Menudo cipote se ha montao, amigos.
Está uno zampándose la merienda cuando le empiezan a hablar del asalto a Megaupload. Así, por la cara. Que por lo visto han resucitado a Elliot Ness y les ha faltado liarse a tiros, metralleta Thompson en mano, reventando terroristas y demás indeseables.
Dicen que es para salvaguardar la cultura.
Para proteger al autor de esos seres infames y despreciables que son los piratas.
Y nosotros, como ovejitas obedientes, nos lo tenemos que creer.
Por cojones.
¿Queréis que hablemos de quiénes atentan realmente contra la industria del arte y cómo? Pues vamos a hablar, porque de eso uno ha ido pillando información en los últimos añitos y se ha enterado de cosas de las de mear y no echar gota. Porque el pirata puede ser muy malo malísimo, pero no es ni mucho menos el cabrón más gordo en esta historia; tan sólo es al que mejor se ve.
A lo largo de este post iréis viendo anécdotas, opiniones y casos expuestos por gente a la que conozco o de la que he oído hablar; puede que muchos os sintáis identificados. Es incluso posible que hable de vosotros. Libres sois de comentarme lo que queráis al respecto.
Vamos a hablar un poco de ese concepto hipócrita que es proteger al autor y toda esa parafernalia demagógica que se ha montado al respecto. De lo que es pedir para Dios y no dar ni para Cristo.
Si queremos hablar de gente que se mea sobre el autor (me centraré un poco más en la literatura por ser mi faceta más actual, pero también tocaré lo que es la música, mundo que no es del todo ajeno para mí), vamos a hablar en primer lugar del concepto de los royalties.
No, no. He dicho "Royalties".
El royalty, para entendernos, viene a ser un porcentaje de lo que un autor se lleva por cada venta de su obra. Pongamos que, de los veinte pavos que se gasta un lector en un libro o en un disco, un tanto por ciento va para la productora/editorial; otro tanto por cierto para la distribuidora, otro tanto para el vendedor y el resto va para el autor. Si decimos que el porcentaje, para la persona que hace mover la industria es de un cuatro por ciento, ya estamos exagerando: un músico no ve más de un euro por cada venta, y todavía puede decir que tiene suerte, porque a diferencia de él, el escritor no tiene ningún plus por los conciertos en directo (no nos engañemos, el músico ve la pasta ahí, no de los discos).
Resumiendo, es como si tu tienes un burro que acciona un molino y lo matas de hambre. Pero como hay mil burritos más a los que echar mano, da exactamente igual.
Y me pregunto yo dónde coño están las supuestas asociaciones que protegen al autor para acabar con esto.
Pero tranquilos, que esto no es todo. He hablado de un porcentaje irrisorio, ¿verdad? Pues entonces preparaos, porque aquí es donde llega el punto de lo miserable. De lo vergonzoso. Me refiero, claro está, a esos productores/editores que se creen que el artista vive por amor al arte y se "olvida" de pagarle. Y no son ni dos ni tres, sino MUCHAS. Si no cada mes, cada dos meses, me llega la noticia de alguien a quien su editorial le ha dejado en la estacada, debiéndole una pasta por las ventas. Editoriales que falsean las ventas reales para pagar menos dinero a sus autores. Editoriales que, en el colmo de la desfachatez, no sólo no pagan al autor, sino que encima quieren parte de los beneficios de taquilla cuando su novela es llevada al cine.
Y a estos autores, ¿quiénes los protege?
Pero esperad, que no he terminado aún: podemos empezar a hablar de otra gañanería, consistente en el uso a discreción de la imagen, la pesadilla de los ilustradores. Esto consiste en coger y apropiarse de una fotografía o ilustración (sin permiso del artista) y emplearla para los fines que al distribuidor/editor le salga de las gónadas. Sin que los beneficios por el uso de esa imagen recaigan JAMÁS en la persona que ha sido responsable de esos ingresos.
"Tío, tío, tío, yo hice ese dibujo de Emma Frost"
"Pues te ha quedado de puta madre"
"Hombre, lo que sí habría quedado de puta madre es que, de cada camiseta vendida, hubiese visto una parte, que para eso me pegué dibujando hasta las tres de la mañana"
Si queréis, puedo hablar de otra bastardez, consistente en esos seres que se dedican a buscar todo manuscrito que no haya sido debidamente registrado para adueñarse de él y publicarlo como propio. No en vano, a todo escritor novel le advierten que SIN EXCEPCIÓN registren sus obras a la hora de enviarlas a una editorial porque NO son de fiar.
