miércoles, 22 de junio de 2016

Tebeos en Vena- Cuando la libertad de expresión mató al Capitán América




Desde que el mundo del cómic, especialmente el superheroico y más concretamente el enarbolado por las franquicias Marvel y DC, saltase al cine, se ha convertido en el blanco de un montón de ataques. Ataques provenientes tanto por parte de usuarios aislados como de colectivos más o menos organizados. La mayor parte de ellos, con quejas hacia eso del sexismo (cosa que argumenté largo y tendido en este artículo), pero no se quedan ahí, no: también las ha habido acerca del racismo (comentado en el mismo artículo) y la homofobia (también comentada ahí). Todas estas quejas, insisto, parecen haber nacido justo en el momento en que los cómics han saltado a un terreno que llega a un público mucho más amplio, y en una era digital donde cualquiera puede opinar (y, sobre todo, berrear como un auténtico energúmeno) aunque no tenga ni la menor idea de lo que está hablando. En otras palabras, era juntar el fuego con gasolina: por un lado, la moda del activismo histérico y desmedido que ya lleva unos cuantos años convirtiendo cualquier red social en un pozo lleno de tontos del culo que no tienen ni la menor idea de lo que andan reivindicando o contra lo que están chillando; por otro, que un formato literario como es el cómic haya pasado de un público más o menos "marginal" hacia un entorno más visible.
Visualizadlo como un caramelo en la puerta de un colegio y más o menos lo tenemos. La diferencia es que aquí los niños no se pelean por conseguir el caramelo; más bien, se dedican todos a pisotearlo y machacarlo, dando una vergonzosa imagen de lo que son como seres humanos.


"Hola, buenas, somos el pelotón de linchamiento regular. ¿Sería tan amable de indicarnos dónde está el hijoputa del mes al que hay que apalear públicamente?"


El último en caer a lo largo de este año ha sido el Capitán América, aunque el pobre no es virgen en esto: como ya comenté en mi anterior artículo, y en este otro, es frecuente que este personaje se lleve hostias de todos colores. Si no el personaje, el pobre autor al que le toque guionizar o dibujar la serie. En este caso, la enésima polémica (creada por el público, más que por los autores en sí, como explicaré a continuación) ha sido en base a una supuesta revelación en la cual se nos cuenta que el Capi ha sido un agente de Hydra encubierto durante años. Lo que, en principio, debería haber sido un final del tipo cliffhanger (traducido: esa clase de finales tan chocantes que te dejan con el culo torcido, y que requieren una explicación a lo largo de números —o sagas— posteriores) se ha convertido en el baluarte para que un montón de energúmenos carguen, apunten y abran fuego contra el guionista de la serie. Sin esperar explicaciones de ningún tipo, y sin seguir leyendo la serie y llegando, una vez más, a ese consabido recurso de amenazar de muerte al susodicho guionista. Podéis ver un extracto de las amenazas en el artículo que me acaba de pasar un amigo justo aquí.



Muy simpáticos, ellos.
Perdonad que no me ría.


Es al llegar a este punto cuando empiezo a plantearme no pocas cosas.
En primer lugar, me planteo si la gente ha leído cómics alguna vez para andar rasgándose las vestiduras ante algo así, como si no hubiéramos tenido ya momentos así de impactantes en el pasado (hablando del Capi, me viene como ejemplo cuando lo mataron en la aclamadísima etapa de Ed Brubaker y se pegaría muuuuuchos  números siendo sustituido por el Soldado de Invierno, que iba a tiro limpio. Y este es tan solo uno de ellos)... pero sigo ahondando en el asunto y pensando en quién se ha creído el público que es para ir con esa arrogancia y esa prepotencia, no ante un autor, eso es lo de menos. Es la arrogancia contra otra persona. Casi me recuerda a ese cliente cabrón que todos hemos tenido alguna vez, que se cree que porque te está pagando puede permitirse el derecho a tratarte como si fueras su esclavo personal o a faltarte al respeto. Esto no es en absoluto diferente: muchos de esos que han ido atacando a Nick Spencer han debido enarbolar el argumento de que son ellos los que compran los cómics y que el autor les debe algún tipo de pleitesía.
Probablemente cualquier día se piensen que pueden ir a casa de Spencer o de cualquier otro autor y que, como le dan de comer, tienen pleno derecho a follarse a su perro por turno, ya puestos.


Insert your picha here.
Le avalan todos los derechos del mundo.


Pero vamos más allá. Una vez más, y como ya sucediera con Joss Whedon en la segunda peli de los Vengadores, la cosa no se ha quedado en un simple descontento (lo cual me parecería casi respetable, a pesar de que la gente no ha terminado de leer la historia), sino que se ha pasado a amenazar de muerte al autor.
Amenazar de muerte.
Es al llegar aquí cuando lo que empiezo a sentir ya no es ni rabia. La rabia quedó atrás, en el momento en que he visto cómo el público se cree con pleno derecho a pisotear la libertad creativa de cualquier autor.
Es asco.

Mi asco se debe a esa especie de prebenda moral con la que se creen que cuentan esta panda de cobardes. Cobardes que no deben tener mucho que hacer con su existencia (de mierda) para creerse con derecho a vulnerar la dignidad de otra persona e incurrir en un delito que es bastante grave. No ya solo por las amenazas de muerte en sí, que sería para que todos estos listos (de mierda) se sentasen un ratito en un banquillo para explicarle a un juez a qué coño ha venido eso, sino encima por hacerlo en un medio público, donde hay constancia clara de que desearían ver muerto a alguien. Ni contexto ni hostias, amigos Distópicos: cuando estás delante de un teclado no es lo mismo que cuando dices que te cargarías a alguien en caliente. Tienes tiempo para reflexionar, para pensar. Para medir el alcance de la gilipollez que estás soltando. Ni uno de estos imbéciles redomados ha tenido ese tiempo de reflexión, y si lo ha tenido, ha sido peor aún porque les ha dado exactamente igual.


"Si a mí me da igual. Yo solo buscaba un sitio donde pudiera sumarme a eso de insultar a alguien".


Lo más asqueroso resultaría de esta hipótesis: supongamos que, por un momento, Twitter decide banear las cuentas de todos estos gilipollas (sí, me permito llamarlos gilipollas. Para mí una persona que amenaza de muerte a otra en un medio público, donde hay constancia de dicha amenaza, no merece un calificativo más suave) y no esperar a que Spencer haga como Whedon y la borre él (ole Twitter, cuidando siempre de que sean los usuarios responsables los que se quedan en su red, tales como neonazis, maltratadores de animales y demás): si eso llegase a suceder, me juego lo que queráis a que estos mismos gilipollas serían los primeros en ir lloriqueando porque les han limitado su derecho a la libertad de expresión.

Libertad de expresión. Pues claro que sí, campeones. Si hay algo que me encanta en esta vida es ver cómo el personal grita a pleno pulmón que se respeten sus derechos, pero se permite día sí y día también ir vulnerando el de los demás. Me encanta cuando al personal se le llena la boca hablando de la libertad de expresión como algo que pueden ejercer sin la menor responsabilidad y como único argumento para poder decir la primera idiotez que se les pase por la cabeza sin consecuencia alguna. Y que cuando, por una vez, alguien les pida responsabilidades o les sancione por la barbaridad que acaban de decir (algunas de las cosas que se pueden decir, no olvidemos, pueden ser calificadas como delito), tengan otra pataleta y acusen de fascista a aquel que les ha dicho "Te has pasado de la raya".


Algunos se piensan que la censura va en dos direcciones: que todo el mundo les censura a ellos y que su "derecho a manifestar la ofensa" (a menudo expresado con frases como "borra eso" o "no digas tal cosa, porque me ofendo") no lo es. Aunque estén limitando el derecho de otros.


Ahora le ha tocado al cómic, como he dicho, posiblemente porque ahora están en un centro mucho más visible que hace quince años. Hace veinte, le tocó a los juegos de rol. Hace treinta, al heavy metal. Es un ciclo continuo, donde cambian los objetivos y los verdugos (antiguamente eran las asociaciones de padres y los grupos ultracatólicos; hoy en día, lo hacen colectivos que enarbolan su bandera de "discriminados" o anónimos particulares con poco que hacer con su vida), pero la actitud es básicamente la misma: un grupo o elemento A que impone su criterio sobre un elemento B, de forma agresiva o incluso violenta, y usando un argumento falaz para ello; "Es por nuestros hijos", "Al decir eso estás ofendiendo a no sé quién" o "Si no sale lo que yo quiero ver, es porque discrimina a no sé cuántos" son buenos ejemplos para ello.

