viernes, 3 de junio de 2016

Escupiendo Rabia- La imperiosa necesidad de una Revolución



Lo estás viendo por todas partes.
No importa el ámbito, ni el tema del que se hable. Ya puede ser política en general, educación, hábitos alimenticios, deporte, medioambiente, lo que quieras. Todo el mundo parece tener un concepto en la boca y no deja de repetirlo como un mantra, una y otra, y otra vez.
Hablo del concepto de Revolución.

Ahora todo es revolucionario. Ahora todo debe ser revisado, cambiado, puesto patas arriba y con los músculos del ano apuntando hacia afuera, como si hablásemos de un calcetín puesto del revés. La Revolución, ese concepto novedoso (je) debe extenderse a todos los aspectos de nuestra vida. Cambiar por completo o quedar relegado a formar parte del Mundo Obsoleto. Ese Mundo oscuro y terrible que, por lo visto, es peor en todo al Brillante Mundo Futuro que nos espera.
Partiendo de la visión de ese Mundo Revolucionario en Todo, se plantea el hecho de que no importa que lo que se haya venido haciendo hasta ahora haya funcionado. Debe ser cuestionado, sometido a juicio (aun sin un empirismo que lo respalde) y desestimado. Todo en función de algo que no se había hecho antes, porque... bueno, porque es nuevo.

Quizás es el concepto de lo novedoso lo que me llama más la atención de todo esto. Si bien creo que hay muchas cosas en este mundo que deben ser cambiadas, también creo que muchos de esos que abogan por la Revolución Generalizada plantean el hecho falaz de que todo cambio, por definición, es bueno. Es un poco lo que hemos venido viendo con las movidas que tuvimos el año pasado con los anti-vacunas, que planteaban una especie de "Revolución Sanitaria" en contra del Malvado Mundo de las Farmacéuticas, la Medicina Tal y Como La Conocíamos y, en general, todo lo que se ha venido haciendo hasta ahora y que ha salvado millones de vidas. En este punto no soy médico, de modo que no puedo hablar como un profesional... pero sí me he rodeado de gente que lo es y que me ha asesorado un poco de lo que son las vacunas, cómo funcionan y de la filosofía en sí de la medicina. Parafraseando a un amigo del gremio en un artículo que escribió hace ya algún tiempo, la medicina es quizás uno de esos ámbitos que tiran piedras contra su propio tejado, pues busca sanar a la gente y... sí. No necesitar tener pacientes de aquí a un futuro. A partir de aquí, nos podemos poner conspiranoicos si queremos, decir que eso no es verdad, que los médicos solo buscan ganar pasta y que les importa un huevo la gente y demás blablablases. Eso es dar por sentado que todo médico, por definición, es una especie de monstruo que se beneficia de la enfermedad ajena y al que le da igual su trabajo.
Lo lamento, pero no pienso compartir esta visión tan negra de una profesión que ha salvado vidas. Menos aún, cuando los que respaldan eso de la lucha contra las vacunas se apoyan en los estudios de un señor que precisamente no es que fuese especialmente científico a la hora de redactar sus artículos.


Luego, con decir que te has sentido engañado cuando has visto que la has cagado, tus actos quedan justificados.
Porque pensar por ti mismo e intentar contrastar lo que te intentan vender es siempre mucho más difícil.


Pero dejemos la medicina si queremos: ese concepto se aplica por todas partes, como he mencionado arriba. Casi da la impresión de que, en una especie de ataque de aburrimiento generalizado, al personal le diese por querer toquetearlo todo y, más que buscar un cambio para mejor de las cosas, simplemente parezca quedarse con el cambio en sí. Tiendo a pensar que se parte de un hecho curiosamente pesimista, en el que se postula que la cosa no puede ir a peor. Que cualquier cambio que se haga es necesariamente bueno, se haga lo que se haga.
También lamento tener que decir esto, pero me parece un error de tres pares: según mi filosofía, SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE se puede acabar yendo a peor. Si somos objetivos y vemos el tipo de vida que llevamos, en nuestro mundo occidental y con nuestras historias, nos damos cuenta de que sí, que venga, que vale, que podemos estar jodidos y eso no lo va a negar nadie... pero no estamos TAN jodidos. No hemos llegado a ese punto en que ya nos hemos terminado de ir a hacer puñetas y, nos pase lo que nos pase, va a ser con toda seguridad mejor que la horrible y miserable existencia que llevamos. Podemos estar regular, bastante mal o mal a secas, pero para que toquemos fondo como sociedad, nos pongamos como nos pongamos, no hemos llegado a eso. No, tal vez no sea consuelo pensar que hay gente que está peor, pero seamos objetivos y no nos dejemos llevar por la visión de nuestro ombligo.
Por eso quizás esa especie de idealismo derrotista, en el que alabamos absolutamente cualquier cambio que nos lleve a una situación diferente como una mejoría, llega a un momento que, más que cabrearme, me mosquea.

Defino "mosqueo" aquí: esa extraña sensación que te recorre el pellejo y te lleva a arquear una ceja, pensando que algo no termina de cuadrar. Sí, me mosquea bastante, en el sentido de que a veces me da la impresión de que el humanoide medio, obcecado en esa percepción derrotista de "ya peor no puede salir", es capaz de abrazar cualquier cosa que le suponga algo diferente a lo ya conocido; si esa cosa, esa Revolución, implica ser partidario de algo que:

1) No se conoce del todo bien
2) No está probada su eficacia o viabilidad
3) Puede ser incluso peligroso
4) Es abiertamente absurdo,

encontramos que el personal, con tal de formar parte de algo que suponga un cambio, es capaz de sacrificar su sentido común en aras de una especie de ideal que suponga romper con lo antiguo, sin importar que eso que es antiguo lo fuese, sencillamente porque ha estado funcionando hasta ahora y no ha hecho falta cambio alguno. Es como si la frase que hemos usado siempre de "Si esto funciona, no lo toques" causase urticaria y automáticamente significase ser rancio, reaccionario o simplemente vivir en un mundo prehistórico.


Aquí, un puñado de gente que no es lo bastante moderna como para apuntarse a eso de la Revolución en...
Bueno, en lo que sea. Si eso en el fondo da igual.


Puede que se trate incluso de esa especie de deseo que muchos tienen de formar parte de la historia, cueste lo que cueste. Cada día siento notar más esa intención de mucha gente de querer ser uno de esos que, dentro de veinte o treinta años, le diga a sus nietos "Yo fui uno de esos que hizo del mundo un lugar mejor, cuando todo el mundo estaba en mi contra y no me daban la razón". Bien cierto es que todas las revoluciones (al menos, las necesarias) han empezado con un grupo de gente que ha sido ignorada por la mayoría hasta que han demostrado que el tiempo les ha dado la razón y que, ciertamente, eran adelantados a su tiempo... pero es que para eso hay que tener razón.
Pero no olvidemos que no toda revolución es eso en sí mismo. No toda revolución tiene en sí misma el peso de la razón. No todo cambio de ideologías tiene necesariamente por qué aportar una mejoría. No si ese cambio no viene razonado, ni argumentado por algo que no sea el sofisma de "Si la cosa está mal actualmente, absolutamente cualquier cambio la va a mejorar".

Quizás, por otro lado, es esa necesidad imperante de querer formar parte de algo lo que lleva a muchos a decir (y hacer) auténticas locuras solo por querer marcar la diferencia. Por querer destacar como el antes y el después de todo lo que se ha venido haciendo hasta la fecha. Cuando veo todas estas cosas, a veces pienso que el rebaño humano ha tomado eso del inconformismo como una moda más, tal y como está siendo el activismo social (necesario en cierta medida, pero no al nivel de estupidez extrema al que estamos llegando últimamente, donde no se puede abrir la boca sin que te llegue nadie diciendo que estás atacando a vete a saber quién) o eso de llevar una figura "virtual", con la que sentirnos identificados... y hacer que otros nos identifiquen como tales.
Ahora, cada persona que aboga por la Revolución Total y Absoluta Que Nos Llevará a una Utopía se pone una etiqueta que la define como seguidora de dicha Revolución. Según dichos Principios Revolucionarios, todo lo que viene del "Mundo Obsoleto" es malo malísimo, desfasado, debe ser no analizado, sino rechazado, sodomizado y vejado sin necesidad de argumentación seria alguna. Basta con un "He leído por ahí" o el todopoderoso y conspiranoico "Hemos estado viviendo engañados" para que una legión de personas ya cuestione lo ya establecido sin pararse a pensar si eso que estaba establecido era porque, en efecto, era razonable o no... en aras de una nueva visión, rabiosamente actual, pero en absoluto razonada. Aceptada solo porque es nueva y contradice lo que ya se conocía. Algo así como decir "Más vale bueno por conocer que malo conocido". O, yendo aún más lejos, "Más vale algo desconocido que lo conocido, sea bueno o malo".



"Me da igual. Yo tengo la razón. Vuestros argumentos razonados no sirven para nada, porque yo tengo fe en lo que creo. Y como volváis a decir que no estáis de acuerdo conmigo, os tacharé de irrespetuosos, anticuados y lo que me salga a mí de mi Revolucionario cipote. ¿Estamos?"


Lo peor de todo, como he venido diciendo a lo largo de este post, es el hecho de que si hablásemos de cosas que son inocuas, eso de abogar por un rollito Ultrarrevolucionario probablemente se quedaría en agua de borrajas. Sin embargo, lo que preocupa es que al personal le ha dado por querer revolucionarlo TODO, pasando incluso por cosas serias que no deben tomarse a la ligera. Cuando esta Revolución, ampliamente respaldada por estudios de "Una Universidad prestigiosa de No Sé Dónde" implica cambiar de hábitos de salud, o cuando nos llega alguien abogando por un cambio en la política que se supone que hará que TODO, sin excepción, sea mejor que lo que ya conocíamos y demás, estamos entrando en una especie de dogma de fe en el que hay que creer sí o sí so pena de ser considerado "anticuado" u "obsoleto". Una especie de cultura de la aceptación del cambio sin reservas que puede llevarnos a agachar la cabeza ante cualquiera que nos prometa que las cosas van a ser diferentes si se le sigue... aunque ni siquiera se moleste muy bien en explicarnos cómo.


Viene a ser un poco la movida de la cultura pop, donde un icono (léase aquí ideología o tendencia Revolucionaria) duraba un tiempo más bien breve, hasta que se sobreexplotaba al máximo y el personal se olvidaba por completo de ello por no considerarla "de tendencia" y pasaba a otra cosa.
Echad un vistazo a esta idea y a cómo se está comportando el personal en líneas muy generales desde los últimos años para acá y buscad las diferencias.


Con esto, antes de que nadie se rasgue las vestiduras, no digo en caso alguno que las cosas estén bien como están, ni mucho menos. Hay revoluciones en ciertos ámbitos que pueden ser necesarias. Hay ciertos sectores de nuestra vida que pueden (y deben) mejorar. El problema no es ese; es cuando se exigen cambios sin ton ni son, sin el más mínimo sentido común y sin cuestionarse si dicho cambio es realmente necesario... o si la alternativa es tan razonable como nos la quieren vender. Porque si se quieren revolucionar las cosas, que sea para mejor.
Y es aquí cuando me pongo pesimista y ruego por equivocarme a medio plazo: viendo esa puñetera manía que el personal está desarrollando de querer diferenciarse de todo lo establecido, sin importar los riesgos que se puedan correr al hacerlo, mucho me temo que debo mostrarme escéptico ante lo pasajero de esa imperiosa necesidad de una Revolución. Puede que dicha costumbre haya llegado para quedarse y nos pase como ya nos está pasando con muchas otras cosas: que nada llegue a establecerse mucho tiempo, porque ya se haya quedado obsoleto en apenas un mes o dos y la Revolución se Revolucione a sí misma y lo que acabemos por tener sea el absurdo padre.
El tiempo nos lo dirá.

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