jueves, 19 de julio de 2012

Escupiendo Rabia- Libertad para tocar los cojones



Parece ser que uno es un apestado, señores.
Un crápula.
Un miserable bastardo más, de esos que pululan por esta sociedad de asco.

Mire usted por donde, yo he decidido no ir a la manifestación que hay hoy convocada.
¿Por qué?, preguntará más de uno y yo, en este país de pensamiento de embudo, resulta que me veo socialmente presionado a dar explicaciones. A tener que justificarme en mis decisiones, cuando casualmente yo no entro en ese juego de fanáticos, que consiste en preguntar a los demás "¿Por qué no sigues mi credo?".

Si habéis leído este blog, os daréis cuenta de que lo que he venido haciendo desde la Noche de los Tiempos es volcar mis pensamientos, mi rabia y mi malestar, ya no por la condición política (no es sino otro factor más), sino por la insufrible conducta del ser humano. Del insoportable Pensamiento Único, o las Consignas Implantadas Por Putos Cojones. Lo que nunca he hecho (y tenéis todos los posts de este blog para comprobarlo) es decirle a la gente lo que tiene o lo que no tiene que hacer con sus vidas.
Por mí como si el resto del mundo decide que lo mejor para salvarnos a todos es zurrirse en Nocilla y bailar la conga; yo ahí tengo la libertad de decir si me parece bien o no. Libertad que todo el que proviene de la masa parece tomarse a la hora de atacar a los "de fuera".
Sea como sea, tomadlo del modo que queráis. Pero que no me vengan a mí diciendo que lo haga yo, y que si no lo hago, tal o cual. Para sermones, lecciones de moral y demás ya tengo a mi madre. Lo demás, no sólo me sobra: me infla los huevos de una manera que no os podéis ni imaginar.

"O estás conmigo o estás contra mí". Esta es la máxima del señor Josef Stalin, que era de todo menos una persona que trabajase por ayudar a los oprimidos.
Resulta descojonante ver cómo aquellos que dicen luchar contra el sistema tirano y opresor, cómo aquellos que enarbolan banderas, que berrean consignas y entonan cánticos de todo tipo, emplean esa máxima acusando a todo bicho viviente que no participe activamente en sus historias de ser partícipes de todo aquello a lo que aborrecen.


Y, como siempre, antes de que el rebelde de turno, con sus pancartas de "Abajo el sistema" o "Muerte a todo el que no sigue mi colectivo", tengo que aclarar una vez más que no estoy en contra de ejercer el derecho de manifestación; todo lo contrario, lo apoyo y me parece incluso necesario que la gente manifieste que está descontenta. Otra cosa es que yo quiera secundarlo o no. Así que el que diga lo contrario y que voy diciendo tal o cual, no es que se equivoque o que me malinterprete. Teniendo en cuenta que suelo hablar más claro que una puta hostia en la nariz, diría que es directamente subnormal o un cabronazo al que le gusta meter palabras en mi boca.
Supongo que esta actitud ante esta gente jode, ¿verdad?
Me imagino que muchos de vosotros os estaréis rasgando las vestiduras, atacando mi falta de respeto ante los que no piensan como yo. Es más fácil sacar esa conclusión que pensar que igual es que la raza humana me resulta cada día más y más aburrida, con su tendencia a polarizarlo todo, a cargar contra sí misma y a esa tendencia a buscar alguien a quien colgar. Más allá de tendencias políticas, religiosas o de tamaño de las gónadas.
Porque parece ser que hay que hablar bien del ser humano en todo momento, se vaya a molestar alguien.
Confundir misantropía y nihilismo con la falta de respeto.
Eso es lo que mola.
Porque cuando lo hacen según qué sujetos, parece que sí que está bien. Cuando lo hace uno, no.
Esto, por tanto, no es demagogia, ni demostrar tener la cultura de un ladrillo, qué va.
Eso sí, si otros te atacan a ti, es una "opinión personal".
Pues para mí es un puto doble rasero.

Pues os voy a decir que, para variar, estoy ya hasta los mismísimos cojones de este doble rasero: de tener que escuchar día tras día como un nutrido grupo de cretinos piden respeto para sí mismos, pero luego son incapaces de ver más allá de sus narices y acusar a los que no están total y absolutamente de acuerdo con ellos de mil y un términos, que varían dependiendo de la ideología.
Os lo digo desde ya.
Que se vayan todos a la mismísima mierda. Este que está aquí ya no puede soportar más este cúmulo de hipocresías, de fariseísmo y de corrección política de diseño que se destila últimamente por todas partes.
Porque esos tíos tan molones, esos que enarbolan banderas, que gritan eslóganes inventados por vete a saber quién, que vomitan ideologías y que predican a nosotros los pobres de espíritu, SÍ parecen sentirse con la superioridad moral para andar diciéndonos a los demás, pobres bastardos, lo que tenemos que hacer con nuestras miserables vidas. Mire usted que suerte tenemos, que hemos dado con ellos para que nos iluminen, nos muestren el camino y nos enseñen el Sentido de la Vida.
Qué haríamos sin ellos.

Sigamos a los líderes.
Y no, no me vengáis con la parida esa de "Nosotros no tenemos líderes", que no me la trago. La Humanidad, desde el principio de los tiempos, ha necesitado siempre alguien a quien seguir. Alguien a quien obedecer.
Alguien ante quien agacharse.
Que ese líder no quiera dar la cara ahora, es otra historia.


Y es que estoy ya hasta los huevos del guerrero de fin de semana, del protestón de poca monta que mira por encima del hombro a los demás, porque "no han abierto los ojos". Tócate las narices, que ahora absolutamente todo bicho viviente (menos él) es gilipollas. Aquí nadie tiene ni puta idea de nada, salvo aquellos que te van de informados por la vida (y a los que luego preguntas por algo en concreto y no saben ni qué coño están defendiendo, o los que te vienen contando cosas que no es que tengas dudas; es que sabes que no son así). Aquellos que te llegan en plan "Tenemos que acabar con el estado fascista y opresor que atenaza nuestras vidas"; aquellos iluminados que, en definitiva, te tocan los cojones de mala manera, haciéndote pensar que eres mala persona si no aceptas sumisamente y sin reservas todo cuanto te suelten.

Porque ojo, amiguitos: resulta que ELLOS sí pueden cagarse en los muertos del prójimo. Ellos sí pueden decirte que tú no tienes ni puta idea de nada. Ellos pueden permitirse el lujo de hablar desde la Verdad Más Absoluta, mientras que cualquier cosa que digamos nosotros los de fuera, cualquier puta cosa se plantea como un ataque personal en toda regla.
Y ante los ataques personales (sean ciertos o no), la opción es contraatacar.
Ladrar.
Gruñir.
Morder.
Chilla más fuerte, ataca con más fiereza.

"¡¡¡Me cago en la putaaaaaaa!!!"

Es la cultura del Paleolítico, donde aquellos "extraños", ajenos a la tribu eran considerados automáticamente como "enemigos". Lo que viene de fuera no provoca seguridad, y es un riesgo que debe ser erradicado. Es el Terror de la Edad Media, donde aquello que se sale del tiesto es acusado inmediatamente de herejía. Antes teníamos Inquisición y Cazas de Brujas. Hoy en día se persigue a aquellos que no comulgan con los ideales de según qué grupo. Se procede a la expulsión social, a la segregación.
Al apedreo colectivo, generalmente a base de aporrear verbalmente a alguien, aunque no se tengan argumentos fundados en su contra. No hacen falta, con chillar fuerte y usar palabras como "Reaccionario" y otras lindezas aprendidas en jueves es suficiente.
Libertad de expresión, lo llaman.
Nadie piensa, sin embargo, que ese derecho está limitado y que tenemos que ejercerlo con un mínimo de responsabilidad y sentido común.
No, vamos todos al ataque, que es más diver.
Es la dictadura de la masa, de los animales de dos patas que imponen su criterio a los demás. Por cojones. Por el culo y sin vaselina.
Acepta y serás amigo.
Duda tan siquiera y serás el enemigo.
Te tendrán por cobarde. Por pro-sistema. Por pro-fascista. Por aburguesado, vendido, cobarde, vago o Dios sabe cuántos términos más que se sacan los seres estos de la manga. Y si ellos lo dicen, está bien: porque ellos son los que luchan y tienen carta blanca. Los demás, que según ellos no hacemos nada (parece ser que eso de participar en unas elecciones, algo demodé y nada cool equivale a la Nada, frente al Todo que supone salir a la calle), estamos por debajo en la escala moral. Por tanto, no tenemos derecho siquiera a decir que no estamos de acuerdo con los autoproclamados rebeldes.
Porque o se está con ellos o contra ellos.
Mis cojones.

Hace un par de días tuve una conversación con un amiguete escritor, que es de los que defienden que no se vaya a votar. Ante eso ya sabéis mi postura: que el que no va a votar y luego se pone a protestar en una manifestación, para mí es como el que folla sin condón porque no le gusta y luego se queja de que le han pegado la sífilis.
Mi amiguete no lo ve así, pero podemos decir que hay un entendimiento entre ambas posturas: no estamos de acuerdo ni tenemos por qué estarlo, pero puede decirse que ambos (en contra de lo que pueda parecer, por la parte que a mí respecta) somos bastante civilizados y sabemos respetar las posturas del otro. El no le dice a la gente que no vaya a votar y yo no le digo a la gente que vote. Tan simple como eso.
La pregunta que yo me hago, entonces, es:
¿Tanto rollo de tolerancia, respeto mutuo y pollas en vinagre y precisamente este acontecimiento es una raya en el agua?
Porque a ver, habida cuenta de lo que pienso yo de todas estas movidas e historias, algunos ya me conocéis (bien en persona, bien de seguir este blog con relativa frecuencia) y tenéis claras algunas cosas:

- Primero: Que una cosa es mi opinión (equivocada o acertada, pero es la mía) y otra cosa es que yo me sienta con los huevazos de decirle a la gente lo que tiene que hacer con su vida.

- Segundo: Que el hecho de que yo no apoye algo no quiere decir que lo censure, que lo vea mal o que directamente acuse de nada a los que quieran manifestarse. Echad un vistazo a otros posts y veréis que he dicho en una y mil ocasiones que, no es que sea algo que me de igual, sino que es algo que se tiene que hacer de vez en cuando.
Otra cosa es que yo coja y, sintiéndome el puto Dios, vaya por la vida diciéndole a la gente "Si no haces lo que te digo, ya verás". O que diga que manifestarse es de gilipollas.
Me reitero: el que haya entendido eso de mis posts, que se vaya a tomar por culo a la de ya, que no le voy a echar de menos.

Ahí lo lleváis.


Y sin embargo, yo me tengo que tragar que me digan lo que tengo que hacer, porque ellos pueden actuar así.
Nadie puede decirles nada, se vayan a molestar o vayan a sentir sus dignidades/libertades vulneradas.
¿Y los demás?
A los demás que nos jodan, porque no estamos salvando el mundo como ellos.
A diferencia de esta gente, yo tengo que chuparme ese tufillo de condescendencia que tienen aquellos que se creen que son los únicos que están haciendo algo. Que son los únicos con derecho a abrir el pico. Aquellos que se autoproclaman con carta blanca para imponer su Código Moral a los demás, so pena de chantaje: "Si te movieras (exactamente del mismo modo) que hacemos nosotros... pero como no lo haces..."
Aquí es cuando yo me hago una pregunta:
¿Y vosotros quién hostias os habéis creído que sois para ir así por la vida, me lo queréis decir? Vosotros, que atacáis una y mil veces a las distintas confesiones (especialmente la católica) por ir imponiendo su credo y por su falta de tolerancia hacia otras formas de pensamiento, ahora resulta que, en vuestra hipocresía más flagrante, venís imponiendo un dogma.
Sí, tíos.
Un puto dogma.

"¿Los que no están con nosotros? Unos pobres perdidos que no alcanzarán la Gloria Eterna. En el fondo me dan mucha pena, porque no saben lo que se siente al formar parte de algo tan Grande y Glorioso como lo que hemos organizado nosotros".


Y al igual que los clérigos a los que tanto atacáis, sois los primeros en demonizar a aquellos que cuestionan vuestras ideas de plexiglás. Los primeros en tocar los cojones hasta que los demás acaban siguiendoos como buenos corderitos. Coño, si en vez de un panfleto político os ponéis a repartir Biblias no hay un Dios que os distinga a unos de otro.
Pero resulta que moláis.
Resulta que precisamente a vosotros no se os puede decir nada.
Porque vosotros hacéis cosas.
Los demás no, ¿verdad?

Este último punto es que me encanta, y lo digo en serio, porque ahora lo que se lleva es tener que estar demostrándolo todo constantemente: si protestas, tienes que mover a cien millones de personas y liarla (aunque de esos cien millones, solo dos sepan qué coño estás defendiendo, eso da igual). A vuestra manera, o la carretera. Si no es por los medios que usáis vosotros, ya no molan tanto, ¿verdad?

Tiene gracia, mucha gracia. Vais de individualistas, de intelectuales, incluso de librepensadores... pero luego os empalmáis con meneos masivos, donde cuantos más, mejor. Más ruido, que no falten los tambores. Más lemas, más cánticos. Os encanta ser todos una sola voz, un solo corazón, una masa homogénea con...
Sí.
Un Pensamiento Único.
A esa especie de filia por la masa lo llamáis poder de convocatoria, o espíritu del pueblo.
Para mí es demagogia, el ensalzamiento a la idea contagiada, pero no digerida. La congregación de fieles ante una deidad no necesariamente religiosa, pero sí que mueve tantas masas como cualquier culto. El caldo de cultivo de fanáticos que, habida cuenta de la crisis económica, de esta sociedad alienada de mierda y de mil historias más, necesitan un refugio. Algo en lo que creer. Pero al parecer yo estoy equivocado en todo. Mi punto de vista, al no aceptar sumisamente vuestros Santos Preceptos, es completamente erróneo.

"Oye, Pepi, ¿qué hacemos aquí?"
"Pues, seguimos a la masa, ¿no lo ves?"
"Ya, eso sí lo veo, pero ¿por qué?"
"Ni puta idea, yo los he visto y me he enrolado, pero tú no preguntes: como son muchos, fijo que tienen razón en absolutamente todo lo que exigen. Y, ah... esas preguntas, no las hagas en voz alta, vaya a ser que nos la líen".


Pues lo digo una vez más. Lo diré las veces que sean necesarias. Puede que me equivoque al pensar que tenemos lo que nos merecemos (para más detalles, ver posts anteriores de Escupiendo Rabia como "Lo Que se Ve y lo que No, publicado el 11 de Julio de 2012); puede que meta la pata hasta el sobaco quedándome en casa para variar, simplemente porque esté harto de esa actitud quejicosa que tenemos en este puto país, donde parece ser que sólo valemos para protestar a toro pasado, cuando está todo pactado, máscado y ya poca cosa se puede hacer. Puede incluso que no tenga ni puta idea de nada al decir que ya estoy cansado. Que ya estoy cansado de este mundo de fanáticos que sólo buscan apuntarse tantos para pasar a la posteridad. Harto de que sólo pueda protestar del modo que ellos imponen, que es en la calle, por medio de manifestación y rodeados de montones de gente. De que cualquier otra cosa no sea válida para ellos. De que me digan que lo mío no sirve y lo de ellos sí. Como si el país se fuese a salvar del caos a golpe de pancarta.

Me inflama la sangre cosa mala que esos tíos precisamente sean los que tengan los cojones de decir que una persona que ejerce su derecho democrático a las urnas no hace nada por solucionar las cosas, mientras que ellos, usando el método que a ellos les parece chachiguai (que no necesariamente el más correcto, si echamos mano del derecho democrático que supuestamente defendemos unos y otros), te miren por encima del hombro, como si fueran los únicos que están luchando. Porque ellos pueden. Porque molan más. Porque lo de los demás, los de la Tribu de fuera, es una puta mierda.
Joder, si uno tiene que escuchar la propaganda que destilan día sí y día también, puede que hasta sean mejores en la cama, partiendo de ese criterio de Superioridad Moral.

"Como yo molo, tengo derecho a ejercer libremente mi libertad de expresión y decir que eres un subnormal de mierda por no estar de acuerdo conmigo; tú, sin embargo, ten mucho cuidadito con lo que vayas a decir, no sea que me cabree y te acuse de radical".
Así es como está funcionando esto para muchos, muchos de esos que dicen luchar por nuestros derechos.
Esa tolerancia que predican, ese diálogo a la hora de hacer las cosas, es el que demuestran cuando dan con alguien que no asiente ni aplaude a todo cuanto dicen.
Luego podéis creerlo o no.
Yo ya tengo mi experiencia personal.


Sí, puede que me equivoque y (a diferencia de aquí los Guerreros de la Libertad a los que no se les puede decir JAMÁS que han cometido errores o que se equivocan a la hora de plantear o enfocar algo. Ellos son perfectos y lo hacen todo bien; y si no, no se les puede decir nada porque como tienen una meta noble está ya todo justificado), no lo niego. Pero por lo menos los errores que cometo, los cometo yo y con la responsabilidad de subsanarlos en la medida de lo posible. Para cometer los errores de otros y no reconocerlo jamás, veo que hay gente capacitada de sobra. Y, al paso que vamos, cada día más.

lunes, 16 de julio de 2012

Escupiendo Rabia- La Política del Gusaneo




Hoy quiero empezar este post con una fábula que vi en la tele cuando era pequeño. En esa época en la que, si bien empezaban a despuntar los dibujos animados japoneses (rebautizados por las últimas generaciones como anime, como si el formato de animación se hubiese inventado exclusivamente en Japón, o como si todo lo que no viniese de las tierras niponas no fuese animación), no ocupaban la mayor parte de la oferta televisiva para los niños.
Hablo de una época en la que encontrabas dibujos animados de todas las épocas (al fin y al cabo, la transición había pasado no hacía tanto y nuestras fronteras seguían abriéndose) y todas las nacionalidades. No era raro encontrar historias procedentes de Argentina o Checoslovaquia.
Intente eso hoy en día, en la llamada "era global".

El caso es que, precisamente, uno de esas series variopintas consistía en narrar las fábulas de Esopo, en capítulos más bien cortos (apenas dos minutos). No había hostias, no había rayos de luz, ni tampoco había ratas horteras que repetían su nombre mil veces, por si el espectador era lo bastante gilipollas como para no haberse enterado de cómo coño se llamaba.

Una de esas fábulas era la conocida como El Cuervo y la Zorra.
Esta historia cuenta cómo un día un cuervo se encontraba sobre la rama de un árbol, celebrando que había conseguido llevarse un queso de una aldea o granja cercana. El ave, a duras penas, había logrado llevar su trofeo en el pico y allí estaba, tan ricamente, dispuesto a comérselo.
Justo entonces, apareció una zorra (entiéndase esto como simbolismo y personificación de la astucia; esta serie es de antes de la demagógica década de 2000, donde A TODO se le sacan asociaciones que no son y donde los colectivos de ultrafeministas radicales, tan beligerantes e intolerantes como los machistas, solo que sin una pirula entre las patas, se dedican a protestar contra cualquier cosa que vean en la tele) que se dirigió al pájaro.

- ¿Qué ven mis ojos?- dijo la zorra- ¡Si tengo delante de mí un magnífico cuervo!
Éste, por supuesto, no respondió, ya que tenía el pico ocupado por el queso.
- ¿Sabes lo que he oído de aves tan gallardas como vosotras?
El cuervo meneó la cabeza, en sentido negativo.
- De vosotros cuentan maravillas: dicen que no existe vuelo más elegante que el vuestro y que toda la naturaleza se rinde ante vosotros cada vez que batís vuestras alas. Dicen asímismo que no hay ave más inteligente ni más sabia que esas regias criaturas de plumaje negro como la noche. Y dicen también que vuestro es el más hermoso de los cantos, por encima de la melodía del ruiseñor y mucho más que el gorjeo de cualquier otro ave.
El pájaro elevó la cabeza, con orgullo, acompañado de un suave batir de sus alas.
- Ya que he tenido la enorme suerte- prosiguió la zorra-... ¡Qué digo suerte! ¡El honor! Ya que he sido bendecida con el honor de encontrarme con un cuervo, me permito la osadía de pediros que, antes de que separemos nuestro camino y no volvamos a vernos, me alegréis el día con vuestro canto. ¿Sería eso posible, Maese Cuervo?
A estas alturas, el ave ya estaba tan henchido de orgullo que, sin pensárselo dos veces, abrió el pico para lanzar lo que comúnmente conocemos como el graznido propio de un cuervo. Al hacerlo, el queso cayó de su pico, yendo a parar a los pies de la zorra; ésta, ni corta ni perezosa, lo agarró con el hocico y desapareció por el bosque.

