Que sí. Que Stephen King es lo más, y los que no lo vemos es porque no tenemos ni idea de literatura de terror. Que el hombre es un genio y ante los genios, uno se agacha, hace la reverencia y se maravilla ante cualquier puta cosa que salga de sus fauces. Algunos somos unos ignorantes de la vida y cometemos el pecado mortal de considerar al señor King sobrevalorado, algo que es irónico, cuando él mismo (no es que me guste como escritor, pero sí le reconozco su honestidad) ha declarado mil veces que lo que escribe es el equivalente al Burger King. Por eso, y desde la más profunda ignorancia (leed mi ironía, Ygrittes de la vida) tras haberme leído unos cuantos libros de este tío en mi adolescencia y parte de mi juventud, voy a romper una lanza en favor de esos amantes del Rey. Me voy a poner a hacer un análisis acerca de los elementos clave de este genialérrimo escritor, presentes no en una, sino en unas pocas de sus novelas y relatos. Porque, si un autor ha conectado con tantísima gente a lo largo y ancho de todo el mundo es porque tiene algo. No, olvidaos de la publicidad; olvidaos de que compren los derechos de la mayoría de sus libros para hacer pelis y series. Eso no tiene absolutamente nada que ver para petarlo cuando uno es un genio de las letras. Ni Shakespeare, que era un aficionadillo de poca monta al que ya nadie lee, ni representa sus obras y del que tampoco se hacen películas basadas en ellas, no. El que mola es King y nos callamos todos.
En este artículo, por tanto, vamos a ir pormenorizando cuáles son los elementos que convierten las novelas de King en genialidades absolutas e indiscutibles que conectan con el público. Esas pequeñas pizcas de genialidad de las que todos los demás humanos, pobres mortales, debemos aprender si queremos ser esos autores originales e innovadores que nos gustaría ser. Así pues, Kingeros, id tomando nota, que vamos:
1) Sheriffs de pueblo paletos: Pues sí, son un factor recurrente. La imagen, la típica que nos viene al melón: hombres uniformados, con sombreros de cuatro bollos. A menudo estos sheriffs son tíos de mediana edad y, dependiendo del caso, tenemos el sheriff bonachón que no quiere que se monte un follón en el pueblo, bien es el sheriff redneck que masca tabaco y no quiere negros cerca. Junto a él, suele ir un tío llamado Billy-Bob o algo así de ayudante, que es todavía más paleto que el sheriff. Generalmente es gordo y rematadamente gilipollas. Tarda la vida en palmar. En la versión carcelaria de las novelas Kingosas, tenemos que estos dos personajes son sustituidos por un alguacil bueno y uno malo, que se rifan a ver cuál de los dos es más famosete entre los presos.
"Demonios, algo chungo sucede en este pueblo..."
2) Malotes rocabilis: una pandilla de varios de estos suelen ser antagonistas clásicos. ¿Os acordáis de los de Regreso al Futuro? Pues del estilo, solo que más desagradables, más hijoputas, armados con navajas y con tendencias racistas, sexistas, o todo a la vez. A menudo los vamos a ver como procedentes de familias desestructuradas (algo muy original), con antecedentes de maltrato o incluso psicopatías crecientes. Es frecuente verlos torturando inocentes animalillos solo porque se aburren. En su defecto, si el malote rocabili ya no tiene edad para tener una chupipandi de macarras, lo que tenemos son borrachos maltratadores, de los de camiseta de tirantes, que dan de hostias a sus hijos (para así crear más malotes rocabilis) o abusando de sus hijitas. Si la novela es lo bastante larga (por una novela larga de Stephen King, entiéndase un mínimo de 650 páginas; por debajo de esto es una novela de las normales), podemos encontrarlo todo a la vez.
3) Sexo by the face: No vamos a ponernos mojigatos con esto. Mola leer carne de vez en cuando. No vamos a ser lo bastante meapilas como para decir que cuando dos personajes se amanceban es inmoral ni nada por el estilo... La genialidad de King reside en trascender este concepto y plantear jincamiento y puñaladas de carne cuando menos te lo esperas, usando detalles de lo más finos, como "miembros palpitantes bajo el pantalón" y otras cosas así de bonitas. Por ser revolucionario, hasta podemos presenciar orgías en chavales de diez años, porque King es transgresión. Otro de los grandes elementos Kingeros por definición es describir gente haciéndose pajas, tan extenso en detalles como al menos dos parrafos, o bien una pagina entera.
4) Escatología con calzador: Este concepto consiste principalmente en describir por la puta cara gente pegándose pedos, lo que sería normal, si leyésemos comedias. King, como clásico moderno que es, trasciende el género y es capaz de contarte sin motivo justificado alguno, cómo un cartero se pega pedos mientras hace el reparto de la mañana, con frases tan sutiles como "Levantó una nalga y tocó el trombón". Porque otros autores se molestarían en darle sentido a estas cosas. King es el Rey y no lo necesita. Una variante son los tíos que se comunican a base de eructos, o que eructan más fuerte que ninguna otra criatura viva.
"¡Pedo vaaaaaaaaa!"
5) Los niños revejidos: No estoy seguro de que este término se conozca por encima de Despeñaperros. No pasa nada, traduzco: un niño revejido es un personaje siniestro, que biológicamente no pasará de los diez o doce años, pero que en cuanto abre la boca parece que tiene sesenta. Enteradillo, repelente y en ocasiones chulesco, es la clase de niños que parecen un cruce entre la Melody y los niños de El Pueblo de los Malditos. Cuando los presenta el Rey, es frecuente además que los niños revejidos aparezcan fumando como putos extras de las pelis de Tarantino y diciendo palabrotas. No solo eso, a menudo aparecen con ideas y planteamientos geniales para salvar el pellejo que no es que no se le ocurran a un adulto...es que no se le ocurren a nadie, directamente. Una nota curiosa es que los niños hablan de otros niños usando nombre y apellidos, aunque no haya otro en todo el puto pueblo que tenga el mismo nombre de pila. En estos grupos debe haber al menos un gordo y un gafotas, del que hablaré más abajo.
6) La animadora fulana: La villana por definición, cuando King nos plantea una de sus historias de instituto, es una especie de Lady Macbeth de dieciséis años, conocida por cepillarse a todo lo que se menea, pero prestar devoción a un neanderthal de poca monta que, bien es un rocabili de los mencionados arriba, bien es un capitán del equipo de fútbol. La animadora fulana no conoce la compasión, ni la piedad. Es fría, manipuladora, presuntamente ninfómana y seguramente desayuna bebés vivos por las mañanas. Tiene pelas, está buena y si quisiera podría hacer realidad tus fantasías más cerdas.
Lo que pasa es que no quiere.
7) El gafotas: Personaje relativamente recurrente en Mundo King. El gafotas (o entiéndase, discriminado genérico) forma parte del grupo de chavales revejidos, fácilmente reconocible por sus gafas de pasta. Tiene una madre castrante a la que odia en secreto, un colega guai que le apoya con tanta intensidad como lástima le tiene. Cuando avanza la novela, encontramos que el gafotas es igual de pringao aunque pasen treinta años o, por el contrario, se convierte radicalmente en un majarón sin remedio, histriónico, agresivo y, sobre todo, muy, muy chillón.
8) El gordo: El gordo en las historias de King es un romántico empedernido. Por debajo de esas ocho arrobas de grasa pura hay un corazón sensible que se muere por demostrarle a la muchachita que tiene al lado que es un poeta, un héroe y un alma noble. Silencioso y tímido, pero honesto y leal, el gordo también se muere de ganas por meterle el cipote a su amiguita y reventarle el coño hasta que se le quede el churro más seco que la mojama. Pero no se atreve.
6) La animadora fulana: La villana por definición, cuando King nos plantea una de sus historias de instituto, es una especie de Lady Macbeth de dieciséis años, conocida por cepillarse a todo lo que se menea, pero prestar devoción a un neanderthal de poca monta que, bien es un rocabili de los mencionados arriba, bien es un capitán del equipo de fútbol. La animadora fulana no conoce la compasión, ni la piedad. Es fría, manipuladora, presuntamente ninfómana y seguramente desayuna bebés vivos por las mañanas. Tiene pelas, está buena y si quisiera podría hacer realidad tus fantasías más cerdas.
Lo que pasa es que no quiere.
"Hola, soy Cindy Stratocaster, y esto de atrás es mi novio, Tom Janderklander. Domino el instituto con puño de hierro, torturando psicológicamente a las tías gordas con gafas y haciendo que todas las demás perras hagan lo que yo digo".
7) El gafotas: Personaje relativamente recurrente en Mundo King. El gafotas (o entiéndase, discriminado genérico) forma parte del grupo de chavales revejidos, fácilmente reconocible por sus gafas de pasta. Tiene una madre castrante a la que odia en secreto, un colega guai que le apoya con tanta intensidad como lástima le tiene. Cuando avanza la novela, encontramos que el gafotas es igual de pringao aunque pasen treinta años o, por el contrario, se convierte radicalmente en un majarón sin remedio, histriónico, agresivo y, sobre todo, muy, muy chillón.
8) El gordo: El gordo en las historias de King es un romántico empedernido. Por debajo de esas ocho arrobas de grasa pura hay un corazón sensible que se muere por demostrarle a la muchachita que tiene al lado que es un poeta, un héroe y un alma noble. Silencioso y tímido, pero honesto y leal, el gordo también se muere de ganas por meterle el cipote a su amiguita y reventarle el coño hasta que se le quede el churro más seco que la mojama. Pero no se atreve.
9) Bichos desparramados: En King no pueden faltar jamás descripciones detalladas de gatos atropellados, de perros envenenados u otros animales domésticos torturados salvajemente, con tripas fuera y demás. A veces, la muerte del bicho es rápida o fuera de escena (por ejemplo, encontrarse el gato de la casa hecho un cromo en mitad de la carretera tras días desaparecido), pero en otras ocasiones, el pobre animal se pega sufriendo vejaciones una temporada hasta que le da por morirse. Estas escenas, dependiendo de quién las cuente o protagonice, aparecen entre risas o entre lágrimas. Sin embargo, esto no supone impedimento alguno para que las descripciones sean igualmente detalladas.
"Estupendo. Genial".
10) Fluidos corporales: Un elemento que encumbra a King como el Rey del terror más sutil (porque todos sabemos que el buen terror, el de calidad indiscutible, es ese visceral, donde las vísceras están al aire y, con ellas, todo lo que hay dentro). En King, dichos fluidos fluyen exageradamente, venga o no a cuento: véase sangre, semen, heces, orina, vomitos, o todo junto a la vez, en mezclas de lo más exóticas, como orinar sangre y ponerse a describir la mezcla de caldichis. A veces dichos fluidos se repellan por el cuerpo, brotan como fuentes o impregnan las fosas nasales del protagonista con su hedor. La quintaesencia de la sutileza y la elegancia.
11) El lenguaje natural y refinado: Todos sabemos que un autor normal tiene casi la obligación de usar un lenguaje acorde con sus personajes, que suene natural y fluido. Un lenguaje que haga que el autor se crea lo que está diciendo y que resulte coherente con la situación, huyendo de sobreactuaciones, exageraciones o de inverosimilitud. King trasciende esa simpleza y ese encorsetamiento, evolucionando en la democratización del lenguaje garrotero, que aplica a cualquier personaje (salvando ciertos personajes muy concretos, como protagonistas o fanáticos religiosos, que sí tienen su forma de hablar) independientemente de su edad, sexo o condición. Otra muestra de genialidad absoluta es cuando vemos que el palabroteo a mansalva se produce sin que haya una situación real para ello. Que gente que dice palabrotas aunque no tenga motivos para ello, con una naturalidad aplastante. Ponemos un ejemplo inventado de lo que podría ser un diálogo made in King, (pero por supuesto, sin llegar a su nivel excelso como genio de las letras, que quede claro):
—Hola, Joe, ¿qué tal?
—Me pica la polla.
—Cojones, eres un puto fenómeno.
—Me pica la polla.
—Cojones, eres un puto fenómeno.
—Lo sé, es que estuve follando con mi señora a cuatro patas anoche.
—Me cago en Dios, Joe, eres la puta hostia.
—Eso dijo tu parienta también.
—¿Te follaste a mi parienta, hijo de la gran puta?
—¿Te follaste a mi parienta, hijo de la gran puta?
—No, ella solo miraba, tocándose el coño a dos manos.
—Me dejas mucho más tranquilo, joder.
—Vale, ¿a qué hora empieza el juicio? Quiero irme a casa a que mi señora me la coma un rato.
—Dentro de un minuto. Es que no encuentro la puta toga.
—Coño, eso es porque la tienes arrugada debajo del estrado, puto soplapollas, ¿No te acuerdas de cuando te tiraste a la hija de los Henderson el verano pasado, durante la fiesta de la cosecha?
—Mierda, es verdad. No sé qué haría sin un cabronazo como tú, Joe.
"Carapichas, cagones de mierda. Hijos de puta. Mierdecitas secas".
"¿Y a ti qué te pasa?"
"Nada, solo decía hola"
12) Los finales al estilo "Vamos, vamos, vamos": Si somos conscientes de que Stephen King no es como el resto de los mortales ni para cagar, tenemos que ser conscientes de que su proceso creativo tampoco puede ser menos. Aquellos que no sepáis cómo lo hace lo entenderán en estas líneas: está por un lado el escritor normal, que es el que parte de una idea, la desarrolla con un poco de planificación y luego la acaba, para pulir o repulir, según lo mijitas que sea. Otros escritores van más o menos improvisando y, una vez han terminado su historia (que al menos habrían medio visualizado previamente), hacen una fase de corrección y refinan todo aquello que no les había cuadrado durante la etapa inicial. Stephen King no es humano. Stephen King es un dios vivo, y no necesita mangurrineces como esta. Lo que hace es sentarse de cara a la pared del granero de su casa, con heavy metal a toda hostia y va escribiendo conforme le sale de su Sagrado Sobaco. De ahí, va pariendo conforme se le van ocurriendo cosas, sin revisar ni leerse a sí mismo, porque eso de la autolectura es para pringaos, juntaletras y aficionadillos de poca monta. Si no se le ocurre cómo terminar una obra a la primera, la mete en un cajón y a lo mejor dentro de veinte años se le ocurre cómo acabarla. De ahí que las conclusiones de las historias de Stephen King sean una genialidad detrás de otra. Porque para qué cerrarte una novela de tropecientas páginas con un final que siga el ritmo de lo ya visto, cuando puedes finalizarla en un par de páginas, sin necesidad de un capítulo de epílogo. Para qué usar algún elemento visto a lo largo de la novela, cuando te puedes inventar uno que aparezca al final y lo resuelva todo. Olvidaos del concepto del deus ex machina, lectorzuelos. King es Dios, por tanto es King ex machina. No lo hizo un mago. O sí. Porque King es MAGIA.
"¿Has terminado ya? Es que vamos a rodar y eso"
"Sí, en cinco minutos os pongo las treinta páginas que os faltan".
"Sí, en cinco minutos os pongo las treinta páginas que os faltan".
13) Los fanáticos religiosos: La religión es el opio de las masas y el mal absoluto. La gente con firmes creencias religiosas no son más que lerdos que viven como ovejas y a los que hay que sacar de su ignorancia. ¿Quién mejor que el Rey para ello? Por eso, es relativamente frecuente ver en sus novelas algún fanático religioso por medio. Este bien puede aparecer solo, o bien con adeptos que le siguen fielmente, sin importar lo gorda que sea la gilipollez que diga. Lo importante es el mensaje: si eres una persona de firmes convicciones religiosas, corres el riesgo de convertirte en un pirado que ve brujas en pleno siglo XX, a convertirte en un maltratador psicológico y a conductas tan estimulantes como la autolesión... O, en otros casos, a convertirte en un zombi que sigue al líder espiritual, que también es posible. Este fanático puede ser bien un cura viciosete con gustirrinín por los culitos de los mancebos o una mujer de mediana edad, tirando a oronda, de pechos y caderas amplios que habla muy fuerte.
