De esto que estás en tu casa en plena reunión familiar y sale el tema. Una noticia de la que no te has enterado porque llevas unos días desconectado del mundo: Un ultraderechista airea unos tweets de contenido políticamente incorrecto (sí, chistes sobre humor desagradable, nada nuevo bajo el sol) por parte de James Gunn, director de Guardianes de la Galaxia, y Disney no tiene otra cosa que hacer que coger y despedirlo.
No ha importado que los actores de la película se hayan puesto en contra de la iniciativa de ultracorrección política (término que ya empieza a atufar a nazismo, puro y duro); no ha importado que el propio Jim Starlin, creador de algunos de los personajes originales de la serie (véanse Thanos, Gamora o Adam Warlock) haya puesto el grito en el cielo ante la soberbia estupidez que se ha cometido. Tampoco han importado las 300.000 firmas (que se dice pronto) en apoyo al director.
Nada de eso ha importado, porque al parecer (al menos, a fecha del día en que escribo) Disney ha tomado una decisión y, de modo totalmente unilateral y tan democrática como el general de una república bananera, parece que la piensa mantener, sin importarle que a la gente que verdaderamente le está dando de comer (esto es, el público) se le han revuelto las tripas ante la cobardía que han demostrado.
Lo que en nuestra tierra se entiende como "Bajarse los pantalones".
Verás qué risas cuando estas bajadas se tomen por costumbre.
Pero la cosa no es nueva: esto ya había sucedido en los años 50, durante la tristemente célebre administración McCarthy, el pueblo americano se vio en "el deber patriótico" de denunciar a todo aquel que consideraran comunista. No importaban las pruebas, por supuesto: tras toda la política de miedo al comunismo con la que se había alimentado a la población, lo único que faltaba era decirle al personal que denunciaran. Sí, que denunciaran a su vecino, a los padres de los amigos de sus hijos, a sus compañeros de trabajo o, en definitiva, a cualquiera que consideraran "sospechoso". Esta caza de brujas atacó, por supuesto a la industria del cine y hubo un buen número de cineastas y actores que acabaron viendo arruinadas sus carreras por "indicios" de filiación a una ideología que, al parecer, no tenía cabida en la autoproclamada Tierra de las Libertades.
Una vez más, no hay nada nuevo bajo el sol.
Ahora que el terror a la amenaza islamista parece haberse mitigado (o eso parecen hacernos creer de momento, que lo mismo mañana nos informan de otro espeluznante atentado que para muchos justificaría el internamiento y la ejecución sin juicio de miles de musulmanes "sospechosos"), la idea es que estemos todos muy asustados.
Sucede en todas partes: en nuestro país mismo nos meten miedo a salir por la calle, no vaya a ser que un puñado de energúmenos nos asalte y nos perfore todos los orificios del cuerpo... cosa que al parecer nunca ha podido suceder, más que ahora. Como indiqué en un artículo previo, ahora las noticias sobre asesinatos, maltrato o asesinatos por maltrato aparecen casualmente disueltas en favor de noticias sobre violaciones, y no violaciones de cualquier tipo: violaciones masivas y, generalmente, producidas en ambientes festivos.
Todo como muy coincidente.
Demasiado para ser mera coincidencia.
Y no digo que esas cosas no estén sucediendo. Por desgracia, suceden; pero también digo que es muy fácil ponerlas en primera plana a diario, dándoles todo el bombo que se pueda y más (llegando a estar varios días hablando de un solo caso) y crear una sensación de inseguridad que nos permita justificar según qué actitudes, tales como ir armados por la calle y demás tropelías que atentan contra todo lo que representa nuestro modo de vida.
—Soy el justiciero de la ciudad. He matado ya a ocho violadores.
—¿Ocho violadores?
—Bueno, estoy bastante seguro de que lo eran. Vivimos en unos tiempos muy inseguros y nuestras mujeres ya no pueden salir a la calle sin que las violen en panda...
—¿Pero qué dices? La tasa de crimen ha descendido en los últimos diez años.
—Ya, pero en el telediario hablan mucho sobre eso, así que... ¡ESPERA! ¡OTRO SOSPECHOSO! ¡MUERE, HIJO DE PUTA! BLAM, BLAM, BLAM.
—¿PERO QUÉ HACES, DESGRACIAO? ¡QUE TE HAS CARGAO A MI TÍO!
—Pues era culpa suya. No debía salir por la calle con esa pinta de violador que tenía.
