domingo, 13 de marzo de 2016

Mondo Chorra- La ley del Embudo, o No soy responsable



No.
Lo siento, pero no.
Sé que os gustaría que fuese verdad, pero debo decíroslo: no soy responsable de las decisiones que toméis. No puedo andar detrás de vosotros, esperando que lo que se os pase por la cabeza no tenga consecuencias negativas para vosotros o, ya puestos, para nadie.
No soy responsable de vuestros desplantes, de vuestras mentiras o de vuestras palabras.
No soy responsable de vuestros actos, especialmente cuando lo que os mueve es el egoísmo.
No es culpa mía si los caminos que tomáis os llevan a unas consecuencias que no os gustan.
Vuestros errores no son los míos.

Supongo que es fácil buscar un mártir al que lapidar.
Es fácil pintar una diana en el pecho sobre aquellos que no aceptamos comulgar con ruedas de molino. Sobre aquellos que no estamos dispuestos a escuchar tonterías ni payasadas, ni reírle las gracias a aquellos que se consideran con carta blanca para hacer lo que les venga en gana.
Es tan sencillo cargar los errores de uno sobre otro, y tan difícil asumir la propia responsabilidad... Pero no. No voy a ser vuestro chivo expiatorio. No pienso cargar con la cruz de una jugada que os ha salido mal, porque sé de sobra que, de haber salido bien, ni siquiera repararíais en mí.
No, no pienso aceptar eso.


Soy una persona a la que le gusta ayudar, pero no pienso morir por los pecados de nadie.
Eso que quede clarito.


El asunto va sobre caminos.
Cada decisión que se toma es un camino; a veces, estas son duras y el camino elegido excluye a los que no. En otras, no es tan drástico y siempre se puede optar por vías alternativas, menos dramáticas, menos agresivas. Sin embargo, cada decisión que se toma es personal. A estas alturas de la vida, ya deberíais saber que cada una de ellas es vuestra y solo vuestra. Yo no puedo, ni debo, elegir por vosotros. Por tanto, no puedo, ni debo, sentirme responsable si esos caminos que elegís os llevan a mal puerto, o acarrean consecuencias que no esperabais.

No.
No soy omnisciente, no soy dios, ni maestro ni vuestra conciencia.
Como mucho, puedo responderos si me preguntáis lo que pienso. Puedo incluso daros mi más bienintencionado consejo, el cual puede ser acertado o no, pues no paso de ser humano convencional (y de esto espero que no haya duda, pues todo el que se molesta en conocerme aunque sea un mínimo, se dará cuenta de que yo no soy de joder a nadie porque me dé la gana, ni actúo para dañar a otros sin provocación previa. Para eso hay gente más capacitada que yo). Si desoís mi consejo, si ignoráis lo que pienso o simplemente no os importa lo que pueda deciros, pese a que me hayáis preguntado... lo siento, pero las consecuencias no me competen si resulta que al final no os gusta el resultado de lo que habéis obtenido.

No creo en ese tipo de dobles raseros. No creo en esa filosofía tan de moda en el Universo que me rodea, consistente en que cada uno hace lo que le da la gana y, si las cosas salen bien, es un triunfo personal pero, si salen mal, son culpa de los demás. Sé que algunos pensáis (o incluso decís, berreando a los cuatro vientos) que miento como un bellaco al decirlo. Por supuesto, queridos míos: yo soy un mentiroso compulsivo y lo que me salvan son mis exquisitas formas; sin embargo, a aquellos que habéis levantado ese fabuloso diagnóstico, os deseo que algún día podáis saber lo que es vivir en una lucha constante con vosotros mismos, sufriendo los mordiscos y arañazos de un sentido de la autocrítica que roza el sadismo. Viviendo en constante discusión conmigo mismo para no achacarme las culpas acerca de cosas que sé que no las tengo. Considerando todos y cada uno de mis errores como auténticos fracasos y cabreándome MUCHO conmigo mismo cada vez que los cometo. Sintiéndome responsable de actos que no he podido controlar, y luchando por desoír según qué voces en mi cabeza. Voces que me dicen cosas que no son ciertas, pero que me hablan constantemente y que, a veces, es muy difícil ignorar.


Y chillan a lo burro.


Quizás por eso algunos de vosotros hacéis uso de ese sentimiento que me suele poseer para aprovechar y depurar responsabilidades. Para hacer lo que queráis y salir indemnes. Para pedir explicaciones cuando vosotros jamás habéis dado una sola. Para estar a las maduras, pero no a las duras. O para no estar, a secas. Para olvidaros de todo y de todos, seguir los dictados de vuestros propios intereses y a los demás, pues que les vayan dando. Siempre es bueno que haya alguien para que cargue con las culpas de aquellos que vosotros solitos habéis estado haciendo, no una vez, sino cientos. Está fenomenal eso de la ley del embudo: para vosotros el lado ancho, y el estrecho para los demás. O, hablando de una forma más concreta, íntima y personal, para mí.

¿Cuántas veces he visto que me habéis culpado de vuestros propios fracasos? ¿Cuántas veces he tenido que callarme mientras veo que la estáis cagando de pleno, para luego tener que soportar que me echéis vuestra mierda encima? ¿Cuántas veces me habéis hecho responsable de vuestros errores, como si yo hubiera decidido por vosotros? ¿Cuántas veces habéis intentado darme pena cuando he actuado en consecuencia, desplante tras desplante? ¿Cuántas veces habéis intentado convencerme de que no os merecéis vuestro destino y, de forma directa o indirecta, habéis dicho que es cosa mía y solo mía?


Y, os lo digo muy clarito: estoy ya de deditos acusadores que me los toco.
A dos manos.


Lo siento, pero no.
Llegados a este punto de la vida, queridos míos, donde ya somos (o deberíamos ser adultos), somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras. Esto se puede extrapolar a nuestras acciones o nuestras elecciones. Todo cuanto hacemos tiene unas consecuencias y, más vale que lo vayamos asumiendo, no siempre vamos a salir airosos de ellas. Es por eso que conviene dejarnos de idioteces y tener muy claro qué queremos hacer y lo que implica. Y una vez hemos llegado a esa decisión, ponerla en práctica, siendo muy conscientes de las implicaciones que puede tener en nuestro futuro, sobre nuestro entorno o sobre nosotros. Asumir que, efectivamente, podemos equivocarnos. Que lo mismo nuestro brillante plan no es tan brillante y que podemos meter la pata hasta el cuello. Que aquello en lo que confiábamos no era sino un error de percepción, y que debemos estar preparados para un acto de fe. Eso, y para una cura de humildad si esto acaba por suceder.

Lo que no se puede es actuar absolutamente sin uso alguno de mesura o responsabilidad. Hacer lo que a uno se le pasa por la cabeza primero, sin pensar. Sin siquiera considerar que eso puede provocar más mal que bien; sin siquiera tener en cuenta a la gente a la que se puede estar dañando. Lo que no se puede es actuar solo por beneficio propio y encogerse de hombros en caso de que se provoque un cataclismo.
Lo que no se puede es, una vez causado todo el daño posible a causa de una tremenda irresponsabilidad, echar balones fuera. Buscar a alguien a quien culpar por todas y cada una de las elecciones fallidas que habéis tomado.


Lanzar la paja sobre ojo ajeno es guai.
Así me lo aprendí yo.


Lo siento, pero no.
Vosotros sois muy libres, sí. Sois la libertad personificada, si os da la real gana.
Sois libres de hacer lo que queráis, de decir lo que queráis. De atacar a quién queráis o defender a quien queráis. Sois libres de ir, venir y volver. De enriqueceros, de ahorrar; de dilapidar el dinero de forma absurda o incluso de arruinaros.Podéis hablar con quién os dé la gana. Odiar a quien os dé la gana. Ignorar a quien os dé la gana. Acostaros con quién os dé la gana. Yo no os he obligado a ninguno a hacerlo, ni os he prohibido nada. Vosotros habéis tomado vuestras decisiones, y yo no he tenido nada que ver con ellas. Por eso, quiero que os quede claro que no voy a consentiros a ninguno que la paguéis conmigo si el tiro os sale por la culata. Se acabó eso de escuchar quejas y reproches donde hasta no hace mucho solo había muestras de pura desconsideración y de desinterés. Estoy muy harto y se me han acabado las ganas de escuchar cómo alguien viene a buscarme solo cuando la ha cagado para restregarme su mierda por la cara. De echarme cosas en cara por las que ellos mismos tendrían que agachar la cabeza y callarse. De que se me exijan a mí cosas que no se les exige a nadie más; ya puestos, que nadie exige para sí mismo. Yo no estoy para eso.

Así que, tomad nota de esto:
Sois muy libres de tomar vuestras decisiones, insisto. Sois libérrimos. Pero esa libertad va en doble dirección: elegid lo que os dé la gana, que yo no pienso deciros nada. Pero también cuento con que no volváis a tener la desfachatez de decirme ni media palabra cuando yo tome las mías en consecuencia.

No hay comentarios: