La cosa no va a mejor, oye. Y mira que pasa el tiempo, pero nada.
La superpoblación de gilipollas con certificado en las redes sociales no solo no ha descendido, sino que crece de manera exponencial.
No teníamos bastante cuando hace unos años a todo el mundo le dio por sacar la bandera tricolor y les daba por sacar la ideología a relucir por absurdo que fuera el motivo, prometiéndonos una utopía en la que todos tendríamos penes descomunales, unas tetas de infarto (si una es chica y/o no tiene deseos de tener un pene colgando entre las piernas), los coches volarían y nadie envejecería jamás.
Pasó el tiempo y la gente dejó el ultrarrepublicanismo mamporrero para meterse en causas más nobles. De pronto, todo el mundo declaró la guerra al gluten y a la lactosa. Se volvieron veganos y cada dos por tres, no importa la conversación, nos recordaban que eran moralmente superiores y los demás, unos fascistas, unos mierdas y unos hijos de puta. Sí, todo desde la tolerancia y el buen rollo que le otorga a uno eso de estar por encima de los demás.
Luego pasamos a ver cómo un puñado de gente se ponía un pañuelo morado y nos decía a los demás que teníamos que hablar de otra manera. Vestir de otra manera. Aceptar un código moral so pena de ser maltratadores en potencia, violadores, esclavos de un sistema totalitario y cualquier otra cosa que sonara chunga de verdad.
Y entre medias de todos estos grupos, grupúsculos, colectivos, plataformas y tribus ideológicas, tenemos al subnormal de poca monta que se cree alguien por esconderse detrás de una IP y entrar a putear al prójimo en su perfil.
Cuando el narcisismo y el odio se unen, solo hace falta un ordenador.
Lo veo constantemente. Que sí, que vosotros podréis decir que cuando yo hablo destilo odio a mansalva y todo lo que os salga del culo, pero creedme: yo soy un pobre corderito comparado con las putas bestias que hay sueltas por ahí. A mí no me veréis nunca de irme para nadie y amenazarle de muerte, insultarle o decirle lo que tiene que pensar. No me veréis entrar a nadie y pedirle explicaciones acerca de cómo vive su vida. Para empezar, porque no me importa; en segundo lugar, si no me gusta lo que veo, tengo bastante rápido el dedo para pulsar el botón de "Eliminar" o "Dejar de seguir" (preguntadle a la cantidad de gente que ya no forma parte de mi lista de amigos... sin contar la que se va a ir a la puta calle en el momento en que me encuentre con las fuerzas necesarias para sacar la basura de mi muro). No gano nada yendo a buscar a alguien para preguntarle por qué su vida es tan vacía o miserable, como veo que hacen algunos a diario.
Supongo que algunos deben tener una vida tan perfecta que les sobra tiempo libre para mearse en la de los demás.
Como decía, lo veo a diario. En perfiles de influencers a las que sigo, el salseo suele ser tirando a constante: una chica sube una foto y en cuestión de minutos (u horas, dependiendo del número de seguidores) ya empieza a entrar la tropa de mongolos que, cual Mihuras en un encierro, se lían a cabezazos hasta que ya han tenido sus tres minutos de gloria gilipollesca.
Sigo a una chica que está gorda. No lo digo como insulto, ella se define así. Sin eufemismos, nada de "obesa", ni "rellenita". La chica reconoce que está gorda y eso no le supone ningún trauma. Poca gente he visto aceptarse a sí misma de tal manera y sacarse tanto partido, lo que me parece admirable de cojones, considerando el concepto que tengo yo de mi propio cuerpo. Lo mismo te sube una foto con vestido ajustado que en bikini o ropa casual. Y ella, más contenta que unas castañuelas. Porque le da la puta gana. Porque puede.
Pues bien, su muro de comentarios a veces parece los putos Juegos del Hambre. Porque no puede faltar el genio (o genia, que de todo hay, os aseguro que lo he visto con estos dos ojitos que me dio la Creación) que viene a recordarle a la chica que puede estar, no sé... quince, puede que veinte kilos por encima de su peso "ideal" (no hablo de estética aquí, sino del peso acorde a tu masa corporal, basado en tu altura y demás). Un genio que se ve que tiene ojos en la cara y se ha dado cuenta, por encima del resto de pobres mortales, que la chica está hermosa (tómese aquí el término en ambos sentidos). Y, cómo no, como cualquier imbécil, hace gala de su derecho a la libertad de expresión para mearse en el susodicho derecho y retratarse como un gilipollas, usando términos como "vaca", "cachalote" y demás estupideces.
Aclaremos esto: lo que es una estupidez no es el ver que la chica tiene sobrepeso. Eso lo vemos todos; lo que es una gilipollez es usar eso como argumento para entrar a insultar a alguien como si fuera una criminal y despreciar a una persona de esa manera.
"¡Mierda! ¡El bikini que quería comprarme le sienta mejor a esa tía de lo que me sentaría a mí en mi puta vida! ¡Pues se va a cagar! ¡Voy a entrar en los comentarios y la voy a poner de guarra parriba!"
No faltan tampoco los tontos del culo que entran en plan paternalista, diciendo "Soy nutricionista y veo que estás cada vez peor, ponte en manos de un profesional". Ahí, meándose en su supuesta profesión dando consejos gratis y, lo que es más fuerte, que NADIE les ha pedido. Que sí, que el tono es como de preocupación y tal, pero la idea de fondo es la misma: "Eres un cachalote, adelgaza de una puta vez".
Un tono menos agresivo que el de arriba, pero la falta de respeto sigue siendo supina, por mucho que intente disfrazarse.
Están los moralistas, que ven cómo esta chica sube una foto con un escote hasta el ombligo y no tardan en preguntarle por qué va con las tetas a punto de salírsele. La influencer, que no es de tener pelos en la lengua, responde a menudo "Porque me sale del coño". Una respuesta que suele zanjar la conversación pero, seamos honestos, innecesaria. No por el tono de la chica, ni por el palabroteo (seguro que vosotros tampoco habéis soltado un "coño" en vuestra vida, que lo sé yo), sino por el hecho de que cuando te llega un gilipollas al que no conoces de nada preguntándote cosas que no son su puto asunto, no hay que darle explicaciones. Ni contestarle si quiera.
Lo suyo es mandarlo a tomar por culo y que vaya a pedirle explicaciones a su puta madre.
"He venido aquí a acabar con la indecencia, en nombre del Todopoderoso"
"Pero si tú eres ateo"
"Pero si tú eres ateo"
"Tú te callas, gilipollas".
Luego están los "empáticos por los cojones", que son esos que acuden como las moscas a la mierda cada vez que ponen a caldo a alguien para decir que, en un medio público o con una figura pública, es lo que hay. Ahí, acusando del acoso y los insultos a la víctima y no al que acosa o al que insulta, todo muy comprensivo. "Si te insultas, te jodes, te lo has buscao (por puta/por gorda/por dejarte ver en público/por ser famosa/porque lo digo yo y te callas, imbécil)"
Me viene el caso de otra influencer a la que sigo, que tiene la sana costumbre (y esto lo digo sin ironía alguna) de hacer flashes de sus encantos en sitios públicos única y exclusivamente por el cachondeo. Y sí, porque la chica puede. Porque le da la puta gana (admitido por ella misma cientos de veces) y porque no tiene por qué dar explicaciones de lo que enseña o deja de enseñar. Como si quiere subir fotos suyas en jersey de cuello vuelto o de lo que dibuja, o tocando el ukelele. En su puto derecho está.
La respuesta a menudo es la clásica: están los que la llaman "puta", (pese a que la chica jamás ha reconocido dedicarse a la prostitución) "guarra" (pese a que muchos de sus desnudos —censurados, eso sí, que ya sabemos cómo son las redes sociales anglosajonas— son mientras se da un baño) y los que le preguntan (con dos cojones) qué piensan su marido o su padre de lo que hace y si no los avergüenza exhibiéndose de esa manera.
Nótese cómo su iniciativa queda cuestionada para referirla a la figura del marido a la del padre, como si tuviera que responder ante cualquiera de los dos y no tuviera capacidad de tomar sus propias decisiones.
El caso es que la chica tiene la sana (también sin ironía) costumbre de coger estos mensajes privados y publicarlos con sus respuestas, donde los deja bastante calladitos con unas respuestas bestialmente contundentes (y con un arte que te cagas) antes de mandarlos a cagar. Imagino que debe tomar tela de aliento cuando le mentan a su padre o a su marido para insultarla y dice, sin demasiados problemas, que es su padre el que le ha servido como inspiración en la vida y que se siente muy orgulloso de ella; en cuanto a su marido, es el que saca buena parte de las fotos que publica.