Mi reflexión ante esto es que la libertad de uno (incluida la de expresión, sí) termina donde empieza la de los demás (a su dignidad, por ejemplo). Creo que no se puede ir amenazando o atacando a la gente solo porque ha creado algo que no nos gusta y que, por poco que nos guste, no incurre en delito o en un ataque moral grave. Spencer no ha hecho apología alguna de nada al presentarnos un Capitán América afiliado a Hydra (de hecho, ni siquiera es el verdadero Capitán América, como se ha explicado recientemente... pero eso estos salvajes no lo sabían aún, porque ni habían esperado a la explicación; era más fácil montar un pelotón de linchamimento), ni tampoco es que haya sido una novedad, que se diga (¿O nadie se acuerda ya de la cantidad de mutantes que se han pasado al bando enemigo o se han vuelto chungos de verdad a lo largo de los años para que luego vuelvan a su tónica habitual? ¿Nadie se acuerda del Capitán América de los años 50? Hablando de pifias graves, ¿nadie se acuerda ya de la segunda saga del clon de Spiderman, donde se nos contaba que los últimos años de Spiderman no habían sido protagonizados por Peter Parker, sino por un clon suyo?). Sin embargo, esto parece haber sido un motivo más que justificado para que una cantidad más o menos notable de gente se comporte como auténticos depredadores, escudándose en el anonimato (ejem) y en ese sacrosanto derecho a poder decir burradas que creen inalienable.


"¿Que no quedan yogures de fresa? ¡PIENSO MATAR A TODOS LOS QUE TRABAJÁIS EN ESTE SUPERMERCADO, HIJOS DE LA GRANDÍSIMA PUTA!"
Pues algo así, pero con un teclado por medio.


Lo verdaderamente triste, como apuntaba el amigo que me ha pasado el artículo donde se ven las amenazas de muerte, es que estamos completamente seguros de que ninguno de estos salvajes va a pedir perdón ni retractarse públicamente ante Spencer o quien sea por las barbaridades que han ido soltando. Posiblemente se sentirán con el derecho a la rabia del momento o argumentarán alguna otra excusa barata similar. La actitud de niños malcriados que se creen con la autoridad suficiente para pisotear a otros. Dicha actitud es la que llevo viendo desde hace ya demasiado, por parte de aquellos que han ido insultando de forma gratuita a gente que tiene una imagen pública. La excusa, sencilla: si tienes una vida pública, te expones a eso. Algo así como decir, de un modo fino, "Es famoso, así que se joda".
Esta excusa, lejos de explicarme nada, me resulta algo bastante desagradable, por no decir que me resulta de una perversidad que no me atrevo ni a definir. No sé si es por la envidia hacia una persona con una vida pública (¿en serio es algo envidiable?) o simplemente que la persona que ataca parece sencillamente buscar un motivo para odiar, pero el caso es que cuando alguien me viene con esa historia no puedo sino sentir cómo se me revuelven las tripas. Es usar un pretexto (a veces, teñido de un tufillo moral incluso) por el cual sentirse con derecho para faltar al respeto a otros o humillarlos. Creo que lo llamo patético y me quedo corto.


Durante siglos ha habido mucha gente que ha dado su vida para que otros tengamos los derechos que tenemos hoy en día. Pensadores, estadistas, intelectuales o incluso soldados.
Que murieran para que ahora hagamos esta clase de cosas con esos derechos me da así de asco.


Pero volvamos al Capitán América, que es el responsable de este artículo.
Pensemos en un personaje que ha sido siempre el símbolo de las libertades. Un personaje que ha defendido la búsqueda de la felicidad del individuo y que ha entendido siempre que todos los ciudadanos deben hacer causa común para llegar a una sociedad mejor. Que ha luchado contra su propio gobierno varias veces para garantizar esas libertades. Que ha sacrificado su vida otras tantas por el bien del ciudadano. Que ha dejado el traje en al menos dos ocasiones cuando la administración competente ha tirado por unos derroteros que no representan el ideal de lo que originalmente era América (y no, ese ideal no era el fascismo, sino la Ilustración. El que no lo vea claro, que se pille un libro de historia y busque cositas sobre Washington, Franklin, Samuel Adams o Thomas Paine, entre otros). Que se ha opuesto de forma abierta a la política colonial de su país y que a veces se ha planteado el sentido que tiene representar a un país que no siempre está a la altura del ideal que tuvo cuando obtuvo su identidad como nación.
Un personaje al que muchos habéis juzgado, desde la más total ignorancia, solo porque lleva una bandera en el traje, por cierto.
Si el Capi existiera, me pregunto qué pensaría de un puñado de energúmenos que ningunean a otros de forma pública, llegando a insultar o amenazarlos de muerte. Qué podría pensar alguien que defiende las libertades individuales y la búsqueda del bien común de una horda de mentecatos que se mean en sus propios derechos para prostituirlos y convertirlos en una excusa para hacer el gilipuertas.
Pues lo mismo Spencer tenía razón antes de revelar al personaje que había suplantado la identidad del Capi.
Lo mismo lo mejor que podía haber hecho el Capi habría sido pasarse a Hydra y mandar a tomar por culo a una sociedad que no merece a nadie que la proteja.

domingo, 19 de junio de 2016

Mondo Chorra- Bien vs. Mal



Hoy he visto un estado que escribí hace un par de años, donde se veía un poco lo que le parece bien y lo que le parece mal a nuestra fantástica sociedad moderna. Me permito reproducirlo aquí, con ciertos añadidos acerca de cosas que he venido viendo y leyendo desde entonces. Como siempre, pequeña aclaración, para los tontos del culo que tienen el nivel de comprensión lectora de una lata de anchoas vacía: estos puntos que señalo aquí abajo no reflejan en momento alguno lo que pienso yo... aunque sí lo que piensa mucha,mucha gente.
Es para darle vueltas al tema.


SECCIÓN 1. SOBRE TETAS Y CULOS:




Dar el biberón en público- Bien.
Amamantar en público- Mal.
Mostrar pezones (femeninos) en una red social- Mal. Contraviene las reglas y términos de las redes sociales e incita a... bueno, a algo pernicioso.
Mostrar pezones (masculinos) en una red social- Bien.
Hacer topless en la playa- Bien, pero si se dice en público, es "de guarras". Es Mal si se hace en una playa donde pueda haber gente conocida.
Que haya mujeres de buen ver en una película o publicidad, aunque no se muestren pezones o partes íntimas- Mal. Es machista y cosifica la imagen de la mujer.
Que haya hombres de buen ver en una película o publicidad, mostrando sus pezones y tapando única y exclusivamente sus partes íntimas- Bien.
Hacer twerking- Mal. Sobre todo si eres Miley Cyrus. Si lo eres, además, eres carne de memes y montajes con photoshop.
Dibujar cómics- Bien. Están de moda.
Dibujar cómics con contenido erótico o con sexo explícito- Mal. Eso es de ser un pervertido que no merece trabajar como dibujante en ningún sitio.
Pecho natural- Bien.
Pecho operado, aun a sabiendas de que la persona que se ha puesto los implantes los ha pagado honradamente, ha pasado por quirófano plenamente consciente de lo que está haciendo, no está haciendo daño a nadie y que hace con su cuerpo lo que le da la puta gana- Mal. Eso es de guarras, y a las tías no les hace ninguna falta tener tetas para agradar a los hombres.



