jueves, 25 de septiembre de 2014

Mondo Chorra- Escateología



Hay quien piensa que la idea de un Dios se opone por completo a otras teorías como la de la evolución o el Big Bang. En este artículo quiero demostrar que una cosa no se opone necesariamente a la otra y, de paso, que ciertos conceptos religiosos casan perfectamente con otros contemporáneos sin que entremos en un conflicto de creencias en absoluto. La cuestión es tener la mente abierta, el culo cerrado y no habernos pasado con las judías, porque luego cuando estornudamos pasa lo que pasa.
Habida cuenta de este importantísimo consejo que podemos aplicar tanto a nuestra vida privada como a nuestra vida pública, vamos a ir desgranando cómo fue el origen del Universo en realidad, sin chorradas de "Dios es amor" o "Todo sigue unos patrones físico-cuánticos de intrincada resolución". Las cosas, en realidad, son más sencillas que todo eso.

Empezamos: en contra de lo que sugiere el creacionismo más rancio e irracional, el Big Bang existió, pero no es lo que creemos o como nos lo vende la física más aburrida y sosa. El Big Bang, esa gran explosión que se supone alberga toda la materia del Universo conocido, es una creación de Dios. O todo lo que podemos entender por creación cuando alguien se está cagando. Sí, amigos. El Big Bang es un palomino cósmico. Un error aleatorio. El resultado de un apretón mal calculado, si ese término nos resulta más sencillo de entender. Nada de un acto de amor ni idioteces que, de forma objetiva, no tienen demasiado sentido. No se crea un Universo porque amamos algo que todavía no hemos creado. No, en realidad la cosa fue mucho más lógica que eso, aunque menos romántica. Simplemente, un día, Dios estaba con unos terribles gases, apretó su Divino Ojete para peerse y se encontró con una sorpresa que le salió Pata abajo. De este palomino surgió una masa de gas y materia que dio forma a lo que conocemos como Universo. Por tanto,el Universo tal y como lo conocemos es mierda cósmica flotante.



Splotch.


De la que se lió a partir del Sagrado Esfínter, tenemos que el gas del terrible Pedo Primigenio se concentró y, debido al aumento de su masa, entró en combustión, dando lugar al firmamento, con sus estrellas, constelaciones y demás. En algunos casos, el metano del Pedo se concentró a lo burro, generando inmensas bolas de gas sin combustionar, que pasarían a ser gigantes gaseosos. La mierda, por su parte, vagó por el Cosmos, chocando entre sí y formando bolas de barro que, con el tiempo, dieron lugar a lo que entendemos por rocas... porque la mierda, al secarse, conforma un aspecto rocoso. Debido a su peso, las rocas empezaron a chocar entre sí, lo que dio lugar primero a fragmentos de mierda seca cada vez mayores, hasta llegar a cuerpos de una masa suficiente -planetas- como para albergar gravedad, o variantes descompuestas del Pedo: la atmósfera.

En cada una de estas gigantescas bolas de mierda, las cosas evolucionaron a su puto rollo: en algunos casos, la atmósfera pedorreica se convirtió en algo muy denso, como en el caso de Venus. En el caso de la Tierra, el pestazo a mierda fue menos intenso, lo que permitió que los parásitos intestinales de Dios empezasen a campar por los deshechos líquidos que se habían destilado de la mierda reseca. En ese caldo primigenio, las primeras bacterias intestinales se dedicaron a retorcerse y, como no tenían nada mejor que hacer, pues les dio por evolucionar. Al principio la cosa fue lenta, porque bueno, era la primera vez que les daba por hacer algo así, pero poco a poco le cogieron el tranquillo. En cuestión de tropecientos millones de años, las putas larvas fecales se convirtieron en gusarapos, y de ahí, en bonitos besugos que empezaban a flotar por el agua destilada de esta pedazo de bola de mierda que es la Tierra. Los besugos se viciaron en el tema y les dio por salir del agua, ya que había algunos que eran masoquistas y querían estar más cerca de Dios. De ahí que quisiesen oler el Pedo. En respuesta, Dios dijo que de puta madre y unos pocos millones de años despues les dio patas con las que arrastrarse por el Zurullo Padre.



Venus, o el equivalente cósmico de peerte dentro de un coche con las ventanas cerradas.


Los besugos con patas, a raíz de esto, ya no se sentían identificados como tales, por lo que pasaron a ser reptiles que, en un alarde de originalidad, se dedicaban a comerse unos a otros, cuando no la emprendían a dentelladas con algún hierbajo que había crecido por ahí. Todo el mundo sabe que la mierda es un abono cojonudo, lo que explica que hubiera más hierba por aquel entonces que en el huerto de un rasta. Los lagartajos, al pasarse todo el puto día comiendo y follando (puede que no fueran muy inteligentes, pero gilipollas profundos tampoco eran), acabaron por crecer a lo bestia, convirtiéndose en la especie dominante del Mojón-Tierra. Al ver que su mierda estaba poblada por una familia de lagartijas superdesarrolladas, Dios no terminó de verlo claro, pues le hubiera gustado que, ya que el zurullo que tanto le había costado parir por el Culo, al menos estuviese habitado por una especie que se pareciese más a él. Es por tanto por lo que decidió desviar otro pedazo de mierda de los que flotaban por ahí para que se escogorciase a lo burro sobre la tierra y mandar a freir puñetas esa invasión de lagartijas gigantes.


¡Mierda vaaaaaaa!


El bolondrio de mierda cumplió su objetivo y se estampó de pleno sobre el Mojón Padre, de forma que el noventa por ciento de las lagartijas se fueron a tomar por culo, salvando los cocodrilos y, por un motivo que solo Dios entiende, la criatura más débil y pusilánime de toda la puta creación: el camaleón. El resto se pensó mejor eso de ser bicharracos con escamas y se planteó reducirse el tamaño y cubrirse el pellejo de plumas. Porque para gustos los colores.
El cebollazo de mierda contra mierda fue de tal dimensión que pedacitos de mierda quedaron flotando en el campo gravitatorio del Zurullo Padre, chocando entre sí hasta formar lo que hoy en día se conoce como la Luna. Algunos eruditos barajan la idea de que la creación de la Luna es un producto del Destino, ya que entre la Luna y un culo no es que haya mucha diferencia. Si pensamos que la Luna se podría asemejar al Esfínter de la Deidad Suprema, asemejando su visión a la de un enorme agujero redondo del que emana luz blanca, es posible incluso llegar a la conclusión de que Dios decidiera crearla para recordar a los humanos de ahí abajo de dónde provenían. Por eso, mirar la Luna por la noche nos acerca a Dios. Porque al contemplarla, estamos contemplando un remedo del Ojete Divino que fue el origen del Universo.
Entretanto, ahí abajo, la vida siguió su curso y una nueva especie surgió de entre las ruinas. Una puta rata empezó a follarse a toda su familia, creando el siguiente paso en la evolución: de las lagartijas sin pelo a las alimañas peludas. Cómo no, estas tampoco encontraron mucho por hacer, aparte de pasar frío tras el invierno nuclear, comer musgo y meterse la picha entre sí de dos a tres días por semana como mínimo, por lo que también se apuntaron a eso de la evolución. De estos, unos cuantos decidieron quedarse en cuatro patas, mientras que otros optaron por el rollo bípedo. De entre los bípedos, Dios empezó a sentir preferencia por unos que le recordaban bastante a Sí mismo: los primates, esos seres bípedos cuya agenda diaria consistía en masturbarse, chillar y subirse a un árbol para lanzarse mierda unos a otros. Habían pasado tropecientos cuarenta mil años y a Dios por fin le pareció que había una puta especie con posibilidades.


Estos tíos.


Esta especie, por algún motivo absurdo, siguió su proceso evolutivo y perdió la cola (al menos, una de ambas) y, de forma más incomprensible aún, el pelo. Cuanto más pelo perdían, más se multiplicaban, lo que nos lleva a la teoría moderna de que los calvos son más viriles. El proceso de evolución se condensó en una panda de monos rosados, sin pelo y con una curiosa tendencia a liarse a hostias unos contra otros por cualquier gilipollez. Tal era esta tendencia que ellos solitos se cepillaron a una especie paralela de primates que, a diferencia de ellos, tenían más vello corporal y eran algo menos hábiles con las manos. De ahí se llegó a la falsa creencia de que los ganadores eran más inteligentes, cuando lo único que tenían era un pulgar abatible y diez veces más de mala leche que sus víctimas. Descendientes sin pelo de la bacteria fecal primigenia, evolucionada a su vez de la mierda cagada por Dios, confundida con el barro. Es por eso por lo que se dice que Dios creó al ser humano a partir de él.

El ser humano, como decidió llamarse a sí mismo, no tardaría en descubrir lo chulo y adictivo que era escuchar el sonido de sus propios berridos. Consciente de ello, decidió quedarse con ellos para... bueno, para pasarse todo el puto día oyéndolo y que lo oyesen los demás. Fue así como nació el lenguaje, que algunos consideran un rasgo de inteligencia, aunque pocos parecen tener en cuenta que éste suele usarse, en gran proporción, para insultar al mono sin pelo de al lado. Esto les fue muy útil para el momento en que, cuando se les quedaba el culo seco, poder seguir lanzándole mierda al prójimo sin necesidad de tener que apretar la barriga.


"Los conejos también cagar. Todo estar conectado".


