lunes, 28 de febrero de 2011

Escupiendo Rabia- Superhéroes rosas




No hemos aprendido.

Lo que yo os diga, la raza humana y, en especial, el homo hispanicus, somos algunas de las criaturas más subnormales que ha parido el planeta Tierra. Ya está bien de putear a los americanos, a los que miramos para justificarnos. Basta de decir "pues ellos son peores". Eso no vale.

Parece ser que la gente, que el pueblo y la prensa, no tienen memoria.
Yo era pequeño y me acuerdo. Me acuerdo del cipote que se montó (y con razón), cuando algún hijo de la grandísima puta se cargó a tres chavalillas en Alcásser que lo único que hicieron fue cometer el error de topar con gente demasiado poderosa, con gente demasiado enferma y con demasiada mala leche, que les hicieron pasar una noche que para las pobres muchachas se quedaba.

No voy a entrar en la crónica negra, ni en lo que hicieron con ellas. Ya hay montones de informes forenses al respecto y gente que, en su día, se informó mucho mejor que un niño de unos diez años (la edad con la que contaba yo por aquella época, año arriba, año abajo).
En realidad, quería hablar del show mediático que se montó por aquel entonces. La Gran Nieves Herrero, en un alarde de profesionalidad, metió al pueblo entero en su plató de televisión justo el mismo día en que se habían enterado del hallazgo de los cuerpos de las pobres criaturas. No quiero ni acordarme de las preguntas que le hizo a la gente (incluídos los padres) al respecto.

Con este caso se abrió la Era del Morbo y la Carroña en nuestra tele.
Algún tiempo después (avancemos nuestros calendarios hacia 1993 o 1994), la misma Periodista de Calidad, se encargó de cubrir el reportaje sobre los asesinatos del rol: tres frikis con una psicopatía de caballo se cargaron a un señor en una parada de autobús. Resultó que, como psicópatas que eran, confundieron su juego de rol con la realidad y así acabó el tema. La señorita Herrero se encargó de preguntar a todo el que se le ponía por delante si el juego en sí era peligroso. Hasta aquí bien, ¿verdad? No habría estado mal si hubiera sido una pregunta de sí o no. No una pregunta retórica: "Es peligroso, ¿verdad?". Ahí yo era un poco más mayor para entender las cosas. No me costó reconocer en lo más mínimo que la tía disfrutaba echando por el barro algo de lo que no tenía ni la más mínima idea.


Cuidado: más allá de su apariencia inofensiva, estos chicos son psicópatas en potencia y juegan a algo muy, muy peligroso...

Así fue cuando empezaron a surgir los llamados realities, donde nos mostraban un mundo tan negro y tan podrido que te daba susto salir a la calle aunque fuese para mear en una esquina. Ya no quedaba asesinato, atraco con violencia, paliza, suicidio o violación libre de las cámaras. Cuanta más sangre y más detalles se dieran, mejor. Los medios eran tan agresivos o más que las cosas que mostraban.

Y llegamos a la década de 2000 y 2010. El puñetero siglo XXI. El futuro. ¿Habéis visto lo que tenemos?
Exacto. Más circo.

Ahora resulta que los medios se erigen como adalides de la justicia. Vemos a Mercedes Milá que va por ahí cazando pederastas, cámara oculta en mano, con micrófonos ocultos, escondida en una furgoneta, haciendo la labor que debería hacer la Policía.
Vemos interrogatorios inquisitoriales en la tele, como el caso que da origen a este post, cuando el otro día hicieron confesar en un plató de televisión a la mujer de Santiago del Valle, diciendo que éste se había cargado a la pobre niña.
Veo cómo el padre de la criatura (en un comprensible estado emocional bastante tocado) agradece a los medios la ayuda prestada... y los medios, en respuesta, se sienten como los Vengadores. Como La Liga de la Justicia. Como los putos X-Men.
Para justificar semejante pasada, empiezan a hablar de su derecho a informar. De su derecho a denunciar las injusticias. Como si se creyeran los putos periodistas del Watergate, empiezan a decirnos que esto es lo que prima en una sociedad democrática.
Y ya estamos con la democracia, para no variar...


Más o menos es así cómo debían sentirse nuestros bienamados periodistas al sentir que eran más guais que la poli. Que habían descubierto a un criminal y lo habían puesto entre rejas...

La democracia no es sólo tener derechos. La libre expresión, en contra de lo que nos quieran vender, no consiste en soltar lo primero que nos salga de los huevos. No nos permite tomarnos la justicia por nuestra mano (por mucho que queramos, como el padre de esa niña) para que nosotros capturemos a los criminales. Para que nos saltemos todo el proceso judicial. Para que hagamos lo que nos de la gana. Eso es demagogia pura y dura: el viejo lema de "pero es que en mi casa se juega así" (como decía Luis Piedrahita en su monólogo, "ya te pueden pillar jugando al tres en raya con cocaína, que diciendo eso quedas exculpado).

