No es ningún secreto que un servidor forma parte de un grupo literario que lleva como cerca de un lustro reuniéndose en su ciudad natal, ese extraño universo particular conocido como MalaGotham. Esa patria de gente extraña y peculiar, donde subirte a un autobús es poco menos que una odisea y donde necesitas una puta enciclopedia para pedir un café.
Lo que la mayoría desconoce es que este grupo es virtualmente diferente a todos los conocidos (y probablemente a muchos desconocidos) que pululan por ese prepucio de toro superdesarrollado que es España.
Para empezar, es un grupo en el que el espameo y la autopromoción no es que estén prohibidos; es que son materia suficiente para mandar a pastar al que venga a vender su mierda (por excelsa que esta sea) con todos los gastos pagados. En segundo, tenemos la firme decisión (cumplida a rajatabla) de no organizar antologías. Es un tema que, desde la primera vez que se habló, nos daba bastante por el tracatrás por diversos motivos, de forma que se estipuló de modo tajante que como ACME (nuestro acrónimo para decir Asociación Cultural Málaga Escribe) JAMÁS sacaríamos nada parecido.
En último lugar, somos un grupo asociado al caos y el absurdo padre, con lo que no es de extrañar que lo raro es que se hable de libros cada vez que nos reunimos.
Por ACME ha pasado ya una cantidad bastante considerable de gente. Algunos de paso, otros que estuvieron y se marcharon por motivos de muy diversa índole y otros que, por lo que sea, vienen solo de vez en cuando. También tenemos un cúmulo de amiguetes que son, por así decirlo, "ACMEs adoptivos", nacidos y residentes en otras ciudades, pero que han sido acogidos con los brazos abiertos y a los que, pese a la distancia que nos separa, los vemos como "de los nuestros".
Sin embargo, este trasiego de personajes supuestamente humanoides en caso alguno implica que no existan componentes fijos. Esos son los que solemos llamar "el núcleo duro" de ACME o, lo que es lo mismo, los que toman las decisiones importantes.
Algo así, pero con mas luz.
En ese núcleo duro tenemos a Rae, que fue nuestra primera líder hasta el macroevento conocido como La Rebelión de los Putillos, donde Rae abdicó de su puesto como tiran... digooo, como presidenta y dio paso a una especie de coalición entre todos los componentes del Núcleo Duro. Digo especie, porque al final quien toma las decisiones es la criatura conocida como Martish Oscura, que aprovecha el estado natural de indecisión generalizada para coger y decir "Lo hacemos así". Y como, pese a su fachada de moza adorable, sabemos que es un ser infernal y despiadado (que además tiende a ver su naturaleza demoníaca aumentada cada vez que se acerca a menos de tres metros de un servidor), pues como que no hay muchos huevos de toserle.
Martish Oscura suele ser una de las principales encargadas en hacer las compras de cumpleaños comunales, por cierto. Es un dato aleatorio, pero mola comentarlo.
También tenemos a Guada, que es quizás la que más se esfuerza por aportar sensatez a esta panda de proscritos de la liter... de los libr... bueno, de eso de escribir. Quiero hacer especial hincapié en eso de que se esfuerza. Otra cosa es que lo consiga, en lugar de unirse a la juerga, que es lo que acaba siendo lo más natural. Guada es la herbolaria del grupo, y tiene en su despensa un repertorio de tés e infusiones bastante apañado.
La peque del grupo es Isi, también conocida como LPP, que también ha aparecido alguna vez en este blog, y más conocida entre nosotros como Elfabruja. Es la única componente del ND que actualmente vive más allá de las fronteras de MalaGotham. Es famosa su sed de sangre, su única neurona que nada alegremente bajo su cráneo y su pérdida total del botón de la sutileza.
Las mozas de ACME. Así de adorables.
Entre los varones del ND tenemos en primer lugar a Invi, que es el complemento espiritual de Martish Oscura y el principal encargado de rebajar su naturaleza infernal hasta límites soportables para el ser humano. Destaca por ser un tipo extremadamente tranquilo y que, cuando las suelta, te deja como dos minutos y medio intentando reaccionar ante la que ha soltado.
Luego tenemos al Deivi, del que ya hablé en su momento en el Spanish Bizarro dedicado a la noche aquella viendo La Princesa Mononoke. Es exactamente el mismo Deivi que visteis ahí. Es más, no existe otro Deivi.