Y todavía no he oído de nadie a quien hayan denunciado estos supuestos organismos que deberían defender al artista para poner fin a estos atropellos.
Puedo hablar, si os parece bien, de esos organismos oficiales que organizan rondas de conciertos sin ton ni son, prometiendo el oro y el moro, que supuestamente van a proyectar a los artistas y no pasan de ferias de pueblo. Que oiga, son de lo más respetable, pero eso no es en caso alguno una proyección artística ni de lejos: eso es como decir que vas a proyectar como vendedor en unos grandes almacenes y te ponen de azafato. Digno, pero en caso alguno una mejora.
Otros seres son más sibilinos, son de los que prometen grabaciones de la puta hostia y, si no te dejan tirado con una maqueta o disco a medio montar, directamente te aburren en un estudio. Hay casos donde la misma productora "secuestra" al autor, con contratos abusivos donde no pueden firmar con ningún otro sello; entretanto, los estudios de grabación se centran en el primero que llegue después, provocando el hastío del artista, que ni puede grabar su disco con ellos ni con nadie. Preguntadle a Terence Trent D'Arby.
Terence ahora se hace llamar Sananda Maitreya, tras haberse pegado (creo que fueron) CINCO años secuestrado por una multinacional discográfica, que posponía continuamente la grabación de su disco e impidiéndole rescindir su contrato para que pudiese grabar con otra parte.
Puede que a lo mejor su música no os guste demasiado, pero poneos en su lugar y preguntaos si un autor se merece esto.
¿Y dónde están aquí las asociaciones que protegen al autor, me lo puede decir alguien?
O, para hablar de contratos abusivos, esas editoriales que te dicen que eres lo mejor desde Shakespeare y luego en sus contratos ves que te imponen claúsulas en las que poco menos que tienes que pagar parte de los gastos de producción o lo que no se venda de la primera tirada. Es decir, hacer participar por huevos al autor en el asunto de gestión económica de la venta de un libro (sin que este tenga opción a negarse una vez firmado el contrato) o, más infame aún, que éste tenga que promocionar su propio libro porque la editorial en sí ni siquiera se molesta en vender el producto.
Autor, socio capitalista y vendedor por el módico precio de un euro por libro... si es que te pagan.
En serio, yo sigo sin ver por aquí a esas respetabilísimas asocaciones y organismos en pro del autor. Tampoco veo a ningún Ministerio Estatal partirse el pecho por la cultura, pese a lo que nos intentan vender.
Ubi sunt?, que diría Jorge Manrique.
Pero no empecemos a chillar todavía, que estas empresas no sólo se aprovechan del autor. El público, en una ingente medida de ocasiones, también es engañado, vejado y encima humillado.
Pensad en la de veces que habéis comprado una película que os ha costado quince o veinte pavos.
Pensad en la cara de gilipollas que se os queda cuando, TRES meses después (o seis, o un año, eso no es tiempo), os sacan la edición especial, con chorrocientos extras y mil escenas cortadas en el cine. ¿Eso no es una estafa? ¿No es un robo?
Por ejemplo, el segundo álbum de estos señores. Aquí tenéis la primera edición del disco.
Aquí, una segunda.
E incluso una tercera. De la anterior no puedo hablar mucho, pero recuerdo ésta última y no había pasado más de un año del lanzamiento de la primera edición cuando pusieron esto a la venta.
Y NO. Estas cosas JAMÁS son improvisadas, sino que están planificadas más de un año antes.
Lo mismo lo hacen con los discos, cuando íbamos en aquella época tan alegre a gastarnos parte de la paga en un álbum que llevaba unos mesecitos en el mercado y, a nada de tiempo, te sacaban esa edición especial, MÁS barata y con un disco extra. Y con los libros, cuando en menos de un año, te das cuenta de que esa novedad tan rabiosa se lanza en edición de bolsillo o en saldo, viendo su precio reducido a la mitad o menos. Los cómics tampoco se quedan atrás. Hace ya bastante tiempo escribí en este blog acerca de la política tocapelotas de cierta editorial, que lanza primero sus colecciones en tomos baratos, para luego sacar un tomo recopilatorio que, en conjunto, no sólo tiene mucha más calidad, sino que es mucho más económico que la edición anterior.
¿Pensáis que la empresa está perdiendo dinero al hacer esto? En absoluto, amigos Distópicos: simplemente no gana tanto como al principio, pero le sigue sacando una burrada.