SECCIÓN 2. SOBRE HOMOSEXUALIDAD, HETEROSEXUALIDAD, BISEXUALIDAD Y OTRAS OPCIONES SEXUALES/ SOBRE CUALQUIER OTRO TIPO DE DISCRIMINACIÓN:




Que salgan dos personas del mismo sexo besándose en un medio público- Mal. Especialmente si hay menores delante, se vayan a contagiar de la homosexualidad.
Reivindicar los derechos de los homosexuales- Bien.
Usar el término "gay" o derivados para reírse de alguien por no hacer algo que se supone que debería hacer- Bien.
Ver personas donde los demás ven colectivos, tales como los propios homosexuales, mujeres, personas con algún tipo de discapacidad y demás - Mal. Por lo visto es de intolerantes.
Reconocer abiertamente que tienes amigos homosexuales- Bien, pero habrá quien te mire rarito, como si se te fuera a contagiar.
Decir que los homosexuales tienen exactamente los mismos derechos que todos los demás- Bien, pero con matices. Como decidan adoptar un crío, no está tan bien, vaya a ser que el crío nazca confuso o que la homosexualidad de sus padres se contagie. O vaya a ser que casándose ahora los heteros pierdan derechos.
Luchar por la integración de los homosexuales en una sociedad plural, con miras a la tolerancia, al respeto y a la diversidad de opciones sexuales- Bien, y con razón.
Abogar por la automarginación de los diversos colectivos (ahora llamados LGTB) en contextos culturales tales como revistas exclusivas para gays, playas para gays, locales para gays, barberías para gays, cines para gays, etc.- Bien. Esto es mucho más fácil y tolerante que dedicarse a enseñar y educar a la gente en la tolerancia y la integración.
Perpetuar el estereotipo de los homosexuales, bien ridiculizándolos o bien desde la demonización de todas y cada una de las personas heteros (especialmente varones) que pueblan este planeta- Bien.
Entender que una persona homosexual es una persona normal y corriente, pero con una preferencia sexual diferente a la de la mayoría- Bien.
Anteponer que alguien es homosexual a cualquier otra cosa para identificarlo y resaltarlo por encima de los demás, aunque esas personas resalten por otros méritos que no tienen ninguna relación con su condición sexual- Bien.



Obligar a cualquier persona homosexual a salir del armario, quiera o no hacerlo- Bien. Porque ese tipo de elecciones son asunto de todo el mundo.
Ser discriminado por ser friki- Mal.
Ser friki e ir mirando a los que no lo son por encima del hombro, como si fueran mierda- Bien.
Quejarse de que el heavy metal no tiene el lugar que merece en esta sociedad y que se mira mal a los melenudos con camisetas de Slayer- Bien.
Ir por la vida diciendo que uno es más heavy que nadie e ir tildando de "puta mierda para maricones" a cualquier cosa que no sea un tema heavy metal- Bien.
Ir por la vida diciendo que uno es más heavy que nadie, ir tildando de "puta mierda para maricones" a cualquier cosa que no sea un tema de heavy metal y ser fan de Rob Halford (cantante de heavy metal, homosexual reconocido desde hace décadas)- Bien.


SECCIÓN 3. SOBRE ESO DE LA IGUALDAD DE GÉNERO:





Apostar por la segregación de mujeres (o de algún otro colectivo "no privilegiado por la sociedad") en sitios públicos tales como transportes, gimnasios, locales de esparcimiento, etc. como medida contra su discriminación o para garantizar su seguridad- Bien.
Que en una película salga un villano de género masculino atacando a un héroe de género femenino- Mal. Los villanos, por ficticios que sean, solo pueden atacar a seres de su mismo sexo (y ya puestos, de su misma condición sexual), ¿Estamos locos o qué? Todo, sin excepción alguna, lo que se muestra incita a la injusticia, a la violencia y a la maldad más absoluta.
Que se defienda la violencia contra las mujeres- Mal, y con más razón que un santo.
Que se defienda la violencia contra los hombres- Bien. Al parecer, todo hombre merece dos hostias a manos de una mujer, porque su género lleva el germen de la opresión y la tiranía.
Aceptar y promulgar la idea de que una mujer puede vestir como le dé la real gana- Mal. Es machista.
Decir a una mujer cómo debe vestir y cómo comportarse en un mundo "de hombres"- Bien. Es feminista.
Tildar a una mujer de "guarra" en cualquier contexto- Mal.
Tildar a una mujer de "guarra" en el contexto de que no se amolda a esos patrones morales impuestos por gente autoproclamada feminista - Bien. No solo es una actitud feminista, sino que combate a los roles fascistas y opresores impuestos por el Malvado Imperio Heteropatriarcal, que tiene la culpa de Todos y Cada Uno de los Males de esta Sociedad.
Decir que una mujer famosa es una puta gorda y que está donde está porque se la ha chupado a alguien- Bien.
Hablar, al mismo tiempo, de lo importante que es una mujer con curvas, independiente y que sabe aceptarse a sí misma- Bien.



Follar mucho (si eres hombre)- Bien.
Follar mucho (si eres mujer)- Mal.
Reconocer que te gusta el sexo (si eres hombre)- Bien. Incluso necesario.
Reconocer que te gusta el sexo (si eres mujer)- Mal. Se te etiquetará como "puta" (o sinónimos) o "ninfómana".
Escribir literatura romántica (si eres mujer)- Bien.
Escribir literatura romántica (si eres hombre)- Mal.
Escribir literatura romántica (si eres hombre pero usas un nombre de mujer)- Bien.
Protestar contra la violación- Bien, y con razón.
Decir que una chica que ha sido violada se lo andaba buscando por su vestimenta o su actitud, o dando a entender que no hubo tal violación si hubo provocación previa hacia sus agresores- Bien.
Decir que eres gamer (si eres chico)- Bien.
Decir que eres gamer (si eres chica)- Bien.
Decir que eres gamer (si eres una chica que no se ajusta a los "cánones" estéticos que una chica gamer debe cumplir por cojones)- Mal. Es una falsa gamer y, por extensión, una guarra que busca calentarle la polla a los "verdaderos" gamers que, como todo el mundo sabe, son tan guais que hay que ir calentándoles la polla para molar en este mundo.
Lapidar gente (especialmente mujeres) usando piedras- Mal.
Lapidar gente (especialmente mujeres) usando tweets o comentarios sumamente desagradables en una red social- Bien. Es libertad de expresión.

SECCIÓN 4. SOBRE MALTRATO ANIMAL:





Poner perros a pelear- Mal. Además de ser una cabronada, es delito.
Exponer páginas en redes sociales donde se muestran perros peleando, desangrados, apaleados, mutilados, torturados, quemados vivos, atropellados, matados de hambre, humillados o vejados- Bien. A las redes sociales no les parece que sea una apología de la violencia o el maltrato animal, por reales que sean las imágenes.
Exponer fotos o dibujos de animales torturados de cualquier clase- Mal, y con razón.
Exponer fotos de animales torturados de cualquier clase, pero haciéndolo desde un colectivo que aboga por los derechos de los susodichos animales- Bien. Si lo hacen ellos, no es lo mismo.
Torturar animales- Mal, y con razón.
Torturar animales en según qué contextos, como por ejemplo, una galería de arte- Bien. Puede que sea una forma de arte un tanto extrema, pero el artista ha dicho que lo ha hecho precisamente para denunciar el maltrato animal, así que no pasa nada. Si un animal torturado sirve para que se deje de torturar a cientos, pues bien.
Poner señores que se carguen toros, haciéndolos ahogarse en su propia sangre- Bien. De hecho, no solo está bien, sino que es cultura. Incluso arte.
Poner señores que cojan una lanza y persigan toros por el campichi silvestre hasta matarlo- Bien. No solo está bien, sino que es patrimonio de la Unesco por su valor cultural.
Matar al susodicho toro- Mal.
Permitir que los mismos señores que cogían una lanza y se cargasen toros, ahora puedan darle toda clase de hostias al susodicho toro, con la única prohibición de matarlo- Bien.
Montar escuelas de tauromaquia para críos- Bien. Se perpetúan las sacrosantas costumbres españolas, inamovibles e inmutables con el paso de los siglos, junto con poner al prójimo en la picota y decir que todas las tías son unas guarras menos la madre de uno.
Ver videojuegos en que un personaje mata monstruos con forma animal- Mal. Así se incita a los niños a matar animales por mera diversión y deben ser retirados del mercado de forma inmediata.