Rae tiene un hermano, al que conocemos como The Mane, y que conforma la más reciente adquisición al ND. The Mane es un tío tela de creativo, que te hace unos montajes al Photoshop de chuparse los dedos. Hace algunos años grabó un disco, que supuso todo un antes y un después en las vidas de aquellos que lo oímos. El día que se presentó en una reunión y nos regaló una copia al Deivi y a mí fue como la llave a todo un universo nuevo.
En esta primera historia de ACME que voy a contaros, se cuentan los hechos narrados en la última reunión del grupo. O mini-reunión, ya que no estuvo todo el mundo. Por ejemplo, Martish Oscura e Invi andaban esparciendo el mal allende las fronteras, y Elfabruja andaba haciendo lo propio en su nueva ubicación, de modo que "solo" quedábamos Guada, El Deivi, The Mane, Rae y yo. Suficientes para que haya momentos absurdos y surrealistas.
En un principio, la cosa pintaba bastante "normalita" (para nuestros estándares), ya que era de las pocas veces que Rae organizó un evento y el servidor de la página de Feisbus no le hizo ninguna cosa rara, del tipo poner la fecha que no es, no dejarle poner bien la hora o vete a saber qué. En esto, su habilidad con las máquinas es más o menos como la mía. La verdad es que ese detalle resultó raro y no es que lo pasáramos por alto, pero... también contábamos con que podía ser la excepción que confirmara la regla.
The Mane y yo llevábamos un par de día hablando en secreto; era el cumpleaños de su hermana y andábamos cada uno en nuestras historias, buscando a ver qué puñetas podíamos regalarle. Él lo tenía más claro y decidió regalarle un montaje fotográfico con algunos miembros de ACME (básicamente el ND más algunos amigos más) en el cuerpo de superhéroes. Yo no lo tenía del todo claro, sumado esto al hecho de que se acercaba un fin de semana festivo y cualquiera era el guapo que encontraba un sitio abierto en el que comprar algo decente. Al final, The Mane me sugiere que le dibuje algo que le pueda gustar, y apunta que un dragón (su bichejo favorito de toda la vida) sería una buena idea.
"Hala, a currar".
De este modo nos presentamos en el centro de MalaGotham a la hora prevista, pertrechados con los regalitos y dispuestos a probar un sitio nuevo que han abierto y que El Deivi nos ha sugerido, algo que tiene un nombre que suena a mezcla de cosas y que por lo visto es un restaurante francés... y no de esos de los que tienes que hacerte una colonoscopia cuando te traen la cuenta. Al principio se había sugerido una tetería que no se encontraba del todo lejos de allí, pero yo dije que ni de coña volvía allí. La explicación de esto es que hay DOS locales con el mismo nombre en el centro (probablemente, por tener los mismos dueños): yo fui a uno en que el servicio era pésimo (tardaban en atender y el camarero te trataba como si fuera un colega tuyo aunque fuera la primera vez que lo vieras, y encima con guasitas), el producto regulero y los precios bastante elevados para lo que me estaba metiendo por el pescuezo. De ahí que al escuchar el nombre de aquello me saltasen las alarmas y empezase a echar espuma por la boca. Es por eso por lo que, para prevenir ataques de ira desatada, Deivi sugirió este sitio.
Una vez reunidos los que veníamos, nos movemos diez metros y nos dejamos de ir para el dueño del localeto, que resulta ser un tipo con acento francés la mar de simpático que conocíamos de otro local que tenía en el centro y que hace las veces de camarero.
Una vez reunidos los que veníamos, nos movemos diez metros y nos dejamos de ir para el dueño del localeto, que resulta ser un tipo con acento francés la mar de simpático que conocíamos de otro local que tenía en el centro y que hace las veces de camarero.
El tipo nos coloca en un par de mesas que junta en la calle y plantamos nuestros bullarengues allí. Echamos un vistazo a la carta y todo tiene la mar de buena pinta, aparte de que los precios incluso molan. Entre nuestras opciones, descubrimos que, al igual que en el local anterior, los crepes siguen siendo un reclamo. Nos parece cojonudo, ya que los crepes que solía tener este tío eran la puta hostia y sin exagerar. Por consenso decidimos que un crepe con las tripas repelladas en Nutella es imprescindible para nuestras vidas y luego, para acompañar, otro de compota de manzana. Ni que decir tiene que a Deivi y a The Mane les faltó tiempo para hacer el juego de palabras y decir "con pota".