Pero volvamos a eso de la caza de brujas, que es sobre lo que va este post.
Rian Johnson, director del último episodio de Star Wars hasta la fecha, ya se ha visto en la imperiosa necesidad de ir borrando según qué tweets del mismo corte. Y posiblemente (por no decir seguro) a mucha gente esto le parecerá un cambio positivo en la sociedad, porque ya se va avanzando hacia una perspectiva de concienciación generalizada hacia según qué temas sensibles y...
Y una mierda.
Vamos, no me jodas. Ahora resulta que la política del miedo a que te despidan o (vete a saber tú si no acaba pasando) que te detengan por manifestar una mentalidad contraria a lo que viene siendo un régimen totalitario con todas las palabras va a ampliar tu visión del mundo y te vas a volver mejor persona (no olvidemos que soltar chistes es de monstruo y digno de escarnio popular, pero todavía nos cuesta exigir con la misma vehemencia, por ejemplo, que retiren a obispos que defienden los abusos a menores, o que sienten en el banquillo a los sacerdotes que los perpetran). No. Johnson no ha retirado esos chistes porque ahora, de buenas a primeras, le parezcan de mal gusto y prefiera que no estén en un sitio público bajo su firma: lo ha hecho porque no quiere que lo despidan o lo pongan en la picota.
Todo el mundo calladito. A ver qué va a ser eso de hablar en contra de lo políticamente correcto, hostia ya.
La caza de brujas lleva ya tiempo, aunque no hayamos caído: Disney, por ejemplo, lleva ya una buena temporada comiéndose ataques de todo tipo, no solo de grupos ultraderechistas (o, al menos, que sepamos a ciencia cierta), sino de usuarios de a pie que han considerado que su inexistente derecho a ofenderse está por encima del derecho de los demás a crear o a expresarse. Como muestra, las amenazas de muerte a Joss Whedon tras haber dirigido La Era de Ultrón , de nuevo a Rian Johsnon tras haber dirigido Los Últimos Jedi o a Nick Spencer, tras haber escrito un guión para la serie de comic de Capitán América no poco sorprendente. Y esto solo en los últimos años.
Hablamos de algo muy serio, que es básicamente echar por el barro la dignidad de alguien, jugar con el pan de su familia o entrar directamente en algo (aun más, si cabe) delictivo como es entrar en un delito de amenazas.
Todo eso parece dar igual a esta caterva de personajillos, que parecen sentirse poderosos gracias al anonimato de la red. Y lo peor es que tienen buena parte de razón, porque las empresas que gestionan las redes sociales no parecen hacer gran cosa al respecto y su política aparenta ponerse más de parte de los agresores que de las víctimas, por mucho que hablen de seguridad. A estas alturas de la vida, parece ser que no existe nada más comprometedor para la seguridad del mundo occidental que un pecho femenino al descubierto. Entonces sí que se actúa.
Comparemos esto de lo que estamos hablando con un caso de bullying o de maltrato y nos damos cuenta de que la analogía es muy similar: gente que acosa, que humilla, que amenaza o que ejerce un desproporcionado uso de la violencia verbal. Una víctima que, sin comerlo ni beberlo, se ve en el punto de mira de toda esa gente. Un sistema que mira para otro lado mientras la violencia se ejerce de forma sistemática y, por último, la solución más vergonzosa: hacer que la víctima sea la que deba desaparecer al tiempo que se deja a los agresores campar alegremente. Si acaso con alguna amonestación, pero sin una pena que pueda considerarse seria, pese a la gravedad de estos hechos.
Amenazar, caca.
Ante eso podemos decir que, oye, no han matado a nadie.
Claro.
Lo mismo que un matón de colegio no mata por lo general a nadie; "simplemente" lo machaca día sí y día también para que la víctima se mate ella solita.
Pues esto es básicamente lo mismo, con un componente ideológico añadido que, si hacemos lo posible por intentar ver todo el cuadro o tener una cierta perspectiva de futuro, nos muestra un porvenir más negro que los testículos de King Kong. Y es que se ha puesto de moda ofenderse por auténticas gilipolleces. ¿Para qué nos vamos a ofender cuando nos recortan derechos sociales o cuando cada día que pasa nuestras perspectivas de tener un futuro digno son cada vez más escasas? ¿Para qué nos vamos a ofender por ver cómo cada día el valor de la vida humana tiene menos sentido, en tanto forme parte de un grupo o en tanto aporte beneficio económico a alguien?
