Una de las cosas que siempre me han enseñado en mi casa ha sido eso de que hay ciertos límites que jamás se deben sobrepasar. Uno de ellos consiste en no insultar a otros sin provocación previa, especialmente cuando esos otros no pueden defenderse. Más grave aún es el caso si ese del que hablamos no puede defenderse porque está muerto. Este principio es sencillo: si vas a poner a caldo a alguien, asegúrate de que tenga una mínima oportunidad de defenderse y de escuchar lo que tú tengas que decir sobre él. Si no, más te vale que te calles la (puta) boca, porque no quedas ni como un transgresor ni como un defensor de nada, ni leches en vinagre: eres un cobarde de la más baja estofa.
De un tiempo a esta parte he comentado lo que ha venido siendo una crisis de valores que parece asolarnos como sociedad, con el mismo ímpetu que una avalancha. Sumemos eso al anonimato que la gente parece encontrar en las redes sociales y en esa constante justificación que se tiene (de una forma incorrecta y basada en la más pura de las ignorancias acerca de nuestras leyes) amparándose en el humor negro, la transgresión y la libertad de expresión. Para flipar, si tenemos en cuenta que aquí ahora todo el mundo parece ser juez, jurado y verdugo a la hora de insultar, escarniar o incluso amenazar de muerte a quien sea en una red social. Eso sí, sin dar un nombre verdadero, sin dar la cara. Tirando la piedra a base de insultos y escondiendo la mano, generalmente borrando sus cuentas o, si les trincan, diciendo "Es que yo puedo decir lo que quiera".
Ha venido pasando de una forma muy reiterada últimamente en cierta red social en la que no tengo cuenta porque, a cada día que pasa, me da más la impresión de ser un caldo de cultivo para auténticos animales. Cuando digo animales, me refiero, no tanto en el sentido biológico de la palabra (una criatura que lucha por sobrevivir), sino en el sentido social: energúmenos que no parecen haber tener ni la menor idea de lo que es la educación, la empatía o el saber estar. Gente que se cree terriblemente graciosa y que, tras estas bromas o tras esta "sinceridad" (lo entrecomillo porque la sinceridad no consiste en obviar lo bueno y resaltar lo malo, por mucho que quieran justificarse en ello) lo único que buscan es tener un motivo para odiar.
Estos mismos, probablemente, serán los primeros en ponerse un lazo contra el bullying cada vez que un chaval se suicida, pero maticemos esto: se lo pondrán en una foto de perfil, de cara a la galería, donde se les pueda aplaudir. En su vida cotidiana, son los que acosan a otros, bien en redes sociales, bien en sus vidas. Puede incluso que sean víctimas de acoso y que, incapaz de superarlo, decidan ponerse la piel del lobo y atacar a otros inocentes para conseguir el aplauso fácil que no han conseguido en su día a día.
Algunos piensan que el mundo les debe algo solo por el hecho de haber nacido.
Y, como tal, se creen con el derecho a comportarse como les dé la gana.
Sin consecuencias, sin responsabilidades.
Porque ellos son guais.
Francamente, me da igual.
Hace algo más de una semana, una adolescente salió en la televisión con un sueño: quería ser astronauta e ir a Marte. El sueño de una adolescente que no quiere la pasta rápida, ni busca ser famosa de una forma fácil ni andar viviendo del cuento. Hablamos de alguien que, lo consiga o no, tiene un sueño que implica estudiar muchísimo, trabajar muy duro y hacer muchos sacrificios.
Esa chica fue vapuleada de la forma más cruel en las redes sociales, y no por ese sueño, no: estos animales la lincharon por algo que, según ellos, era un defecto físico. Supongo que estos seres habrán sido paridos por los Mismísimos Dioses como entidades físicamente perfectas, lo que los pone en la perfecta disposición para juzgar a otros. Seres que están por encima del Bien y del Mal y que pueden permitirse el lujazo de no tener que mirarse al espejo para no enamorarse de sí mismos y andan por ahí, sintiéndose con el derecho de poder insultar a una niña. Insisto, a una niña. Muy valientes, muy machotes. Sus madres estarán orgullosas de haber llevado en el vientre a gente así durante nueve meses y traerlos a este mundo para que nos iluminen a todos los demás con sus ingeniosos comentarios.
O cuando murió Emilio Botín, por poner solo otro ejemplo. Empezaron a surgir chistes de muy dudoso gusto. Todos los que lo hicieron parecieron creerse el puto V por eso de reírse de la muerte de un banquero, porque... claro, los banqueros son todos el mal y si uno se ríe de la muerte de una mala persona es un tío genial.
Bellísimas personas, todos, dónde va a parar.
Luego fue Bimba Bosé.