Moraleja: "Si alguien te alaba con cosas de las que careces, probablemente querrá de ti algo que posees".



Yo debía tener unos ocho o nueve años cuando vi el corto que narraba esta fábula, pero creo que queda demostrado que me marcó de por vida. Desde entonces, puedo decir que, si bien nunca me ha gustado que me adulen (y, si se me conoce medianamente bien, se verá que en mis círculos personales, prácticamente nadie lo hace), tampoco me ha gustado ir besando los pies de otros. No cuando esos otros no se han ganado mi admiración.
Llamadme radical, pero yo al menos lo veo así.
Quizás por eso mi primera novela (El Gusano Interior) muestra como un exponente del horror algo que viene de dentro: una criatura sin ojos que se arrastra y puede entrar en el cuerpo humano por cualquier orificio corporal.
En principio, esto no era más que una metáfora para explicar algo sucio y repugnante que anida dentro de nosotros. Ese tipo de criaturas siempre me han producido un asco irracional y me pareció adecuado usarlo.
Ahora empiezo a pensar que esa interpretación puede extenderse a esa política de arrastre viscoso y decadente que cada día resulta más y más frecuente.

Lo miremos por donde lo miremos, el caso es que meto los hocicos en el mundo literario, donde supuestamente la gente es culta, donde se sobreentiende que el personal tiene un mínimo de sabiduría y donde debería reinar una política de objetividad a la hora de valorar las cosas y descubro una cosa muy importante, que bien podría resumirse en dos palabras:
LOS COJONES.

Y es que llega un punto en que uno no sabe ya si reír o llorar ante la cantidad de peloteo masivo del que es testigo. No hablo de admiración, ojo. Hablo de ponderación desmesurada ante las cualidades de otros. Hablo de mentiras descaradas a la hora de alabar una obra. Hablo de inflar la opinión, ensalzando obras que bien pueden ser decentes, bien pueden destacar por alguna cosa puntual, pero nada más. Hablo de esa política de gusanismo reptante, donde parece ser que una buena crítica es buena en tanto en cuanto se le chupa la polla al autor de ésta hasta metérsela hasta la garganta.
Y no es que pueda o no pueda decir nada, es que encima me tiene que parecer bien. Porque resulta que como tenemos libertad de expresión (pero sin responsabilidad alguna, por supuesto), pues tenemos que respetar a aquellos que tergiversan, mienten y besan los pies de gente a la que consideran "superior", simplemente porque consideran que así van a llegar más lejos.
Véanse conceptos como "honradez".
Véanse conceptos como "honestidad".
A la mierda con esos conceptos.

"¡Eso eso a tomar por culo con todo!"


Y es que parece ser que, si tenemos que hacer caso a los supuestos críticos que aparecen día a día en blogs, grupos literarios, foros y demás nidos de víboras (generalmente autoproclamados, porque hablamos de gente que DICE que ha leído, pero que luego no tienen ni puta idea de que la crítica literaria no es decir "esto me gusta", sino que es una disciplina literaria que conlleva AÑOS de estudio), resulta que vivimos en la Edad de Oro de la Literatura Española.
Sí, amigos. Si os fijáis en cada uno de esos comentarios (me gustaría pensar que bienintencionados, pero erróneos a más no poder), a razón de cada diez o quince días o menos surge un nuevo Mito de la Literatura. Un Clásico. Un Genio. Alguien que no va a ser ni superado ni mucho menos igualado en al menos una década. Generalmente, esos Nuevos Dioses son gente que han sacado su primera novela, pero mire usted por donde, están por encima del Bien y del Mal. No cometen fallos. Sus líneas argumentales son excelsas. Joder, por no tener, no tienen ni erratas.
Y digo yo, "Coño, qué puta suerte tenemos, que ahora cualquiera que sale se mea sobre Valle-Inclán, Góngora o Quevedo".

Y por cojones me tengo que creer esto.
Por cojones tenemos que participar en estas masivas chupadas de polla y lamidas de culo, donde una obra DIGNA, a causa de las "críticas" (o el chupapollismo, si usamos un término directo e inteligible) queda encumbrada, ensalzada e inflada hasta la categoría de OBRA MAESTRA.
Críticas carentes de argumentos objetivos, basadas en la mera opinión del lector/"crítico", que parece pasar del mero análisis a intentar convencernos de lo buena que es, pero sin aportar nada más que su opinión. Sin ejemplos que ilustren lo que predica, sin nada sólido que respalde lo que está diciendo.
Porque él tiene derecho a expresar lo que quiera, y nosotros tenemos que tener Fe Absoluta en Su Palabra.
Ya no es que tengamos que entender a lo que se refiere, sino que además nos lo tenemos que creer.

Otra cosa de la que nadie habla es que esas críticas, la mitad de las veces nos las encontramos adulteradas por factores externos, lo que yo llamaría la "Prostitución del 'crítico'": Hablo de esos que venden su análisis al mejor postor, bien porque tal editorial te regala libros para que los reseñes; bien porque el autor de tal libro ha prometido reseñarte a ti. La política del "Yo hablo bien de ti mientras tú hables bien de mí. Tú me vendes, yo te vendo y aquí salimos todos ganando, aunque lo que digamos los dos no tenga nada que ver con nuestras obras".
Ante eso, te encuentras cosas como ensalzar cosas de una obra que no existen: pongamos el hipotético caso de una obra que sea linealmente cronológica, ¿de acuerdo? Un caso exagerado sería ese reseñista que dice que el autor es un maestro con los flashbacks.
Si dices que miente, el dirá que sólo está dando su opinión.
Yo digo que tiene todo el derecho a dar su opinión, y eso no se lo niega nadie... pero otra cosa es que su opinión sea más falsa que Judas. Eso también es cierto y nadie parece notarlo.
O no al menos como para decirlo en voz alta.

Jim Carrey en Mentiroso Compulsivo.
Su personaje (antes de lo que sucede en la peli, que le obliga a decir la verdad), podría decir: "¡La Casa de Bernarda Alba es una gran obra cómica, donde destacan los diálogos de los personajes masculinos y las referencias al Sueño de una Noche de Verano de Shakespeare!"
Según estos parámetros, no estaría mintiendo ni alabando unas cosas que (si habéis leído la obra de Lorca, os daréis cuenta) no existen: da su opinión.
Con eso, ya queda todo justificado.
Y es que en este mundo (o mundillo, o nido de víboras, ya puestos) parece ser que hay que respetarlo todo por cojones.
Incluso las mentiras más flagrantes e insultantes.
Menos las de los políticos, claro... como son los únicos que mienten y que lo hacen todo mal...


Ante esto podéis decirme que bueno, su opinión es, y es tan válida como la de cualquier otro.
Bien, pues aquí es donde hago YO uso de MI derecho a la libertad de expresión (porque si unos se sienten con el derecho a mentir, yo me siento con el derecho a pensar que sus mentiras me las paso yo por varias partes de mi serrana anatomía) al decir que estoy hasta los mismísimos huevos de esa falacia.
Estoy harto de que el personal pelotee, dé coba, pase el cepillo y lama carajos un día sí y otro también y encima intente venderlo como verdad. Estoy más que harto ya de esta especie de política del barniz, donde UNOS son perfectos y no cometen JAMÁS un fallo y los demás parecemos obligados (por presión popular del Ilustre Colectivo de Pelotas) a bailar a su son. A no ver nada negativo. A adorar a los Dioses.
Y todo esto, por cojones.
Todo esto sin pensar que, al hacerlo, estamos haciendo publicidad engañosa. Que estamos intentando convencer al lector en potencia de que se va a comprar una novela de 10, cuando a lo mejor estamos hablando de una novela de un más que digno 6 o 6 y medio. Y así pasa luego lo que pasa: las decepciones, el público que se ha sentido estafado, no por UNA crítica, sino por DECENAS en el mismo plan y el progresivo empobrecimiento de la industria.
Y no, no creo que tengan la razón porque son muchos. Para argumentar esto, no me extenderé aquí, pero si os interesa, id al post sobre el concepto de falacia y entenderéis el argumento en contra.

Nos compramos un yogur de estos que se supone que son la hostia y nos encabronamos si sabe a mierda.
Si nos metemos a ver una peli que han puesto por las nubes y es un truño, la liamos.
Pero si un libro no es tan bueno como nos lo pintan, nos tenemos que callar, la vayamos a liar.


Otros son de los que ya llegan, de modo descarado, y mientan a sus objetivos pelotiles donde sea y cuando sea, se hable de ellos en la conversación o no, vaya con ellos el asunto o no. Venga o no venga a cuento, ¿qué más da?, eso es lo de menos. Porque parece ser que uno queda mejor si ensalza constantemente las virtudes de esta gente, ya no sólo literarias, sino humanas, sean ciertas o no. Porque parece ser que algunos no es que sean ya grandísimos autores. Es que además son guapos, buenos, y tienen la picha más grande y jugosa que el resto de los mortales.
Esta variante de peloteo exagerado, lo que podríamos llamar el "Peloteo Rastrero y Gusanil" está presente, patente y bien impregnado en este círculo: como ya he mencionado, yo llevaré dos años y pico en este mundillo y no hago más que verlo día sí y día también. No sólo se aplica a determinados autores (ojalá), sino que llega a niveles más flagrantes y sube hacia el mundo editorial.
Porque todo lo que hace según qué editorial está hecho de modo fantástico.
No cometen errores, lo hacen todo con una profesionalidad inigualable e indiscutible y, por supuesto, son todos bellísimas personas que lo que quieren es contribuir a que la calidad cultural de este país llegue a las cotas más elevadas.
Bécquer, un mierda.
Cervantes, un puto pringao.
Los fulanos que saca X editorial sí que valen y no los desgraciaos esos.