SECCIÓN 5. SOBRE LIBERTAD DE EXPRESIÓN, LIBERTAD RELIGIOSA, EL DERECHO A MANIFESTARSE Y OTRAS COSAS IGUALMENTE IMPORTANTES:




Pedir libertad de expresión cuando se cargan a alguien en otro país por sus ideales- Bien.
Decirle a un compatriota que no puede postear según qué cosas, solo por el hecho de ser una ideología contraria, atentando igualmente contra su libertad de expresión, pero amparándose en el derecho a sentirse ofendido ante la más microscópica estupidez y, por tanto, imponiendo la censura- Bien.
Pedir respeto para uno o para su ideología, bajo la enseña de la tolerancia- Bien.
Respetar a otros, bajo la misma enseña- Mal.
Acampar en la calle como medida de protesta- Mal. Se altera el orden público.
Acampar en la calle para comprar entradas de un concierto, partido de fútbol o cualquier otro evento social- Bien.
Manifestarse pacíficamente para reclamar algo- Mal. Se altera el orden público.
Manifestarse de forma violenta porque el partido de fútbol que se ha visto ha tenido un resultado que no ha sido del agrado de unos cuantos- Ni bien ni mal. Es que el fútbol es así, y esos altercados nada tienen que ver con el deporte.
Reconocer que te gusta el fútbol- Mal. Eso es de palurdos ignorantes analfabetos a los que el destino del país les importa una puta mierda.
Reconocer que te gusta leer, aunque lo que leas sea una puta mierda tipo Mein Kampf 50 Sombras de Grey, que sí que venden una relación basada en patrones arcaicos, donde una mujer considera que el amor verdadero se basa en someterse a los caprichos de un tonto del culo (pero con dinero, eso sí)- Bien. Es cultura.
Protestar contra la pena de muerte en países como Estados Unidos o alguno menos "civilizado"- Bien.
Exigir la pena de muerte en nuestro propio país cuando aparece un asesino en serie, violador, pederasta o (presunto) culpable de algún otro crimen igualmente atroz- Bien.
Hablar sobre presunción de inocencia- Bien.
Dar por sentado que todo bicho viviente que sale como acusado por la tele es culpable- Bien.
Publicar, sin contrastar, la foto de alguien en una red social, acusándolo de un crimen, y sin que se haya demostrado su culpabilidad- Bien.
Dictar sentencia sobre el susodicho bicho viviente- Bien. La justicia es una mierda, así que...



Reconocer que la Constitución es la principal herramienta de la democracia- Bien.
Usar la Constitución como pretexto para todo, aun sin haberla leído, o habiéndola leído, y dando por sentado que absolutamente todo lo que aparece reflejado en ella es un derecho inalienable que debe ser garantizado al ciudadano por el gobierno- Bien.
Hablar de tus derechos- Bien.
Hablar de tus deberes y responsabilidades como ciudadano- Mal.
Hablar de tolerancia religiosa- Bien.
Reírse de la gente que profesa alguna creencia religiosa, usando el ateísmo como prebenda moral para poder ridiculizar a otros- Bien.
Atacar sinagogas o mezquitas- Mal. Son actos racistas que manifiestan una intolerancia brutal hacia otras culturas.
Atacar iglesias- Bien. Son actos reivindicativos.
Reducir cualquier creencia religiosa a sus estereotipos más nocivos, sigan o no en vigencia por la mayor parte de sus fieles, e ignorando cualquier otro precepto (especialmente positivo) en el que se base dicha religión- Bien.




Abogar por la destrucción de piezas de arte en un templo asirio a manos de los fanáticos religiosos- Mal. Es un atentado contra el arte que jamás debería ser perdonado.
Abogar por la destrucción de piezas de arte en un templo cristiano a manos de otro tipo de fanáticos- Bien.
Identificar toda persona con una creencia religiosa con un fanático, bien creacionista, bien extremista islámico, bien culpable en potencia de un acto deleznable, tal como abuso de menores, atentados, etcétera- Bien. La religión es el opio de las masas y tener cualquier tipo de creencia te convierte en un subnormal propenso a convertirse en una criatura propensa a causar o defender cualquier tipo de acto despreciable.
Decir que todos somos iguales bajo la piel- Bien.
Decir lo mismo cuando se habla sobre la etnia gitana- Bueh.
Condenar un atentado en un país que sabes señalar en un mapa- Bien.
Condenar un atentado en un país que no sabes señalar en un mapa- Bien, pero tampoco te flipes, que no estás haciendo nada del otro mundo y no te va a hacer caso ni el tato.
Putear gente a la que no conoces en su perfil de una red social, llegando a amenazas de muerte- Bien. Es libertad de expresión.
Ponerse una chapita contra el bullying y el cyberbullying- Bien.
Quejarse sobre lo hijos de puta que son los políticos- Bien. Es libertad de expresión.
Hacer algo más aparte de quejarse e intentar cambiar las cosas, ejerciendo un voto medianamente responsable, independiente de filias, fobias y basándose en estudiar con cierto criterio el programa electoral de las distintas formaciones e ir siguiendo la trayectoria de éstas, para luego tener siempre presente que lo mismo no respetan el programa electoral y conviene cambiar de opinión en las siguientes elecciones- Mal. Eso es una marcianada como la copa de un pino.
Quejarse sobre lo chorizos que son los políticos y sobre lo mucho que roban al contribuyente, especialmente en Internet, donde todo se queda en la mera palabrería y donde muy poco de lo que se dice se traduce en verdaderas acciones- Bien.



Ser un ciudadano de a pie y andar estafando a la sostenibilidad del estado mientras se cobra el paro y se trabaja en negro, comprar en negro, robar cosas en una oficina, pagando sin facturas, racaneando lo que se debe a personas que trabajan para uno y demás lindezas- Bien. No solo que está bien, sino que se hace lo correcto, porque más roban los políticos.
Abogar por un cambio político- Bien.
Abogar por cualquier cambio político, aun bajo el riesgo de que no sea un cambio para mejor, o simplemente no se sepa ni lo que se está defendiendo. Bien, porque a peor no se puede ir.
Abogar por una revolución, aunque sea a hostias limpias, con tal de salvar el país- Bien. Porque si no es por las buenas, es por las malas.
Decir que en otros países (como por ejemplo, Francia), la gente sí que sabe luchar por sus derechos, que hace todo lo posible por el bien del país, y que se solidarizan con cualquier trabajador que esté reclamando lo que realmente merece- Bien.
Tomar el ejemplo de Francia en todos los puntos anteriores- Mal. Si otro se pone en huelga, me parece muy bien, pero a mí que no me joda.


SECCIÓN 6. OTRAS COSAS IGUALMENTE SENSATAS Y COHERENTES:




Manifestar muestras de afecto (no necesariamente explícitas) con la pareja en un sitio público- Mal. Es una falta de educación.
Darse de leches en un sitio público- Mal también, pero a esos no los reprime nadie. Se les graba con un móvil y luego el vídeo va rulando por ahí, con comentarios alabando al que gane la pelea.
Escuchar a Raphael (hace unos diez años)- Mal. Eso es de viejóvenes y carcamales.
Escuchar a Raphael (recientemente)- Bien. Raphael es un referente indie.
Escuchar a Paco de Lucía, Lou Reed, Gary Moore, Prince o David Bowie, entre otros- Mal. ¿Quién coño son esos putos carcamales?
Escuchar a Paco de Lucía, Lou Reed, Gary Moore, Prince o David Bowie, entre otros, cuando ya se han muerto- Bien. Se nos han ido unos grandes. D.E.P.
Putear a diario a los grandes empresarios, tildándolos de opresores y esclavistas- Bien.
Putear a diario a los susodichos grandes empresarios, tildándolos de opresores y esclavistas, desde un ordenador cuyas piezas han sido fabricadas en China con mano no precisamente libre, o bien usando un móvil, procedente del mismo sitio. - Bien.
Tener acceso a toda la información posible gracias a Internet- Bien.
Compartir noticias en Internet- Bien. Hay que compartirlo todo, "por si acaso es verdad".
Contrastar todo lo que se comparte, siendo consciente de que lo mismo se incurre en propagar un bulo dañino, con implicaciones tendenciosas, que propague algún tipo de injuria o calumnia, o que cause perjuicio sobre terceras personas- Mal. Eso es perder el tiempo.



Exigir la retirada de dibujos animados, videojuegos o incluso películas por su carácter violento o no recomendado para menores de 18 años- Bien. A ver qué va a pasar con la corrupción moral de nuestros hijos.
No hablar con tus hijos para nada, dejarles que vean lo que les dé la puta gana (aunque sean menores de edad) y no tener el detalle de explicarles que la diferencia entre realidad y ficción no debe sobrepasar lo que se ve en una pantalla- Mal. A los críos hay que darles libertad para que vean lo que quieran. Especialmente si se pasan horas delante de una televisión o un ordenador y no dan por culo.
Hablar sobre la pérdida de valores de la juventud- Bien.
Atosigar a los hijos con cientos de actividades complementarias, exigiéndoles unas notas en todas las asignaturas que lo mismo no sacan porque no son capaces, chantajearlos emocionalmente y obligarlos a competir con cualquier criatura viva- Bien.
Comprarse un piso, lo más barato que se pueda- Bien.
Comprarse un piso barato, a sabiendas de que la reducción del precio es debido a que hay prostitutas por la zona- Bien.
Comprarse un piso barato, a sabiendas de que la reducción del precio es debido a que hay prostitutas por la zona y pedir que las echen a patadas de allí, usando a los hijos como pretexto- Bien. Piso baratito y las putas no molestan.

Y esto es todo, por ahora. Seguramente, si leéis estos principios de esta nuestra sociedad (o de ciertos grupos que forman parte de ella), os daréis cuenta de que faltan muchas, muchas cosas. Es algo más que evidente. Quizás, si logro reunir otra lista lo bastante sólida, pueda escribir una segunda parte. Quién sabe, es posible que dé hasta para una tercera. Nuestra coherencia, como sociedad, da para mucho, pero eso no es lo que me preocupa...
Lo que me preocupa es que, con el tiempo, se puedan ir añadiendo nuevos principios recién acuñados con el paso de los años y que, en lugar de ir limándolos y superándolos, resulte que cada día tenemos más.
Es algo para considerar.

miércoles, 8 de junio de 2016

Tebeos en Vena- Daredevil, de Ann Nocenti, o Superhéroes con denuncia social



Gracias a una reciente serie de televisión, que ha contado con el respaldo del público, Daredevil, el superhéroe ciego creado por Stan Lee y Will Everett en 1962 ha vuelto a resurgir de sus cenizas una vez más. Han pasado ya unos trece años desde aquella infumable peli de Mark Steven Johnson donde Ben Affleck, ahora reconvertido en "pedazo de actor" (ejem) para muchos y que parece haberse "redimido" (ejem) haciendo de Batman, nos torturara de lo lindo, mostrándonos una historia ridícula a más no poder, de la que como mucho se salvaban la banda sonora y (debo decirlo) el uniforme que llevaba Daredevil.
Ni que decir tiene que este resurgimiento del Diablo de la Cocina del Infierno ha hecho que todo el mundo vuelva recordar (y esta vez, para bien) la etapa de Frank Miller (autor de 300, Sin City o Ronin, entre otros pelotazos, por no mencionar su aclamado Dark Knight... o al menos el primero de la serie). En dicha etapa, como ya sabrán los que la han leído, se presentarían personajes tan interesantes como Elektra o Stick, y se definirían muchos otros que tomarían un rumbo bastante más definido, como en el caso de Kingpin, el Castigador o Bullseye.
Mucho se ha escrito sobre el amigo Frank, y más que se va a escribir con su reciente visita a España. Poco tengo yo que añadir a lo que se diga, más allá de mis muestras de acuerdo o desacuerdo respecto a según qué cosas.



La estética contemporánea de Daredevil.


El primer Daredevil audiovisual, aparecido en la serie del Increíble Hulk.




El uniforme de la película de Daredevil en 2003.



La pinta de Daredevil en la serie de Netflix.


Quizás por eso prefiero fijar mi atención en otra autora, que se encargaría de mantener y, a mi juicio, incluso mejorar lo ya presentado por Miller. Hablo, cómo no, de Ann Nocenti.
Creo que no me equivoco demasiado al decir que es una de las figuras de la escritura en el mundo del cómic más interesantes que he podido leer de la década de los ochenta; no tanto, quizás, por lo que cuenta, sino por lo que quiere decir cuando lo cuenta. Por todo el contenido de fondo que añade a sus historias.
Pero no adelantemos acontecimientos y hablemos un poco de la trayectoria de esta autora.
Ann Nocenti no cuenta con la "clásica" formación de muchos guionistas de cómics que conocemos hoy en día; no se crió disfrutando con los héroes de la Edad de Plata, ni conoció a Jack Kirby cuando estaba en la guardería. Como mucha gente de su época (vivió su infancia a principios de los sesenta, para situarnos), se había criado pensando que los cómics no tenían mucho que contar. Que eran cosas para chavales, y demás. Era la concepción media de la época, así que en su contexto era lo lógico. Según cuenta Julián M. Clemente en su prólogo a la edición española de la etapa, sería ya en la universidad cuando entraría en contacto con la obra de Robert Crumb y su concepción del medio cambiaría.
Como mucha gente de nuestra generación hace hoy en día, estuvo subsistiendo con trabajos de medio pelo hasta que vio en un periódico una oferta para trabajar en Marvel. Ya había estado trabajando como "escritora negra" para un escritor, de modo que acudió a la entrevista de trabajo y, como mucha gente de nuestra generación hace hoy en día, se vio obligada a mentir en ella acerca de lo que sabía de cómics para conseguir una oportunidad... y, a diferencia de mucha gente de nuestra generación hoy en día, la consiguió.


Aquí tenéis a Ann Nocenti.


Ann Nocenti destacó siempre por un marcado progresismo y una poderosa ambición por retratar y denunciar las miserias de la sociedad contemporánea. Sin caer en el lloriqueo, mostraba siempre lo que debía hacerse en un mundo que, por aquel entonces, ya estaba camino de convertirse en una distopía globalizada. Esa mente intelectual, rozando lo subversivo, marcaría una diferencia bastante notable con respecto a lo que se podía encontrar a su alrededor, y no tardaría en demostrarlo. Tras el paso por diversas cabeceras, le llegaría el encargo que ocupa este artículo: Daredevil.

Habían pasado ya unos ocho numeros desde que Frank Miller cerrase su aclamado arco argumental conocido como "Born Again". En dicho arco, nos mostraba lo que sería la primera caída seria de Matt Murdock, después de que su primera novia en la serie, Karen Page, vendiera su identidad secreta a cambio de una papelina de heroína. Así de duro. Recordemos que Miller decidió lavarle la cara al personaje, volviendo sus historias mucho más oscuras y dándole un enfoque bastante más adulto. Nocenti no se quedaría atrás, y empezaría tomando dicho arco argumental como punto de partida para su etapa en la colección, aunque añadiendo, eso sí, su particular punto de vista.

La etapa de Ann Nocenti viene a suponer, por un lado, una evolución lógica del personaje; por otro, funciona como una ventana crítica hacia la sociedad de aquel entonces... sociedad no tan distinta a la nuestra, casi treinta años después de la publicación de estos cómics. No en vano, encontraremos una feroz crítica a los abusos de poder de prácticamente todo tipo: desde las industrias petrolíferas, que usan cualquier excusa para azuzar a los gobiernos a ir a la guerra por el combustible, hasta el abuso de la fuerza del mercenario conocido como Bala, que se dedica a intimidar a todo ser vivo que encuentra, incluyendo a su propio hijo. Nos muestra a los poderes fácticos por medio de un Kingpin que decide crear su propio grupo de medios de comunicación, donde pueda manipular la verdad a su antojo. Denuncia también ese mal llamado "feminismo" por parte de ciertas personas que lo usan como excusa fácil y barata para odiar a quienes no comparten su visión del mundo. Al mismo tiempo, combate también el machismo más rancio al mostrar la ideología de aquellos que deciden crear mujeres "perfectas" en un laboratorio para que obedezcan. Nos muestra a un Capitán América como estrella invitada, desencantado hacia su país y a menudo planteándose si tiene seguido representarlo en su uniforme. Criticando sin tapujos las políticas intervencionistas de los Estados Unidos en América del Sur y defendiendo los derechos de la clase trabajadora.
Vemos todo tipo de denuncias sociales, como el abuso de los caseros sobre sus inquilinos en el momento en que Matt Murdock deja de ejercer como abogado y monta una asesoría legal en la Cocina del Infierno... y se ve obligado a enfrentarse a su antiguo socio, Foggy Nelson, en un juicio, representando las dos "caras" de la justicia: por un lado, la justicia en el estricto sentido de la palabra, sin medias tintas, representada por Murdock y, por otro, la justicia que dice servir a todos y ser imparcial, por Foggy. El lado progresista de Nocenti se ve con claridad en el momento en que el propio Foggy es acusado de haber vendido sus habilidades con la ley al mejor postor (en este caso, Kingpin, detrás del bufete al que éste pertenece) para defender a una empresa que hace vertidos ilegales en una zona residencial (nuevamente, más denuncia social, aquí con marcados tintes ecologistas y enfrentándose a las grandes corporaciones).


"El Asesino del Caviar" es otra de esas historias donde se notaba esa inquietud social.
Mostraba a un trabajador convertido en asesino de forma casi accidental, que le coge el gusto al asunto de matar gente (no sin antes haber sido manipulado previamente por los medios); así pues, se dedica a matar a empresarios y banqueros para "darles una lección", convirtiéndose en cierto modo en una especie de "héroe" para la clase trabajadora, mientras los periódicos se frotan las manos ante el enfoque de la noticia.
El debate moral que surge de esto es, como poco, interesante.


La denuncia social, sin embargo, no es el único bastión en el que se escuda Nocenti para trabajar. Lejos de ser una "panfletista", nos mostrará también lo que podría ser una caída prácticamente definitiva de Daredevil: si bien Miller ya nos contaba en su Born Again cómo la figura del Diablo de la Cocina del Infierno como héroe era puesta en entredicho por el ciudadano de a pie en alguna ocasión, Nocenti lleva esta idea al extremo, rozando casi el pesimismo: en muchas ocasiones a lo largo de esta etapa, veremos cómo Daredevil se enfrenta a sus enemigos y salva al ciudadano de una amenaza más que segura solo para verse insultado por la gente, que lo ve como un paramilitar violento que impone su criterio a puñetazos. La propia Karen Page, ya rehabilitada, lo verá así también y al héroe le supondrá más de un dolor de cabeza demostrar que no es un matón cualquiera.

El lado humano de Murdock se verá todavía más desarrollado en este punto de la serie, pues no solo tendremos recuerdos de la etapa Miller a la hora de volver a la trama de Jack Murdock; Nocenti nos mostrará un Daredevil, si cabe, más humano y falible, llegando al punto de hacerlo tocar fondo y seguir ahondando todavía más. El justiciero no solo será cuestionado como héroe, sino como persona. Recibirá golpes de todo tipo (literalmente hablando) y acabará sacrificando su propia cordura. Todo esto empezará en la que será una de las historias más duras que ha podido vivir el personaje: hablo aquí de María Tifoidea.


Esta moza.


Dicho personaje, un poco en la línea de la tradición Miller, se alejaba de Elektra sustancialmente... y se acercaba a ella, al mismo tiempo. Si bien, al igual que esta, planteaba una especie de relación amor-odio con el personaje (recordemos que Elektra había sido un antiguo amor de Matt Murdock, que acabaría reapareciendo como una despiadada asesina de La Mano, aunque con un cierto atisbo de conciencia y cordura), Maria Tifoidea se muestra como un personaje más oscuro, más enloquecido y sin asomo de corazón, aunque pueda parecerlo. Usando una doble identidad revestida de trastorno de doble personalidad, María Tifoidea se encargaría de acabar con la relación entre Matt y Karen, interponiéndose de tal forma que Murdock acabaría perdiendo la cabeza por ella y sacrificando todo lo sacrificable. Lo que no podía imaginarse es que, bajo la identidad civil de "Mary", se escondía una implacable asesina que se había dedicado a cargarse narcotraficantes por toda Nueva York hasta captar la atención de Kingpin. Este, también embelesado por el carisma de la misteriosa María Tifoidea, caería en sus redes y la acabaría contratando para acabar de una vez por todas tanto con Matt Murdock como con Daredevil.

OJO, SPOILERS: SI TIENES INTENCIÓN DE LEERTE ESTOS COMICS  Y NO QUIERES LEER DETALLES RELEVANTES, NO SIGAS LEYENDO.




"Pos sí chavales, no solo estoy to buena. Además tengo poderes, manejo los cuchillos que flipas y tengo mala leche sin estrenar. Así que no me toquéis er coño que os rajo y luego os convierto en una puta fogata, ¿estamos?"


Lo interesante a partir de aquí es que María Tifoidea lo consigue. Se toma su tiempo, pero acaba por hundir la vida de Matt Murdock... y, para acabar con Daredevil, se dedica a ponerse en contacto con sus enemigos más recientes, que le tienden una emboscada para apalearlo por turnos. El héroe, sorprendido, aturdido, gravemente herido y desorientado, acaba por ser arrojado por un puente a manos de la mujer por la que lo ha sacrificado todo. En las horas siguientes, descubrirá que Karen se ha marchado. Que su asesoría legal ha saltado por los aires. Que todo a su alrededor se ha vuelto del revés (en gran parte, debido al cruce que hay con la macrosaga Inferno, donde los demonios toman las calles). Esto le hará perder la cabeza de tal manera que Daredevil debe desaparecer para replantearse a sí mismo.
Dicha desaparición le llevará por un viaje a través de Norteamérica que puede recordar ligeramente a aquella serie de Green Lantern y Green Arrow de Denny O'Neil y Neal Adams. Aquí encontraremos el arco argumental acerca del machismo y el feminismo, así como otras historias dedicadas a los derechos de los animales, la explotación de las empresas alimentarias, o las amenazas comerciales y económicas hacia el desarrollo de energías alternativas.
Esta etapa culmina con el descenso literal a los infiernos de Matt Murdock a manos del demonio Mefisto (el cual ya había aparecido previamente, presentando a Corazón Negro, su hijo). Tomando el Infierno de Dante como leve inspiración, Murdock se verá obligado a descender a lo más profundo del Averno para salir de él. Aquí, sus traumas y mayores miedos toman forma, haciéndonos recordar la figura de su padre, de Elektra y demás.


La famosa escena del puente, que puede resumirse con esta sencilla frase:
"Hala, Daredevil, a cascarla".


El último punto de la etapa de Nocenti culminaría de vuelta en Nueva York, con un Daredevil que todavía tiene que recuperar parte de la cordura perdida durante su batalla en el Infierno. Enfrentarse a demonios no es algo sencillo, así que pecará de imprudente y, por meterse en una pelea sin estar mentalmente preparado, acabará perdiendo la memoria por un simple puñetazo que le deja inconsciente. A partir de aquí, vagará sin recuerdos hasta acabar asumiendo la identidad de su propio padre: haciéndose llamar Jack Murdock, se convertirá en un original boxeador ciego que parece querer redimir los pecados de la generación anterior. Entretanto, alguien ha tomado el traje de Daredevil y se lo ha puesto para ensuciar aun más su nombre: el villano Bullseye, que encuentra muy divertido eso de acabar con la reputación del hombre que le mandó al hospital. En otras palabras, que si creíamos que Daredevil ya no podía tener más problemas, o que su imagen ya no podía estar más en entredicho, tenemos que reconsiderar nuestra idea.


"Ola k ase tu pelea siego o k ase"


Cómo no, Murdock acabaría recuperando la memoria. Irónicamente, lo hace gracias a Kingpin, que secuestra a su chica actual, una joven sin recursos llamada Nyla Skin. Al hacerlo, decide no solo poner orden en su vida, sino recuperar su traje de Daredevil y poner a Bullseye en su sitio. Este regreso de Daredevil conllevaría también un ajuste de cuentas con el mercenario Bala, con el que ya había tenido algún encuentro antes y después de la famosa paliza orquestada por María Tifoidea. Es ahí cuando la opinión pública empieza a darse cuenta de que quizás ha habido un montaje para empañar la imagen del hombre que siempre les ha defendido. Murdock, no obstante, sabe que todavía le queda un largo camino para limpiar del todo su imagen y que el recuerdo de Bullseye usando su traje sigue dejando una sombra de miedo bastante larga sobre la gente de la Cocina del Infierno, pero es un punto de partida tan bueno como cualquier otro. Esta etapa de Ann Nocenti concluye cerrando un círculo que ya quedaría abierto durante la etapa Miller, que es la honda brecha entre Matt y Foggy Nelson. A lo largo de los números escritos por la autora, se ha mostrado a Foggy cada vez con más dudas acerca de sus propias decisiones, y recordando lo feliz que era trabajando junto a Matt. Esa entrada de éste en el despacho del primero, totalmente dispuesto a reconciliarse marcaría el final de esta etapa y un nuevo comienzo.


Aunque siempre nos quedará el recuerdo de la de hostias que se lleva este hombre.


Pero no todo es brillante en esta etapa. Las imposiciones editoriales a veces juegan malas pasadas, como es el caso de los números que Nocenti tuvo que escribir como tie-ins para los diversos crossovers de la casa. Esta etapa se cruza principalmente con cuatro de ellos, lo que hace que la calidad de los argumentos flojee un poco: dichos crossovers son "Masacre Mutante", "La Caída de los Mutantes", "Inferno" y "Actos de Venganza"; de los cuales, se podría decir que solo el tercero puede tener una cierta relevancia, al suponer la destrucción total de la asesoría jurídica de Matt Murdock durante la invasión de los demonios del Limbo. La Masacre Mutante incluiría un número en el que Daredevil se enfrentaría a Dientes de Sable en lo que queda de los túneles de los Morlocks, y la Caída de los Mutantes presentaría una especie de versión de 1997, Rescate en Nueva York durante el asalto de Apocalipsis y sus Jinetes en Manhattan. Quizás pueda tener un leve interés al presentar a los Salvajes, que son dos macarrillas de poca monta que se acabarían uniendo a la paliza a Daredevil poco después. Por último, Actos de Venganza nos muestra a los villanos intercambiando sus enemigos para poder vencerlos. A Daredevil le corresponderá el Doctor Muerte, que reactivará a un nuevo Ultrón para atacarlo. La historia, aparte de resultar surrealista (véase la escena con la montaña hecha de las cabezas de los antiguos Ultrones) tiene momentos en que rozan el absurdo completo, con Número Nueve (la chica modificada genéticamente para ser una esposa perfecta) ejerciendo de amante improvisada de Ultrón. Algo así como Yocasta, pero unas diez veces más forzado y con bastante menos sentido.


No os cuento tampoco como acaban con Ultrón, pero os diré que tampoco es que tenga demasiado sentido...


Las apariciones de otros personajes de la casa, tales como Lobezno, la Antorcha Humana o Los Inhumanos, dada la marcada tendencia urbana y de denuncia en favor de los marginados, en muchos momentos resulta casi contradictoria, llegando casi a parecer con calzador (véase por ejemplo la entrada de Lobezno, buscando a un asesino de mutantes por su cuenta). El arco argumental referente a los Inhumanos, pese a estar más o menos bien argumentado (relacionados de forma tangencial con Mefisto y con un niño un tanto "especial"), hace que la presencia de estos personajes en la colección carezca de mayor interés a menos que se sea fan del grupo, en el sentido de que, si en lugar de ser Inhumanos, los personajes hubieran sido otros cualesquiera, no se hubiera notado demasiado. De hecho, estos números están relacionados directamente con la bajada a los infiernos de Matt Murdock: la intervención de los Inhumanos casi empaña esta gesta en sí y hace que el trayecto parezca menos una superación personal y más una aventura colectiva.

El dibujo, que pasa por diversos autores, recae en su mayoría en John Romita, Jr., autor que suele gustar a la gente pero, si echo un vistazo a lo que dibujaba en aquella época, su dibujo me resulta feísta y no excesivamente bien terminado. No adolece de sentido de la proporción, como le ha venido pasando en los años más recientes (véase su Superman), pero tampoco le hace un gran favor a la serie, haciendo que valga más por lo que cuenta que por lo que muestra. Insisto en que tampoco es lo peor que he visto de este dibujante (diría que su excesivamente larga etapa en The Uncanny X-Men resultó incluso mas abominable), pero no puedo decir que destaque por mucho más que por unas expresiones faciales interesantes y una estética sucia.


Y otras veces nos dibuja así.


Pese a todo lo malo, estamos ante una etapa que no ha perdido vigencia con el paso del tiempo y que nos plantea que un personaje de una franquicia como es Marvel a veces puede sufrir revisiones más que dramáticas que, lejos de empeorar la serie, la mejoran de una forma considerable. Si bien es complicado decir que pudo haber un Daredevil de Nocenti sin un Miller anterior, sí se puede decir en muchos aspectos que Nocenti toma las bases de Miller y las desarrolla a su modo, potenciando lo que el autor ya había iniciado, pero añadiendo una perspectiva social que resulta cosecha propia. Del noir a la denuncia social. De lo que era adulto a una nueva etapa, igualmente adulta, pero con más que contar, incluso.

viernes, 3 de junio de 2016

Escupiendo Rabia- La imperiosa necesidad de una Revolución



Lo estás viendo por todas partes.
No importa el ámbito, ni el tema del que se hable. Ya puede ser política en general, educación, hábitos alimenticios, deporte, medioambiente, lo que quieras. Todo el mundo parece tener un concepto en la boca y no deja de repetirlo como un mantra, una y otra, y otra vez.
Hablo del concepto de Revolución.

Ahora todo es revolucionario. Ahora todo debe ser revisado, cambiado, puesto patas arriba y con los músculos del ano apuntando hacia afuera, como si hablásemos de un calcetín puesto del revés. La Revolución, ese concepto novedoso (je) debe extenderse a todos los aspectos de nuestra vida. Cambiar por completo o quedar relegado a formar parte del Mundo Obsoleto. Ese Mundo oscuro y terrible que, por lo visto, es peor en todo al Brillante Mundo Futuro que nos espera.
Partiendo de la visión de ese Mundo Revolucionario en Todo, se plantea el hecho de que no importa que lo que se haya venido haciendo hasta ahora haya funcionado. Debe ser cuestionado, sometido a juicio (aun sin un empirismo que lo respalde) y desestimado. Todo en función de algo que no se había hecho antes, porque... bueno, porque es nuevo.

Quizás es el concepto de lo novedoso lo que me llama más la atención de todo esto. Si bien creo que hay muchas cosas en este mundo que deben ser cambiadas, también creo que muchos de esos que abogan por la Revolución Generalizada plantean el hecho falaz de que todo cambio, por definición, es bueno. Es un poco lo que hemos venido viendo con las movidas que tuvimos el año pasado con los anti-vacunas, que planteaban una especie de "Revolución Sanitaria" en contra del Malvado Mundo de las Farmacéuticas, la Medicina Tal y Como La Conocíamos y, en general, todo lo que se ha venido haciendo hasta ahora y que ha salvado millones de vidas. En este punto no soy médico, de modo que no puedo hablar como un profesional... pero sí me he rodeado de gente que lo es y que me ha asesorado un poco de lo que son las vacunas, cómo funcionan y de la filosofía en sí de la medicina. Parafraseando a un amigo del gremio en un artículo que escribió hace ya algún tiempo, la medicina es quizás uno de esos ámbitos que tiran piedras contra su propio tejado, pues busca sanar a la gente y... sí. No necesitar tener pacientes de aquí a un futuro. A partir de aquí, nos podemos poner conspiranoicos si queremos, decir que eso no es verdad, que los médicos solo buscan ganar pasta y que les importa un huevo la gente y demás blablablases. Eso es dar por sentado que todo médico, por definición, es una especie de monstruo que se beneficia de la enfermedad ajena y al que le da igual su trabajo.
Lo lamento, pero no pienso compartir esta visión tan negra de una profesión que ha salvado vidas. Menos aún, cuando los que respaldan eso de la lucha contra las vacunas se apoyan en los estudios de un señor que precisamente no es que fuese especialmente científico a la hora de redactar sus artículos.


Luego, con decir que te has sentido engañado cuando has visto que la has cagado, tus actos quedan justificados.
Porque pensar por ti mismo e intentar contrastar lo que te intentan vender es siempre mucho más difícil.


Pero dejemos la medicina si queremos: ese concepto se aplica por todas partes, como he mencionado arriba. Casi da la impresión de que, en una especie de ataque de aburrimiento generalizado, al personal le diese por querer toquetearlo todo y, más que buscar un cambio para mejor de las cosas, simplemente parezca quedarse con el cambio en sí. Tiendo a pensar que se parte de un hecho curiosamente pesimista, en el que se postula que la cosa no puede ir a peor. Que cualquier cambio que se haga es necesariamente bueno, se haga lo que se haga.
También lamento tener que decir esto, pero me parece un error de tres pares: según mi filosofía, SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE se puede acabar yendo a peor. Si somos objetivos y vemos el tipo de vida que llevamos, en nuestro mundo occidental y con nuestras historias, nos damos cuenta de que sí, que venga, que vale, que podemos estar jodidos y eso no lo va a negar nadie... pero no estamos TAN jodidos. No hemos llegado a ese punto en que ya nos hemos terminado de ir a hacer puñetas y, nos pase lo que nos pase, va a ser con toda seguridad mejor que la horrible y miserable existencia que llevamos. Podemos estar regular, bastante mal o mal a secas, pero para que toquemos fondo como sociedad, nos pongamos como nos pongamos, no hemos llegado a eso. No, tal vez no sea consuelo pensar que hay gente que está peor, pero seamos objetivos y no nos dejemos llevar por la visión de nuestro ombligo.
Por eso quizás esa especie de idealismo derrotista, en el que alabamos absolutamente cualquier cambio que nos lleve a una situación diferente como una mejoría, llega a un momento que, más que cabrearme, me mosquea.

Defino "mosqueo" aquí: esa extraña sensación que te recorre el pellejo y te lleva a arquear una ceja, pensando que algo no termina de cuadrar. Sí, me mosquea bastante, en el sentido de que a veces me da la impresión de que el humanoide medio, obcecado en esa percepción derrotista de "ya peor no puede salir", es capaz de abrazar cualquier cosa que le suponga algo diferente a lo ya conocido; si esa cosa, esa Revolución, implica ser partidario de algo que:

1) No se conoce del todo bien
2) No está probada su eficacia o viabilidad
3) Puede ser incluso peligroso
4) Es abiertamente absurdo,

encontramos que el personal, con tal de formar parte de algo que suponga un cambio, es capaz de sacrificar su sentido común en aras de una especie de ideal que suponga romper con lo antiguo, sin importar que eso que es antiguo lo fuese, sencillamente porque ha estado funcionando hasta ahora y no ha hecho falta cambio alguno. Es como si la frase que hemos usado siempre de "Si esto funciona, no lo toques" causase urticaria y automáticamente significase ser rancio, reaccionario o simplemente vivir en un mundo prehistórico.


Aquí, un puñado de gente que no es lo bastante moderna como para apuntarse a eso de la Revolución en...
Bueno, en lo que sea. Si eso en el fondo da igual.


Puede que se trate incluso de esa especie de deseo que muchos tienen de formar parte de la historia, cueste lo que cueste. Cada día siento notar más esa intención de mucha gente de querer ser uno de esos que, dentro de veinte o treinta años, le diga a sus nietos "Yo fui uno de esos que hizo del mundo un lugar mejor, cuando todo el mundo estaba en mi contra y no me daban la razón". Bien cierto es que todas las revoluciones (al menos, las necesarias) han empezado con un grupo de gente que ha sido ignorada por la mayoría hasta que han demostrado que el tiempo les ha dado la razón y que, ciertamente, eran adelantados a su tiempo... pero es que para eso hay que tener razón.
Pero no olvidemos que no toda revolución es eso en sí mismo. No toda revolución tiene en sí misma el peso de la razón. No todo cambio de ideologías tiene necesariamente por qué aportar una mejoría. No si ese cambio no viene razonado, ni argumentado por algo que no sea el sofisma de "Si la cosa está mal actualmente, absolutamente cualquier cambio la va a mejorar".

Quizás, por otro lado, es esa necesidad imperante de querer formar parte de algo lo que lleva a muchos a decir (y hacer) auténticas locuras solo por querer marcar la diferencia. Por querer destacar como el antes y el después de todo lo que se ha venido haciendo hasta la fecha. Cuando veo todas estas cosas, a veces pienso que el rebaño humano ha tomado eso del inconformismo como una moda más, tal y como está siendo el activismo social (necesario en cierta medida, pero no al nivel de estupidez extrema al que estamos llegando últimamente, donde no se puede abrir la boca sin que te llegue nadie diciendo que estás atacando a vete a saber quién) o eso de llevar una figura "virtual", con la que sentirnos identificados... y hacer que otros nos identifiquen como tales.
Ahora, cada persona que aboga por la Revolución Total y Absoluta Que Nos Llevará a una Utopía se pone una etiqueta que la define como seguidora de dicha Revolución. Según dichos Principios Revolucionarios, todo lo que viene del "Mundo Obsoleto" es malo malísimo, desfasado, debe ser no analizado, sino rechazado, sodomizado y vejado sin necesidad de argumentación seria alguna. Basta con un "He leído por ahí" o el todopoderoso y conspiranoico "Hemos estado viviendo engañados" para que una legión de personas ya cuestione lo ya establecido sin pararse a pensar si eso que estaba establecido era porque, en efecto, era razonable o no... en aras de una nueva visión, rabiosamente actual, pero en absoluto razonada. Aceptada solo porque es nueva y contradice lo que ya se conocía. Algo así como decir "Más vale bueno por conocer que malo conocido". O, yendo aún más lejos, "Más vale algo desconocido que lo conocido, sea bueno o malo".



"Me da igual. Yo tengo la razón. Vuestros argumentos razonados no sirven para nada, porque yo tengo fe en lo que creo. Y como volváis a decir que no estáis de acuerdo conmigo, os tacharé de irrespetuosos, anticuados y lo que me salga a mí de mi Revolucionario cipote. ¿Estamos?"


Lo peor de todo, como he venido diciendo a lo largo de este post, es el hecho de que si hablásemos de cosas que son inocuas, eso de abogar por un rollito Ultrarrevolucionario probablemente se quedaría en agua de borrajas. Sin embargo, lo que preocupa es que al personal le ha dado por querer revolucionarlo TODO, pasando incluso por cosas serias que no deben tomarse a la ligera. Cuando esta Revolución, ampliamente respaldada por estudios de "Una Universidad prestigiosa de No Sé Dónde" implica cambiar de hábitos de salud, o cuando nos llega alguien abogando por un cambio en la política que se supone que hará que TODO, sin excepción, sea mejor que lo que ya conocíamos y demás, estamos entrando en una especie de dogma de fe en el que hay que creer sí o sí so pena de ser considerado "anticuado" u "obsoleto". Una especie de cultura de la aceptación del cambio sin reservas que puede llevarnos a agachar la cabeza ante cualquiera que nos prometa que las cosas van a ser diferentes si se le sigue... aunque ni siquiera se moleste muy bien en explicarnos cómo.


Viene a ser un poco la movida de la cultura pop, donde un icono (léase aquí ideología o tendencia Revolucionaria) duraba un tiempo más bien breve, hasta que se sobreexplotaba al máximo y el personal se olvidaba por completo de ello por no considerarla "de tendencia" y pasaba a otra cosa.
Echad un vistazo a esta idea y a cómo se está comportando el personal en líneas muy generales desde los últimos años para acá y buscad las diferencias.


Con esto, antes de que nadie se rasgue las vestiduras, no digo en caso alguno que las cosas estén bien como están, ni mucho menos. Hay revoluciones en ciertos ámbitos que pueden ser necesarias. Hay ciertos sectores de nuestra vida que pueden (y deben) mejorar. El problema no es ese; es cuando se exigen cambios sin ton ni son, sin el más mínimo sentido común y sin cuestionarse si dicho cambio es realmente necesario... o si la alternativa es tan razonable como nos la quieren vender. Porque si se quieren revolucionar las cosas, que sea para mejor.
Y es aquí cuando me pongo pesimista y ruego por equivocarme a medio plazo: viendo esa puñetera manía que el personal está desarrollando de querer diferenciarse de todo lo establecido, sin importar los riesgos que se puedan correr al hacerlo, mucho me temo que debo mostrarme escéptico ante lo pasajero de esa imperiosa necesidad de una Revolución. Puede que dicha costumbre haya llegado para quedarse y nos pase como ya nos está pasando con muchas otras cosas: que nada llegue a establecerse mucho tiempo, porque ya se haya quedado obsoleto en apenas un mes o dos y la Revolución se Revolucione a sí misma y lo que acabemos por tener sea el absurdo padre.
El tiempo nos lo dirá.