Las películas de cine tampoco se quedan atrás, cuando te anuncian a bombo y platillo que el último estreno aparecerá en salas 3D y te das cuenta de que la película NO ha sido rodada en 3D, lo que lo convierte en un auténtico engañabobos que te clava diez euros por la puta cara. No me voy a molestar siquiera en hablar de vulneración de derechos de autor con esa bazofia artística que los amigos del otro lado del Atlántico se han sacado de la punta del cipote, consistente en coger cualquier cosa y convertirla en un refrito, remake, precuela o puta fotocopia. De eso ya hablé en su momento y ya quedó bastante claro. Tan sólo decir que, para mearse sobre una obra previa convirtiéndola en una majadería políticamente correcta donde priman el 3D y las actuaciones de saldo aquí nadie parece protestar ni alzar la mano por lo que es un autor. Ni siquiera por el hecho de que los mismos guionistas parezcan provenir de una fábrica de plagiadores de ideas extranjeras o previas.
Eso NO es un delito, porque ha habido pasta por medio.
Espabilemos: esta peli, por poner un ejemplo, fue rodada años antes de que se usase la tecnología 3D. Además, a diferencia de otras películas de animación, donde ésta es digital y se usa un falso 3D ( es decir, no está rodada con la cámara doble para crear la sensación tridimensional... aunque todavía podría dar el pego al ponerse las gafitas), es 2D, de manera que vamos a pagar 10 pavos por ver una película que no está diseñada para este formato.
Si esto no es quedarse con el público, a mí que me lo expliquen.
¿Queréis saber dónde se encuentran, pues, todas esas organizaciones tan honorables?
Os lo diré:
Contando la pasta que pagamos cada vez que compramos un puto disco virgen o un pen-drive. No importa que sea para salvar nuestras maquetas o nuestros manuscritos. Gracias a estos señores que velan por los autores (yo soy autor y a mí no me han dicho nada, qué curioso... y si alguien tiene alguna duda que se vaya al Registro de la Propiedad Intelectual y pregunte) somos considerados culpables de antemano, sin derecho a presunción de inocencia y se nos cobra por proteger nuestras propias obras (WTF???)
Y nos lo tenemos que comer.
Esta gente a lo que se está dedicando es a emplar tácticas Orwellianas de vigilancia extrema, consistentes en cosas tan nobles como infiltrarse en bodas o en peluquerías y sangrar al personal. No importa que se trate de plataformas de retransmisión pública (como es una radio o una televisión). Aquí se trata de sacar pasta... de sangrar al consumidor hasta que no pueda más. Hasta que la cultura se convierta en un lujo al alcance de aquellos a los que a éstos señores les salga de las pelotas. Y como en este ajo está metido hasta el Tato, los gobiernos agachan la cabeza y ponen la mano bajo cuerda. Porque es una olla muy rica de la que comer. De ahí que aquellos, que en su día pusieron el grito en el cielo contra cierta cineasta metida a política (y que, de paso, se convirtió en una vergüenza para su profesión y en una traidora de cuidado a su especie artística), ahora se bajen los pantalones y aprueben leyes del mismo palo. Con otro nombre, con alguna variante, pero la misma mierda, al fin y al cabo.
Collares distintos, los mismos perros.
Y luego me venís diciendo que no es lo mismo un partido que otro. Perdonad si no me lo creo, pero este tipo de cosas me demuestra justo lo contrario.
Pero vamos más allá.
Olvidémonos por un momento de la pasta.
Olvidémonos del negocio que supone sangrar a la gente por escuchar música o leer un libro, actividades tan deleznables y tan demodé que hay que poner un impuesto de lujo para ello.
Centrémonos en otro beneficio, más suculento, más tentador y, por supuesto, mucho más peligroso.
Pensad en el enemigo en la sombra que supone El Pirata. Ese ser maligno que amenaza con destruir la estabilidad y la paz mundial, que destruye la economía con pulsar un botón.
Pensad en la figura del terrorista hace diez años y comparad una con otra.
¿Soy el único en ver similitudes?
Cuando cayeron las Torres Gemelas, el mundo dio un paso de gigante hacia la distopía. En el momento en que el gobierno estadounidense admitió abiertamente que falsearía la información si era necesario, con tal de perseguir sus intereses; el día en que el Reino Unido dijo, tras los atentados del siete de Julio de Londres, que a partir de entonces, registraría los correos electrónicos de los súbditos británicos con tal de salvaguardar la seguridad nacional, en esas fechas nos dimos cuenta de que nuestro mundo hubo cambiado hacia un Nuevo Orden Mundial. Un statu quo basado precisamente en la vigilancia constante del individuo, no se vaya a desmandar. Y el individuo, intoxicado por el miedo a una Amenaza (terroristas, piratas, vendedores de muñecas hinchables, lo que sea), poco a poco empezará a aceptar que necesitan un Gran Hermano que les vigile. Esperarán al momento en que digamos "No tengo nada que ocultar, así que a mí pueden registrarme lo que quieran".