Para ilustrar un poco esta actitud de pelotilleo sublime, rastrero y descarado os comento un caso que viví: hace algunos meses, participé en un debate en el que se hacían comentarios bastante directos hacia ciertas empresas del sector que tenían la desfachatez de no pagar a sus autores. Es un tema viejo y del que he visto mil y una discusiones, y ante eso, como menciona muy claramente un amigo de este mundillo, lo suyo es denunciarlo ante la Justicia.

Ante esto no me niego, por supuesto, pero también es cierto que la Justicia es una vía larga y no siempre es necesario recurrir a ella para que tal señor nos pague lo que nos debe. Una editorial también tiene una imagen pública y nada como dejar constancia de lo que está pasando para que se retracten y nos suelten la pasta que nos deben. Esto ya se ha hecho en alguna ocasión y, al parecer, ha funcionado.
Sin embargo, ¿cuál es la actitud de muchos autores?
Pues, volviendo a la discusión de arriba, resulta que me invitaron sutilmente a que me callase al hacerme eco de mi denuncia (o de cualquier otra denuncia pública que haya hecho al sector editorial que, por desgracia, han sido varias) porque, y cito textualmente, "este es un mundo pequeño en el que nos conocemos todos y no conviene airear los trapos sucios".
El "Todo queda en casa".
En otras palabras, la puta ley del silencio. Eso fue lo que me recomendaron, a mí y a algunos otros que coincidían conmigo (o con los que yo coincidía, según se mire), tal vez desde el púlpito del autor al que nunca le van a pegar la puñalada trapera. A ese que tiene un halo de inmunidad ante cualquier impago, cualquier extracto de ventas sospechoso o cualquier otra argucia perpetrada por editoriales de dudosa reputación. La política de estos seres es básicamente atacar al autor que se atreve a dar un paso adelante y decir "Eh, señores, que no todo es tan bonito" para así (piensan) ganar puntos ante los de arriba.
También puedo hablar del caso concreto de un autor al que le sucedió esto, y que fue apedreado por los que se supone que son sus compañeros de profesión.
Así.
Así es como hacemos las cosas.


"Lame pollas y todo te irá bien; pero de lo malo, ni media palabra o no te ajuntamos. Te haremos el vacío, mamón. Te morirás de asco y acabarás hurgando en los cubos de la basura para sobrevivir".

Ante estas cosas es cuando digo yo: "Uy, mirad cómo tiemblo". ¿Por qué? Igual es porque prefiero vivir según mi criterio (equivocado o no, es el mío y nadie tiene por qué imponerme uno que mole más) y decir las cosas tal y como las pienso a callarme ante algo que veo injusto, inmoral o (algunas veces) rozando lo ilegal. Igual es porque yo no tengo absolutamente ninguna prisa por publicar, ni tengo necesidad alguna de ponerle buena cara a nadie, porque nadie me la ha puesto a mí. Y si lo ha hecho ha sido para tocarme los cojones de mala manera.
Es posible incluso que esté un poco harto del circo de hipócritas que rodean a un mundo que, seamos honestos, me encanta (al menos lo que toca a eso de gente que se esfuerza por convertir el mercado del arte en una industria decente, usando como armas la creatividad y el trabajo, y nada más que la creatividad y el trabajo). Tal vez resulte que uno no va a publicar, aparte de por no ser precisamente Clive Barker (soy el primero en reconocerlo y no se me caen los anillos por eso) porque no usa las nuevas armas del Autor Guaish, que son el Peloteo y la Adulación.
No, amigos Distópicos. Sabiendo que yo no tengo absolutamente nada que perder en este mundo (porque peor de lo que ya estoy no puedo estar, a nivel de publicaciones), me siento con la total libertad de hablar las cosas. Esa libertad que muchos, subidos en sus púlpitos y predicando a los cuatro vientos su supuesta tolerancia ante cualquier opiníon, no tienen los huevos de expresar.
Porque muchos necesitan imperiosamente la aprobación de la masa.
Muchos otros necesitan quedar bien ante tal editor, ante tal autor.
Muchos necesitan demasiado y no se han dado cuenta de que lo importante lo tenemos ya dentro de nosotros; lo que venga de fuera es secundario.

Supongo que el problema viene de lo mucho que muchos creen que pueden perder. De ese miedo al riesgo. De ese pavor a decir lo que se piensa.
No es ningún secreto que, antes de ingresar en el mundo de las "letras" (llevo años escribiendo, pero sólo desde hace un par de años o así es cuando estoy moviéndome en este mundo de editoriales, editores, autores, artistillas y cagamandurrias de cualquier índole y calaña) venía del mundo de la música.
Si este os parece un mundo duro, deberíais probarlo: eso de pasarte horas y horas ensayando, pudriéndote de asco en un local, peleándote con tus compañeros de grupo (porque creedme, eso sucede en TODOS los grupos). Partiéndote el alma para, como mucho, conseguir una puta barra libre en un bar o que te paguen parte de la consumición en una noche.
Olvídate de proyección artística.
Olvídate del manager que te descubre tocando en un bareto.
Esas cosas no pasan.

"Desde aquí lo veo. Esos hijoputas tocan bien..."


Quizás por eso ahí sí se destilaba un poco más de sinceridad entre los grupos: dicho de otro modo, no se podían ni ver los unos a los otros la mitad de las veces, pero raro era el que en ese plan te llegaba después de un concierto para comerte el nabo. Nadie te decía que eras el nuevo Jimi Hendrix. Nadie pensaba que hubieses inventado nada. En el mundo de los músicos, nadie trasciende el género ni nadie va a ser difícilmente superado en mucho tiempo.
Como mucho, podían decirte que tocabas de puta madre o que no te habías ido de nota más de la cuenta al tocar un solo.
Y hablamos de dos mundos supuestamente dedicados a las artes. De dos mundos en los que hay MUCHO movimiento de gente, donde hay foros y donde todo el mundo se conoce.

La única diferencia que he encontrado ha sido precisamente esa. Que el músico, curiosamente, no está pendiente en lo que usa el público para pajearse: toca lo que le sale de los cojones y como le sale de los cojones. Si quiere tocar rock duro, toca rock duro; si le pega al heavy metal va que arde. Si le arrea al punk, lo mismo. Gilipolleces del estilo "Si no te gustan los zombis no tienes ni puta idea de literatura de horror", como las que te encuentras entre el artisteo literario, no te las encuentras. Todo lo más, el rollito metalero-subnormaloide de "si entre tus influencias no cuentan Iron Maiden, Helloween y Metallica no molas". Pero ahí está la naturalidad de cada uno para pasarse por el culo lo que te diga el melenas del grupo de al lado. Porque un gilipollas tendrá libertad para soltar una gilipollez, pero lo que toca los cojones es que se permita el lujo de atentar contra tu propia libertad y obligarte a creerle.

Muchos autores noveles igual se piensan que haciendo la pelota consiguen ese supuesto Padrino que van buscando como el que busca al Mesías.
JA.
Supongo que muchos de vosotros pensáis que así es como se llega a algo.
Que a base de lamerle el culo a tal o a cual es mejor que llegar a lo que sea por méritos propios.
Tal vez os creéis que quien sea os va a prestar atención porque os arrastráis como gusanitos, besando el suelo que pisa.
Seguid soñando.
Y si es así, nada como confiar en vuestro propio criterio y en la calidad de vuestra obra por encima de todo lo demás. Mi más efusivo aplauso a la idea.

"Cojonudos, estos tíos, ¿a que sí?"
"¡Ya te digo!"


Pero, por lo que a mí respecta, digo lo de siempre: yo no me creo ni más listo ni más guapo ni mejor que los demás. Ojalá lo fuese, pero no es así; sin embargo, puedo decir que al menos no me siento con la imperiosa necesidad de hacer amiguitos (ved mi lista de amigos en una red social y comparadla con la de cualquiera que sí vaya en el plan que estoy comentando); mi imagen pública es algo que no me obsesiona. Nunca lo ha hecho y a estas alturas no creo que vaya a cambiar de opinión. No a día de hoy, al menos. Porque total, seamos claros: sé que muchos de los que me leéis no me podéis ver ni en pintura; muchos otros ni siquiera me leen precisamente por el mismo motivo (pero para poner a caldo y putear siempre falta tiempo). Y supongo que me da igual... porque al menos tengo las cosas muy, muy claritas. Como ya he mencionado mil veces, no soy vasallo de nadie ni existe persona en este puto planeta a la que le haya dado la razón en absolutamente todo (preguntad por ahí y lo comprobaréis). No creo que haya demasiados que, haciendo examen de conciencia, puedan decir lo mismo sin mentirse a sí mismos.
Y sí, a este paso es posible que no publique en mi puta vida y, de hacerlo, muy probablemente ya cuente con unos pocos detractores que jamás habrán leído nada escrito por mí. Así, con ese criterio tan objetivo y esos valores literarios tan firmes. Es algo que tengo asumido.
Pero, a diferencia de muchos de vosotros, podré vivir con ello y seguir durmiendo tranquilito.

miércoles, 11 de julio de 2012

Escupiendo Rabia- Lo Que Se Ve y Lo Que No



Pues nada, amigos, que los hijoputas esos que están arriba nos la han vuelto a meter por el culo una vez más. Resulta que nos suben el IVA en un 5%, sí señor. Con dos cojones.
A lo que me pregunto yo: ¿Y aquí dónde está la noticia? ¿Acaso el pobrecito homo hispanicus se creía que votando masivamente al Barbas o quedándose en casita tocándose los huevos iba a solucionar algo? ¿Que así era como íbamos a salir de la crisis?
No me hagáis reír.
Que ahora os rasgáis las vestiduras, pero la mitad de vosotros erais de los que decíais que al Malvado Zapatero debía destruirle el poderoso Mariano, con sus Increíbles Superpoderes. Que él nos iba a sacar de la crisis. Que nos iba a llevar a la salvación.
Miraos ahora.
Llorando como nenazas.
Ay, qué penita.

No, esto no es nuevo. No es la primera vez que nos ha mentido un político, que nos ha metido el cipote hasta el cogote y, desde luego, no es la primera vez que nos hemos rasgado las vestiduras, como si no supiésemos nada. Como si no nos fuésemos a esperar que nos iban a rajar las almorranas de arriba abajo.