No.
Aquí nos ofendemos porque alguien ha sacado un libro que no nos gusta o porque ha dicho algo que no hemos entendido del todo bien, pero no termina de sonarnos como querríamos. Vamos de tolerantes por la vida y decimos tener la mente abierta, pero cada día que pasa esta generación de tontos del culo digitales está demostrando que es incapaz de soportar que, más allá de sus pantallas, haya gente que no vive del mismo modo que ellos. Que haya artistas que escriban o dibujen cosas que no casan con su encorsetado estilo de vida. Y, como si se tratase de puritanos del S.XVII, han convertido su existencia en una cruzada para erradicar todo aquello que no les gusta y así garantizarse un mundo feliz, acorde con sus mentalidades de burbujita de cristal.
"En mi mundo no combato el mal. Sencillamente, el mal no existe".
Gentuza así, que es capaz de ponerse hoy una chapita que defienda cualquier estupidez, como la del "derecho a decidir de las mujeres" es capaz de decir mañana que les parece putamente inmoral que una señora se saque una teta en un sitio público y amamante a su hijo. O que aparezcan homosexuales en una película. Estos que se llaman tolerantes son los primeros en exigir que se retiren libros porque tienen un lenguaje que ellos no usan, o porque aparecen villanos que pegan a las mujeres.
Todo eso, al parecer, no tiene cabida en este mundo, ni siendo ficción y lo más sensato, según ellos, es hacer presión social para que se retiren todas esas obras de arte.
El equivalente moderno a hacer quemas públicas de libros, por muy bien puestos que quieran ponerse.
Estos seres, llamados a sí mismos "grupos de presión" o como quieran hacerse llamar para evitar el término "putos neonazis de mierda", son de los que se suben a su propio Olimpo de endogamia ideológica para decirle a los pobres mortales que no tienen ni puta idea de la vida lo que tienen o no que pensar. Lo que tienen o no que leer. Lo que tienen o no que creer. Vestir. Comer. Hasta son capaces de decirte con quién o no deberías acostarte, pero todo disfrazado de unos "valores" o una fingida "tolerancia" que siempre viene seguida de un "pero" que se mea en todo el mojón que te han querido hacer tragar.
"Yo no digo que ese artista merezca que lo quememos vivo... pero si ha escrito esta mierda (la cual ni he leído, pero que me da a mí que es digna de censura, básicamente porque me sale a mí del culo y tal), que no se queje cuando le dejemos las pelotas como unas putas hamburguesas a la parrilla"
Y, como he mencionado arriba, está el miedo: llevamos años diciendo que no veas qué susto eso de que llegue un fulano un día y se líe a cuchillladas en un centro comercial. Hemos puesto bolardos en las calles para que a ningún hijo de puta le dé por montar un Carmaggedon en nuestras calles más concurridas. Vemos esa amenaza como se veían Eurasia y Oceanía en 1984... Como algo lejano a lo que debemos temer sí o sí. Y sí, es para sentir al menos cierta inquietud... pero es que no nos da por pensar que nosotros ya tenemos a nuestros propios fanáticos en occidente. Fanáticos a los que, por algún motivo, nos vemos obligados a respetar y a escuchar, pese a que no son muy distintos de los animales que se meten a destrozar un museo a martillazos. Unos se justifican en hacerlo en nombre de una deidad; otros lo hacen en nombre de una ideología que consideran "la correcta", pero para el caso, manifiestan el mismo odio, la misma ignorancia. Todos, unos y otros, dirigidos como un precioso rebaño que considera que su cruzada es la correcta y que lo justo es barrer del mapa a todo aquel que no case con sus sacrosantos ideales o con lo que dictan sus sacrosantos cojones, que para el caso viene siendo lo mismo.
He aquí de donde provienen los ideales y los valores que más de uno y más de dos intentan imponer sobre el prójimo.
La cuestión es que aquí tenemos, todos nosotros, un papel bastante relevante en esto aunque no nos demos cuenta. Todos nosotros somos importantes si queremos combatir esta oleada de fanatismo y puritanismo que nos están metiendo en la boca con cucharones y que, poco a poco, parece que estamos aceptando con la cabeza bien gacha. Pienso, quiero pensar, que esta panda de animales no son la mayoría... pero no pequemos de ingenuos: no son mayoría de momento, pero crecen. Nosotros somos los que tenemos la responsabilidad de pasarnos sus discursos de odio por el culo y apoyar a aquellos que se dedican a crear, independientemente de que lo que creen nos guste o no. A mí, por ejemplo, no me gustó la primera parte de Deadpool, pero jamás me oiréis decir que quiera que prohiban su película o que detengan a Rob Liefeld por dibujar como un chimpancé con túnel carpiano. Y oye, el dibujante me puede parecer un caradura y un sinvergüenza que ha llegado a plagiar a gente como Frank Miller. Pues sí, me parece eso y más. Pero sigo sin ver de recibo irse para nadie y decirle lo que tiene que escribir, dibujar o pensar, so pena de que unos coleguitas y yo nos lo carguemos. Las cosas no son así.
Arriba, Ronin de Frank Miller (1983)
Abajo, X-Force de Rob Liefeld (1991).
Hasta el diseño de página plagia, el muy cabrón.
Lo llamo sinvergüenza y me quedo corto.
Pero no soy quien para escribirle y decirle que se muera.
En nuestras manos está la responsabilidad de que, si las redes sociales miran para otro lado a la hora de coger y echar a aquellos que las convierten en un estercolero y se creen que pueden andar intimidando y propagando mierda sobre los demás, coger y expulsarlos nosotros mismos de nuestros círculos y que se queden en los ghettos de los que nunca debieron salir. Aislados de cualquier contexto normal, sin crédito ni notoriedad para ellos.
Invisibilizarlos, esa es la palabra. Eso es lo que a ellos les da más miedo y por lo que luchan, en realidad. Vamos a dejarnos de tonterías de que enarbolan una causa o de que creen en tal o cual cosa: hasta hace unos 10 años, nadie vapuleaba a Marvel porque sus creaciones estaban relegadas prácticamente al público que leía los cómics y poco más; ahora, sin embargo, ha surgido una oleada de detractores que los acusan de todo lo acusable sin haber leído nada de la franquicia. Se plantan delante de una peli, sacan su cuadernillo y empiezan a apuntar cualquier frase para sacarla de contexto y argumentar que son tal o cual. ¿Por qué? Sencillo: gracias a la proyección en Hollywood y a la absorción por parte de Disney, Marvel ha trascendido el público lector para saltar a un público más general. Esto capta la atención de estos seres... y el resto es historia: aparece de pronto un puñado de energúmenos que, en su ansia de notoriedad en la red, buscan atacar a aquello que se dirija a las masas o que, al menos, empiece a ganar popularidad. Hablo de Marvel por poner un ejemplo, pero sucede con casi cualquier cosa que llegue a ser considerada mainstream. ¿O no recordamos que, hasta que sacaron las series televisivas, Juego de Tronos sufrió un fenómeno similar? Gente que no había leído los libros en su puta vida se los zamparon de golpe tras la serie y, erigiéndose en los fans más grandes del mundo mundial, se permitían el lujo de irse para su autor y exigirle (con dos cojones) que terminara la puta serie ya, que se lo debía a sus lectores.
Este señor es Steve Vai. Puede que muchos no lo conozcáis, pero han pasado varios años entre su disco más reciente y el anterior.
Si su fama estuviera al nivel de la de George R.R. Martin, habría habido toda una legión de fans exigiéndole un nuevo disco. Llamándole sinvergüenza y caradura por tardar tanto en componer y grabar, y aludiendo que eso de "sacar un álbum" es algo que haces en cuatro ratos, más si te dedicas a ello de forma profesional y a tiempo completo.
¿Os parece absurdo?
Pues igual de absurdo es todo lo demás.
Y dices tú: "¿Perdona?"
Un autor JAMÁS le debe eso a nadie, por mucho que se crea el lector o espectador en su derecho. Te puede gustar más o menos lo que hace, o te puede parecer que se toma mucho tiempo de un libro a otro o de una película a otra, y hasta ahí es donde llega tu opinión. Lo que sobra es decirle a nadie lo que puede o no puede hacer, o cuándo o a qué ritmo debe crear algo única y exclusivamente porque tú lo consumes. El autor vende una obra y tú la compras si quieres. Punto. No se firma un contrato de ningún tipo en que el autor se comprometa a terminarla en un plazo, o terminarla a secas. No te debe terminarla como a ti te gusta, por muy estafado que te sientas si el final te decepciona.
Si no te gusta, pues te jodes. Eso es lo que hay. Pero tú no eres quien, por mucha chapita de fan que te pongas, por mucho dinero que pagues para consumir sus productos, para exigir nada. Ya puestos, ni para boicotear, prohibir su venta, pedir que retiren según qué cosas o lo que sea.
La cuestión es que confundimos este fanatismo campante y todas estas conductas extremistas con derechos, y ese para mí es uno de los verdaderos problemas. La gente quiere algo, y es respetable que lo quiera, pero vamos a ser medianamente sensatos: Yo quiero un pisazo con fibra óptica y un plasmón que te cagas, pero no tengo derecho alguno a exigirlo por mi cara bonita, y da igual la consigna que tenga plantificada en mi camiseta. Pues del mismo modo que si quiero que me saquen una peli protagonizada por Rondador Noctuno en que le coma el potorro a Aria Giovanni con todo lujo de detalles mientras suena un temazo de Judas Priest de fondo, no tengo el más mínimo derecho a exigirlo. Del mismo modo que si me ponen a Rondador Nocturno en X-Men 2 como una especie de santurrón capillita, no puedo ir diciendo que exijo la retirada de la peli y prohibir que nadie en este planeta la vea.
Es que ni con X-Men 3, tíos, y mira que era mala la puta peli.
Sgrunt.
Grompf
Buargh.
A lo que voy es que si alguien en nuestras conversaciones o en nuestros muros empieza a manifestar ese tipo de ideologías, acusándonos de lo que no somos, intentando intimidarnos para que aceptemos el Pensamiento Reinante o incluso llegando a faltar al respeto, bien a nosotros, bien a gente que es respetuosa (independientemente de que no sean de nuestra ideología) nos planteemos, de una vez por todas, que esa NO es la actitud respetable. Y que, como tal, sobra.
Hay una especie de ideología buenrollista en la que partimos del hecho de que todas y cada una de las ideologías que se puedan sostener son dignas de respeto. Ese es un error: una ideología cuya razón de ser es aplastar a las demás (más encima si está fundamentada desde la ignorancia) no puede ser respetable. Respetarla implica aceptar tácitamente que pueden imponerse sobre las otras y legitimar que lo hagan. Y este tipo de ideologías, si lo pensamos en frío, son las que están empezando a imponerse en los últimos años... porque parece que nos da miedo decir "NO".
"NO", no vamos a permitir ataques.
"NO", no vamos a consentir falta de respeto.
"NO", no vamos a ceder ante el chantaje mafioso ni el miedo.
¿Acaso no decíamos no hace mucho "Yo no tengo miedo"? ¿En qué clase de traidores a ese lema tan fashion nos hemos convertido cada vez que agachamos la cabeza ante la corrección política y decimos "Ay, lo siento" cuando vemos que algún llorón se ofende por algo que sabemos que NO es ofensivo realmente?
Si seguimos así, a lo que vamos a dar lugar es que todos esos llorones nos digan lo que podemos o no podemos decir. Que, en lugar de pedir perdón, que es lo que veo que mucha gente está haciendo, tengamos que pedir permiso a gente que NO es ninguna autoridad EN NADA. Que no tiene más poder sobre nosotros que el que nosotros le hemos atribuido.
Como no espabilemos, cualquier cosa que digamos o hagamos tendrá que pasar oficialmente por el filtro de según quién. Hablaremos solo cuando nos digan que hablemos. Comeremos lo que nos digan que comamos. Vestiremos como nos digan que vistamos.
Y todo, todo esto, porque hemos considerado que las botas con las que nos aplastan son dignas de respeto.
Este es el futuro que nos espera si no le echamos cojones al asunto: una bota estampándose en nuestras jetas por toda la puta eternidad.
Estos que se la cogen con un papelito cada vez que los demás hablan son lobos con piel de cordero. Van de grupos implicados, afectados o muy sensibles con tal o cual tema, pero no nos engañemos: son tiranos. Son una panda de fanáticos que abrazan un totalitarismo creciente y que llevan tiempo organizando cazas de brujas, para perseguir y acallar cualquier voz discordante. Cualquier pensamiento no autorizado.
La puta Policía del Pensamiento ha llegado.
Nadie esperaba a la Inquisición Española.
Lo de James Gunn se podría haber evitado si nadie hubiera dado crédito a los personajillos que han iniciado el ataque. Lo mismo que con muchos otros casos.
La cuestión es: ¿qué pensáis hacer vosotros? ¿Vais a agachar la cabeza y formar parte del rebaño o trazar la línea?











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