Conforme más evolucionaban los monos sin pelo, más gilipollas se volvían, lo que hizo que Dios se sintiese satisfecho. Total, si había sido lo bastante lerdo como para cagar un universo entero por accidente, lo lógico era que la especie dominante de uno de sus zurullos fuese la que más mierda se dedicaba a lanzarse sobre sí misma. Es por ello que los humanos, ávidos por enterrarse a sí mismos y a todos cuanto le rodeasen en mierda, empezó a conformar un sistema social que putease a todo bicho viviente de la forma más bestia posible. Fue así como nació toda la sociedad humana, con su política y sus leyes. Gracias a este sistema, los que hacían las leyes podían lanzar mierda a diestro y siniestro y librarse del mayor número posible de zurullazos en la boca; asimismo, aquellos a los que les había tocado estar en el fondo de la sociedad tenían la función de comer mierda a paladas sin tener derecho a protestar.

De vez en cuando, algún mono sin pelo de estos protestaba, a veces porque se empachaba de mierda, a veces porque otro mono algo menos gilipollas le azuzaba contra los que le caían mal. Fue así como nacieron los manipuladores, los presuntos libertadores, los tumultos, las ejecuciones de traidores y, por algo que nadie se termina de explicar todavía, las quemas de contenedores de estiércol. Una explicación que dan los estudiosos es que, si la mierda simboliza el modo de vida humano, dedicarse a quemar contenedores es el símbolo de la lucha contra el sistema. Quemar la mierda, por tanto, es quemar el sistema de creencias por el cual se menea la sociedad.


Tradiciones ancestrales y arraigadas que se mantienen en nuestros días.


El tiempo pasó, y la mierda siguió proliferando de la mano con la humanidad: allá donde hubiese humanos, había mierda, en homenaje al Gran Cagarro de Dios, que había puesto en marcha un Universo de Mierda. Ciudades llenas de mierda, gente que vivía llena de mierda y, en definitiva, hasta la mierda estaba llena de mierda. Entretanto, para no aburrise, Dios se dedicaba a putear a los humanos y echarse unas risas, con lo que con la mierda enviaba plagas y enfermedades. Algo lógico, considerando que si el humano se estaba propagando como una puta plaga por la mierda que Dios había cagado, lo normal es que Dios mandase plagas por la mierda que cagaba el humano. Las plagas, por tanto, cumplían su función: mandaban humanos al otro barrio y sus cuerpos, nacidos en la mierda, se fundían con la mierda. Mierda eran y mierda se convertían, pasando a formar parte del ciclo de la mierda cósmica, donde las antaño bacterias fecales se fundían con la mierda madre. El eterno retorno, que generaba más mierda, que prosperaba y se convertía en abono, para que así la siguiente generación pudiese seguir generando mierda.


Revolcarse en mierda es, por tanto, una manera de formar parte de ese colectivo que es la raza humana.
Hay libertad de elección, puedes revolcarte en tu propia mierda o bien hacerlo con los amigos.


En suma a esto, los humanos de vez en cuando se aburrían de morirse a causa de las plagas y hacían evolucionar su costumbre de lanzarse mierda, llegando directamente a las hostias, lo que les pareció un invento del carajo: por un lado seguían puteándose los unos a los otros; por otro, perpetuaban el ciclo de la mierda, por lo que les pareció buena idea continuar con el invento hasta que el cuerpo aguantase. A lo largo de los siglos, se inventaron tropecientas mil excusas para mantener el negocio, de forma que puede decirse que es el heredero directo de la cultura humana.
Dios, por su parte, no cejó en el cachondeo de mierda: se le ocurrió que la mierda que se había cagado durante eones evolucionase también. En las letrinas del subsuelo, toda esta mierda empezó a comprimirse, generando la mierda petrolífera. En cuanto el ser humano la descubrió, se la meneó de gusto, porque el ciclo de mierda contaba ahora con un nuevo elemento. Quemando esa mierda podía mover máquinas, que generaban más mierda en el aire. Además, al darse cuenta de que la mierda petrolífera no estaba por todas partes, tenían una excusa cojonuda para matarse unos a otros, invadir países y, en definitiva, continuar con la sagrada tradición del lanzamiento de mierda arborícola. A este movimiento pro-mierda petrolífera se oponen otros movimientos que niegan que la tierra sea mierda pero que, de forma incoherente, sí que consideran mierda al petróleo. Estos movimientos, como buenos homo sapiens, suelen ser aplastados por los monos sin pelo dominantes. No es de extrañar, por tanto, que si entendemos que el mono sin pelo dominante es el que más mata a sus congéneres (o en su defecto los putea), la cosa esté como está.

Y es así, queridos Distópicos, como fue creado el mundo y como funciona. Estoy seguro de que ahora lo entendéis todo mucho mejor.

No hay comentarios: