un Máster de Aptitud Pedagógica) pasaba tres cuartos de lo mismo: nos inflaban con asignaturas teóricas de contenido tan "interesante" como saber cómo era el sistema educativo en la época de Primo de Rivera (muy útil, considerando lo parecidas que son ambas épocas y que ya prácticamente no queda nadie vivo que estudiara por aquel entonces para decirnos si el sistema realmente estaba bien o mal planteado) y clases como "Psicología", una ciencia a la que respeto, pero que considero que a veces trabaja desde la ignorancia.

Antes de que los psicólogos que pasen por este blog carguen contra mí, explicaré a lo que me refiero: me refiero al concepto de clases tan absurdas como "Concepto de grupo de clase". Sí, como lo oís. Dimos una clase teórica referente a cómo estaba dividida una clase socialmente. Aprender a identificar los distintos grupos, a sus líderes y los roles que desempeñaba cada uno: la chica guapa, el empollón, el obeso (antes eran simple y llanamente gordos y no pasaba nada), etc. En resumen, que perdimos unas dos horas de nuestra vida en estudiar gilipolleces que alguien con un mínimo de interés y unas dotes de observación no especialmente agudas podían descubrir.

La idea, pues, consistía en tratar al alumnado como si fueran ratoncitos de laboratorio. Una especie aparte que estudiar. Unas criaturas misteriosas imposibles de entender al cien por cien, pero un contenido teórico, escrito en un despacho por un abuelete de ochenta años con sesenta másters a sus espaldas, era más que suficiente para entender El Sentido de Todo.
Perdonadme si me río.


"Hace cuarenta años que no salgo de mi despacho ni para mear, pero he descubierto cómo funciona la sociedad moderna"

Me gustaría que os dieseis cuenta de lo ridículo que resulta todo esto. Desde hace unos quince, casi veinte años para acá, el choque generacional se ha convertido en algo cada vez más acusado. Normal, teniendo en cuenta lo rápido que avanzan las cosas y el enorme impacto de la alta tecnología en la vida diaria. A los que ya estamos en edad "adulta" o "más o menos adulta" (hablo, por supuesto, desde un punto de vista físico. Hay cincuentones que no madurarán en su vida, ya lo sabéis) nos cuesta más adaptarnos a los Ipods, Ipads, Mp4, Mp5, cámaras digitales, memorias multimedia, televisores en HD, 3D, tabletas gráficas, PDAs y demás cacharros cuyos nombres son un puñado de siglas. A muchos nos sacas de AC/DC y ahí nos quedamos. Pero si lo veís desde el punto de vista de nuestra generación, no resulta tan raro: yo, a los seis o siete años, manejaba mejor el video (el analógico de cintas de toda la vida) que mi madre. Ahora es igual, sólo que con cacharros más sofisticados.


Niños pequeños que manejan un ordenador mejor que nosotros. No os asusteis ni los envidieis: ellos se han criado con eso desde pequeños, a diferencia de nosotros. Es lo más lógico.

Quizás la gran diferencia se produce en el momento en que la alta tecnología supone un cambio en las comunicaciones. No tarda en llegar la queja de que los jóvenes están aislados, que se pasan el día delante del ordenador, que si tal que si cual. Si eso es así, todavía sigo sin entender por qué las redes sociales están teniendo tanto impacto: puede que los jóvenes hoy en día no precisen tanto de un contacto físico para relacionarse con alguien. Sí, es más frío, más impersonal. Me pregunto qué dijeron hace unos ciento y pico de años cuando inventaron el teléfono. O unos siglos atrás, cuando la gente usaba el correo para comunicarse a larga distancia.

Pero no quiero salirme del problema que estoy tratando.
La cuestión es que hoy en día el puretilla medio (es decir, la gente que está entre mi generación, y de ahí hacia arriba en edad) en realidad no quiere mojarse el culo. Mucho quejarse de los jóvenes, mucho protestar, mucho decir que si esto que si lo otro... pero me gustaría que los Distópicos hicieseis el experimento: a todos esos que dicen entender a la juventud, o a todos esos que exponen unas teorías de libro, con mil encuestas (la mitad absurdas y que no llegan a ninguna conclusión útil) y yo no sé cuántos estudios... a todos esos me gustaría que les preguntáseis con cuántas personas por debajo de los treinta años han tratado personalmente. A cuántas han preguntado acerca de lo que realmente le importa a la juventud o deja de importarle. Cuáles son sus verdaderos valores. Esa clase de cosas que hacen que un método científico (porque presumen de ser científicamente rigurosos) tenga veracidad y que llegue a algo.


O quizás el problema es que es mucho más fácil elaborar tu teoría crítica (a menudo despellejando, pero quedándose en la superficie) en base a cosas que en realidad te importan un carajo y con unos pocos datos sesgados. Es mucho más guai ir a la tele (o escribir un libro, que también está de moda eso) y formar parte de un debate sobre los jóvenes cuando:

a) No tienes hijos
b) No tienes contacto alguno con gente de la edad de los que podrían ser tus hijos
c) Realmente te da igual lo que hagan los jóvenes, porque los consideras una pandilla de indeseables aunque no sepas ni de lejos lo que es un jóven
d) No tienes ni idea del mundo real, pero sí un montón de títulos que acreditan que eres un sabio incuestionable
e) tus tendencias políticas o religiosas te llevan a condenar a la hoguera cosas que tu no harías (o bien que harías si tuvieras unos años menos, pero que no tienes narices de admitir)


Y es que muchos se ponen en este plan antes de preguntar siquiera...

Que yo no apoyo las iniciativas de macrobotellón no es ningún secreto. Yo no iba ni a los dieciocho. Pero si me preguntan por qué la gente lo hace, tengo mi propia respuesta; no lo apoyo, pero lo entiendo. Y no porque sea más listo ni más sabio que cualquiera de los gafapastas que salen en la tele con sus estudios. Quizás es porque he hecho algo arriesgado. Algo que muchos (por suerte, no todos) educadores, pedagogos, sociólogos, psicólogos, psicopedagogos y demás no se han molestado en hacer: simplemente he preguntado por ahí.

Y esto no es más que una elucubración. Una conjetura si quereis; llamadlo incluso una especulación, porque cada casa es un mundo y no hay dos casos iguales... pero me pregunto si los choques generacionales fuesen tan grandes si unos cuantos de nosotros nos molestásemos en escuchar a nuestros hijos de vez en cuando. Si en vez de querer mirar a los chavales con microscopio, como el que mira una cobaya dentro de la jaula para ver si su ingesta de alimento ha incrementado notablemente en las últimas semanas, nos preocupásemos por entenderlos de verdad. Ya lo decía Michael Caine en El Caballero Oscuro, al que me permito parafrasear libremente en este post: "¿Cómo puedes pretender solucionar algo que ni siquiera estás seguro de entender totalmente?"

También pasa otro caso: nuestra sacrosanta sociedad es hipócrita como ella sola. Los padres que se quejan a menudo de las conductas de sus hijos han sido vistos a veces en botellones (no a lo mejor los macros de las universidades, pero sí en otros con sus colegas) o yéndose de juerga a ponerse hasta el culo de todo (dando más positivos en los tests de la Guardia Civil que un ciclista dopado en un control sorpresa) mientras dejan a los críos con los abuelos. Luego se rasgan las vestiduras al descubrir que cuando éstos llegan a la adolescencia se comportan igual que ellos.
"Mi hijo no habla conmigo", y tú pensando "Ah, ¿pero es que a ti te ha importado alguna vez lo que piense? Alguna vez has intentado entender su punto de vista? Alguna vez has hecho algo que no sea decir 'yo soy mayor, por tanto tengo la razón, aunque piense que los negros y los chinos vienen de Saturno y que en realidad están dotados de cinco órganos sexuales diferentes'?" Si la respuesta es no (que no siempre es así, seamos honestos), puede (y sólo puede) que a lo mejor esos padres que tanto lloriquean no sean tanto unas víctimas como tengan una parte de responsabilidad en el tema. Pero ninguno lo va a reconocer.
La ridiculez y la incoherencia al poder, como siempre.

Ejem, beber en la rue no es legal... luego si lo hacen en vuestro portal, no os quejeis.

Luego, la típica tradición española: quejarse a posteriori, claro. El sistema educativo que va de tolerante y dialogante, pero que sigue con la óptica desfasada de no molestarse en conocer mínimamente a la persona a la que se está formando. No decimos que ésta se convierta en un colega tuyo, claro. Yo estoy totalmente en contra del pensamiento que muchos intentan imponer: para mí una clase no es una democracia y debe haber una barrera infranqueable entre el docente y el estudiante. Ahora bien: esa barrera no quiere decir "paso del pueblo llano, que son escoria que no merece ni que la mire a la cara". No quiere decir llegar y despreciar a la gente. No quiere decir evaluar los conocimientos en base a juicios personales, que deberían quedarse en la misma puerta del aula.

Y es que no conocer a un alumno porque no te importa es tan malo como no conocerlo y juzgarlo de antemano. También he visto casos así, de gente que se ha frustrado bastante ante una asignatura o materia que se les daba realmente bien, simplemente porque a su profesor no se le ha puesto en las narices que esa persona despunte. Ni siquiera que apruebe.
No, no me vengais con eso de que "los profesores también son seres humanos y cometen errores". Últimamente (no voy a citar casos ni nombres) he oído barrabasadas y salvajadas tan grandes acerca de ciertos estudiantes, escupidas con una mala leche y un hijoputismo tan grande que no hay cabida al error. Si los profesores son (somos) tan humanos como los demás, hay que tener en cuenta el nivel de responsabilidad que manejan (la formación de una generación entera no es moco de pavo) y hacer una criba muy consecuente: si hablamos de una formación de valores, al primer profesor con tendencias racistas, xenófobas o que vaya por ahí diciéndole a niñas de catorce años "entrad en clase que os voy a follar una detrás de otra" (eso último lo he llegado yo a ver en un instituto), se le echa a la calle sin remedio ni turno de réplica. Si hablamos de formación en conocimientos, se estudia su promedio de aprobados y suspensos. Si suspende más de la mitad de sus matriculados, se va a la calle también. ¿Acaso no echaríais de un hospital a un médico que se carga a todos sus pacientes? Si ese profesor, como muchos que hay, entra y se niega a dar la clase, se le sanciona por abandono de puesto de trabajo. Y santas pascuas.


¿Por qué nos es más fácil pedir la expulsión de un tío que ha cometido una falta dentro de un campo de fútbol que el que la ha cometido al eludir sus responsabilidades?

Pero por favor, no me vengáis tocando la moral y echando toda la culpa al estudiantado, que parece que os habéis olvidado que muchos de vosotros, hace treinta y pico de años, corríais delante de los Grises. Os cagábais en vuestros padres a sus espaldas. Os saltabais clases. Os hacíais chuletas. No vengais diciendo que la nueva generación es mierda, porque muchos de vosotros no tenéis ni zorra de nada. No os habéis mezclado entre ellos. No habéis intentado entender cuáles son los valores que tienen. Qué les preocupa. No, es más fácil ver los realities de mierda y pensar que todos los chavales son así. Pues nada, que sepáis una cosa: los jóvenes no son inocentes. No. Tienen su parte de responsabilidad en el problema... pero no la única. Cuando veais el nivel de fracaso escolar, el nivel de alienación, el nivel de incomunicación y, en general, como la sociedad se va a la mismísima mierda, a ver quién de vosotros tiene las narices de reconocer que sí. Que también vosotros habéis puesto vuestro granito de arena para que nos vayamos todos a tomar por culo.

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