Que sí. Que a tal punto nadie se esperaba que fuésemos a llegar.
¿O tal vez sí?
¿Qué esperábamos encontrar de un gobierno que, en su campaña electoral, no tenía un programa claro? ¿Qué podíamos esperarnos de un fulano cuyo objetivo era "crear empleo" sin especificar como? ¿Acaso nos extraña que ahora no solo no lo cree, sino que lo destruya? ¿Acaso nos resulta raro que a estas alturas de la película el rescate a la economía española y la intervención política se hayan convertido en un hecho pregonado a los cuatro vientos?
¿Acaso os resulta raro que sigamos los dictados de una Alemania que, cada día más, nos dice cómo tenemos que gobernar nuestro país?

A mí, al menos, estas cosas no me pillan desprevenido: no soy Nostradamus, pero toda esta mierda se veía venir;o al menos, se intuye si uno se deja de gilipolleces de partidismos, guerracivilismos y de la eterna lucha del PP contra el PSOE, como el que habla de los Guerreros Heroicos contra los Guerreros Diabólicos.

"¡Pepero!"
"¡Sociata!"
"¡Facha!"
"¡Rojo"
"¡Gilipollas!"
"¡Hijoputa!"


Pero ojo, que aquí para cargar contra el gobierno (sea cual sea, porque no veas la que se lió antes de que el partido gobernante perdiese las últimas elecciones, donde eran poco menos que Heraldos del Anticristo) somos los primeros, pero nunca tenemos responsabilidad de nada.
Nos cagamos en la puta madre de los gobiernos, cuando hemos visto la que se ha liado con las hipotecas: resulta que, si los malos malísimos nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades nos encabronamos y ponemos el grito en el cielo... pero nunca pensamos en aquellos que, con un sueldecito normal y con posibilidad de irse al paro cualquier día de estos, se han metido en hipotecas del carajo, en pisazos de la muerte a pie de playa y viviendo a tutiplén mientras han tenido curro. Luego, cuando se han quedado en el paro y no han podido pagar esas pedazos de hipotecas, han venido las lágrimas. Y sí, que de esto han tenido mucha culpa los bancos es cierto: que nos han prometido el oro y el moro y que han dado facilidades de la hostia... pero nunca hemos pensado que endeudarnos (bajo estas circunstancias que menciono aquí) era un riesgo que no siempre íbamos a saber asumir. Que igual aspirando a un poco menos, podíamos tener una vida de lo más digna.
No.
Lo que una gran parte de nuestra sociedad hemos hecho ha sido ir a muerte, con cosas que, bien tendríamos que pagar a un plazo muy largo, bien cabía la posibilidad de no poder pagarlo (quedándonos en el paro, por ejemplo). Así durante años. Así le hemos dado poder a los bancos, que se han hecho cada día más y más fuertes.

Hemos hablado una y mil veces sobre qué malos que son los de arriba... y lo son, ya que unos y otros han vendido el país a Europa, la cual está haciendo con nosotros lo que les sale del culo. Nuestros gobernantes han permitido la invasión económica y política en el interior de nuestras fronteras, bien porque no tienen la supuesta sangre rebelde íbera que corre por nuestras venas, bien porque Dios sabe con qué nos están amenazando sin que el pueblo llano se entere.

Pero no hemos hablado apenas de la cantidad de gente que estafa al país, cobrando chapuzas y el paro a la vez. De la de gente que ha pagado parte de sus pisos en negro, sin declarar ni pagar impuestos, porque "nos roban ya bastante".
Esa es la justificación para que nosotros estafemos. Para que muchos de nosotros (todos conocemos al menos a uno) vayamos por la vida fardando de lo "listos" (=gañanes) que somos, con teles de plasma, coches de los molones y pisos con muebles de diseño. A golpe de deuda, currando en negro y descojonándose del currito que vive honradamente y que no llega a fin de mes.
Nos cagamos en la puta madre de los políticos, pero estos tíos son los que molan. De estos no decimos nada, no los denunciamos; nos olvidamos de ellos cuando nos llegan las facturas y JAMÁS pensamos que por culpa de estos tíos, en una gran parte, estamos como estamos.

Cargamos las piedras, dispuestos a apalear funcionarios, como el origen de todo mal. Y sí, que por cada funcionario que curra hay otro que se toca los cojones: que es un inepto, que entra a currar a las once de la mañana y para las doce se ha ido a desayunar, cargándole el muerto a sus compañeros.
La gente se va para el funcionario en general, que es lo fácil. Nunca piensa en ese superior que pasa de abrirle un expediente a ese cabronazo que lo que hace es joder al prójimo. Porque total, seamos claros: ese superior no tiene que estar codo con codo con él; como mucho, una visitilla de vez en cuando para dejarse ver y poco más.

"¿Todo bien por aquí, chicos?"
"Puesss... no... la verdad es qu..."
"Vale, fantástico. Volveré dentro de una hora, que tengo que seguir con lo mío, sea lo que sea"


Pero vayamos más arriba, que esto no para: que los funcionarios son unos hijos de puta, ¿no? Vale, entonces que alguien me explique qué coño pasa con los puestos de libre designación (aka elegidos a dedo), donde tenemos gente que no ha pasado por un baremo mínimo de preparación (no suelo defender las oposiciones como un método justo o definitivo, pero es mejor que ninguno), cobrando unos sueldos más que apañados y con una responsabilidad consabidamente superior a la del funcionario medio.
Hablemos de esos cargos que ni Dios sabe a lo que se dedican realmente, que usan el coche oficial para ir al Mercadona o a saber dónde, porque ellos mismos consideran que no tienen que dar explicaciones acerca del uso de vehículos que pagamos todos con nuestros impuestos.
Podemos hablar incluso de la duplicación (o triplicación... qué coño, lo llamaré multiplicación) de la administración, donde cuarenta mil gilipollas dicen hacer el trabajo de cuatro mil. Donde tenemos puestos tan alucinantes como recortar noticias de un periódico, fotocopiarlas y archivarlas (visto en X Consejería de mi comunidad autónoma). Donde tenemos una cantidad de coleguis enchufados en agencias que supuestamente hacen la misma labor que las consejerías, y donde tenemos unas Diputaciones que...
Joder, a día de hoy, ¿alguien sabe para qué coño sirve realmente el organismo conocido como la Diputación?

No hay pasta.
Voy yo y me lo creo, cuando veo que se inyecta una barbaridad de dinero a seres tan bienintencionados y tan sacrificados por el país como la banca o la Iglesia. Dos elementos que, si bien los primeros han jodido al personal a base de prometer el oro y el moro para luego extorsionarnos a todos, los segundos se han dedicado a apropiarse de todo el patrimonio que han pillado, argumentando que "es suyo porque la Iglesia está aquí desde antes de que existiera España". Partiendo de una idea tan generosa y tan cristiana, encontramos que aquí los amigos de la sotana no es que no paguen impuestos por los templos (lo cual se aplica a cualquier templo religioso de cualquier confesión), sino es que además son propietarios de pisos, aparcamientos y una cantidad acojonante de bienes inmuebles por los que no han declarado ni un puto duro.
Esos tíos.
Esos hijos de la grandísima puta.
Para ellos SÍ hay dinero.

Hablemos de más hijos de puta, que se siguen comportando como la jodida aristocracia del s.XVIII, que cobran verdaderas burradas y que se dedican a vivir del cuento. Aquí si entran los políticos, que viajan en primera clase, como el puto rey del mambo. Y eso no es una cuestión ni de PP ni de PSOE ni putas hostias: en cualquier ayuntamiento, en cualquier diputación, en cualquier cargo político, el paleto de turno que no vale ni para el campo, pero que se ha afiliado a tal partido y se dedica a chupar pollas toda su puta vida... ese esperpento con patas es el que nos está arruinando. Y ese esperpento con patas no es muy distinto del soplapollas del bloque, que vive como el puto Dios, tocándose los cojones y estafando a todo Cristo. No hay mucha distancia entre ese cabrón y el que se dedica a apuñalar por la espalda al compañero a base de cargarle con el trabajo que no quiere hacer.

Ese es el espíritu.


Aquí lo que se ve es que no hay dinero; lo que no se quiere ver es que sí que lo hay. España hasta la fecha ha sido el país donde se han movido más billetes de 500 euros. ¿Cómo? A base de dinero negro, de compras no declaradas. Esas "chapuzas" que hemos pagado a nuestro colega Paco o al cuñao Manolo sin factura, porque total, así "ganamos todos".
Todos, desde luego.
Ahora me diréis que no conocéis casos de gente que la legalidad para hacer algo se la ha pasado por el forro: fulanitos que construyen en un terreno que tenían por ahí, pero sin dar de alta la construcción. En mi ciudad yo he llegado a ver urbanizaciones enteras en este plan, que al final no eran más que un puñado de casas en el campo, sin calles ni nada. Construidas sobre el suelo, sin contar con nadie. Ni licencia de obra ni putas hostias. Luego a quejarse de que no llegan servicios públicos básicos como la luz o el alcantarillado.
O a lloriquear y berrear si luego viene el ayuntamiento y les tira abajo "su casa".
Gente que no ha declarado una ampliación de su finca y, donde había una casita de campo, se montan unas pedazo de mansiones que te cagas, pagando en negro a un puñado de colegas o directamente por medio del trueque (que se sigue estilando, aunque sea con el método del "favor por favor"); es decir, haciendo lo que les da la puta gana sin contar con que hay unas normativas y unas leyes al respecto.
Para saltarnos las leyes somos todos muy listos, pero nunca lo bastante como para aceptar las consecuencias.

Como he comentado en algún post anterior, vayamos a algún polígono por las mañanas: el paro aumenta cada día, pero los camiones no dejan de entrar y salir. Raro, ¿no? Pues no tanto, porque muchos de esos camiones son de gente que están en paro... pero eso no quiere decir que no estén trabajando. Quiere decir que están cobrando por ambas partes.
Y lo vemos como "lo normal".

Pasemos a lo de los recortes en sanidad y educación, que a mi juicio es de las mayores barrabasadas acerca del supuesto estado de bienestar con el que tanto se nos ha llenado la boca.
Hemos puesto el grito en el cielo cuando nos han recortado cosas básicas, y no nos ha faltado razón... pero tampoco pensamos jamás en lo que hemos hecho nosotros antes. Porque sí, hemos abusado del sistema, y a lo bestia.
Pensad si no, en el típico caso del abuelo que va al médico y, gracias a la pensión, ha pillado medicamentos para todos a menor precio. Pensad en esa tendencia que hemos tenido a copar los servicios de urgencia para verdaderas gilipolleces, como el caso que me contaba una amiga mía médico:
Llega a urgencias una tipa, solicitando una ecografía.
- ¿Qué sucede?- pregunta mi amiga, como indica el protocolo. No es plan de hacerle pruebas a un paciente por la cara.
- Es que quiero saber si me he quedado embarazada y no puedo esperar.