Aclaro que nunca he seguido mucho a esta mujer. Ni tampoco a su tío, más allá de lo que escuchaba mi madre de su música cuando era pequeño y poco más. Lo digo por si alguien se piensa que esta familia subvenciona este blog o que me tocan de cerca o algo. La verdad es que no. Ni siquiera los conozco.
Pero que los conozca o no importa una soberana mierda para que la actitud de una panda de degenerados (no tienen otro nombre, y si alguien se da por aludido, que se joda) me revuelva las tripas. Volvemos aquí a la excusa del humor negro que muchos de estos payasos (entiéndase, un payaso es un imbécil que se cree gracioso, pero solo él lo piensa) esgrimen como mantra. Bajo esa excusa barata se han soltado verdaderas burradas, que nadie con un mínimo de sangre en las venas soltaría, ya no de Bimba Bosé; no las soltaría DE NADIE, porque son de un desagradable que repugna.
Sorprende que los dioses o la naturaleza misma hayan malgastado carne en crear gente así, capaz de soltar semejante chorro de mierda por la boca (o por los dedos, considerando que usan un teclado). Porque debes ser muy mierda como ser humano para esconderte detrás de una pantalla e irte a meterte con una mujer (u hombre, o niño, me da igual) que le ha echado más cojones que tú para enfrentarse a una enfermedad y, por la razón que sea, ha perdido la batalla. Hay que ser de una ralea inferior como ser (no me atrevo a usar la palabra humano aquí, porque sería llegar al insulto a nuestra especie) para reírte de algo tan brutal como es el cáncer y cachondearte, siempre enmascarado, siempre escondido, de las personas que están despidiendo a esa persona que acaba de fallecer. Me pregunto cómo sería la situación si, en lugar de esconderse tras una pantalla, alguno de estos iluminados lo hace en el mismo funeral y le suelta esos chistes tan ingeniosos a la familia de la persona que acaba de ser enterrada. Me pregunto si estos bufones de mierda tendrían esos arrestos para abrir la boca delante de un entorno que no les va a aplaudir como lo hacen tras una pantalla. Me pregunto si serían tan valientes para dar la cara y estar preparados para que se la revienten allí mismo.
Otro que ha caído estos días ha sido el hijo de Donald Trump, del que se han reído por su forma de caminar.
Vale que muchos no crean que este presidente sea el más indicado para gobernar Estados Unidos.
Vale que no tenga unas ideas que gusten.
Pero su hijo es un niño de diez años, y no es su padre. No se ha presentado a unas elecciones, ni ha sido elegido presidente.
El insulto, pues, ha sido gratuito. Y, tratándose de un niño, de lo más cobarde.
Pero volvamos a la empatía, porque algunos parece que no saben de qué va, o se piensan que el mundo está para reírles la gracia, para servir a sus caprichitos de niños pequeños o vete a saber qué. Me pregunto si ellos mismos se tomarían con tanto sentido del humor la muerte de sus propios familiares, si ellos mismos estuvieran despidiéndolos y alguien les hiciese lo mismo que ellos mismos han hecho. Me encantaría saber si entonces hablarían con tanta ligereza del derecho a la libertad de expresión y tildarían de fascista a todo aquel que les haya dicho en el pasado que se podrían morder un poquito la lengua con las imbecilidades que sueltan por la boca. O si berrearían tanto contra un sistema que intenta poner medidas legales para que este tipo de basura no se repita. Porque cualquiera con un mínimo de sentido común sabe que si uno gasta una broma, debe estar preparado para recibirla. Es muy cómodo y muy cagueta al mismo tiempo eso de ser siempre el que se da, pero esconderse o salir corriendo como ratas para no ser el que recibe.
Muy maduro. Muy de gente responsable, coherente y sensata.
Pasan los días y la cosa no parece mejorar. La impunidad con la que parecen sentirse tras cada ataque hace que estos gilipollas aislados parezcan aplaudirse los unos a los otros, como una panda de putos simios que solo buscan hacer ruido. Solo buscan odiar. Solo buscan una víctima.
Aquí es cuando vemos de qué está hecho cada uno en el momento en que se puede poner una máscara o un nick o como se le quiera llamar: se desata la homofobia, como se ha hecho con Miguel Bosé; vuelve el bullying más racio, a base de meterse con el físico de otros, como esta chica que quería ir a Marte; se multiplican los ataques verbales de ideología machista, llamando "guarras" a chicas cuyo único pecado es hacerse una foto con la ropa que les da la gana (o sin ropa, como si ahora a chavales de 20 años les escandalizase ver una teta. No pasaba ni en la época de mis padres, joder); chicas de apenas veinte años que van por la vida de intelectuales tildando de machistas a todo ser viviente que no les dé la razón; gente que ve política en todas partes y se dedica a atacar a aquellos que no son de su misma ideología.
Amenazas, insultos, burlas crueles, todo vale. Estos personajillos parecen creerse en la cúspide de la sociedad y consideran que el fin (defender lo que sea, o atacar lo que sea) justifica los medios (vejar a todo bicho viviente que se les ponga por delante). Todos se erigen en jueces absolutos, todos levantan su pulgar y, desde su cómodo sofá, delante de su ordenador, dictan sentencia. Eligen quién va a ser la próxima víctima y no paran hasta haberla escarniado.
Nunca piensan que cualquier día les puede tocar a ellos, tal y como está la cosa. A ellos, a sus familiares o a gente que les importe.
"¡Hostia, me la han devuelto!"
¿Qué esperabas? ¿Impunidad toda la vida?
Tiene cojones que se hable del extremismo fuera de nuestras fronteras como si fuera una amenaza terrible que se gesta en el horizonte y no nos damos cuenta de que ese extremismo ya está aquí, en occidente. No con la misma ideología en concreto, pero sí con los mismos argumentos, la misma mala hostia y las mismas obsesiones. No usarán armas, pero el objetivo viene a ser tres cuartos de lo mismo: aplastar a quien consideran "indigno", y no parar de lapidarlo (a base de "opiniones", como las llaman) hasta que, bien esa persona tome medidas legales, bien se busquen a otro, o bien (en el peor de los casos, el más extremo y por suerte el menos frecuente) la víctima cometa una tontería porque no pueda soportar el bombardeo de imbecilidades al que se ve sometida.
Si viviéramos en una sociedad con unos valores medianamente decentes, si eso sucediera pesaría sobre las conciencias de aquellos que se han sentido tan crecidos a la hora de vapulear en masa a una sola persona que no les ha hecho absolutamente nada (lo que se conoce de forma vulgar como linchamiento). La cuestión es que la sociedad en que vivimos está jodidamente enferma. En el momento en que cosas como esa suceden, la falta de empatía que impera este mundo hace que eso de tener conciencia suene a marcianada. Todo se convertirá en postureo barato, se colgarán algunas fotos en homenaje a la víctima y arreando.
Pero nadie se sentirá responsable de haberse comportado como un hijo de la grandísima puta.
"¿Arrepen-qué?"
Que una red social, asimismo, parezca tener una política bastante permisiva hacia esto tampoco es que ayude. No deja de alucinarme la galopante hipocresía de la mayor parte de plataformas que conozco, donde impera más la censura hacia los desnudos que el controlar que la gente no haga apología de la violencia. Se pervierte de una forma brutal el derecho a la libertad de expresión y empieza el asunto a convertirse en una especie de piscina de barro donde todos saltan a ver quién suelta la animalada más grande. Quién comete el insulto más vulgar. Quién alcanza el mayor nivel de rastrería. Quién se retrata a sí mismo como un ser despreciable de la forma más flagrante. Si ya de por sí es grave que este mal campe a sus anchas, más grave aún es que no parezca haber mucha prisa por cortarlo de raíz.
El sistema judicial suele ser bastante tajante a la hora de defender el honor de las personas, especialmente si este es vulnerado en un medio público. Se hace lo que se puede, pero la cuestión es que quizás si el personal hubiese sido criado con unos mínimos valores, con la educación necesaria para no comportarse como gente a la que te daría asco presentarle a tus padres, no sería necesario ni que el sistema actuase. Más que nada, porque a nadie se le ocurriría soltar las cosas que se están viendo últimamente y que hacen que cualquiera que sea más o menos honrado se plantee seriamente eso de no coger e irse al monte a vivir.
"Al carajo ya".
Hace ya algún tiempo comenté que estas plataformas de mentecatos parecían estar adueñándose de las redes sociales como una auténtica plaga. Una lepra que estaba provocando que mucha gente cogiese, cerrase sus cuentas y se dedicase a algo más productivo, como ver crecer los geranios en el balcón de casa.
No creo que esa sea precisamente la solución. Al hacerlo se les está dando poder. Se crea una Idiocracia de neanderthales que campan a sus anchas y que están haciendo del mundo virtual su patio de recreo particular. Todos hemos visto el caso de algún conocido nuestro, o conocido de conocido, que cada vez que sube algo resulta ser de dudoso gusto: chistes que, más que ser graciosos, nos hacen decir "Joder, macho, te has pasado", comentarios humillantes disfrazados de broma, o que se enzarzan día sí y día también con otros amigos nuestros en discusiones absurdas que lo único que causan es una terrible vergüenza ajena.
Y muchos de nosotros los hemos conservado en nuestras listas de amigos.