Buas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas juas.
Como diez minutos para decidirnos, llamamos al camarero y empezamos a pedir:
—Queremos un crepe de... —empieza a decir Rae.
—Lo sentimos, no tenemos crepes en la carta ahora mismo —nos informa el camarero. Nosotros contemplamos cómo toda una carilla de la carta desaparece de nuestro abanico de opciones.
—Vaya, pues en ese caso nos va a tocar pensar qué pedir.
—Vamos pidiendo lo que no es de comer y ahora decidimos de nuevo —se me ocurre a mí —. Yo tomaré un té de manzana y canela...
—¿No quieres mejor un chocolate? Los tenemos muy buenos —al oír esto, deduzco que el tío me debe conocer, ya que yo he llegado a pedir chocolate caliente en el puto mes de Julio. No es coña.
—Uh, no... Esta vez no, gracias.
Deivi, al decir estas palabras, me mira con cara de "¿Pero va en serio eso de que no quieres?" Como toda respuesta, yo me encojo de hombros, en plan "Sí, hoy no voy a tomar lo de siempre. Es que no hace bastante calor".
—En fin, yo pediré un té de After Eight —dice El Deivi.
—O sea, de nueve —respondo yo.
— ¿¿¿????
— Claro, después del ocho va el nueve.
Suenan los grillos.
—¿El zumo de naranja es natural o de bote? —pregunta Rae, echando otro vistazo a la carta, totalmente ajena a esta gilipollez supina.
—No, lo que tenemos es Fanta.
—...
—¿El zumo de naranja es natural o de bote? —pregunta Rae, echando otro vistazo a la carta, totalmente ajena a esta gilipollez supina.
—No, lo que tenemos es Fanta.
—...
El resto de los ACMEs pide sus cosas: Guada y Rae, en vista de lo que hay (o de lo que no hay, mejor dicho) piden unas infusiones y The Mane, una cocacola. Pasa un ratazo en el que aprovechamos para echar un vistazo a una segunda carta que nos dan y decidir qué es lo que podemos comer; al cabo de ese tiempo, las infusiones aparecen, aunque no hay ni el menor rastro de la cocacola de The Mane. El camarero, amablemente, se disculpa por el retraso.
—Solo tengo dos manos, ya sabéis —añade, agitando los brazos como en el baile de María Jesús y su acordeón.
Nosotros respondemos que no pasa nada, que tranquilo. Rae, que es la que tiene el interior del bar más cercano a su ángulo de visión, echa un vistazo. Ha visto desiertos más ambientados. Sin embargo, como el ambiente es agradable y estamos de tranquileos, no le damos la menor importancia.
—Y —prosigue el camarero—... ¿Habéis decidido lo que vais a tomar para comer?
—Sí, queremos esto —señala Rae a unos profiteroles que había visto en la carta y que tenían muy buena pinta.
—Ah, los profiteroles... ¿Pero para compartir?
—Uh, sí.
—Bueno, es que los profiteroles están bien para compartir siendo dos... pero es que sois cinco. Igual se os queda un poco corto.
Yo me quedo pensando si nos traería cuenta pedir dos raciones de profiteroles, pero al parecer no es tan buena idea. Es por eso que el camarero, sin perder la compostura, nos recomienda unos macarons, que son una especie de galletitas muy cuquis, rellenas de cosas. Ni que decir tiene que los macarons no aparecían en ninguna de las cartas. A Rae le ha parecido escuchar que los tenía reservados para clientes especiales. Suponemos que el hecho de ser los únicos clientes en lo que va de tarde ya debe contarnos como especiales.
—Bueno, pues eso —acepta Rae. Los demás nos quedamos con cara de "pues vale", empezando a pensar que casi trae más cuenta que el camarero nos traiga lo que tiene y acabemos de una vez con eso.
Pasa otro rato largo y aparece la comida. Yo no me había dado cuenta de que aparte de los macarons (aquí representados por media docena de galletitas de color naranja intenso y rellenas de chocolate), habían traído una especie de pastel francés de chocolate bastante bueno, que por lo visto son los profiteroles (aquello no se parecía en nada a un profiterol, pero vaya, estaba igualmente bueno). Nos dispusimos a devorar la comida, dándonos tiempo a darle los regalos a Rae, que le encantaron. Al rato, aparece el camarero, preguntándonos si nos gusta lo que hemos pedido. Le respondemos que sí, siendo sinceros. La verdad es que la comida en el sitio merece mucho la pena.