"Aleluyaaaa, ¿adivinas por dónde te pienso meter este cuchillo cebollero si no me demuestras que has rezado tus oraciones?"
14) Marcas a punta pala: La publicidad es DINERO, y la calidad de una novela deriva de su capacidad de hacer dinero, todo el mundo con criterio literario lo sabe. King es un visionario y, perfectamente consciente de ello, es un pionero en eso de especificar la marca de algo venga a cuento o no (lo que podemos llamar bookvertising, término que me acabo de sacar del culo y acuñado especialmente para tal genio de las letras), como cuando el Jake de la Torre Oscura, en vez de tropezar con un mensajero, dice haber tropezado con un tío de la UPS, que por lo que se ve, no es lo mismo. Todo como mucho más natural, y menos forzado publicitariamente hablando, dónde va a parar. Nadie se bebe una birra, pide una Bud. Nadie se toma unos cereales, se coge una caja de Tinkiwinkis. Nadie tiene un coche normal. Tiene un Plymouth Fury del 55. Y así con todo, porque gracias a King conocemos el mundo. Y el mundo son las marcas.
15) El homenaje lovecraftiano: En este mundo, si no haces referencia a Lovecraft no eres nadie, es un hecho. Antes de Lovecraft no existía el terror, y todo lo que había eran mierdecillas infumables que no importaban a nadie. Pero oye, fue llegar el tipo este, hablando de pulpos, batracios y Cosas Ignotas Surgidas del Tiempo que parecían Zurullos Primigenios y todo cambió... O casi todo, hasta que llegó King, que fue el que le dio el puntillo al tema, haciendo que Lovecraft en comparación fuese un besugo sin ideas propias. ¿Que éste escribía ambientando sus historias en un triángulo de ciudades imaginarias como Innsmouth, Arkham y Dunwich? Caca de la vaca, donde estén Bangor, Maine y Castle Rock que se quiten gilipolleces. ¿Horrores preternaturales de otro mundo? Una payasada comparada con el payaso Pennywise. Si Lovecraft levantara la cabeza, se daría cuenta de que habría estado perdiendo el tiempo: King le demostraría que éste había estado plagiándolo antes de que naciera. Porque solo King es King, y los que vinieron antes que él eran unos simples imitadores.
"¡Es la hora del pulpooooo!"
16) El majara que pierde la olla: En muchas de las obras maestras de este revolucionario del terror contemporáneo (qué cojones, del terror a secas, de todos los tiempos), aparece siempre un personajillo que está como unas maracas así como de entrada. Este personaje, poco a poco, va perdiendo la chaveta, no sin pasar antes por todo un compendio de manías insoportables, tales como romper papeles, clavarse analgésicos como si no hubiera un mañana o, ya puestos, poniéndose a cantar en voz alta temas de los chunguitos. Suelen ser personajes atormentados, cuyo único objetivo en la vida parece ser dar por saco con alguna obsesión sin motivo aparente (por ejemplo, pelusas, atribuyéndoles una especie de naturaleza sobrenatural). En ocasiones, su conducta de chiflado integral suele acabar provocando, por acción u omisión, la muerte de alguien. En prácticamente todos los casos, a este puto chalado te dan ganas durante todo el libro de aplastarle el coco con un martillo pilón.
"¡Ju, ju, ju, que estoy mu loco!"
17) La ambientación variada y heterogénea: King es un hombre (¿Hombre? ¿Seguro? ¿No es más que un hombre? ¿ Tal vez un iluminado de nuestro tiempo que viene a traernos la literatura de verdad?) arraigado en sus raíces norteamericanas, sus costumbres y sus paisajes. Esto, traducido para aquellos que no lo ven muy claro, se traduce en maizales. Muchos maizales. Maizales por todas partes, salpicados de algún granero para dar color al tema y, poniéndonos sofisticados, una vía de tren. En segundo lugar, tenemos cafés de carretera, desguaces y, cosa que se está convirtiendo en un bastión relativamente reciente de la ambientacion Kingera, cárceles.
