Tras un poco de tiempo de espera, por fin he terminado la lectura de la primera novela de Carlos Sisí, que narra lo que viene a ser un ataque zombi ambientado en la ciudad de Málaga, emplazamiento que (por razones obvias) me resulta bastante familiar.
En primer lugar, tengo que decir que he coincidido con Carlos en un par de ocasiones; primero, en la presentación de la novela de otro amigo escritor (no fuimos presentados entonces, puesto que yo no era más que uno más del público) y, algún tiempo después, en unas jornadas de Terror que tuvieron lugar en mi ciudad. En esa ocasión pude conocerle un poco más de cerca y me dio la impresión de ser un tipo humilde y sencillo al que no le gustaba demasiado eso de hablar en público.
Esto no es del todo gratuito, a continuación os explicaré a qué viene.
Una vez iniciada la lectura de la novela, charlé un poco con Carlos para preguntarle un poco cuáles eran las premisas de las que había partido a la hora de trabajar en Los Caminantes. Fue entonces cuando mi primera impresión pareció confirmarse: éste, de un modo sencillo y honesto, me dijo que no había tenido ninguna pretensión más allá del puro entretenimiento. "Una lectura de piscina", dijo, "sencilla y entretenida".
Es precisamente ese concepto lo que tomé como punto de partida a la hora de realizar este análisis. A lo largo de este post, iré desgranando su novela con la intención de demostrar si dicho objetivo que tenía en mente se ha cumplido o no.
Vamos allá, pero antes quiero advertiros que probablemente leeréis detalles que desvelarán gran parte de la trama. Se recomienda la lectura de este artículo a aquellos que hayan leído ya la novela, o bien a aquellos a los que esto no le importe. Avisados estáis.
También me gustaría aclarar que, personalmente, el género zombi por lo general no me dice gran cosa, ni buena ni mala, por lo que espero ser lo bastante objetivo y no dejarme llevar por mis filias o fobias personales. La idea es ser lo más académico posible al respecto, de modo que tampoco se harán más comentarios personales de los imprescindibles (y cuando se hagan, se dirá expresamente, para que quede claro) ni comparaciones con otras novelas del género u otros autores. Quien quiera ver algo más allá de estas líneas, me temo que mira en la dirección equivocada.
Estructura: Concebida en cuarenta y dos capítulos, nos narra de modo casi lineal (salvando alguna que otra secuencia de flashback, especialmente al principio) la historia del ataque, centrándose en los supervivientes. No hay división en partes o actos narrativos, de manera que toda la historia queda secuenciada en una sola línea argumental, dividida en diferentes puntos de vista. Esto, durante más o menos la mitad de la novela, da un carácter casi coral a la historia: vemos distintos grupos de supervivientes, localizados en diferentes zonas de la ciudad que, bien por azar, bien por motivos más directos, convergen en un punto determinado.
Al tratarse de una estructuración prácticamente carente de elipsis y mantenerse en líneas argumentales relativamente paralelas (salvando aquellos momentos en que es necesario retrasar o avanzar la acción para solaparse con otros acontecimientos que tienen lugar a la vez), se puede decir que la mayor parte de lo narrado atiende a una línea temporal casi inamovible, salvando las mencionadas secuencias de flashback.
Tempo: El tratamiento del tiempo y el ritmo narrativo está desarrollado de una manera paralela a la estructura. Al no haber grandes divisiones en lo que es la narración, encontramos por tanto una unidad temporal bastante firme; la historia empieza in medias res, aunque no por ello se confunde al lector con lo que pasa: el lector es rápidamente informado acerca de la situación inicial (aunque no de las causas), de manera que las piezas quedan dispuestas en el tablero para que el resto tenga lugar; en otras palabras, se nos cuenta lo que sucede y ya sólo nos queda esperar cómo los supervivientes saldrán de esta.
La novela posee un ritmo narrativo bastante directo y deja poco lugar a concesiones o pausas digresivas. No dejan de suceder cosas en ningún momento, ya que en el momento en que un personaje consigue salvar el cuello en un momento dado, la narración nos lleva a otro que se encuentra en algún apuro. Esto hace que la lectura sea relativamente ágil y dé poco lugar a treguas. De esto se deduce, por contra, que carece de pausas digresivas que sirvan de contrapunto a la acción o que la ralenticen.
