miércoles, 22 de junio de 2016

Tebeos en Vena- Cuando la libertad de expresión mató al Capitán América




Desde que el mundo del cómic, especialmente el superheroico y más concretamente el enarbolado por las franquicias Marvel y DC, saltase al cine, se ha convertido en el blanco de un montón de ataques. Ataques provenientes tanto por parte de usuarios aislados como de colectivos más o menos organizados. La mayor parte de ellos, con quejas hacia eso del sexismo (cosa que argumenté largo y tendido en este artículo), pero no se quedan ahí, no: también las ha habido acerca del racismo (comentado en el mismo artículo) y la homofobia (también comentada ahí). Todas estas quejas, insisto, parecen haber nacido justo en el momento en que los cómics han saltado a un terreno que llega a un público mucho más amplio, y en una era digital donde cualquiera puede opinar (y, sobre todo, berrear como un auténtico energúmeno) aunque no tenga ni la menor idea de lo que está hablando. En otras palabras, era juntar el fuego con gasolina: por un lado, la moda del activismo histérico y desmedido que ya lleva unos cuantos años convirtiendo cualquier red social en un pozo lleno de tontos del culo que no tienen ni la menor idea de lo que andan reivindicando o contra lo que están chillando; por otro, que un formato literario como es el cómic haya pasado de un público más o menos "marginal" hacia un entorno más visible.
Visualizadlo como un caramelo en la puerta de un colegio y más o menos lo tenemos. La diferencia es que aquí los niños no se pelean por conseguir el caramelo; más bien, se dedican todos a pisotearlo y machacarlo, dando una vergonzosa imagen de lo que son como seres humanos.


"Hola, buenas, somos el pelotón de linchamiento regular. ¿Sería tan amable de indicarnos dónde está el hijoputa del mes al que hay que apalear públicamente?"


El último en caer a lo largo de este año ha sido el Capitán América, aunque el pobre no es virgen en esto: como ya comenté en mi anterior artículo, y en este otro, es frecuente que este personaje se lleve hostias de todos colores. Si no el personaje, el pobre autor al que le toque guionizar o dibujar la serie. En este caso, la enésima polémica (creada por el público, más que por los autores en sí, como explicaré a continuación) ha sido en base a una supuesta revelación en la cual se nos cuenta que el Capi ha sido un agente de Hydra encubierto durante años. Lo que, en principio, debería haber sido un final del tipo cliffhanger (traducido: esa clase de finales tan chocantes que te dejan con el culo torcido, y que requieren una explicación a lo largo de números —o sagas— posteriores) se ha convertido en el baluarte para que un montón de energúmenos carguen, apunten y abran fuego contra el guionista de la serie. Sin esperar explicaciones de ningún tipo, y sin seguir leyendo la serie y llegando, una vez más, a ese consabido recurso de amenazar de muerte al susodicho guionista. Podéis ver un extracto de las amenazas en el artículo que me acaba de pasar un amigo justo aquí.



Muy simpáticos, ellos.
Perdonad que no me ría.


Es al llegar a este punto cuando empiezo a plantearme no pocas cosas.
En primer lugar, me planteo si la gente ha leído cómics alguna vez para andar rasgándose las vestiduras ante algo así, como si no hubiéramos tenido ya momentos así de impactantes en el pasado (hablando del Capi, me viene como ejemplo cuando lo mataron en la aclamadísima etapa de Ed Brubaker y se pegaría muuuuuchos  números siendo sustituido por el Soldado de Invierno, que iba a tiro limpio. Y este es tan solo uno de ellos)... pero sigo ahondando en el asunto y pensando en quién se ha creído el público que es para ir con esa arrogancia y esa prepotencia, no ante un autor, eso es lo de menos. Es la arrogancia contra otra persona. Casi me recuerda a ese cliente cabrón que todos hemos tenido alguna vez, que se cree que porque te está pagando puede permitirse el derecho a tratarte como si fueras su esclavo personal o a faltarte al respeto. Esto no es en absoluto diferente: muchos de esos que han ido atacando a Nick Spencer han debido enarbolar el argumento de que son ellos los que compran los cómics y que el autor les debe algún tipo de pleitesía.
Probablemente cualquier día se piensen que pueden ir a casa de Spencer o de cualquier otro autor y que, como le dan de comer, tienen pleno derecho a follarse a su perro por turno, ya puestos.


Insert your picha here.
Le avalan todos los derechos del mundo.


Pero vamos más allá. Una vez más, y como ya sucediera con Joss Whedon en la segunda peli de los Vengadores, la cosa no se ha quedado en un simple descontento (lo cual me parecería casi respetable, a pesar de que la gente no ha terminado de leer la historia), sino que se ha pasado a amenazar de muerte al autor.
Amenazar de muerte.
Es al llegar aquí cuando lo que empiezo a sentir ya no es ni rabia. La rabia quedó atrás, en el momento en que he visto cómo el público se cree con pleno derecho a pisotear la libertad creativa de cualquier autor.
Es asco.

Mi asco se debe a esa especie de prebenda moral con la que se creen que cuentan esta panda de cobardes. Cobardes que no deben tener mucho que hacer con su existencia (de mierda) para creerse con derecho a vulnerar la dignidad de otra persona e incurrir en un delito que es bastante grave. No ya solo por las amenazas de muerte en sí, que sería para que todos estos listos (de mierda) se sentasen un ratito en un banquillo para explicarle a un juez a qué coño ha venido eso, sino encima por hacerlo en un medio público, donde hay constancia clara de que desearían ver muerto a alguien. Ni contexto ni hostias, amigos Distópicos: cuando estás delante de un teclado no es lo mismo que cuando dices que te cargarías a alguien en caliente. Tienes tiempo para reflexionar, para pensar. Para medir el alcance de la gilipollez que estás soltando. Ni uno de estos imbéciles redomados ha tenido ese tiempo de reflexión, y si lo ha tenido, ha sido peor aún porque les ha dado exactamente igual.


"Si a mí me da igual. Yo solo buscaba un sitio donde pudiera sumarme a eso de insultar a alguien".


Lo más asqueroso resultaría de esta hipótesis: supongamos que, por un momento, Twitter decide banear las cuentas de todos estos gilipollas (sí, me permito llamarlos gilipollas. Para mí una persona que amenaza de muerte a otra en un medio público, donde hay constancia de dicha amenaza, no merece un calificativo más suave) y no esperar a que Spencer haga como Whedon y la borre él (ole Twitter, cuidando siempre de que sean los usuarios responsables los que se quedan en su red, tales como neonazis, maltratadores de animales y demás): si eso llegase a suceder, me juego lo que queráis a que estos mismos gilipollas serían los primeros en ir lloriqueando porque les han limitado su derecho a la libertad de expresión.

Libertad de expresión. Pues claro que sí, campeones. Si hay algo que me encanta en esta vida es ver cómo el personal grita a pleno pulmón que se respeten sus derechos, pero se permite día sí y día también ir vulnerando el de los demás. Me encanta cuando al personal se le llena la boca hablando de la libertad de expresión como algo que pueden ejercer sin la menor responsabilidad y como único argumento para poder decir la primera idiotez que se les pase por la cabeza sin consecuencia alguna. Y que cuando, por una vez, alguien les pida responsabilidades o les sancione por la barbaridad que acaban de decir (algunas de las cosas que se pueden decir, no olvidemos, pueden ser calificadas como delito), tengan otra pataleta y acusen de fascista a aquel que les ha dicho "Te has pasado de la raya".


Algunos se piensan que la censura va en dos direcciones: que todo el mundo les censura a ellos y que su "derecho a manifestar la ofensa" (a menudo expresado con frases como "borra eso" o "no digas tal cosa, porque me ofendo") no lo es. Aunque estén limitando el derecho de otros.


Ahora le ha tocado al cómic, como he dicho, posiblemente porque ahora están en un centro mucho más visible que hace quince años. Hace veinte, le tocó a los juegos de rol. Hace treinta, al heavy metal. Es un ciclo continuo, donde cambian los objetivos y los verdugos (antiguamente eran las asociaciones de padres y los grupos ultracatólicos; hoy en día, lo hacen colectivos que enarbolan su bandera de "discriminados" o anónimos particulares con poco que hacer con su vida), pero la actitud es básicamente la misma: un grupo o elemento A que impone su criterio sobre un elemento B, de forma agresiva o incluso violenta, y usando un argumento falaz para ello; "Es por nuestros hijos", "Al decir eso estás ofendiendo a no sé quién" o "Si no sale lo que yo quiero ver, es porque discrimina a no sé cuántos" son buenos ejemplos para ello.

Mi reflexión ante esto es que la libertad de uno (incluida la de expresión, sí) termina donde empieza la de los demás (a su dignidad, por ejemplo). Creo que no se puede ir amenazando o atacando a la gente solo porque ha creado algo que no nos gusta y que, por poco que nos guste, no incurre en delito o en un ataque moral grave. Spencer no ha hecho apología alguna de nada al presentarnos un Capitán América afiliado a Hydra (de hecho, ni siquiera es el verdadero Capitán América, como se ha explicado recientemente... pero eso estos salvajes no lo sabían aún, porque ni habían esperado a la explicación; era más fácil montar un pelotón de linchamimento), ni tampoco es que haya sido una novedad, que se diga (¿O nadie se acuerda ya de la cantidad de mutantes que se han pasado al bando enemigo o se han vuelto chungos de verdad a lo largo de los años para que luego vuelvan a su tónica habitual? ¿Nadie se acuerda del Capitán América de los años 50? Hablando de pifias graves, ¿nadie se acuerda ya de la segunda saga del clon de Spiderman, donde se nos contaba que los últimos años de Spiderman no habían sido protagonizados por Peter Parker, sino por un clon suyo?). Sin embargo, esto parece haber sido un motivo más que justificado para que una cantidad más o menos notable de gente se comporte como auténticos depredadores, escudándose en el anonimato (ejem) y en ese sacrosanto derecho a poder decir burradas que creen inalienable.


"¿Que no quedan yogures de fresa? ¡PIENSO MATAR A TODOS LOS QUE TRABAJÁIS EN ESTE SUPERMERCADO, HIJOS DE LA GRANDÍSIMA PUTA!"
Pues algo así, pero con un teclado por medio.


Lo verdaderamente triste, como apuntaba el amigo que me ha pasado el artículo donde se ven las amenazas de muerte, es que estamos completamente seguros de que ninguno de estos salvajes va a pedir perdón ni retractarse públicamente ante Spencer o quien sea por las barbaridades que han ido soltando. Posiblemente se sentirán con el derecho a la rabia del momento o argumentarán alguna otra excusa barata similar. La actitud de niños malcriados que se creen con la autoridad suficiente para pisotear a otros. Dicha actitud es la que llevo viendo desde hace ya demasiado, por parte de aquellos que han ido insultando de forma gratuita a gente que tiene una imagen pública. La excusa, sencilla: si tienes una vida pública, te expones a eso. Algo así como decir, de un modo fino, "Es famoso, así que se joda".
Esta excusa, lejos de explicarme nada, me resulta algo bastante desagradable, por no decir que me resulta de una perversidad que no me atrevo ni a definir. No sé si es por la envidia hacia una persona con una vida pública (¿en serio es algo envidiable?) o simplemente que la persona que ataca parece sencillamente buscar un motivo para odiar, pero el caso es que cuando alguien me viene con esa historia no puedo sino sentir cómo se me revuelven las tripas. Es usar un pretexto (a veces, teñido de un tufillo moral incluso) por el cual sentirse con derecho para faltar al respeto a otros o humillarlos. Creo que lo llamo patético y me quedo corto.


Durante siglos ha habido mucha gente que ha dado su vida para que otros tengamos los derechos que tenemos hoy en día. Pensadores, estadistas, intelectuales o incluso soldados.
Que murieran para que ahora hagamos esta clase de cosas con esos derechos me da así de asco.


Pero volvamos al Capitán América, que es el responsable de este artículo.
Pensemos en un personaje que ha sido siempre el símbolo de las libertades. Un personaje que ha defendido la búsqueda de la felicidad del individuo y que ha entendido siempre que todos los ciudadanos deben hacer causa común para llegar a una sociedad mejor. Que ha luchado contra su propio gobierno varias veces para garantizar esas libertades. Que ha sacrificado su vida otras tantas por el bien del ciudadano. Que ha dejado el traje en al menos dos ocasiones cuando la administración competente ha tirado por unos derroteros que no representan el ideal de lo que originalmente era América (y no, ese ideal no era el fascismo, sino la Ilustración. El que no lo vea claro, que se pille un libro de historia y busque cositas sobre Washington, Franklin, Samuel Adams o Thomas Paine, entre otros). Que se ha opuesto de forma abierta a la política colonial de su país y que a veces se ha planteado el sentido que tiene representar a un país que no siempre está a la altura del ideal que tuvo cuando obtuvo su identidad como nación.
Un personaje al que muchos habéis juzgado, desde la más total ignorancia, solo porque lleva una bandera en el traje, por cierto.
Si el Capi existiera, me pregunto qué pensaría de un puñado de energúmenos que ningunean a otros de forma pública, llegando a insultar o amenazarlos de muerte. Qué podría pensar alguien que defiende las libertades individuales y la búsqueda del bien común de una horda de mentecatos que se mean en sus propios derechos para prostituirlos y convertirlos en una excusa para hacer el gilipuertas.
Pues lo mismo Spencer tenía razón antes de revelar al personaje que había suplantado la identidad del Capi.
Lo mismo lo mejor que podía haber hecho el Capi habría sido pasarse a Hydra y mandar a tomar por culo a una sociedad que no merece a nadie que la proteja.

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