Es justo en ese momento en que le comentamos a nuestro nuevo amigo que nos gusta lo que nos ha traído cuando se viene arriba y empieza a contarnos la idea del restaurante durante un buen rato. Tan bien se lo está pasando que sospechamos que le falta el canto de un duro para sentarse con nosotros y contárnoslo más cómodo. Nos cuenta que, aparte de lo que tienen en carta, tienen una especie de plan genial de mostrarnos la gastronomía francesa semanalmente, dedicando una lista de platos a una región concreta cada semana. Cuando termina de hablar, se vuelve para el interior del restaurante y aparece con la cocacola de The Mane, comentándole que es su bebida favorita. The Mane, tras haber exclamado un "¡Por fin!" que se ve que le sale del alma, le mira y le dice algo tan sencillo como:
—La mía también —no es que esta frase fuese del todo cierta, pero prefería ser amable.
El templo de la Coca-Cola.
¡Existe!
Total, que seguimos a lo nuestro. A lo largo de la conversación que acontece, se cuentan cosas tales como el episodio surrealista y alucinante que supuso la visita de Rae y Guada a Ronda, que podría dar perfectamente para una historia completa. Deivi y yo, como suele ser costumbre, hacemos nuestra ronda de pronósticos habitual acerca de lo que le espera a compañías de cómic como Marvel y DC, incluyendo la puta mierd... lo que creemos que serán algunos estrenos cinematográficos que ya han sido anunciados.
Justo en lo más álgido de la tertulia, en la que como es natural, no se ha mencionado un libro ni por casualidad, oímos un sonido atronador provenir de uno de los extremos de la calle. Como buenos nativos de MalaGotham, no tardamos en identificarlos como tambores de Semana Santa, con la curiosidad de que todavía falta un mes para que ésta empiece. Conocedores de esta especie de extraña costumbre de hacer procesiones fuera de calendario (generalmente, con la excusa de que es un centenario, el día de la patrona del Potorro Lubricado, o lo que sea), nos empezamos a temer que la tamborada invada la calle. No es ni de extrañar, considerando que tenemos una iglesia a escasos cuatro metros de nuestros cuerpazos.
—No os preocupéis —nos dice Deivi con firmeza —, que no se van a acercar —. Yo visualizo a Deivi en plan Gandalf, con un bastón en la mano y gritándole a los tamborileros que no pueden pasar por el callejón.
La tamborada aumenta en intensidad. Deivi, que ha trabajado en la tetería que hay justo al lado del restaurante, nos dice que sus tropecientas horas de experiencia currando ahí le indican que el sonido no es lo bastante fuerte como para indicar que se estén acercando, y aventura que seguramente irán a otra iglesia de las que hay por los alrededores.
Yo observo su cara de seguridad total, al tiempo que oigo cómo los tambores se acercan.
Cada vez más.
—Que no, tranquilos.
Por suerte, tiene razón y, en el momento más atronador, con las tropecientas baquetas retumbando en las paredes del callejón en que nos encontramos, y de ahí a nuestros oídos, parecen cambiar de dirección. Es una suerte, porque la calle está llena de mesas y la imagen de al menos cien tamborileros arrasando a golpe de bombo se ha perfilado en el interior de mi cabeza como más que probable. No habría sido la primera vez.
Seguimos a lo nuestro, cuando poco después, surge de alguna parte del callejón una sonriente señora con pinta de guiri federada. Nos pregunta, en un inglés nativo, que si la palabra "Iglesia" significa "church" en inglés, que la ha visto escrita en el edificio y le ha llamado la atención. Nosotros le decimos que sí, y mientras se marcha alegremente, me pregunto cómo serán las iglesias en su país si no identifica el edificio enrejado con torre y campanas que tenemos justo delante como tal. Por un momento se me antoja como muy divertidísima la idea de que podríamos haberle dicho que la palabra "Iglesia" en inglés se puede traducir como "Brothel" (= "Burdel").
Habría sido muy épico ver su cara al escuchar la respuesta.
Ya llegando la hora de pagar, Guada decide darse un paseo por el cuarto de baño. Yo había estado antes y me había llamado particularmente la atención el hecho de que el meadero de hombres en cuestión era simplemente un cuarto con un váter, en el que no había ni espejos, ni lavabos ni nada. De hecho, el lavabo con el espejo se encontraba fuera, en el mismo pasillo.