Escenario: Quizás uno de los puntales sobre los que se sostiene la novela y de los que podrían resultar más atractivos para el público; por la época en que fue escrita, no había muchos autores que se atreviesen a exponer este tipo de temáticas en suelo español. Desde mi punto de vista personal, es algo que nunca he entendido: para un autor resulta más fácil mostrar ambientes y escenarios que conoce... ¿y qué mejor que la propia patria de uno, donde vive? Además, las situaciones y personajes deberían resultar mucho más cercanas al lector. Y sin embargo, siempre parece haber una tendencia a verlo todo en Londres, Nueva York o Gotham, como lo "glamouroso"...
El hecho de que Los Caminantes, además de situarse en España, lo haga en mi ciudad natal tiene puntos extra para un paisano, que reconoce a la perfección todos los settings que nos muestra el autor: la ciudad deportiva de Carranque (uno de los escenarios principales), la estrecha Calle Beatas o el Santuario de la Victoria son sitios tan reconocibles que dudo mucho que ninguno de los locales haya pasado por allí aunque sea una vez en su vida.
Si tengo que verle a esto algo que me haga dudar, es el hecho de que, si bien alguien que vive en esta ciudad se orienta perfectamente ante las indicaciones (casi todas narradas a base de dar nombres de calles, plazas o algún otro emplazamiento urbano), no sé cómo se lo tomaría alguien que nunca ha visto esta ciudad. Carlos consigue solucionar un poco este asunto indicando distancias y orientando hacia el norte o el sur los lugares; a mí me sirve, pero yo vivo aquí. Me gustaría oír la opinión de alguien de fuera a este respecto.
Personajes: Como he mencionado un poco más arriba, la obra pasa más o menos la mitad de su extensión de un modo coral, mostrando los distintos grupos de supervivientes en cada capítulo. A excepción de Juan Aranda, que viene a ser un poco el protagonista de la novela, el resto de personajes entran en las características de lo que podría llamarse "novela de personaje colectivo": se nos muestra una especie de calidoscopio de personajes, cada uno con sus rasgos diferenciadores, y el resto se va definiendo en base a sus acciones.
Mi comentario personal al respecto es que me llamó mucho la atención un personaje llamado Sandra, casi al final de la historia. Menciono esto porque considero que es de los pocos personajes (no el único) del que se nos cuenta una historia completa, de principio a fin. En tan sólo un par de páginas, no más, se nos cuenta una biografía que hace que un personaje que acaba de aparecer tenga toda una vida. Paradójicamente, sus acciones no destacan demasiado, ya que muere de modo casi instantáneo. Yo habría preferido que la presentación del resto de personajes hubiese sido más como la de Sandra, puesto que ese tipo de narración me hace empatizar más con ellos; eché bastante en falta eso en otros personajes de mayor peso, como Dozer. De éstos, tan sólo Moses si me pareció desarrollado en esta línea (se nos cuenta una curiosa historia familiar en su primera aparición, que ayuda a identificarlo con bastante facilidad); el resto de personajes se van perfilando conforme avanza la historia.
Lenguaje y diálogos: He mencionado lo que creo que es un punto fuerte de la novela; ahora toca un punto débil.
El lenguaje aquí tiene un factor positivo y otro negativo; lo positivo es que es sencillo, directo y carente de artificios, lo que hace que la lectura sea ágil, rápida y entretenida.
El punto negativo recae en la parte de los diálogos, donde el lenguaje vulgar (pienso que resulta una influencia directa de Stephen King, al que me ha recordado en muchísimos puntos) es tan abundante que llega un momento en que me ha costado reconocerlo como creíble. Para ilustrarlo, pongo el caso de una línea, que me permito citar. Tiene lugar al principio, en la playa. En el momento en que uno de los primeros resucitados ataca, tenemos comentarios como:
- ¿Qué cojones ha pasado- bramó uno de los hombres mientras se movía erráticamente de un lado para otro- ¡¿Qué cojones de mierda ha pasado?!
Tengo que decir que a mí el lenguaje vulgar no me ofende en lo más mínimo; de hecho, yo mismo soy la vulgaridad personificada a la hora de hablar. Sin embargo, la reiteración constante y expresiones como la de arriba (espectacular, pero que no he oído jamás decir a nadie, por límite que sea la situación) hacen que me distancie un poco de los personajes en cuanto a credibilidad: los diálogos, por lo general, suelen representar la personalidad de un personaje. Si todos hablan igual, este reflejo psicológico resulta demasiado "uniforme". Tan sólo algunos personajes, como Juan Aranda, Isabel y (muy especialmente) el Padre Isidro consiguen paliar un poco este efecto; sin embargo, creo que es un asunto que podría pulirse un poco, desde mi punto de vista.
Esto, por supuesto, es mi opinión personal, y entenderé que muchos no lo veáis así.
Estilo: Este punto es un poco el resumen de algunos de los apartados previamente mencionados; Carlos no se entretiene con larguísimas metáforas ni con descripciones barrocas, sino que opta por centrarse en lo que sucede. En lo que se ve y lo que se oye. Abundan las frases cortas y las descripciones sencillas, sin entretenerse demasiado en detalles menores. Parece sentirse muy cómodo narrando la angustia de los supervivientes por seguir vivos un día más (esto se ve sobre todo al principio, con las escenas de la huida del centro de la ciudad) o en la lucha contra los muertos vivientes. Sin embargo, es al final cuando se van encontrando frases algo más poéticas, como "Isabel suspiró, observando cómo las nubes evolucionaban ante sus ojos. La luz cambiaba poco a poco, arrancando destellos brillantes a las formaciones más altas mientras que la oscuridad caía lentamente sobre el campamento". Esta evolución estilística me hace pensar que, conforme va avanzando en la narración, el autor empieza a sentirse más cómodo con las descripciones y añadiendo elementos de este tipo al discurso.
También destacan algunas referencias intertextuales, que aparecen salpicadas por aquí y por allá. La mitad de éstas suelen ser referentes a la cultura popular; otras, de la Biblia, como Apocalipsis 11:17. Como es de esperar, las citas bíblicas corresponden al Padre Isidro. El resto, bien al narrador, bien a algún otro personaje.
Temáticas y otros elementos narrativos: Más allá de la temática de la invasión zombi, se nos van mencionando algunos otros detalles que aportan color a la historia, como el hecho de la explicación del virus (que, desde mi punto de vista, me resultó la escena más interesante de toda la novela casi con diferencia) y algunas otras, como poco, curiosas.
Como anglista, me llamó mucho la atención la escena en que se explica la etimología de la palabra cadáver. No la conocía, así que me fío de lo que me dice el autor: esto proviene de caro data vermibus, "carne dada a los gusanos" (referencia a Lovecraft añadida por medio, dicho sea de paso). Más adelante, uno de los personajes comenta que la misma palabra aparece en inglés y en alemán. Lejos de emitir juicio de valor alguno, me remitiré a mi propia experiencia con el inglés y diré que, hasta la fecha, no he visto cadaver en inglés como tal; la palabra en inglés más frecuente para esto es corpse, proveniente también del latín corpus. Sin referencias gusaniles, simplemente significa "cuerpo". De hecho, otra palabra común para referirse a un cadáver es simplemente "body", que podría ser su cognado más directo. Sin embargo, con esto no tengo intención de contradecir nada; simplemente menciono aquí mi propia experiencia.
Otra temática interesante que se menciona es la del fanatismo que se destila del Padre Isidro y la posible incógnita durante la mayor parte de la novela acerca de que estemos presenciando una pandemia o, en efecto, el Apocalipsis. Sin ánimo de hacer comentario alguno hacia la Iglesia Católica (no procede aquí), resulta bastante interesante el hecho de que, para variar, el inmune al virus zombi no sea la típica niñita de encantadores ojos azules o el intelectual de raza negra. No, aquí la supuesta cura al virus se encuentra por parte de alguien que ha perdido el juicio. Alguien que, imbuido por una especie de dispensa moral a causa de esa inmunidad, se permite el lujo de traicionar a su propia especie y que, por tanto, es a todas luces una amenaza para todo bicho viviente, literalmente hablando.
Esto genera bastante conflicto para los supervivientes, que quizás se ven en su primer gran dilema desde que están reunidos: ¿acabar con esa amenaza o capturarla para su propio beneficio, pese al riesgo que ello supone? Juan Aranda, proclamado líder espiritual del grupo de Carranque, se ve forzado a elegir. Y esas decisiones no son fáciles, pues sabe que pueden costar vidas. Y, tal y como está la situación, ni que decir tiene que cada vida es valiosa.
En cuanto al concepto del zombi en sí, Carlos opta por el zombi reanimado, más cercano al remake de El Día de los Muertos que a versiones más "clásicas", como La Noche de los Muertos Vivientes. Así pues, tenemos que el virus se propaga por el aire, lo que implica que cualquier persona, haya sido mordida o no, está expuesta al patógeno y a convertirse en un zombi en el mismo momento de su muerte. Esta posible referencia se ve también en el momento en que encontramos que alguno de los muertos vivientes logra empuñar un arma, ya casi finalizando la novela (esto se veía también en esta película, lo que me lleva a pensar en una posible influencia).
Encontramos también alguna variante a esta tónica general, más similar a lo que vimos en el genial remake de El Amanecer de los Muertos, en detalles como ver a una subespecie de zombis que corren como galgos. Este concepto de infectados que presentan síntomas diversos a lo que parece ser una pandemia global hace que las posibilidades de reacción de éstos, así como las situaciones que se produzcan, vean ampliado su espectro.
Por otra parte, el autor no abandona conceptos clásicos, como el hecho de eliminar a los muertos a base de dispararles o golpearles en la cabeza.
En cuanto al concepto del zombi en sí, Carlos opta por el zombi reanimado, más cercano al remake de El Día de los Muertos que a versiones más "clásicas", como La Noche de los Muertos Vivientes. Así pues, tenemos que el virus se propaga por el aire, lo que implica que cualquier persona, haya sido mordida o no, está expuesta al patógeno y a convertirse en un zombi en el mismo momento de su muerte. Esta posible referencia se ve también en el momento en que encontramos que alguno de los muertos vivientes logra empuñar un arma, ya casi finalizando la novela (esto se veía también en esta película, lo que me lleva a pensar en una posible influencia).
Encontramos también alguna variante a esta tónica general, más similar a lo que vimos en el genial remake de El Amanecer de los Muertos, en detalles como ver a una subespecie de zombis que corren como galgos. Este concepto de infectados que presentan síntomas diversos a lo que parece ser una pandemia global hace que las posibilidades de reacción de éstos, así como las situaciones que se produzcan, vean ampliado su espectro.
Por otra parte, el autor no abandona conceptos clásicos, como el hecho de eliminar a los muertos a base de dispararles o golpearles en la cabeza.
Valoración: En mi opinión, creo que todos estos argumentos (tanto positivos como negativos) respaldan el hecho de que el autor no ha querido contarnos el sentido de la vida ni revolucionar la literatura con una novela como Los Caminantes.
Si tengo que ser honesto, dudo mucho que eso sea estrictamente necesario en todo libro que se publique en el mercado; que a mí me gusten cosas que tengan un trasfondo, digamos, más "profundo" en ningún momento me incapacita para reconocer que la lectura de "palomitas" o, en palabras del propio Carlos "para leer en la piscina" sea una lectura de segunda clase ni mucho menos. No, teniendo en cuenta que si existen públicos muy diversos, se entiende que haya libros muy diversos también. Por eso, tampoco creo que estemos ante una lectura que desmerezca al lector ni que incurra en estafas argumenales, ni nada por el estilo. Por tanto, diría que cumple al 100% el objetivo que se planteó inicialmente; además, el hecho de que esta novela no se parezca mucho a lo que yo leo normalmente no debe suponer influencia en mi análisis en absoluto. Sería muy deshonesto por mi parte.
Sin embargo, también hay que decir que no estamos, tal y como he leído por ahí, ante una obra maestra, ni mucho menos. Yo prefiero no caer en la exageración y ver las cosas en lo que opino que es su justa medida, amigos Distópicos: lo que tenemos aquí es una ópera prima, que no es en absoluto lo mismo; Los Caminantes es la primera incursión de un escritor que, según comenta, no había escrito nada hasta la fecha y que (ahí lo llevas) entra escribiendo una novela.
¿Qué quiere decir eso? Que lo que tenemos aquí es un primer ejercicio correcto (ni terrible ni sobresaliente, sino digno, lo cual creo que es un buen punto de partida), con muchos detalles que se pueden pulir (véanse palabras repetidas, por ejemplo... y aquí hablo por experiencia propia, porque ese es un fallo que yo mismo tengo y que algún día de estos conseguiré quitarme de encima)... pero me gustaría que esto no se interpretase como un ataque o una crítica, ni mucho menos; de hecho, sostengo la creencia de que, con la experiencia, este estilo aún primerizo se asentará y madurará, como debe ser. No en vano, Carlos me comentó que él mismo había notado una tremenda evolución en sus siguientes novelas: Necrópolis y Hades Nebula.
Si alguno de ellos cae en mis manos, os lo haré saber.



