Perro policía busca material ilegal alojado en el cuerpo de una turista.
Hoy en día se están cerrando webs y se están aprobando legislaciones que impidan la libertad de prensa y expresión en la red. Hace cosa de unos meses, en nuestro país, estandarte de las libertades y la democracia, resulta que se planteó una ley que regulase los contenidos en televisión, lo que atenta contra nuestros principios básicos. Salió mal y al final aquello no salió adelante pero... ¿qué habría pasado si no hubiese sido así? Es más, ¿quién dice que eso no se está haciendo ya de modo oculto?
Yo no voy a decir ni que sí ni que no. Simplemente me limitaré a decir que aquí no me sorprendería ya de nada.
Vigilancia.
Manipulación de prensa.
Miedo.
Pero ojo, no vayamos a pensar que nosotros somos unos pobres corderitos inocentes. Ya sabéis que este blog no rinde vasallaje a nadie, ni tiene amiguitos a los que lamerles el culo, o mirar para otro lado cuando éstos la cagan. Nosotros, los de abajo, también tenemos lo nuestro.
¿Por qué?
Por nuestra actitud. Allá vamos:
Vale que hayan abusado de nosotros, cobrándonos más del 200% del gasto de producción por un producto. Vale que nos hayan estafado una y mil veces con películas, libros y discos cuya calidad está muy por debajo del precio que hemos pagado por ellos. Vale que somos los que nos llevamos la peor parte.
Pero en esto de la piratería, no existen los inocentes: si no, miraos. Mirad a la gente a la que conocéis, escuchad al personal en el autobús, el metro, en la cola del súper.
Nos comportamos como si el gobierno, el sistema o la sociedad misma nos lo debiese todo.
Un tío estafa a la Seguridad Social. Otro cobra el desempleo mientras trabaja. Otro incluso manga en el súper. Nuestra respuesta es: "Más me roban a mí los políticos".
Vemos un funcionario que está saturado porque hay poca gente cubriendo su puesto y una cantidad de demanda y nuestras amables palabras con el trabajador del Estado (sea bueno o malo, que hay de todo) son: "Yo te estoy pagando tu sueldo". Y si estamos en el paro, fíjese usted, que NUNCA nos preguntamos quién nos paga el subsidio.
Pues igual es ese funcionario al que has escupido en la cara el que lo ha hecho, ¿no lo has pensado?
Con actitudes así, no es de extrañar que haya gente que piratee películas, no como protesta por el precio abusivo o, como apuntan algunos amigos, para encontrar material que a las distribuidoras no se les pone en sus santos cojones de traer a España. Muchos, muchísimos, son de decir "Aunque costase un euro, prefiero pagar cero euros, que sigue siendo más barato".
Y luego, cuando señoras como Lucía Etxeberría se quejan contra el daño que hace la piratería en ciertos sectores (ya hablé de esto en un post anterior, con todos sus pros y contras, que ella también se llevó sus tirones de orejas), ¿qué hacemos?
Lapidación.
Escarnio.
Fusilamiento.
Mofa.
Me pregunto qué se habría dicho si el que hubiese amenazado con retirarse hubiese sido algún otro escritor más popular. Igual la acogida no habría sido la misma...
"¡Di tus últimas palabras, indeseable!
Bueno, mejor no digas nada... total, digas lo que digas te vamos a disparar igual..."
Más pruebas de actitudes vergonzosas por parte del público o por parte de los propios autores (como digo, aquí TODOS nos llevamos nuestra ración de hostias) ha sido cuando he visto que alguien ha denunciado públicamente a su editorial/discográfica diciendo que no les han pagado. Nosotros, esa raza tan curiosa de seres, pudiendo sentirnos solidarizados con un compañero (nos caiga mejor o peor) que podríamos ser nosotros la próxima vez, ¿a qué nos dedicamos? A coger y a defender a esa empresa por lo bien que lo han hecho. Porque a nosotros todavía no nos la han metido por el culo.
Y cuando lo hagan, lloraremos, que es lo nuestro.
Hablándolo con un compañero de fatigas y reciente amigo en este extraño mundo que es el de los garabatos y las palabras rimbombantes, resulta que ahora la moda es la pataleta popular. Parece ser que, frente a la opresión de las grandes empresas, que se ríen de nosotros cosa mala, se está organizando un frente reaccionario donde impera la tiranía del que más chilla. Del que más amiguitos tiene detrás jaleándole. De aquellos que se creen que, berreando, llorando y cagándose en la puta madre que parió a Fulanito tienen automáticamente la razón.
Pues, damas y caballeros, precisamente ese tipo de cositas son las que, igual no justifican que ahora nos vigilen hasta cuando vayamos a cagar... pero si hacemos examen de conciencia, igual nos damos cuenta de que, con ellas, les hemos dado razones para hacerlo.
Nos han dado diez metros de soga y nos estamos ahorcando con ella.










5 comentarios:
Hola, Me ha encantado este post. Hoy he leído argumentos similares y complementarios en el blog de Zampatti, que te recomiendo http://latraiciondelpoeta.blogspot.com/
Me anoto el blog en el mío (ospasos.wordpress.com) si no te importa.
En absoluto! Muchas gracias por el aporte... en cuanto pueda le echo un vistazo al blog de Zampatti :)
Veo que te has quedado tranquilo y a gusto escribiendo esto :)
Personalmente, y no sé si seré una ilusa, creo que el que es fan de algo o le gusta lo que sea pagará por ello si sabe que es de calidad. Me explico: si eres fan de un grupo, querrás la discografía original, no lo querrás pirateado. Y ahí es cuando entra el juego de precios (abusivos, se mire como se mire, y más cuando en países como en Inglaterra son muchísimos más baratos teniendo más poder adquisitivo y salarios más altos que aquí, curiosísimo eso) y de descargas, con lo que eso conlleva.
Aunque seamos un país donde se trampea de todo por tal de no pagar (en general, remitámosno a todas las trampas en declaraciones de la renta, subvenciones, etc), creo y veo excesivo que nos controlen en este tema. Veo más peligroso para la economía del país (la que en definitiva mueve todo, incluso la cultura y la piratería, poder adquisitivo y consumo van de la manita) toda esa economía sumergida, los trapicheos, las trampas y la corrupción y malversación en general. Eso SÍ debería perseguirlo más.
En fin, que me voy por las ramas xD Un beso, y gracias por el post tan bien escrito^^
PD: No debo tener vida porque me leí tu blog de cabo a rabo a lo largo de varios entretenidos días xDD
Encantado de leer tantas verdades juntas. Por alguna razón, todavía tengo algo de optimismo en el futuro. Creo tener una pequeña solución a este asunto de las editoriales. Lamentablemente, siempre hace falta el puto dinero, pero no es tanto y en cuanto lo consiga prometo una nueva forma de distribución de literatura que puede ayudarnos mucho.
Vaya, hacía tiempo que uno de los blogs menos leídos de la red no tenía tantos comentarios seguidos jajajajaja!
Vale, pasamos a ir respondiendo: Isi, muy bueno el apunte que mencionas. Creo que ambos estamos de acuerdo a la hora de decir que, puede que seamos unos gañanes, pero tampoco está justificada la política cuasipolicial que nos estamos llevando últimamente; el problema quizás reside en que, tal y como están las cosas, los que están arriba aprovechan la más mínima tontada para apretarnos la correa... y así nos va.
Sebastián, lo primero que quiero decirte es que bienvenido a este blog. He echado un vistazo al tuyo y veo que coincidimos en bastantes puntos.
En contra de lo que puede parecer, yo no me considero pesimista del todo... más bien diría que soy un escéptico (si hay posibilidades de un mundo mejor, que me encantaría, me gustaría ver cosas más o menos sólidas, o pruebas empíricas, como las llamarían los científicos), o bien un "Meliorista", como se autoproclamaba el poeta y novelista Thomas Hardy: pienso que hay cosas que sí hacemos bien, pero tengo la impresión de que no son las suficientes y de que podemos hacerlas todavía mejor.
En tu blog me ha parecido muy interesante lo que has planteado de un nuevo tipo de literatura sin intermediarios, pero pienso que para que eso salga adelante habría que tener una sociedad muy concienciada que respalde esa iniciativa; hoy en día la gente sigue aferrándose a viejos sistemas de creencias (por ejemplo, en España la compra por Internet está muy en déficit con respecto a otros países, simplemente por desconfianza). Sin embargo, estoy de acuerdo contigo en que, si esa actitud por parte del ciudadano medio cambiase, tendríamos el inicio de un cambio en la forma de vender arte. No sé si eso tiene que ver con lo que tú planteas, pero ahí lo dejo...
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