¡Muy bien!


Para eso está urgencias, según esta tía: para que uno pueda echar mano de pruebas que son caras porque le sale del potorro. Para colapsar las colas (porque estos casos no son ni uno ni dos), mientras hay gente en la camilla de al lado que igual SÍ viene por algo serio. Puede que haya gente que esté a punto de palmar (eso suele pasar en urgencias), y cuando uno acude a estos servicios para estas cosas, está quitando dinero y tiempo al sistema.
Pero luego usamos la fórmula mágica que es la que nos exime de todo: "Tengo derecho, ya que pago mis impuestos". Sí, señor. Esa es la actitud: pagas y te dedicas a estorbar y a causar gastos innecesarios, siempre pensando en los demás. Eso es.

Con la educación ha pasado algo relativamente similar: aquí los que han abusado son aquellos que se han creído que, por haber aprobado un examen de oposiciones, pueden pegarse veinte años (o hasta que se jubilen) haciendo lo que les salga de los huevos. Así han surgido las cosas que he denunciado una y mil veces, con profesores que van al curro (pero no a currar), baremos de evaluación subjetivos y otras perrerías que lo que han hecho han sido empobrecer el sistema educativo. Pero, ¿qué hemos hecho nosotros? Hemos hecho caso a millones de estudios fantasma, firmados por nadie sabe quién, donde nos han dicho que somos lo peor que ha parido madre, y asegurándonos que tal técnica, que tal reforma de mierda, mejorará el sistema.
Cuando hemos visto que lo ha empeorado, ¿qué hemos hecho?
Echar la culpa a quien no se debe y seguir abogando por la destrucción de la educación.
Lo que tenemos ahora no es más que los restos de la cantidad de mierdas que se han perpetrado durante quince años de degeneración del sistema. Somos el país que más reformas educativas ha realizado en menos tiempo y a todos nos ha parecido fenomenal.
Y digo que nos ha parecido fenomenal porque siempre hemos elegido a los subnormales que las han llevado a cabo. Nos hemos quejado cuando lo han hecho, también... pero al final, parece que son nuestros amiguitos o algo, porque siempre han acabado por estar ahí arriba.

Y es que somos más falsos que Judas, coño.

Nos hemos quejado de las reformas laborales, pero hemos sido los primeros en aceptar empleos basura por una puta miseria. De currar en empresas sin estar dados de alta, es más: de que la empresa "No te pueda prometer un contrato" (esto último lo he vivido yo mismo).
Porque parece que sangrándonos y explotándonos de esta manera nos están haciendo un favor.
Porque hemos adaptado la máxima de "Si no lo cojo yo, lo cogerá cualquier otro".
Con esa actitud sabéis lo que hemos hecho, ¿verdad?
Nos hemos convertido en una gran parte responsable de la cantidad de abusos laborales que se han venido cometiendo en nuestro panorama laboral a lo largo de los últimos años, hasta el punto de que lleguen a normalizarse.
Ahora, ¿qué sucede? Que en vez de convertirse en aberrantes, estas prácticas ahora se han hecho oficiales. Gracias a nuestra pasividad y nuestra sumisión, y a que encima las corporaciones de empresarios se dedican a lamerle el cipote a los gobernantes (sí, a esos que hemos elegido con nuestro voto), aquí lo tenemos:
El mamoneo ahora es perfectamente legal.

Fuck yeah!


Se nos ha llenado la boca a más de uno con eso de que la inmigración es algo que no es necesario controlar. Con consignas sesenteras de "No hay personas ilegales", que queda muy bonito... pero cuando esas personas han entrado en nuestra frontera y se han dedicado a trabajar en negro, llevando a cabo una cantidad de curro no declarado del que muchos españoles se han beneficiado de manera ilegal, aquí no ha pasado nada. Porque denunciar esas prácticas nos ha parecido racista (¿Disculpa? ¿Es que ahora hay que ver quién lleva a cabo tal o cual práctica para determinar su legalidad o no? Y si unos las llevan a cabo, ¿resulta que es más o menos legal lo que hacen atendiendo a su raza? ¿No es esa una actitud discriminatoria?)




Coloco aquí la definición de Racismo, según las dos acepciones que contempla el diccionario de la RAE, para que algunos se enteren de una puta vez de lo que significa el racismo:

1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros.

2. m. Doctrina antropológica o política basada en este sentimiento y que en ocasiones ha motivado la persecución de un grupo étnico considerado como inferior.



No hemos tenido los cojones necesarios para cerrar el grifo a esa gente que, a diferencia del inmigrante que necesitamos y al que siempre defenderé (es decir, al que viene a currar como el que más y el que colabora a evitar que este país se hunda en la mismísima mierda), vienen a cobrar ayudas y subvenciones. Gente que, cada mesecito, atraviesa la frontera para poner la mano, cobrar las ayudas españolas, y volver a casita a vivir tan ricamente. Y esto no es algo que me invente ni que haya escuchado por ahí, amigos Distópicos: al tener gente muy cercana trabajando en el INEM, puedo atestiguar que son cosas que han venido sucediendo hasta la actualidad. Ahora, fíjese usted, acusan al estado español de "racista" porque en las oficinas se están pidiendo pasaportes y documentación que acredite que, efectivamente, la persona a la que se pagan las ayudas, tiene su residencia habitual dentro de nuestras fronteras.
Lo hacemos AHORA, cuando estamos sin un duro y de mierda hasta el cuello.
Y encima nos tenemos que tragar que nos llamen racistas, cuando hemos soplado pasta a gente que no ha hecho una puta mierda, más que exigirnos dinero.

Pero, por supuesto, los españoles no nos quedamos atrás en este despelote de pedir pasta, ojo: que nosotros hemos sido los primeros a la hora de coger y poner árboles de plástico para que, cuando nos aflojen la guita con el PER (Plan de Empleo Rural), la subvención agrícola sea más alta. Hemos sido los primeros en apuntarnos al PER sin trabajar el campo. Sin vivir cerca de él siquiera, cojones.
Hemos sido esa clase de adorables seres a los que nos ha dado igual la cantidad de corrupción que ha habido en la comunidad autónoma. Nos la ha soplado que el anterior presidente haya subvencionado a la empresa de su propia hija. Nos hemos pasado por el culo la cantidad de amiguismo que hemos sufrido durante años, porque nos han estado sobornando con esa pasta gansa que sólo algunos se han ganado con el sudor de su frente.

Un poco más y sobrevolar una finca de los alrededores hubiera sido lo más parecido a ver esto.
Eso sí, si lo dicen en la tele, es que nos discriminan.


Volviendo al tema de la inmigración, cuando hemos dicho que los derechos de un inmigrante y los de un español deben estar en IGUALDAD, y que la discriminación positiva ha sido una auténtica burrada, muchos se han llevado las manos a la cabeza. Curioso que esa misma cabeza la hayan girado cuando ha habido abusos brutales en sanidad: no es la primera noticia que me ha llegado de inmigrantes que han venido consiguiendo medicamentos gratis y que luego han vendido en lotes bastante grandes a sus países de origen, enriqueciéndose así. O de esos otros que han aprovechado y se han operado de todo lo operable a costa del prójimo. Sin seguridad social. By the puta face.

En educación no ha sido menos, cuando hemos visto que ha habido familias que han tenido que ver cómo sus hijos no han podido ir al colegio que les corresponde porque los inmigrantes tienen preferencia a la hora de elegir centro. Familias que se las han visto y compuesto para poder enviar a sus hijos a un colegio que está en el quinto cojón, con todo el esfuerzo que ello supone, desde gasto de combustible en vehículos o tener que dejar a los críos con algún familiar que los lleve a clase.
De tener que hacer adaptaciones de temario porque resulta que hay familias que vienen de vete a saber dónde y te exigen (no es que lo pidan, lo exigen) que tales cosas se impartan o se dejen de impartir en los temarios. Con todo el gasto que ello supone y del que nadie parece ser consciente.

Pero no hemos podido abrir la boca porque "Somos solidarios" y decir que eso es injusto es "racista".
Para mí no deja de ser una falacia, donde no se puede decir nada malo de tal o cual colectivo, so pena de acusaciones que no tienen nada que ver con lo que se denuncia.
En lo que sí estoy de acuerdo es en eso de que somos solidarios.
Solidarios de cojones.
Solidarios hasta el punto de ser gilipollas.

O solidarios para lo que nos ha salido de los cojones: anda que no hemos visto cómo nuestro país ha soltado cantidades INGENTES de pasta para ayudar a niñitos de no sé dónde, para ayudar en un terremoto, en una inundación o ante una epidemia en algún remoto lugar, lo que está muy bien.
Lo que es triste es que luego la gente que se dedica a ayudar a los mendigos de nuestras calles está desbordada: andan faltos de efectivos, de ingresos, de todo.
A nadie parece importarle tres cojones, porque no mola tanto como soltar la pasta que supuestamente no tenemos por ahí, del mismo modo que si la Policía apalea a algún indigente de nuestras calles, no parece pasar nada. Luego, eso sí, denunciamos los abusos de las autoridades en Karajistán.
Porque de cara a la galería, siempre se queda mejor.


Vedlo en el tema de la industria, que tan de moda está con eso de los mineros y tal.
Pensad en la cantidad de industria que teníamos hace veinte, treinta, incluso cuarenta años.
Pensad en lo que tenemos ahora.
Fijaos en la industria textil. Pongo el caso de Inditex y muchos otros grupos, que a menudo se cuentan entre los más fuertes del país y en puestos no del todo malos en los rankings internacionales. Si prestamos atención a eso, con una industria así tendríamos que ser la puta hostia, económicamente hablando. ¿Por qué no lo somos?
Porque hemos sido listos. Listísimos.
Lo que hemos hecho ha sido cerrar prácticamente todas las fábricas del país para reabrirlas en otras partes del mundo donde se paga mucho menos a un obrero por realizar la labor. Con eso lo que se obtiene es un producto de inferior calidad (al no estar cualificado el obrero de turno), el enriquicimiento del empresario (que ahora paga menos para obtener un mayor beneficio) y el aumento del desempleo en este país, donde lo que tenemos es gente que estaba cualificada tocando las palmas cada vez que cierra una fábrica. Dicho de otro modo, la pasta gansa va para el jefazo; la pasta del currito se queda en otro país. Y al currito nacional que le den por culo.