No hemos intervenido en esas peleas monumentales en nuestros muros, o hemos consentido sus insultos. Hemos callado al ver chistes desagradables que se ríen de gente ya muerta o de discapacitados. Hemos visto cómo han subido imágenes en las que hacen apología de la violencia, escudándose en una revolución que se han sacado del sobaco. Los hemos visto pedir la muerte de gente que no comulga con sus ideas o de gente que no conocen en absoluto.
Y nos hemos callado.
"No he visto nadaaaa..."
Quizás ese es el problema: nos echamos las manos a la cabeza cuando alguno de estos espantajos suelta una barbaridad que clama al cielo, pero no solemos pensar que han llegado a ese punto porque nadie los ha puesto en su sitio antes. Nadie los ha ignorado, ni los ha borrado de sus listas de amigos. Nadie parece haberlos bloqueado cuando se han pasado y, mucho menos, nadie ha inundado los servidores de la red social de turno denunciando el perfil. A nadie se le ha ocurrido hacer una captura de la pantalla de estas barbaridades light y ponerla en manos de la Unidad de Delitos Informáticos para que, por lo menos, investiguen a estos personajes.
Todos hemos conocido a fantoches de este tipo porque o han sido amigos nuestros o amigos de amigos. Bajo esa hipertolerancia que se ha desarrollado en los últimos años a según qué gente, casi parece que está feo mandar a hacer gárgaras a alguien que se ríe del maltrato a la mujer, a alguien que dice que la solución del maltrato consiste en matar a todos los hombres (como otra "intelectual" en un vídeo hace unas cuantas semanas), a gente que que ningunea, escarnia, insulta o amenaza a otros usuarios. Parece que nos da miedo quedar como intolerantes, pero en cambio toleramos la intolerancia de estos seres. Toleramos sus discursos llenos de odio, sus sarcasmos insultantes, su violencia verbal, sus argumentos de fanáticos. Su mierda ideológica, en resumidas cuentas. Porque, vamos a ser claros: si tienes una ideología y eres incapaz de asumir que otros tienen una diferente, odias a esos otros solo por ello y encima te crees con el derecho a vapulearlos verbalmente, no importa lo bonita que sea tu ideología: la acabas de llenar de mierda. Y no, no mereces el respeto que pides, porque tú no lo tienes con nadie. Esto va en ambas direcciones, te guste o no.
"¡Esos desgraciaos no nos dan la razón! ¡Adelante! ¡INSULTAD! ¡AMENAZAD! ¡APLASTAD! ¡Demostrad que defendéis lo vuestro mejor que nadie! ¡REÍOS DE AQUELLOS QUE NO OS CAEN BIEN! ¡HUMILLADLOS PÚBLICAMENTE! ¡Tenéis pleno derecho a ello! ¡Pero solo vosotros, ellos no! ¡ELLOS NO PUEDEN NI TOSEROS!"
Quizás es por eso por lo que nosotros, en nuestro intento de ser civilizados, hemos cedido terreno a aquellos que no lo son. No queriendo entrar en discusiones (o, mejor dicho, no queriendo que esos nos la monten), nos hemos callado y hemos mirado para otro lado cuando se ha montado. No hemos actuado de la forma más tajante, que es coger y expulsar a esa gente de nuestras vidas, porque avasallar de esa manera ya es un buen motivo para hacerlo. Quizás, si volviéramos a una época no tan remota, donde al que era un payaso integral se le condenaba al ostracismo de los payasos y se le tomaba tan en serio como se le debe tomar a un payaso, esta gente no montaría las que está montando ahora. No se sentiría tan envalentonada, ni tan impune. Quiero pensar que la mierda no abunda tanto y que la mayoría de la gente todavía se asquea al leer según qué clase de cosas (ojo, QUIERO pensarlo). Si esto es así, es tan sencillo como que la mayoría de la gente haga el vacío a la mierda, de manera que la mierda solo se relacione con la mierda y se muera de asco. Quizás así las cosas empezarían a cambiar, porque... si tenemos que esperar a que las redes cambien sus políticas referentes a los términos de usuarios, ya podemos esperar sentados.
No lo sé, solo es una especulación mía. Me gustaría pensar que ese derecho a comportarse como hijos de la grandísima puta que algunos se creen que tienen es un derecho que ha sido otorgado por aquellos que, simplemente, no se arremangan cuando las cosas se ponen feas. Partiendo de esa base, es tan sencillo como que recordemos que somos nosotros los que les hemos dado ese derecho con nuestra pasividad, y que se lo podemos arrebatar en el momento en que nos hartemos.
La cuestión es: ¿estamos ya lo bastante hartos o todavía tenemos que esperar al próximo desfile de salvajadas cuando muera alguien?









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