Ella tampoco debería dar explicaciones acerca de lo que hace.
"La tengo así de gorda. ¿A qué esperas para bajarte las bragas?"
Tanto a esta chica como a muchas otras las suelen bombardear con fotos de pollas que, por supuesto, no han pedido. A veces me imagino al desconocido de turno en su casa, pensando "Hey, esta acaba de sacarse las tetas en una disco. Eso es señal inequívoca de que quiere verme el nabo". Acto seguido, se frota un poco el miembro para que tenga un tamaño más apetecible y se saca un selfie metiendo tripa para que la chica, al otro lado del planeta, vea el manubrio (por supuesto, acompañado de algo romántico como un "Hey nena" o un "Mira cómo me has puesto") y moje la entrepata. Qué coño, seguro que al ver semejante portento de la naturaleza, la chica lo deja todo, atraviesa medio planeta y busca aquí al Casanova para comprobar la calidad de semejante salchichón venoso.
Luego dicen que los guiones de las pelis de Marvel no hay quien se los crea, pero las fantasías de unos cuantos aquí son la hostia.
Pero hay más casos, no solo con chicas orondas o que enseñen las tetas. Otra modelo que sigo, de vez en cuando, tiene que aguantar a otra caterva de gourmets que la ven en bikini y no tardan en echarse a las manos a la cabeza y liársela. El imperdonable pecado es estar bastante delgada. Aquí ya no es un "cachalote" o una "guarra", como en los casos de arriba. Aquí es que la chica "necesita un par de potajes" o (atención a la burrada) "está fomentando la anorexia".
Y se quedan tan panchos soltando semejantes mamarrachadas.
Coño, entonces yo no puedo salir a la calle porque estoy unos 15 kilos por debajo del peso que debería. No me gusta ir a la playa, pero si me gustara, probablemente tendría que pensármelo dos veces si me hago una foto en bañador porque lo mismo estoy diciéndole a la gente que deben dejar de comer, como si un trastorno alimentario fuera algo tan putamente simple.
Es más, me alucina la cantidad de psiquiatras, telépatas y mentalistas que hay sueltos, que son capaces de leer la intención de los demás solo viendo una puta foto.
"Sé lo que piensas. Tienes un trauma infantil y por eso necesitas que la gente te vea las tetas a diario"
Pero ojo, que el caso de esta chica no es el único. Ya sea por delgadez o por sobrepeso (Blanca Suárez se llevó lo suyo hace unos días también), aquí nadie está a gusto con lo que hacen los demás. Para esta tribu de mongolos que ha surgido y se ha hecho fuerte en redes sociales, parece que el resto del planeta les debe explicaciones acerca de cualquier puta cosa que hacen en su vida, mientras que ellos, desde su Olimpo, pueden ir dando lecciones a los demás. Porque ellos no están ni gordos ni delgados, tienen una moral intachable y nada de lo que digan o hagan es discutible. Pese a que lo único que demuestren saber hacer es comportarse como unos anormales.
Viene pasando desde hace tiempo. Ya pasó con el famoso desnudo de Lucía Etxeberría, a la que vi llamar con los ojos como platos "Cuerpobotijo" y alegar, con una mentalidad tolerante y democrática, que "Cómo se atrevía a subir una foto en pelotas con ese cuerpo".
No soy en absoluto fan de la señora Etxeberría. Ni siquiera me cae bien. No me paga los comics ni el material de dibujo y os aseguro que no he salido de pobre gracias a ella, pero debo decir que hizo lo que hizo por el motivo que fuera (hay quien dice que fue para darse notoriedad, cosa que no me parece ni ilegítima. Emily Ratajtowski también lo hace; la diferencia es que me gusta más el cuerpo de Emily), pero fue su puto motivo y los demás ni entramos ni salimos. Es más, tanto hablar de derechos... pues el derecho a pedir explicaciones no lo tenemos. Y lo de Cuerpobotijo... pues a ver, ya he mencionado que a mí la señora Etxebarría no me pone, pero reconozco su derecho a salir con el toto al aire si así lo decide y si así quiere. Si no me gusta, no lo miro. Pero no tengo derecho alguno a putearla de esa manera.
