Llevo ya un par de semanas hablando con amigos de todas índoles y credos diferentes y, por algún motivo que se me escapa (suelo pensar en algo parecido al Destino, o la Providencia, que suele aparecer en creencias protestantes; no me he parado a preguntarme en qué pensáis vosotros, y tampoco creo me sienta con el derecho de preguntarlo) parece ser que todas las conversaciones últimamente, de un modo, derivan en lo mismo.
Y es que me estoy dando cuenta de la cantidad de mala hostia suelta que hay. Sí, voy a ponerme un poco hipócrita, especialmente si consideramos la misma que yo destilo en otros posts que he subido aquí anteriormente. Supongo que la única diferencia que encuentro (no la justifica en ningún caso, sólo hago el matiz y los demás sacáis vuestras propias conclusiones) es que mi Rabia se suele enfocar especialmente a luchar contra las injusticias. En darle una hostia en la boca a lo falsa que es la sociedad, que predica o denuncia una cosa pero luego resulta hacer justo lo contrario a los ideales que vende. Llamadme idealista, si quereis, no me importa: va con el uniforme de persona que se dedica a las artes (el término "artista" es como el de "héroe"; debe enjuiciarse a título póstumo y con mucho, mucho cuidado)
A lo largo de mis últimas charlas, he visto cómo nosotros mismos nos distopizamos. Si, como podéis ver, hoy no pienso hablar de nuestros gobernantes. Voy a darles un respiro y, para variar, voy a hacer que nos miremos nuestro propio ombligo. Nos distopizamos y a lo bestia, cada vez que llegamos y le imponemos a alguien una idea. Así, por cojones. Si no están de acuerdo con nosotros, montamos el cipote del siglo y consideramos a quien sea "enemigo", "disidente" (cada vez que pronuncio esta palabra me acuerdo de La Vida de Brian) o términos mucho más contundentes. Luego si nos preguntan, nos consideramos tolerantes y abiertos de mente. Para arrearnos una hostia en la boca con una trucha muerta por falsos.
Yo mismo me incluyo en este saco. El burro delante para que no se espante. Tengo que reconocer que hasta hace bien poco (y a veces me sigue pasando hoy día), que una persona no pensase como yo me ponía de mala leche. Pero los tiempos cambian y uno al ir envejeciendo ve las cosas de otra manera. Ahora eso no me toca tanto las pelotas como que me llegue alguien completamente carente de argumentos, intentando venderme una idea sólo porque la dice él. Como si las ideas de los demás no valieran una mierda. Sin molestarse siquiera en otros puntos de vista.
Veo como día tras día, en los colegios, hay muchos profesores que usan dobles raseros. Cómo machacan a algunos alumnos porque esperan más de ellos, o sencillamente porque no consideran que estén a la altura de las expectativas del centro acerca de lo que es el alumno "modélico que buscan" (yo mismo he presenciado cómo muchos chavales, que si bien no eran de sobresaliente pero sí de media de "bien" tenían que abandonar ciertos centros porque el profesorado les hacía la vida imposible. No es ciencia-ficción. Es real, pero la mitad de las veces no prestamos atención). Nos dicen en las prácticas docentes que tenemos que reforzar lo positivo y veo cómo día sí y día también muchos educadores (no todos, gracias a Dios) se pasan por el recto eso y se dedican a convertir las aulas en sus putos cortijitos personales, con sus niños bonitos, su clase media y su proletariado. Muy bonito, sí señor.
Cómo en las universidades se lleva la política del despellejamiento, entre profesores, entre alumnos y todos contra todos. Cómo un doctor, eminencia dónde las haya, se permita el lujo de cuestionar no sólo el trabajo de sus estudiantes (valorándolo al peso), sino encima el de sus propios compañeros, que han sido quienes lo han supervisado. Gente que se cree el puto Dios, y puede que lo sean desde el punto académico. Pueden tener conocimientos del nivel de Brainiac 5; pero con esa actitud, ya veo dónde está su calidad humana...
Justo aquí.
Y llegamos al fantástico (o fanático, como queráis) mundo de las redes sociales. Ese universo personal y protodistópico donde se ejerce la dictadura de la mayoría. Donde impera la tiranía del que hace más ruido y lo que podrían ser verdaderas ágoras de gente intercambiando ideas se convierten en lo que mi abuela (en su inmensa sabiduría) llamaba "Lavaderos de putas": es decir, gente berreando, sin decir absolutamente nada. Sin argumentos, sin respeto alguno ni por las ideas de otros ni por las propias (ya he mencionado en muchas ocasiones en este blog que cuando defiendes la idea más noble del mundo sin argumentos, simplemente a base de acordarte de la madre de los demás, estás haciendo un flaco favor a esa causa y estás ejerciendo una defensa mucho peor que si no hicieras nada).
"Que no, que no y que no!!! He dicho que Matrix Revolutions es una joya del séptimo arte!!!"
"Una mierda para ti!!!"
Resulta descojonante lo hipócritas que podemos llegar a ser, cuando nos rasgamos las vestiduras hablando del fanatismo islámico cada vez que vemos cómo un fulano ha hecho PUMBA en Karajistán y se ha llevado a yo no sé cuántos por delante. Pero no pensamos en los cipotes que se montan en cualquier red social o en cualquier foro cada vez que alguien dice "Pues mira, yo pienso esto" y la gente va simplemente a cagarse en su puta madre.