La experiencia de Guada, sin embargo, empequeñece a la mía al contarme que ha visto un agujero a media altura de la pared de su urinario.
—¿Cómo que un agujero? —pregunto yo, incrédulo.
—Sí, justo lo que estás pensando —responde ella, consciente de que poseo, con toda posibilidad, una de las mentes más sucias a este lado del Universo —. Me habría acercado más, pero de pronto me acordé de aquella peli de Cameron Diaz en que hacía lo mismo, y... ya sabes.
Para aquellos que no hayáis visto La cosa más dulce, os lo resumo rápido: Están Cameron Diaz y Christina Applegate en un meadero, y la primera ve un gigantesco grafitti de un perro con la boca abierta que ocupa gran parte de la pared. En medio de la boca, hay un agujero. Cameron Diaz, que encarna el papel de una tía que está como unas putas maracas, se acerca al perro a decirle cositas como si fuera un cachorro de verdad. Asoma el ojo al agujero y, de pronto, alguien al otro lado, se saca la picha y por poco la deja tuerta.
—Tengo que ver eso —respondo a Guada, visualizando la escena y pensando que la tarde ya más absurda no puede ser.
Aprovecho que Rae está pagando para colarme sutilmente en el pasillo donde están los servicios y meto la cabeza en el urinario de señoras. Efectivamente, ahí tenemos un agujero, situado más o menos a la altura de una entrepierna humana. Sería un gloryhole en toda regla si no viviésemos en occidente... básicamente porque el diámetro del agujero no superará los dos o tres centímetros. Sin embargo, el sitio y la altura a la que se encuentra el boquete son cosas que no dejan de llamarme la atención.
Salgo y me encuentro que Rae anda hablando con una chica tras la barra. Nuestro nuevo amigo el camarero había desaparecido; considerando que el restaurante ahora estaba más vacío que antes (es decir, porque nos íbamos), elucubro la posibilidad de que haya decidido fundirse con el pavimento o que esté buscando alguna cocacola debajo del mostrador. La chica informa a Rae de que no tienen cambio de diez pavos, ya que quería pagar con un billete; de este modo, se ve obligada a ir arañando monedas con la idea de pagar el importe justo. Yo he salido ya a la calle, donde me reúno con los demás, y Rae aparece poco después comentando que la chica parecía visiblemente emocionada al cobrar la cuenta con monedillas de céntimo.
Justo en lo más álgido de la tertulia, en la que como es natural, no se ha mencionado un libro ni por casualidad, oímos un sonido atronador provenir de uno de los extremos de la calle. Como buenos nativos de MalaGotham, no tardamos en identificarlos como tambores de Semana Santa, con la curiosidad de que todavía falta un mes para que ésta empiece. Conocedores de esta especie de extraña costumbre de hacer procesiones fuera de calendario (generalmente, con la excusa de que es un centenario, el día de la patrona del Potorro Lubricado, o lo que sea), nos empezamos a temer que la tamborada invada la calle. No es ni de extrañar, considerando que tenemos una iglesia a escasos cuatro metros de nuestros cuerpazos.
—No os preocupéis —nos dice Deivi con firmeza —, que no se van a acercar —. Yo visualizo a Deivi en plan Gandalf, con un bastón en la mano y gritándole a los tamborileros que no pueden pasar por el callejón.
La tamborada aumenta en intensidad. Deivi, que ha trabajado en la tetería que hay justo al lado del restaurante, nos dice que sus tropecientas horas de experiencia currando ahí le indican que el sonido no es lo bastante fuerte como para indicar que se estén acercando, y aventura que seguramente irán a otra iglesia de las que hay por los alrededores.
Yo observo su cara de seguridad total, al tiempo que oigo cómo los tambores se acercan.
Cada vez más.
—Que no, tranquilos.
"¡No podéis pasar!"
Por suerte, tiene razón y, en el momento más atronador, con las tropecientas baquetas retumbando en las paredes del callejón en que nos encontramos, y de ahí a nuestros oídos, parecen cambiar de dirección. Es una suerte, porque la calle está llena de mesas y la imagen de al menos cien tamborileros arrasando a golpe de bombo se ha perfilado en el interior de mi cabeza como más que probable. No habría sido la primera vez.
