Gracias a una reciente serie de televisión, que ha contado con el respaldo del público, Daredevil, el superhéroe ciego creado por Stan Lee y Will Everett en 1962 ha vuelto a resurgir de sus cenizas una vez más. Han pasado ya unos trece años desde aquella infumable peli de Mark Steven Johnson donde Ben Affleck, ahora reconvertido en "pedazo de actor" (ejem) para muchos y que parece haberse "redimido" (ejem) haciendo de Batman, nos torturara de lo lindo, mostrándonos una historia ridícula a más no poder, de la que como mucho se salvaban la banda sonora y (debo decirlo) el uniforme que llevaba Daredevil.
Ni que decir tiene que este resurgimiento del Diablo de la Cocina del Infierno ha hecho que todo el mundo vuelva recordar (y esta vez, para bien) la etapa de Frank Miller (autor de 300, Sin City o Ronin, entre otros pelotazos, por no mencionar su aclamado Dark Knight... o al menos el primero de la serie). En dicha etapa, como ya sabrán los que la han leído, se presentarían personajes tan interesantes como Elektra o Stick, y se definirían muchos otros que tomarían un rumbo bastante más definido, como en el caso de Kingpin, el Castigador o Bullseye.
Mucho se ha escrito sobre el amigo Frank, y más que se va a escribir con su reciente visita a España. Poco tengo yo que añadir a lo que se diga, más allá de mis muestras de acuerdo o desacuerdo respecto a según qué cosas.
La estética contemporánea de Daredevil.
El primer Daredevil audiovisual, aparecido en la serie del Increíble Hulk.
El uniforme de la película de Daredevil en 2003.
Quizás por eso prefiero fijar mi atención en otra autora, que se encargaría de mantener y, a mi juicio, incluso mejorar lo ya presentado por Miller. Hablo, cómo no, de Ann Nocenti.
Creo que no me equivoco demasiado al decir que es una de las figuras de la escritura en el mundo del cómic más interesantes que he podido leer de la década de los ochenta; no tanto, quizás, por lo que cuenta, sino por lo que quiere decir cuando lo cuenta. Por todo el contenido de fondo que añade a sus historias.
Pero no adelantemos acontecimientos y hablemos un poco de la trayectoria de esta autora.
Ann Nocenti no cuenta con la "clásica" formación de muchos guionistas de cómics que conocemos hoy en día; no se crió disfrutando con los héroes de la Edad de Plata, ni conoció a Jack Kirby cuando estaba en la guardería. Como mucha gente de su época (vivió su infancia a principios de los sesenta, para situarnos), se había criado pensando que los cómics no tenían mucho que contar. Que eran cosas para chavales, y demás. Era la concepción media de la época, así que en su contexto era lo lógico. Según cuenta Julián M. Clemente en su prólogo a la edición española de la etapa, sería ya en la universidad cuando entraría en contacto con la obra de Robert Crumb y su concepción del medio cambiaría.
Como mucha gente de nuestra generación hace hoy en día, estuvo subsistiendo con trabajos de medio pelo hasta que vio en un periódico una oferta para trabajar en Marvel. Ya había estado trabajando como "escritora negra" para un escritor, de modo que acudió a la entrevista de trabajo y, como mucha gente de nuestra generación hace hoy en día, se vio obligada a mentir en ella acerca de lo que sabía de cómics para conseguir una oportunidad... y, a diferencia de mucha gente de nuestra generación hoy en día, la consiguió.
Aquí tenéis a Ann Nocenti.
Ann Nocenti destacó siempre por un marcado progresismo y una poderosa ambición por retratar y denunciar las miserias de la sociedad contemporánea. Sin caer en el lloriqueo, mostraba siempre lo que debía hacerse en un mundo que, por aquel entonces, ya estaba camino de convertirse en una distopía globalizada. Esa mente intelectual, rozando lo subversivo, marcaría una diferencia bastante notable con respecto a lo que se podía encontrar a su alrededor, y no tardaría en demostrarlo. Tras el paso por diversas cabeceras, le llegaría el encargo que ocupa este artículo: Daredevil.
Habían pasado ya unos ocho numeros desde que Frank Miller cerrase su aclamado arco argumental conocido como "Born Again". En dicho arco, nos mostraba lo que sería la primera caída seria de Matt Murdock, después de que su primera novia en la serie, Karen Page, vendiera su identidad secreta a cambio de una papelina de heroína. Así de duro. Recordemos que Miller decidió lavarle la cara al personaje, volviendo sus historias mucho más oscuras y dándole un enfoque bastante más adulto. Nocenti no se quedaría atrás, y empezaría tomando dicho arco argumental como punto de partida para su etapa en la colección, aunque añadiendo, eso sí, su particular punto de vista.
La etapa de Ann Nocenti viene a suponer, por un lado, una evolución lógica del personaje; por otro, funciona como una ventana crítica hacia la sociedad de aquel entonces... sociedad no tan distinta a la nuestra, casi treinta años después de la publicación de estos cómics. No en vano, encontraremos una feroz crítica a los abusos de poder de prácticamente todo tipo: desde las industrias petrolíferas, que usan cualquier excusa para azuzar a los gobiernos a ir a la guerra por el combustible, hasta el abuso de la fuerza del mercenario conocido como Bala, que se dedica a intimidar a todo ser vivo que encuentra, incluyendo a su propio hijo. Nos muestra a los poderes fácticos por medio de un Kingpin que decide crear su propio grupo de medios de comunicación, donde pueda manipular la verdad a su antojo. Denuncia también ese mal llamado "feminismo" por parte de ciertas personas que lo usan como excusa fácil y barata para odiar a quienes no comparten su visión del mundo. Al mismo tiempo, combate también el machismo más rancio al mostrar la ideología de aquellos que deciden crear mujeres "perfectas" en un laboratorio para que obedezcan. Nos muestra a un Capitán América como estrella invitada, desencantado hacia su país y a menudo planteándose si tiene seguido representarlo en su uniforme. Criticando sin tapujos las políticas intervencionistas de los Estados Unidos en América del Sur y defendiendo los derechos de la clase trabajadora.
Vemos todo tipo de denuncias sociales, como el abuso de los caseros sobre sus inquilinos en el momento en que Matt Murdock deja de ejercer como abogado y monta una asesoría legal en la Cocina del Infierno... y se ve obligado a enfrentarse a su antiguo socio, Foggy Nelson, en un juicio, representando las dos "caras" de la justicia: por un lado, la justicia en el estricto sentido de la palabra, sin medias tintas, representada por Murdock y, por otro, la justicia que dice servir a todos y ser imparcial, por Foggy. El lado progresista de Nocenti se ve con claridad en el momento en que el propio Foggy es acusado de haber vendido sus habilidades con la ley al mejor postor (en este caso, Kingpin, detrás del bufete al que éste pertenece) para defender a una empresa que hace vertidos ilegales en una zona residencial (nuevamente, más denuncia social, aquí con marcados tintes ecologistas y enfrentándose a las grandes corporaciones).
"El Asesino del Caviar" es otra de esas historias donde se notaba esa inquietud social.
Mostraba a un trabajador convertido en asesino de forma casi accidental, que le coge el gusto al asunto de matar gente (no sin antes haber sido manipulado previamente por los medios); así pues, se dedica a matar a empresarios y banqueros para "darles una lección", convirtiéndose en cierto modo en una especie de "héroe" para la clase trabajadora, mientras los periódicos se frotan las manos ante el enfoque de la noticia.
El debate moral que surge de esto es, como poco, interesante.
La denuncia social, sin embargo, no es el único bastión en el que se escuda Nocenti para trabajar. Lejos de ser una "panfletista", nos mostrará también lo que podría ser una caída prácticamente definitiva de Daredevil: si bien Miller ya nos contaba en su Born Again cómo la figura del Diablo de la Cocina del Infierno como héroe era puesta en entredicho por el ciudadano de a pie en alguna ocasión, Nocenti lleva esta idea al extremo, rozando casi el pesimismo: en muchas ocasiones a lo largo de esta etapa, veremos cómo Daredevil se enfrenta a sus enemigos y salva al ciudadano de una amenaza más que segura solo para verse insultado por la gente, que lo ve como un paramilitar violento que impone su criterio a puñetazos. La propia Karen Page, ya rehabilitada, lo verá así también y al héroe le supondrá más de un dolor de cabeza demostrar que no es un matón cualquiera.
El lado humano de Murdock se verá todavía más desarrollado en este punto de la serie, pues no solo tendremos recuerdos de la etapa Miller a la hora de volver a la trama de Jack Murdock; Nocenti nos mostrará un Daredevil, si cabe, más humano y falible, llegando al punto de hacerlo tocar fondo y seguir ahondando todavía más. El justiciero no solo será cuestionado como héroe, sino como persona. Recibirá golpes de todo tipo (literalmente hablando) y acabará sacrificando su propia cordura. Todo esto empezará en la que será una de las historias más duras que ha podido vivir el personaje: hablo aquí de María Tifoidea.
Esta moza.
Dicho personaje, un poco en la línea de la tradición Miller, se alejaba de Elektra sustancialmente... y se acercaba a ella, al mismo tiempo. Si bien, al igual que esta, planteaba una especie de relación amor-odio con el personaje (recordemos que Elektra había sido un antiguo amor de Matt Murdock, que acabaría reapareciendo como una despiadada asesina de La Mano, aunque con un cierto atisbo de conciencia y cordura), Maria Tifoidea se muestra como un personaje más oscuro, más enloquecido y sin asomo de corazón, aunque pueda parecerlo. Usando una doble identidad revestida de trastorno de doble personalidad, María Tifoidea se encargaría de acabar con la relación entre Matt y Karen, interponiéndose de tal forma que Murdock acabaría perdiendo la cabeza por ella y sacrificando todo lo sacrificable. Lo que no podía imaginarse es que, bajo la identidad civil de "Mary", se escondía una implacable asesina que se había dedicado a cargarse narcotraficantes por toda Nueva York hasta captar la atención de Kingpin. Este, también embelesado por el carisma de la misteriosa María Tifoidea, caería en sus redes y la acabaría contratando para acabar de una vez por todas tanto con Matt Murdock como con Daredevil.
OJO, SPOILERS: SI TIENES INTENCIÓN DE LEERTE ESTOS COMICS Y NO QUIERES LEER DETALLES RELEVANTES, NO SIGAS LEYENDO.
"Pos sí chavales, no solo estoy to buena. Además tengo poderes, manejo los cuchillos que flipas y tengo mala leche sin estrenar. Así que no me toquéis er coño que os rajo y luego os convierto en una puta fogata, ¿estamos?"
Lo interesante a partir de aquí es que María Tifoidea lo consigue. Se toma su tiempo, pero acaba por hundir la vida de Matt Murdock... y, para acabar con Daredevil, se dedica a ponerse en contacto con sus enemigos más recientes, que le tienden una emboscada para apalearlo por turnos. El héroe, sorprendido, aturdido, gravemente herido y desorientado, acaba por ser arrojado por un puente a manos de la mujer por la que lo ha sacrificado todo. En las horas siguientes, descubrirá que Karen se ha marchado. Que su asesoría legal ha saltado por los aires. Que todo a su alrededor se ha vuelto del revés (en gran parte, debido al cruce que hay con la macrosaga Inferno, donde los demonios toman las calles). Esto le hará perder la cabeza de tal manera que Daredevil debe desaparecer para replantearse a sí mismo.
Dicha desaparición le llevará por un viaje a través de Norteamérica que puede recordar ligeramente a aquella serie de Green Lantern y Green Arrow de Denny O'Neil y Neal Adams. Aquí encontraremos el arco argumental acerca del machismo y el feminismo, así como otras historias dedicadas a los derechos de los animales, la explotación de las empresas alimentarias, o las amenazas comerciales y económicas hacia el desarrollo de energías alternativas.
Esta etapa culmina con el descenso literal a los infiernos de Matt Murdock a manos del demonio Mefisto (el cual ya había aparecido previamente, presentando a Corazón Negro, su hijo). Tomando el Infierno de Dante como leve inspiración, Murdock se verá obligado a descender a lo más profundo del Averno para salir de él. Aquí, sus traumas y mayores miedos toman forma, haciéndonos recordar la figura de su padre, de Elektra y demás.
La famosa escena del puente, que puede resumirse con esta sencilla frase:
"Hala, Daredevil, a cascarla".
El último punto de la etapa de Nocenti culminaría de vuelta en Nueva York, con un Daredevil que todavía tiene que recuperar parte de la cordura perdida durante su batalla en el Infierno. Enfrentarse a demonios no es algo sencillo, así que pecará de imprudente y, por meterse en una pelea sin estar mentalmente preparado, acabará perdiendo la memoria por un simple puñetazo que le deja inconsciente. A partir de aquí, vagará sin recuerdos hasta acabar asumiendo la identidad de su propio padre: haciéndose llamar Jack Murdock, se convertirá en un original boxeador ciego que parece querer redimir los pecados de la generación anterior. Entretanto, alguien ha tomado el traje de Daredevil y se lo ha puesto para ensuciar aun más su nombre: el villano Bullseye, que encuentra muy divertido eso de acabar con la reputación del hombre que le mandó al hospital. En otras palabras, que si creíamos que Daredevil ya no podía tener más problemas, o que su imagen ya no podía estar más en entredicho, tenemos que reconsiderar nuestra idea.
"Ola k ase tu pelea siego o k ase"
Cómo no, Murdock acabaría recuperando la memoria. Irónicamente, lo hace gracias a Kingpin, que secuestra a su chica actual, una joven sin recursos llamada Nyla Skin. Al hacerlo, decide no solo poner orden en su vida, sino recuperar su traje de Daredevil y poner a Bullseye en su sitio. Este regreso de Daredevil conllevaría también un ajuste de cuentas con el mercenario Bala, con el que ya había tenido algún encuentro antes y después de la famosa paliza orquestada por María Tifoidea. Es ahí cuando la opinión pública empieza a darse cuenta de que quizás ha habido un montaje para empañar la imagen del hombre que siempre les ha defendido. Murdock, no obstante, sabe que todavía le queda un largo camino para limpiar del todo su imagen y que el recuerdo de Bullseye usando su traje sigue dejando una sombra de miedo bastante larga sobre la gente de la Cocina del Infierno, pero es un punto de partida tan bueno como cualquier otro. Esta etapa de Ann Nocenti concluye cerrando un círculo que ya quedaría abierto durante la etapa Miller, que es la honda brecha entre Matt y Foggy Nelson. A lo largo de los números escritos por la autora, se ha mostrado a Foggy cada vez con más dudas acerca de sus propias decisiones, y recordando lo feliz que era trabajando junto a Matt. Esa entrada de éste en el despacho del primero, totalmente dispuesto a reconciliarse marcaría el final de esta etapa y un nuevo comienzo.
Aunque siempre nos quedará el recuerdo de la de hostias que se lleva este hombre.
Pero no todo es brillante en esta etapa. Las imposiciones editoriales a veces juegan malas pasadas, como es el caso de los números que Nocenti tuvo que escribir como tie-ins para los diversos crossovers de la casa. Esta etapa se cruza principalmente con cuatro de ellos, lo que hace que la calidad de los argumentos flojee un poco: dichos crossovers son "Masacre Mutante", "La Caída de los Mutantes", "Inferno" y "Actos de Venganza"; de los cuales, se podría decir que solo el tercero puede tener una cierta relevancia, al suponer la destrucción total de la asesoría jurídica de Matt Murdock durante la invasión de los demonios del Limbo. La Masacre Mutante incluiría un número en el que Daredevil se enfrentaría a Dientes de Sable en lo que queda de los túneles de los Morlocks, y la Caída de los Mutantes presentaría una especie de versión de 1997, Rescate en Nueva York durante el asalto de Apocalipsis y sus Jinetes en Manhattan. Quizás pueda tener un leve interés al presentar a los Salvajes, que son dos macarrillas de poca monta que se acabarían uniendo a la paliza a Daredevil poco después. Por último, Actos de Venganza nos muestra a los villanos intercambiando sus enemigos para poder vencerlos. A Daredevil le corresponderá el Doctor Muerte, que reactivará a un nuevo Ultrón para atacarlo. La historia, aparte de resultar surrealista (véase la escena con la montaña hecha de las cabezas de los antiguos Ultrones) tiene momentos en que rozan el absurdo completo, con Número Nueve (la chica modificada genéticamente para ser una esposa perfecta) ejerciendo de amante improvisada de Ultrón. Algo así como Yocasta, pero unas diez veces más forzado y con bastante menos sentido.
No os cuento tampoco como acaban con Ultrón, pero os diré que tampoco es que tenga demasiado sentido...
Las apariciones de otros personajes de la casa, tales como Lobezno, la Antorcha Humana o Los Inhumanos, dada la marcada tendencia urbana y de denuncia en favor de los marginados, en muchos momentos resulta casi contradictoria, llegando casi a parecer con calzador (véase por ejemplo la entrada de Lobezno, buscando a un asesino de mutantes por su cuenta). El arco argumental referente a los Inhumanos, pese a estar más o menos bien argumentado (relacionados de forma tangencial con Mefisto y con un niño un tanto "especial"), hace que la presencia de estos personajes en la colección carezca de mayor interés a menos que se sea fan del grupo, en el sentido de que, si en lugar de ser Inhumanos, los personajes hubieran sido otros cualesquiera, no se hubiera notado demasiado. De hecho, estos números están relacionados directamente con la bajada a los infiernos de Matt Murdock: la intervención de los Inhumanos casi empaña esta gesta en sí y hace que el trayecto parezca menos una superación personal y más una aventura colectiva.
El dibujo, que pasa por diversos autores, recae en su mayoría en John Romita, Jr., autor que suele gustar a la gente pero, si echo un vistazo a lo que dibujaba en aquella época, su dibujo me resulta feísta y no excesivamente bien terminado. No adolece de sentido de la proporción, como le ha venido pasando en los años más recientes (véase su Superman), pero tampoco le hace un gran favor a la serie, haciendo que valga más por lo que cuenta que por lo que muestra. Insisto en que tampoco es lo peor que he visto de este dibujante (diría que su excesivamente larga etapa en The Uncanny X-Men resultó incluso mas abominable), pero no puedo decir que destaque por mucho más que por unas expresiones faciales interesantes y una estética sucia.
Y otras veces nos dibuja así.
Pese a todo lo malo, estamos ante una etapa que no ha perdido vigencia con el paso del tiempo y que nos plantea que un personaje de una franquicia como es Marvel a veces puede sufrir revisiones más que dramáticas que, lejos de empeorar la serie, la mejoran de una forma considerable. Si bien es complicado decir que pudo haber un Daredevil de Nocenti sin un Miller anterior, sí se puede decir en muchos aspectos que Nocenti toma las bases de Miller y las desarrolla a su modo, potenciando lo que el autor ya había iniciado, pero añadiendo una perspectiva social que resulta cosecha propia. Del noir a la denuncia social. De lo que era adulto a una nueva etapa, igualmente adulta, pero con más que contar, incluso.














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