Probad a verlo a una escala algo más global en lo que a industria se refiere: pensad en la cantidad de empresas de vehículos (Ebro, por ejemplo) que han cerrado a lo largo de los años porque, bien han sido absorbidas por gigantes de otros países (casualmente alemanes, como el caso de Seat, que fue absorbida por el grupo Volskwagen hace eones), bien porque el público español ha optado por tragarse chorradas del tipo "compra carácter alemán en tu coche".
Lo veamos como lo veamos, lo que sí es cierto es que al final siempre pagamos los mismos.

Tooooooooooooooooooodos estos.


¿Y qué pasa ahora? Pues que tras todos estos abusos, perpetrados durante décadas, es cuando llega la etapa de las vacas flacas. Vemos que nuestros políticos rozan la oligofrenia a la hora de tomar sus decisiones y nos queremos creer que es una sorpresa. Que no nos lo pudimos esperar jamás.
Yo soy de pensar que, tristemente, los políticos son un reflejo de la gentuza que abunda en este país. A más gentuza, mayor posibilidad de que el que nos represente sea un trozo de mierda.
Y esto es lo que está pasando: el pueblo haciéndose pajas mentales, buscando fascistas debajo de las piedras; quemando comunistas como si estuviésemos cazando brujas en el puto s.XVI. Pensando en la política como en un puto partido de fútbol, pero a la primera de cambio, siendo nosotros los primeros gañanes, abusando de ayudas, de la seguridad social, del Estado y hasta de la novia de nuestro mejor colega. Porque "los otros son iguales". Porque "tenemos derecho".


Claro que si las novias de nuestros amigos son como ésta... tampoco pasa nada si quieren abusar de nosotros...


Lamento decirlo, porque ya sabéis lo mucho que me gusta mi país y el modo de vida que, por lo general, tenemos (o teníamos, hasta que nos están recortando hasta el derecho de ir a mear)... pero el que siembra recoge. Nosotros, tanto los políticos como el pueblo llano, pasando por banqueros y empresarios, llevamos décadas sembrando.
Ahora nos toca recoger, y se está viendo quién ha tenido las espaldas cubiertas a la hora de abusar y de chupar de la teta del país y quién se ha limitado a abusar sin pensar en las consecuencias.
Ahora se está viendo que nuestros derechos han venido siempre condicionados por responsabilidades.
Ahora está quedando claro qué hemos hecho con unos y qué hemos hecho con las otras.
Sólo que esto es como todo: hay cosas que se ven y que proclamamos a los cuatro vientos, y otras están mejor escondiditas debajo del felpudo.

martes, 3 de julio de 2012

Escupiendo Rabia- No podemos ganar



En días como hoy, me acuerdo de mis años de la carrera. De aquellos tiempos en los que uno estudiaba lo que le gustaba y descubría, gracias a la historia, que no somos una especie tan evolucionada. Que, pese a los siglos, no hemos avanzado tanto. En muchos aspectos, salvando quizás el tecnológico y el sanitario, seguimos siendo los mismos. Seguimos siendo una sociedad enferma y miedosa, y las noticias de esta última semana no hacen más que confirmármelo.

En días como hoy me acuerdo de los Puritanos. Aquellos derivados de los protestantes que vivieron en la Inglaterra del s.XVI y XVII. Aquellos amiguetes que decían que debíamos vivir temerosos de Dios. Que la gente de a pie no podía cantar ni bailar, sino vivir rezando, trabajando y esperando que el Altísimo, el día que se fuesen para el otro barrio, tuviese en Su Gracia permitir la entrada al fulano de a pie en el Reino de los Cielos. Ese curioso colectivo que, en su ejercicio de tolerancia hacia otras formas de pensamiento, se dedicó a hacer presión para que los teatros fuesen cerrados a causa de su inmoralidad. Gente que veía demonios y adoradores de Satán en cada esquina. Lascivia en cada sonrisa. Blasfemia en cada palabra que no entendiesen.

Quedaos con las palabras "Temerosos de Dios" y con su concepto.
Trasladaos ahora al s.XXI y cambiad a Dios por la Crisis, y mantened el concepto.
Es ahora cuando veréis que no hemos cambiado tanto.

Lejos de iniciar una discusión teológica acerca de la existencia o no de una entidad superior que vigila/rige a la Humanidad y a su destino, lo que sí sabemos que existe es el miedo, lo que hace ambas cosas comparables. En el Renacimiento inglés era el miedo a que la vida eterna fuese en el Cielo o en el Infierno; hoy en día, el miedo es a que nuestra vida sea decente o una puta mierda.
Y sin embargo, pese a unos cuatrocientos años o así, vemos que el fanatismo está ahí, en cada esquina. Vemos al enemigo en cada rostro y amenazas en cada palabra.
Seguimos con miedo y ese miedo está cegando nuestras mentes.

"¡Arrepentíos, pecadores, porque el Fin está Cerca! ¡Abandonad vuestra vida de pecado, fornicación y placer y entregaos al Señor para así vivir la Vida Eterna en el Paraíso!
¡ALELUYA!"


El caso viene a colación de las cosas que me he ido encontrando con eso de que la selección española de fútbol fuese campeona de Europa por tercera vez (y por segunda consecutiva, con un torneo mundial por medio). Tras años siendo los losers oficiales de medio planeta, con nuestro consabido lema de "Merecíamos ganar, pero no nos ha ido bien", hemos pasado a coger al equipo nacional y ponerlo en la picota.
Hemos puesto en la picota a todo aquel que se ha alegrado de que el equipo se haya apuntado un triunfo que ha pasado a la Historia. (no somos nosotros, literalmente, pero no olvidemos que representan a nuestro país, de ahí que digamos que "hemos" ganado. Creo que el concepto de representación es tan claro como cuando decimos que "hemos" aceptado tal cosa en las Naciones Unidas o que "hemos" invadido Irak. Hemos hecho esas cosas como país, nos guste o no, pero formamos parte de un país que las ha hecho. Y si nuestra selección gana en representación nuestra, eso es lo que hay)

Los que seguís este blog sabéis que no soy muy amigo de los fenómenos de masas. Ni siquiera soy un gran seguidor de la liga nacional.
Y sin embargo me veo inclinado a defender cosas que por lo general me dan igual, ¿por qué? Porque estoy viendo un ejercicio de demagogia y oportunismo ante todo esto que me está revolviendo las tripas. Estoy viendo un despliegue de desprecio e incoherencia que me está dejando muerto.
Y parece ser que por cojones me tiene que parecer bien.

Volviendo al tema de arriba, y un poco a lo que engloba el título de este post, en este puto país no se puede ganar. Cuando perdemos, como apuntaba un amigo hace unas horas, porque pagamos una pasta a los jugadores que luego no sudan la camiseta. Ahora ganamos y, ¿nos parece bien?
Pues no.
Porque como hay gente que lo está pasando mal, ahora toca poner al que gana en el patíbulo y decir que es un hijo de puta porque gana mucho dinero y el hijo del currito está sin un duro.
No suelo ser amigo de las primas muchimillonarias de los deportistas, no nos engañemos, con lo cual, antes de que el rebelde de turno cargue las tintas contra un servidor, le recuerdo que en ese aspecto estamos más o menos de acuerdo.
Lo que me toca los cojones de todo esto es el desprecio total y absoluto por gente que son deportistas de élite, y ya no hablo sólo del fútbol.
Parece ser que en este puto país hemos pasado de creernos el culo del mundo deportísticamente hablando a pensar que cualquier subnormal puede convertirse en una medalla de oro o en un campeón mundial, y que su sueldo "por pegarle patadas a un balón" está injustificado.
Quizás esté injustificado el exceso, por supuesto, pero me parece una defensa jodidamente pobre decir que un tío que se ha pasado unos pocos de años entrenando como un cabrón, para correr UNA PUTA HORA Y MEDIA como un gamo sea "no hacer nada".
Y quien dice correr una hora y media, dice estar jugando al tenis durante tres o cuatro horas, a hostia limpia con una raqueta.
Joder, somos ahora la puta raza superior y cualquier español, de estos de los que paras por la calle, puede hacerlo, según se extrapola de las cosas que he estado escuchando o leyendo.
Pues a mí no se me caen los anillos para decir que yo no tengo cojones de mantener ese ritmo. Nunca he sido un gran deportista (fui corredor durante un tiempo, pero una cosa normalita) ni me ha entusiasmado ver los deportes... pero JAMÁS me habréis oído despreciar la labor de un profesional.
Ya puestos, creo que tampoco me habréis oído despreciar la labor de un deportista amateur.
Quizás porque no soy como muchos de esos intelectuales de pose, que consideran que el deporte es para descerebrados y mongolos que no saben hacer ni la O con un canuto. Quizás es porque tengo los huevos de sentir respeto hacia alguien que hace algo que yo soy incapaz de conseguir.

Tampoco toco la guitarra como el señor Malmsteen; no me gusta especialmente su forma de tocar, pero no por ello voy a decir ni que sea un mierda ni que vive tocándose los cojones.
Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

Esta clase de actitudes, dejan clara nuestra mentalidad coherente de cojones: éramos unos perdedores y nos jodía ir con la cabeza gacha; ganamos y también está mal.

Y como no podemos ganar, nos empezamos a sacar mil excusas para tocar los huevos a los que sí se han alegrado. A los que sí se han sentido respetados por un equipo nacional (ya no sólo hablo de la selección: hablo del señor Nadal, de las selecciones de Waterpolo o Gimnasia Rítmica y de cualquier deportista de élite que ha considerado que, además de la pasta, representar al país y ganar un trofeo es un puto orgullo).
A esa gente, desde el pódium del intelectual o del guerrillero urbano, se la ha puesto a caer de un burro, simplemente porque se han alegrado.