Llamarlo "vergonzoso" es usar un eufemismo.
Por supuesto, no creo que todas las ideas sean respetables. Puedo ser un idealista, pero no un ingenuo. La cuestión es: ¿El creer que tenemos la razón nos da derecho a caso a despreciar a otros? Si tanto hablamos de respeto y tolerancia cuando nos sentimos ofendidos, ¿por qué no tenemos los huevos de escuchar a los demás, entonces? ¿Tan atrapados vivimos en nuestro propio onanismo mental que tendemos a pensar que lo que viene de fuera de nuestro cerebro es equivocado, mal hecho o sencillamente inmoral?
Aparte de todo eso, veo una semilla de ignorancia como la copa de un pino en todo esto. Hay gente que a lo mejor no puede entender el humor (más o menos acertado de algunos), y en lugar de preguntar "¿esto es una broma o qué?" (Aunque no os lo creáis, la Evolución, o Dios, dependiendo de vuestras creencias, parecen haber dotado a nuestro cerebro de la habilidad para hacernos preguntas a nosotros mismos y a otros de nuestra especie) Pues no: el personal entra directamente con la escopeta montada, con su gran frase de "¿Pero cómo puedes decir eso?" Esa frase es, según parece, la que nos da potestad para acordarnos de la puta madre de alguien sin que nuestra conciencia sufra ni un arañacito.
"Un buen fanático siempre está listo para tener una discusión".
Y no sólo pasa en las redes sociales. Internet no es el único modo de propagar este virus. Pasa por todas partes: en la tele, cuando ves cadenas de televisión enfrentadas por ver quién tiene la picha más grande. En la calle, en los bares. No hay sitio que no parezca estar salpicado de eso.
No digo, por supuesto, que todo el mundo tenga que estar de acuerdo; eso sería acercarme a la idea de Pensamiento Único y ya sabéis lo que pienso yo de esas cosas. Es más bien todo lo contrario: creo que no existe nada mejor en el mundo que la gente que piensa por sí misma y que comparte sus ideas con otros. Nadie tiene por qué estar de acuerdo (es casi lo esperable), pero el respeto mutuo debería distinguir a la raza humana de los animales (si veis algún documental, veréis que ellos también tienen muestras de respeto rudimentarias entre sí). Pues nada, aquí como en el puñetero 1984, que nos da cosa decir lo que pensamos abiertamente la mitad de las veces porque tenemos que ser políticamente correctos. Porque tenemos que lamer los sfínteres de gente que, por algún motivo socialmente impuesto, son las que llevan la voz cantante. Alabar a héroes que en el fondo no son más que unos perfectos gilipollas que no merecen ni un ápice de admiración. En definitiva, someternos a la tiranía que os comentaba unos párrafos más arriba.
Traduzco: "Quiero que adores a los ricos y famosos, que estés feliz, que encajes, que pienses como el grupo, que nunca hagas preguntas y que no desafíes nada"
Luego lo de siempre: se nos caen los huevos de indignación cuando vemos gente de tal o cual partido puteándose los unos a los otros. A los radicales de siempre soltando improperios. A payasos que van de raperos (o viceversa, no me queda muy claro) diciendo que todas las tías son unas guarras. A montar el pollo. A cagarse en la puta madre del prójimo. Sin explicaciones. Sin razones. Sin argumentos. Sólo por la mera intención de pagar las frustraciones con alguien.
Y os digo yo que así no. Así nos convertimos en el puto rebaño y vamos de cabeza, todos juntitos, a que nos pongan el puto código de barras en el cogote, como le pasaba al cocopera de Hitman (peli que vi la otra noche y que pido por favor que alguien me explique de qué va). Ya somos pollos sin cabeza que nos dedicamos a corretear y a cacarear. Al insulto barato y a la ramplonería que apuntaba Muñoz Molina en un artículo que leí el otro día por casualidad (y con el que estoy de acuerdo pese a mi lenguaje tabernero y mi bilis concentrada).
No. Ya estoy hasta las narices de que nadie pueda expresarse con tranquilidad sin que le echen a los perros. Sin que crucifiquen a nadie por pensar diferente. Por pensar por sí mismos y no ser un puñetero número, que agacha la cabeza ante lo establecido como "Correcto". Sin que haya un colectivo de imbéciles sin tiempo libre que no saben juntar más de dos palabras seguidas para levantar una polvareda que ríete tú de Twister. ¿Pero quién coño nos hemos creído que somos?
Seáis creyentes o no, tened clara una cosa: a este tipo (independientemente de que le consideréis Hijo de Quien Sea o no) le dieron la del pulpo por pensar diferente y decirlo. Ahora me decís si hemos cambiado mucho en 2000 y pico de años...
Quizás sea, al ver semejantes muestras de garroterismo y soplapollez humana que me quede claro día tras día que nuestra especie debería irse a tomar por culo de una vez y dejar el legado de la Tierra a las cucarachas. Al menos ellas no dejan de hablarse por no estar de acuerdo entre sí.







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