18) La catársis literaria: King es la metáfora, la simbología, la alegoría más exquisita jamás concebida en toda la historia de la literatura desde que estábamos contándonos historias alrededor del fuego tras zurrarle a los de la tribu de al lado. Por eso, no es difícil descubrir cómo él mismo nos muestra el mundo a través de los ojos de sus personajes, cosa que ningún autor sobre la faz de la tierra hace. Solo King sabe meterse en la piel de sus protagonistas, y de la forma más sutil conocida. De ahí que sea común encontrar novelas suyas en las que el protagonista (o al menos uno de los personajes más relevantes) es un escritor. A menudo de éxito, aunque también emergente. Ese personaje tiende a ser, cómo no, más creativo y observador que cualquiera de los mortales, porque todo el mundo sabe que para ser un escritor de éxito esas dos habilidades son imprescindibles para parir una novela buena (o sea, una novela que se venda de la hostia). Otras chorradas, como eso de la documentación, la autocrítica, la revisión o la organización son para juntaletras.
"Vale, ser creativo me salvará la vida. Lo sé."
Y estos son los dieciocho elementos que caracterizan la obra de ese magnífico e imprescindible emperador de las letras. El ayatolá del terror. Estos son los elementos que todo escritor emergente debe aprender a manejar para convertirse en un autor original, fresco y de estilo propio. Y lo que es más importante, para poder crear novelones que vendan mucho, lleguen a todo el planeta, y generen tal horda de fans que sea absolutamente imposible desviarse del Camino Sagrado del Rey y corromperse, cayendo en las repugnantes fauces de la mediocridad.
Aprended, mortales.
Aprended del Rey.











4 comentarios:
http://www.youtube.com/watch?v=2pbFztYiRtA
Perdón por la calidad del vídeo pero no lo he encontrado mejor en spanish. Si tenemos en cuenta que el propio King dobló a su personaje en el episodio, nos da una idea de lo que él mismo piensa de su genio creativo
Bueno, gracias igualmente! En cuanto pueda le echo un ojete al asunto :)
Muy buen artículo. Como tú, soy fan incondicional del maestro y, no sé si también es el caso, mi autor favorito, con el que, allá por mi adolescencia, empecé a descubrir el placer de la lectura.
Diste en el clavo con estas certeras observaciones que sin duda he reconocido como marcas de identidad suyas (yo de hecho añadiría algunas más que otras, pues este icono de las letras está lleno de matices identificables "marca de la casa").
Te dejo este video de una de sus más recientes entrevistas:
https://www.youtube.com/watch?v=9yGZDnW7F7U
Un saludo.
Buenas! En realidad no me gusta demasiado hoy por hoy. Le leía cuando iba al instituto, pero al poco de descubrir a otros autores me di cuenta de que lo que es su forma de escribir deja un poco que desear (suele suceder cuando alguien escrib sin planificación alguna e improvisando todo el rato), pero me alegra que hayas notado que el artículo está escrito en tono de humor, sin que el hecho de que me guste o no influya necesariamente. King posee, más que marcas de la casa, lo que yo considero "clichés", es decir, estereotipos que inserta una y otra vez en sus novelas, y que repite con poca o ninguna variación, llegando al punto de ser una copia de sí mismo constante. Eso puede ser interesante en un autor temprano, pero cuando lleva unos cuarenta años escribiendo, casi que da la impresión de que son unas inexistentes ganas de arriesgar, y dando a sus lectores más incondicionales lo de siempre (es decir, sin mucho atrevimiento a buscar nuevos lectores). De él, casi que me quedo más con Eclipse Total/Dolores Claiborne, más que nada por el intento de arriesgar con una novela que es un cruce entre la novela negra y el drama, en lugar de limitarse a lo de siempre. Sin embargo, soy perfectamente consciente de que le gusta a mucha gente...
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