Seguimos a lo nuestro, cuando poco después, surge de alguna parte del callejón una sonriente señora con pinta de guiri federada. Nos pregunta, en un inglés nativo, que si la palabra "Iglesia" significa "church" en inglés, que la ha visto escrita en el edificio y le ha llamado la atención. Nosotros le decimos que sí, y mientras se marcha alegremente, me pregunto cómo serán las iglesias en su país si no identifica el edificio enrejado con torre y campanas que tenemos justo delante como tal. Por un momento se me antoja como muy divertidísima la idea de que podríamos haberle dicho que la palabra "Iglesia" en inglés se puede traducir como "Brothel" (= "Burdel").
Habría sido muy épico ver su cara al escuchar la respuesta.
Ya llegando la hora de pagar, Guada decide darse un paseo por el cuarto de baño. Yo había estado antes y me había llamado particularmente la atención el hecho de que el meadero de hombres en cuestión era simplemente un cuarto con un váter, en el que no había ni espejos, ni lavabos ni nada. De hecho, el lavabo con el espejo se encontraba fuera, en el mismo pasillo.
La experiencia de Guada, sin embargo, empequeñece a la mía al contarme que ha visto un agujero a media altura de la pared de su urinario.
—¿Cómo que un agujero? —pregunto yo, incrédulo.
—Sí, justo lo que estás pensando —responde ella, consciente de que poseo, con toda posibilidad, una de las mentes más sucias a este lado del Universo —. Me habría acercado más, pero de pronto me acordé de aquella peli de Cameron Diaz en que hacía lo mismo, y... ya sabes.
Para aquellos que no hayáis visto La cosa más dulce, os lo resumo rápido: Están Cameron Diaz y Christina Applegate en un meadero, y la primera ve un gigantesco grafitti de un perro con la boca abierta que ocupa gran parte de la pared. En medio de la boca, hay un agujero. Cameron Diaz, que encarna el papel de una tía que está como unas putas maracas, se acerca al perro a decirle cositas como si fuera un cachorro de verdad. Asoma el ojo al agujero y, de pronto, alguien al otro lado, se saca la picha y por poco la deja tuerta.
"No puede caber ahí"
—Tengo que ver eso —respondo a Guada, visualizando la escena y pensando que la tarde ya más absurda no puede ser.
Aprovecho que Rae está pagando para colarme sutilmente en el pasillo donde están los servicios y meto la cabeza en el urinario de señoras. Efectivamente, ahí tenemos un agujero, situado más o menos a la altura de una entrepierna humana. Sería un gloryhole en toda regla si no viviésemos en occidente... básicamente porque el diámetro del agujero no superará los dos o tres centímetros. Sin embargo, el sitio y la altura a la que se encuentra el boquete son cosas que no dejan de llamarme la atención.
Salgo y me encuentro que Rae anda hablando con una chica tras la barra. Nuestro nuevo amigo el camarero había desaparecido; considerando que el restaurante ahora estaba más vacío que antes (es decir, porque nos íbamos), elucubro la posibilidad de que haya decidido fundirse con el pavimento o que esté buscando alguna cocacola debajo del mostrador. La chica informa a Rae de que no tienen cambio de diez pavos, ya que quería pagar con un billete; de este modo, se ve obligada a ir arañando monedas con la idea de pagar el importe justo. Yo he salido ya a la calle, donde me reúno con los demás, y Rae aparece poco después comentando que la chica parecía visiblemente emocionada al cobrar la cuenta con monedillas de céntimo.
"Vale, pues ya está todo".
Con este último episodio, nos marchamos. Hay que reconocer que, pese al completo desastre, el servicio ha sido amable, la comida muy aceptable y tampoco hemos vendido nuestra alma para pagar la cuenta, lo que a mí personalmente no me hace descartar posibles futuras visitas al local. Aparte, es más que probable que toda esta serie de catastróficas coincidencias se deba más bien a la presencia de casi media docena de ACMEs. Llega a estar el grupo entero y probablemente habría estallado alguna cosa, o habría aparecido un coro rociero. Esa clase de cosas jamás se descartan cuando salimos a la calle.












2 comentarios:
Dos cosas:
1. Vas a tener que contar chorrocientas mil anécdotas nuestras, porque cada quedada ha dado momentos tan absurdos y extraños como estos o más.
2. Si haces más entradas te toca estrenar una etiqueta en el blog para nosotros. Y lo sabes.
:)
Están previstas ambas cosas, Elfabruja. Solo dame tiempo ;)
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