Aquí nadie ha toreao en plazas peores.
Así me lo aprendí yo.
Y es que aquí es donde me tengo que reír por no llorar. Todos estos que estoy mencionando no solo son gilipollas de manual, sino que además son unos putos hipócritas de mierda. Porque estos mismos son los que mañana, si una influencer se suicida porque ha subido un set de fotos de desnudo y la han lapidado públicamente (no todo el mundo tiene la misma coraza mental para resistir los insultos. Probad a que unos 300 desconocidos os llamen de todo durante días y luego me decís lo duros que sois vosotros, panda de Clint Eastwoods) serán los primeros en ponerse el lacito de vete tú a saber de qué color para protestar contra el acoso en las redes.
No hace falta que nos vayamos a modelos, siquiera. Un adolescente se mata a causa del acoso (¿Os acordáis de la chica estrábica que se tiró por un barranco?) y al día siguiente todos los que lo pusieron a caer de un burro, que lo amenazaron, que le hicieron el vacío o que miraron para otro lado mientras sus compañeros de clase le daban de hostias, pondrán velitas en la puerta del instituto, con carteles de mierda que dicen "Te echamos de menos".
Yo veo esas mierdas y os juro que me dan ganas de vomitar. De vomitar en la cara de los desgraciados que se ponen bien puestos cuando unas horas antes han formado parte del apaleamiento público.
Me da puto asco ver cómo estos hijos de la grandísima puta tienen los santísimos cojones de ponerse una chapa en contra de lo que ellos mismos hacen, y al día siguiente, cuando la pobre víctima ya ha sido enterrada, entrar en una red social a cagarse en los muertos de algún famoso. Sin tener los huevos de reconocer que ellos mismos son ejemplos de acosadores. De matones.
Luego veis Por 13 razones y todos con las lagrimitas de cocodrilo, porque nunca habéis roto un plato.
Lo peor de todo es que, como decía arriba, va a más. La gente normal, muerta de asco de esta clase de mierdas, poco a poco, va cerrando sus cuentas en redes sociales. Lo que antes eran sitios para el esparcimiento, para echarte unas risas con tus colegas y dar con nuevos colegas con los que podías compartir gustos (o incluso descubrir gustos nuevos) se ha ido convirtiendo en un lugar más oscuro, donde el fanatismo campa a sus anchas. Donde la envidia, revestida de causitas de mierda, es el motor para empezar a machacar al prójimo día sí y día también.
Insultos, humillaciones públicas, amenazas de muerte.
Desgraciados que se creen mierda y no llegan ni a pedo, que entran dando lecciones de moral, diciéndole a los demás lo que tienen que comer, lo que tienen que vestir, con quién tienen que acostarse o a quién tienen que votar.
Auténticos payasos que van de intelectuales y luego serían capaces de vender a su madre solo por tener unos cuantos likes, aunque sea a costa de decir algo que ni siquiera piensan de verdad. Pero oye, hay que ponerse una chapita, subirse al carro de lo que está de moda y gritar más fuerte que nadie, porque si no, no te haces oír.
Que sí, que luego nos da miedo ver cómo los grupos de fanáticos de cualquier índole, ya sea política o religiosa, captan a sus adeptos en redes sociales y les lavan el cerebro para cometer atrocidades. Esos ya son bastante malos, sí, pero es que estos putos cabrones no se quedan atrás. Igual no van con una bandera de tal ideología, ni dan gracias a ningún dios por estar en este mundo de asco, pero son los que llegan y, escudándose en su colectivo, en su opinión o simplemente en la mierda de perro con diarrea que tienen por cerebro, ya tienen excusa para entrar en la casa (aka el perfil) de alguien y andar dándole de hostias verbalmente.
Puto hostiles.
Que por qué haces eso.
Que por qué piensas lo otro.
Que por qué no haces como yo.
Que si es que estás ciego.
Que si es que no te quieres dar cuenta de la Única Realidad.
Eres una gorda.
Eres una anoréxica.
Engorda.
Adelgaza, puto elefante.
Ponte cachas, canijo de mierda.
Tienes las tetas pequeñas.
Tienes las tetas grandes y pesas 50 kilos. Seguro que estás operada, y todo el mundo sabe que operarse es de putas. Porque nadie debería operarse. Tienes que estar contento con tu cuerpo (pese a que todo el puto planeta te machaque con él).
Vota A.
Vota B.
No, vota A, que B son unos fascistas que clonarán al Caudillo y tendremos un Reich de mil años.
Qué te calles, gilipollas. Vota a B, que los de A son unos putos comunistas que nos llevarán a todos al Gulag, violarán a nuestras hijas y se quedarán con nuestra Play Station para que los refugiados sirios jueguen con ella.
Viste así, que de la otra manera eres puta y te buscas que te violen.
No, viste del otro modo, que si no eres una mojigata.
No dibujes superhéroes, que propugnan cánones estéticos inmorales.
No dibujes desnudo, que es indecente. Si dibujas arte erótico, directamente irás al infierno, porque es señal de que eres un degenerado que desprecia a las mujeres.
Habla así.
No hables de la otra manera, que ofendes.
Escucha tal música.
No, esa no, que las letras te meten ideas en el cerebro.
Lee.
Pero no leas lo que a mí no me gusta, porque si no eres tal o cual.
"¡AGACHAD LA CABEZA Y OBEDECED, HIJOS DE PUTA!"
Puedo seguir así todo el día, relatando cómo toda esa panda de desgraciados sin vida se están apoderando de nuestro entorno. Obligándonos a pensar como ellos, a agachar la cabeza, pidiéndonos explicaciones y sirviendo de brújula moral desde una Vida Perfecta y Sin Tacha. Todos con la mente super abierta, siempre y cuando no se les plante por delante algo que no case con su credo de mierda ni con su ideología encorsetada. Todos dispuestos a decirnos lo que tenemos que pensar, lo que tenemos que decir.
Todos dispuestos a hacernos pasar por el aro y obligarnos a obedecerles.
Y la cosa es que estamos perdiendo la batalla. La pluralidad está desapareciendo del mundo virtual, y todo se está convirtiendo en una puta letrina donde reina la tiranía de los ignorantes, de los que más gritan y de los que más dueños se creen de su ideología. Todos, estoy seguro, habéis dado con algún especimen de esto. Incluso habéis discutido con alguno, ¿a que sí? ¿Y a que la discusión ha derivado en veros dando explicaciones sobre lo que pensáis o lo que dejáis de pensar a un desconocido que, ya no es que se interese o se preocupe por lo que pensáis, sino que os está machacando?
Pues yo tengo una pregunta importante que hacer al respecto:
¿Por qué cojones tenemos que consentir eso?
¿Por qué cojones tenemos que aguantar las constantes faltas de respeto de una panda de energúmenos que lo único que sabe hacer con su vida de mierda es entrar a joder la de los demás?
Es más, ¿por qué cojones tenemos que ser nosotros los que cedamos terrenos y no ellos? ¿A ninguno de vosotros se os ha ocurrido plantar los pies en el suelo ante estos matones de poca monta y decir "Mira, NO"? ¿De zanjar toda explicación y toda discusión inútil (porque no hay nada más absurdo que intentar razonar con un fanático) y decirle "¿Por qué no te vas ya a tomar por culo de una puta vez?"
A cascarla ya, joder.
La respuesta es quizás porque tenemos esperanza en que estos mandriles acabarán entrando en razón y comportándose como personas civilizadas.
No hay esperanza, chicos.
Antiguamente, estos tontos del culo estaban donde les correspondía, que era en el puto ostracismo. Veíamos a un gilipollas y pasábamos de él porque... joder, porque era gilipollas y nadie nos obligaba a tener que escucharle. Mucho menos a darle explicaciones o sentirnos culpables de no ser tan gilipollas como ellos.
Que ahora sean más o que griten más no supone diferencia alguna. Siguen siendo gilipollas. Y siguen mereciéndose lo que se hacía con ellos, que era ignorarlos y dedicarnos a cosas más productivas (y eso podía ser desde cortarnos las uñas de los pies hasta masturbarnos a mano cambiada, pasando por hacer concursos de pedos o rascarnos la entrepierna mientras veíamos reposiciones de Los Caballeros del Zodíaco).
No les debemos nada, por mucho que griten y nos hagan ver lo contrario.
Ahora solo nos toca creérnoslo y, al próximo que nos venga soltando mierda, despacharlo.
Vuestras entrepiernas os lo agradecerán.








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