La democracia es además ser consciente de que por cada derecho que tenemos, tenemos también obligaciones. Deberes. Responsabilidades. De eso no habla nunca la prensa. Son el Cuarto Poder, y su dominio consiste en tirar la piedra y esconder la mano.
En la entrevista que vi anoche, la piedra ya había descalabrado a más de un juez, y luego escondieron la mano al decir que no tienen tanto poder como para hacer presión sobre los tribunales. El Cuarto Poder tiene potestad para eso y para más. Ellos mismos dijeron que el Washington Post fue capaz de destituir un senador en los Estados Unidos. ¿Y dicen que la prensa no es capaz de presionar a los jueces? Por favor.

La prensa en España (vamos a centrarnos en mi país; otros que viváis en otra parte podréis aportar vuestras experiencias personales en otra parte) es aquella que es capaz de joderle la vida a alguien sólo por un pálpito o porque simplemente les sale de las pelotas. Me remitiré una y otra vez al caso de Dolores Vázquez, que fue condenada SIN PRUEBAS por un tribunal popular (¿Un tribunal popular en un caso de asesinato? ¿Estamos locos?), gracias a la cojonuda presión mediática, a la que le dio la gana de acusar a una mujer que estaba peleada con la madre de la víctima.
Intelectuales de la talla de la Gran Ana Rosa Quintana (famosa por ir de adalid de la moral después de haber plagiado una novela, que no habría sido retirada del mercado si su "negro" no hubiera abierto la boca) ya hablaban de la mujer como culpable ANTES de que se hubiese pronunciado un veredicto. Ella y muchos otros, como apuntan algunos de los distópicos más fieles. Mi pregunta es: ¿es esto democracia? ¿Es esto el supuesto de que una persona es inocente hasta que se demuestra su culpabilidad en un juicio?



La prensa en España es esa que, en el momento en que está de moda denunciar los casos de maltrato (digo moda porque hasta hace quince años no salía jamás algo así en la tele... y dudo mucho que sea una lacra moderna de la sociedad) es capaz de decir que una mujer ha sido asesinada y, sin tener siquiera acceso al informe forense, sin haber hablado siquiera con la Policía, y sin tener ni una puñetera pista, ya te sueltan en el titular "posible caso de violencia de género". Son como Dios. Lo saben todo. Lo ven todo. Con un par de cojones. ¿Que a lo mejor es verdad? Nadie lo niega. Pero, ¿quién coño son ellos para meterse en el trabajo policial?

Y hay cosas aún más escalofriantes: es el hecho de pensar que su ansia de carnaza no tiene límite. Que sonríen cada vez que consiguen desmayos en un plató de televisión, porque saben que eso es un puto triunfo. Que el morbo que regalan a espuertas les genera audiencia. Que gracias a la audiencia se crecen, se vienen arriba y se consideran a sí mismos como lo único que defiende a la sociedad del caos. Así van, como modernos superhéroes, pasándose por el forro todo el proceso judicial (que vale que es lento, que vale que no es el mejor... pero está para algo; ¿qué pasaría si de repente todos nos dedicásemos a perseguir a aquellos que consideramos sospechosos de algo? Esto sería la jungla), permitiéndose juzgar a la gente sin absolutamente ninguna responsabilidad. Sin pensar que igual se equivocan. Que están poniendo en la picota a un inocente. Que le están arruinando la vida a alguien. Eso les da exactamente igual, porque su poder lo marcan los índices de audiencia. Si la han cagado, las disculpas funcionan a la perfección: una disculpa hipócrita y a ver a quién se machaca hoy.





Y la verdad es que me cabrea, para qué negarlo. Me cabrea esta doble moral de la sociedad de mi país, que habla de derechos para lo que les da la gana y para quienes les da la gana (los periodistas que van de justicieros son de la misma calaña, si no los mismos, que hacen entrevistas a perseguidos por la justicia e imputados en algún caso, pagándoles cifras escandalosas; ahí no pasa nada. El pueblo asqueado con el paro y todos sin un puto duro, pero chorrocientos millones a un subnormal que se chotea de la ley española mientras está en Quintocoño tomando daikiris). Que habla de libertad de expresión y al mismo tiempo implanta una censura escandalosa y repugnante (no hace mucho escuché un debate acerca de nombrar una comisión que regulase los contenidos en televisión. Lo que en otras épocas menos "libres" llamaban censores), que es cada día más asfixiante.

Los mismos que hablan de democracia son aquellos que se pasan por el culo principios tan básicos como la presunción de inocencia. Los mismos que te dicen "de esto mejor no hablar". Son exactamente los mismos hipócritas que nos hablan de proteger a los menores (como si fueran una especie aparte, más débil y más idiota, aunque no hayan hablado con un menor en su puta vida) mientras toda esta mierda (o la mitad) la ponen en horas en que un crío puede estar viendo la tele.

Me cabrea el ensalzamiento de la víctima, a la que no hacen recordarle una y otra vez que es una víctima antes que una persona. Es el caso de la Enfermera Gollum de la serie South Park, que nació con su siamés muerto pegado en la cabeza e iba por ahí con el feto colgando. De pronto, todo el mundo decidió que la buena mujer era una causa más que una enfermera y le dedicaron tanta atención que era igual o peor que si la hubieran ignorado, obligándola a participar en desfiles en los que sólo aparecía ella y creando premios sólo para que ella los tuviese.


La enfermera Gollum, participando ella sola en un humillante desfile pro-igualdad que, paradójicamente, no hace más que ensalzar la diferencia y recordarle a todo el mundo que la pobre mujer es diferente, cuando ella lo único que quería era hacer su trabajo honradamente, como cualquiera.

Me pone enfermo el hecho de que haya víctimas que empleen su condición para llenar los platós y formar parte del circo, corrompiéndose y prostituyéndose por un puñado de dinero. Me comentan que el padre de una de las niñas de Alcásser fue uno de los pioneros en estas prácticas. Los datos que han llegado a Rumbo a la Distopía son bastante extensos, pero haré un resumen diciendo que este señor se aprovechó de la violación, tortura y muerte de su hija para crear una fundación, montar una empresa (él la llamaba organización), sacar un montón de pasta e ir viviendo del cuento, mientras los padres de las otras dos muchachas se desmarcaban de su concepto de hacer marketing con la muerte de una hija, que le permitió aumentar su patrimonio de una forma descarada. Muy bonito, eso de aprovechar algo tan macabro. De explotar a tu pobre hija, a la que mataron unos hijos de puta. Me pregunto si ese hombre se creería mejor que ellos.
Y no es el único caso de gente que busca hacerse famosa a costa de la desgracia. Acordaos del caso de la mujer del supuesto maltratador al que se enfrentó el profesor Neyra. Y el propio profesor Neyra (ya hablé ampliamente de este caso en un post anterior), aclamado como héroe en un principio, demostró sus verdaderos colores al salir del coma. Que no me vengan hablando de valores. Ni víctimas ni verdugos los tienen ya.

Y sí, me toca muchísimo los huevos que me hablen de democracia, como si fuera la Luz frente a las Tinieblas, para que luego lea la Constitución y descubra que todo el puto país se la pasa por el forro de los cojones. Muchos parece que ni siquiera saben de qué coño están hablando, como si nuestro sistema de gobierno fuera el Godot que nos lo soluciona todo, pero que jamás viene. Luego hablan en contra de la Iglesia... pero estos lo único que hacen es hablar de la Constitución y la Democracia como aquellos fanáticos religiosos de las películas hablaban de la Biblia: la tenían todo el día en la boca, pero no se cortaban un pelo en odiar a sus enemigos (algo muy cristiano, dónde va a parar) y quemar en la hoguera a los que pensaban diferente.



La democracia no es jauja: es elección del pueblo, PERO por un pueblo responsable que debe saber a dónde les encaminan sus decisiones. Por gente que tiene la obligación de ser consecuente y, si los contenidos que hay en una televisión no convencen, no dejar que implanten la censura, sino ser ellos mismos quienes elijan no verlos. En un mundo democrático ideal, la gente pensaría por sí misma y no se harían juicios paralelos: se esperaría a que la justicia actuase y luego se estaría de acuerdo o no, pero no se haría como en la puta Edad Media, que se colgaba a la gente sólo por encontrar un culpable a quien odiar.
Lo que tenemos, pues, es un país de borregos que se dejan manipular por los medios como si fueran putas marionetas. Un país de lloricas y tontos del culo que no hacen más que decir "pero es que yo tengo derecho", sin pensar en sus obligaciones para con el sistema. Gente que llora mucho, muchísimo, pero que no aporta absolutamente nada.

Señores, si queréis mi opinión, hace años que no vivimos en democracia, por mucho que nos insistan (suelo pensar que cuanto mas te insisten acerca de algo, más intentan convencerte de una mentira). Vivimos en lo que (creo) dijo Aristóteles, cuando mencionó que no existe el sistema de gobierno perfecto, porque tiende a la corrupción. Vivimos en la puta demagogia.

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