Se les ha acusado de rebaño, de ciegos, de gilipollas.
Porque en este puto país tenemos la tendencia bipolar a pensar que si te alegras por una cosa, te olvidas de las demás. La cojonuda tendencia a pensar que somos mononeuronales o, como dice mi madre, que somos como el culo y sólo valemos para una cosa (para follar o para cagar, pero es complicado hacer las dos cosas a la vez).
Porque si yo me alegro de que haya ganado la selección nacional ahora resulta que es que todo lo demás me importa una puta mierda. Que sólo vivo por y para el fútbol. Que soy un ignorante que no sabe leer otra cosa que no sea el Marca, el As o cualquier otra publicación en la que salgan Cristiano Ronaldo o Messi en primera plana. Así, sin término medio. Sin transición.
Todo por putos cojones.

Esos mismos son los que piden respeto para sí mismos, porque oiga, hoy en día es duro ser una persona concienciada, intelectual y hasta culta. Es muy duro ser los únicos de este puto mundo que estamos interesados por la subida de las facturas, las folladas que nos pega el Gobierno (o la Unión Europea, ya puestos, o incluso las Agencias de Especulación).
Es muy fácil decir eso si no se escucha a los demás.

Puede que ese rebaño no esté tan ultrainformado como muchos de vosotros, amiguitos, pero no por ello merecen vuestro desprecio. No si tenéis costumbre de hacer labores como ir a la compra y escucháis las conversaciones en la cola del supermercado (yo hago ambas cosas a diario): la gente es consciente de lo que está pasando, o al menos de lo jodidos que estamos. Puede que no tengan todos los detalles, porque igual no son tan listísimos como vosotros. Puede que no se pasen las veinticuatro horas del día leyendo a Tolstoi y debatiendo sobre la insoportable levedad del ser, pero sí que leen las facturas cuando les llegan al buzón... y saben que nos la están metiendo doblada.
Si en vez de coger el cochecito subís al transporte público os daréis cuenta de que las señoras (y señores, que ya hay de todo) de la cola del súper no son los únicos en piar: la gente habla, la gente comenta y, lo que es más importante, la gente empieza a tener cierta noción de lo que está pasando.
Otra cosa es que se muevan y que actúen, pero eso no lo hace nadie: ni ellos desde el sofá ni vosotros desde vuestro púlpito. Y los que se mueven... seamos serios, los que se mueven son rápidamente tildados de perroflautas y de anarquistas.

Y a ver si nos enteramos: he ido a algunas manifestaciones, pero eso no me ha obligado a ir A TODAS.
Pero el que vaya no quiere decir que automáticamente me convierta en un fulano de esta guisa o que vaya por la vida incendiando papeleras.
Pero claro, el que no vaya tampoco me convierte en un súbdito del sistema.
Os recuerdo que el "O estás conmigo o estás contra mí" lo inventó Stalin. Y no se caracterizaba precisamente por ser un demócrata.


Y es que aquí vemos lo que nos sale de los cojones. Somos expertos en sacar las cosas de quicio y en mezclar churras con merinas, quedando de paso más guapos que un San Luis.
Pongo el polémico caso de la muerte del bombero que ha perdido la vida durante la extinción de un incendio. Se que me vais a odiar muchos por sacar este tema, porque muchos podéis ser de por la zona y este tipo de catástrofes hieren las sensibilidades. Eso lo entiendo.
Lo que no puedo entender es usar la imagen de alguien que ha perdido la vida de un modo heroico (nadie puede decir lo contrario: si intentas apagar un fuego para salvar la vida de los demás, o un bosque, y mueres, eres un héroe) como baluarte para manifestar el desprecio por la selección, con frases como "Este es un héroe de verdad (¿es necesaria semejante obviedad?) y no cobra primas como los futbolistas".
Quizás muchos veáis que esta es una reivindicación justa.
Muchos podéis pensar que es una forma de agitar la conciencia de la gente que no ha sido consciente de la catástrofe que ha azotado la Comunidad Valenciana.

Yo lo digo y lo diré siempre: el fin JAMÁS puede justificar los medios, y para mí, usar la imagen de una persona que ha muerto valientemente como mártir para despreciar los logros de otros me resulta aberrante.
¿Que un bombero no cobra primas millonarias? Joder, menudo descubrimiento. Tampoco las cobran los conductores de ambulancias, ni los policías (a los que muchos insisten en llamar sistemáticamente y sin excepciones "hijos de puta"), ni siquiera los militares.
Cada día hay gente que se levanta para currar, ganarse un sueldo honradamente, perdiendo incluso la vida en ello (lamentablemente, este no es el primer bombero que ha muerto en acto de servicio) y nadie los ha usado para decir "tú sí que vales y no los mierdas esos que pegan patadas a un balón".
Porque aquí todo tiene que ir al mismo nivel, sin términos paralelos o independientes. Todo tiene que ir a la misma escala, bajo el mismo rasero, al mismo nivel.

Y sin embargo, tenemos a un señor como Julián Muñoz, famoso por haber robado lo más grande a un ayuntamiento y la gente le aclama públicamente cada vez que va a declarar al juzgado. Como una puta estrella de rock.
Ese tío también es un héroe, por lo que se ve, y no ha salvado a nadie. No ha representado a nadie ganando trofeo alguno. No parece haberse esforzado por conseguir nada, a menos que hablemos de haber pillado pasta y vivido a todo tren hasta que le han pillado con los pantacas por los tobillos.
Por favor, que alguien me explique esto, que yo no lo entiendo.


"Eh, que llevar bolsas de basura llenas de billetas también requiere su esfuerzo"
Gracias, Julián. Sabíamos que nos darías una explicación convincente.


En resumen, y antes de que más de uno empiece a lanzar piedras, lo digo claramente: un bombero ES un héroe y eso NO se niega. Precisamente por eso, no empañemos la labor del cuerpo (y de muchos otros cuerpos que arriesgan su vida día a día: Protección Civil, Cruz Roja, ambulancias, médicos, policías) en usarlos como arma arrojadiza, como argumento, para putear a la gente que despreciamos. No caigamos tan bajo, por favor.

Pero es que hay más. El oportunismo para el puteo ha llegado a cotas de lo más absurdas.
Véase el caso de los Republicanos apretados, o lo que a mí me gusta llamar "Republicanos por moda".
Antes de que algunos amigos seguidores de la tricolor empiecen a rechinar los dientes, digo que estas próximas líneas no van para ellos, sino para Los Otros, los que se creen que todo lo que no sea seguir SU criterio es de fascistas, nazis e hijos de puta en general. No: hay una diferencia entre creer que una República es un buen sistema de gobierno (lo que me parece respetable) y pensar que cualquier cosa vale para sacar el temita a relucir, e ir por ahí en plan "¡Qué guai soy, mira cómo me cago en el Rey!"
El caso más ridículo de esto ha sido cuando he visto que algunos listos han cogido el lema de "No hay dos sin tres" de la Eurocopa y lo han aplicado para manifestar su deseo por una tercera república. Ni entro ya en lo gracioso que es su dibujito de una corona tirada a la basura (luego piden respeto para ellos), como si la república consistiera única y exclusivamente en mandar a un rey a tomar por culo.
Politizar el deporte todavía más, y a base de subirse al carro de un acontecimiento a nivel nacional, y sacando las cosas de contexto. Eso es ética.

Así ha pasado con el tema de los acontecimientos masivos, que también se han sacado de contexto. Ahora todo es por comparación: si la gente ha salido a la calle para celebrar algo que no ha pasado en la puta vida (ni a nosotros ni a nadie, la victoria que hemos obtenido ha sido estadísticamente histórica), resulta que automáticamente se tiene que comparar con las manifestaciones por el paro. Porque si no, ya no molamos. Ya no nos importa nada.
Porque parece ser que el ÚNICO modo de protestar en este país es manifestándose, a ser posible rodeado de montones de amiguitos. No en las urnas, echando del poder a quien ha hecho una gestión penosa (no, nosotros somos más de votar a la oposición, aunque no tenga programa claro). Nosotros ponemos a los hijos de puta al poder y luego, donde dije digo, dije Diego. Pancartita, a la calle, y a revolucionar el mundo.
Y partiendo de esa base (que oiga, siempre digo y diré que me parece tan válida como cualquier otra que sea legal, pero no por ello la única ni la obligatoria), parece ser que si la gente está harta de protestar y decide salir a la calle a tener algo por lo que alegrarse, para variar, está mal.
Eso es señal de que somos un país de charanga y pandereta, de que somos unos flojos, unos ignorantes y demás.
Pues mira qué bien.

Dicho de otro modo: según en España, o somos ultra-intelectuales, como el personaje que tenemos aquí...
O somos de éstos, de los que (al parecer) no piensan en nada que no sea un balón.
Porque un tío que está concienciado o que va de intelectual por la vida no puede desbarrar.
Jamás.
En la puta vida.
Son como los elfos y los orcos, razas distintas.



A esa gente le pregunto qué habría pasado entonces si hubiésemos perdido.
Tal vez me responderían diciendo que era lo que nos merecíamos. Porque el español, según parece, tiene que asumir la suerte del perdedor. Tenemos que ir por la vida pensando que somos unos desgraciados; jamás podemos alegrarnos por nada, porque de hacerlo quedamos como un rebaño de ignorantes. Porque hay crisis, señores. Porque hay gente en el mundo que lo pasa mal, dentro de nuestras fronteras y más allá de ellas. Por eso celebrar cualquier cosa, desde una Eurocopa, hasta fin de año, pasando por nuestros cumpleaños y demás fiestas de guardar, es de malas personas. De insolidarios. De ignorantes. De hijos de puta.
Señores, que sepáis que a partir de ahora ya no podemos irnos de farra, porque hay crisis. Ni siquiera gastando lo mínimo, porque seremos insolidarios con la gente que lo pasa mal... como si por tomarnos un puto mojito ahora nos convirtiese en los magos del derroche. Ya no podemos ni soltar chistes, ni reírnos, porque como hay crisis tenemos que estar concienciados, vivir encabronados y estar todo el día de mala leche. Tampoco podremos disfrutar con una buena (o mala) peli o con una novela, porque caeremos en el borreguismo, igual que la gente que ve el fútbol y (según parece) pasa de todo: lo que tenemos que hacer es estar constantemente informados de lo que está pasando, aunque luego no hagamos una mierda y nuestro plan sea que el vecino de al lado sea el que nos arregle el país.
Porque así es como salvaremos el mundo.